Vanina, mi hija adorada de 18 añitos vino a pasar todo el verano con su Papu y para estar tranquilos me la llevé al Tigre a una cabaña perdida en un islote. Pasaríamos un mes inolvidable, sin internet ni celulares que nos molesten a cada rato...

En anteriores episodios, ella me confesó que se estaba convirtiendo en una putita y si bien seguía siendo virgen, no podía dejar de pensar en la verga.

Me había prometido encaminarla hacia una vida plena, así que tenía un mes para lograrlo.

Pasábamos los días muy tranqui, podíamos andar desnudos ya que no teníamos vecinos, estábamos completamente solos y aprovechábamos la ocasión para vivir naturalmente.

Dormíamos en la cama matrimonial abrazaditos, y por la mañana generalmente me despertaba y veía como mi bebota dormía plácidamente con mi nabo en su boquita cual chupete de carne.

Me levantaba y preparaba el desayuno, con frutas, jugos, café y tostadas. Luego despertaba a mi bebota chupándole bien la conchita, y desayunábamos en la camita.

Aprovechábamos para charlar y ni bien mi hijita acababa el café se abalanzaba sobre mi verga y empezaba a succionarla. Yo encendía un cigarrillo y disfrutaba esa hermosa imagen de amor. Podíamos estar así un largo rato, generalmente sin llegar a acabar.


Después nos duchábamos juntos, mimándonos, besándonos. Me encantaba pasarle jabón por sus tetas adolescentes y gordas. Los pezones se le hinchaban de una manera descomunal y los ojos se le ponían aún más verdes.


Después mientras ella se peinaba frente al espejo, aprovechaba para lamerle la colita, dilatándo ese hermoso anillo virgen hasta poder meterle la punta cabezona de mi chota húmeda y morada.

Los primeros días le había explicado que sólo le haría la cola, así aprendía a diferenciar y a gozar bien de cada asunto en cuestiones de sexo.

Primero la mamada, segundo el orto y tercero la concha...esa es la ley divina, le dije.

Estaba divina con mi nabo en su ojete, se peinaba moviendo su cola como queriendo devorar mi nabo hasta el fondo, mientras me miraba por el espejo.

Nos estábamos enamorando aún más....

Luego nos sentábamos en la galería fresca a leer cada uno sus cosas, muchas veces Vani se sentaba encima mío, y así estábamos horas. Disfrutando de el calor de nuestros cuerpos desnudos y excitados.

Antes de almorzar, mientras le cocinaba a mi amor, ella se arrodillaba y me lamía la poronga de una manera mágica, lenta y sensual.

Generalmente llegábamos a la hora de la siesta con una calentura increíble que hacía que la penetrara una vez más por la cola, y la cabalgara como una zorra hasta llenarle la cola de leche espesa y caliente fruto de la acumulación de toda la mañana...

Dormíamos la siesta dulcemente...

(Continuará...)