Supongo que todo empezó porquedejé que mi hijo, Christopher, se mudara de su habitación de arriba a lahabitación de invitados del sótano. Tenía dieciocho años y era un jovenresponsable, así que en ese momento parecía una buena idea. ¿Quién iba a imaginarque pondría a nuestra familia patas arriba? En casa teníamos la regla de queChristopher no podía traer a su novia a menos que yo o su padre lo supiéramos.Y si Gwen venía, debía dejar siempre la puerta de su habitación abierta. Mihijo no era rebelde por naturaleza, pero supongo que las hormonas le jugaronuna mala pasada. Un día, bajé al cuarto de máquinas del sótano para cambiar elfiltro de la calefacción y me sorprendió oír los sonidos del amor que venían dela pared. Acerqué la oreja a la parte trasera pared sin terminar y oí a Gwengritar de placer. Miré el reloj; debían de haberse colado justo después declase.

Lo primero que pensé fue queentraría furiosa y los enfrentaría. Pero no podía moverme. Hacía tanto tiempoque mi marido no me hacía hacer los ruidos que salían de la habitación deChristopher. De hecho, mientras Gwen se preparaba para lo que claramente era unorgasmo, pensé que tal vez nunca había hecho esos ruidos. Ciertamente, no podíarecordar si lo había hecho.
La cama crujió y pude oír elcabecero golpeando contra la pared. Pensé en el día en que mi marido le habíaayudado a montar su cama. Nunca pensamos que le daría ese uso. Mientrasescuchaba, pude oír los gruñidos bajos de Christopher armonizando con losaullidos de Gwen. No iba a enfrentarlos. Iba a escuchar como una pervertidafisgona. Una extraña y difusa sensación se extendió por mi vientre. Me dicuenta de que estaba mojada entre las piernas. Había vivido una vida sin sexodurante tanto tiempo que casi había olvidado que mi cuerpo era capaz de talescosas.

A través de la pared, oí a Gwenintentando ahogar sus gritos, claramente teniendo su clímax. Entonces,Christopher dejó escapar un largo y bajo gruñido. Aunque mi marido nunca hacíaun sonido así, supe instintivamente que ese era el ruido de la liberación de unhombre. Recé para que estuvieran usando protección y subí sigilosamente lasescaleras

Por mucho que intenté contenerme,al día siguiente me escabullí a la sala de mantenimiento a la misma hora. Efectivamente,los sonidos amortiguados del amor se filtraron a través de la pared. Esasensación de cosquilleo volvió a mi vientre y froté mis muslos. Día tras día,me escabullía al sótano para escuchar a los adolescentes en pleno acto.

Me decía a mí misma que soloestaba escuchando a Gwen para poder imaginarme siendo joven de nuevo. Peropronto, admití que yo misma estaba igual de obsesionada con los gruñidos deChristopher y el crujido de la cama, lo que me decía que hacían el amorsalvajemente.
Después de un par de semanas así,era hora de encontrar algo de satisfacción. Estaba cada vez más frustrada conmi vida sin sexo. Una noche, acorralé a mi marido antes de que pudiera irse adormir y prácticamente violé al pobre hombre.
Me dejó montarlo, pero elejercicio solo empeoró las cosas. Tuvo un orgasmo antes de que yo pudiera, y sedurmió rápidamente.
Esa noche, fui al baño y me toquépor primera vez.
Después de eso, me toqué todaslas noches.
Bueno, no te sorprenderá queempezara a tocarme mientras escuchaba a mi hijo y a su novia en el sótano. Tuveun orgasmo, y fue bueno, pero mi frustración aumentó. Por los gritos de pasiónde Gwen, estaba claro que mi mano solo podía darme una pálida sombra de lo queella experimentó con Christopher
Sin saber exactamente lo queestaba haciendo, esperé a que mi esposo se durmiera una noche. Luego, bajé a lahabitación de Christopher y lo encontré haciendo la tarea en su escritorio.

"Es bueno verte trabajar tanduro". Respiré hondo. La habitación todavía olía a sexo por su sesión dela tarde con Gwen.
"Oh, hola, mamá". Memiró con los ojos vidriosos. Trabajaba muy duro en la escuela. Estaba muyorgullosa de él.
"Necesitamos hablar".Me acerqué a su cama, me senté en el borde y giré su silla giratoria para queme mirara. Mantuve mi mano en su muslo cubierto por el pijama, cerca de surodilla, mientras lo miraba a los ojos. "Encontré los preservativos queenvolvés y tiras en el baño del sótano". Mi mano se movió sola, frotandosu muslo suavemente. ¿Qué estaba haciendo? "Tu padre y yo fuimos muyclaros sobre Gwen en nuestra casa. ¿Estuviste engañándonos a nuestrasespaldas?"
"Yo... eh... bueno..."Las cejas de Christopher se fruncieron con confusión mientras me miraba a losojos, luego a la mano en su muslo y después de nuevo a mi cara. "Losiento."
"Gracias por disculparte. Noveo ninguna razón para involucrar a tu padre en esto." Continué frotandosuavemente su muslo. Bajé la mirada y mis ojos se abrieron de par en par.Estaba duro. Su ropa interior y pijama apenas podían contenerlo. ¿Era esto pormi culpa?
“Está bien... gracias,mamá." La confusión dio paso al alivio en el rostro de Christopher. Eraevidente que pensaba que se había metido en problemas, pero que iba a salirimpune.
"Me alegro de que hayamos tenidoesta conversación. Buenas noches, cariño." Me levanté y salí de lahabitación, caminando muy rápido. Me dio las buenas noches a mis espaldas, peroyo ya estaba subiendo corriendo las escaleras. Necesitaba llegar a mi baño parapoder ocuparme de mi pobre y palpitante vagina. La imagen del bulto en supijama se había grabado a fuego en mi cerebro. Sin dudas era más grande que lade su padre. Estaba empezando a entender por qué Gwen chilló de esa manera.

Al día siguiente, me escabullí alsótano, nerviosa de haber asustado a Christopher con nuestra conversación y deque no quisiera que Gwen viniera. Pero en el segundo en que entré en la sala demantenimiento, los oí. Una amplia sonrisa se extendió por mi rostro. Acerqué laoreja a la pared, y mi mano fue a mi vagina debajo de mi vestido.
Esa noche, volví a entrar en lahabitación de Christopher mientras estudiaba. Me senté a su lado, giré su sillay le acaricié el muslo con la mano como si fuera lo más normal del mundo."Tenemos que hablar de Gwen", dije. "¿Siempre usasprotección?" No sabía a qué me refería, pero quería hablar de él y de sulinda y pequeña novia. Quería que me contara lo que hacían.
"Dios mío, mamá".Christopher puso los ojos en blanco, pero respondió a mis preguntas. Me dijoque siempre era seguro. Que ella tomaba pastillas anticonceptivas y que usaban preservativossiempre.
Quería más. Quería que medescribiera con detalle lo que hacían. ¿Ella se la metió en la boca? ¿Lohicieron solo en la posición del misionero? ¿Ella se montó sobre él? Pero,¿cómo puede una madre preguntar esas cosas? Sentía que la frustración meinvadía. ¿Por qué esta chica de dieciocho años podía experimentar talesplaceres, mientras que a mí se me negaban? Después de una conversaciónincómoda, le deseé buenas noches y volví arriba.
Se convirtió en una rutinadiaria: escuchar a Christopher y Gwen hacer el amor por la tarde y luegovisitarlo por la noche para interrogarlo. Siempre ponía mi mano sobre su muslofirme. Y mis preguntas se volvieron más incisivas con el tiempo. Finalmente,logré que Christopher me dijera cómo se sentía acerca del sexo: "Es comola montaña rusa más increíble de todos los tiempos". Cómo se sentía acercade Gwen: "Creo que la amo". Ycómo se sentía acerca de mí: "La mamá más genial de todas", por mirarhacia otro lado cuando Gwen venía. Lo que él no sabía era que yo no estabamirando hacia otro lado en absoluto. Estaba escuchando cada minuto.
Cuanto más nos uníamos y teníamosnuestras charlas nocturnas, más aumentaba mi frustración. Intenté todo tipo decosas con mi esposo para saciar mi sed, pero nunca duraba más de unos minutos.Siempre terminaba con una masturbación insatisfactoria en el baño después.
Una noche, estaba en suhabitación hablando con él, como ya era nuestra costumbre. Tenía mi mano sobresu muslo, frotando suavemente su pierna mientras hablábamos.
"Para serte sincera, noestoy segura de lo que hacen los adolescentes hoy en día." Lo admitítímidamente. "¿Podrías decirme qué haces?"
"Eh, no... Mamá." Memiró, con el ceño fruncido por la confusión. Se le ruborizaron las mejillas."No voy a hablar de eso."
"Bueno, solo quiero saberlopara asegurarme de que ambos estén a salvo."
"Estamos a salvo,mamá." Negó con la cabeza y sonrió como si ahí terminara la pregunta. Peropersistí.
"¿Ella, por ejemplo, te tocaasí?" Le apreté el muslo cerca de la rodilla y froté un poco más arriba.Bajé la mirada. Ahí estaba esa familiar protuberancia en su pijama que memiraba fijamente. El corazón me dio un vuelco. ¿Qué estaba haciendo? No losabía, pero sí sabía que no podía parar.
"Ella hace... más queeso." Un tono nervioso se coló en la voz de mi hijo. "Es bastantetarde, probablemente debería irme a..." Se detuvo de repente, todo sucuerpo se tensó cuando mi mano subió hasta su verga y la agarró.
Dios mío, era tan grueso. ¿Sentíaél la misma electricidad que yo? "¿Te toca así?" Mi voz era muy seca.Lo apreté rítmicamente. Estaba lista para huir de la habitación si me apartaba,pero él solo se sentó en su silla mirando mi mano sobre su miembro.
¿Mamá?
"Solo me preguntaba siustedes dos hacen este tipo de cosas." Mi necesidad de acabar con mifrustración se había apoderado de mi cerebro. En ese momento, fingí que eraGwen y que él iba a llevarme a las alturas a las que la llevaba a ella todaslas tardes. "¿Así?" Tiré de su elástico y mis dedos se metierondentro de su pijama y ropa interior. La carne de su verga estaba febril y dura,con apenas una leve elasticidad. Tan perfecta.
"Sí, hacemos eso."Observó cómo mi mano rebotaba bajo su pijama mientras lo acariciaba.Finalmente, volví en mí y retiré la mano. "Es tarde. Buenas noches."Salí corriendo de la habitación.
Pero regresé la noche siguiente. Ydespués de unos minutos de charla superficial y teatral, mi mano estaba denuevo dentro de su pijama, bombeando. Dios mío, ¿su padre alguna vez la habíatenido tan dura y enorme? Mi marido ciertamente nunca la había de ese tamaño.Lo trabajé con mi mano en silencio por un rato, luego la retiré y salícorriendo de la habitación de nuevo. Esa noche, mientras me frotaba el clítorisen el baño, pensé en cómo debía estar terminando de masturbarse en eldormitorio del sótano. A pesar de estos avances, mi frustración aumentaba. Aldía siguiente, seduje a mi marido de nuevo, casi en un frenesí. Pero él no hizonada para calmar la sed que había dentro de mí.
Después de que mi esposo sedurmiera en su dicha post orgásmica, bajé rápidamente a ver a Christopher. Estofue un error. Debería haberme ocupado primero de mí para calmarme. Pero estaba tan emocionada detenerlo entre mis manos. Entendía un poco cómo debía sentirse Gwen cada tarde.Nos sentamos en nuestras posiciones habituales.
"¿Gwen te hace...?"Miré fijamente el bulto que rebotaba en sus pantalones mientras lo trabajaba.Necesitaba verlo. Con ambas manos, le bajé los pantalones y la ropa interior.Levantó el trasero para ayudarme, y sus pantalones ahora estaban a la altura desus tobillos.

"¿Alguna vez te haceeyacular en sus manos? ¿O siempre lo haces en el preservativo? Podría serpeligroso si se mancha las manos con tu semen y luego lo deja... ahí."Asentí con la cabeza hacia donde mi vestido colgaba entre mis piernas. Estabaprendada de su belleza. La cabeza rosada era perfecta. La gruesa y venosa vergaera tan varonil. Me recordé a mí misma que había creado a este hombre que erauna obra de arte.
"A veces me hace eyacularcon sus manos." Christopher me miró a los ojos con anhelo. Sabía lo quenecesitaba que hiciera.

"Déjame ver. ¿Así?" Porprimera vez, lo bombeé con ambas manos al aire libre.
"Sí, pero agarra... ugh...un poco más fuerte." El rostro de Christopher se tensó de placer."Sí, eso. Oh, mamá. Sos tan buena como Gwen."

Eso fue música para mis oídos. Lobombeé felizmente en silencio durante los siguientes quince minutos.Finalmente, comenzó a gruñir. Reconocí el sonido de su inminente clímax de todasesas veces que había escuchado a través de la pared. Pero ahora estabasucediendo, y yo estaba de este lado de la pared. "Adelante, cariño. Justocomo lo harías... por Gwen."

Christopher prácticamente gruñócuando su semen salió disparado de él. Grité un poco, sorprendida por lacantidad y la fuerza de su orgasmo. Salió disparado al aire y cayó sobre sucamisa, sus piernas y mis brazos. Lo bombeé hasta que terminó por completo,sintiendo el líquido caliente y pegajoso en mi piel. Cuando su cuerpo sedesplomó en su silla, quité mis manos y me puse de pie.

"Bueno, me alegro de sabercómo lo hace", dije torpemente.
No parecía saber cómo responder."Sí", fue todo lo que dijo.
"Voy a limpiarmeahora." Caminé hacia la puerta y la abrí, mirándolo. Tenía manchas desemen hasta el pecho. "Será mejor que te limpies vos también. Buenasnoches."
"Buenas noches." Mesonrió soñadoramente. Tenía la sensación de que simplemente se iría a dormircon la ropa manchada. Di la vuelta y subí corriendo las escaleras hacia mibaño. Con sus cosas todavía en mis manos y brazos, me masturbé para tener elmejor orgasmo que había tenido en más de una década. Pero aun así me dejó conganas de algo más. Sabía que tenía que tener lo que tenía Gwen.

Lo primero que pensé fue queentraría furiosa y los enfrentaría. Pero no podía moverme. Hacía tanto tiempoque mi marido no me hacía hacer los ruidos que salían de la habitación deChristopher. De hecho, mientras Gwen se preparaba para lo que claramente era unorgasmo, pensé que tal vez nunca había hecho esos ruidos. Ciertamente, no podíarecordar si lo había hecho.
La cama crujió y pude oír elcabecero golpeando contra la pared. Pensé en el día en que mi marido le habíaayudado a montar su cama. Nunca pensamos que le daría ese uso. Mientrasescuchaba, pude oír los gruñidos bajos de Christopher armonizando con losaullidos de Gwen. No iba a enfrentarlos. Iba a escuchar como una pervertidafisgona. Una extraña y difusa sensación se extendió por mi vientre. Me dicuenta de que estaba mojada entre las piernas. Había vivido una vida sin sexodurante tanto tiempo que casi había olvidado que mi cuerpo era capaz de talescosas.

A través de la pared, oí a Gwenintentando ahogar sus gritos, claramente teniendo su clímax. Entonces,Christopher dejó escapar un largo y bajo gruñido. Aunque mi marido nunca hacíaun sonido así, supe instintivamente que ese era el ruido de la liberación de unhombre. Recé para que estuvieran usando protección y subí sigilosamente lasescaleras

Por mucho que intenté contenerme,al día siguiente me escabullí a la sala de mantenimiento a la misma hora. Efectivamente,los sonidos amortiguados del amor se filtraron a través de la pared. Esasensación de cosquilleo volvió a mi vientre y froté mis muslos. Día tras día,me escabullía al sótano para escuchar a los adolescentes en pleno acto.

Me decía a mí misma que soloestaba escuchando a Gwen para poder imaginarme siendo joven de nuevo. Peropronto, admití que yo misma estaba igual de obsesionada con los gruñidos deChristopher y el crujido de la cama, lo que me decía que hacían el amorsalvajemente.
Después de un par de semanas así,era hora de encontrar algo de satisfacción. Estaba cada vez más frustrada conmi vida sin sexo. Una noche, acorralé a mi marido antes de que pudiera irse adormir y prácticamente violé al pobre hombre.
Me dejó montarlo, pero elejercicio solo empeoró las cosas. Tuvo un orgasmo antes de que yo pudiera, y sedurmió rápidamente.
Esa noche, fui al baño y me toquépor primera vez.
Después de eso, me toqué todaslas noches.
Bueno, no te sorprenderá queempezara a tocarme mientras escuchaba a mi hijo y a su novia en el sótano. Tuveun orgasmo, y fue bueno, pero mi frustración aumentó. Por los gritos de pasiónde Gwen, estaba claro que mi mano solo podía darme una pálida sombra de lo queella experimentó con Christopher
Sin saber exactamente lo queestaba haciendo, esperé a que mi esposo se durmiera una noche. Luego, bajé a lahabitación de Christopher y lo encontré haciendo la tarea en su escritorio.

"Es bueno verte trabajar tanduro". Respiré hondo. La habitación todavía olía a sexo por su sesión dela tarde con Gwen.
"Oh, hola, mamá". Memiró con los ojos vidriosos. Trabajaba muy duro en la escuela. Estaba muyorgullosa de él.
"Necesitamos hablar".Me acerqué a su cama, me senté en el borde y giré su silla giratoria para queme mirara. Mantuve mi mano en su muslo cubierto por el pijama, cerca de surodilla, mientras lo miraba a los ojos. "Encontré los preservativos queenvolvés y tiras en el baño del sótano". Mi mano se movió sola, frotandosu muslo suavemente. ¿Qué estaba haciendo? "Tu padre y yo fuimos muyclaros sobre Gwen en nuestra casa. ¿Estuviste engañándonos a nuestrasespaldas?"
"Yo... eh... bueno..."Las cejas de Christopher se fruncieron con confusión mientras me miraba a losojos, luego a la mano en su muslo y después de nuevo a mi cara. "Losiento."
"Gracias por disculparte. Noveo ninguna razón para involucrar a tu padre en esto." Continué frotandosuavemente su muslo. Bajé la mirada y mis ojos se abrieron de par en par.Estaba duro. Su ropa interior y pijama apenas podían contenerlo. ¿Era esto pormi culpa?
“Está bien... gracias,mamá." La confusión dio paso al alivio en el rostro de Christopher. Eraevidente que pensaba que se había metido en problemas, pero que iba a salirimpune.
"Me alegro de que hayamos tenidoesta conversación. Buenas noches, cariño." Me levanté y salí de lahabitación, caminando muy rápido. Me dio las buenas noches a mis espaldas, peroyo ya estaba subiendo corriendo las escaleras. Necesitaba llegar a mi baño parapoder ocuparme de mi pobre y palpitante vagina. La imagen del bulto en supijama se había grabado a fuego en mi cerebro. Sin dudas era más grande que lade su padre. Estaba empezando a entender por qué Gwen chilló de esa manera.

Al día siguiente, me escabullí alsótano, nerviosa de haber asustado a Christopher con nuestra conversación y deque no quisiera que Gwen viniera. Pero en el segundo en que entré en la sala demantenimiento, los oí. Una amplia sonrisa se extendió por mi rostro. Acerqué laoreja a la pared, y mi mano fue a mi vagina debajo de mi vestido.
Esa noche, volví a entrar en lahabitación de Christopher mientras estudiaba. Me senté a su lado, giré su sillay le acaricié el muslo con la mano como si fuera lo más normal del mundo."Tenemos que hablar de Gwen", dije. "¿Siempre usasprotección?" No sabía a qué me refería, pero quería hablar de él y de sulinda y pequeña novia. Quería que me contara lo que hacían.
"Dios mío, mamá".Christopher puso los ojos en blanco, pero respondió a mis preguntas. Me dijoque siempre era seguro. Que ella tomaba pastillas anticonceptivas y que usaban preservativossiempre.
Quería más. Quería que medescribiera con detalle lo que hacían. ¿Ella se la metió en la boca? ¿Lohicieron solo en la posición del misionero? ¿Ella se montó sobre él? Pero,¿cómo puede una madre preguntar esas cosas? Sentía que la frustración meinvadía. ¿Por qué esta chica de dieciocho años podía experimentar talesplaceres, mientras que a mí se me negaban? Después de una conversaciónincómoda, le deseé buenas noches y volví arriba.
Se convirtió en una rutinadiaria: escuchar a Christopher y Gwen hacer el amor por la tarde y luegovisitarlo por la noche para interrogarlo. Siempre ponía mi mano sobre su muslofirme. Y mis preguntas se volvieron más incisivas con el tiempo. Finalmente,logré que Christopher me dijera cómo se sentía acerca del sexo: "Es comola montaña rusa más increíble de todos los tiempos". Cómo se sentía acercade Gwen: "Creo que la amo". Ycómo se sentía acerca de mí: "La mamá más genial de todas", por mirarhacia otro lado cuando Gwen venía. Lo que él no sabía era que yo no estabamirando hacia otro lado en absoluto. Estaba escuchando cada minuto.
Cuanto más nos uníamos y teníamosnuestras charlas nocturnas, más aumentaba mi frustración. Intenté todo tipo decosas con mi esposo para saciar mi sed, pero nunca duraba más de unos minutos.Siempre terminaba con una masturbación insatisfactoria en el baño después.
Una noche, estaba en suhabitación hablando con él, como ya era nuestra costumbre. Tenía mi mano sobresu muslo, frotando suavemente su pierna mientras hablábamos.
"Para serte sincera, noestoy segura de lo que hacen los adolescentes hoy en día." Lo admitítímidamente. "¿Podrías decirme qué haces?"
"Eh, no... Mamá." Memiró, con el ceño fruncido por la confusión. Se le ruborizaron las mejillas."No voy a hablar de eso."
"Bueno, solo quiero saberlopara asegurarme de que ambos estén a salvo."
"Estamos a salvo,mamá." Negó con la cabeza y sonrió como si ahí terminara la pregunta. Peropersistí.
"¿Ella, por ejemplo, te tocaasí?" Le apreté el muslo cerca de la rodilla y froté un poco más arriba.Bajé la mirada. Ahí estaba esa familiar protuberancia en su pijama que memiraba fijamente. El corazón me dio un vuelco. ¿Qué estaba haciendo? No losabía, pero sí sabía que no podía parar.
"Ella hace... más queeso." Un tono nervioso se coló en la voz de mi hijo. "Es bastantetarde, probablemente debería irme a..." Se detuvo de repente, todo sucuerpo se tensó cuando mi mano subió hasta su verga y la agarró.
Dios mío, era tan grueso. ¿Sentíaél la misma electricidad que yo? "¿Te toca así?" Mi voz era muy seca.Lo apreté rítmicamente. Estaba lista para huir de la habitación si me apartaba,pero él solo se sentó en su silla mirando mi mano sobre su miembro.
¿Mamá?
"Solo me preguntaba siustedes dos hacen este tipo de cosas." Mi necesidad de acabar con mifrustración se había apoderado de mi cerebro. En ese momento, fingí que eraGwen y que él iba a llevarme a las alturas a las que la llevaba a ella todaslas tardes. "¿Así?" Tiré de su elástico y mis dedos se metierondentro de su pijama y ropa interior. La carne de su verga estaba febril y dura,con apenas una leve elasticidad. Tan perfecta.
"Sí, hacemos eso."Observó cómo mi mano rebotaba bajo su pijama mientras lo acariciaba.Finalmente, volví en mí y retiré la mano. "Es tarde. Buenas noches."Salí corriendo de la habitación.
Pero regresé la noche siguiente. Ydespués de unos minutos de charla superficial y teatral, mi mano estaba denuevo dentro de su pijama, bombeando. Dios mío, ¿su padre alguna vez la habíatenido tan dura y enorme? Mi marido ciertamente nunca la había de ese tamaño.Lo trabajé con mi mano en silencio por un rato, luego la retiré y salícorriendo de la habitación de nuevo. Esa noche, mientras me frotaba el clítorisen el baño, pensé en cómo debía estar terminando de masturbarse en eldormitorio del sótano. A pesar de estos avances, mi frustración aumentaba. Aldía siguiente, seduje a mi marido de nuevo, casi en un frenesí. Pero él no hizonada para calmar la sed que había dentro de mí.
Después de que mi esposo sedurmiera en su dicha post orgásmica, bajé rápidamente a ver a Christopher. Estofue un error. Debería haberme ocupado primero de mí para calmarme. Pero estaba tan emocionada detenerlo entre mis manos. Entendía un poco cómo debía sentirse Gwen cada tarde.Nos sentamos en nuestras posiciones habituales.
"¿Gwen te hace...?"Miré fijamente el bulto que rebotaba en sus pantalones mientras lo trabajaba.Necesitaba verlo. Con ambas manos, le bajé los pantalones y la ropa interior.Levantó el trasero para ayudarme, y sus pantalones ahora estaban a la altura desus tobillos.

"¿Alguna vez te haceeyacular en sus manos? ¿O siempre lo haces en el preservativo? Podría serpeligroso si se mancha las manos con tu semen y luego lo deja... ahí."Asentí con la cabeza hacia donde mi vestido colgaba entre mis piernas. Estabaprendada de su belleza. La cabeza rosada era perfecta. La gruesa y venosa vergaera tan varonil. Me recordé a mí misma que había creado a este hombre que erauna obra de arte.
"A veces me hace eyacularcon sus manos." Christopher me miró a los ojos con anhelo. Sabía lo quenecesitaba que hiciera.

"Déjame ver. ¿Así?" Porprimera vez, lo bombeé con ambas manos al aire libre.
"Sí, pero agarra... ugh...un poco más fuerte." El rostro de Christopher se tensó de placer."Sí, eso. Oh, mamá. Sos tan buena como Gwen."

Eso fue música para mis oídos. Lobombeé felizmente en silencio durante los siguientes quince minutos.Finalmente, comenzó a gruñir. Reconocí el sonido de su inminente clímax de todasesas veces que había escuchado a través de la pared. Pero ahora estabasucediendo, y yo estaba de este lado de la pared. "Adelante, cariño. Justocomo lo harías... por Gwen."

Christopher prácticamente gruñócuando su semen salió disparado de él. Grité un poco, sorprendida por lacantidad y la fuerza de su orgasmo. Salió disparado al aire y cayó sobre sucamisa, sus piernas y mis brazos. Lo bombeé hasta que terminó por completo,sintiendo el líquido caliente y pegajoso en mi piel. Cuando su cuerpo sedesplomó en su silla, quité mis manos y me puse de pie.

"Bueno, me alegro de sabercómo lo hace", dije torpemente.
No parecía saber cómo responder."Sí", fue todo lo que dijo.
"Voy a limpiarmeahora." Caminé hacia la puerta y la abrí, mirándolo. Tenía manchas desemen hasta el pecho. "Será mejor que te limpies vos también. Buenasnoches."
"Buenas noches." Mesonrió soñadoramente. Tenía la sensación de que simplemente se iría a dormircon la ropa manchada. Di la vuelta y subí corriendo las escaleras hacia mibaño. Con sus cosas todavía en mis manos y brazos, me masturbé para tener elmejor orgasmo que había tenido en más de una década. Pero aun así me dejó conganas de algo más. Sabía que tenía que tener lo que tenía Gwen.
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