
Soñé conhombres que me admiraban durante toda la noche. Un hermoso vestido de galaacentuaba mis curvas mientras bailaba con gracia un vals con una pareja sinrostro a lo largo de una larga pista de baile. Todos los hombres me miraban,vitoreándome, con la mirada fija en el escote que giraba ante ellos. Había sidoinvisible como mujer deseada durante tanto tiempo, y ahora ese mundo habíadespertado. Me encantaba la atención y la mirada deslumbrada en sus ojos. Derepente, mi vestido se cayó, dejando mis pechos al descubierto. La pareja sinrostro se había ido, dejándome sola con las tetas al desnudo. Debería habermehorrorizado, pero en lugar de cubrirlas, los exhibí. La música cambió a algoque escucharían los adolescentes, con un bajo potente. Mis caderas giraban alritmo, mis pechos se agitaban. Pronto, los hombres cambiaron. Todos eranChristopher, y todos tenían las expresiones más felices en sus rostros. Yo lesestaba brindando esa alegría. Su mamá sexy. Yo. Desperté del sueño y me sentéen la cama.
Dos cosas megolpearon mientras estaba sentada en la oscuridad junto a mi esposo dormido.Necesitaba ver a mi hijo teniendo sexo con su novia. Escuchar ya no erasuficiente. Y necesitaba conseguirme un consolador. Algo grande y grueso, comoel pene de Christopher. Tomé mi teléfono y comencé a buscar el espécimenperfecto. La entrega era el mismo día, por supuesto, era una necesidad.
A la mañanasiguiente, despedí a mi marido para que se fuera al trabajo y a mi hijo paraque se fuera al colegio como si todo fuera perfectamente normal. Pero no todoera perfectamente normal. Me entretuve con las tareas del hogar mientrasesperaba mi entrega. Normalmente me habría desahogado una vez que tuviera lacasa para mí sola, pero quería encender esa llama dentro de mí para mi nuevojuguete. Así que esperé. Y esperé. Y el día transcurrió. Finalmente, me instaléen la habitación de invitados alrededor de las 3:30 para poder ver aChristopher y Gwen cuando se colaran por la ventana del sótano. Eran casi lascuatro cuando los vi. Bajé corriendo las escaleras para interceptarlos antes deque pusieran manos a la obra. Christopher estaba a punto de cerrar la puertacuando aparecí.
"Buenastardes, Christopher. Hola, Gwen." Junté mis manos y les sonreí de lamanera más indulgente y maternal. Ambos me miraron desde fuera de la habitacióncomo si fuera un fantasma. ¿Acaso no sabían que estaba en casa mientras ellosseguían con sus cosas todas las tardes? ¿Era tan ingenua cuando tenía dieciochoaños? Tal vez no era ingenuidad, tal vez solo eran adolescentes egocéntricos.Podía perdonarlos por eso.
"Oh, hola,mamá." Christopher retiró torpemente su mano de la cadera de Gwen.
"Hola,señora Green." Gwen bajó la mirada hacia sus zapatillas, con las mejillassonrojadas.
"Hola,querida." Le dije a la novia de mi hijo. "¿Te molesta si me llevo aChristopher un minuto? Necesito hablar con mi hijo."
"Eh...claro." Miró nerviosamente alrededor de la habitación como si nunca lahubiera visto antes.
"Podéshacer esas cosas que hacen los adolescentes en tu teléfono mientras esperás. Notardaremos."
"Deacuerdo." La chica sacó su teléfono de la mochila y se sentó en el bordede la cama. No sabía que ahí era donde yo estaba sentada cuando agité la vergade su novio.
"Vamos,Chris." Sonreí para mis adentros. Lo llevé arriba a la cocina y giré paramirarlo.
"¿Quépasa, mamá?" Esperó a que respondiera, pero me quedé allí parada como unaidiota.
"Eh...bueno..." Me había puesto tan nerviosa por retrasar mi satisfacciónpersonal que estaba a punto de hacer algo realmente loco. No hacía mucho que nolo tocaba. Ahora, me volvía loca cuando no lo hacía.
"Bueno, sipuede esperar. Será mejor que vuelva a..." Christopher se detuvo a mitadde la frase cuando rápidamente acorté la distancia entre nosotros y mis manosfueron a su cintura. Trabajé frenéticamente para desabrocharle el cinturón."¿Qué estás haciendo?" Miró por encima del hombro hacia las escalerasdel sótano, pero no se apartó. Esa era una buena señal.
"Tuve unpoco de inspiración." Desabroché el cinturón y bajé su cremallera."¿Gwen alguna vez te hace sexo oral?" Trabajé en el botón de pantalón,y su única respuesta fue el silencio. "Hablo de … chupártela”

"Sé lo quees el sexo oral, mamá." La voz de Christopher temblaba. "Por supuestoque sí."
"Bueno,nunca es educado dar nada por sentado." El botón se soltó y me puse encuclillas frente a él. Mi vestido quedó tenso por mis rodillas separadas."Sé que te gustó lo que hice con mis tetas anoche. Quiero decir, sus tetasno son lo suficientemente grandes, así que..." Me reí para mis adentros.No dije que había ganado esa ronda, Gwen, pero ciertamente lo pensé."Estoy un poco fuera de práctica, pero quiero ver cómo me comparo con lashabilidades de Gwen para chupártela." Le bajé los pantalones y la ropainterior hasta los tobillos y lo miré.
"¿Qué...ahora? ¿Acá?" Parecía sorprendido.
Insistí."¿Querés ver mis tetas otra vez? ¿Eso ayudará?" Rápidamente las saquéde mi sujetador y del vestido. Me había vuelto completamente loca, pero estabacomprometida. ¿Todas las mujeres de cuarenta y tantos años se obsesionabantanto con el sexo?
"Ehm..."Christopher simplemente miró fijamente mis tetas, con la verga completamente rígida."Gwen está abajo. Podría subir en cualquier momento."
"Seremosrápidos." Extendí la mano y tomé su verga con la derecha, sus testículoscon la izquierda, y me incliné. Intenté no mirar el anillo de bodas de Carlrozando los lindos y peludos testículos de Christopher. Había pasado más de unadécada desde la última vez que hice esto por mi esposo. Christopher estabacálido, salado y bastante grande en mi boca. Pasé la lengua alrededor de lacabeza, cerrando los ojos con fuerza. Oh, Dios mío. Esto era maravilloso.Estaba complaciendo a Christopher. Podría haberse dado la vuelta y huido con sunovia, pero me quería a mí. Mi dulce hombre pensaba que valía la pena que loatraparan por mí. Mi pobre bombacha se inundó. Aparté la mano de sus bolas,metí la mano debajo de mi vestido y deslicé un dedo.
"Mamá,oh... mierda... Mamá."

"Mmmmppphhhhhhh."Saqué la cabeza de mi boca, la volví a meter y la saqué otra vez. Recuerdo queCarl dijo que le gustaba ese sonido. Y era tan satisfactorio hacerlo con unaverga más grande. Lo acaricié y levanté la vista.
"¿Te gustacuando te la chupo, Chris?”
Asintió. Susojos se movían entre mis pechos, mis ojos y la mano que lo bombeaba. Lasorpresa había pasado y ahora su rostro estaba lleno de alegría desenfrenada.Era una vista hermosa.
“Después de queterminemos, quiero que me hagas un favor”. Le sonreí. “Quiero que le digas aGwen que salí y que querés hacerlo en la habitación de tus padres”.
“¿Qué?”. Claramente le costaba asimilarlo todo. Habíaabrumado al pobre chico.

“Quiero verlos,quiero ver cómo lo hacen. ¿De acuerdo?” Lo bombeé con más fuerza y le lamí lacabeza varias veces.
“Estaréescondido en el armario”.
"Eso esraro, mamá." Christopher finalmente había llegado a su límite, al parecer."No lo creooooooo….. Ooooohhhhhhhh." Inclinó la cabeza hacia atrásmientras lo volvía a tomar en mi boca, ahora bombeándolo con avidez, y acariciandola parte inferior de su verga con mi lengua. Por los ruidos que hacía, parecíaque le gustaba. Era buena chupando una verga grande. ¡Quién lo diría! Miestúpido marido no, eso seguro.
"Mmmppphhhhhh."Me masturbaba mientras lo acercaba cada vez más al orgasmo. Tenía que decidirsi intentaría tragar. La parte vieja y reservada de mi mente decía que no. Misnuevos pensamientos enloquecidos por las hormonas decían que sí. Pero eldestino no me permitiría tomar la decisión.
¡Ding-dong! Eltimbre nos sacó a ambos de nuestros trances eróticos. Aparté mi boca de él,solté mi agarre de su verga y miré por encima del hombro hacia la puertaprincipal. Antes de que pudiera hacer nada, Christopher se subió los pantalonesy torpemente metió su verga erecta en sus calzoncillos. Mientras se subía la cremallerade los pantalones, dio la vuelta y corrió de vuelta al sótano.
Ding-dong,ding-dong, ding-dong. "Te oigo. Te oigo." Bajé los hombros mientrassacaba la mano de mi concha y me dirigía al lavabo. Me lavé las manosrápidamente, me aparté los pechos y me limpié la saliva de la barbilla. Luego,abrí la puerta.
“¡Hola!”. Elrepartidor me entregó una caja. “¡Que tengas un buen día!”. Dio la vuelta ycorrió por la entrada.
“¡Igualmente!”.Le grité alegremente. “Aunque arruinaste un momento perfecto”, dije en vozbaja. Cerré la puerta y abrí el paquete. Era mi nuevo consolador. Qué parecidoa la Navidad se sentía al mirar la pieza de silicona que se volvería tanfamiliar para mí.
Bueno, podríahaber aparecido antes, pero tal vez después de todo seguiría siendo una tardedivertida. Después de lavar la cosa y dirigirme a mi armario, esperé. Me quitéel vestido y la bombacha. Me quedé solo con el sujetador, frotando elconsolador contra mis labios vaginales húmedos. El falo no era tan grande comoChristopher, pero era bastante más grande que mi marido. Nunca antes habíatenido algo tan grande adentro mío. Lo empujé un poco e inhalé profundamente.
Realmente meabrió. ¿Por fin podría ver, además de oír, a mi hijo en acción?

Mi respuestallegó muy pronto. Gwen y Christopher entraron en mi dormitorio. Observé através de una rendija que había quedado abierta junto a la puerta del armario.Intenté no gruñir, ya que el consolador estaba ahora a medio camino.
“¿Estás segurode que está bien que estemos aquí?”. Gwen miró a su alrededor tímidamente.
"Sí, mimamá se fue de compras. Y mi papá está trabajando. ¿No pensás que seráexcitante hacerlo aquí?". Se inclinó y la abrazó con fuerza. Sus ojosmiraron por encima de su hombro directamente a mi escondite. Sabía que no podíaverme en el armario oscuro, pero mis rodillas temblaban de todos modos.
"Sí, mmm,es un poco excitante hacerlo en la habitación de tus padres", dijo Gwenentre besos. Se besaron apasionadamente en el centro de la habitación por unrato y luego ella lo apartó y se desnudó. "Andá a buscar una toalla oalgo. No quiero ensuciar la cama de tus padres en caso de que tenga un orgasmo otra vez." "¿Estás hablando de lainundación?" Christopher se rió y se desnudó mientras caminaba hacia elbaño principal.

"Callate.Sabes que no me gusta que lo llames así." Gwen dobló su ropa y la puso enuna pila ordenada. Era bonita y vivaz, de pie allí desnuda. Pero yo era másfemenina. De verdad que sí. Podía ver por qué Christopher miraba mis tetas deesa manera. Él no obtenía ese tipo de vista de su novia.
"Losiento, Gwen." Regresó del baño desnudo y con una toalla grande. Laextendió sobre la cama.
Su verga estabatan dura como la última vez que lo había visto. Me pregunté si mi salivatodavía estaba en él. ¿Mi saliva iba a lubricar a su novia? La idea me mareó.Empujé el consolador hasta el fondo y gruñí suavemente. Afortunadamente, no meoyeron, porque Christopher estaba lanzando a Gwen juguetonamente sobre mi cama.Ella cayó de espaldas en medio de la toalla. Christopher saltó entre suspiernas. Y, así sin más, estaba dentro de ella, empujando.
“¿Qué se sienteestar cogiendoen la cama de mis padres?”
“Es malo... uhuh... uh, muy malo, Chris”. Abrió sus delgadas piernas para él, sus piesdescalzos rebotando en el aire con cada impacto. “Somos tan… uh uh malos”.

Ella no sabíalo mala que era en realidad, dándole un espectáculo a la madre de su novio.Bombeé el consolador al ritmo de las caderas de mi hijo. No era un tipo grande,pero se veía tan poderoso montándola así. Oh, Dios, iba a derretirme viendoesto. O tal vez mi cabeza explotaría. O mi concha podría incendiarse. Todas lasposibilidades estaban sobre la mesa. Esto era lo más magnético que jamás había visto.
"Oh...oh... oh... ¡estoy por…!" La voz de Gwen se volvió operística. Sus piernastemblaban incontrolablemente. Sus manos se presionaron contra el culo deChristopher. Gritó y de repente había una enorme mancha húmeda en la toalladebajo de ella. Nunca había visto nada igual. La inundación, en efecto. Memordí el labio y tuve mi propio orgasmo con mi concha apretando ese granconsolador. Cerré los ojos e imaginé que me estaba inundando por Christopher enlugar de por ese aparato. Cuando abrí los ojos, Christopher la había volteado yla estaba cogiendo por detrás. Esperá, algo andaba mal, pero no podía ubicarlo.Mi mente estaba demasiado fragmentada. Dejé que la preocupación se desvanecieramientras me masturbaba con ese gordo juguete. Con mi mano libre, saqué una tetade mi sujetador y lo acaricié, jugando con el pezón. Esos dieciocho años erantan vigorosos y sexys apareándose como lo hacían. Y yo me sentía sexy porasociación. Se aparearon a cuatro patas durante un buen rato, diciéndosepequeñas palabras dulces entre gruñidos y gritos. Finalmente, pude ver aChristopher temblando.
"Oh,mierda", susurré. Finalmente me di cuenta de lo que estaba mal. No llevabaprotección. El pequeño diablo me había prometido que siempre la usaría. Mierda,mierda, mierda. Mis manos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y busqué lapuerta del armario. Tenía que detener esto. El consolador se deslizó con unchapoteo y luego golpeó la alfombra. No, no podía salir ahí fuera sin bombachay con una teta colgando fuera del sujetador. Y estoy segura de que apestaba asexo tanto como ellos. Me detuve y me quedé muy quieta en el armario oscuropreguntándome qué hacer. Ya no me sentía sexy. Me sentía como una idiota. Comosu madre, tenía que hacer algo, pero había dejado que mis hormonas me pusieranen un aprieto. Era una madre fracasada.
"Mierda,Gwen, voy a eyacular". Christopher se retiró de ella y se masturbó sobresu pequeño culo redondeado.
Oh, gracias aDios. No iba a convertirme en abuela.

"Sí, así.Sí, por todo mi cuerpo...". Gwen arrulló e hizo pequeños movimientoscirculares con su culo, consiguiendo lo que pedía.
Mi mano volvióa mi concha mientras veía a mi hijo cubrir la espalda de su novia con semen.¿Cómo pudo contener tanto en sus bolas? Cuando terminó, le dio una palmadajuguetona en el culo. "Vamos a ducharnos antes de que mi mamá llegue acasa". Luego condujo a la joven aturdida a mi baño principal. Tuve dosorgasmos más mientras los escuchaba coger en mi ducha. Les tomó otra horafinalmente limpiarse, vestirse e irse. Una vez que no hubo nadie, me dirigí ala ducha con mi nuevo consolador. Me bombeé bajo el agua caliente, pensando encómo estaba parada en el mismo lugar donde esos adolescentes acababan de cogercomo conejos. Tuve varios de los orgasmos más intensos de mi vida.
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