hola a todos si no han leido los capitulos previos se los dejare aqui mismo
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Capítulo 5: El Miembro Rico
El olor a sudor y a semen llenaba el cuarto de Andy. Estábamos los cinco en su cama, un revoltijo de cuerpos adolescentes y sábanas arrugadas. Las cogidas en su cuarto y en su cama se habían vuelto constantes. Ramón, con su cuerpo musculoso y bronceado, me cogía con fuerza desde atrás con su pene enorme, sus golpes profundos me hacían gemir contra la almohada. A mi lado, Marco se la metía a Andy, que gimió como un animal y estaba en cuatro, mientras Canelo se los jalaba a ambos, con los ojos cerrados y la boca abierta. Era una tarde más de nuestro club, una tarde de calor y de sexo sin complejos.
Después de que todos nos hubiéramos venido, nos limpiamos con nuestras calcetas y nos quedamos un rato en silencio, sintiendo cómo el aire acondicionado luchaba una batalla perdida contra el calor de mayo que se colaba por la ventana.
—Joder, con este calor no se puede ni vivir —dijo Ramón, dándole una palmada en el trasero a Andy—. Ojalá tuviéramos una alberca.
—Pues saben qué... el chico nuevo, Rodrigo, tiene una —dijo Canelo, como si fuera la revelación del siglo—. Vi en su perfil de redes que su casa es gigante y tiene una alberca en el patio. Es de esos ricos que van a escuela pública por capricho.
Rodrigo. El chico alto y delgadísimo que había llegado a mitad de año. Cabello rizado, siempre vestido con ropa de marca, con una timidez que contrastaba con su apariencia de modelo.
—¿Y qué? —dijo Andy, levantándose para buscar su ropa—. ¿Vamos a rogarle que nos invite? No, güey. Es nuevo, no sabemos cómo reaccionaría. El club es secreto, no podemos andar ofreciéndonos al primero que pasa.
—Tiene razón —apoyé yo, sentándome en el borde de la cama—. Es muy arriesgado. No lo conocemos.
—Pero es nuestra única chance de refrescarnos —insistió Canelo—. Podemos solo ser amigos. Nadie tiene que saber del club. Solo le hablamos, nos hacemos sus amigos, y ya.
La idea flotó en el aire caliente. Al día siguiente, en la escuela, nos acercamos a Rodrigo durante el recreo. Estaba solo, como siempre, leyendo un libro bajo un árbol.
—¿Qué onda, Rodrigo? —dije, sentándome a su lado—. Soy Oscar, y ellos son Marco, Canelo, Andy y Ramón.
Rodrigo levantó la vista, sorprendido. Sus ojos eran verdes y enormes, rodeados de pestañas largas. —Oh, hola. No sé... no suelo hablar con mucha gente.
—Pues deberías —dijo Canelo con su sonrisa inocente—. Nos caes bien .
Rodrigo sonrió tímidamente. —Gracias.
—Oye, escuchamos que tienes una alberca en tu casa —dije, tratando de sonar casual—. Con este calor que está haciendo, debe ser genial tener un lugar para nadar.
Rodrigo se puso un poco nervioso. —Sí, es... está bien. Mi papá la mandó construir el año pasado.
—¿Nos invitarías algún día? —preguntó Andy—. Podríamos llevar refrescos y pizza. Sería chido.
Rodrigo nos miró, dudoso. Luego sonrió. —Claro. ¿Les parece el viernes después de clase?
—Trato hecho —dije, sintiendo la victoria.
El viernes llegamos a casa de Rodrigo. Era una mansión, con un jardín enorme y una alberca que parecía un pequeño lago, azul y brillante bajo el sol.
—no mames, güey, esto es enorme —dijo Ramón, mirando todo con asombro.
Rodrigo se rio. —Es que mi mamá es exagerada.
Salimos al área de alberca donde había una piscina con asador y hasta jacuzzi.
—¿Ustedes trajeron traje de baño? —preguntó Rodrigo, un poco nervioso. -si gustan pueden cambiarse adentro.
—No, güey, nos metemos en boxer —dijo Ramón, y ya se estaba desabrochando los pantalones.
Uno por uno, nos fuimos quitando la playera.
Yo fui primero. Soy de estatura media, moreno, con un cuerpo que empieza a definirse pero todavía con algo de grasa. Traía mi boxer favorito color azul, me gusta por que me queda apretadito.
Luego fue Marco. Su cuerpo negro, alto, atlético y delgado. Sus brazos son largos y definidos, y tiene un V sutil que se forma en su cintura. Su piel es como el ébano, lisa y perfecta. Vi que traía su boxer rojo que le marcaba bastante el paquete, ya se lo había visto otras veces y cuando se quito el pantalón me llegó el olor a su verga que ya había probado en otras ocasiones.
Después fue Canelo. Es bajito y delgado, casi enclenque, con un montón de pecas en los hombros y el pecho. Sus pezones son rosados y pequeños, casi invisibles en su piel pálida. Tenía sus boxer grises que le quedaban muy bien y hacían resaltar su piel súper blanca.
Andy fue el siguiente. Es robusto, con un cuerpo que tiende a la obesidad pero con fuerza escondida. Sus pezones son grandes y oscuros, y tiene un vientre suave y redondo. Con algo de pelo corporal. Traía unos boxer negros holgados.
Por último, Ramón. Es un dios griego. Hombros anchos, pechos marcados, abdomen con tableta incipiente. Su piel es bronceada y no tiene una sola imperfección. Y tenía sus boxer verde militar y su paquete estaba a punto de estallar.
Rodrigo nos miró. —Ah, ok. Entonces yo también. - dijo resignado
Se quitó los pantalones. Era el único que no llevaba boxer. Llevaba una truza blanca, de marca, que se le pegaba al cuerpo delgado y dejaba ver el contorno de su miembro. Era alto, altísimo, pero delgadísimo. Tiene el pecho plano y los pezones pequeños y oscuros. Sus brazos son largos y delgados, como sus piernas. Parecía un flamenco, elegante
Se puso rojo y se tiró al agua de un salto.
Nos quedamos un rato flotando, en silencio, disfrutando del agua fría. Luego, nos recostamos en el borde, hablando de cosas sin importancia.
—Oye, ¿vieron a la nueva maestra de inglés? —dijo Canelo de repente—. La miss Sofía. Está bien buena.
—Está más que buena —dijo Ramón, sumergiéndose hasta el cuello—. Chale, lo que daría por metérsela. Imagínense, con ese vestido que usa.
—No está tan buena como Paola, la de tercero —dije yo—. Esa sí tiene un cuerpo. De seguro tiene la pucha rosa, bien bonita. Y seguro le huele a flores allá abajo.
—¿Y qué me dicen de sus senos? —intervino Andy—. Son grandes como melones. Me la pasaría todo el día lamiéndoselos.
—Ustedes son unos perros —dijo Marco, pero se rio—. Hablan como si supieran lo que es. Tú nunca has tocado a una mujer, Andy.
—¡Claro que sí! —dijo Andy, ofendido—. A decenas.
Todos nos reímos. Sabíamos que mentía.
—Y tú, Ramón? —preguntó Canelo—. Con tus músculos y tu cara de buen mozo, de seguro tienes a todas a tus pies.
—Pues sí —dijo Ramón, con su sonrisa arrogante—. He tocado un par de cosas. Pero nada como para presumir.
La conversación se calentaba. El agua de la alberca parecía hervir. Noté cómo el boxer verde de Ramón empezaba a levantarse.
—¿Y tú, Rodrigo? —pregunté, mirándolo—. Con tu cara de niño bueno, de seguro a las chicas les encantas. ¿Ya has tocado algo?
Rodrigo se puso rojo, hasta las orejas. Negó con la cabeza, sin mirarnos. —
...negó con la cabeza, sin mirarnos. —N-no... nunca. No sé cómo hablar con ellas.
Ramón se rio, su risa profunda resonando en el agua.
—¡No mames! ¿Tú nunca has tocado nada? Con esa cara de ángel y esa casa de millonario, deberías tener a todas las chicas pidiéndote que las desvirgues.
—Pues... no sé —murmuró Rodrigo, hundido hasta los hombros en el agua—. Me pongo nervioso. Y... y creo que no les gusto.
—¡Qué pendejo eres! —dijo Canelo, nadando hacia él—. Eres cool. Muy cool. Y alto. A las mujeres les gustan los hombres altos.
—¿De verdad? —preguntó Rodrigo, con una chispa de esperanza en sus ojos verdes.
—Claro que sí —dije, acercándome también—. Y no solo a las mujeres.
Nos quedamos en silencio por un momento. El agua se movía suavemente alrededor de nosotros.
—Oye, Rodrigo —dije, bajando la voz—. ¿Te gustaría que... te enseñáramos algunas cosas?
Rodrigo me miró, confundido. —¿Qué cosas?
—Cosas de... de cómo tocar a alguien —dijo Marco, acercándose por el otro lado—. Cosas que te pueden servir.
Rodrigo nos miró a todos. Estábamos rodeándolo, un semicírculo de cuerpos mojados y expectantes. Podía ver el miedo en sus ojos, pero también algo más. Curiosidad. Deseo.
—¿Enseñarme? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Sí —dijo Ramón, poniéndole una mano en el hombro—. Podemos enseñarte. Somos amigos, ¿no?
Rodrigo asintió, lentamente. —Sí... sí, somos amigos.
Ramón sonrió. —Entonces... vamos a empezar.
Se acercó a Rodrigo y le besó la boca. Fue un beso suave al principio, pero luego se hizo más profundo, más apasionado. Podía ver cómo las lenguas se encontraban, cómo Rodrigo respondía con torpeza pero con ganas.
—Así se besa a alguien —dijo Ramón, separándose un poco—. Con pasión. Con deseo.
Canelo se acercó y le besó el cuello. —Y así se le besa el cuello. Con suaves mordiscos.
Marco se sumergió bajo el agua y le besó el pecho. —Y así se le besa el pecho. Con lametones largos y lentos.
Andy se acercó por detrás y le abrazó, sus manos recorriendo el estómago liso de Rodrigo. —Y así se le toca el cuerpo. Con cariño. Con deseo.
Yo me acerqué y le besé la espalda, mis manos deslizándose por sus caderas delgadas. —Y así se le hace sentir deseado. Con todo el cuerpo.
Rodrigo suspiraba, su cabeza echada hacia atrás, su boca abierta. Su traje de baño blanco se levantaba, revelando su excitación.
—¿Te gusta? —pregunté, susurrándole al oído.
—S-sí —dijo con voz entrecortada—. Sí, me gusta.
—¿Quieres que sigamos? —preguntó Ramón.
—S-sí —dijo Rodrigo—. Por favor.
Ramón sonrió y se paró frente a Rodrigo. Se bajó el boxer mojado, dejando al descubierto su miembro erecto y grueso. La cabeza era de un color morado oscuro y tenía una vena gruesa que recorría todo el lado. Se lo acercó a la boca de Rodrigo.
—Ábre la boca —dijo Ramón—. Ábrela y chúpamelo.
Rodrigo dudó por un momento, pero luego abrió la boca. Ramón entró lentamente, y Rodrigo empezó a chupar, con torpeza al principio, pero luego con más confianza.
—Así es —dijo Ramón—. Así se hace. Con la lengua. Con los labios.
Marco se bajó su boxer rojo. Su miembro era casi tan grande como el de Ramón, pero más delgado y recto, con la cabeza más pequeña y puntiaguda. Se acercó a Rodrigo por detrás y le rozó su miembro contra el trasero de Rodrigo.
—¿Sientes eso? —preguntó Marco—. Ese es mi deseo por ti.
Andy se bajó su boxer negro. Su miembro era del tamaño del mío, de unos quince centímetros, pero estaba rodeado de un vello espeso y oscuro que le crecía hasta el ombligo. Se acercó a Rodrigo por un lado y le tomó una mano, llevándosela a su miembro erecto.
—Tócamelo —dijo Andy—. Tócamelo como si fuera tuyo.
Yo me bajé mi boxer azul marino. Mi miembro era de un tamaño promedio, ni grande ni pequeño, con la cabeza bien proporcionada y un par de venas visibles. Me acerqué a Rodrigo por el otro lado y le tomé la otra mano, llevándosela a mi miembro erecto.
—Y tócame el mío —dije—. Tócame con deseo.
Canelo fue el último. Se bajó su boxer gris claro, revelando su miembro, el más pequeño de todos, de unos diez centímetros, pero erecto y firme. El vello de su pubis era de un color rojizo, casi anaranjado, que contrastaba con su piel pálida. Se acercó a Rodrigo y se arrodilló en el agua.
—Y yo me encargo de esto —dijo Canelo, y tomó los pequeñas truzas blancas hasta sus tobillos.
Rodrigo se estremeció cuando. Sus testículos eran grandes, muy grandes para su cuerpo delgado, y colgaban en un saco peludo y suelto. Canelo ya tenía su boca en ellos y los chupaba con avidez, pasando su lengua por cada centímetro de piel recortada.
—Joder, Rodrigo, tienes unos huevos enormes —dije, mirando con asombro cómo Canelo se los comía.
Rodrigo nos obedecía, sus manos moviéndose con torpeza pero con ganas. Su boca seguía en el miembro de Ramón, y su cuerpo se movía al ritmo de nuestros deseos.
—¿Quieres más? —preguntó Marco, introduciendo un dedo en el trasero de Rodrigo.
Rodrigo gimió, asintiendo sin poder hablar.
—Entonces prepárate —dijo Marco, introduciendo su miembro lentamente en el trasero de Rodrigo.
Rodrigo gritó, pero el grito fue ahogado por el miembro de Ramón en su boca. Marco empezó a moverse, con movimientos lentos y profundos.
—Así es —dijo Marco—. Así se da placer. Con suavidad. Con fuerza.
Canelo seguía comiéndose los testículos de Rodrigo, pasando su lengua por el perineo y el ano. Luego se detuvo y miró hacia arriba, hacia Rodrigo.
—Oye, Rodrigo —dijo Canelo—. ¿Podrías... podrías follarme a mí?
Nos quedamos todos sorprendidos. Canelo nunca había pedido eso.
—¿En serio? —preguntó Ramón, sacando su miembro de la boca de Rodrigo.
—Sí —dijo Canelo, levantándose—. Quiero sentirlo dentro de mí. Quiero sentir cómo rebotan esos huevos enormes en mi culo.
Rodrigo nos miró, confundido pero excitado. Asintió.
Canelo se apoyó en el borde de la alberca, levantando su trasero. Rodrigo se colocó detrás de él, su miembro erecto y sus testículos gigantes colgando entre sus piernas. Entró lentamente en Canelo, que gimió de placer.
—Así es —dijo Canelo—. Así. Más profundo.
Rodrigo empezó a moverse, y todos miramos con asombro cómo sus testículos rebotaban contra el culo de Canelo con cada embestida. Eran realmente grandes, y el sonido que hacían al golpear la piel de Canelo era excitante.
—ay, qué cosa tan rica —dije, masturbándome mientras miraba.
—Sí, qué buena vista —dijo Andy, haciéndose lo mismo.
Ramón y Marco se acercaron a Canelo y le ofrecieron sus miembros a la boca. Canelo los chupó alternativamente, mientras Rodrigo lo follaba desde atrás.
—Así es —dijo Canelo, con la boca llena—. Así. Más rápido.
Rodrigo aceleró, embistiendo a Canelo con más fuerza. El sonido de sus testículos gigantes golpeando el culo de Canelo era el único ruido junto con los jadeos y los chupidos de Canelo sobre las vergas de Ramón y Marco.
—¡Ya, ya me vengo! —gritó Canelo con la voz pastosa, y su miembro pequeño se contrajo, soltando unos chorros finos de leche que se mezclaron con el agua.
Eso fue suficiente para Ramón y Marco. Se retiraron de la boca de Canelo y se corrieron sobre su espalda y su cara, cubriéndolo de semen caliente.
—¡ufff, qué rico! —dijo Andy, y a su vez se corrió en su mano, mirando cómo los testículos de Rodrigo seguían rebotando sin parar.
Yo no aguanté más y me corrí también, mi leche saliendo disparada y cayendo cerca del borde de la alberca.
Rodrigo sintió cómo el culo de Canelo se apretaba con su orgasmo y eso lo llevó al límite. Con un grito ahogado, metió su verga hasta el fondo y soltó toda su carga. Sus testículos gigantes se contrajeron violentamente contra su cuerpo antes de volver a latir, vaciándose por completo dentro de Canelo.
Nos quedamos todos un momento flotando, recobrando el aliento. El agua estaba turbia, mezclada con nuestro sudor, leche y deseo.
Ramón rompió el silencio, nadando hacia Rodrigo y dándole una palmada en la espalda. —¡Híjole, güey! Eres una máquina. Y esos huevos... no mames, son de otro nivel.
—En serio —apoyó Marco, acercándose también—. Nunca había visto unos tan grandes. Cómo rebotaban... era lo más bueno.
Andy asintió, limpiándose el pelo pegajoso de la frente. —Tenemos que invitarte a todas las reuniones. Con eso que traes, eres el rey del club.
Canelo, todavía temblando, se giró para mirar a Rodrigo con una sonrisa de oreja a oreja. —Tienes que follarme más seguido. Por favor.
Yo me uní al corro de cuerpos mojados alrededor de él. —Bienvenido oficialmente al Club de Pubes, Rodrigo. Ya eres parte de nosotros.
Rodrigo sonrió, por primera vez sin timidez, con una mezcla de orgullo y agotamiento en su cara. El chico nuevo ya no era tan nuevo. Había pasado la prueba, y con creces.
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Capítulo 5: El Miembro Rico
El olor a sudor y a semen llenaba el cuarto de Andy. Estábamos los cinco en su cama, un revoltijo de cuerpos adolescentes y sábanas arrugadas. Las cogidas en su cuarto y en su cama se habían vuelto constantes. Ramón, con su cuerpo musculoso y bronceado, me cogía con fuerza desde atrás con su pene enorme, sus golpes profundos me hacían gemir contra la almohada. A mi lado, Marco se la metía a Andy, que gimió como un animal y estaba en cuatro, mientras Canelo se los jalaba a ambos, con los ojos cerrados y la boca abierta. Era una tarde más de nuestro club, una tarde de calor y de sexo sin complejos.
Después de que todos nos hubiéramos venido, nos limpiamos con nuestras calcetas y nos quedamos un rato en silencio, sintiendo cómo el aire acondicionado luchaba una batalla perdida contra el calor de mayo que se colaba por la ventana.
—Joder, con este calor no se puede ni vivir —dijo Ramón, dándole una palmada en el trasero a Andy—. Ojalá tuviéramos una alberca.
—Pues saben qué... el chico nuevo, Rodrigo, tiene una —dijo Canelo, como si fuera la revelación del siglo—. Vi en su perfil de redes que su casa es gigante y tiene una alberca en el patio. Es de esos ricos que van a escuela pública por capricho.
Rodrigo. El chico alto y delgadísimo que había llegado a mitad de año. Cabello rizado, siempre vestido con ropa de marca, con una timidez que contrastaba con su apariencia de modelo.
—¿Y qué? —dijo Andy, levantándose para buscar su ropa—. ¿Vamos a rogarle que nos invite? No, güey. Es nuevo, no sabemos cómo reaccionaría. El club es secreto, no podemos andar ofreciéndonos al primero que pasa.
—Tiene razón —apoyé yo, sentándome en el borde de la cama—. Es muy arriesgado. No lo conocemos.
—Pero es nuestra única chance de refrescarnos —insistió Canelo—. Podemos solo ser amigos. Nadie tiene que saber del club. Solo le hablamos, nos hacemos sus amigos, y ya.
La idea flotó en el aire caliente. Al día siguiente, en la escuela, nos acercamos a Rodrigo durante el recreo. Estaba solo, como siempre, leyendo un libro bajo un árbol.
—¿Qué onda, Rodrigo? —dije, sentándome a su lado—. Soy Oscar, y ellos son Marco, Canelo, Andy y Ramón.
Rodrigo levantó la vista, sorprendido. Sus ojos eran verdes y enormes, rodeados de pestañas largas. —Oh, hola. No sé... no suelo hablar con mucha gente.
—Pues deberías —dijo Canelo con su sonrisa inocente—. Nos caes bien .
Rodrigo sonrió tímidamente. —Gracias.
—Oye, escuchamos que tienes una alberca en tu casa —dije, tratando de sonar casual—. Con este calor que está haciendo, debe ser genial tener un lugar para nadar.
Rodrigo se puso un poco nervioso. —Sí, es... está bien. Mi papá la mandó construir el año pasado.
—¿Nos invitarías algún día? —preguntó Andy—. Podríamos llevar refrescos y pizza. Sería chido.
Rodrigo nos miró, dudoso. Luego sonrió. —Claro. ¿Les parece el viernes después de clase?
—Trato hecho —dije, sintiendo la victoria.
El viernes llegamos a casa de Rodrigo. Era una mansión, con un jardín enorme y una alberca que parecía un pequeño lago, azul y brillante bajo el sol.
—no mames, güey, esto es enorme —dijo Ramón, mirando todo con asombro.
Rodrigo se rio. —Es que mi mamá es exagerada.
Salimos al área de alberca donde había una piscina con asador y hasta jacuzzi.
—¿Ustedes trajeron traje de baño? —preguntó Rodrigo, un poco nervioso. -si gustan pueden cambiarse adentro.
—No, güey, nos metemos en boxer —dijo Ramón, y ya se estaba desabrochando los pantalones.
Uno por uno, nos fuimos quitando la playera.
Yo fui primero. Soy de estatura media, moreno, con un cuerpo que empieza a definirse pero todavía con algo de grasa. Traía mi boxer favorito color azul, me gusta por que me queda apretadito.
Luego fue Marco. Su cuerpo negro, alto, atlético y delgado. Sus brazos son largos y definidos, y tiene un V sutil que se forma en su cintura. Su piel es como el ébano, lisa y perfecta. Vi que traía su boxer rojo que le marcaba bastante el paquete, ya se lo había visto otras veces y cuando se quito el pantalón me llegó el olor a su verga que ya había probado en otras ocasiones.
Después fue Canelo. Es bajito y delgado, casi enclenque, con un montón de pecas en los hombros y el pecho. Sus pezones son rosados y pequeños, casi invisibles en su piel pálida. Tenía sus boxer grises que le quedaban muy bien y hacían resaltar su piel súper blanca.
Andy fue el siguiente. Es robusto, con un cuerpo que tiende a la obesidad pero con fuerza escondida. Sus pezones son grandes y oscuros, y tiene un vientre suave y redondo. Con algo de pelo corporal. Traía unos boxer negros holgados.
Por último, Ramón. Es un dios griego. Hombros anchos, pechos marcados, abdomen con tableta incipiente. Su piel es bronceada y no tiene una sola imperfección. Y tenía sus boxer verde militar y su paquete estaba a punto de estallar.
Rodrigo nos miró. —Ah, ok. Entonces yo también. - dijo resignado
Se quitó los pantalones. Era el único que no llevaba boxer. Llevaba una truza blanca, de marca, que se le pegaba al cuerpo delgado y dejaba ver el contorno de su miembro. Era alto, altísimo, pero delgadísimo. Tiene el pecho plano y los pezones pequeños y oscuros. Sus brazos son largos y delgados, como sus piernas. Parecía un flamenco, elegante
Se puso rojo y se tiró al agua de un salto.
Nos quedamos un rato flotando, en silencio, disfrutando del agua fría. Luego, nos recostamos en el borde, hablando de cosas sin importancia.
—Oye, ¿vieron a la nueva maestra de inglés? —dijo Canelo de repente—. La miss Sofía. Está bien buena.
—Está más que buena —dijo Ramón, sumergiéndose hasta el cuello—. Chale, lo que daría por metérsela. Imagínense, con ese vestido que usa.
—No está tan buena como Paola, la de tercero —dije yo—. Esa sí tiene un cuerpo. De seguro tiene la pucha rosa, bien bonita. Y seguro le huele a flores allá abajo.
—¿Y qué me dicen de sus senos? —intervino Andy—. Son grandes como melones. Me la pasaría todo el día lamiéndoselos.
—Ustedes son unos perros —dijo Marco, pero se rio—. Hablan como si supieran lo que es. Tú nunca has tocado a una mujer, Andy.
—¡Claro que sí! —dijo Andy, ofendido—. A decenas.
Todos nos reímos. Sabíamos que mentía.
—Y tú, Ramón? —preguntó Canelo—. Con tus músculos y tu cara de buen mozo, de seguro tienes a todas a tus pies.
—Pues sí —dijo Ramón, con su sonrisa arrogante—. He tocado un par de cosas. Pero nada como para presumir.
La conversación se calentaba. El agua de la alberca parecía hervir. Noté cómo el boxer verde de Ramón empezaba a levantarse.
—¿Y tú, Rodrigo? —pregunté, mirándolo—. Con tu cara de niño bueno, de seguro a las chicas les encantas. ¿Ya has tocado algo?
Rodrigo se puso rojo, hasta las orejas. Negó con la cabeza, sin mirarnos. —
...negó con la cabeza, sin mirarnos. —N-no... nunca. No sé cómo hablar con ellas.
Ramón se rio, su risa profunda resonando en el agua.
—¡No mames! ¿Tú nunca has tocado nada? Con esa cara de ángel y esa casa de millonario, deberías tener a todas las chicas pidiéndote que las desvirgues.
—Pues... no sé —murmuró Rodrigo, hundido hasta los hombros en el agua—. Me pongo nervioso. Y... y creo que no les gusto.
—¡Qué pendejo eres! —dijo Canelo, nadando hacia él—. Eres cool. Muy cool. Y alto. A las mujeres les gustan los hombres altos.
—¿De verdad? —preguntó Rodrigo, con una chispa de esperanza en sus ojos verdes.
—Claro que sí —dije, acercándome también—. Y no solo a las mujeres.
Nos quedamos en silencio por un momento. El agua se movía suavemente alrededor de nosotros.
—Oye, Rodrigo —dije, bajando la voz—. ¿Te gustaría que... te enseñáramos algunas cosas?
Rodrigo me miró, confundido. —¿Qué cosas?
—Cosas de... de cómo tocar a alguien —dijo Marco, acercándose por el otro lado—. Cosas que te pueden servir.
Rodrigo nos miró a todos. Estábamos rodeándolo, un semicírculo de cuerpos mojados y expectantes. Podía ver el miedo en sus ojos, pero también algo más. Curiosidad. Deseo.
—¿Enseñarme? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Sí —dijo Ramón, poniéndole una mano en el hombro—. Podemos enseñarte. Somos amigos, ¿no?
Rodrigo asintió, lentamente. —Sí... sí, somos amigos.
Ramón sonrió. —Entonces... vamos a empezar.
Se acercó a Rodrigo y le besó la boca. Fue un beso suave al principio, pero luego se hizo más profundo, más apasionado. Podía ver cómo las lenguas se encontraban, cómo Rodrigo respondía con torpeza pero con ganas.
—Así se besa a alguien —dijo Ramón, separándose un poco—. Con pasión. Con deseo.
Canelo se acercó y le besó el cuello. —Y así se le besa el cuello. Con suaves mordiscos.
Marco se sumergió bajo el agua y le besó el pecho. —Y así se le besa el pecho. Con lametones largos y lentos.
Andy se acercó por detrás y le abrazó, sus manos recorriendo el estómago liso de Rodrigo. —Y así se le toca el cuerpo. Con cariño. Con deseo.
Yo me acerqué y le besé la espalda, mis manos deslizándose por sus caderas delgadas. —Y así se le hace sentir deseado. Con todo el cuerpo.
Rodrigo suspiraba, su cabeza echada hacia atrás, su boca abierta. Su traje de baño blanco se levantaba, revelando su excitación.
—¿Te gusta? —pregunté, susurrándole al oído.
—S-sí —dijo con voz entrecortada—. Sí, me gusta.
—¿Quieres que sigamos? —preguntó Ramón.
—S-sí —dijo Rodrigo—. Por favor.
Ramón sonrió y se paró frente a Rodrigo. Se bajó el boxer mojado, dejando al descubierto su miembro erecto y grueso. La cabeza era de un color morado oscuro y tenía una vena gruesa que recorría todo el lado. Se lo acercó a la boca de Rodrigo.
—Ábre la boca —dijo Ramón—. Ábrela y chúpamelo.
Rodrigo dudó por un momento, pero luego abrió la boca. Ramón entró lentamente, y Rodrigo empezó a chupar, con torpeza al principio, pero luego con más confianza.
—Así es —dijo Ramón—. Así se hace. Con la lengua. Con los labios.
Marco se bajó su boxer rojo. Su miembro era casi tan grande como el de Ramón, pero más delgado y recto, con la cabeza más pequeña y puntiaguda. Se acercó a Rodrigo por detrás y le rozó su miembro contra el trasero de Rodrigo.
—¿Sientes eso? —preguntó Marco—. Ese es mi deseo por ti.
Andy se bajó su boxer negro. Su miembro era del tamaño del mío, de unos quince centímetros, pero estaba rodeado de un vello espeso y oscuro que le crecía hasta el ombligo. Se acercó a Rodrigo por un lado y le tomó una mano, llevándosela a su miembro erecto.
—Tócamelo —dijo Andy—. Tócamelo como si fuera tuyo.
Yo me bajé mi boxer azul marino. Mi miembro era de un tamaño promedio, ni grande ni pequeño, con la cabeza bien proporcionada y un par de venas visibles. Me acerqué a Rodrigo por el otro lado y le tomé la otra mano, llevándosela a mi miembro erecto.
—Y tócame el mío —dije—. Tócame con deseo.
Canelo fue el último. Se bajó su boxer gris claro, revelando su miembro, el más pequeño de todos, de unos diez centímetros, pero erecto y firme. El vello de su pubis era de un color rojizo, casi anaranjado, que contrastaba con su piel pálida. Se acercó a Rodrigo y se arrodilló en el agua.
—Y yo me encargo de esto —dijo Canelo, y tomó los pequeñas truzas blancas hasta sus tobillos.
Rodrigo se estremeció cuando. Sus testículos eran grandes, muy grandes para su cuerpo delgado, y colgaban en un saco peludo y suelto. Canelo ya tenía su boca en ellos y los chupaba con avidez, pasando su lengua por cada centímetro de piel recortada.
—Joder, Rodrigo, tienes unos huevos enormes —dije, mirando con asombro cómo Canelo se los comía.
Rodrigo nos obedecía, sus manos moviéndose con torpeza pero con ganas. Su boca seguía en el miembro de Ramón, y su cuerpo se movía al ritmo de nuestros deseos.
—¿Quieres más? —preguntó Marco, introduciendo un dedo en el trasero de Rodrigo.
Rodrigo gimió, asintiendo sin poder hablar.
—Entonces prepárate —dijo Marco, introduciendo su miembro lentamente en el trasero de Rodrigo.
Rodrigo gritó, pero el grito fue ahogado por el miembro de Ramón en su boca. Marco empezó a moverse, con movimientos lentos y profundos.
—Así es —dijo Marco—. Así se da placer. Con suavidad. Con fuerza.
Canelo seguía comiéndose los testículos de Rodrigo, pasando su lengua por el perineo y el ano. Luego se detuvo y miró hacia arriba, hacia Rodrigo.
—Oye, Rodrigo —dijo Canelo—. ¿Podrías... podrías follarme a mí?
Nos quedamos todos sorprendidos. Canelo nunca había pedido eso.
—¿En serio? —preguntó Ramón, sacando su miembro de la boca de Rodrigo.
—Sí —dijo Canelo, levantándose—. Quiero sentirlo dentro de mí. Quiero sentir cómo rebotan esos huevos enormes en mi culo.
Rodrigo nos miró, confundido pero excitado. Asintió.
Canelo se apoyó en el borde de la alberca, levantando su trasero. Rodrigo se colocó detrás de él, su miembro erecto y sus testículos gigantes colgando entre sus piernas. Entró lentamente en Canelo, que gimió de placer.
—Así es —dijo Canelo—. Así. Más profundo.
Rodrigo empezó a moverse, y todos miramos con asombro cómo sus testículos rebotaban contra el culo de Canelo con cada embestida. Eran realmente grandes, y el sonido que hacían al golpear la piel de Canelo era excitante.
—ay, qué cosa tan rica —dije, masturbándome mientras miraba.
—Sí, qué buena vista —dijo Andy, haciéndose lo mismo.
Ramón y Marco se acercaron a Canelo y le ofrecieron sus miembros a la boca. Canelo los chupó alternativamente, mientras Rodrigo lo follaba desde atrás.
—Así es —dijo Canelo, con la boca llena—. Así. Más rápido.
Rodrigo aceleró, embistiendo a Canelo con más fuerza. El sonido de sus testículos gigantes golpeando el culo de Canelo era el único ruido junto con los jadeos y los chupidos de Canelo sobre las vergas de Ramón y Marco.
—¡Ya, ya me vengo! —gritó Canelo con la voz pastosa, y su miembro pequeño se contrajo, soltando unos chorros finos de leche que se mezclaron con el agua.
Eso fue suficiente para Ramón y Marco. Se retiraron de la boca de Canelo y se corrieron sobre su espalda y su cara, cubriéndolo de semen caliente.
—¡ufff, qué rico! —dijo Andy, y a su vez se corrió en su mano, mirando cómo los testículos de Rodrigo seguían rebotando sin parar.
Yo no aguanté más y me corrí también, mi leche saliendo disparada y cayendo cerca del borde de la alberca.
Rodrigo sintió cómo el culo de Canelo se apretaba con su orgasmo y eso lo llevó al límite. Con un grito ahogado, metió su verga hasta el fondo y soltó toda su carga. Sus testículos gigantes se contrajeron violentamente contra su cuerpo antes de volver a latir, vaciándose por completo dentro de Canelo.
Nos quedamos todos un momento flotando, recobrando el aliento. El agua estaba turbia, mezclada con nuestro sudor, leche y deseo.
Ramón rompió el silencio, nadando hacia Rodrigo y dándole una palmada en la espalda. —¡Híjole, güey! Eres una máquina. Y esos huevos... no mames, son de otro nivel.
—En serio —apoyó Marco, acercándose también—. Nunca había visto unos tan grandes. Cómo rebotaban... era lo más bueno.
Andy asintió, limpiándose el pelo pegajoso de la frente. —Tenemos que invitarte a todas las reuniones. Con eso que traes, eres el rey del club.
Canelo, todavía temblando, se giró para mirar a Rodrigo con una sonrisa de oreja a oreja. —Tienes que follarme más seguido. Por favor.
Yo me uní al corro de cuerpos mojados alrededor de él. —Bienvenido oficialmente al Club de Pubes, Rodrigo. Ya eres parte de nosotros.
Rodrigo sonrió, por primera vez sin timidez, con una mezcla de orgullo y agotamiento en su cara. El chico nuevo ya no era tan nuevo. Había pasado la prueba, y con creces.
0 comentarios - Club de Pubes. CAP 5. El miembro rico