Le costó años admitirlo.
No que le gustaban los hombres. Eso ya lo sabía. Lo difícil fue dejar de pelearse con las formas.
Un día se miró al espejo y pensó: ¿y si dejo de tener miedo a probar?
Se puso algo que nunca se había animado a usar. No para nadie. Para verse. Para jugar. Para descubrir qué sentía.
Y pasó algo inesperado: no sintió vergüenza. Sintió curiosidad. Después diversión. Después una sonrisa.
Entendió que no había premio por hacerse el duro ni castigo por sentirse distinto.
Y sí… seguía pasando que veía hombres lindos y se quedaba medio tonto, admirando esa presencia que le gustaba.
Pero ya no lo escondía tanto.
Porque al final descubrió algo simple: no era convertirse en otra persona.
Era darse permiso para disfrutar sin miedo lo que ya estaba ahí.
No que le gustaban los hombres. Eso ya lo sabía. Lo difícil fue dejar de pelearse con las formas.
Un día se miró al espejo y pensó: ¿y si dejo de tener miedo a probar?
Se puso algo que nunca se había animado a usar. No para nadie. Para verse. Para jugar. Para descubrir qué sentía.
Y pasó algo inesperado: no sintió vergüenza. Sintió curiosidad. Después diversión. Después una sonrisa.
Entendió que no había premio por hacerse el duro ni castigo por sentirse distinto.
Y sí… seguía pasando que veía hombres lindos y se quedaba medio tonto, admirando esa presencia que le gustaba.
Pero ya no lo escondía tanto.
Porque al final descubrió algo simple: no era convertirse en otra persona.
Era darse permiso para disfrutar sin miedo lo que ya estaba ahí.
3 comentarios - etapas descubriéndose...