Mis escapadascon mi hijo estaban cobrando velocidad. El tren había salido de la estación ypodía ver el destino final. Antes de haberlo visto coger con Gwen, podría haberescapado de mi destino. Pero ahora, no podía sacar de mi mente del recuerdo delpoder y el salvajismo animal de su apareamiento. Cada vez que cerraba los ojos,veía su larga verga hundiéndose en la concha de su novia.

La mañanadespués de mi espionaje, envié a los hombres a la escuela y al trabajo. Teníatareas que hacer, pero eludí mis responsabilidades. En cambio, pasé el día conmi nuevo consolador, y fue bueno. Pero no era él. Mi frustración habíadisminuido en los últimos días. Estaba algo satisfecha con el consolador y mis otrasmalas acciones. Pero mis deseos y necesidades se habían expandido. Mi libidoparecía estar cambiando las reglas del juego. Christopher había mirado misatributos femeninos de una manera en que no miraba el cuerpo firme de Gwen.Quería darle todo. Quería encender ese interruptor para él. No para su estúpidanovia. Mientras me masturbaba hasta otro orgasmo con ese consolador, elpensamiento me golpeó con fuerza. Iba a tener sexo con mi hijo. Y no había nadaque nadie pudiera hacer para impedirlo.
Llegó la tardey bajé al sótano para escuchar a través de la pared. Estaban en la habitaciónde Christopher cogiendo. Podía oír a Gwen chillar con cada impacto. Me preguntési iba a tener otra inundación. Así que por eso el tipo astuto había estadolavando su propia ropa. Pensé que había estado tratando de esconder su semen.Cualquier adolescente normal mancha sus sábanas, y la mayoría no quiere que sumadre se entere. Pero era su semen el verdadero problema. Me reí entre dientesmientras los escuchaba, pensando en lo sorprendidos que debían de estar la primeravez que él le había hecho eso a ella. ¿Me haría eso a mí? Ciertamente nuncaantes había visto a alguien eyaculado así.

Apoyando miespalda contra la pared, deslicé mi consolador debajo de mi vestido. En el pocotiempo que lo había tenido, ya lo conocía muy bien. Una fuerte percusióncomenzó en la habitación de Christopher. Podía sentir la vibración a través dela pared. Realmente se la estaba dando. ¿Qué estaría pensando mientras miraba aesa mujer delgada? ¿Quería algo más para sacudir y rebotar contra lo que sonabacomo golpes violentos? El consolador me abrió y jadeé. Ya no estaba tanapretada como antes. ¿Qué le haría Christopher a mi vagina con su verga másgrande que mi consolador?
La primera vezque escuché a esos adolescentes cogiendo, me quedé impactada. Pero ahora...ahora quería ser uno de ellos. Volver a esos días despreocupados en los que elplacer no competía con todas las demás actividades de la vida. En esos días,podía sonreírle a un chico guapo, dar una vuelta en su coche y entregarme a lasalegrías del descubrimiento y la pasión. Hoy en día, tengo que limpiar, hacerla compra, cocinar y atender las necesidades de Carl. Todavía soy su esposa, perosolo quería olvidar ese hecho por un rato. "Oh, mierda... cariño... latenés tan grande", le susurré a un Christopher imaginario. Los golpes alotro lado de la pared aumentaron hasta un crescendo. Gwen gritabaconstantemente. Los profundos gruñidos de Christopher apenas llegaban a la salade máquinas.
¿Estaba usando protecciónesta vez? Oh, Dios, podría estar embarazando a su novia ahora mismo. Recé paraque tuviera más sentido común que eso. Y luego... recé para que no lo tuviera.Pensé en esa pequeña puta hinchándose con mi nieto dentro. No debería desearlo,pero lo deseaba. Ella sería suya. Toda suya. "Aaaaahhhhhhhhhh." Tuveun orgasmo junto con ellos. Unos minutosdespués, salí en silencio de la sala de máquinas y subí las escaleras.
Esa noche, memordí las uñas sentada junto a Carl en el sofá mientras veíamos uno de susprogramas. No podía concentrarme en nada. Estaba muy nerviosa.
Me temo que lecontesté bruscamente cuando me preguntó si debíamos ver un episodio más antesde acostarnos. Solo necesitaba que mi esposo durmiera. Me disculpé con élmientras nos acurrucábamos bajo las sábanas. No soy un monstruo.
Después de unrato, su respiración se regularizó y se ralentizó. Estaba dormido. Con muchocuidado, me levanté de la cama. Me quité la camiseta con la que había dormido yla bombacha. En la oscuridad, me dirigí sigilosamente al baño y me puse unabata. Busqué en el armario y saqué uno de los preservativos de Carl. No seperdería ni uno. El hombre era un desastre desorganizado. No podía recordarnada en nuestra casa si yo no se lo recordaba. Volví a entrar en nuestrahabitación. El reloj de su mesita de noche brillaba. Dios mío, realmente sehabía acostado tarde. Ya eran las diez y media. Esperaba que Christopher sehubiera quedado despierto por mí.

Con la energíanerviosa haciendo temblar mis piernas, me abrí paso por la casa oscura. Respiréaliviada cuando llegué al sótano. Un rayo de luz brillaba por debajo de lapuerta. Me había esperado. Qué dulce. Este era el momento. Iba a hacerlo. Puedeque no sea una adolescente, pero me sentía como tal en un momento tan cargadode anticipación y posibilidad. Abrí la puerta, entré y la cerré tras de mí.
"Oh, hola,mamá." Christopher estaba acostado en su cama, con el teléfono en lasmanos. Levantó la vista y sonrió. Si notó que tenía un preservativo, no lodemostró.
"¿Quéestás haciendo, cariño?" Me acerqué al lado de la cama y me arrastré juntoa él.

"Enviandomensajes a Gwen." Sus ojos se abrieron un poco. Había notado el preservativo."¿Debería... eh... decirle que estoy ocupado?". La vida y lavitalidad ya estaban fluyendo hacia su verga.
"No,Christopher, podés seguir enviando mensajes a tu novia." Guardé el preservativoen mi bolsillo y le bajé los pantalones del pijama. No llevaba ropa interior.Qué delicia. Su gran miembro estaba semierecto y creciendo. Puse mi mano sobreél, haciendo todo lo posible por ignorar el diamante en mi dedo.
"Talvez... um... debería ponerme al día con ella mañana." Empezó a deslizar eldedo por la pantalla del teléfono.

"No...Christopher... el amor de mis ojos... sigue enviándole mensajes." Lesonreí ampliamente, pero mantuve un tono cortante en mi voz. "Quiero versi podés concentrarte en Gwen... mientras hago esto." Lo bombeé con unamano. "Decile que tu madre entró en tu habitación y que soy muyaburrida." La verga en mi mano creció hasta una longitud que podíaacomodar dos manos, así que accedí y mi mano derecha se unió a mi izquierda.
"Estábien." Sus ojos luchaban por elegir un objetivo, rebotando de su teléfonoa su verga, a mi cara sonriente. Obedientemente, siguió deslizando el dedo porel teclado de su teléfono. "Pero, eh, no sos aburrida, mamá."
"Bueno,ese puede ser nuestro secreto. La mayoría de los hombres de tu edad encuentrana sus madres muy aburridas." La fuerza del movimiento de mis brazos hizoque mi bata se abriera, dejando al descubierto un buen escote. Su mirada ahoraestaba fija en mi pecho cuando no miraba su teléfono. Lo trabajé un ratomientras enviaba mensajes.
"¿Mamá?"
"¿Sí, cariño?"Ahora estaba mirando esa hermosa verga en sus manos. Era tan perfecta.

"¿Para quées el preservativo?"
"Mmmmmm."Lo miré. Tenía las mejillas sonrojadas. "¿Quién pregunta? ¿Vos oGwen?"
"¡Mamá!.No le voy a decir nada a Gwen sobre esto." Su cara se puso aún más roja."Solo estaba, ya sabes, preguntándome."
"Me dicuenta de que no llevabas uno con Gwen ayer en mi habitación." Lo solté ysaqué el preservativo de mi bolsillo. Lo levanté e hice un gesto como sirompiera el papel de aluminio y lo sacara. "Así que pensé que necesitaríasuna lección sobre cómo usarlo."
"Oh."Su rostro se ensombreció. Claramente, había pensado que íbamos a tener sexo, yyo había destrozado sus esperanzas.
"No te pongastan triste." Lo coloqué en la cabeza de su verga e intenté desenrollarlo.No parecía querer estirarse lo suficiente como para cubrir esa granprotuberancia al final de su pene. "Una vez que lo ponga, iba a dejar quelo usaras... adentro mío."
"¿Enserio?" Todo su cuerpo se estremeció al oír la noticia, incluida su verga.Esto hizo que desenrollarlo fuera aún más difícil. "¿Podemos hacer eso?Quiero decir... ¿en serio?"

"Sí, perosolo si lo pongo. Quedate quieto un segundo." Lo intenté de nuevo, pero noiba a lograr que quedara bien sin romperlo. Eso sería como ir en contra delpropósito. "Maldición. No queda." Me senté sobre mis nalgas y mishombros se encogieron.
"Dale, mandaleun mensaje a tu novia diciéndole que tu mamá solo puede hacerte una mamada estanoche. Lo siento, Christopher."
"Tengopreservativos que me quedan bien”. Dijo y, como un rayo, saltó de su cama,abrió el cajón de su escritorio y regresó con uno. "¿Todavía podemoshacerlo?" Estaba tan emocionado que casi parecía borracho. Era adorable.
¿Por qué no penséen eso? Sigue enviándole mensajes a Gwen. Rompí el paquete y saqué el preservativo.
“Claro, claro”.Tomó su teléfono y continuó su conversación con su novia.
Mientras se loponía, me pregunté de qué estarían hablando. Recordé las pequeñas palabras cariñosasque se habían dicho mientras hacían el perrito en mi cama. Probablemente algoasí.
“Listo”.Satisfecha, le di un golpecito a su verga y la observé balancearse de un lado aotro. Estaba bien vestida. Me paré en la cama junto a él. Estaba muy mojada.Sentía mariposas en el estómago y un nudo en la garganta. Esto era todo. “¿Estáslisto?” Me quité la bata, puse las caderas a un lado e hice una pose. “¿Tegusta? ¿Cómo me comparo con Gwen?”

“Sos tanhermosa como ella”. Sus ojos se abrieron de par en par y dejó caer el teléfonoa su lado. Se quitó rápidamente la parte de arriba del pijama.
"Gracias",dije con voz monótona. Eso no era exactamente lo que buscaba. Bueno, podíahacerle cambiar de opinión. Todo lo que tenía que hacer era dejarloboquiabierto. Pasé por encima de él de manera que mis pies quedaran a amboslados de sus caderas y miré hacia abajo. Estaba tan en forma, tan masculino ytan duro. Carajo, iba a dejar a mi hijo boquiabierto. "¿Estás listo?"
Todo lo quepudo hacer fue asentir con la cabeza, sus ojos devorando la parte inferior demis tetas.
"Si hagoesto, ¿prometes usar siempre protección con las mujeres con las que te acuestes?"Me senté sobre él y metí la mano entre mis piernas para agarrar su verga. Mierda,era tan grande. Volvió a asentir con la cabeza.
"Vamos,entonces." Menos mal que estaba muy mojada, porque incluso con todo mitrabajo con el consolador, la punta de su verga se sentía simplemente enorme.
"¿Cómo...hace... una cosita... como Gwen... hace que esto parezca... tan aaaaahhhhhhh...fácil?" Me dejé caer sobre él. Cuando llegó al fondo, sentí una pequeñasacudida de dolor en lo profundo de mí. Así que, así se siente un golpe en elcuello uterino.

"No lo sé,mamá." Sus ojos seguían muy grandes. Sus manos se aferraban a las sábanas.Parecía estar experimentando todas las mañanas de Navidad de su vida a la vez.
"Ahora...quedate quieto... voy a intentar algo." Moví mis caderas, dudando alprincipio, pero luego suavizando mi movimiento. Intenté recordar cómo mover micuerpo durante el sexo. No era una virgen pura como un lirio, pero él era tandiferente de todos los demás hombres que me sentía como una. "¿Eso ugh...se siente bien?"
"Sí...estás muy apretada." Asintió vigorosamente, mordiéndose el labio. Estabaapretada, era verdad. Entonces, pensé que no duraría demasiado.
"¿Querésque... uuuggghhhhh... siga haciendo esto? O... que… uuuuggggggg..." Gemí. Seguía golpeandoese punto profundo dentro de mí. El dolor y el placer bailaban juntos en miútero. "... ¿debería... rebotar?"
"Rebotá...por favor." Christopher era un joven tan educado.
"Comoquieras." Hice lo que me pidió. Al tercer rebote, pensé que podríapartirme por la mitad. Estoy segura de que mi expresión me delató, porque unamirada de preocupación se extendió por su rostro.
"¿Estásbien, mamá?" Logró mantener su mirada en mi rostro a pesar de mis tetasque se movían, así que supe que estaba realmente preocupado.

"Estoy...ugh... bien." A pesar de mi vagina desgarrada, persistí en rebotar sobreChristopher. Si su delgada novia podía hacerlo, yo también podía. "Essolo... uuuuggghhhhhh... un poco más grande de lo que estoy acostumbrada."Lo monté sin decir nada por un rato. El esfuerzo me quitó las palabras. Creoque el único sonido en la habitación eran mis gruñidos poco femeninos, me davergüenza decirlo. Después de un rato, el dolor disminuyó y el placer aumentó.Incluso mi cuello uterino dejó de ladrarme cada vez que dejaba caer mi pesosobre él.
"¿Mamá?"
“¿Sí?”. Habíaestado mirando fijamente un póster en su pared mientras mi orgasmo se acercabacada vez más. Miré a Christopher y vi el éxtasis claramente escrito en surostro. Ver esa expresión fue lo más excitante que jamás había sentido.
“Hace un buenque... eh... eh... ya hace buen rato… Estoy... casi listo”. La pregunta seformó en sus ojos. Quería saber si tenía que sacarla.
“Podés... ah...ah... ah... hacerlo dentro. Para eso es el preservativo”. Puse mis brazosdetrás de su cabeza y acerqué su rostro a mis tetas. Agárrame, cariño, apretame.Estaba a punto de tener el orgasmo más grande de mi vida.
"Claro...Mamá." Su voz quedó amortiguada por mis pechos. Agarró la carne alrededorde mis caderas y se aferró con fuerza. Ese gruñido que le había oído hacer conGwen vibró contra mi caja torácica. Iba a hacerlo. Me aferré con fuerza y movímis caderas sobre él.
Los gritosllenaron la habitación. Era yo. Mi mente se dispersó en mil direcciones y sefragmentó en éxtasis. Mientras descendía de las nubes, me di cuenta de queestaba besando mis tetas. Las acurruqué contra su cara. Mientras el placer semovía como la marea, me di cuenta de que estaba mirando su teléfono en elcolchón junto a nosotros. En la pantalla, Gwen había dejado mensaje trasmensaje preguntando si Christopher seguía allí. Hacia la parte inferior de lapantalla, se había desconectado con disgusto. Otro punto para mamá. Lo siento,Gwen

Finalmente, meincorporé y me aparté de él. Dios mío, había tanto semen en el preservativo."Tiralo donde tu papá no lo encuentre". Me arrastré fuera de la camay me puse la bata. Las sábanas entre sus piernas estaban empapadas.
Él también mehabía hecho tener la inundación, y ni siquiera me había dado cuenta.
"Claro,mamá". Me sonrió perezosamente.

La felicidadque le había dado me calentó el corazón y me hizo cosquillas en la concha.Pensé en conseguir un preservativo nuevo, pero me obligué a salir de lahabitación. No debería ser codiciosa. Caminé hacia la puerta. "Parece que ensuciétus sábanas. Espero que no te moleste dormir con ellas. Las limpiarémañana".
"No hayproblema". Parecía que quería decir algo más al respecto. Tal vez sobrecómo no era la primera vez que hacía eso con el orgasmo de una mujer por todasu cama. Pero sabiamente se detuvo. "Te amo".
"Yotambién te amo, cariño. Ahora descansa bien esta noche." Salí de suhabitación y subí las escaleras. Cuando llegué a mi habitación, descubrí queestaba demasiado excitada para dormir y demasiado dolorida para mi consolador.Así que me acosté junto a mi esposo y repasé los eventos de la noche una y otravez en mi mente.

La mañanadespués de mi espionaje, envié a los hombres a la escuela y al trabajo. Teníatareas que hacer, pero eludí mis responsabilidades. En cambio, pasé el día conmi nuevo consolador, y fue bueno. Pero no era él. Mi frustración habíadisminuido en los últimos días. Estaba algo satisfecha con el consolador y mis otrasmalas acciones. Pero mis deseos y necesidades se habían expandido. Mi libidoparecía estar cambiando las reglas del juego. Christopher había mirado misatributos femeninos de una manera en que no miraba el cuerpo firme de Gwen.Quería darle todo. Quería encender ese interruptor para él. No para su estúpidanovia. Mientras me masturbaba hasta otro orgasmo con ese consolador, elpensamiento me golpeó con fuerza. Iba a tener sexo con mi hijo. Y no había nadaque nadie pudiera hacer para impedirlo.
Llegó la tardey bajé al sótano para escuchar a través de la pared. Estaban en la habitaciónde Christopher cogiendo. Podía oír a Gwen chillar con cada impacto. Me preguntési iba a tener otra inundación. Así que por eso el tipo astuto había estadolavando su propia ropa. Pensé que había estado tratando de esconder su semen.Cualquier adolescente normal mancha sus sábanas, y la mayoría no quiere que sumadre se entere. Pero era su semen el verdadero problema. Me reí entre dientesmientras los escuchaba, pensando en lo sorprendidos que debían de estar la primeravez que él le había hecho eso a ella. ¿Me haría eso a mí? Ciertamente nuncaantes había visto a alguien eyaculado así.

Apoyando miespalda contra la pared, deslicé mi consolador debajo de mi vestido. En el pocotiempo que lo había tenido, ya lo conocía muy bien. Una fuerte percusióncomenzó en la habitación de Christopher. Podía sentir la vibración a través dela pared. Realmente se la estaba dando. ¿Qué estaría pensando mientras miraba aesa mujer delgada? ¿Quería algo más para sacudir y rebotar contra lo que sonabacomo golpes violentos? El consolador me abrió y jadeé. Ya no estaba tanapretada como antes. ¿Qué le haría Christopher a mi vagina con su verga másgrande que mi consolador?
La primera vezque escuché a esos adolescentes cogiendo, me quedé impactada. Pero ahora...ahora quería ser uno de ellos. Volver a esos días despreocupados en los que elplacer no competía con todas las demás actividades de la vida. En esos días,podía sonreírle a un chico guapo, dar una vuelta en su coche y entregarme a lasalegrías del descubrimiento y la pasión. Hoy en día, tengo que limpiar, hacerla compra, cocinar y atender las necesidades de Carl. Todavía soy su esposa, perosolo quería olvidar ese hecho por un rato. "Oh, mierda... cariño... latenés tan grande", le susurré a un Christopher imaginario. Los golpes alotro lado de la pared aumentaron hasta un crescendo. Gwen gritabaconstantemente. Los profundos gruñidos de Christopher apenas llegaban a la salade máquinas.
¿Estaba usando protecciónesta vez? Oh, Dios, podría estar embarazando a su novia ahora mismo. Recé paraque tuviera más sentido común que eso. Y luego... recé para que no lo tuviera.Pensé en esa pequeña puta hinchándose con mi nieto dentro. No debería desearlo,pero lo deseaba. Ella sería suya. Toda suya. "Aaaaahhhhhhhhhh." Tuveun orgasmo junto con ellos. Unos minutosdespués, salí en silencio de la sala de máquinas y subí las escaleras.
Esa noche, memordí las uñas sentada junto a Carl en el sofá mientras veíamos uno de susprogramas. No podía concentrarme en nada. Estaba muy nerviosa.
Me temo que lecontesté bruscamente cuando me preguntó si debíamos ver un episodio más antesde acostarnos. Solo necesitaba que mi esposo durmiera. Me disculpé con élmientras nos acurrucábamos bajo las sábanas. No soy un monstruo.
Después de unrato, su respiración se regularizó y se ralentizó. Estaba dormido. Con muchocuidado, me levanté de la cama. Me quité la camiseta con la que había dormido yla bombacha. En la oscuridad, me dirigí sigilosamente al baño y me puse unabata. Busqué en el armario y saqué uno de los preservativos de Carl. No seperdería ni uno. El hombre era un desastre desorganizado. No podía recordarnada en nuestra casa si yo no se lo recordaba. Volví a entrar en nuestrahabitación. El reloj de su mesita de noche brillaba. Dios mío, realmente sehabía acostado tarde. Ya eran las diez y media. Esperaba que Christopher sehubiera quedado despierto por mí.

Con la energíanerviosa haciendo temblar mis piernas, me abrí paso por la casa oscura. Respiréaliviada cuando llegué al sótano. Un rayo de luz brillaba por debajo de lapuerta. Me había esperado. Qué dulce. Este era el momento. Iba a hacerlo. Puedeque no sea una adolescente, pero me sentía como tal en un momento tan cargadode anticipación y posibilidad. Abrí la puerta, entré y la cerré tras de mí.
"Oh, hola,mamá." Christopher estaba acostado en su cama, con el teléfono en lasmanos. Levantó la vista y sonrió. Si notó que tenía un preservativo, no lodemostró.
"¿Quéestás haciendo, cariño?" Me acerqué al lado de la cama y me arrastré juntoa él.

"Enviandomensajes a Gwen." Sus ojos se abrieron un poco. Había notado el preservativo."¿Debería... eh... decirle que estoy ocupado?". La vida y lavitalidad ya estaban fluyendo hacia su verga.
"No,Christopher, podés seguir enviando mensajes a tu novia." Guardé el preservativoen mi bolsillo y le bajé los pantalones del pijama. No llevaba ropa interior.Qué delicia. Su gran miembro estaba semierecto y creciendo. Puse mi mano sobreél, haciendo todo lo posible por ignorar el diamante en mi dedo.
"Talvez... um... debería ponerme al día con ella mañana." Empezó a deslizar eldedo por la pantalla del teléfono.

"No...Christopher... el amor de mis ojos... sigue enviándole mensajes." Lesonreí ampliamente, pero mantuve un tono cortante en mi voz. "Quiero versi podés concentrarte en Gwen... mientras hago esto." Lo bombeé con unamano. "Decile que tu madre entró en tu habitación y que soy muyaburrida." La verga en mi mano creció hasta una longitud que podíaacomodar dos manos, así que accedí y mi mano derecha se unió a mi izquierda.
"Estábien." Sus ojos luchaban por elegir un objetivo, rebotando de su teléfonoa su verga, a mi cara sonriente. Obedientemente, siguió deslizando el dedo porel teclado de su teléfono. "Pero, eh, no sos aburrida, mamá."
"Bueno,ese puede ser nuestro secreto. La mayoría de los hombres de tu edad encuentrana sus madres muy aburridas." La fuerza del movimiento de mis brazos hizoque mi bata se abriera, dejando al descubierto un buen escote. Su mirada ahoraestaba fija en mi pecho cuando no miraba su teléfono. Lo trabajé un ratomientras enviaba mensajes.
"¿Mamá?"
"¿Sí, cariño?"Ahora estaba mirando esa hermosa verga en sus manos. Era tan perfecta.

"¿Para quées el preservativo?"
"Mmmmmm."Lo miré. Tenía las mejillas sonrojadas. "¿Quién pregunta? ¿Vos oGwen?"
"¡Mamá!.No le voy a decir nada a Gwen sobre esto." Su cara se puso aún más roja."Solo estaba, ya sabes, preguntándome."
"Me dicuenta de que no llevabas uno con Gwen ayer en mi habitación." Lo solté ysaqué el preservativo de mi bolsillo. Lo levanté e hice un gesto como sirompiera el papel de aluminio y lo sacara. "Así que pensé que necesitaríasuna lección sobre cómo usarlo."
"Oh."Su rostro se ensombreció. Claramente, había pensado que íbamos a tener sexo, yyo había destrozado sus esperanzas.
"No te pongastan triste." Lo coloqué en la cabeza de su verga e intenté desenrollarlo.No parecía querer estirarse lo suficiente como para cubrir esa granprotuberancia al final de su pene. "Una vez que lo ponga, iba a dejar quelo usaras... adentro mío."
"¿Enserio?" Todo su cuerpo se estremeció al oír la noticia, incluida su verga.Esto hizo que desenrollarlo fuera aún más difícil. "¿Podemos hacer eso?Quiero decir... ¿en serio?"

"Sí, perosolo si lo pongo. Quedate quieto un segundo." Lo intenté de nuevo, pero noiba a lograr que quedara bien sin romperlo. Eso sería como ir en contra delpropósito. "Maldición. No queda." Me senté sobre mis nalgas y mishombros se encogieron.
"Dale, mandaleun mensaje a tu novia diciéndole que tu mamá solo puede hacerte una mamada estanoche. Lo siento, Christopher."
"Tengopreservativos que me quedan bien”. Dijo y, como un rayo, saltó de su cama,abrió el cajón de su escritorio y regresó con uno. "¿Todavía podemoshacerlo?" Estaba tan emocionado que casi parecía borracho. Era adorable.
¿Por qué no penséen eso? Sigue enviándole mensajes a Gwen. Rompí el paquete y saqué el preservativo.
“Claro, claro”.Tomó su teléfono y continuó su conversación con su novia.
Mientras se loponía, me pregunté de qué estarían hablando. Recordé las pequeñas palabras cariñosasque se habían dicho mientras hacían el perrito en mi cama. Probablemente algoasí.
“Listo”.Satisfecha, le di un golpecito a su verga y la observé balancearse de un lado aotro. Estaba bien vestida. Me paré en la cama junto a él. Estaba muy mojada.Sentía mariposas en el estómago y un nudo en la garganta. Esto era todo. “¿Estáslisto?” Me quité la bata, puse las caderas a un lado e hice una pose. “¿Tegusta? ¿Cómo me comparo con Gwen?”

“Sos tanhermosa como ella”. Sus ojos se abrieron de par en par y dejó caer el teléfonoa su lado. Se quitó rápidamente la parte de arriba del pijama.
"Gracias",dije con voz monótona. Eso no era exactamente lo que buscaba. Bueno, podíahacerle cambiar de opinión. Todo lo que tenía que hacer era dejarloboquiabierto. Pasé por encima de él de manera que mis pies quedaran a amboslados de sus caderas y miré hacia abajo. Estaba tan en forma, tan masculino ytan duro. Carajo, iba a dejar a mi hijo boquiabierto. "¿Estás listo?"
Todo lo quepudo hacer fue asentir con la cabeza, sus ojos devorando la parte inferior demis tetas.
"Si hagoesto, ¿prometes usar siempre protección con las mujeres con las que te acuestes?"Me senté sobre él y metí la mano entre mis piernas para agarrar su verga. Mierda,era tan grande. Volvió a asentir con la cabeza.
"Vamos,entonces." Menos mal que estaba muy mojada, porque incluso con todo mitrabajo con el consolador, la punta de su verga se sentía simplemente enorme.
"¿Cómo...hace... una cosita... como Gwen... hace que esto parezca... tan aaaaahhhhhhh...fácil?" Me dejé caer sobre él. Cuando llegó al fondo, sentí una pequeñasacudida de dolor en lo profundo de mí. Así que, así se siente un golpe en elcuello uterino.

"No lo sé,mamá." Sus ojos seguían muy grandes. Sus manos se aferraban a las sábanas.Parecía estar experimentando todas las mañanas de Navidad de su vida a la vez.
"Ahora...quedate quieto... voy a intentar algo." Moví mis caderas, dudando alprincipio, pero luego suavizando mi movimiento. Intenté recordar cómo mover micuerpo durante el sexo. No era una virgen pura como un lirio, pero él era tandiferente de todos los demás hombres que me sentía como una. "¿Eso ugh...se siente bien?"
"Sí...estás muy apretada." Asintió vigorosamente, mordiéndose el labio. Estabaapretada, era verdad. Entonces, pensé que no duraría demasiado.
"¿Querésque... uuuggghhhhh... siga haciendo esto? O... que… uuuuggggggg..." Gemí. Seguía golpeandoese punto profundo dentro de mí. El dolor y el placer bailaban juntos en miútero. "... ¿debería... rebotar?"
"Rebotá...por favor." Christopher era un joven tan educado.
"Comoquieras." Hice lo que me pidió. Al tercer rebote, pensé que podríapartirme por la mitad. Estoy segura de que mi expresión me delató, porque unamirada de preocupación se extendió por su rostro.
"¿Estásbien, mamá?" Logró mantener su mirada en mi rostro a pesar de mis tetasque se movían, así que supe que estaba realmente preocupado.

"Estoy...ugh... bien." A pesar de mi vagina desgarrada, persistí en rebotar sobreChristopher. Si su delgada novia podía hacerlo, yo también podía. "Essolo... uuuuggghhhhhh... un poco más grande de lo que estoy acostumbrada."Lo monté sin decir nada por un rato. El esfuerzo me quitó las palabras. Creoque el único sonido en la habitación eran mis gruñidos poco femeninos, me davergüenza decirlo. Después de un rato, el dolor disminuyó y el placer aumentó.Incluso mi cuello uterino dejó de ladrarme cada vez que dejaba caer mi pesosobre él.
"¿Mamá?"
“¿Sí?”. Habíaestado mirando fijamente un póster en su pared mientras mi orgasmo se acercabacada vez más. Miré a Christopher y vi el éxtasis claramente escrito en surostro. Ver esa expresión fue lo más excitante que jamás había sentido.
“Hace un buenque... eh... eh... ya hace buen rato… Estoy... casi listo”. La pregunta seformó en sus ojos. Quería saber si tenía que sacarla.
“Podés... ah...ah... ah... hacerlo dentro. Para eso es el preservativo”. Puse mis brazosdetrás de su cabeza y acerqué su rostro a mis tetas. Agárrame, cariño, apretame.Estaba a punto de tener el orgasmo más grande de mi vida.
"Claro...Mamá." Su voz quedó amortiguada por mis pechos. Agarró la carne alrededorde mis caderas y se aferró con fuerza. Ese gruñido que le había oído hacer conGwen vibró contra mi caja torácica. Iba a hacerlo. Me aferré con fuerza y movímis caderas sobre él.
Los gritosllenaron la habitación. Era yo. Mi mente se dispersó en mil direcciones y sefragmentó en éxtasis. Mientras descendía de las nubes, me di cuenta de queestaba besando mis tetas. Las acurruqué contra su cara. Mientras el placer semovía como la marea, me di cuenta de que estaba mirando su teléfono en elcolchón junto a nosotros. En la pantalla, Gwen había dejado mensaje trasmensaje preguntando si Christopher seguía allí. Hacia la parte inferior de lapantalla, se había desconectado con disgusto. Otro punto para mamá. Lo siento,Gwen

Finalmente, meincorporé y me aparté de él. Dios mío, había tanto semen en el preservativo."Tiralo donde tu papá no lo encuentre". Me arrastré fuera de la camay me puse la bata. Las sábanas entre sus piernas estaban empapadas.
Él también mehabía hecho tener la inundación, y ni siquiera me había dado cuenta.
"Claro,mamá". Me sonrió perezosamente.

La felicidadque le había dado me calentó el corazón y me hizo cosquillas en la concha.Pensé en conseguir un preservativo nuevo, pero me obligué a salir de lahabitación. No debería ser codiciosa. Caminé hacia la puerta. "Parece que ensuciétus sábanas. Espero que no te moleste dormir con ellas. Las limpiarémañana".
"No hayproblema". Parecía que quería decir algo más al respecto. Tal vez sobrecómo no era la primera vez que hacía eso con el orgasmo de una mujer por todasu cama. Pero sabiamente se detuvo. "Te amo".
"Yotambién te amo, cariño. Ahora descansa bien esta noche." Salí de suhabitación y subí las escaleras. Cuando llegué a mi habitación, descubrí queestaba demasiado excitada para dormir y demasiado dolorida para mi consolador.Así que me acosté junto a mi esposo y repasé los eventos de la noche una y otravez en mi mente.
0 comentarios - Ruidos a través de la pared - Capítulo 4