Hoy, con la movida de Internet, es fácil contactar con gente que tenga las mismas inclinaciones sexuales que tu, experimentarlas y desarrollarlas. En la época en que se ubican los hechos que voy a relatar, comienzos de la década de los 80 en España, la cosa estaba más cruda. Había algunos antros en los que te encontrabas todo un poco mezclado, matrimonios en busca de acción, gays y lesbianas, chulos, chaperos, sádicos, sumisos, zorras, oportunistas y ninfómanas formaban un paisaje uniforme y no tan especializado como hoy en día.

Yo llevaba un par de años viviendo en Madrid, era lo que llamaban un rentista, siempre tuve alergia al trabajo y afortunadamente mi situación económica, holgada, era un buen antídoto para esta alergia.

Uno de los lugares mas crápulas del siglo XX era el mítico Chicote, en la Gran Via madrileña, donde la gente del espectáculo y la fauna más perversa departía, bebía, contactaba y daba rienda suelta a sus instintos, es curioso, Chicote sigue existiendo y la cadena musical MTV Europe lo ha calificado como el bar mas "cool" del continente.

Fue en las interminables noches de Chicote donde conocí a la pareja formada por Arturo y Estrella, ambos en la frontera de los cuarenta. Rápidamente congracie con Arturo, un abogado de talento y buena posición, de basta cultura y charla amigable. Estrella su mujer era una espléndida y delgada rubia oxigenada, sus inmensas tetas, en una época carente de silicona, contrastaban con su delgadez, poseía una mirada misteriosa muy prometedora. Ambos fueron testigos de alguna de mis conquistas (mas bien era yo el conquistado) Las señoras de la alta sociedad madrileña eran, en aquella época, bastante solidarias y a la que descubrían y disfrutaban de una buena verga la voz se corría y era fácil ser seducido por alguna distinguida dama que manejaba información sensible sobre las dimensiones de mi polla y mi forma de usarla. Pero no pretendo engañaros, no era eso lo habitual, lo habitual era que volviera solo y borracho a mi casa mas veces de las deseadas.

En esas noches de alcohol y soledad la conversación de Arturo era un agradable consuelo. Arturo y yo tomábamos combinados imposibles mientras su mujer Estrella mariposeaba con uno y otro hasta que elegía a un hombre y apremiaba a Arturo para irse a casa. Un buen día me sorprendió ver a Estrella que permanecía atenta a nuestra conversación sin flirtear con nadie. Arturo, no sin cierto pudor, me contó su historia, que hoy es bastante "normal" pero que en aquellos tiempos era absolutamente inusual.

Él era un sumiso, un cornudo vocacional y su mujer una zorra ninfómana a la que le gustaba ser usada y tratada como una sucia puta. Eso es lo que saqué en claro tras mas de dos horas de conversación y Dry Martinis. Acepté la invitación de ir a su casa a follar a Estrella con la condición de hacerlo en su presencia. La situación me producía cierto nerviosismo e innegable morbo, conocer a la pareja desde hacia algunas semanas me ofreció suficientes garantías para afrontar la situación. Eso y el deseo que en mi despertaba Estrella, una madurita a la que ya había dedicado una buena cantidad de pajas.

Vivían en uno de esos pisos espaciosos del Barrio de Salamanca. Al entrar enfilamos un largo pasillo hasta llegar a una amplia habitación, muebles antiguos de gran valor y una amplia cama con dosel daban un porte señorial al aposento. Arturo se ausentó para preparar unos combinados. Me quedé solo con Estrella y un poco cortado porque no sabia como reaccionar en una situación semejante, reconozco mi bisoñez y escasa experiencia en materia de sexo no convencional por aquellos años. Fue Estrella la que rompió el hielo. Se acerco a mí, me besó en la boca con ansia, casi furiosa mientras su mano se apropiaba de mi verga sobre el pantalón, apretando sus magnificas tetas en mi pecho.

-¡Mmmmmmmm! ¡Buena polla tienes cabrón! ¡Espero que la sepas usas tan bien como dicen por ahí!

-Con una zorra como tu seguro que hago faena de aliño –le conteste armándome de valor.

Estrella se desprendió del mi abrazo, se arrodillo ante mí y mirándome a los ojos como la mas zorra de las guarras bajó mi cremallera y sacó mi verga morcillona. Antes de metérsela en la boca y comenzar a mamarla me dijo:

-Fáltame al respeto! ¡Trátame como una puta! ¡Insúltame!

Reconozco que su petición me sonó extraña, era la primera vez que me ocurría algo por el estilo pero ¿quién le va a negar algo a la señora que te esta comiendo la polla?

Me desnude con su ayuda, mi ropa estaba esparcida por el suelo, ella aun estaba vestida y me mamaba la polla como una campeona, como una autentica experta, chupándome las pelotas, lamiendo el capullo y tragándosela toda hasta la campanilla. Atendí su petición.

-¡Que bien la chupas puta! ¡Ninguna zorra mamapollas me ha trabajado la verga como tu lo haces! ¡Venga chupa mamona asquerosa!

Le tuve que echar imaginación, cuanto más la insultaba mas se esmeraba Estrella con la mamada, casi había olvidado al cabrón de su marido cuando unos gemidos hicieron que reparara en él, estaba desnudo junto a unas cortinas masturbando su pequeña polla.

Estrella le llamó y su marido se acercó a donde estabamos.

-¡Chúpale la polla a este chulo mientras me desnudo! –le ordenó.

A mí la orden no me hizo mucha gracia pero con tal de follar a aquella zorra estaba dispuesto a casi todo así que cuando Arturo se arrodilló ante mí y su boca tomo el lugar de la de su mujer mamando mi polla lo acepte con resignación. Estrella, de pie sobre la cama, se estaba desnudando como una estrella del streatease, me lanzó sus bragas, las alcance en el aire y las lleve a mi nariz, su olor me cautivó. Vencido los prejuicios iniciales he de reconocer que Arturo era un buen mamador de pollas. Chupaba con vicio y ojitos de cordero degollado. Estrella se tumbó en la cama, ofreciéndose con las piernas abiertas, y con gestos insinuantes me invito a acercarme a ella. Arturo se incorporó y fue cuando vi que llevaba un dildo de cuero negro y grandes dimensiones introducido en el trasero.

-¡Siéntate en la silla y mira como se follan a tu mujer bien follada! –le soltó la rubia.

La situación, inédita hasta el momento en mi vida, era la siguiente. La esbelta puta de buena sociedad tumbada en la cama, yo sobre ella follandola en la tradicional postura del misionero mientras Arturo estaba sentado junto a nosotros en una silla con el consolador incrustado en su culo y tomaba a su esposa de la mano. Entablando con ella una conversación absolutamente surreal.

-¡Te esta metiendo toda la polla cariño! ¡Se te ve el coño bien abierto!

-¡Mira como me folla cabrón! ¡Que gusto me da su polla!

-¡Dale duro! ¡Rómpele el coño a mi mujercita! –me animaba Arturo acariciando mi espalda

-¡Estoy corriéndome cariño! ¡La polla de este tío me esta volviendo loca!

Yo iba a lo mío, a follar a Estrella con la mejor voluntad y su inestimable colaboración. Era del tipo rabo de lagartija cuando el orgasmo se le avecindaba comenzaba a moverse desesperada, con un ágil giro invertimos la posición, quedando yo abajo y ella arriba dominando la situación. El coño de la puta manaba jugos empapándome las pelotas, me montaba y me cabalgaba mientras el cornudo no perdía detalle. He de reconocer que follar a una señora casada que se mostraba como la mas cerda de las zorras mientras su marido me alentaba a hacerlo era una de las vivencias mas excitantes que había vivido hasta el momento. En cuanto Estrella empezó a convulsionarse presa de su orgasmo me deje ir y le solté una de mis más abundantes corridas en su coño de puta de la buena sociedad.

Estrella, una vez se calmó, me desmontó y ordenó a Arturo:

-¡Aliméntate cabrón!

Arturo se levanto de la silla, acerco sus labios al coño de su esposa, que rebozaba leche de mi reciente corrida y comenzó a lamer y libar los jugos mezclados, el régimen alimenticio de los cornudos, néctar del coño de su mujercita mezclado con esperma de la polla del corneador.

Aquella orgía entre tres se alargó hasta el mediodía siguiente, follé a la puta por todos sus agujeros y enculé al cabrón que bebió toda las corridas que deposite en el culo, el coño y la boca de su mujer. Después de ducharnos acepté su invitación para comer y conocí a su hija Estrellita, una tímida chica de 17 años clavada a la madre, delgada y pechugona.

Después de aquella sesión siguieron otras, yo le pille el gusto a ser mamado por el cabrón, alimentarle con leche de hombre y a follar a su mujer como a la más asquerosa de las putas. La verdad es que eran gente agradable, Estrella se mostraba como debe de mostrarse una dama, como una señora en los acontecimientos sociales y como una zorra en la cama. Pero el sexo sin amor requiere de nuevos personajes y situaciones para que no acabe aburriendo. Unos tres meses duró nuestra relación hasta que les perdí la pista.

Casi un año había pasado de nuestro ultimo encuentro, sin saber nada de la pareja. Yo abandoné la costumbre de visitar asiduamente Chicote, entre otras cosas porque me dio el rollo viajero y me embarqué en un largo periplo que me hizo recorrer medio mundo.

Apenas llevaba unas semanas de vuelta en Madrid cuando fui, un viernes, a tomar una copa a Chicote. Allí estaba Arturo, solo, demacrado y envejecido. Entre gimlets me contó su triste historia, Estrella se había liado con un árabe a cuya verga mastondonica se había hecho adicta, había abandonado a Arturo dejándole a Estrellita. Arturo con amargura me contó que Estrellita no era hija suya y que las ultimas noticias que tenia de su madre eran que el árabe la había dejado tirada y ella ofrecía sus encantos, a precio de saldo, en un burdel de Beirut. Intenté animar al desanimado Arturo, me contó que a pesar de ser un buen partido y haber tenido multitud de ocasiones para emparejarse de nuevo a la que las señoras intuían sus inclinaciones cornudas salían en estampida. Que incluso los chismes sobre sus aficiones habían hecho que se resintiera su carrera profesional. También me contó que Estrellita apuntaba maneras y que se le notaba una chica inteligente y caliente, entre copas y en pleno delirio alcohólico Arturo, el cornudo solitario, me ofreció la oportunidad de seducir a su "hija" y hacerle participe de nuestras folladas. Acepté. Al otro día, tras la borrachera, me sentí mal por aceptar tamaña proposición, abusar de una joven con el consentimiento de su tutor, pero el morbo era superior a los prejuicios.

Comencé a frecuentar el domicilio de Arturo y a congeniar con Estrellita, que en los meses pasados sin verla había pegado un notable estirón, en especial sus tetas. Nuestras conversaciones eran subidas de tono, con el beneplácito de Arturo y el rubor de la nena que se ponía roja como un tomate cuando le insinuaba lo linda y deseable que era en presencia de su "papaito". Poco a poco Estrellita fue aceptando, de buen grado, mis acercamientos y viendo con normalidad la tremenda anormalidad de que su padre aceptara y alentara, ufano, mis insinuaciones en su presencia.

Una noche, tras la cena, todos habíamos bebido abundante vino y veíamos una película en la tele. Estrellita y yo estabamos sentados en el sofá y su "padre" en un sillón junto a nosotros. Era invierno y bajo la mesa un brasero de carbón calentaba nuestras piernas. Hacia un par de semanas que había conseguido robarle, a la chica, algunos besos furtivos y había constatado su buena disposición para avanzar en mis procacidades. Estrellita lucia una falda a cuadros de colegiala. Arturo me alentaba a meterle manos con gestos que a veces su hija detectaba sorprendida. Deslice mi mano hacia su rodilla. Estrellita sorprendida dio un brinco, su "padre" le preguntó:

-¿Te pasa algo cielo?

-¡Nada, nada!

Mi mano siguió en todo momento sobre su rodilla, la complicidad de Arturo alimentaba mi osadía, Estrellita siguió mirando la tele como si nada pasara pero estaba pasando, mi mano subía por su muslo suave y ya hurgaba sobre sus braguitas. Arturo se sobaba la verga sobre el pantalón con poco disimulo, excitado. Pude constatar la humedad del coño de Estrellita a través de sus bragas, la nena estaba caliente. Vencida la resistencia inicial, no mucha, mi mano penetró bajo su braga, detectando su clítoris y comencé a dedearla bien rico. Estrellita se retorcía en el sofá y se pegaba a mí mientras Arturo, haciéndose el sueco, no se perdía detalle.

-No sabes como me gustaría besar ahora a Estrellita –le dije a Arturo

-Por mi no hay problema –contestó este –mejor tu que eres un buen amigo de la familia y buena persona que cualquier niñato de esos que andan por ahí.

Estrellita no salía de su asombro pero no se resistió, cuando en presencia de su tutor, acerqué mis labios y los suyos y la besé suave y rico al principio, derribando sus reticencias para acabar enroscando mi lengua en su lengua mientras mis dedos la frotaban el clítoris y le penetraban la rajita.

Arturo se levanto y abandonó el salón:

-Os dejo solos para que disfrutéis de vuestras cosas.

Estrellita alucinaba y más alucinó cuando antes de que su padre abandonara el salón yo me saque, sin contemplaciones, la polla del pantalón y la exhibí ante sus ojos. Tome su mano y la llevé a mi verga, Arturo desde la puerta del salón, sin esforzarse mucho en ocultarse, miraba la escena frotándose el paquete. El coño de Estrellita manaba jugos sin parar, creo que su corrida coincidió con el momento en que lleve su mano a mi verga, en ningún momento hizo ademan de quitarla, la aferró con fuerza pero sin saber que hacer con ella. Sin dejar de dedearla la bese profundo. Arturo había desaparecido.

Sin oposición alguna le quite el sujetador, dos pequeñas tetas, preciosas, redondas, de pezón rosado, saltaron a mi vista, mi polla palpitaba en la mano de Estrellita que comenzaba sobre ella el tímido vaivén de una paja. Mamé rico ese par de joyas turgentes. Estrellita era cada vez más receptiva a las caricias de mis dedos y mis labios. Sorprendida por la situación pero no tanto. Con la camisa abierta mostrando sus tetas y la faldita levantada la tome en peso y la llevé en mis brazos a la habitación de invitados que tan familiar me resultaba. Pude ver la sombra de Arturo escondido bajo la cama. Posé a Estrellita sobre el colchón, la desnudé sin la menor oposición, su cuerpo juvenil era una autentica tentación, un poco mas carnosa que su mama, alta y con una figura esplendorosa, llamaba la atención su poblado pubis casi dorado, estaba a la expectativa pero no mostraba ningún rechazo, ningún temor, típica hija de su puta madre. Me desnudé, Estrellita callada no se perdió ningún detalle de mi anatomía y cuando me tumbé en la cama, junto a ella, su mano aferró mi verga como si fuera un apoyo seguro. Tome su pierna y comencé a besar sus pies, subí lamiendo su pantorrilla, la parte trasera de la rodilla, el interior de sus muslos hasta llegar a su coño de suave pelambrera, abriendo sus labios, ella colaboró abriéndose de piernas, me embriague con los efluvios de su coño virginal, libe sus jugos, intuí, por su reacción a los estímulos de mi lengua, la ubicación de su diminuto clítoris y le di una comida de coño trabajada y entregada que ella agradeció con un sonoro orgasmo. Esta vez me tocó a mi alucinar, Arturo asomó desnudo bajo la cama para no perder detalle. No sé si Estrellita apreció el detalle.

Esperé a que se recuperara de su trance orgasmico, puse dos almohadas bajo sus riñones, Estrellita, con una mirada de vicio total, se dejaba hacer sin oponer la más mínima resistencia, tenia la polla para reventar. Me situé entre sus piernas pasándole la punta de la verga por su chorreante raja virgen mientras mamaba y mordisqueaba sus pezones, la coloqué correctamente en la entrada de su coño y comencé a penetrarla suavemente pero sin un solo milímetro de retroceso hasta que tope con su himen, ni le di, ni me di, tiempo a pensar. De una sola embestida la penetré hasta los cojones, Estrellita gritó de dolor y para mi sorpresa, a mi derecha, escuché un gemido de placer. Arturo se meneaba la verga, que recién eyaculada chorreaba semen, sentado desnudo en el suelo, sin hacer el mas mínimo esfuerzo por disimular su presencia. La raja de Estrellita apresaba mi polla, su coño estrecho y caliente, desvirgado, multiplicaba las sensaciones de placer, sentí el calor de su sangre virginal en mis pelotas, esperé que se recuperara de la emoción y comencé un suave bombeo, Estrellita extendió su mano y Arturo la tomó.

-¡Aguanta cielo mío ya veras como pronto el gusto es mayor que el dolor!

-¡Ya lo es papa! ¡Ya me da gusto! Me da gusto sentir la cosa de M. dentro de mi y saber que te da gusto verme hacerlo con el.

-¡Follala! ¡Folla a mi putita preciosa! ¡Encájale bien la polla! –me ordenó Arturo fuera de si

No sé que monstruo sádico se apoderó de mí, presa de un ardiente furor bombeé polla en el coño recién desvirgado de Estrellita sin atender a sus quejas, que bien poco duraron.

Estrellita apretaba los dientes y arañaba mi espalda cada vez que recibía la totalidad de mi verga en su interior

-¡Siento toda la polla dentro! –le decía a Arturo buscando su complicidad apretando su mano

-¡Así me gusta mi nena! ¡Una buena puta como su madre! ¡Puta y valiente!

-¡Me quema el chochito pero me da mucho gusto!

Arturo sobaba mis pelotas, alentándome en la follada sin perderse detalle de la penetración del coño de Estrellita.

-¡Tiene los huevos llenos de leche! ¡Te va a llenar todo el coño!

-¡Siiiiii! ¡Siiiiiiiiii! La estoy sintiendo.

Y tanto que la estaba sintiendo, un río de semen fluía desde la punta de mi polla hasta el fondo de su coño profanado. Se me erizaron los vellos del cogote con la corrida.

Cuando le saque la polla a Estrellita los ojos de Arturo brillaban felices, metió la cabeza entre sus piernas y bebió su corrida y la mía, limpiando a lengüetazos los restos de sangre emanada de su himen roto. Cuando terminó con el coño de su hija tomo mi polla y la dejo reluciente con la lengua, continuó la mamada apreciando que mi verga no había perdido, substancialmente, su dureza, se la saco de su boca de chupapollas para dirigirse a Estrellita:

-¡Acércate y mama polla cielo mío! ¡Ya veras como te calienta!

La torpe boca, por inexperta, de Estrellita ocupó el lugar de la de Arturo. Este abrió las piernas de su hija observando los estragos de mi verga en su coño profanado.

-¡Ahora si que tienes el coño bien bonito mi cielo! ¡Esta precioso! ¡Un poco irritado y bien abierto! ¡Ya eres toda una mujer! ¡La puta de la casa!

Las palabras de Arturo excitaban a Estreliita que se mostraba como una experta zorra exhibicionista a pesar de su falta de experiencia y arreciaba en la potencia y calidad de su mamada.

-¿Te gusta mamar polla? Le preguntó Arturo

-¡Mmmmmmmmmucho! –contestó ella

-¡Ahora le toca a tu culito! ¡Lo mejor para una puta es que le desvirguen todos los agujeros a la vez!

-¡Pero me va a doler! –se quejó tímidamente.

-¡Seguro que te duele! ¡Y mas con la polla que tiene M! Pero a las buenas putas un poco de dolor le causa tanto gusto o más que el placer sexual en si. Tu no te preocupes, tu mama polla y ve aprendiendo que dispones de una buena verga para hacer practicas que yo mientras te voy a preparar el culito para que reciba una buena follada.

-¡Lo que tu digas papi –contestó resignada

Estrellita se entregaba afanosa a la mamada de mi verga, digna hija de su puta madre miraba con la misma cara de vicio que ella, a los ojos, mientras chupaba polla ensalivándola con deleite. Arturo, usando una crema lubricante, perforaba con sus dedos el ojete de su hija y lamía su coño. Yo intentaba mantener la calma y mostrarme natural, como si la situación fuera de lo mas normal, pero no lo era. Iba a encular a una jovencita a la que acababa de desvirgarle el coño, con la complicidad, apoyo y ayuda de la persona a la que ella consideraba su padre.

-¡Ahora estas a punto! ¡Los dedos entran y salen bien!

Arturo se tumbó en la cama boca arriba y puso sobre el, en posición invertida a Estrellita, comiéndole el coño para excitarla y abriéndole las nalgas, ofreciéndome su trasero en sacrificio. Yo ya había untado con crema lubricante mi polla y estaba situado tras Estrellita apuntando la punta de mi polla en el oscuro agujero que tanto contrastaba con sus nalgas marmóreas. Los primeros intentos fueron infructuosos, Estrellita apretaba su esfínter y mi verga perdía el norte.

-¡Relájate! ¡No aprietes! –balbuceó Arturo entre sus piernas mientras me sobaba las pelotas y dirigía mi polla al lugar correcto.

Estrellita atendió las instrucciones de su papi y esta vez si, esta vez sentí el inenarrable placer que se siente cuando tu verga abre un esfínter por primera vez. Estrellita gritó de dolor pero sus quejas no me intimidaron. Sin piedad, haciendo suaves movimientos de follada, la fui penetrando milímetro a milímetro, a veces se la sacaba para de una sola embestida recuperar el terreno perdido y seguir penetrándola, podía sentir a Arturo lamiendo coño y resoplando de placer, Estrellita hundió su cabeza entre las piernas de Arturo y se ofreció, resignada, en sacrificio, levantando su trasero. Bajo mi polla y entre las nalgas de la muchacha podía ver los ojos de Arturo bien abiertos, expectantes, ante la penetración completa del ano de Estrellita.

-¡Ahora ya la tienes toda dentro! ¡Ahora relájate y disfruta con la comida de coño! ¡Ya veras como te corres como una perra! –le animaba

Yo estaba en el paraíso, el agujero de Estrellita estrangulaba y exprimía mi polla, su interior ardía, ella se convulsionaba con la mezcla de sensaciones, una lengua comiendo el coño que esa misma tarde era virgen y una verga, de notables dimensiones, clavada hasta las pelotas en su, hasta ese momento, virginal trasero.

Saque mi verga de su culo, la lubriqué de nuevo y se la encaje de una sola metida, Estrellita gritó de nuevo, pero ya el placer y el vicio la invadían. Podía ver su esfínter abierto al máximo albergando mi polla en su interior, aumenté el ritmo de la follada, se seguía quejando cuando se la clavaba hasta los cojones pero a mí me daba igual, me gustaba y a Arturo le gustaba mas todavía. Pronto los movimientos de Estrellita se fueron acompasando con mis embestidas, su papi le metía dos dedos en el coño y me lamía las pelotas. Arrecié la follada, mi verga salía de su receptáculo hasta la mitad y entraba completa de nuevo, como una daga en el corazón del traidor.

-¡Me quema el culo papa! ¡Me arde y me gusta! ¡Aaaaaaaaahhhh! -la cabroncilla se estaba corriendo, la presión de su intestino en mi polla me producía un placer exquisito pero me sobrepuse a la corrida, quería trabajarle el trasero a conciencia, después de la enculada iba a andar patiabierta por lo menos una semana. Mi verga ya salía entera y entraba, también entera, en su trasero, sin la mas mínima resistencia, el anillo de su esfínter se había dilatado y su intestino acogía mi verga sin problemas. Le di una follada salvaje.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh! –Estrellita estaba desatada por el placer, el morbo y el vicio, Arturo la tenia donde quería y yo era el privilegiado mortal que había sido utilizado para tal fin. De una se la clave en su culo abierto y me deje ir en la corrida, disfrutando la sensación de lo prohibido, gozando con la sensación de percibir mi polla palpitante alojada en las entrañas de la joven sometida.

Estrellita cayo derrengada sobre su papi que apenas podía respirar con el peso de su coño sobre su cara pero que no se quejo por ello, con la ayuda de los movimientos reflejos de su esfínter mi polla salió de su culo goteando esperma y sangre y con una pequeña mancha de mierda en su punta. El ano de Estrellita parecía un bebedero de patos, abierto, dilatado y oscuro, rebozando leche y goteando sangre. Arturo se incorporo raudo e introdujo la lengua en el trasero de su hijita, devorando los restos de esperma, sangre y mierda y ensalivando el ojo del culo de la nena que se quejaba de un gran escozor. Cuando terminó la tarea la emprendió a lengüetazos con mi verga, dejándola, como de costumbre, reluciente y en perfecto estado de revista.

Me quede dormido con Estrellita y Arturo mamándome la verga e intercambiando confidencias y secretos.