Era lunes por la tarde. Kevin descansaba en su cama, todavĂa con el cuerpo adolorido del fin de semana de sexo sin pausa. Su telĂ©fono vibrĂł. Un mensaje de Lorena:

“Amor… necesito pedirte un favor especial. Mi amiga Camila está sola esta noche. Tiene 42, está caliente, recién separada y necesita algo… fuerte. Te va a estar esperando. Ya le hablé de ti. No la decepciones, mi semental.”
Kevin abrió los ojos, con una mezcla de sorpresa y calentura. Iba a coger con otra mujer madura… enviada por su propia sugar mami.
Media hora después, ya estaba duchado y en camino.
Camila vivĂa en un piso alto, en un apartamento elegante. Cuando abriĂł la puerta, Kevin se quedĂł helado.
Morena, curvas perfectas, vestido negro ajustado, sin sostén. Labios rojos, mirada peligrosa.
—Asà que tú eres el famoso Kevin… —dijo, con voz seductora y sonrisa perversa—. Lorena me advirtió que eras adictivo. Entra. Ya estoy mojada.
Lo guió directo al sillón y le sirvió una copa. Pero antes de que pudiera tomarla, Camila se subió sobre él y comenzó a frotarse contra su entrepierna.
—No quiero hablar. Quiero sentirte.
Lo desnudó como una experta. Sacó su pija y se lo mamó despacio, con técnica, jugando con la lengua en la punta, mientras le masajeaba las bolas con una mano suave.
—Tienes una pija perfecta… y está dura solo para mĂ. ÂżTe gusta coger mujeres mayores, Kevin?
—Mucho… —jadeó él—. Más si son como tú…
Camila se sentĂł en su cara ,tenĂa la concha mojada, depilada, suave, y se movĂa sobre su boca como si cabalgara su lengua.
—¡AsĂ! ¡Dame lengua, muchacho! ¡DemuĂ©strame que te entrenĂł bien!
Él la hizo venirse una vez… y otra. Luego ella se montó sobre su pija, empapada, gritándole con cada embestida:
—¡Dámela toda! ¡Me hace falta leche joven! ¡Hazme olvidar a mi ex, cabrón!
Kevin le agarrĂł las tetas grandes, se las chupĂł con fuerza mientras ella cabalgaba su pene y se deshacĂa arriba de Ă©l.
Luego vino el anal. Camila se lubricó con saliva, se agachó sobre él, y se lo fue metiendo lentamente en su culito caliente.
—SĂ… asĂ, Kevin… cogeme el culo… destroza esta puta.
Lo cabalgĂł salvaje, con los ojos cerrados, gritando obscenidades, mientras Ă©l se venĂa dentro, llenándola como su dueña lo habĂa entrenado.
Al terminar, Camila le limpió el sudor, le ofreció una ducha… y le entregó un sobre.
—AquĂ tienes… cortesĂa de una mujer agradecida. Y dile a Lorena que te envĂe más seguido.
Dentro habĂa 300 dĂłlares en efectivo… y una llave.
—La próxima vez no hace falta que toques la puerta. Entra directo. Y prepárate para que te exprima todo el finde.
Kevin salió del edificio con una sonrisa enorme… y la pija aún palpitando.

Era viernes por la noche cuando Kevin recibiĂł el mensaje.
“No hagas planes. Esta noche es nuestra. Ven sin ropa interior. Y prepárate para obedecer.”
La direcciĂłn era conocida. La casa de Lorena.
Al llegar, la puerta estaba entreabierta. La luz tenue. MĂşsica suave. Y al fondo, en el sillĂłn, Lorena y Camila, ambas en lencerĂa negra, piernas cruzadas, copas de vino en la mano… y miradas de cazadoras.
—Ahà está nuestro juguete —dijo Lorena, lamiéndose los labios.
—Nuestro semental favorito —añadió Camila—. Hoy no te vas a ir caminando, nene.
Kevin tragĂł saliva. Su pija ya estaba a punto de reventar en los pantalones.

Lorena se acercĂł, lo desnudĂł lentamente. Camila se arrodillĂł y le empezĂł a mamar la pija, mientras Lorena lo besaba, le acariciaba los pezones y le mordĂa el cuello.
—Vas a obedecer todo lo que pidamos —le susurró—. Vas a cogernos como las putas que somos. ¿Entendido?
—SĂ… —jadeĂł Kevin, temblando de anticipaciĂłn.
Camila se turnaba la mamada con Lorena. Ambas se pasaban la pija de boca a boca, como si fuera un postre. Lorena la escupĂa, Camila la lamĂa, se la metĂan hasta la garganta mientras se reĂan entre ellas.
—¿Te gusta cómo lo dejo brilloso, zorra?
—SĂ… pero yo me lo trago mejor.
Kevin no podĂa más. Pero entonces lo llevaron al sillĂłn… y empezĂł el juego real.
Camila se sentó en su cara, mientras Lorena se montaba en su pene. Una en su boca, otra en su pija. Gimiendo las dos, acariciándose las tetas entre ellas, frotándose, mojándose una a la otra.
—¡ChĂşpame el clĂtoris! —gritaba Camila—. ¡Hazme explotar!
—Cogeme más fuerte, amor! ¡Rompe esta concha! —gemĂa Lorena, cabalgando sin descanso.
Después cambiaron. Camila le ofreció su culo, y Kevin se lo metió todo mientras Lorena se sentaba en su cara.
—¡Mamá! ¡Me lo parte entero! —gritaba Camila—. ¡SĂ, asĂ! ¡RĂłmpeme el culo!
—¡Lámeme bien, cachorrito! ¡Quiero venirme en tu boca!
Y Ă©l lo hacĂa. Las dos lo montaban por turnos, lo mamaban entre besos, le pedĂan más leche, más fuerza, más lengua.
En un momento, ambas se pusieron en cuatro, una al lado de la otra.
—Ahora escoge… ¿A cuál quieres llenarle el culo?
Kevin no supo qué decir.
—¿No puedes decidir? —dijo Camila—. Entonces empieza con una… y termina con la otra.
Primero a Lorena, mientras Camila le chupaba las bolas. Luego a Camila, mientras Lorena le lamĂa los pezones.
Kevin acabĂł dentro de ambas, una tras otra, temblando, jadeando, con las piernas aflojadas.
Al terminar, ellas lo abrazaron, sudadas, sonrientes, satisfechas.
—Lo entrené bien, ¿no? —dijo Lorena.
—Una joya. Tenemos que repetir esto cada semana.
Kevin apenas podĂa hablar… pero sabĂa que su vida ya no serĂa igual.
Entre dos diosas, con leche para dar… y sed insaciable.

“Amor… necesito pedirte un favor especial. Mi amiga Camila está sola esta noche. Tiene 42, está caliente, recién separada y necesita algo… fuerte. Te va a estar esperando. Ya le hablé de ti. No la decepciones, mi semental.”
Kevin abrió los ojos, con una mezcla de sorpresa y calentura. Iba a coger con otra mujer madura… enviada por su propia sugar mami.
Media hora después, ya estaba duchado y en camino.
Camila vivĂa en un piso alto, en un apartamento elegante. Cuando abriĂł la puerta, Kevin se quedĂł helado.
Morena, curvas perfectas, vestido negro ajustado, sin sostén. Labios rojos, mirada peligrosa.
—Asà que tú eres el famoso Kevin… —dijo, con voz seductora y sonrisa perversa—. Lorena me advirtió que eras adictivo. Entra. Ya estoy mojada.
Lo guió directo al sillón y le sirvió una copa. Pero antes de que pudiera tomarla, Camila se subió sobre él y comenzó a frotarse contra su entrepierna.
—No quiero hablar. Quiero sentirte.
Lo desnudó como una experta. Sacó su pija y se lo mamó despacio, con técnica, jugando con la lengua en la punta, mientras le masajeaba las bolas con una mano suave.
—Tienes una pija perfecta… y está dura solo para mĂ. ÂżTe gusta coger mujeres mayores, Kevin?
—Mucho… —jadeó él—. Más si son como tú…
Camila se sentĂł en su cara ,tenĂa la concha mojada, depilada, suave, y se movĂa sobre su boca como si cabalgara su lengua.
—¡AsĂ! ¡Dame lengua, muchacho! ¡DemuĂ©strame que te entrenĂł bien!
Él la hizo venirse una vez… y otra. Luego ella se montó sobre su pija, empapada, gritándole con cada embestida:
—¡Dámela toda! ¡Me hace falta leche joven! ¡Hazme olvidar a mi ex, cabrón!
Kevin le agarrĂł las tetas grandes, se las chupĂł con fuerza mientras ella cabalgaba su pene y se deshacĂa arriba de Ă©l.
Luego vino el anal. Camila se lubricó con saliva, se agachó sobre él, y se lo fue metiendo lentamente en su culito caliente.
—SĂ… asĂ, Kevin… cogeme el culo… destroza esta puta.
Lo cabalgĂł salvaje, con los ojos cerrados, gritando obscenidades, mientras Ă©l se venĂa dentro, llenándola como su dueña lo habĂa entrenado.
Al terminar, Camila le limpió el sudor, le ofreció una ducha… y le entregó un sobre.
—AquĂ tienes… cortesĂa de una mujer agradecida. Y dile a Lorena que te envĂe más seguido.
Dentro habĂa 300 dĂłlares en efectivo… y una llave.
—La próxima vez no hace falta que toques la puerta. Entra directo. Y prepárate para que te exprima todo el finde.
Kevin salió del edificio con una sonrisa enorme… y la pija aún palpitando.

Era viernes por la noche cuando Kevin recibiĂł el mensaje.
“No hagas planes. Esta noche es nuestra. Ven sin ropa interior. Y prepárate para obedecer.”
La direcciĂłn era conocida. La casa de Lorena.
Al llegar, la puerta estaba entreabierta. La luz tenue. MĂşsica suave. Y al fondo, en el sillĂłn, Lorena y Camila, ambas en lencerĂa negra, piernas cruzadas, copas de vino en la mano… y miradas de cazadoras.
—Ahà está nuestro juguete —dijo Lorena, lamiéndose los labios.
—Nuestro semental favorito —añadió Camila—. Hoy no te vas a ir caminando, nene.
Kevin tragĂł saliva. Su pija ya estaba a punto de reventar en los pantalones.

Lorena se acercĂł, lo desnudĂł lentamente. Camila se arrodillĂł y le empezĂł a mamar la pija, mientras Lorena lo besaba, le acariciaba los pezones y le mordĂa el cuello.
—Vas a obedecer todo lo que pidamos —le susurró—. Vas a cogernos como las putas que somos. ¿Entendido?
—SĂ… —jadeĂł Kevin, temblando de anticipaciĂłn.
Camila se turnaba la mamada con Lorena. Ambas se pasaban la pija de boca a boca, como si fuera un postre. Lorena la escupĂa, Camila la lamĂa, se la metĂan hasta la garganta mientras se reĂan entre ellas.
—¿Te gusta cómo lo dejo brilloso, zorra?
—SĂ… pero yo me lo trago mejor.
Kevin no podĂa más. Pero entonces lo llevaron al sillĂłn… y empezĂł el juego real.
Camila se sentó en su cara, mientras Lorena se montaba en su pene. Una en su boca, otra en su pija. Gimiendo las dos, acariciándose las tetas entre ellas, frotándose, mojándose una a la otra.
—¡ChĂşpame el clĂtoris! —gritaba Camila—. ¡Hazme explotar!
—Cogeme más fuerte, amor! ¡Rompe esta concha! —gemĂa Lorena, cabalgando sin descanso.
Después cambiaron. Camila le ofreció su culo, y Kevin se lo metió todo mientras Lorena se sentaba en su cara.
—¡Mamá! ¡Me lo parte entero! —gritaba Camila—. ¡SĂ, asĂ! ¡RĂłmpeme el culo!
—¡Lámeme bien, cachorrito! ¡Quiero venirme en tu boca!
Y Ă©l lo hacĂa. Las dos lo montaban por turnos, lo mamaban entre besos, le pedĂan más leche, más fuerza, más lengua.
En un momento, ambas se pusieron en cuatro, una al lado de la otra.
—Ahora escoge… ¿A cuál quieres llenarle el culo?
Kevin no supo qué decir.
—¿No puedes decidir? —dijo Camila—. Entonces empieza con una… y termina con la otra.
Primero a Lorena, mientras Camila le chupaba las bolas. Luego a Camila, mientras Lorena le lamĂa los pezones.
Kevin acabĂł dentro de ambas, una tras otra, temblando, jadeando, con las piernas aflojadas.
Al terminar, ellas lo abrazaron, sudadas, sonrientes, satisfechas.
—Lo entrené bien, ¿no? —dijo Lorena.
—Una joya. Tenemos que repetir esto cada semana.
Kevin apenas podĂa hablar… pero sabĂa que su vida ya no serĂa igual.
Entre dos diosas, con leche para dar… y sed insaciable.
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