Viaje de jubilado a argentina 3

              Llegamos a casa de Corina, yo me encargué de las bolsas de la compra mientras Viviana entraba como un vendaval llamando a su nieto Javi, el crío ya la conocía bien y se reía al oírla moviendo los bracitos.
¿Cómo está mi bebito? Ha llegado tu abuela Viviana.  Lo tenía mi mujer en brazos y se lo pasó mientras Corina salía al recibidor para ayudarme.
Mamá no compres tanto de una vez porque pesan mucho las bolsas.
Hoy me he pasado un poco, me he distraído hablando con Pepe, no tienes idea lo simpático que es y un poco picarón, me ha dicho que le gustaban mis peras, me he quedado sorprendida pero luego me he dado cuenta que se refería a las peras que había echado al carrito de la compra, jajaja.
Mamá seguro que conociéndote habrás tardado en sacarle del error, jajaja.
Claro, hasta que ha dicho que le gustaban todas las peras, es muy gracioso. ¿ya has alimentado a tu hijo?
Todavía no, Elena me estaba ayudando a plegar la ropa que había planchado, Uf, si ya le toca se pasa el tiempo enseguida.
 
                             Mi nuera se sentó en el sillón que acostumbraba para dar el pecho al nieto, mientras que mi mujer iba a guardar la ropa recién planchada Corina se despasó la camisa, yo no quise quedarme mirando embobado y salí detrás de Elena, cuando volvimos estaba todavía mamando como siempre, con dos dedos presionaba el pezón exprimiéndolo, el niño seguía teniendo gana y Corina quiso cambiarse de lado para que siguiera con la otra teta, su madre le dijo...
 
Espera hija, te voy a limpiar el pecho un poco para que no te manches, no te lo guardes aún.
                             La chica quedó con las dos tetas fuera, mi mujer me miraba porque yo debía tener los ojos como platos y Viviana parecía no tener ninguna prisa en limpiarle el pezón, cuando lo hizo se aseguró de repasarlo perfectamente obligándolo a que se deformara con los dedos y se apreciara desde todos los ángulos la dureza que presentaba.
Mamá termina ya que Javi se va a dormir y se me van a enfriar las lolas.  Mi mujer preguntó sin malicia.
¿Has dicho las lolas?
Bueno sí, quería decir las tetas, ¡ah! es que también se llaman lolas a las tetas.
Uf, que complicado, nosotros Lola le llamamos a las chicas que se llaman Dolores, es un diminutivo, ya sé otra cosa, jajaja.
 
                             Yo me reí sin ganas porque estaba mirando como Viviana se ajustaba la parte de arriba del vestido tensando la tela para que se le notaran sus lolas sueltas.
 
Bueno yo me voy, ya es tarde y no quiero ir sola por ahí.
Por eso no te preocupes, yo te acompaño, no soy buen guardaespaldas pero por lo menos te hago compañía.
Gracias Pepe pero voy en coche y no me pasará nada.
Por lo menos te acompaño hasta el coche, no me perdonaría que te dieran un susto.
Como quieras Pepe.
                             Mi mujer me miraba con el entrecejo fruncido, tanta amabilidad le mosqueaba pero Corina la tranquilizó.
Que amable es Pepe, se hace con todo el mundo, mi madre siempre es muy reservada pero le gustan las personas abiertas.
Sí, eso me parecía a mí. 
 
                             Le abrí la puerta del ascensor y la dejé pasar galantemente, pero en vez de pulsar el botón de bajar
le di al de subir al último.
 
Pepe ¡si vamos hacia abajo!
¡Oh! perdón no me he fijado al pulsar, bueno pero no lo siento, así igual nos podemos despedir debidamente.
 
                             Mis manos ya iban derecho a sus tetas sobre la ropa pero la mujer puso las suyas como un muro frente a mí.
 
Mmm… Quieto Pepe, quieto, no seas tan impetuoso, que yo soy muy vergonzosa.
Sí ya lo había notado, sólo era por si se balanceaba el ascensor.
Aunque antes hayamos hablado un poco en confianza era todo de broma, tu sabes… 
 
                             Me quedé perplejo, yo que ya me relamía de momento me había parado los pies en seco, de todas formas quise quemar el último cartucho y cuando le abrí la puerta en la planta baja le dejé el hueco justo para que saliera poniéndole los morritos para que me diera un piquito, Viviana se escurrió entre mis brazos y salió a pasó rápido hasta el coche, aunque la seguí ya había perdido la oportunidad.  Cuando subí a casa llevaba un humor de perros porque no acababa de entender los “histeriqueos” de algunas mujeres y sus “vueltas”, como si les costara tanto decir sencillamente un SI o un NO. Corina me miró de reojo mientras se guardaba la segunda teta casi vacía.
 
Mi madre es muy especial pero tiene sus cosas… 
 
                             Me propuse que no me afectara nada y al poco rato ya no me acordaba del incidente y jugaba con mi nieto. 
                             Al día siguiente volvió mi consuegra, yo no le demostré ningún reparo y ella tampoco, era como si no hubiera pasado nada.
 
Elena ¿por qué no salimos de compras? Así te enseñaré el barrio y si vemos alguna cosa bonita la compramos. 
 
                             A mi mujer no le pareció mala idea, por una parte ya estaba encerrada varios días en casa y por otra le apetecía ir de escaparates.
 
Pepe ¿habías pensado en salir?, te podía quedar acompañando a Corina y a Javi, no tardaremos mucho.
 
                             La verdad es que no tenía mucho interés en salir, el día estaba gris y hacía fresco del río, me puse cerca de la ventana y con la prensa del día anterior me puse a hacer crucigramas.  El niño dormía en su cuna y Corina estaba en su habitación, la tranquilidad era absoluta hasta que de pronto los gritos de Corina me hicieron saltar de la silla, no sabía dónde estaba ni de donde salían sus sollozos, abría y cerraba las habitaciones sin encontrarla por lo que me metí en su habitación, respiré hondo cuando vi a Javi durmiendo plácidamente en su cuna pero el llanto seguía con fuerza, ya me iba otra vez al comedor para empezar de nuevo la búsqueda cuando Corina salió del baño de su habitación, salía pálida con las manos en la cara, iba desesperada y no contestaba a mis preguntas.
 
¿Qué te pasa Corina, estás mal, llamo al médico, te preparo algo? 
 
                             La chica no contestaba nada, sólo lloraba y lloraba, la acompañe al salón y la senté en el sofá, me puse a su lado y le cogí la mano para que se serenara y me contara algo que debía ser grave sin duda.
 
Me muero, me voy a morir.
¿Qué dices, cómo que te mueres?, eso es imposible.
Sí, me voy a morir desangrada, mira. 
 
                             Abrió la mano y me enseñó la palma ensangrentada, no era mucho pero me alarmé, por un segundo imaginé de todo pero sobre todo lo inútil que era yo para tomar decisiones, no sabía nada de emergencias ni de hospitales ni de taxis, nada de nada, sólo procuré saber algo más y le insistí que me contara algo pero sólo negaba con la cabeza y lloraba, le tuve que coger las manos, la sangre que tenía era reciente y no era de ninguna herida, le miré las muñecas, qué se yo, me pasó de todo por la cabeza pero no se le notaba nada, cuando se serenó un poco con un hilo de voz me dijo.
 
Pepe ¿puedo confiar en ti?
Claro chiquilla, lo que quieras, sabes que sí, dime qué te pasa.
Estoy sangrando.
¿Cómo que estás sangrando, te has herido?
No estoy sangrando por… abajo.
¿…?
Por la vagina, me estoy desangrando.
                             Salté asustado pero pronto me repuse, la sangre que veía no era para desangrarse y quise saber más.
¿Y cómo lo sabes? No te veo mucha sangre,¿puedo verlo? 
 
Abrió las piernas sólo lo justo hasta los muslos, no tenía rastro de sangre por lo que me tranquilicé bastante.
 
A ver Corina, cuéntame ¿cómo lo has notado?
Pues al ir al servicio me he limpiado y me he llenado la mano de sangre.
¿Pero sólo te ha salido ésta sangre?
Sí, de momento sólo ésta pero seguro que me saldrá más.
Yo creo que no debe ser nada pero deberías vértelo, te traigo un espejo.
No, es igual si quieres me lo miras tú, aunque me da mucha vergüenza.
Como quieras, yo no entiendo nada de estas cosas pero por lo menos veré de donde sale la sangre. 
 
                             Corina se tumbó en el sofá cara a la ventana para que le diera la luz y levantó su falda hasta los muslos, a media pierna aparecieron las bragas que no se había colocado con el susto, cruzó las manos para taparse juntando las piernas pero la miré y comprendió que era preciso abrirlas y cuanto más mejor, sin mirarme terminó de quitárselas y poco a poco fue separando las rodillas.
                             Mi mirada iba de las rodillas hacia arriba, no me fijaba en los hermosos muslos que tenía Corina, lo moreno de su piel y la redondez las hacía interminables hasta que se juntaron en un triángulo en el que el vello negro de un milímetro de longitud apenas cubría los labios, estaba creciendo después de la depilación del parto. Ella misma se subió la falda detrás de la cintura, no quería mancharse de sangre y con los ojos cerrados fue abriendo las rodillas, yo en un principio miraba de soslayo pero como no vi sangre me tuve que fijar, seguí mirando hasta que tuvo las piernas completamente abiertas, el coño abierto como un libro no denunciaba ninguna hemorragia como decía pero por la insistencia que me urgía tuve que meter la cabeza ente las piernas, ella se abrió los labios y entonces vi el problema, le habían dado tres puntos de sutura en la vagina, seguramente para facilitar el paso de Javi y uno de los puntos se veía un poco irritado, con una gasa toqué y comprobé que manchaba un poco de rojo. Ya suspiré más tranquilo y le enseñé la gasa manchada pero ella dudaba por lo que tuve que repasar todos los puntos para demostrárselo. La chica se encogía cuando le tocaba, pensé que le hacía daño pero cuando le pasé la gasa por el lado del clítoris dio otra encogida más fuerte y suspiró, yo creí que me iba a reñir pero al contrario separó los labios y me dijo…
Por favor Pepe, límpiame bien, asegúrate de que no tenga más heridas.
                             Ya en la gasa no se manchaba de nada por lo que la dejé a un lado y con los dedos repasé los pliegues uno a uno, las piernas de Corina casi a 90º de separación se elevaban buscando mi mano, ya la limpieza pasó a presionar con dos dedos el clítoris despojándolo de la piel protectora y brillaba de dureza, por la vagina empezaba a rezumar flujos pero no me atrevía a hurgar en ella para evitar cualquier infección. Ya no sabía qué hacer más sin que se notara mi intención, sólo le dije.
Bueno, yo creo que no hay más herida, lo único que puedo hacer es la cura que le hacía a tu marido cuando se caía y venia llorando para que le curara algún arañazo.
Pues házmelo también a mí, quiero curarme pronto.
Yo te lo hago pero no te aseguro que la cura sea rápida.
Lo que sea Pepe.
 
                             Bajé la cabeza más hasta meterla entre sus muslos, cuando ya notaba el calor del coño saqué la lengua y desde el culo hasta el clítoris la pasé lentamente todo lo ancha que pude.
 
“Cura sana, cura sana, si no se cura hoy se curará mañana.”
¿Ya está?
Si, si quieres te la vuelvo a curar.
Será mejor que vuelvas otra vez, las veces que haga falta. 
 
                             Ya sin prisa me entretuve más, a mi disposición el coño abierto de Corina, comprobé que el punto sospechoso debía haber sido un leve roce y con la lengua los fui tanteando uno a uno, como no noté signos de dolor sino todo lo contrario puse la lengua en punta y la fui introduciendo en la vagina, seguramente en cuarentena todavía, un sabor dulce tibio y sedoso me salió al paso, la chica elevaba el culo buscando mi lengua y yo le hacía esperar, el culo se cerraba y abría instintivamente mientras la lengua subía hacia el clítoris y al rodearlo cerró las piernas de golpe sujetando la cabeza para que no la sacara, estuve chupando y lamiendo sin parar a la vez que mi dedo buscaba entre sus nalgas, no ofreció mucha resistencia y pudo entrar hasta la segunda falange, cuando se corrió lo hizo como una explosión, de momento abrió las piernas pero me sujetó la cabeza para que no la separara del coño, la acompañé en sus convulsiones hasta que quedó exhausta, cuando pude levantar la cabeza me toqué los labios, temía tenerlos llenos de sangre pero lo único que tenía era flujos blancos espumosos.
 
Ay, Pepe no sé cómo ha podido pasar, me da mucha vergüenza, a saber que pensarás de mí, la mujer de tu hijo, la madre de tu nieto…
Sólo puedo pensar es que estás muy buena Corina y que me ha gustado mucho y que me gustaría repetir.
Oh, no me digas eso, si se enterara Elena o mi madre.
No te preocupes, no tengo intención de contarlo.
Me fio de ti, sé que eres un caballero.
De eso puedes estar segura Corina y me alegro que no sea nada lo de tu susto.
Gracias, lo he pasado muy mal.
Yo también… al principio solamente.
                             La chica desapareció otra vez en su habitación, el pequeño parecía que gimoteaba y fue a atenderlo, cuando salió con él en brazos Javi iba sonriendo ya, me gustaba su actitud, estaba siempre contento excepto cuando tenía hambre o iba sucio, claro que no tenía otro modo de expresarse, en esta ocasión parecía que estaba claro, eran las dos cosas. Corina me lo dejó en los brazos mientras preparaba los pañales para cambiarlo, yo lo entretuve como pude pero Javi no entendía de romances a la hora de comer, le hice todas las monerías que sabía y más pero fue cuando su madre lo tendió en una toalla para cambiarlo cuando comprendió que le había llegado su hora preferida. Cuando vi el motivo de la desazón comprendí que comía muy bien, lo justificaba el peso del pañal sucio yo procuraba ayudar sujetándole las piernecitas pero cuando su madre le estaba limpiando la ingle con una esponja nos roció con una meada en vertical que nos mojó a los dos, nos reímos por la ocurrencia del peque y cuando volvimos a la tarea vimos que la pilila de Javi había tenido una transformación notable, le había crecido el doble de su tamaño habitual.
Vaya, parece que Javi ya quiere presumir de machote.
Si y si crece como su padre…
Su padre imitó al suyo… o casi.
Jajaja ¿qué me quieres decir Pepe, que es herencia familiar?
La mejor que puedo darle, jajaja.
Me gusta ser beneficiaria de ella. 
                             El niño parecía que entendía lo que hablábamos porque levantó el culito y aún nos mostró más el tamaño que lucía ya. Se sentía contento, limpio y aseado olía muy bien pero todavía reclamaba lo más importante y su madre lo sabía, se sentó en el sillón acostumbrado y simplemente se abrió la blusa que llevaba y bajó los tirantes del sujetador.
 
Espero que no te importe, es que estoy muy incómoda con una teta afuera y la otra presionada… uf que delicia.
No te preocupes me encanta ver… como Javi disfruta de ellas.
Si supieras el efecto que hace cuando me chupa, parece mentira que con esa boquita pueda succionar tanto.
Es un niño aplicado, cuando sea mayor será un maestro en chupar tetas.
¿También es herencia?
Procuraré dejarle lo mejor de mí, ya le iré enseñando alguna de mis habilidades.
No lo dudo, si atiende a tus consejos será médico por lo menos, me has curado muy bien.
¡Qué va! Sólo ha sido una pequeña demostración.
Pues cuando hagas una gran cirugía, ¿qué será?
Imagina, además las hago sin anestesia, jajaja.
Por supuesto, tendrás muchas pacientes.
No lo creas, ya me he cortado la coleta como los toreros, te lo confirmará Elena.
Mmm, creo que depende mucho de la ocasión y… de la paciente.
No sé, me gustaría comprobarlo.
Quién sabe, la vida da muchas vueltas.
Pues si no se da prisa… llegará tarde.
No digas eso Pepe tienes mucha vida por delante y muchas peras que comerte aún.
Ya veremos qué clase de peras, las tuyas o las mías.
Espero que sean de las mías.
                             El niño no había dejado de chupar mientras hablábamos, se había cambiado de teta sin haber vaciado la primera por lo que seguía mamando leche de su pezón, mis ojos se quedaban pegados al hilillo de leche que se escurría por la areola hasta el estómago de Corina, me miró y sin decir nada me alargó una gasa. Se recolocó al niño dejando la teta vacante libre y se retiró la ropa para no mancharse, me senté a su lado y con sumo cuidado fui limpiando desde abajo hacia arriba la leche que se escurría lentamente, me acerqué la gasa a la boca y la chupé, la chica me miró con ojos maternales y cogiendo la teta con dos dedos la presionó y la levantó hacia mí ofreciéndomela. Mi cabeza bajó hasta ella sin dejar de mirar a los ojos de Corina, me sonreía y cuando mis labios rodearon la areola completamente cerró los ojos suspirando, cuando aspiré se me llenó la boca con toda la areola y el pezón tocándome el paladar, un chorro de leche me daba en la campanilla y la tragaba según me llenaba la boca, cuando con la lengua rodeaba el duro botón Corina gemía.
Mmm, que sensación sentir como me maman de las dos tetas a la vez, siento vaciarme por completo aunque no son las mismas bocas, la de mi hijo es constante, un chupar y tragar, la tuya es disfrutar con la leche, el pezón y la teta entera, con la lengua me haces vibrar, me noto mojada y sé que no es sangre como antes.
Me alegro que te guste mi forma de mamar, aún con prisas lo he gozado y tengo que confesar que me ha corrido la sangre por las venas como hace tiempo.
Tú ves, todo está en la cabeza.
¿A qué cabeza te refieres?
Jajaja, a la de pensar, la otra no piensa, sólo actúa. 
 
                             No tardó en oírse la puerta de la calle, las voces de las dos abuelas se mezclaban queriendo hacerse oír al mismo tiempo.
 
Ya estamos aquí...
¿Cómo está mí… nuestro nietito?
                             Cuando pasaron al salón yo ya me había sentado en la silla leyendo el periódico, Corina se había cubierto con una solapa de la blusa el pecho que yo acababa de vaciar y el niño se había quedado dormido con la boca medio abierta llena de leche, al lado del pezón mojado.
¿Cómo se ha portado el chiquitín?
Muy bien ahí lo ves, lo ha cambiado, ha mamado y se ha quedado como un ángel, apenas ha llorado.
Y tú ¿te has aburrido?
Que va, aquí me tienes todo el rato leyendo el periódico.
Pues ya te lo debes haber leído del todo porque lo tienes al revés.
 
                             Me di cuenta y lo giré rápidamente, mi mujer me miró con aparente enfado pero luego moviendo la cabeza se metió en nuestra habitación.
 
Ay, Pepe, Pepe, si no te conociera…
¿Quieres ver lo que hemos comprado Pepe?
Claro Viviana, enséñamelo.
Cuando venga tu mujer, no quiero que piense que te estoy haciendo los dientes largos…
¡Ah! ya te está preguntando por las compras, es muy curioso, enséñale, enséñale que se le va a hacer la boca agua.
Mira me he comprado una camisa casi trasparente y unos pantalones de pitillo ¡ah! y… unas braguitas muy monas, bueno dos unas negras y otras blancas, como soy morena…
¿Tú eres morena? Si te creía rubia.
Bueno soy rubia de bote, te podría demostrar que soy morena de origen, pero a Elena igual no le gustaría.
¿A mí? Ya son muchos años juntos y ya hemos tirado la toalla.
Bueno pues si te vale que te lo asegure…
Te creo si me cuentas si te haces la permanente o te peinas a lo garçon.
Mucho quieres saber, sólo te diré que no puedo peinarme nada.
                             Elena me miró y sonrió como diciéndome ¡jódete!, pero a mí no me disgustó la información. Mi mujer también se había comprado un conjunto de sujetador y braga pero ya no la miré con la misma atención, sabía de su preferencia por la comodidad y simplemente le di mi aprobación. Ya sin compromisos por la tarde salí un rato, le di una vuelta a la manzana y poco a poco iba ampliando mis horizontes, me senté en una cafetería y pedí un café, tuve que especificar que lo quería expreso y francamente me acertaron el gusto, tenía mucha crema y decidí degustarlo sin prisa. Sentado en la terraza de la acera veía pasar a la gente, no paseaba casi nadie, con la poca densidad de población se podía andar y circular sin problemas y lo más importante, no había escasez de aparcamientos para los coches, por la calle Cuenca arriba y abajo tenía tema para ver cosas, ya dominaba un poco más el teléfono y fotografiaba lo que me llamaba la atención, había visto una publicidad en un periódico de un restaurante que habían montado en un vagón de tren, según el mapa estaba un poco más hacia el norte, dentro del mismo barrio, otro día iría sólo por verlo pero ahora giré hacia el sur, me sorprendió que hubiera una avenida por la que circulaban los trenes, con su estación y todo parecía que era una forma de viajar rápida hacia el centro, tomé nota para las próximas incursiones. 
                             Nada más cruzar la vías creo que por la estación Villa del Parque de la línea de San Martín, vi que estaba cambiando de barrio o villa como se dice por acá (ya se me pega algo) y me aventuré, las calles eran poco más o menos, lo que sí que noté que la gente era diferente, parecía más habladora y cercana, me decidí y tomando referencias me aventuré por las calles, todas tenían nombres conocidos aunque reconozco que acostumbran demasiado a mi gusto en poner nombre de fechas y militares, en España pasa igual, preferiría dedicar calles a personajes universales o a ciudades o cosas imperecederas o tan elementales como en Nueva York que ponen números, sería más fácil pero con la cantidad de calles que hay, los números serían al cuadrado, jajaja.
                             Ya el sol iba perdiendo fuerza cuando me encontré un jardín o plaza, la verdad es que se agradecía sentarse bajo los árboles, quise ubicarme en el mapa del móvil y me situó en la plaza Aristóbulo el Valle y es que el barrio se llamaba Villa del Parque, qué casualidad, la estampa se repetía como en todos lados, los hombres chupando de la pajita del vasito, se pasaban las horas removiendo y añadiendo el agua que llevaban en un termo, me recordaba a los reportajes que había visto también de otros países limítrofes, recordé que se llamaba mate, me senté al lado de un señor, parecía jubilado como yo y al momento entablamos conversación al notar mi acento, el hombre hablaba con una tranquilidad pasmosa, sin duda era un filósofo pues casi todas sus frases eran sentencias, cómo diríamos en España “no daba puntada sin hilo”, decía…
“Un banco de Plaza te deja disfrutar de un Cielo poblado de Estrellas y de tu propio silencio, aún a pesar del ruido que la Ciudad te impone”. 
 
                             U otras parrafadas como...
 
“El día es esfuerzo y supervivencia y que la verdadera vida se goza y se sufre en la noche”
 
                             Me quedé impactado por la profundidad de sus palabra a la vez que daba migajas de pan que sacaba de su bolsa a los pajarillos que acudían sin duda al reconocerle, me quedé un rato con él, me tenía hipnotizado con su charla, se me pasó la tarde en un vuelo y cuando se marchó con paso lento con la bolsa que parecía que era lo único que tenía en el mundo me di cuenta de lo bien arreglado y limpio que vestía, de ninguna forma era un mendigo, solamente vivía como le gustaba. Cuando lo perdí de vista a lo lejos me dio sensación de soledad, me habían impactado sus palabras y no tuve más remedio que irme también parecía que el parque se había quedado vacío al marcharse el viejo.
                             Cuando llegué a casa mi consuegra ya se había ido, Elena me contó luego que le gustaba mucho hablar y preguntar por todo en las tiendas, me imaginé a las dos, porque a mi mujer no se la llevaba el aire… Por la mañana mi hijo salió a su primer viaje con el nuevo cargo, la noche anterior habíamos ido a cenar afuera, estaba eufórico por una parte pues iba a ganar bastante más dinero aunque la experiencia me decía que a veces el dinero no es todo, la comodidad de estar en casa con los tuyos… pero también comprendía que eso a la edad de mi hijo era lo mejor que le podía pasar y debía aprovecharlo, tiempo habría para la comodidad.
Esta noche os voy a invitar a una cena especial, iremos a un restaurante donde hacen un plato con el que han ganado varios premios. ¿habéis comido Milanesas?
 
Uf, claro hijo, tu madre la guisa muchas veces, arroz a la milanesa, aunque a mí me va más la paella o el arroz al horno y por la noche…
No, no, nada de eso, la milanesa es un plato distinto ya veréis, será una sorpresa, el restaurante está aquí cerca y es espectacular.
Si tú lo dices, lo único que puede pasar es que al llegar a casa me como un bocadillo.
Jajaja, ya verás papá, te vas a sorprender. 
 
El restaurante era bastante acogedor, con ambiente casero, las mesas unidas por lo que facilitaba la conversación y en las paredes colgados los premios que habían merecido con su plato estrella. Cuando trajeron un plato inmenso pensé que tendríamos que hacer esfuerzos para comer todo lo que allí había, era mucha cantidad y mucha variedad, mi hijo me miraba igual que Corina expectante, cuando vino el camarero con otro plato igual para mí no me lo creía pero es que a los demás les trajeron otros semejantes, sólo se salvó Javi y me alegré mucho por él. Javier y Corina se reían y miraban mi reacción, yo soplaba nada más pensar cómo me iba a comer esta cantidad, se me iban los ojos detrás pero no podía quedar en evidencia, me decidí a llegar hasta donde pudiera y le dije al camarero que estaba en la barra…
 
Camarero por favor, ¡una jarra de cerveza!  Mi mujer espantada sólo me decía…
Pepe no seas bruto, ya sabes que después te sienta mal, nos comeremos el mío entre los dos.
Quita, quita, esto hay que intentarlo por lo menos. 
 
                             Mis buenas intenciones no pudieron estar a la altura y cuando ya estaba lleno hasta el cuello tuve que renunciar.
 
¿Te rindes? Porque aún te falta el postre papá.
Uf, no sé donde lo voy a meter, luego pediré un chupito de hierbas y si hay orujo gallego estupendo.
                             Cuando salimos la puerta me venía pequeña, Elena no dejaba de reprocharme que me hubiera pasado mucho, me había comido dos terceras partes y estaba a reventar, la noche era bastante tranquila y decidimos dar un paseo hacia casa, Corina tiraba del cochecito de Javi y yo iba pegado a mi hijo que me pasaba el brazo por el hombro.
¿Qué tal papá, has cenado bien o vamos a un burguer a hacer el resopón?
No te burles de este viejo, a tu edad me hubiera comidos dos de estos. Jajaja.
Huuuuu, mentiroso, Pepe que te conozco muchos años, te gusta presumir demasiado. 
 
                             El paseo nos vino muy bien, los demás también iban cargados y Javier estuvo orientándome.
 
¿Ves papá? Al final de esta calle está la Avenida San Martin, si la sigues llegarás al monumento al Cid que te dije y cerca de allí al Parque del Centenario donde está el museo.
Pero si me dijiste que estaba en la misma calle Cuenca.
Bueno, más o menos, no creí que quisieras ir.
Claro que voy a ir, mañana mismo.
Puedes ir con el colectivo así no te cansas o caminas un rato y al volver vienes descansado.
Ya veremos, ya te contaré.
                             Por la mañana me preparé pronto, pensaba desayunar en alguna cafetería tranquilamente pero cuando iba a salir de casa…
¿Dónde vas Pepe?
Voy a dar una vuelta a ver el museo.
De eso nada, ¿no te acuerdas que tenemos que ir a que le hagan una revisión a Javi?
¿Y?
Pues que hoy viene la chica que limpia y tienes que esperarla, ya irás otro día.
 
                             Brrrrg, me lo temía, me puse con un periódico para hacer los crucigramas, a la hora o así llamaron desde abajo.
 
Buenos días soy Carla.
Hola Carla, te abro. 
 
                             Esperé a que llegara el ascensor y le abrí, la chica me pareció tan delgada de frente como de espaldas el primer día que la vi, de cara no era muy guapa pero tenía algo que atraía la mirada, se le notaba una personalidad especial.
 
Buenos días Carla, soy Pepe el padre de Javier, hemos venido mi mujer y yo desde España para ver a mis hijos y al bebé.
Hola, ya me lo habían dicho, encantada, yo vengo entre semana para limpiar la casa, hoy tengo previsto descolgar las cortinas para lavarlas.
Ah, muy bien pues yo estaré leyendo el periódico en el salón, hace un sol estupendo, si te hago falta en algo…
Gracias ya me arreglo yo. 
 
                             La chica se organizó, sabía dónde estaba todo y no le hacía falta para nada, yo oía el ruido de la escalera por los cuartos, en el de mis hijos se oyó un estruendo seguido de los lamentos y chillidos de Carla.
 
¡Socorro, ayúdeme señor Pepe!
                             Salté de la silla y la busqué, la escena si no fuera seria era para mondarse de risa, la chica cogida a la barra de la cortina con la escalera casi plegada y apoyada peligrosamente en una pared.
¿Qué ha pasado Carla?
Me he alargado más de la cuenta y la escalera se ha plegado.
Pues has tenido suerte porque el seguro se ha estropeado un poco.
 
                             Procuré sujetar la escalera hasta que hizo pié seguro, cuando apoyó los pies ya sonrió.
 
Gracias señor Pepe si no llega a estar usted me habría roto una pierna.
Tranquila, déjalo por hoy que yo procuraré arreglar la escalera, no está muy mal.
Uy, pues hoy es preciso que lo termine y las ponga a lavar porque ya lo tenía que haber hecho la semana pasada.
Lo que quieras pero la escalera no es segura.
¿Y si la sujeta usted no podré acabar de descolgarlas?
Lo podemos probar, sube a ver. 
 
                             Carla subió con todo cuidado mientras yo aguantaba firmemente la escalera, ella también tenía cuidado y poco a poco las fue descolgando.
                             Por prudencia evité mirar hacia arriba, tenía sus rodillas a altura de los ojos pero no quise que se sintiera incómoda y mirándole a la cara le daba conversación.
¿Así que vienes varias veces a la semana?
Sí, tres veces.
¿Y vives cerca?
No mucho, bueno usted no sabrá, por la Avda. San Martín.
Vaya que casualidad, hoy precisamente quería ir a ver el museo que hay en el Parque del Centenario.
Ah sí, pues yo vivo bastante cerca, desde mi casa se ve.
Mañana intentaré ir, ¿qué autobús tengo que coger?
Jajaja, cuidado señor Pepe, no se dice autobús, se dice colectivo y menos se dice coger… eso no se lo digo.
Vaya si tengo que aprender, ¿y vives con tu familia?
No, estoy estudiando, vivo en una habitación alquilada para estudiantes.
Ah claro eres muy joven pero baja y descansa, con los brazos levantados te vas a cansar, estás toda sudada ya.
Es cierto, ya tengo las axilas mojadas y eso que no me depilo.
Pues no me había dado cuenta -mentí- ¿qué?, ¿es moda ahora?
Todo lo contrario, no me gusta que me digan como tengo que ir, no me depilo nada.
¿Ni las piernas?
Bueno tengo suerte que no tengo vello por las piernas pero en el resto del cuerpo…
No te preocupes, tú debes ir como te sientas mejor.
Sí eso hago aunque me critican todos, como soy castaña se me nota mucho.
                             Ante la explicación no pude contener la curiosidad y cuando se alargaba a descolgar los últimos ganchos miré entre las piernas separadas, si no lo hubiera visto no lo habría creído nunca, efectivamente en las piernas ni en los muslos no tenía pelos pero entre los muslos se le notaba un bulto bajo las bragas blancas como si llevara un pañal como mi nieto, para mayor confirmación por el elástico de los camales le sobresalían unos rizos por toda la ingle. La visión me impactó sobremanera, no sabía de nadie y menos a esa edad que prefiriera llevar esa melena, no debía haberla recortado nunca y crecía salvaje. Cuando bajó me fijé más de cerca, no tenía vello ni en los brazos ni en el rostro, era un caso raro y por suerte lo podía llevar discretamente, por las axilas sí que se observaba el pincel que asomaba por cada lado.
Gracias señor Pepe, le agradezco que me haya ayudado, me gusta su conversación, normalmente con todos los que hablo siempre se van al mismo tema.
¿A qué tema?
Al sexo o a el vello sin depilar.
¡Qué falta de tacto, a mí no se me ocurriría hablar de eso nunca?
Gracias señor Pepe, lo cierto es que tengo demasiado pelo pero, a mí me gusta.
¿Sabes un secreto? A mí siempre me han gustado las chicas sin depilar, las hace más sensuales, más naturales.
¿De verdad?, nunca me habían dicho eso, todos me dicen burradas.
Que brutos, que falta de sensibilidad, con lo bonito que es una mujer con un pubis bien poblado de rizos y unas axilas sedosas…
Uy, que manera de verlo, me gusta pero yo es que tengo mucho y en más sitios.
¿En más?, si en las piernas no tienes ni en los brazos…
Si… pero me da vergüenza decírselo…
Si no quieres que yo lo sepa… me parece bien pero te diré que soy muy discreto.
Eso me parecía, se lo diré… tengo bastantes pelos en las areolas de los pezones.
¡Ah!, no será para tanto, uno o dos pelillos es normal sobre todo en las morenas.
No, no, uno o dos no, tengo todas las areolas rodeadas de vello largo y no sólo eso, en más sitios…
¿Más?
Si, más, desde el ombligo hacia abajo hasta el pubis tengo una carrera de hormigas.
Jajaja que gracia, dos o tres hormigas…
No una verdadera procesión de hormigas y negras…
Jajaja, qué exagerada.
Y más…
¿Más aún?
Si cuando se debían terminar en la ingle mis pelos continúan hasta la rabadilla.
Nada… un poco de vello es normal.
Parece un cepillo, de verdad.
Bueno un triangulito en la pelvis es muy sexi no pasa nada.
Yo no tengo un triangulito, me llega casi hasta el ombligo y a las caderas.
Eso era una alfombra pues o mejor, un felpudo de puerta… que maravilla.
¿Le gusta de verdad?
Me encanta, pero no creo que sea tanto, creo que exageras para engañarme.
De verdad que no, ¿quiere verlo?
Como quieras pero no será tanto.
                             La chica se levanto la camiseta, llevaba un sujetador negro que pese a su poco pecho abultaba bastante.
Llevo una talla de sujetador más grande y preformado para que no se marque. 
 
                             Con un poco de pudor dudó si bajar el tirante sólo o soltar el cierre de detrás, mi corazón iba acelerado, no esperaba ver unas grandes tetas pero sí especiales, cuando se cogió las dos copas con las manos y se decidió a bajárselas a la vez, se me paró el corazón, apenas tenía un puñado de teta pero los pezones le sobresalían como ciruelas y con el color claro y rodeados de vello negro largo y un poco rizado los hacía muy apetecibles, me imaginaba el efecto que harían en mi paladar aquellos pezones sin depilar, sólo me atreví a repasar los pelillos con los dedos cómo peinándolos a la vez que le apretaba los pezones con dos dedos.
Maravillosas, tienes unas peras maravillosas, a quien no les guste no las merece, tengo que confesarte que siempre he soñado con unas tetas tan adornadas y si todo lo demás es igual como dices.
Claro, no le engaño, mire aquí abajo. 
 
                             La chica se separó la falda de la cintura y un poco las bragas blancas que ya había visto, por encima de la cintura le llegaba la masa de rizos, las bragas no podía contener tanto vello y quedaban holgadas sobre el pubis. Ya no me atreví a meter la mano por debajo, no había espacio para maniobrar y no me quise exponer a perder terreno y haciendo un esfuerzo cambié de conversación.
 
¿Y qué estudias Carla?
Estoy estudiando diseño gráfico pero no me va muy bien, no saco buenas notas.
¿De verdad?, yo trabajaba en un estudio con el Photoshop y el Freehand y hasta el Quarq Xpress, me dedicaba a la maquetación de catálogos.
¿Sí? Pues esos programas son los que yo estudio, bueno algunos y no me aclaro con las imágenes, ¿si tengo dudas le podría preguntar?
Claro lo que haga falta, vamos si me acuerdo porque hace unos años que me jubilé.
¿Por qué no hacemos una cosa?… si algún día pasa cerca del museo, ¿podría venir a mi casa y explicarme algo?
Bueno, no sé… pero por ti… me has caído bien, me has demostrado mucha confianza y creo que podría ir algún día pero no se deben enterar aquí porque como hemos venido a cuidar al nieto…
Claro, claro, sería un secreto entre los dos.
Por cierto, ¿qué edad tienes?
Cumplí 19 hace dos meses, ¿por qué?
No, por nada, es que pareces más joven.
Sí es que como tengo tan poquito de mujer…
¿Qué dices? Si tienes un cuerpo precioso, a mi me gustas así las mujeres, bueno me gustan de todas formas pero tú tienes algo angelical.
Será porque aún soy virgen.
No es posible, ¿una chica tan preciosa y a tus años y no ha habido ningún hombre en tu vida?
Se lo juro, desde niña todos me han rechazado, era un poco rarita y ahora con mi forma de pensar aún menos, he oído que les doy… reparo con mis pelos…
No será para tanto, hay mucha gente que no se depila, yo nunca lo he hecho y ahora la mayoría de los chicos lo hacen por moda…
Pero es que yo tengo mucho, ¿te has fijado bien?
                             Carla se levantó la falda y me enseñó las bragas, eran horribles de feas pero a mi gesto me explicó que estaba obligada a comprárselas así para cubrir toda la melena, le salían mechones de pelo por la cintura y las ingles y se extendían por los muslos un poco.
Bueno no es nada que no se pueda arreglar, sólo se necesita un poco de atención y voluntad.
Si yo voluntad tengo pero no sé qué hacer.
Ahora no es buen momento pero si algún día coincidimos te prometo que le daremos una solución que te guste.
Pero no me depilará, ¿verdad?
Claro que no, es tu personalidad y no debes cambiarla por lo que digan los demás.
Es usted muy comprensivo señor Pepe y… ¿No podría hacer algo de momento?
No sé, aquí no tengo nada y no sé donde están las cosas.
¡Qué le haría falta?
De momento un peine y unas tijeras o una maquinilla de afeitar.
Pero no me va a afeitar ¿verdad?
No Carla no, sólo recortar las puntas. 
 
                             La chica desapareció como un ensalmo y al momento traía lo que le había pedido además de una toalla.
                             Se sentó en el sofá y se quedó dudando pero de momento tomó la decisión y se bajó las bragas a los tobillos y se las quitó con los pies. La impresión que me había dado antes no fue nada con la de ahora, era como si hubiera cambiado de color de bragas sólo que parecían de astracán, podía ir a la playa tranquilamente que nadie se fijaría en ella. Acerqué una silla frente a ella y le dije que pusiera un pie en cada lado, el efecto no cambió para nada, el vello enredado desde hacía mucho no dejaba ver nada, mi primera operación fue peinar la melena hacia abajo, el peine no se deslizaba por los nudos que llevaba pero poco a poco fui poniendo orden, ya con el pelo ordenado le hice una raya al medio y separé en dos la cabellera. Carla miraba con atención lo que hacía admirada y extrañada de cómo no se le había ocurrido esto a ella antes. Cuando separé la segunda mitad hacia un lado aparecieron los labios rosados, el corazón me empezó a latir fuerte, tiré de las caderas de Carla hacia el canto del sofá y abrió todavía más las piernas, seguí peinando y separando en una raya perfecta guiado por los labios que se iban abriendo al paso del peine, el clítoris virgen como ella aparecía palpitante pero continué dejando a cada lado los mechones de pelo sedoso, cuando llegué a los labios menores se abrieron como pétalos de rosa, poco a poco se separaron enseñando el pequeño pozo de los deseos. Con cuidado abrí un poco y efectivamente vi que la chica no me había engañado, el himen tierno y rosado cerraba como un guardián la entrada del castillo pero no quise mostrar mi acelerado pulso y seguí separando en dos los vellos que cubrían las nalgas alrededor del agujero moreno.
                             Carla me preguntaba a cada momento mi opinión sobre lo que veía y ella misma se lamentaba de su mala suerte, yo le quitaba importancia y le decía que todo tenía arreglo y en todo caso siempre podría volver como estaba en poco tiempo.
Siga señor Pepe, confío en usted.
Por favor Carla no me llames de usted, que me haces muy viejo y ahora el alma no la tengo de viejo precisamente.
Gracias Pepe, haz lo que quieras conmigo.
                             Esta frase tuve que matizarla en mi cabeza y centrarme sólo en el tema “pelo pubiano”. Con el peine fui peinando la mata de pelo y con la cuchilla cortaba lo que sobresalía de las púas, fui igualándoselo, tenía mucho que cortar y no me preocupaba la cantidad de pelo que caía a la toalla. Le repasé desde el Monte de Venus hasta la rabadilla, aún quedaba demasiado pero no quise alarmarla, procuré que no se salieran al ponerse las bragas incluso previne que se pudiera poner otras un poco más sexi.
Le enseñé con la cámara del móvil haciendo de selfie cómo le había dejado el primer repaso y le gustó aunque vio que todo estaba perdido de pelo cortado, la solución se la di pasándole la toalla entre los labios, el clítoris fue el primero que acusó el roce y la chica se estremeció, me cogió la mano para que me estuviera quieto sobre él y al momento fue soltando.
Sigue Pepe, por favor. 
 
                             Continué pasando la toalla pero el pelo se pegaba en las zonas húmedas que cada vez eran más.
 
Aún me queda Pepe. 
 
                             Pensé que la humedad se combatía con humedad y acerqué la cara y con la lengua repasé lo que ya había limpiado con la toalla, aún quedaban pelillos cortos pero mi lengua insistía e insistía hasta no dejar ni uno. Carla me acercaba las caderas a la cara para que recorriera todo el área y yo la repasaba con minuciosidad, la chica me facilitaba la labor separando sus labios recién descubiertos y yo no dejaba ningún pliegue en su piel, con la punta de la lengua abrí la rosa que cerraba la vagina y llegué a tocar el virgo, ella lo notó y me miró.
 
Esto es lo que te sobra para ser mujer Carla, sólo esto.
Me gustaría que me lo rompieras.
No Carla, creo que debería ser un joven de tu edad quien tuviera ese honor, yo ya soy demasiado mayor y esto es importante para cualquier mujer.
Pero tú eres muy considerado y cuidadoso, seguro que un joven me haría daño y no sabría apreciarlo.
De eso puedes estar segura, yo te lo haría mejor.
Pues está decidido, házmelo ya.
No Carla, eso necesita un ambiente ideal, sosegado, sin prisas ni miedos, en otra ocasión lo haremos.
Te prometo que te lo guardaré para ti.
Me harás muy feliz Carla. 
 
                             Ya mi boca dejó la conversación y se pegó entre los labios de Carla, el clítoris era el doble de tamaño que antes y estaba duro como una almendra pelada, me rodeó la cabeza con las piernas y no me dejó hasta que se corrió.
 
No me dejes ahora Pepe, me estoy corriendo, es la primera vez que siento la boca de alguien en mi coño, sigue, sigue que voy
a morir de placer. 
 
                              No se murió pero lo pareció, a las primeras convulsiones del coño pude sacar la cabeza y admirar su cara de ángel castigada por los latigazos de gusto, mis dedos se contuvieron sólo entrando unos centímetros en su vagina para no romperle el virgo, estaba decidido a hacerlo como se merecía la chica, el dedo índice sí que no pude controlarlo y entró hasta la primera falange en el ano mojado de la chica. Cuando pudo moverse se sentó bien en el sofá y miró el reloj, mi familia debían estar a punto de llegar y para esa hora ella ya debía haber terminado, se puso las bragas que ahora le venían holgadas y se cubrió las tetas, esa era otra asignatura pendiente, cuando salió de casa en su bolso llevaba la toalla llena de pelos que le había quitado, en mi boca también habían quedado algunos.
                             Mi familia no tardó en volver, yo seguía con los crucigramas, se me estaban resistiendo, algunas palabras no las encontraba y tenía que mirar en la última página las soluciones, me servía para aprender también. Mi nieto se oía llorar desde el ascensor, miré la hora y vi que ya debía haber mamado ya, cuando entraron y Corina se sacó la teta me salí al balcón a mirar el paisaje, no creía que podría aguantar sin lanzarme a mamar en la teta vacante de mi nuera.
Continuara.
Ruego que comenten el relato.
Gracias.

5 comentarios - Viaje de jubilado a argentina 3

JBares
muy bueno man, los párrafos de la charla en el parque con el otro viejo son un indicativo para vos mismo. Podes escribir lo que quieras. Congrats
Betogomez3000
Excelente!, simplemente exquisito relato, lleno de condimentos y descripciones no encontrados por aqui!! No dejes de hacerlos!.
jorvac164
Una muy peculiar manera de relatar,pareciese que fuera parte del relato.Fresco,atractivo y te mantiene morboso en el buen sentido.Van 10,holgadamente ganados.Saludos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
kramalo
muy bueno...!! espero el cuarto..... saludos hombreee...!!