Para mi sorpresa, no sentívergüenza por lo que hice con Christopher. Mi frustración y excitaciónapartaron esos pensamientos civilizados de mi mente. Había manipulado la enormeverga de mi hijo adolescente hasta el clímax. La imagen de su semen caliente saliendode él volvía a mí una y otra vez. Me desperté en medio de la noche y repasé esaliberación en mi mente. Mientras mi esposo roncaba a mi lado, me agaché y memasturbé hasta tener un pequeño orgasmo antes de volver a dormirme.

Mientras me duchaba por lamañana, la erupción de mi hijo volvió a mi mente. Aunque la puerta del bañoestaba abierta, me agaché y me froté el clítoris. Sabía que mi esposo se estabavistiendo en la habitación de al lado, pero no pude detenerme.
“¿Todo bien, cariño?”. Mi esposoasomó la cabeza en el baño y me quedé paralizada. “Parece que respiras de formaextraña”. Su voz era casual y ligeramente inquisitiva.
"Estoy bien..." Estabatan cerca del orgasmo. Realmente me estaba arruinando el momento. Debería habérsemeocurrido que podía salir de la ducha y podríamos tener sexo matutino comoimaginaba que haría cualquier esposa sana.
Pero incluso mientras él estabaallí de pie, mi mente reproducía el cuerpo convulso de mi hijo.
"Baja a desayunar”, dijoCarl.
“Voy en un momento", jadeé.
"De acuerdo."
A través del cristal salpicado deagua, pude ver su silueta desaparecer de la puerta. Mi mano volvió directamentea mi concha. De todos modos, era su culpa. Desde que escuché por primera vez aGwen y Christopher en el sótano, le había dado a Carl muchas oportunidades pararascarme mi nueva picazón. Y ya fuera por su edad o por su miembro, simplementeno estaba a la altura. Habiendo escuchado los frenéticos gritos de placer deGwen, sospechaba que los dieciocho años y los veintitrés centímetros deChristopher eran más que suficientes. Como su madre, nunca me dejaría confirmarmis sospechas, aunque probablemente me dejaría terminarlo con mis manos otravez. La idea me hizo perder el control. Tuve un orgasmo en la ducha.

Mi hijo apenas me miró a los ojosesa mañana. Como imaginé que cualquier buena madre haría en mi lugar, intentéque se sintiera cómodo fingiendo que todo era bastante normal. Creo que engañéa mi marido, pero Christopher salió corriendo a la escuela sin siquiera comersesu medialuna. Y normalmente le encantan. En cuanto ambos salieron de casa, subícorriendo a mi habitación, cerré las persianas y puse una toalla en la cama.Puedes imaginar lo que hice durante las siguientes dos horas. Y estoy bastantesegura de que sabes en qué pensé mientras lo hacía.

Me masturbé dos veces más esedía. Una vez mientras escuchaba a Christopher y Gwen coger al otro lado de lapared del sótano, y una última vez en la ducha después de haber hecho queChristopher llegara al clímax otra vez esa noche. Una toalla empapada de semenyacía en el cesto de la ropa sucia del baño a pocos metros de donde me estabamasajeando furiosamente la vagina.
Esa fue la primera noche quellevé una toalla a su habitación cuando le di placer. Y lo hice todas lasnoches a partir de entonces. De esa manera no tenía que preocuparme por eldesorden.

Durante un par de semanas, esafue mi rutina. Mi hijo parecía esperar con ansias mis visitas nocturnas. Teníaun brillo en los ojos todas las noches cuando llegaba. Y siempre decía graciascuando terminaba con él.
Seguí haciéndole preguntas sobrelo que él y Gwen estaban haciendo. Tanto como pretexto para las masturbaciones,como porque me excitaba imaginar que tenía dieciocho años de nuevo, que mi hijoera mi novio y que era mi vagina en la que se perdía, no la de Gwen. Habíaestado esperando que tal vez esto me satisficiera. Que si eyaculaba suficientesveces en mis manos, tal vez no necesitaría tener lo que tenía Gwen. Pero encambio, esto me estaba excitando aún más.
"¿Christopher, cariño?"Una noche estaba de rodillas, trabajando en su cosa constantemente con mismanos.
"¿Sí, mamá?" Su rostro,normalmente inteligente y sereno, parecía un poco atontado mientras lo ayudabaa acercarse al clímax. Ya estaba acostumbrada a esa expresión. Pero algo de luzvolvió a sus ojos cuando escuchó mi voz. Él parecía que me miraba como si fuerala mejor madre del mundo. ¿Y quién dice que no lo era?
"Estuve pensando, Chris." Sabía que era hora deabandonar el juego de fantasía que habíamos estado jugando. No estaba haciendoesto para asegurarme de que estuviera a salvo con Gwen. Esa era una idearidícula. Christopher era un joven inteligente, debía saber que me gustaba loque estábamos haciendo. "Me preguntaba si te gustaría ver mis tetas."Me esforcé por mantener el temblor fuera de mi voz. "Obviamente ya no soyuna adolescente, así que tendré un cuerpo diferente al de Gwen. Pero tal vezsería agradable que miraras mientras hago esto para vos".
"En serio... ugh... no losé." La verga de Christopher creció aún más en mis manos y pude ver suspesados testículos contraerse. Iba a tener un orgasmo en cualquier momento.
"¿Te acordás hace muchosaños, cuando la Sra. Johnson y yo nos dábamos un chapuzón en el jacuzzi de sucasa y vos jugabas con su hijo?" Lo tenía al borde del abismo.
"Ooohhhhhh puede ser.Mamá." Sus brazos temblaban ahora. Aparentemente, este era un recuerdopreciado, pensé.

"La señora Johnson insistióen que nuestros maridos salieran y que ella y yo nos remojáramos desnudas.Dejamos de hacer esas noches semanales en el jacuzzi porque vi cómo me mirabascuando me desvestía. Me incomodaba." Tomé la toalla y la puse sobre sumuslo, preparándome. "No creas que no me di cuenta cuando subiste a la habitaciónde Timmy y nos miraste desde la ventana. Te vi mirando las tetas de la señoraJohnson flotando en el agua, pero también te vi mirando las míos. No podíapermitir que me espiaras." Suspiré al darme cuenta de en qué me convertíaesto. "Resulta que soy una hipócrita."
"¿Por qué... ugh... hipócrita...ugh... Mamá?" Christopher estaba gruñendo ahora. Me emocionaba escucharlos profundos y masculinos sonidos de satisfacción que provenían de mi dulcechico.

"No importa." ¡No iba adecirle que lo había estado espiando! "Dejalo salir ahora." Le echéla toalla sobre la verga y bombeé con fuerza con ambas manos. Gritó,convulsionó, y su calor goteó sobre mis dedos. Me limpié las manos y luego lolimpié con la toalla. Me miró con los ojos vidriosos mientras hacía esto. Mepuse de pie pero no podía irme. Había terminado, pero a nadie le gusta que loprovoquen. "Como dije antes, no tengo el cuerpo de una adolescente."Me limpié las manos por última vez en mis pantalones de yoga, ganando tiempo.Luego, me levanté la camisa, me la quité por encima de la cabeza y la puse ordenadamenteen su cama. Contuve la respiración.

"Mierda, mamá, no puedo...creer que estés haciendo esto." Sus ojos se abrieron mucho. A pesar de susrecientes esfuerzos, su cosa parecía muy dura todavía. Un poco de semen sefiltró de la punta de su verga mientras miraba. Mi corpiño deportivo erabastante aburrido, pero me miró como si llevara la lencería que mi marido mehabía comprado para Navidad.
Metí la manodetrás de la espalda y encontré el broche. Finalmente exhalé.
"¿Listo,cariño?" Desabroché los tirantes y me quité el sujetador, mientras deslizabahábilmente mi brazo delante de mis pechos. Dejé caer el sujetador, pero seguíescondiendo mis tetas. Bueno, a veces a la gente le gusta provocar. Lentamente,muy lentamente, retiré mi brazo. Mis ojos estaban fijos en los suyos, pero sumirada estaba fija en mi pecho. Su boca se abrió y sus ojos se abrieron aúnmás. Algo que no había sentido en años se instaló en mí mientras soltaba unateta, y luego la otra. Me sentía sexy. ¿Cómo no iba a sentirme así cuando esteatractivo joven me miraba con deseo?

"Mierda...Mamá..."
"Cuida tulenguaje". Fruncí el ceño. Esa no era la respuesta que quería. ¿Habíamalinterpretado su mirada? "¿No te gustan?" Estuve a punto de volvera cubrirme. "¿Están demasiado caídas?"
"No, no,no." De repente pareció muy alarmado. "No están caídas para nada.Quiero decir, cuelgan, pero no sé, son tan grandes como las recuerdo de la casade Tim. De cuando flotabas en el jacuzzi..." Me miró a la cara. Me dicuenta de que le preocupaba haber arruinado el momento y que las guardara. Ycasi lo hizo con su lenguaje soez. Pero su exuberancia me mostró cuánto legustaban, incluso si las palabras le fallaban. "Entonces, ¿tegustan?" Bajé la mano, las levanté y las dejé caer sobre mi pecho. Vi cómosu mirada volvía a mis tetas. Una cálida sensación de hormigueo se extendió portodo mi cuerpo. Había olvidado lo bien que se sentía ser deseada.
“Sí. Son perfectas”. Extendió lamano hacia su escritorio para agarrar el celular. “¿Puedo sacarles una foto? Meencantaría poder verlas cuando quiera”.
"¡Ni loco!", me reí, toméla toalla empapada de semen y la lancé a su verga juguetonamente. "Lopróximo que sabré es que estaré en internet. O dirás...", bajé la vozimitando mal a Christopher, "...mirá Gwen, ¿querés ver las tetas de mi mamá?".Volví a subir el tono de voz a mi octava normal, "Nada de fotos.Jamás". Caminé hacia su armario, tiré la toalla en el cesto de la ropasucia y luego giré para pararme junto a la cama. Era muy consciente de cómo mistetas desnudas temblaban al caminar.
“Claro, disculpame”. Apartó el teléfono de su escritorio. “Bueno,¿puedo mirarlas un rato?”.
“Claro”. Me senté en la cama, con la espalda recta, ypuse los brazos a los lados. “¿Qué tal se comparan con las de Gwen?”
"Son... diferentes."Christopher extendió su mano derecha y se acarició la verga. Creo que nisiquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Francamente, me sorprendió unpoco que pudiera masturbarse. Carl siempre había sido de los que solo eyaculabauna vez, y yo pensaba que todos los hombres eran así. Es muy posible que,basándome en mi experiencia, hubiera hecho muchas suposiciones sobre loshombres en general que no eran del todo correctas.
“Decime en qué se diferencian,Chris”. Sacudí los hombros y moví un poco mis pechos. Su mano aceleró el ritmocuando lo hice. Estaba casi embriagada por el efecto que le estaba causando.Por primera vez en meses, sentí que mi frustración disminuía.
“Las tuyasson... eh, más grandes. Y cuelgan... más abajo. Son realmente perfectas. Comodos... lágrimas”.
"¿Gwenalguna vez intenta excitarte con sus tetas?". Sentí el calor en mismejillas mientras me sonrojaba ante su mirada.
"Lointentó. Pero son mañanas para que puedan estar alrededor de mi…” Christopherparecía tan feliz mirando mis tetas.
"¿Alrededorde tu verga?". No lo había planeado, pero rápidamente volví a arrodillarmeentre sus piernas. Aparté su mano, agarré un pecho con cada mano y los apretéalrededor de su erección.

"Apuesto aque Gwen desearía poder hacer esto."
Bombeé mispechos arriba y por su eje, mirando hacia abajo como la cabeza acampanadaaparecía a través de mis tetas una y otra vez. Fue un poco seco, entonces sinpensar, escupí en el medio mis tetas par lubricar la cosa. Lo bombeé un rato,hipnotizada por la verga que desaparecía y reaparecía. Cuando empezó a gruñir,levanté la vista y vi al adolescente más feliz del mundo.
"¿Te gustalo que estoy haciendo, cariño?"
"Oh... Dios... voy a..." Cerró losojos con fuerza y su cara de repente me pareció feroz.
"Esperá..." Pero antesde que pudiera alejarme a una distancia segura para recoger su toalla yaempapada, eyaculó.
El líquido caliente golpeóprimero la parte inferior de mi mentón y luego me roció la cara. Solté mis tetasy caí hacia atrás, pero la fuente de semen pareció seguirme. Salpicadurascalientes golpearon mis pechos, cerca de mi cuello y más sobre mi cara. Cerrélos ojos y me quedé sentada allí, dejando que esta fuerza de la naturalezasiguiera su curso.

Después de un rato, habló:"¿Mamá? ¿Estás bien? No quise... simplemente sucedió."
"Está bien." Su sementenía un sabor salado en mis labios. ¿A eso sabía el semen de su padre? Nopodía recordarlo.
"Simplemente nos dejamosllevar." Dije, me limpié el semen de los ojos y los abrí. Me recibió unhijo que parecía totalmente satisfecho, pero también un poco preocupado."Está bien, de verdad", lo tranquilicé. "Voy a ducharme."
“Tu padre está dormido, asíque...”. Me encogí de hombros. No quería admitir en voz alta que me escabullíaa espaldas de Carl. Tomé mi corpiño y mi camisa y los sostuve contra mi pecho."Vos también necesitas limpiarte". "Claro, mamá". Ahora quehabía visto que no estaba enojada por haber sido cubierta de semen, sus ojos sevolvieron soñadores. Estaba disfrutando de las secuelas de dos orgasmos. Diosmío, podía tener dos orgasmos enormes seguidos. Negué con la cabeza y me dirigía la puerta. "Buenas noches, Christopher".
"Buenas noches, mamá. Muchasgracias", dijo con voz soñadora. Tenía la sospecha bastante feliz de queestaba mirando mi culo. Lo moví un poco en mis pantalones de yoga mientrassalía de su habitación.

Mientras me masturbaba en mi bañoesa noche, mi frustración no me había abandonado por completo. Pero por primeravez, sentí cierta satisfacción al ser tan deseada. Me pregunté cómo sonaría elsexo de Christopher con Gwen al día siguiente. Imaginé que estaría aún másexcitado de lo habitual.

Mientras me duchaba por lamañana, la erupción de mi hijo volvió a mi mente. Aunque la puerta del bañoestaba abierta, me agaché y me froté el clítoris. Sabía que mi esposo se estabavistiendo en la habitación de al lado, pero no pude detenerme.
“¿Todo bien, cariño?”. Mi esposoasomó la cabeza en el baño y me quedé paralizada. “Parece que respiras de formaextraña”. Su voz era casual y ligeramente inquisitiva.
"Estoy bien..." Estabatan cerca del orgasmo. Realmente me estaba arruinando el momento. Debería habérsemeocurrido que podía salir de la ducha y podríamos tener sexo matutino comoimaginaba que haría cualquier esposa sana.
Pero incluso mientras él estabaallí de pie, mi mente reproducía el cuerpo convulso de mi hijo.
"Baja a desayunar”, dijoCarl.
“Voy en un momento", jadeé.
"De acuerdo."
A través del cristal salpicado deagua, pude ver su silueta desaparecer de la puerta. Mi mano volvió directamentea mi concha. De todos modos, era su culpa. Desde que escuché por primera vez aGwen y Christopher en el sótano, le había dado a Carl muchas oportunidades pararascarme mi nueva picazón. Y ya fuera por su edad o por su miembro, simplementeno estaba a la altura. Habiendo escuchado los frenéticos gritos de placer deGwen, sospechaba que los dieciocho años y los veintitrés centímetros deChristopher eran más que suficientes. Como su madre, nunca me dejaría confirmarmis sospechas, aunque probablemente me dejaría terminarlo con mis manos otravez. La idea me hizo perder el control. Tuve un orgasmo en la ducha.

Mi hijo apenas me miró a los ojosesa mañana. Como imaginé que cualquier buena madre haría en mi lugar, intentéque se sintiera cómodo fingiendo que todo era bastante normal. Creo que engañéa mi marido, pero Christopher salió corriendo a la escuela sin siquiera comersesu medialuna. Y normalmente le encantan. En cuanto ambos salieron de casa, subícorriendo a mi habitación, cerré las persianas y puse una toalla en la cama.Puedes imaginar lo que hice durante las siguientes dos horas. Y estoy bastantesegura de que sabes en qué pensé mientras lo hacía.

Me masturbé dos veces más esedía. Una vez mientras escuchaba a Christopher y Gwen coger al otro lado de lapared del sótano, y una última vez en la ducha después de haber hecho queChristopher llegara al clímax otra vez esa noche. Una toalla empapada de semenyacía en el cesto de la ropa sucia del baño a pocos metros de donde me estabamasajeando furiosamente la vagina.
Esa fue la primera noche quellevé una toalla a su habitación cuando le di placer. Y lo hice todas lasnoches a partir de entonces. De esa manera no tenía que preocuparme por eldesorden.

Durante un par de semanas, esafue mi rutina. Mi hijo parecía esperar con ansias mis visitas nocturnas. Teníaun brillo en los ojos todas las noches cuando llegaba. Y siempre decía graciascuando terminaba con él.
Seguí haciéndole preguntas sobrelo que él y Gwen estaban haciendo. Tanto como pretexto para las masturbaciones,como porque me excitaba imaginar que tenía dieciocho años de nuevo, que mi hijoera mi novio y que era mi vagina en la que se perdía, no la de Gwen. Habíaestado esperando que tal vez esto me satisficiera. Que si eyaculaba suficientesveces en mis manos, tal vez no necesitaría tener lo que tenía Gwen. Pero encambio, esto me estaba excitando aún más.
"¿Christopher, cariño?"Una noche estaba de rodillas, trabajando en su cosa constantemente con mismanos.
"¿Sí, mamá?" Su rostro,normalmente inteligente y sereno, parecía un poco atontado mientras lo ayudabaa acercarse al clímax. Ya estaba acostumbrada a esa expresión. Pero algo de luzvolvió a sus ojos cuando escuchó mi voz. Él parecía que me miraba como si fuerala mejor madre del mundo. ¿Y quién dice que no lo era?
"Estuve pensando, Chris." Sabía que era hora deabandonar el juego de fantasía que habíamos estado jugando. No estaba haciendoesto para asegurarme de que estuviera a salvo con Gwen. Esa era una idearidícula. Christopher era un joven inteligente, debía saber que me gustaba loque estábamos haciendo. "Me preguntaba si te gustaría ver mis tetas."Me esforcé por mantener el temblor fuera de mi voz. "Obviamente ya no soyuna adolescente, así que tendré un cuerpo diferente al de Gwen. Pero tal vezsería agradable que miraras mientras hago esto para vos".
"En serio... ugh... no losé." La verga de Christopher creció aún más en mis manos y pude ver suspesados testículos contraerse. Iba a tener un orgasmo en cualquier momento.
"¿Te acordás hace muchosaños, cuando la Sra. Johnson y yo nos dábamos un chapuzón en el jacuzzi de sucasa y vos jugabas con su hijo?" Lo tenía al borde del abismo.
"Ooohhhhhh puede ser.Mamá." Sus brazos temblaban ahora. Aparentemente, este era un recuerdopreciado, pensé.

"La señora Johnson insistióen que nuestros maridos salieran y que ella y yo nos remojáramos desnudas.Dejamos de hacer esas noches semanales en el jacuzzi porque vi cómo me mirabascuando me desvestía. Me incomodaba." Tomé la toalla y la puse sobre sumuslo, preparándome. "No creas que no me di cuenta cuando subiste a la habitaciónde Timmy y nos miraste desde la ventana. Te vi mirando las tetas de la señoraJohnson flotando en el agua, pero también te vi mirando las míos. No podíapermitir que me espiaras." Suspiré al darme cuenta de en qué me convertíaesto. "Resulta que soy una hipócrita."
"¿Por qué... ugh... hipócrita...ugh... Mamá?" Christopher estaba gruñendo ahora. Me emocionaba escucharlos profundos y masculinos sonidos de satisfacción que provenían de mi dulcechico.

"No importa." ¡No iba adecirle que lo había estado espiando! "Dejalo salir ahora." Le echéla toalla sobre la verga y bombeé con fuerza con ambas manos. Gritó,convulsionó, y su calor goteó sobre mis dedos. Me limpié las manos y luego lolimpié con la toalla. Me miró con los ojos vidriosos mientras hacía esto. Mepuse de pie pero no podía irme. Había terminado, pero a nadie le gusta que loprovoquen. "Como dije antes, no tengo el cuerpo de una adolescente."Me limpié las manos por última vez en mis pantalones de yoga, ganando tiempo.Luego, me levanté la camisa, me la quité por encima de la cabeza y la puse ordenadamenteen su cama. Contuve la respiración.

"Mierda, mamá, no puedo...creer que estés haciendo esto." Sus ojos se abrieron mucho. A pesar de susrecientes esfuerzos, su cosa parecía muy dura todavía. Un poco de semen sefiltró de la punta de su verga mientras miraba. Mi corpiño deportivo erabastante aburrido, pero me miró como si llevara la lencería que mi marido mehabía comprado para Navidad.
Metí la manodetrás de la espalda y encontré el broche. Finalmente exhalé.
"¿Listo,cariño?" Desabroché los tirantes y me quité el sujetador, mientras deslizabahábilmente mi brazo delante de mis pechos. Dejé caer el sujetador, pero seguíescondiendo mis tetas. Bueno, a veces a la gente le gusta provocar. Lentamente,muy lentamente, retiré mi brazo. Mis ojos estaban fijos en los suyos, pero sumirada estaba fija en mi pecho. Su boca se abrió y sus ojos se abrieron aúnmás. Algo que no había sentido en años se instaló en mí mientras soltaba unateta, y luego la otra. Me sentía sexy. ¿Cómo no iba a sentirme así cuando esteatractivo joven me miraba con deseo?

"Mierda...Mamá..."
"Cuida tulenguaje". Fruncí el ceño. Esa no era la respuesta que quería. ¿Habíamalinterpretado su mirada? "¿No te gustan?" Estuve a punto de volvera cubrirme. "¿Están demasiado caídas?"
"No, no,no." De repente pareció muy alarmado. "No están caídas para nada.Quiero decir, cuelgan, pero no sé, son tan grandes como las recuerdo de la casade Tim. De cuando flotabas en el jacuzzi..." Me miró a la cara. Me dicuenta de que le preocupaba haber arruinado el momento y que las guardara. Ycasi lo hizo con su lenguaje soez. Pero su exuberancia me mostró cuánto legustaban, incluso si las palabras le fallaban. "Entonces, ¿tegustan?" Bajé la mano, las levanté y las dejé caer sobre mi pecho. Vi cómosu mirada volvía a mis tetas. Una cálida sensación de hormigueo se extendió portodo mi cuerpo. Había olvidado lo bien que se sentía ser deseada.
“Sí. Son perfectas”. Extendió lamano hacia su escritorio para agarrar el celular. “¿Puedo sacarles una foto? Meencantaría poder verlas cuando quiera”.
"¡Ni loco!", me reí, toméla toalla empapada de semen y la lancé a su verga juguetonamente. "Lopróximo que sabré es que estaré en internet. O dirás...", bajé la vozimitando mal a Christopher, "...mirá Gwen, ¿querés ver las tetas de mi mamá?".Volví a subir el tono de voz a mi octava normal, "Nada de fotos.Jamás". Caminé hacia su armario, tiré la toalla en el cesto de la ropasucia y luego giré para pararme junto a la cama. Era muy consciente de cómo mistetas desnudas temblaban al caminar.
“Claro, disculpame”. Apartó el teléfono de su escritorio. “Bueno,¿puedo mirarlas un rato?”.
“Claro”. Me senté en la cama, con la espalda recta, ypuse los brazos a los lados. “¿Qué tal se comparan con las de Gwen?”
"Son... diferentes."Christopher extendió su mano derecha y se acarició la verga. Creo que nisiquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Francamente, me sorprendió unpoco que pudiera masturbarse. Carl siempre había sido de los que solo eyaculabauna vez, y yo pensaba que todos los hombres eran así. Es muy posible que,basándome en mi experiencia, hubiera hecho muchas suposiciones sobre loshombres en general que no eran del todo correctas.
“Decime en qué se diferencian,Chris”. Sacudí los hombros y moví un poco mis pechos. Su mano aceleró el ritmocuando lo hice. Estaba casi embriagada por el efecto que le estaba causando.Por primera vez en meses, sentí que mi frustración disminuía.
“Las tuyasson... eh, más grandes. Y cuelgan... más abajo. Son realmente perfectas. Comodos... lágrimas”.
"¿Gwenalguna vez intenta excitarte con sus tetas?". Sentí el calor en mismejillas mientras me sonrojaba ante su mirada.
"Lointentó. Pero son mañanas para que puedan estar alrededor de mi…” Christopherparecía tan feliz mirando mis tetas.
"¿Alrededorde tu verga?". No lo había planeado, pero rápidamente volví a arrodillarmeentre sus piernas. Aparté su mano, agarré un pecho con cada mano y los apretéalrededor de su erección.

"Apuesto aque Gwen desearía poder hacer esto."
Bombeé mispechos arriba y por su eje, mirando hacia abajo como la cabeza acampanadaaparecía a través de mis tetas una y otra vez. Fue un poco seco, entonces sinpensar, escupí en el medio mis tetas par lubricar la cosa. Lo bombeé un rato,hipnotizada por la verga que desaparecía y reaparecía. Cuando empezó a gruñir,levanté la vista y vi al adolescente más feliz del mundo.
"¿Te gustalo que estoy haciendo, cariño?"
"Oh... Dios... voy a..." Cerró losojos con fuerza y su cara de repente me pareció feroz.
"Esperá..." Pero antesde que pudiera alejarme a una distancia segura para recoger su toalla yaempapada, eyaculó.
El líquido caliente golpeóprimero la parte inferior de mi mentón y luego me roció la cara. Solté mis tetasy caí hacia atrás, pero la fuente de semen pareció seguirme. Salpicadurascalientes golpearon mis pechos, cerca de mi cuello y más sobre mi cara. Cerrélos ojos y me quedé sentada allí, dejando que esta fuerza de la naturalezasiguiera su curso.

Después de un rato, habló:"¿Mamá? ¿Estás bien? No quise... simplemente sucedió."
"Está bien." Su sementenía un sabor salado en mis labios. ¿A eso sabía el semen de su padre? Nopodía recordarlo.
"Simplemente nos dejamosllevar." Dije, me limpié el semen de los ojos y los abrí. Me recibió unhijo que parecía totalmente satisfecho, pero también un poco preocupado."Está bien, de verdad", lo tranquilicé. "Voy a ducharme."
“Tu padre está dormido, asíque...”. Me encogí de hombros. No quería admitir en voz alta que me escabullíaa espaldas de Carl. Tomé mi corpiño y mi camisa y los sostuve contra mi pecho."Vos también necesitas limpiarte". "Claro, mamá". Ahora quehabía visto que no estaba enojada por haber sido cubierta de semen, sus ojos sevolvieron soñadores. Estaba disfrutando de las secuelas de dos orgasmos. Diosmío, podía tener dos orgasmos enormes seguidos. Negué con la cabeza y me dirigía la puerta. "Buenas noches, Christopher".
"Buenas noches, mamá. Muchasgracias", dijo con voz soñadora. Tenía la sospecha bastante feliz de queestaba mirando mi culo. Lo moví un poco en mis pantalones de yoga mientrassalía de su habitación.

Mientras me masturbaba en mi bañoesa noche, mi frustración no me había abandonado por completo. Pero por primeravez, sentí cierta satisfacción al ser tan deseada. Me pregunté cómo sonaría elsexo de Christopher con Gwen al día siguiente. Imaginé que estaría aún másexcitado de lo habitual.
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