Hoy de camino a casa me he encontrado en la calle con Alex, mi viejo amigo de la secundaria. Lo he hecho subirse al coche para invitarlo a tomarnos unas birras en mi casa y rememorar el pasado.
Mientras conduzco, vamos recordando nuestras andanzas del colegio, todas las bromas que hacíamos, nuestras aventuras y las chicas con quienes salíamos. Llegados a ese punto, Alex me recuerda que en la secundaria ambos estábamos tragados de la madre de uno de nuestros amigos, la señora Chase.
En su momento, la señora Chase era la musa de nuestras primeras pajas, en especial cuando llevaba a su hijo al colegio, vestida con un topcito y unos shortcitos que dejaban poco a la imaginación de nuestras precoces mentes, para fantasear con su cuerpo desnudo.
Preguntándonos cómo estará ella, decidimos cambiar el rumbo y dirigirnos a su casa para averiguar si seguirá viviendo allí. Para nuestra grata sorpresa, cuando tocamos a su puerta, comprobamos que la señora Chase no sólo sigue habitando la casa, sino que su aspecto no ha cambiado nada. Sigue siendo la misma MILF calienta huevos, vestida con topcitos, shorts y chancletas de hule.
En un principio, la señora Chase no nos reconoce, pero cuando le contamos que somos los antiguos compañeros de su hijo, enseguida nos abraza efusivamente y nos hace pasar adentro para ofrecernos unas refrescantes cervezas, mientras conversamos sobre el devenir de nuestras vidas en el lapso de tiempo posterior a la escuela.
A medida que la conversación avanza y las cervezas nos van soltando la lengua, Alex y yo le lanzamos cumplidos sobre su cuerpo y lo bella que se ha conservado, a lo que la señora Chase responde, ruborizada pero con una sonrisa picarona, con un halago sobre lo fuertes y apuestos que hemos crecido.
Aflojada un poco más por la calentura, doña Chase se sienta entre nosotros y, sin poder evitarlo, Alex y yo le miramos sin mucho disimulo los pies. Coincidencialmente, ambos sentimos la misma atracción magnética por los pies de la señora Chase y como conectados por telepatía comenzamos a halagarle las patas a la madre de nuestro excompañero.
Sorprendida, la señora Chase se mira los pies, descalzándoselos de sus desgastadas chanclas negras, sin poder entender qué tienen de sexys. Quitándome las palabras de la boca, Alex le pide a ella que le deje masajear uno de sus pies para que sean las sensaciones y no las palabras las que le expliquen la sensualidad escondida de sus pies.
Ella se lo ofrece tímidamente y al sentir cómo las manos de Alex aplican la presión adecuada en las zonas erógenas de la planta del pie, me mira sorprendida con la boca abierta y me enseña su otro pie para que yo gentilmente también se lo masajee.
Sumidos en la adoración del pie y con la señora Chase aflojando cada vez más, Alex y yo nos miramos y pasamos a la segunda fase de adoración, besando y lamiendo los pies de la vieja, quien entregada al placer de ser venerada como una diosa, comienza a desvestirse dejando a la vista un buen par de tetas y una concha depilada y mojada por el ardor en sus pies.
Completamente deshinbidos, mi amigo y yo procedemos a mamarle el gallo a la veterana por turnos sin dejar de lado la idolatría fetichista. En agradecimiento, nuestra anfitriona nos brinda una mamada a uno y un footjob a un sólo pie al otro, alternándonos para recibir ambos obsequios.
Luego, para disfrutar de la vista del patio trasero de la 'ñora, Alex la ha recostado boca abajo sobre el sofa y mientras él le folla los pies con su verga, yo le hundo la mía hasta la garganta.
Extenuada por la mamada y el footjob, la señora Chase cambia de posición un momento, recostándose boca arriba sobre el sillón, pero sin dejarla tomar aliento, Alex es ahora quien la penetra via oral, mientras yo, con su coño frente a mí, dejo que mi poronga se dé un manjar dentro de ella. Todo esto, mientras mi pana y yo continuamos devorándole los pies.
Desquiciada por la visión de la gran morcilla de Alex entubándole la garganta, la señora Chase decide ponerse en cuatro para dejarle expuesto el culo a mi amigo y decirle con impaciencia que quiere sentir cada centímetro de su verga morena dentro de su ano. A lo que Alex responde penetrando súbitamente el agujero negro hasta la comisura del escroto.
Los alaridos tarzanescos de dolor-placer emitidos por la madre de nuestro amigo, levantan la casa a gritos. Entonces, para apaciguarlos, dejo que mi verga entre sin mayores contratiempos en la boca de la señora Chase durante uno de sus prolongados gritos de dolor-placer.
Así nos mantenemos un rato, bombéandole el culo y la boca simultáneamente a la señora de la casa, cuando en una sincronicidad de pensamiento entre mi amigo y yo y sin mediar palabra, decidimos cogérnosla por la concha y por el culo al mismo tiempo. Alex, sin sacar aún su verga del ojete de la veterana, la recuesta boca arriba sobre su regazo, dejándola con la concha a la vista para una buena cogida doble por ambos orificios.
La señora Chase me mira con cara de miedo, pues, por lo que intuyo, nunca ha recibido una doble penetración de este tipo, pero al sentir mi verga entrar profundamente en su vágina y tocar su punto G, se desgonza de placer. Lentamente y sincronizados, Alex y yo comenzamos a menearle nuestras vergas por ambos flancos, mientras la dama, con los ojos blanqueados apenas exhala unos leves gemidos de deleite.
Como un bote en un mar tranquilo, nuestros tres cuerpos se mueve al vaivén de las serenas olas, gimiendo en un coro suave de suspiros y susurros mientras mi barra de placer se llena hasta casi rayando el orgasmo.
Sin embargo, antes de llegar, le digo a Alex que cambiemos de lugar, que no me quiero ir sin antes haberle revolcado la mierda a esta puta; frase que descojona de risa a la señora Chase por mi vocabulario obsceno y una queja sarcástica de Alex por haberle interrumpido el orgasmo.
Sin levantarse del sillón, pero sacando su verga del culo de la madame, Alex la pone en posición vaquera dejándola para mí con la visión de su espalda y orto. Como si tuviera vida propia, mi verga, colorada y presionada por los litros de leche a punto de estallar, busca por sí sola la entrada al patio trasero y como succionada por una bomba de vacío entra abruptamente por el culo de la hembra, llenando toda la cavidad del recto.
Ahogando un grito de dolor, ella estira su cabeza hacia atrás hasta que sus ojos suplicantes quedan mirando a los míós. Su expresión facial de dolor implorante, sumado a la sensación de sentir mi verga estrujada por su anillo de carne, hacen que esta vez no desee moverme tan serenamente como la anterior y dominado por mis bajos instintos comience a castigarla con movimientos frenéticos de mi rabo en su interior, empujandole la mierdita cada vez más cuesta arriba.
Sorpredido por el cambio de ritmo, Alex también va a lo suyo y, para compensar el ardor de su culo dilatado, comienza a romperle la concha salvajemente a la señora Chase. Arritmicamente y sin coordinación la reventamos a vergazos, zarandéandola de arriba a abajo como cajón que no cierra. Apenas si puede gemir o gritar pues las rudas embestidas y los múltiples orgasmos no la dejan respirar bien.
Unos pocos minutos en ese frenesí hacen que Alex no aguante más y saque su verga afanosamente del papo de nuestra esclava. Yo podría seguir un poco más, pero para no dejar sólo a mi amigo, procedo a hacer lo mismo. Alex no pierde el tiempo y va a los pies de la señora Chase donde termina de jalársela para verter sobre ellos su preciado líquido.
Yo, por mi parte, dejo que la señora Chase deguste el sabor de su culo impregnado en mi poronga y, cuando ya estoy listo para venirme, la saco velozmente de su boca para explotar violentamente en las plantas de sus pies, eyectando disparos de leche que se escurren por entre sus patas hasta hacer un desastre en el piso.
Cansados por la culiada, dejamos por fin descansar a la señora Chase, que muy amablemente se ofrece a limpiar con su lengua nuestras, ahora, flácidas porongas.
Ha sido un reencuentro inolvidable, viendo como nuestras fantasías de adolescentes ahora se han hecho realidad. Pero cuando todo era felicidad y plenitud, justo en ese instante llegó a la casa nuestro amigo, el hijo de la señora Chase...



































































































































































































































Mientras conduzco, vamos recordando nuestras andanzas del colegio, todas las bromas que hacíamos, nuestras aventuras y las chicas con quienes salíamos. Llegados a ese punto, Alex me recuerda que en la secundaria ambos estábamos tragados de la madre de uno de nuestros amigos, la señora Chase.
En su momento, la señora Chase era la musa de nuestras primeras pajas, en especial cuando llevaba a su hijo al colegio, vestida con un topcito y unos shortcitos que dejaban poco a la imaginación de nuestras precoces mentes, para fantasear con su cuerpo desnudo.
Preguntándonos cómo estará ella, decidimos cambiar el rumbo y dirigirnos a su casa para averiguar si seguirá viviendo allí. Para nuestra grata sorpresa, cuando tocamos a su puerta, comprobamos que la señora Chase no sólo sigue habitando la casa, sino que su aspecto no ha cambiado nada. Sigue siendo la misma MILF calienta huevos, vestida con topcitos, shorts y chancletas de hule.
En un principio, la señora Chase no nos reconoce, pero cuando le contamos que somos los antiguos compañeros de su hijo, enseguida nos abraza efusivamente y nos hace pasar adentro para ofrecernos unas refrescantes cervezas, mientras conversamos sobre el devenir de nuestras vidas en el lapso de tiempo posterior a la escuela.
A medida que la conversación avanza y las cervezas nos van soltando la lengua, Alex y yo le lanzamos cumplidos sobre su cuerpo y lo bella que se ha conservado, a lo que la señora Chase responde, ruborizada pero con una sonrisa picarona, con un halago sobre lo fuertes y apuestos que hemos crecido.
Aflojada un poco más por la calentura, doña Chase se sienta entre nosotros y, sin poder evitarlo, Alex y yo le miramos sin mucho disimulo los pies. Coincidencialmente, ambos sentimos la misma atracción magnética por los pies de la señora Chase y como conectados por telepatía comenzamos a halagarle las patas a la madre de nuestro excompañero.
Sorprendida, la señora Chase se mira los pies, descalzándoselos de sus desgastadas chanclas negras, sin poder entender qué tienen de sexys. Quitándome las palabras de la boca, Alex le pide a ella que le deje masajear uno de sus pies para que sean las sensaciones y no las palabras las que le expliquen la sensualidad escondida de sus pies.
Ella se lo ofrece tímidamente y al sentir cómo las manos de Alex aplican la presión adecuada en las zonas erógenas de la planta del pie, me mira sorprendida con la boca abierta y me enseña su otro pie para que yo gentilmente también se lo masajee.
Sumidos en la adoración del pie y con la señora Chase aflojando cada vez más, Alex y yo nos miramos y pasamos a la segunda fase de adoración, besando y lamiendo los pies de la vieja, quien entregada al placer de ser venerada como una diosa, comienza a desvestirse dejando a la vista un buen par de tetas y una concha depilada y mojada por el ardor en sus pies.
Completamente deshinbidos, mi amigo y yo procedemos a mamarle el gallo a la veterana por turnos sin dejar de lado la idolatría fetichista. En agradecimiento, nuestra anfitriona nos brinda una mamada a uno y un footjob a un sólo pie al otro, alternándonos para recibir ambos obsequios.
Luego, para disfrutar de la vista del patio trasero de la 'ñora, Alex la ha recostado boca abajo sobre el sofa y mientras él le folla los pies con su verga, yo le hundo la mía hasta la garganta.
Extenuada por la mamada y el footjob, la señora Chase cambia de posición un momento, recostándose boca arriba sobre el sillón, pero sin dejarla tomar aliento, Alex es ahora quien la penetra via oral, mientras yo, con su coño frente a mí, dejo que mi poronga se dé un manjar dentro de ella. Todo esto, mientras mi pana y yo continuamos devorándole los pies.
Desquiciada por la visión de la gran morcilla de Alex entubándole la garganta, la señora Chase decide ponerse en cuatro para dejarle expuesto el culo a mi amigo y decirle con impaciencia que quiere sentir cada centímetro de su verga morena dentro de su ano. A lo que Alex responde penetrando súbitamente el agujero negro hasta la comisura del escroto.
Los alaridos tarzanescos de dolor-placer emitidos por la madre de nuestro amigo, levantan la casa a gritos. Entonces, para apaciguarlos, dejo que mi verga entre sin mayores contratiempos en la boca de la señora Chase durante uno de sus prolongados gritos de dolor-placer.
Así nos mantenemos un rato, bombéandole el culo y la boca simultáneamente a la señora de la casa, cuando en una sincronicidad de pensamiento entre mi amigo y yo y sin mediar palabra, decidimos cogérnosla por la concha y por el culo al mismo tiempo. Alex, sin sacar aún su verga del ojete de la veterana, la recuesta boca arriba sobre su regazo, dejándola con la concha a la vista para una buena cogida doble por ambos orificios.
La señora Chase me mira con cara de miedo, pues, por lo que intuyo, nunca ha recibido una doble penetración de este tipo, pero al sentir mi verga entrar profundamente en su vágina y tocar su punto G, se desgonza de placer. Lentamente y sincronizados, Alex y yo comenzamos a menearle nuestras vergas por ambos flancos, mientras la dama, con los ojos blanqueados apenas exhala unos leves gemidos de deleite.
Como un bote en un mar tranquilo, nuestros tres cuerpos se mueve al vaivén de las serenas olas, gimiendo en un coro suave de suspiros y susurros mientras mi barra de placer se llena hasta casi rayando el orgasmo.
Sin embargo, antes de llegar, le digo a Alex que cambiemos de lugar, que no me quiero ir sin antes haberle revolcado la mierda a esta puta; frase que descojona de risa a la señora Chase por mi vocabulario obsceno y una queja sarcástica de Alex por haberle interrumpido el orgasmo.
Sin levantarse del sillón, pero sacando su verga del culo de la madame, Alex la pone en posición vaquera dejándola para mí con la visión de su espalda y orto. Como si tuviera vida propia, mi verga, colorada y presionada por los litros de leche a punto de estallar, busca por sí sola la entrada al patio trasero y como succionada por una bomba de vacío entra abruptamente por el culo de la hembra, llenando toda la cavidad del recto.
Ahogando un grito de dolor, ella estira su cabeza hacia atrás hasta que sus ojos suplicantes quedan mirando a los míós. Su expresión facial de dolor implorante, sumado a la sensación de sentir mi verga estrujada por su anillo de carne, hacen que esta vez no desee moverme tan serenamente como la anterior y dominado por mis bajos instintos comience a castigarla con movimientos frenéticos de mi rabo en su interior, empujandole la mierdita cada vez más cuesta arriba.
Sorpredido por el cambio de ritmo, Alex también va a lo suyo y, para compensar el ardor de su culo dilatado, comienza a romperle la concha salvajemente a la señora Chase. Arritmicamente y sin coordinación la reventamos a vergazos, zarandéandola de arriba a abajo como cajón que no cierra. Apenas si puede gemir o gritar pues las rudas embestidas y los múltiples orgasmos no la dejan respirar bien.
Unos pocos minutos en ese frenesí hacen que Alex no aguante más y saque su verga afanosamente del papo de nuestra esclava. Yo podría seguir un poco más, pero para no dejar sólo a mi amigo, procedo a hacer lo mismo. Alex no pierde el tiempo y va a los pies de la señora Chase donde termina de jalársela para verter sobre ellos su preciado líquido.
Yo, por mi parte, dejo que la señora Chase deguste el sabor de su culo impregnado en mi poronga y, cuando ya estoy listo para venirme, la saco velozmente de su boca para explotar violentamente en las plantas de sus pies, eyectando disparos de leche que se escurren por entre sus patas hasta hacer un desastre en el piso.
Cansados por la culiada, dejamos por fin descansar a la señora Chase, que muy amablemente se ofrece a limpiar con su lengua nuestras, ahora, flácidas porongas.
Ha sido un reencuentro inolvidable, viendo como nuestras fantasías de adolescentes ahora se han hecho realidad. Pero cuando todo era felicidad y plenitud, justo en ese instante llegó a la casa nuestro amigo, el hijo de la señora Chase...



































































































































































































































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