Capítulo I: Noche de luna llena

Roberto y Miriam son un matrimonio normal. El tiene 40 años, delgado, con un atisbo de canas en los costados, y lleva casado 15 años con ella. Miriam por su parte, con sus 37 años,se conserva muy bien. 1,68, delgada, con buenas curvas que tienen que ver con las horas de gimnasio semanales que ocupa sin excusas.
Al lado, sus vecinos, un matrimonio que está pisando los 50 y que son muy buena gente y muy atenta. El problema era su hijo. Damián, de 28 años era un verdadero rebelde. No trabajaba ni estudiaba. La posición económica de sus padres le permitía llevar una vida libre, donde la noche y las mujeres eran su diversión. Y tenía con que. 1,80, tez morena, cabello ensortijado, una barba de un par de días, y un cuerpo musculado y flexible, era todo un sueño para las muchachas del barrio.
Desde hacía largo tiempo, Damián no perdía oportunidad de desnudar con la mirada a Miriam cada vez que la cruzaba, lo que ponía a esta muy molesta, pero dado el grado de amistad que tenía con los padres, nunca había comentado nada a nadie, mucho menos a su esposo que era muy celoso y seguramente haría un escándalo.
Sin embargo, no dejaba de ser muy satisfactorio que un muchacho como aquel se fijara en ella. Luego de tantos años de matrimonio, la rutina les había ganado, máxime cuando su marido había sido su primer novio y su único hombre. Las preocupaciones y los compromisos fueron convirtiendo el sexo en algo mecánico, que se compensaba por lo bien que se llevaban como pareja en todos los demás aspectos. Si ella echaba algo en falta en lo físico, en cambio era muy feliz en todo lo demás.
Verano, sabado por la noche. Luego de un día muy caluroso que pasaron en la pileta de la casa, Miriam abrió el riego del parque y se fueron a cenar. Luego de la cena, miraron un rato de tele y se fueron a acostar. Roberto la buscó y tuvieron un rápido encuentro en el que ella no llegó a acabar, y su esposo luego de alcanzar su orgasmo, se durmió profundamente. Allí quedó ella de espaldas mirando el techo de la habitación, dudando en tomarse un sedante o esperar haber si el sueño venía solo. …
***
Damián, luego de la salida del viernes por la noche, se levantó a media tarde como solía hacer siempre. Salió al jardín y sintió ruidos de chapoteo en la pileta del vecino. Por el medio de las plantas, sin que lo vieran, se asomó sobre el tapial, y con deleite pudo ver el cuerpo de Miriam apenas cubierto por una bikini turquesa. Las curvas de la mujer eran de infarto. Que no daría por tenerla en sus brazos un rato. Seguramente debía ser una máquina sexual que solo necesitaba que le dieran marcha.
Se quedó un buen rato allí. Sentía como su excitación aumentaba. Su sexo se humedeció y endureció. Algo tenía que hacer para conseguir esa hembra. Cuando el matrimonio entró a la casa el se fue a su cuarto a pensar que podía inventar para conseguir sus fines.
Esa noche, sus padres salieron a cenar con unos amigos y luego irían al casino, por lo que no regresarían hasta la madrugada. Al quedar solo en su casa, más excitado se sintió con respecto a Miriam. Pensó en masturbarse pensando en ella, pero decidió jugar antes una carta arriesgada. Sabía que a Miriam le molestaban sus miradas lujuriosas, pero también sospechaba que en el fondo no le desagradaban. Todo era cuestión de oportunidad, y el estaba dispuesto a fabricar la suya.
Fue hasta el fondo con una banqueta escalera que acercó al tapial, y cuando apagaron las luces para irse a acostar, subió y cruzó el mismo. Se acercó sigilosamente por la galeria hasta ubicarse al lado de la ventana abierta del dormitorio. No se atrevió a mirar hacia adentro porque la contraluz lo delataría, pero en cambio desde esa inmejorable posición podía escuchar todo lo que decían.
- Hmmm, que buenas tetas que tienes, dijo Roberto
- Deja ya, que es tarde y estoy cansada, respondió Miriam
- Vamos mi amor, que es sábado, dame el gusto
- Pero...
- Sin peros.......
- Vaya, estás realmente caliente, mi amor
- Vamos, pajeame con más fuerza, vamos
- Hmmmm, que me vas a reventar los pezones
- Que te voy a reventar a vos, contestó Roberto
Una serie de movimientos y enseguida el rechinar de la cama, marcaba claramente lo que estaba pasando. Habrán pasado 5 minutos cuando un gemido le indicó que todo estaba terminando.
- ¡¡¡Te lleno!!!
- ¡¡¡Espera, no todavía!!! gimió Miriam, pero el orgasmo del macho continuó sin pausa, sus gemidos fueron haciéndose cada vez más débiles hasta que por fin todo quedó en silencio.
Damián estaba que volaba. Lo que acababa de oir lo había puesto a mil.
***
Miriam, con los ojos abiertos, sentía correr el semen de su marido por sus piernas. Tenía que ir a lavarse. De pronto recordó que había olvidado cerrar el grifo de riego.
- Roberto, llamó encontrando como respuesta los ronquidos de su esposo.
- Como siempre, acabas, te duermes, y ahora yo tengo que salir afuera a cerrar el agua, dijo enojada mientras prendía el velador y buscaba su camisón.
***
Damián afuera escuchaba todo, cuando la luz se prendió, se asomó ya que ahora nadie podía verlo desde adentro. El cuerpo de Miriam apareció en todo su esplendor. Pudo ver como se colocaba un camisón corto de breteles que dejaba sus tetas prácticamente al aire, mientras apenas llegaba hasta debajo de sus muslos. Apagó la luz y apresuradamente Damián se escondió. La escuchó levantarse, y dando gracias al cielo por la oportunidad, se quitó su bermuda y su remera, quedando totalmente desnudo y con su verga latiendo bien dura y mojada. Se escondió en la esquina de la pared por el lugar donde ella tenía que pasar para cerrar el grifo y la esperó.
***

Miriam quiso prender la luz, pero recordó que se había quemado esa tarde. Insultó a su esposo que no la había cambiado y además estaba enojada e insatisfecha por ese sexo rutinario que casi nunca le permitía llegar al orgasmo.
Salió al patio. La luna iluminaba bastante como para ver los objetos y se dirigió a la canilla.
Cuando se agachó para cerrarla, dos brazos fuertes la tomaron de la cintura y le taparon la boca, dejándola paralizada del miedo. No podía pedir auxilio y la velocidad de la acción la dejó sin respuesta para rechazar el ataque.

***
Cuando Miriam pasó a su lado y se colocó a contraluz de la luz de la luna, todas sus curvas se marcaron y su verga pegó un salto creciendo aún mas, si era posible. Cuando se agachó no aguantó mas y tomándola de atrás la atrajo hacia su cuerpo.
- Shh. No grites, le dijo al oído despacio, no voy a hacerte daño,al contrario.
La voz le resultó conocida así que esto la paralizó aún más.
- Si me prometes que no vas a gritar te libero la boca, le dijo insinuante.
El miedo había dejado paso a la curiosidad. Evidentemente no era un ladrón, y Miriam no sabía lo que estaba pasando. Sentía en su espalda un bulto duro de gran tamaño, y decidió tranquilizarse para tratar de salir del problema sin ningún daño. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
La mano dejó su boca y el extraño la hizo girar hasta quedar frente a él. Con sorpresa alcanzó a ver a Damián, justo antes que su boca se adueñara de la suya en un beso húmedo y posesivo que la dejó sin aliento. Sintió que una corriente eléctrica agitaba todo su cuerpo. Cuando él se separó ella trató de recuperar el aire, pero mientras ella trataba de entender lo que pasaba, el joven bajó los breteles de su camisón y comenzó a magrearle las tetas con una mano, mientras que la otra se adueñó de su mano y la puso en contacto con la verga mas grande y dura que ella hubiera tocado en su vida. Quedó extasiada. La situación, la penumbra, la sorpresa, el beso, las caricias posesivas sobre sus tetas y tener en sus manos esa herramienta, la tenían totalmente sometida.
Cuando Damián dejó su mano y tomó posesión de su sexo, jugueteando con sus labios, e introduciendo un dedo en su raja húmeda por la sesión con su marido y por el semen de él, ella se sintió totalmente perdida. Allí, sometida por ese macho, a pocos metros de su esposo, en su propia casa, el morbo le ganó la batalla, y sin decir nada se dejó llevar.
El macho notó su entrega y era conciente que la situación no podía prolongarse demasiado en esta oportunidad, con todo el riesgo de que el marido se despertara y se sorprendiera de no ver a Miriam a su lado.
Suavemente la dio vuelta, hizo que se inclinara, le separó las piernas y ubicó su dura herramienta en las puertas del paraíso.
Miriam intentó protestar, pero rápidamente una mano de Damián volvió a tapar su boca, mientras habilmente su otra mano dirigía la lanza hasta ubicarla en el medio de los labios vaginales de la hembra.
A ella le parecía que un hierro candente la estaba tocando, tal era el calor que emitía esa verga, y sabiendo lo que le esperaba separó un poco más sus piernas, apoyó sus manos en la pared y se preparó para el empalamiento.
Lentamente Damián fue empujando y retirándose, consiguiendo que en cada arremetida algún centímetro mas de su lanza entrara en el cuerpo de Miriam. Por fin, luego de 4 ó 5 empujes, sus cuerpos se fundieron en uno solo. Miriam apretaba los labios para no gemir. Nunca se había sentido tan llena. Cuando el macho comenzó su pistoneo, sintió que sus piernas se aflojaban y un violento orgasmo la barrió por completo. Damián debió sostenerla de la cintura para que no cayera al suelo inconciente. En el descontrol del orgasmo, sentía como esa verga la profundizaba, llegando a lugares insospechados. Alcanzado el clímax, no volvió a la normalidad, sino que se mantuvo en un alto grado de excitación, cerca de nuevos orgasmos, y pensó que iba a morirse de placer.
Luego de un buen rato, sintió que el macho aceleraba y por fin se zambullía hasta el fondo, y un líquido caliente regó su matriz allá, bien adentro . Creyó que iba a quemarse, y un orgasmo final la demolió. Si no hubiera estado apoyada en la pared hubiera rodado por el suelo, pero una vez recuperada sus piernas se aflojaron y cayó de rodillas, quedando allí. Sintió que una mano la tomaba de los cabellos y la obligaba a girar en el suelo, quedando arrodillada de frente a Damián que le ofreció su verga morcillona para que la chupara. No le gustaba chuparsela a su esposo, pero estaba tan descontrolada que ni siquiera pensó en negarse. Rapidamente se la metió en la boca casi toda comenzando a recorrerla con la lengua, pero luego de un minuto ya no le entró mas. Había crecido, y Damian tomando su cabeza con ambas manos la obligaba a masturbarlo violentamente. Fue cuestión de minutos para que ella la sintiera durísima, sintiera que un líquido se mezclaba con su saliva y por fin sintiera un espeso chorro caliente que golpeó contra su paladar. Quiso retirarse, pero el macho no la dejó y siguió acabando a gusto en su boca, llenándola por completo. Al no poder escapar, no tuvo más remedio que comenzar a tragar para no ahogarse. Contra su asco inicial, el sabor del semen le resultó excitante, y disfrutó de la leche que le daba su macho.
Una vez vaciado a gusto, Damian dejó que terminara de limpiarla y sin decir nada, se retiró, tomó su ropa y saltó el tapial volviendo a su casa.
Miriam, arrodillada y agotaba, tardó unos minutos en recomponerse. Ahora sí que tenía semen de verdad chorreando por sus piernas. La cantidad era impresionante. Nada que ver con el de su marido. Espeso y pegajoso. Viril y sensual. Se acomodó la ropa, cerró el grifo y fue al baño a lavarse. Se sentía satisfecha como hacía mucho que no estaba. Se durmió en el acto. No necesitó sedantes.