Episodio II: La mañana después
Me desperté con el cuerpo de Jesi pegado al mío. Su pierna sobre la mía, su cabeza en mi pecho. La luz entraba suave por la cortina. Eran como las 10 de la mañana. Por un segundo me sentí bien, en paz. Pero enseguida me vino el flash de la noche anterior: la cena, la mirada de Sofía, la timidez de Mica, y después cómo había cogido a Jesi sabiendo que su mamá y su hermana estaban a pocos metros.
“¿Qué carajo estoy pensando?”, me dije internamente. “Es la primera vez que vengo y ya estoy fantaseando con la familia de mi novia. Esto está mal, boludo. Muy mal.”
Jesi se movió y me sonrió con esa cara de recién cogida que tanto me gustaba.
—Buenos días, amor… —murmuró, y bajó la mano directo a mi pija, que ya estaba medio dura—. Mmm, parece que alguien amaneció con ganas.
La besé, pero había un nudo en el estómago. La quería mucho. Hacía un año que estábamos juntos y era la mejor novia que había tenido: tierna, loca por mí, y en la cama una puta total. ¿Cómo podía estar pensando en su mamá? ¿Y en su hermana de 18, recién cumplidos?
—Pará un poco, Jesi… ¿y si nos escuchan? —susurré.
Ella se rio bajito y se puso arriba mío, frotándose despacio.
—Justo por eso. Me calienta pensar que pueden oír algo… pero voy a ser calladita.
No pude resistirme. Le agarré las tetas con fuerza mientras ella se sentaba despacio en mi verga. La cogí despacio al principio, profundo, mirándola a los ojos. Jesi mordía la almohada para no gemir fuerte. Cuando empecé a embestir más fuerte, le tapé la boca con la mano y le hablé al oído:
—Sos mi puta favorita, sabés…
Se corrió temblando, y yo terminé adentro de ella, como siempre. Después nos quedamos un rato abrazados. Mientras le acariciaba el pelo, volvieron los pensamientos:
“Esto es lo que tengo que cuidar. No puedo arruinarlo por una calentura estúpida. Sofía es la mamá de mi novia. Mica es su hermana. Punto.”
Bajamos a desayunar cerca de las 11. Sofía estaba en la cocina, con una musculosa suelta y un short de jean que le marcaba bien el culo. Se movía con esa seguridad que tienen las mujeres que saben que todavía están buenas. Me miró y sonrió.
—Buen día, Esteban. ¿Dormiste bien? —preguntó con voz normal, pero sus ojos se detuvieron un segundo más de lo necesario.
—Bien, gracias. La cama es cómoda —respondí, tratando de sonar casual. Internamente me puteaba: “Dejá de mirarle las piernas, pelotudo.”
Mica estaba sentada en la mesa, con el pelo suelto y una remera grande. Me saludó casi sin mirarme, colorada.
—Hola… —dijo bajito.
Sofía nos sirvió mate y facturas. La charla fue liviana: hablaron de la facultad de Mica, del trabajo de Jesi, de que Darío estaba en un viaje por Córdoba y volvía en unos días. Cada vez que Sofía mencionaba a Darío su tono era neutro, casi resignado.
Pensamiento de Sofía (interno): “Es más alto y parece más hombre de lo que contaba Jesi. Y esa forma de mirarme disimuladamente… hace rato que Darío no me mira así. Pero es el novio de mi hija, Sofía. Controlate.”
Yo ayudé a levantar la mesa. En un momento, al pasar cerca de Sofía para dejar unos platos, mi brazo rozó el de ella. Fue un segundo, pero sentí electricidad. Me corrí rápido.
—Perdón —dije.
—No pasa nada —contestó ella con una sonrisita.
Jesi estaba en el living contestando mensajes y Mica había subido a su pieza un rato. Sofía y yo nos quedamos solos en la cocina unos minutos.
—¿Y vos, Esteban? ¿Qué hacés? Jesi dice que sos bastante trabajador —preguntó mientras lavaba algo en la pileta, dándome la espalda.
Le conté un poco de mi laburo, tratando de mantener la conversación segura. Pero mi cabeza iba sola: “Tiene 36 pero se ve mejor que muchas de 25. Y ese tono dominante que tiene… me pregunto cómo será en la cama.” Inmediatamente me sentí una mierda: “¿Qué carajo te pasa? Es la mamá de Jesi.”
Sofía se dio vuelta y me miró fijo.
—Se nota que querés mucho a mi hija. Me alegra. Pero cuidala, eh. Las cosas por acá a veces son complicadas.
No supe bien qué quiso decir con eso. ¿Hablaba de Darío? ¿O era una advertencia para mí?
Después del mediodía salimos a la pileta. Jesi se puso un bikini negro que le quedaba increíble. Mica uno más recatado, pero igual se le veía el cuerpo joven y firme. Sofía bajó con un traje de baño entero que le marcaba todo.
Me senté en una reposera intentando no mirar mucho. Jesi se tiró arriba mío, mojada, y me besó.
—Amor, relájate… estás medio tenso —me dijo al oído.
Pensamiento de Jesi: “Me encanta tenerlo acá. Ma lo mira raro, pero es normal, Esteban es lindo. Mica está toda tímida… pobrecita, debe estar impresionada.”
Mica se quedó más alejada, leyendo en el celular, pero cada tanto levantaba la vista hacia nosotros. Especialmente cuando Jesi se reía fuerte o me tocaba.
Pensamiento de Mica: “Jesi parece tan segura con él… yo ni siquiera besé a nadie todavía. Esteban es alto y tiene voz grave. ¿Por qué me pongo nerviosa cuando me mira? Es el novio de mi hermana, Mica. No seas rara.”
Sofía se puso a tomar sol cerca. Cada tanto charlábamos de cosas sin importancia, pero había una tensión sutil. Yo intentaba enfocarme en Jesi, en lo que teníamos, pero no podía evitar notar cómo Sofía cruzaba las piernas o cómo se acomodaba el pelo.
A media tarde subí un rato a la pieza de Jesi a buscar protector solar. Cuando bajaba, me crucé con Mica en la escalera. Ella venía subiendo. Nos quedamos los dos parados un segundo en el paso estrecho.
—Perdón —dijimos al mismo tiempo.
Ella se puso roja hasta las orejas.
—No hay problema —le dije sonriendo suave.
Mica bajó la mirada y siguió bajando rápido.
Pensamiento mío: “Es solo una piba de 18. Virgen. Hermana de tu novia. Controlate, Esteban. Esto no puede pasar.”
Pero por primera vez, la idea de que “no podía pasar” no sonó tan convincente como esa mañana.
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Segunda parte, espero que la disfruten, se que la historia va lento pero ya va a venir lo bueno
Se agradece los comentarios, si llega a los 200 putos subo la siguiente parte hoy, sino mañana
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Me desperté con el cuerpo de Jesi pegado al mío. Su pierna sobre la mía, su cabeza en mi pecho. La luz entraba suave por la cortina. Eran como las 10 de la mañana. Por un segundo me sentí bien, en paz. Pero enseguida me vino el flash de la noche anterior: la cena, la mirada de Sofía, la timidez de Mica, y después cómo había cogido a Jesi sabiendo que su mamá y su hermana estaban a pocos metros.
“¿Qué carajo estoy pensando?”, me dije internamente. “Es la primera vez que vengo y ya estoy fantaseando con la familia de mi novia. Esto está mal, boludo. Muy mal.”
Jesi se movió y me sonrió con esa cara de recién cogida que tanto me gustaba.
—Buenos días, amor… —murmuró, y bajó la mano directo a mi pija, que ya estaba medio dura—. Mmm, parece que alguien amaneció con ganas.
La besé, pero había un nudo en el estómago. La quería mucho. Hacía un año que estábamos juntos y era la mejor novia que había tenido: tierna, loca por mí, y en la cama una puta total. ¿Cómo podía estar pensando en su mamá? ¿Y en su hermana de 18, recién cumplidos?
—Pará un poco, Jesi… ¿y si nos escuchan? —susurré.
Ella se rio bajito y se puso arriba mío, frotándose despacio.
—Justo por eso. Me calienta pensar que pueden oír algo… pero voy a ser calladita.
No pude resistirme. Le agarré las tetas con fuerza mientras ella se sentaba despacio en mi verga. La cogí despacio al principio, profundo, mirándola a los ojos. Jesi mordía la almohada para no gemir fuerte. Cuando empecé a embestir más fuerte, le tapé la boca con la mano y le hablé al oído:
—Sos mi puta favorita, sabés…
Se corrió temblando, y yo terminé adentro de ella, como siempre. Después nos quedamos un rato abrazados. Mientras le acariciaba el pelo, volvieron los pensamientos:
“Esto es lo que tengo que cuidar. No puedo arruinarlo por una calentura estúpida. Sofía es la mamá de mi novia. Mica es su hermana. Punto.”
Bajamos a desayunar cerca de las 11. Sofía estaba en la cocina, con una musculosa suelta y un short de jean que le marcaba bien el culo. Se movía con esa seguridad que tienen las mujeres que saben que todavía están buenas. Me miró y sonrió.
—Buen día, Esteban. ¿Dormiste bien? —preguntó con voz normal, pero sus ojos se detuvieron un segundo más de lo necesario.
—Bien, gracias. La cama es cómoda —respondí, tratando de sonar casual. Internamente me puteaba: “Dejá de mirarle las piernas, pelotudo.”
Mica estaba sentada en la mesa, con el pelo suelto y una remera grande. Me saludó casi sin mirarme, colorada.
—Hola… —dijo bajito.
Sofía nos sirvió mate y facturas. La charla fue liviana: hablaron de la facultad de Mica, del trabajo de Jesi, de que Darío estaba en un viaje por Córdoba y volvía en unos días. Cada vez que Sofía mencionaba a Darío su tono era neutro, casi resignado.
Pensamiento de Sofía (interno): “Es más alto y parece más hombre de lo que contaba Jesi. Y esa forma de mirarme disimuladamente… hace rato que Darío no me mira así. Pero es el novio de mi hija, Sofía. Controlate.”
Yo ayudé a levantar la mesa. En un momento, al pasar cerca de Sofía para dejar unos platos, mi brazo rozó el de ella. Fue un segundo, pero sentí electricidad. Me corrí rápido.
—Perdón —dije.
—No pasa nada —contestó ella con una sonrisita.
Jesi estaba en el living contestando mensajes y Mica había subido a su pieza un rato. Sofía y yo nos quedamos solos en la cocina unos minutos.
—¿Y vos, Esteban? ¿Qué hacés? Jesi dice que sos bastante trabajador —preguntó mientras lavaba algo en la pileta, dándome la espalda.
Le conté un poco de mi laburo, tratando de mantener la conversación segura. Pero mi cabeza iba sola: “Tiene 36 pero se ve mejor que muchas de 25. Y ese tono dominante que tiene… me pregunto cómo será en la cama.” Inmediatamente me sentí una mierda: “¿Qué carajo te pasa? Es la mamá de Jesi.”
Sofía se dio vuelta y me miró fijo.
—Se nota que querés mucho a mi hija. Me alegra. Pero cuidala, eh. Las cosas por acá a veces son complicadas.
No supe bien qué quiso decir con eso. ¿Hablaba de Darío? ¿O era una advertencia para mí?
Después del mediodía salimos a la pileta. Jesi se puso un bikini negro que le quedaba increíble. Mica uno más recatado, pero igual se le veía el cuerpo joven y firme. Sofía bajó con un traje de baño entero que le marcaba todo.
Me senté en una reposera intentando no mirar mucho. Jesi se tiró arriba mío, mojada, y me besó.
—Amor, relájate… estás medio tenso —me dijo al oído.
Pensamiento de Jesi: “Me encanta tenerlo acá. Ma lo mira raro, pero es normal, Esteban es lindo. Mica está toda tímida… pobrecita, debe estar impresionada.”
Mica se quedó más alejada, leyendo en el celular, pero cada tanto levantaba la vista hacia nosotros. Especialmente cuando Jesi se reía fuerte o me tocaba.
Pensamiento de Mica: “Jesi parece tan segura con él… yo ni siquiera besé a nadie todavía. Esteban es alto y tiene voz grave. ¿Por qué me pongo nerviosa cuando me mira? Es el novio de mi hermana, Mica. No seas rara.”
Sofía se puso a tomar sol cerca. Cada tanto charlábamos de cosas sin importancia, pero había una tensión sutil. Yo intentaba enfocarme en Jesi, en lo que teníamos, pero no podía evitar notar cómo Sofía cruzaba las piernas o cómo se acomodaba el pelo.
A media tarde subí un rato a la pieza de Jesi a buscar protector solar. Cuando bajaba, me crucé con Mica en la escalera. Ella venía subiendo. Nos quedamos los dos parados un segundo en el paso estrecho.
—Perdón —dijimos al mismo tiempo.
Ella se puso roja hasta las orejas.
—No hay problema —le dije sonriendo suave.
Mica bajó la mirada y siguió bajando rápido.
Pensamiento mío: “Es solo una piba de 18. Virgen. Hermana de tu novia. Controlate, Esteban. Esto no puede pasar.”
Pero por primera vez, la idea de que “no podía pasar” no sonó tan convincente como esa mañana.
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Segunda parte, espero que la disfruten, se que la historia va lento pero ya va a venir lo bueno
Se agradece los comentarios, si llega a los 200 putos subo la siguiente parte hoy, sino mañana
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3 comentarios - La Familia De Mi Novia Pt2
Si, no me estoy concentrando tanto en los detalles sino más en la historia, voy a ver cómo sigo