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Mi hija y su novio me cogen sin contemplación

Me llamoCarmen, dentro de poco cumpliré 44 años, estoy divorciada y tengo una hermosahija, Patricia, de 21 años. Nos llevamos muy bien, compartimos muchos gustos ysecretos entre nosotras, aunque en ciertas cosas somos muy distintas. Porejemplo, respecto de los hombres. Yo he reprimido durante años mis sentimientosy ganas de explotar de deseo, porque me casé con un imbécil que me arruinó lavida hasta que nos divorciamos. Por suerte mi hija se toma las cosas de otra manera,sin prejuicios, y tiene una vida sexual mucho más intensa que la que yo hetenido jamás. Trato de ser una madre moderna y, salvo advertirle que debe tomarciertas precauciones, no le pongo límites.
El verano pasado, cuando sucediólo que quiero contarles ahora, alquilamos un apartamento en la playa paranosotras solas. Apenas nos habíamos instalado y a Patricia ya la estaballamando su novio, Erick. Es un chico de 26 años, muy hermoso y amable, los dosse llevan bien y forman una pareja simpática.
Esa noche mi hija y su novio sefueron a bailar, y yo me fui a cenar con una amiga divorciada como yo y doshombres amigos, que nos habían invitado. Con uno de ellos, Alberto, yo teníaesperanzas de que sucediera algo. Estuvimos coqueteando toda la noche, insinuándonoscosas y diciéndonos frases con doble sentido; yo estaba segura queterminaríamos en la cama y estaba bastante excitada porque él me gusta mucho.Al final de la cena se ofreció a llevarme hasta el piso en su coche, hablamosmucho, nos acariciamos un poco, pero cuando llegó el momento de pasar a algomás, él mencionó algo respecto de su esposa, que no quería serle infiel, y alfinal se despidió de mí con un beso. Para entonces estaba yo muy caliente, ytuve que quedarme así porque Alberto se fue dejándome sola en la puerta deledificio.
Excitada y enojada como estaba,entré al departamento y allí me esperaba una sorpresa. Apenas abrí la puerta yencendí las luces encontré a Patricia y a Erick en el salón recostados,desnudos en un amplio sillón. Mi hija tenía las piernas abiertas y su novioestaba sobre ella. De él recuerdo su espalda ancha, cubierta de sudor, con losmúsculos marcados por el esfuerzo, porque se estaba moviendo rítmicamentepenetrando a mi hija por la vagina con el pene grueso. Ella gemía de placer.
Me q con un conocido, y no encualquier lugar con un desconocido.
Enmi cuarto me quité el vestido que había llevado a la cena, también el sostén, yme puse mi camiseta de dormir que es blanca, sin mangas, y apenas me cubre eltrasero. Me acosté, pero no podía

Mi hija y su novio me cogen sin contemplación

dormir;se me venía a la mente la imagen de Alberto y enseguida la de mi hija que apocos metros de donde estaba yo tenía sexo con su novio. En eso la escuchégritar muy fuerte, y luego quejidos y un llanto. Pensé que podía pasarle algode modo que salí silenciosa de la habitación y me aproximé al salón a espiar.Patricia estaba ahora en posición de perrito, desde atrás Erick la sujetaba porlas caderas y le decía "aguanta, aguanta un poco más", pero mi hijagritaba como si la estuvieran desgarrando. Su rostro estaba transfigurado porel dolor, pero su novio no se detenía, e impulsado hacia delante apoyaba elpecho en la espalda de mi hija montándola por completo.
Volví a mi cuarto y me metí bajolas sábanas. Los gritos seguían y mi calentura iba en ascenso. Me quité lasbragas y empecé a masturbarme. Con una mano acariciaba mis pezones por debajode la camiseta y con la otra me froté el clítoris. Lancé un suspiro. Tenía elcoñito húmedo, me metí el dedo índice y mayor, mientras con el pulgar seguífrotando mi clítoris. En el salón los ruidos continuaban. Ahora los dosgritaban, decían cosas propias del acto sexual, podía imaginarme todo lo queestaban haciendo y alimentaba mi excitación. Aceleré el movimiento de misdedos, los hundí muy rápido, furiosamente, sentí venir mi orgasmo y lo liberécon un grito en el que explotó toda
mi calentura y me hizo arquear elcuerpo sobre la cama. En ese momento me di cuenta de que la casa estaba ensilencio, y que mi alarido final debió escucharse en todas partes.
Me quedé quieta largo rato,relajándome, hasta comprobar que los ruidos no regresaron. Mi hija y su noviodebían estar durmiendo. Entonces me levanté a buscar un poco de zumo, porquetenía la garganta seca. Estaba yo de pie en el comedor a oscuras sirviéndome unvaso de jugo cuando Erick apareció a mi lado. Estaba completamente desnudo. Nopude evitar admirar su cuerpo enorme recortado en las sombras, atlético yvelludo. Y aunque tenía el miembro relajado, me pareció de un largo y un grosorimpresionante. Le colgaba entre las piernas como un trozo de manguera. Ademástenía toda la piel retraída por lo que el glande estaba expuesto.
-Carmen, quiero agradecerle queno haya regañado a Patricia ni a mí por lo que estábamos haciendo -me dijo envoz baja.
-Qué va, ustedes son jóvenes yhacen bien en disfrutar -respondí tratando que no me temblara la voz- No tepreocupes.

-Deverdad quiero agradecerle -insistió él, dando un paso hacia mí- No todas lasmadres son tan comprensivas como usted
trio mhm

 ella lerestó importancia al asunto. "No pasa nada mamá, ¿para qué vas apreocuparte? Está todo bien, todo está muy bien", me dijo. Erick, por suparte, me miraba de manera muy sugerente.
Terminó la cena. Mi hija me pidiópermiso para usar mi dormitorio porque allí está la televisión. Me quedé solaen el comedor ordenando algunas cosas, tomé un café y luego sentí deseos deirme a la cama. El dormitorio estaba a oscuras, sólo iluminado por la pantallade TV. Cuando entré me esperaba otra sorpresa: mi hija se la estaba mamando asu novio en mi propia cama. El miembro estaba en plena erección, Patriciatrataba de metérselo todo en la boca pero no le cabía, la hacía ahogar. Losacaba, le pasaba la lengua y volvía a intentarlo. Se escuchaban sus gemidos ysonidos de succión.
Erick me hizo un gesto con lamirada. Yo estaba dispuesta a todo, de modo que me quité el vestido que llevabay me acomodé en la cama a la altura del pene de Erick. Lo miré bien de cerca,la cabeza hinchada, las venas marcadas, los vellos. Vacilé un poco, comopidiendo permiso, pero al final abrí la boca y mi hija lo empujó hacia dentro.Tenía sabor exquisito. Me gustó chuparlo, sentirlo duro llenándome la boca,pasarle la lengua. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que le hiceuna mamada a un hombre.
Patricia y yo lo estuvimosmamando por turnos mientras Erick acariciaba nuestras cabezas y gemía. Quisemasajearle los huevos y mi mano se encontró con la de mi hija, que ya estaba enesa tarea. Iba a retirarla pero la dejé. Si madre e hija compartíamos esaverga, también podíamos compartir una caricia a los huevos de ese chicoformidable. En determinado momento quise sacar el pene de mi boca parapasárselo a mi hija pero Erick me lo impidió haciendo presión sobre mi nuca.Instantes después sentí chorros de leche tibia sobre mi lengua: se había venidogracias a la mamada y había elegido mi boca para depositar su leche. Mantuve laverga prisionera entre mis labios mientras sentía el líquido espeso bajar pormi garganta.
Nosquedamos los tres muy relajados, Erick en el medio de nosotras dos. Una de susmanos acariciaba suavemente mi trasero. El sabor de su semen estaba aún sobremi lengua. Después de un rato él se deslizó hacia abajo en la cama, abriódelicadamente mis piernas y mamó de mi vagina. Su lengua exquisita jugó con mislabios, los separó y se entretuvo en mi clítoris arrancándome suspiros deplacer. Luego se retiró e hizo lo mismo con mi hija. Patricia gimió fuertemente,tomó una de mis manos y la apretó con fuerza. Con la mano que nos quedaba librenos acariciábamos nuestros propios pezones. Me

incesto familiar
encantadisfrutar así: los hago rodar entre mis dedos, los estiro, los pellizco. Mihija me imitaba tocándose sus tetas.
Erick volvió a ubicarse entre
mis piernas y siguió chupándomela concha. Tomó una mano de Patricia y la apoyó sobre mi clítoris; ella meacarició suavemente arrancándome suspiros de placer. Luego, Erick me hizo giraren la cama hasta que quedé boca abajo y sin darme tiempo a nada me abrió lasnalgas y entró toda. Me tomó entonces por la cintura y me atrajo hacia él, demodo que era yo misma la que me iba ensartando.
Sentí un ardor tremendo, su pollaera demasiado gruesa y estaba durísima. Podía notar cómo avanzaba hacia miinterior, apartando los pliegues de mi esfínter.
-Me matas -imploré- sácala unpoco por favor.
-Aguante Carmen, es sólo unmomento y ya vendrá el placer. Disfrute, estoy seguro de que nunca se sintióasí antes.
Clavé las uñas en las sábanas dela cama dispuesta a resistir, aunque el dolor era muy grande. Entonces Patriciame dijo: -Aguanta mamá, falta muy poco para que te entre toda.
Una de las manos de mi hijaestaba tocando el trozo de verga que quedaba afuera, y la otra acariciaba mivagina. El placer empezaba a llenarme.
-Así… así…. -gemí.
Entonces Erick dio el últimoempujón y me la enterró hasta los huevos. Me cortó la respiración. Tenía todasu verga plantada en el culo.
El chico empezó a moverselentamente, atrás y adelante.
-Es maravilloso Carmen, meencanta romperle el culo así -me susurró al oído- ¿Ha visto que le ha entradotoda? Tome señora, tome verga por el culo que yo sé que le gusta.
El dolor iba cediendo paso alplacer y yo también empecé a disfrutarlo. Patricia, tendida boca arriba a milado, se masturbaba viendo la escena. Por la posición en la que estábamos, mistetas quedaron contra las de mi hija y el movimiento de vaivén a que meobligaban los empujones de Erick hacía que nuestros pezones se rozaran.

madre

hija

trampa

-Cómetelos pezones de tu mamá -le ordenó Erick a su novia, y ella no tardó nada enobedecerle. Se los metió en la boca como cuando era mi bebé, y chupó confuerza.
-Así Carmen, así, déle la teta asu hija, aliméntela -nos alentó Erick, bombeando más fuerte su polla en miculo.
Desbordada por la excitación,Patricia se puso en cuatro a mi lado y le ofreció el culo en pompa a su novio.Erick se retiró de mi agujero y se apoyó en el de mi hija. Empujó un poco yella lanzó un alarido de dolor.
-Ayúdeme Carmen, no quierolastimarla -me pidió Erick retirándose. Tenía la cabeza de la verga hinchada.
-¿Qué quieres que haga? -preguntésorprendida.
-Póngale un poco de saliva.
Me aproximé al culo de Patricia ydejé caer un poco de saliva. Luego la distribuí con la lengua. Entonces Erickme empujó suavemente la cabeza hacia el trasero de ella y terminé metiendo lalengua en el culo de mi hija. Me gustó hacerlo, chupé largo rato y me llené laboca de ese sabor semi amargo. Luego mamé la enorme cabeza que se hundiría enel agujerito de mi hija y me dediqué a observar cómo Erick poseía a mi hija poratrás. Era excitante ver cómo el fabuloso tronco de carne desaparecía entre losglobos del trasero.
Gracias a la lubricación lapenetración fue menos dolorosa. Erick bombeó largo rato y luego se retiró,dejando el culo de mi hija abierto como para que entrara allí una pelota degolf. Volvió a ensartarme a mí (supongo que mi hoyo quedó con el mismo aspecto)y luego otra vez a Patricia. Entretanto mi hija me acarició los pezones y yolos de ella. También se los chupé, y fue una sensación extraña tener sus tetasen la boca. Son más pequeñas que las mías pero muy duras. Las dos estábamosterriblemente excitadas. Nos miramos a los ojos, nuestros labios se fueronacercando y nos dimos un largo beso en la boca adolescentes la incluirán en susjuegos sexuales iniciándola en los placeres del sexo lésbico y terminando porromper su virginal culito.

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