Aquí comienza mi “Historia”. No sé si será normal, si será una expresión natural del cuerpo o si será cualquier otra cosa, el caso es que no sé de que manera, comencé a sentir algo más especial por una de mis amigas. Es una chica normal, con el pelo rubio oscuro natural, liso que parece seda en las manos y el cuerpo bien formado, de caderas anchas aunque no exageradas y 1,70 de altura. Yo soy una chica normal de la misma estatura, pelo rizado natural, culo respingón y labios carnosos.

Nuestros ojos son marrones, los suyos son chocolate con leche, los míos son miel oscura. Sentía que esta amiga no me era indiferente; siempre quería estar con ella, me entristecía si no participaba de las cosas alegres del grupo, siempre la llamaba, siempre estaba pendiente de ella, era a la primera que llamaba para todo y a la que siempre acompañaba hasta su casa. Hasta ahí todo puede entrar dentro de lo normal, pero hubo una temporada en la que casi no nos vimos por novios y alejamientos laborales y entonces no nos despegábamos del Messenger hablando.

Llegamos a contarnos muchas cosas que hasta entonces no nos habíamos dicho en persona en cuanto a gustos sexuales, como nos gustaba que nos hicieran gozar, lo que más nos ponía, el poder experimentar con una persona del mismo sexo…. Total que fuimos cogiéndonos mucha más confianza de la que ya nos teníamos y decidimos un día, a pesar de la amistad, entregarnos un único beso en los labios, no un pico, sino un auténtico beso húmedo, por calentura de la conversación, por ir un poco más allá, porque nos subíamos por las paredes, que se yo, algo que en principio me apetecía muchísimo, y que luego cuando estábamos juntas ya no me apetecía tanto.

Algo raro, pero muy fuerte. Un día en una noche de verano salimos a la fiesta más cercana, rodeadas de amigas y amigos de todos lugares, pero nosotras siempre juntas. Yo siempre que podía la cogía de la mano y los guiños y actitudes cariñosas se repetían constantemente, como siempre. Me encanta su cuerpo, bien torneado, fruto de los muchos años de ejercicio físico, no por ello disminuyendo su feminidad que irradia por cada poro de su piel. Lo dicho, estábamos de fiesta y tonteábamos con los chicos aunque siempre estuviésemos juntas bebiendo y riéndonos, les calentábamos dándonos pequeños picos y dándoles algunos a ellos, pero sobre todo entre nosotras.

Todo esto pasaba hasta que sentí que podría poner como excusa el alcohol y exagerar diciendo que me encontraba mal, aunque me sentía flotar cada vez que acariciaba a mi amiga por la espalda donde sabía que le encantaba, o nos abrazábamos muy fuerte en broma (aunque en broma yo sentía su pubis clavarse en el mío cada vez) y todo esto era muy frecuente mientras bailábamos canciones muy animadas. Llegó un punto en el que ya no podía más, y le pedí que me acompañase fuera y no sé si por amistad, porque creyó que estaba muy achispada, porque lo deseaba o porque se intuía algo, no lo pensó ni un segundo, cogió la chaqueta y quedamos con los demás de volver en un rato, poniéndome a mi de disculpa para ver si me despejaba.

Una vez fuera, un poco alejadas de la fiesta y rodeadas de mediana oscuridad, le dije: yo no sé si es el alcohol o soy yo, pero me muero por darte lo que habíamos hablado por el messenguer. No dijo nada, simplemente mirándome a los ojos, posó su mano en mi hombro, subió con ella lentamente por mi cuello y cogiéndome finalmente de la nuca, puso sus labios sobre los míos, sin prisas, en un beso que le correspondí inmediatamente, separando mis labios y enlazando mi lengua a la suya en una suave lucha húmeda, rompiendo cualquier tipo de barrera que pudiésemos tener.

Nuestros labios se entremezclaron por un gran tiempo, sin que ninguna de las dos quisiese poner fin a ese prolongado beso, acompañado de nuestras manos empujando por acercar nuestros cuerpos para fundirlos en uno solo. Mientras alargábamos nuestro erotizante beso, le acariciaba la cabeza, ese pelo liso y esa nuca tan deseada, me debatía entre las ganas de morderle suavemente el cuello muy cerca de su oreja, y seguir besándola, pero el miedo a que quisiese detenerse ahí me impedía hacer nada más. Su sabor era muy agradable, un poco matizado en mi, por el sabor del alcohol que me acompañaba, pero la sensación de suavidad de esos labios carnosos estaban encendiéndome como puro fuego.

Con todo el deseo que se estaba despertando en mi, ya mis manos no quisieron parar solo en su espalda y cabeza, apreté en una caricia redonda su culo, durito y suave como siempre supe, mientras sentía sus pechos pegados a los míos y nuestra respiración mezclada con nuestro beso, se agitaba y aceleraba por instantes. Cuando pusimos fin a nuestro beso, le dije que me había encantado y no quería parar aquí. Ella asintió y me comentó que nos alejásemos un poco más, pues por la proximidad al local podíamos estar dando un buen espectáculo.

Caminamos un trocito de camino entrelazadas por la cintura hasta que nos detuvimos en una pradera de mutuo acuerdo. Me miró de frente se me acercó al oído y me dijo, nunca jamás pensé que esto iba a suceder así, pero ahora que ha pasado, me encanta y quiero decirte que me tienes hechizada, lamento no disponer de un lugar más adecuado, pero siento que necesito hacer el amor contigo aquí, esta noche…. No pude más, sólo sentir su aliento entre mi oído y mi cuello me enloqueció, pero con lo que me acababa de decir… ya era completamente suya, no podía esperar más.

La besé nuevamente y comencé a besar su cuello, por fin! Mientras le propinaba pequeños mordisquitos, ella me tenía cogida con una mano por el culo y con la otra subía y bajaba a lo largo de mi espalda, mientras no podía evitar gemir al roce de mis labios y dientes en su cuello.

Sentirla así, vibrando conmigo y gracias a todo lo que le estaba haciendo, me tenía loca, no podía pensar en mi propio deseo, quería satisfacerla completamente y separándome un poco de ella desabroché sus pantalones e introduje una mano dentro de sus vaqueros y su ropa interior y bajé hasta su sexo.

No tengo palabras para describir lo muy caliente y húmedo que lo sentí. Con un dedo rocé sus labios, lo que provocó que ahora fuese ella la que jugaba con mi cuello y comenzase a introducir sus manos bajo mi camiseta acariciando mis pechos y liberándome de todo. Seguí jugueteando con mis dedos en sus labios inferiores entre pequeños gemiditos mutuos, hasta que introduje un poco mi dedo dentro de su sexo para empaparme con sus jugos y de ahí subir sabiamente hasta el montecito endurecido de su clítoris.

Se estremeció. Me miraba con una mezcla de deseo y lujuria contenida como jamás le había visto en esa carita tan dulce. Sus labios ligeramente separados estaban hinchados y aunque me costó mucho renunciar a sus caricias me dirigí con mi boca al lugar que antes ocupaba mi mano. Por ser mi primera vez con una persona del mismo sexo, me encontraba aparte de verdaderamente excitada, muy nerviosa y aunque jamás había tocado a otra mujer yo como tal, sabía perfectamente los lugares idóneos para comenzar, disfrutando y acabar explotando en el más ardiente de los orgasmos.

Al acercarme a su sexo me invadió un aroma para nada desagradable y sin poderlo evitar mis labios y mi lengua se dirigieron directamente al clítoris. El gemido fue contenido pero resonaba en mi cabeza mucho después de haber pasado. Bajé y quité su ropa de cintura para abajo mientras ella continuaba de cintura para arriba quedando todo de colchón, pues acto seguido nos tumbamos entre caricias y besos, pidiéndome al oído que fuera suave con ella.

Siempre seré suave contigo mi amor y acto seguido descendí a ese monte de venus, depilado a la perfección. Me había gustado el aroma y esta vez separando un poco más sus piernas me dediqué al movimiento de entrada y salida en su sexo con mi lengua. Lo hacía despacio, saboreando el momento de sentir sus leves convulsiones por el contacto con mi lengua. De vez en cuando la miraba a la cara y veía sus ojos entrecerrados y sus manos en sus pechos.

Jugué lo que quise rodeando sus labios mayores, ascendiendo a su clítoris e introduciendo un dedo en ella. Su cuerpo se arqueaba y relajaba al ritmo de mis caricias hasta que me pidió que aumentara el ritmo. Sabía que se iba a correr, era cuestión de tiempo, así que concluí con mis labios y mi lengua en su clítoris y mi dedo corazón moviéndose en círculos dentro de su vagina.

La explosión fue monumental, no pudo contener los gritos de placer mientras me cogía por la cabeza, asida fuertemente a mi pelo y empujándome hacia ella. A pesar de su orgasmo seguí en su sexo, quería seguir disfrutando su néctar, libando directamente de la fuente de mi lujuria, y continué lamiendo, mordisqueando y chupando hasta que me atrajo hacia ella.

Nos abrazamos y mientras me acariciaba los pechos bajó su mano y ahora era ella la que me tocaba a mí. Se sorprendió, entre ronroneos de mi humedad y comentó ¡cómo estás…! pobrecita mía, ahora te toca a ti.

No iba a tardar en tener un orgasmo, lo sabía porque prácticamente apenas me rozó sentí como un calambre estremeciendo mi abdomen, le pedí que no me hiciera sufrir con mucha lentitud pues necesitaba sentirla, estaba que no podía más. Lo entendió y con su lengua en mi sexo hizo maravillas.

¿Llegué a los 5 minutos? No sé el breve espacio de tiempo que transcurrió, pero un calor enorme me inundó y un placer apenas descriptible me recorrió el cuerpo en un gran momento, mientras sentía como pequeños espasmos se apoderaban de mi sexo, por el que todavía recorría su lengua, sus manos, su todo.

La miré y le indiqué sugerentemente que se acercara a mi cara apenas con un dedo. Fue genial verla ascender a besitos por mi cuerpo desnudo detenerse en mis pezones y acabar en un beso enorme en mis labios. Me dijo; perdona pero no te he podido dedicar todo el placer ni el tiempo que te mereces. Le respondí; ni yo a ti mi diosa, me has hechizado y mientras continuaban nuestras caricias y le mordisqueaba el lóbulo izquierdo de su oreja le comenté, eres el fruto de mi mejor sueño…