Así me tiene el *bully de mi hermano*. Pasé de ser la hermana mayor ejemplar a ser su juguete filmado en 4K. Estoy en el borde de la cama, con una pierna en su hombro, entregándome por completo mientras grabo cada embestida con la cámara profesional para que él tenga material de sobra. Justo en el momento más sucio, la puerta se abre: es mi hermano. Se queda helado, viendo cómo la persona que más lo atormenta en la escuela se está garchando a su hermana mientras yo misma lo registro todo. Así se entera del trato: yo soy la puta de su bully para que a él no lo toquen más.

Así me tiene *mi bully*. No tiene ni un gramo de paciencia. Me pone en cuatro contra el sillón, me hace subir una pierna al apoyador para que quede bien abierta y me arranca la tanga de un tirón, rompiendo el encaje. Sin decir nada, me clava su verga en el culo de una sola embestida anal que me hace gritar de dolor y placer. Es su forma de recordarme que en esta relación yo no tengo voz, solo tengo agujeros para que él descargue su bronca de la facultad.

Así me tiene *mi bully*. Nos sienta frente al espejo del cuarto para que yo vea exactamente cómo me degrada. Él se pone atrás, agarra el celular y empieza a grabar mientras me muerde los pezones con saña, marcándome los pechos frente a mi propio reflejo. Me obliga a mirar cómo su cara de ganador contrasta con mi cara de perra sumisa. "Mirá lo que sos, Alejandra, sos mi juguetito", me dice, y yo solo puedo asentir mientras tiemblo de excitación y vergüenza.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me tiene estampada contra la pared, penetrándome sin piedad, pero lo peor no es él. Atrás nuestro hay una fila de cinco tipos desnudos, todos sus amigos, esperando su turno en silencio. Siento la presión de saber que cuando él termine, el que sigue me va a agarrar igual de mal. Soy el pase libre de la banda, la moneda de cambio para que mi hermano camine tranquilo por los pasillos.

Así me tiene *mi bully*. Me ordenó arrodillarme y, de repente, me vi rodeada por un círculo de tipos. Me sorprendí, pero ya no puedo decir que no. Tengo que ir pasando de uno en uno, usando mi lengua y mi boca para dejarlos a todos impecables. El olor a sexo y la presión de tantas vergas alrededor de mi cara me hacen entender que mi única identidad ahora es ser la puta que satisface a todo el grupo.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me usa como si fuera un saco de papas. Me carga desnuda en su hombro, exhibiéndome ante sus amigos. Mientras caminamos por la casa, su mejor amigo me da una nalgada que me deja la mano marcada, y al segundo, mi bully me da otra más fuerte del otro lado. Soy su trofeo de guerra, su propiedad privada que se puede golpear y mostrar como a él se le cante.

Así me tiene *mi bully*. Me obliga a hablar por teléfono con mi mamá mientras tengo su verga en el fondo de mi garganta. Tengo que tratar de sonar normal, de decir que estoy "estudiando", mientras él se ríe y se mueve para hacerme atragantar. El contraste entre la voz dulce que le doy a mi familia y la realidad de ser la perra de este tipo es lo que más lo calienta.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Se sienta en la silla de enfrente solo para verme trabajar. Me obliga a apoyarme en el borde de la cama, con las piernas en el piso y el culo bien alto, moviéndolo en círculos para él. Tengo que ser rítmica, tengo que ser provocadora. Me hace sentir que mi único talento es saber menear la cola para que él decida si hoy mi hermano duerme sin golpes.

Así me tiene *mi bully*. Me tiene encajonada entre sus piernas mientras me arrodillo. Agarra el celular y pone la cámara a centímetros de mi boca para grabar cómo me trago su verga entera. Quiere cada detalle, cada gota de saliva, cada arcada. Ese video es su seguro; si alguna vez intento rebelarme, él tiene la prueba de lo mucho que me gusta ser su perra.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me hace caminar en cuatro patas por toda la sala. Me agarra del pelo como si fuera una correa y me guía hacia donde él quiere. Mientras gateo, él camina al lado mío y me pone su verga enorme en la cara, obligándome a abrir la boca en cada paso. No soy una mujer, soy su perra de raza, entrenada para seguirlo y servirlo.

Así me tiene *mi bully*. Estoy en cuatro, concentrada chupándole la verga a uno de sus amigos, cuando de la nada mi bully me entra por el culo con una embestida anal salvaje. El impacto me hace ir hacia adelante y me obliga a tragarme entera la verga que tenía en la boca. Me ahogo, gimo y lloro, pero ellos solo se ríen de cómo mis agujeros están trabajando al máximo al mismo tiempo.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Después de garcharme boca abajo y dejarme la vagina totalmente abierta y palpitando, se sale y me dice: "Es tu turno". Se refiere al bully de mi hermano, que está ahí esperando. Me deja ahí, usada y dilatada, para que el otro entre sin ningún tipo de cuidado. Soy el relevo de placer para los tipos que más odiamos en la familia.

Así me tiene *mi bully*. Está gritando por teléfono, enojado con alguien de su laburo o de su casa, y me usa a mí para descargarse. Me agarra del pelo con una fuerza que me hace saltar las lágrimas y me mete la verga en la boca con violencia mientras sigue gritando por el celular. No le importa si me lastima, solo soy el objeto que tiene a mano para calmar sus nervios.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me sacó a la calle de noche, me levantó el vestido y me empezó a dar contra un poste de luz. Pasa gente, nos miran con asco y sorpresa, y él solo se ríe a carcajadas mientras me dice lo puta que soy por dejarme hacer esto en público. La humillación de que extraños vean cómo me usa es su mayor trofeo, y mi mayor vergüenza.

Así me tiene *mi bully*. Me ordena ponerme en cuatro en medio de la vereda, a oscuras. No hay nadie, pero el frío del cemento en mis rodillas y el miedo de que aparezca una patrulla me vuelven loca. Me garcha ahí mismo, en el suelo sucio, reclamándome como su puta callejera. Soy Alejandra, la chica que lo perdió todo, pero que siente todo cuando su bully la reclama en la oscuridad.

Así me tiene *mi bully*. No tiene ni un gramo de paciencia. Me pone en cuatro contra el sillón, me hace subir una pierna al apoyador para que quede bien abierta y me arranca la tanga de un tirón, rompiendo el encaje. Sin decir nada, me clava su verga en el culo de una sola embestida anal que me hace gritar de dolor y placer. Es su forma de recordarme que en esta relación yo no tengo voz, solo tengo agujeros para que él descargue su bronca de la facultad.

Así me tiene *mi bully*. Nos sienta frente al espejo del cuarto para que yo vea exactamente cómo me degrada. Él se pone atrás, agarra el celular y empieza a grabar mientras me muerde los pezones con saña, marcándome los pechos frente a mi propio reflejo. Me obliga a mirar cómo su cara de ganador contrasta con mi cara de perra sumisa. "Mirá lo que sos, Alejandra, sos mi juguetito", me dice, y yo solo puedo asentir mientras tiemblo de excitación y vergüenza.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me tiene estampada contra la pared, penetrándome sin piedad, pero lo peor no es él. Atrás nuestro hay una fila de cinco tipos desnudos, todos sus amigos, esperando su turno en silencio. Siento la presión de saber que cuando él termine, el que sigue me va a agarrar igual de mal. Soy el pase libre de la banda, la moneda de cambio para que mi hermano camine tranquilo por los pasillos.

Así me tiene *mi bully*. Me ordenó arrodillarme y, de repente, me vi rodeada por un círculo de tipos. Me sorprendí, pero ya no puedo decir que no. Tengo que ir pasando de uno en uno, usando mi lengua y mi boca para dejarlos a todos impecables. El olor a sexo y la presión de tantas vergas alrededor de mi cara me hacen entender que mi única identidad ahora es ser la puta que satisface a todo el grupo.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me usa como si fuera un saco de papas. Me carga desnuda en su hombro, exhibiéndome ante sus amigos. Mientras caminamos por la casa, su mejor amigo me da una nalgada que me deja la mano marcada, y al segundo, mi bully me da otra más fuerte del otro lado. Soy su trofeo de guerra, su propiedad privada que se puede golpear y mostrar como a él se le cante.

Así me tiene *mi bully*. Me obliga a hablar por teléfono con mi mamá mientras tengo su verga en el fondo de mi garganta. Tengo que tratar de sonar normal, de decir que estoy "estudiando", mientras él se ríe y se mueve para hacerme atragantar. El contraste entre la voz dulce que le doy a mi familia y la realidad de ser la perra de este tipo es lo que más lo calienta.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Se sienta en la silla de enfrente solo para verme trabajar. Me obliga a apoyarme en el borde de la cama, con las piernas en el piso y el culo bien alto, moviéndolo en círculos para él. Tengo que ser rítmica, tengo que ser provocadora. Me hace sentir que mi único talento es saber menear la cola para que él decida si hoy mi hermano duerme sin golpes.

Así me tiene *mi bully*. Me tiene encajonada entre sus piernas mientras me arrodillo. Agarra el celular y pone la cámara a centímetros de mi boca para grabar cómo me trago su verga entera. Quiere cada detalle, cada gota de saliva, cada arcada. Ese video es su seguro; si alguna vez intento rebelarme, él tiene la prueba de lo mucho que me gusta ser su perra.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me hace caminar en cuatro patas por toda la sala. Me agarra del pelo como si fuera una correa y me guía hacia donde él quiere. Mientras gateo, él camina al lado mío y me pone su verga enorme en la cara, obligándome a abrir la boca en cada paso. No soy una mujer, soy su perra de raza, entrenada para seguirlo y servirlo.

Así me tiene *mi bully*. Estoy en cuatro, concentrada chupándole la verga a uno de sus amigos, cuando de la nada mi bully me entra por el culo con una embestida anal salvaje. El impacto me hace ir hacia adelante y me obliga a tragarme entera la verga que tenía en la boca. Me ahogo, gimo y lloro, pero ellos solo se ríen de cómo mis agujeros están trabajando al máximo al mismo tiempo.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Después de garcharme boca abajo y dejarme la vagina totalmente abierta y palpitando, se sale y me dice: "Es tu turno". Se refiere al bully de mi hermano, que está ahí esperando. Me deja ahí, usada y dilatada, para que el otro entre sin ningún tipo de cuidado. Soy el relevo de placer para los tipos que más odiamos en la familia.

Así me tiene *mi bully*. Está gritando por teléfono, enojado con alguien de su laburo o de su casa, y me usa a mí para descargarse. Me agarra del pelo con una fuerza que me hace saltar las lágrimas y me mete la verga en la boca con violencia mientras sigue gritando por el celular. No le importa si me lastima, solo soy el objeto que tiene a mano para calmar sus nervios.

Así me tiene el *bully de mi hermano*. Me sacó a la calle de noche, me levantó el vestido y me empezó a dar contra un poste de luz. Pasa gente, nos miran con asco y sorpresa, y él solo se ríe a carcajadas mientras me dice lo puta que soy por dejarme hacer esto en público. La humillación de que extraños vean cómo me usa es su mayor trofeo, y mi mayor vergüenza.

Así me tiene *mi bully*. Me ordena ponerme en cuatro en medio de la vereda, a oscuras. No hay nadie, pero el frío del cemento en mis rodillas y el miedo de que aparezca una patrulla me vuelven loca. Me garcha ahí mismo, en el suelo sucio, reclamándome como su puta callejera. Soy Alejandra, la chica que lo perdió todo, pero que siente todo cuando su bully la reclama en la oscuridad.
0 comentarios - Captions bully 2