
La mĂşsica explotaba en el salĂłn de eventos de la universidad. Luces de colores, tragos, risas y piel sudada. Era la tĂpica fiesta de cierre de semestre: todos querĂan brillar, bailar, emborracharse y, con suerte, terminar cogiendo con alguien.
Todos, menos él.
Tomás estaba en una esquina, apoyado contra la pared, con su vaso de cerveza casi caliente, los hombros tensos y los ojos clavados en el suelo. Nadie lo elegĂa para bailar. Ni una sola chica lo habĂa mirado esa noche. Algunas lo esquivaban abiertamente. Otras, directamente se reĂan bajito.
No era lindo. No tenĂa carisma. Usaba lentes gruesos por su miopĂa, el pelo algo grasoso, ropa demasiado grande. Un nerd más en una fiesta que no estaba hecha para Ă©l.
—Este lugar no es para vos, boludo —se murmuró a sà mismo.
PensĂł en irse.
Hasta que la vio.
Ella.
Una mujer entrĂł tarde al evento, caminando entre la gente como si no le importara nada. Alta, de curvas grandes, peligrosas. Muslos anchos, caderas de escándalo, tetas redondas que se movĂan con cada paso. TenĂa el rostro hermoso, labios llenos, ojos vivos y una seguridad que lo dejĂł helado.
Era una gordibuena de esas que no piden permiso para entrar, que te dominan con solo una sonrisa.
Se acercó a un grupo de chicas, saludó a algunas conocidas y miró a su alrededor... hasta que sus ojos se clavaron en Tomás.
Y no lo soltĂł.
—Ey, vos —dijo ella, caminando hacia él con una copa en la mano—. ¿Te pasa algo o estás cargando la pared?
Tomás levantĂł la vista, sorprendido. TratĂł de sonreĂr.
—No… nada. Estoy bien.
—Mentira —dijo ella, directa—. Te vi. Nadie te quiere sacar a bailar, ¿no?
Él bajó la mirada, incómodo.
—No soy muy… bueno para esto.
Ella riĂł con dulzura. Luego le extendiĂł la mano.
—¿Querés bailar conmigo? A menos que no te gusten las gorditas…
Tomás parpadeĂł. La mirĂł de arriba abajo sin poder disimular el deseo. Esa mujer era una diosa de carne, con curvas tan provocativas que daban ganas de pecar mil veces. Pero no podĂa creer que le estuviera hablando… y menos aĂşn ofreciĂ©ndose.
—Claro que sà —respondiĂł Ă©l, tartamudeando—. Me encantarĂa.
—Entonces venà —dijo ella, guiándolo a la pista.
Los primeros pasos fueron tĂmidos, pero ella sabĂa cĂłmo romper el hielo. Bailaba con soltura, pegada, moviendo el culo con ritmo, haciendo que el cuerpo de Tomás reaccionara solo. Y cuando lo sintiĂł duro a travĂ©s del pantalĂłn, le sonriĂł al oĂdo:
—Ah, mirá vos… el nerd tiene con qué.
Él se puso rojo.
—Perdón…
—¿Perdón? —rió—. Me encanta.
Cuando el DJ puso un reguetĂłn lento, ella lo abrazĂł por el cuello, pegĂł su culo grande contra su entrepierna y empezĂł a frotarse con ganas. Tomás sentĂa que se le iba a salir el corazĂłn. No solo por el roce. Por el hecho de que una mujer asà —una bomba sexual— lo estuviera deseando como si fuera el tipo más caliente del lugar.
—Me llamo Paula —le dijo al oĂdo, frotándose aĂşn más fuerte—. Y vos te vas a venir conmigo esta noche. ÂżTe queda claro?
Él solo asintió, ya sin aliento.
Su pieza era un caos, pero ella no se quejĂł. Lo empujĂł sobre la cama, se quitĂł el vestido con una naturalidad brutal y quedĂł completamente desnuda frente a Ă©l. Piel morena, estrĂas hermosas en las caderas, tetas grandes con pezones oscuros, un culo redondo y una vagina hĂşmeda y rasurada.

—Mirá bien, nerdito —le dijo—. Esto no lo vas a olvidar nunca.
Se arrodilló frente a él, le bajó el pantalón y soltó un silbido.
—¡Apa! Te la venĂas guardando, Âżeh?
Tomás ya estaba duro, temblando de nervios.
—¿Puedo…?
Ella lo calló llevándose su pija a la boca.
Y empezó a mamársela como si fuera una profesional.
Lenta, profunda, mojada. Se lo tragaba casi completo, con la saliva chorreando por sus labios carnosos. Jugaba con la lengua, con los huevos, con las manos, gimiendo suave, provocándolo más y más.

—¡Paula…! —jadeó él, sin poder más.
Ella se subiĂł encima suyo, le restregĂł las tetas en la cara.
—Chupame, comeme, hacé lo que quieras. Hoy sos el suertudo.
Él se perdiĂł entre esas tetas gigantes, besándolas, succionando los pezones, perdiendo la cabeza mientras ella lo montaba con fuerza. La sintiĂł caliente, hĂşmeda, apretada. Paula se movĂa con ganas, sin vergĂĽenza, gimiendo como si nadie los pudiera escuchar.
—¡Dale, metémela más! ¡Me encanta tu pija!
El ritmo subiĂł. Tomás se sentĂa en trance. Ella lo cabalgaba como una loca, hasta que Ă©l le pidiĂł más.
—Paula… quiero darte por atrás.
Ella lo mirĂł con una sonrisa sucia.
—¿Mi Culo? ¿Ya querés todo?
—Por favor…
Paula se bajĂł, se puso en cuatro, levantĂł ese culo enorme y perfecto, y se lo abriĂł con las manos.
—Poneme un poco de saliva… y rompeme.
Y Tomás se lo metió por atrás, con cuidado, hasta el fondo. Ella jadeó fuerte, pero no se detuvo.

—¡SĂ! ¡Más! ¡Rompeme el culo, suertudo!
El polvo fue brutal. Él la cogĂa con fuerza, mientras las nalgas grandes temblaban con cada embestida. Hasta que no aguantĂł más.
—¡Me vengo…!
SaliĂł justo a tiempo y acabĂł sobre sus tetas, que quedaron cubiertas de semen espeso y caliente.
Paula se acostó sobre él, jadeando.
—¿Viste? A veces, los que parecen perdedores… son los más ricos de todos.
Tomás la abrazó, aún sin poder creerlo.
Esa noche fue el suertudo.
Y ella… su premio más sucio.

HabĂan pasado tres dĂas desde la noche en que Tomás viviĂł su primera verdadera cogida. Desde entonces, no podĂa sacarse a Paula de la cabeza. La forma en que lo mamaba, cĂłmo se lo montaba, cĂłmo le pedĂa por atrás con esa voz ronca que lo volvĂa loco.
Lo que Ă©l no sabĂa… es que ella tampoco podĂa dejar de pensar en Ă©l.
No era solo por su pija grande y gruesa. Ni por su forma torpe de gemir, que la calentaba como una colegiala. Era algo más: Paula sentĂa que lo habĂa descubierto primero, y no pensaba dejar que ninguna otra se le acercara.
Y tenĂa un plan para dejar eso bien claro.
Esa tarde, Tomás salĂa de clases. Llevaba la mochila al hombro, los lentes algo torcidos y el mismo paso tĂmido de siempre. Pero algunas chicas empezaban a mirarlo diferente. Se corrĂan rumores.
—Dicen que se cogió a la Paula la gordibuena —susurraban—. Que la dejó temblando…
Tomás no sabĂa si sentirse avergonzado o orgulloso. Pero antes de poder pensar más, un claxon fuerte lo sobresaltĂł.
—¡Tomás! —gritó una voz desde un auto negro, estacionado frente a la universidad.
Él se dio vuelta y la vio: Paula, con gafas oscuras, escote profundo, labios pintados y un vestido corto que apenas le cubrĂa las piernas gruesas.
Las chicas en la entrada se quedaron mudas.
—¿Quién es esa bomba?
—¿Está llamando al nerd?
—No puede ser…
Paula bajĂł la ventanilla y le sonriĂł con picardĂa.
—Subite, amor. Vamos a dar una vueltita…
Tomás, colorado como tomate, obedeciĂł. Se metiĂł en el auto, y antes de que pudiera cerrar la puerta, Paula le dio un beso profundo, lengua incluida, mientras las otras lo miraban con la mandĂbula floja.
—Te extrañé, nerdito —le susurró—. Estoy caliente desde anoche. ¿Sabés lo que me hiciste? Me dejaste adicta a esa pija tuya…
Tomás tragó saliva.
—¿A dónde vamos?
Ella acelerĂł, riendo.
—A marcarte como mĂo.
Estacionaron a los quince minutos en un descampado al borde del rĂo. No habĂa nadie. Paula apagĂł el motor, se subiĂł sobre Ă©l, y sin perder tiempo le bajĂł el pantalĂłn y se lo sacĂł con los dientes.
—No puedo más. Quiero esto en mi boca ya.
Y se lo tragĂł.
Lo mamaba con desesperaciĂłn, como si fuera droga, como si necesitara su sabor para vivir. La saliva chorreaba por su mentĂłn, lo miraba desde abajo con esos ojos llenos de lujuria.
—Tu pija es perfecta, Tomás. Gorda, caliente… mĂa.
Cuando lo dejĂł bien duro, se subiĂł encima, sin quitarse las bragas. Solo las corriĂł a un lado.

—¿Ves esto? —le dijo, refregando su concha hĂşmeda contra la punta—. Esta concha te pertenece… y vos sos mĂo. Nadie te va a quitar de mis manos.
Y se lo metiĂł entero, de una.
Tomás gemĂa, embobado por el calor, el peso, el ritmo. Paula lo cabalgaba con fuerza, haciendo que el auto se moviera. Lo besaba, lo arañaba, le mordĂa el cuello.
—¡Dale, nerd! ¡Rompeme toda! ¡Cagáme a pija!
Él la agarró de las nalgas enormes y le devolvió el polvo con la misma intensidad. Ella se giró, se puso en cuatro en el asiento del conductor y le ofreció el culo, jadeando:
—¡Dame por atrás! ¡Marcame, haceme tuya, suertudo de mierda!

Tomás se lo metió por el culo, lento al principio, hasta que ella lo gritó:
—¡SĂ! ¡Dámelo asĂ! ¡Tu pija es mĂa, toda mĂa!
Cuando él estaba por acabar, la sacó y eyaculó sobre su espalda, respirando agitado.
Ella se echó hacia atrás, con el cuerpo cubierto de semen, y le dijo, jadeando:
—Ahora sĂ… ya todas saben quiĂ©n te tiene.
Y vos, nerdito… sos solo mĂo.
Tomás no entendĂa cĂłmo habĂa llegado hasta ahĂ. En solo una semana, habĂa pasado de ser el chico invisible de la universidad al novio informal de la mujer más ardiente que jamás habĂa conocido. Paula no era como las demás. No se avergonzaba de su cuerpo, lo usaba como un arma. Pero con Ă©l, era diferente.
Esa tarde estaban en su casa, en la cama. Él con la remera vieja y los lentes empañados. Ella desnuda, con la cabeza sobre su pecho, acariciándole la barriga.
—¿Sabés qué me gusta de vos? —dijo ella, con voz ronca— Que nunca tuviste que demostrarme nada. No actuaste como un macho. Solo… fuiste vos. Y eso me encantó.
Tomás tragó saliva, emocionado.
—Y vos sos… la Ăşnica que vio más allá de esto —dijo señalando sus lentes—. Yo creĂa que nadie jamás me iba a mirar asĂ.
Paula levantĂł la cabeza, lo mirĂł fijo y sonriĂł.
—Pues te equivocaste, tontito. Y voy a ayudarte con eso. No para que gustes a las demás. Para que te veas como yo te veo. Como un papacito que no se da cuenta lo que vale.
Al dĂa siguiente, Paula lo llevĂł al oculista.
—Quiero que vea bien, doctor… y que se vea bien tambiĂ©n —dijo con picardĂa, sentada al lado de Ă©l mientras Tomás se probaba armazones más modernos, con monturas livianas, rectas, que le hacĂan ver los ojos más grandes.
—Wow —murmuró Paula, cuando lo vio con los nuevos puestos—. Te quiero coger ahora mismo.
Él se puso rojo.
DespuĂ©s lo llevĂł a una barberĂa de moda.
—Un corte desordenado, casual, que le saque la cara de nerd y le deje la de semental escondido —pidiĂł ella, cruzando las piernas mientras lo atendĂan.
Tomás, tĂmido al principio, empezaba a mirarse al espejo diferente. Ya no veĂa al rechazado. VeĂa a alguien nuevo. Y ese cambio no era solo estĂ©tico… venĂa de adentro.
Esa noche, fueron a comprar ropa. Paula eligió camisas ajustadas, jeans que resaltaban su trasero, zapatillas limpias, perfumes discretos. Él se dejó guiar, fascinado por la forma en que ella lo mimaba, lo tocaba, lo halagaba.
—Sos mi proyecto sexy —le susurró ella mientras le abrochaba una camisa—. Y cuando termine contigo, no vas a poder salir sin que te quieran violar por la calle.
Cuando salieron del shopping, con bolsas en las manos, Tomás frenó. La miró, con los nuevos lentes, el pelo recién cortado, y le tomó la mano.
—Paula…
—¿S�
—¿Querés ser mi novia? Oficial. De verdad. No solo la que me coge y me viste…
Ella se detuvo. Lo mirĂł con los ojos grandes, brillosos. Y sonriĂł con esa mezcla de ternura y lujuria que lo volvĂa loco.
—PensĂ© que nunca me lo ibas a pedir. Claro que quiero. Pero eso sĂ… ahora que soy tu novia oficial, esta noche te voy a destruir como nunca.
Él sonrió, nervioso.
—¿Otra vez?
—No. Todas las veces. Hasta que no puedas ni caminar, mi amor.
Lo besĂł profundo, y en su lengua venĂa cargada una promesa: la obsesiĂłn reciĂ©n empezaba.
El espejo del ascensor lo decĂa todo. Tomás ya no era el mismo. Lentes nuevos, camisa entallada, corte moderno. Se miraba con una mezcla de nervios y deseo. A su lado, Paula, con un vestido negro ajustado, sin sostĂ©n, sin ropa interior… su sonrisa era una amenaza sexual.
—¿Listo para tu noche de estreno, bombĂłn? —le susurrĂł al oĂdo, mordiĂ©ndole el lĂłbulo.
Tomás solo pudo asentir.
La cena fue rápida. Apenas probó bocado. Paula lo miraba desde el otro lado de la mesa como si se lo fuera a devorar.
En cuanto llegaron a su departamento, ella lo empujó contra la puerta, lo besó con hambre, y sus manos ya estaban bajándole el pantalón.
—Tenés cara nueva… pero esta parte —dijo agarrándole el pene endurecido bajo el bóxer— sigue siendo mi favorita.
Se arrodillĂł frente a Ă©l sin quitarle los ojos de encima. liberĂł su pija con cuidado, lo acariciĂł con ambas manos, y lo empezĂł a mamar con una dedicaciĂłn enfermiza. Lo lamĂa, lo tragaba, lo gemĂa. Como si estuviera poseĂda. Como si lo hubiera esperado toda la semana.
—Dios, Paula… —jadeó él, con la cabeza hacia atrás— Vas a hacer que…
Ella se detuvo, lo mirĂł con los labios hĂşmedos.
—TodavĂa no, nene. Esto reciĂ©n empieza.
Lo llevĂł al cuarto, lo empujĂł sobre la cama y se subiĂł sobre Ă©l, aĂşn con tacones. Se acomodĂł su pija en la concha y lo montĂł con un gemido profundo, con la desesperaciĂłn de quien lleva dĂas mojada por dentro.
—Me encanta verte asà —le susurrĂł al oĂdo mientras subĂa y bajaba—. Modernito por fuera… pero igual de bestia por dentro.

Tomás le apretaba y besaba las tetas, la sujetó de la cintura, se la clavaba desde abajo, ella temblaba sobre él, mojada, sucia, hermosa. Pero necesitaba más.
—Date la vuelta —le dijo él, con voz ronca.
Paula obedeciĂł, y se puso en cuatro sobre la cama, levantando el culo redondo, perfecto.
—¿AsĂ? ÂżTe gusta asĂ, mi amor?

Él se lametió de una, en la concha, haciéndola gritar.
—¡SĂ! ¡AsĂ! ¡Entrame, todo!
La embestĂa con fuerza, con ritmo. Los cuerpos chocaban con violencia hĂşmeda. Ella gemĂa como si se le fuera el alma.
Y entonces, él le abrió las nalgas con las manos y le susurró:
—Dame tu culo.
Paula jadeĂł, sin dudar.
—Es todo tuyo, bebé.

Él la metĂa lento, con firmeza. Ella mordiĂł la almohada mientras sentĂa su pija entrar, centĂmetro a centĂmetro, hasta quedar enterrado en ella. Y comenzĂł a bombearla.
—Sos mi vicio… —susurró él—. Mi puta hermosa.
Ella gimiĂł como respuesta, temblando, dominada.
No duró mucho más. Él se salió, la dio vuelta, la tomó de las tetas mientras se masturbaba sobre ella, y terminó chorreándole todo en el pecho y la boca. Paula lo atrapó con la lengua, lo lamió con una sonrisa obscena.
—Quiero que te acostumbres a esto. A mĂ. A mi locura por vos.
Tomás, con el corazón latiendo como un tambor, la besó sin decir palabra.
Ella se acurrucĂł sobre su pecho.
—Y mañana… seguimos entrenando.

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