Pido a mis queridos lectores que lean los anteriores relatos para acabar de comprender totalmente esta nueva vivencia con la yegua de mi Tía. Los comentarios me ayudan a seguir en esta tarea hermosa de que todos se pajeen con mis historias reales y si quieres puedes dejarme puntos que me incentivan a seguir calentándolos…

Mi Tía es naturista y le encanta la medicina alternativa. Es muy saludable y siempre anda buscando recetas y remedios naturales.
Hace un par de semanas me contó que está decidida a hacer un tratamiento que le parece muy interesante aunque algo raro, y es que un médico amigo le dijo que beber un vaso de su propia orina cada mañana le proporcionaría todas las defensas que su organismo necesita. El tratamiento consistía en orinar en un recipiente al levantarse y dejarlo reposar 15 minutos, luego bebérselo lentamente y a pequeños sorbos. Le dije que me parecía una asquerosidad pero ella estaba decidida a hacerlo. Y ya conocemos a mi Tía…
A la mañana siguiente salió del baño recién duchada con una toallita blanca corta que apenas le cubría el cuerpo y su vasito de plástico lleno con el líquido dorado. Mientras me tomaba un café y fumaba en pelotas, se sentó en frente y fue tragando poco a poco su propio líquido.
No parecía disgustarle demasiado y a mí me excitaba un poco esa imagen.
A la mañana siguiente, después de haber meado en su vaso se puso a prepararme el café en tanguita de hilo dental negro y tacones, como nos gustaba hacerlo desde siempre.
Sigilosamente me metí en el baño, vacié el recipiente y eché una meada caliente dentro.
A los pocos minutos, apareció en mi habitación en tetas con el café en una mano y la meada en otra. Me dispuse a disfrutar.
Era hermoso ver a la puta de mi Tía bebiéndose mi meo abundante, lo disfrutaba en cada trago como si fuera un whisky y decía que cada vez le sabía mejor, no pude ocultar mi erección.
A partir de entonces, cada mañana la muy trola se traga mi meada tibia sin rechistar, soy un hijo de puta y no puedo evitarlo.
Al principio creí que no se daba cuenta, pero cuál fue mi sorpresa ayer cuando al entrar al baño en lugar de encontrarme su meada, encontré el vaso vacío y abierto como invitándome a que depositara mi néctar. Sin dudarlo llené el plástico con mi infusión matutina y esperé en la cocina. Al rato apareció con el vasito en la mano, y delante de mí se lo bebió lentamente mirándome a los ojos y sin decir ni una palabra. Era una yegua y lo sabía. Todo estaba dicho.
Hoy al despertarme con un café como siempre, me dijo que quizás el tratamiento funcionaría mejor sin dejar reposar el líquido porque así no perdería propiedades, agarró mi pija semi erecta y como una *** de carne se la puso en la boca. Muy de a poco fui meando su boquita para que a pequeños sorbos fuera tragando toda mi emulsión caliente. No decía nada. Era hermosa verla mirándome a los ojos fijamente, con mi verga en su boca, sin apenas moverse. Tragando todo con las tetas colgando erectas y redondas, como una niña buena. Cada vez mi tronco se iba poniendo más duro y venoso y el líquido salía con más potencia, la visión de ver como su boca hacía cada vez más esfuerzo en contener la carne que se agrandaba y el caudal dorado aumentaba su presión era francamente divina.
Al acabar de mear mi verga estaba durísima, ella sin sacarla de su boca, empezó a masajearme muy lentamente los huevos y el tronco, casi imperceptiblemente. Con su boca mantenía sellada la punta. Estuvo así más de 15 minutos, un placer continuo y creciente, mientras yo me bebía el café y fumaba un cigarrillo. No pude aguantar mucho más, el masaje de chota que me estaba propinando dio sus frutos y poco a poco le llené la boca de leche caliente y espesa que salió a borbotones. La acabada duró un largo rato, ya que al frotarme los huevos despacio, fue como si ralentizara el proceso, fue precioso. Me imaginaba que su comida había sido mi meada tibia y el postre mi semen espeso y sabroso.
Al acabar se levantó de la cama sin dejar ni una sola gotita en la cabeza morada, me beso suavemente en los labios y se fue a trabajar con la pancita llena del desayuno natural de su “sobri” preferido. Esta vez sin lavarse los dientes como queriendo retener ese sabor en su boca. Me encanta mi Tía.

Esa era mi Tía y así la recuerdo en aquellos días de verano.