You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Traición

Me llamo Carol. Tengo 24 años y llevo dos años saliendo con alguien.Mi novio y yo nos llevamos muy bien en todos los aspectos. Bueno, casi entodos.
 
Me encanta salir a caminar. Si pudiera, saldría todos los fines desemana, ¡pero él no! Esto a veces provoca discusiones, pero por otro lado, nosllevamos muy bien en la cama. Mido 1,70 m, peso 58 kg, tengo muslos gruesos yun culo firme de 100 cm de diámetro. Mis tetas son de tamaño mediano, tengo elpelo castaño claro, la piel muy blanca y ojos azules que llaman la atenciónallá donde voy.
 
Mi novio está extremadamente celoso de mí, y yo también lo estoy deél. Ambos tenemos un fuerte deseo de tener sexo delante de otras personas o depracticar el intercambio de parejas. De hecho, él realmente quiere compartirmecon otro hombre, ver a otro tipo aprovechándose de mí delante de él. Esta idealo excita mucho, pero nunca la pusimos en práctica. Una vez, con unos treintadías de antelación, planeamos pasar un fin de semana en un complejo turísticoen el campo. Pasaríamos dos días disfrutando de las piscinas, de las cascadas, enuna posada súper acogedora, ¡y por supuesto, mucho sexo! Como no tenía unbikini bonito, fuimos a comprar uno nuevo. Me hizo probarme un bikini de tangaporque le excitaba mucho. Además, dijo que quería presumir de mí ante todos. Laidea de verme siendo objeto de las miradas de otros hombres lo volvía loco. Elbikini era negro, talla pequeña, y se veía escandalosamente indecente en mienorme culo, casi desapareciendo por completo en mi raja. Me encantaba mirarmeen el espejo y sentirme prácticamente desnuda, aún más al recordar que usaríaese bikini frente a desconocidos con el consentimiento de mi novio. Cuando mevio en el probador, le pareció escandaloso, pero aun así insistió en quecomprara el bikini, e incluso insistió en pagar la cuenta por mí. Dijo que,como estaríamos lejos de conocidos, podríamos hacer todo tipo de travesuras.
 
Y él quería que yo llamara la atención de todos. Me entusiasmé con laidea e incluso empecé a fantasear. Pero me pidió que solo usara ese bikinicuando estuviéramos juntos. Cuando estuviera sola en un club o en la playa,debía usar el otro bikini, más recatado, que compramos poco después.
 
Por supuesto que acepté enseguida, porque estaba muy ilusionada con ély su iniciativa. Pero luego, tres días antes del viaje, me llamó diciendo queya no iba, que había perdido las ganas de ir... Y un montón de excusas tontas.¡Siempre hacía lo mismo! ¡Qué fastidio! Si fuera la primera vez lo entendería,pero ya había perdido la cuenta de cuántas veces había pasado. Siempre hacíaplanes, me ilusionaba y, justo en el momento crucial, ¡se echaba atrás!
 
Pero esta vez estaba realmente furiosa y le dije que iba a viajar sí osí. No iba a pasar las vacaciones en casa para nada. ¡Le colgué! Después mellamó y le respondí igual. Le dije que iba a viajar con o sin él.
 
Al día siguiente le dije que iba a ir a un club con mi hermano y sunovia, y le pregunté si quería venir con nosotros. Me dijo que lo pensaría.

Traición

Eso me enfureció muchísimo porque sabía que, una vez más, me iba adecepcionar. La noche anterior al viaje, volví a llamarlo y le pedí unarespuesta definitiva. Le pregunté: "¿Entonces, vas o no?". Cuandoempezó a dar vueltas otra vez, me enfurecí, le dije que iba sola y le colgué.
 
Mientras hacía la maleta, mi cuñada me dijo que no olvidara llevar unbikini para poder disfrutar de la piscina. Eso me llamó la atención deinmediato y pensé: "¡Ay, no! ¿Qué hago ahora?". No sabía si llevar unbikini de tanga, ya que había acordado con mi novio que solo lo usaría cuandoél estuviera conmigo. Lo pensé un rato y decidí llevar los dos bikinis; yavería qué hacer al llegar.
 
Llegamos al club y era un día precioso y soleado. El lugar eramaravilloso, muy verde, con muchas cascadas. Los chalets eran muy acogedores ybonitos, y estaban un poco apartados. Perfectos para estar a solas con alguienque te gusta y tener sexo tranquilo y genial. En ese momento me enfadé aún másporque no había venido conmigo. Decidimos cambiarnos de ropa para dar un paseo,disfrutar del bonito día y respirar aire fresco. Mi cuñada y yo nos pusimospantalones cortos de playa, eran cortos, pero no demasiado. Mi hermano se pusouna camiseta de tirantes y pantalones cortos y después salimos.
 
Mis shorts se veían súper provocativos, mostrando mi enorme culo. Nopasó mucho tiempo antes de que empezara a notar que los hombres me miraban. Osea, miraban mi culo que sobresalía en esos shorts blancos ajustados. Comoestaba con mi hermano y mi cuñada, no se me acercaron, pero tan pronto como mequedaba quieta un momento, veía a los tipos desnudándome con la mirada. Me dicuenta de que a dondequiera que íbamos, siempre había un tipo siguiéndonos acierta distancia. Incluso intentaba disimularlo bien, pero rápidamente descubrílo que tramaba. Cada vez que me daba vuelta, prácticamente se abalanzaba sobremí y me agarraba el culo. Mi primera reacción fue reservada, después de todo,soy una mujer comprometida y nunca le había sido infiel a mi novio, pero luegorecordé que me había hecho enfadar mucho al no querer venir conmigo por unatontería. Pensé: "¡Mierda! Acá estoy, hermosa, con toda esta carne paradarle gratis, y el hijo de puta me deja sola y se queda en casa todo el fin desemana. ¡Qué estúpido!" Así que empecé a dejar que el tipo apreciara másmi culo. Me detenía cuando me agachaba a recoger algo del suelo o me apoyaba enel mostrador cuando iba a comprar helado. Protegida por la compañía de mihermano y mi cuñada, disfrutaba de la situación y me excitaba que esedesconocido me mirara de arriba abajo. Pero lo hacía discretamente; después detodo, solo me estaba divirtiendo un poco. No tenía ninguna intención de dejarque ese tipo se acercara demasiado.
 
Después de un rato, decidimos volver al chalet y descansar un poco. Elhombre dejó de seguirnos y desapareció. Mientras descansábamos, una guía delclub llamó a la puerta. Nos invitó a visitar una granja que estaba a 30 minutosen coche, por un camino de tierra. Mi hermano y su novia aceptaron.
 
Llegaron puntuales y me llamaron para que los acompañara. Todavía mesentía un poco deprimida por lo de mi novio y dije que prefería quedarme en elclub. Siguieron al guía turístico y me quedé sola. Encendí la televisión yempecé a cambiar de canal, buscando algo interesante, hasta que inesperadamenteencontré un canal porno. Me acomodé en la cama y empecé a ver una película.Salían hombres atractivos y mujeres hermosas en escenas muy sensuales. Meexcitó mucho y me hizo pensar de nuevo en mi novio. En ese momento pensé:"¿Por qué no está ese cornudo acá ahora, teniendo sexo conmigo?".Pensándolo bien, no sé por qué repetí nuevamente: "¡Cornudo!". Esapalabra empezó a darme vueltas en la cabeza, provocándome mariposas en elestómago. La idea me excitaba mucho, pero al mismo tiempo me asustaba. Pensé enir a las piscinas y hacer algo; después de todo, ahora estaba sola, sin mihermano y mi cuñada cerca. Pasé un buen rato con un lío de sentimientos ydeseos en la cabeza. Estaba increíblemente excitada con la idea de hacer algo,pero al mismo tiempo tenía miedo, porque nunca antes había hecho algo así.Nunca había sido infiel, pero ahora estaba allí sola, muriéndome de deseo yfuriosa con mi novio. Miré la televisión y vi esas deliciosas escenas de sexo.Recordé a los chicos mirándome mientras caminaba, ¡sobre todo cuando uno deellos me siguió! Un pequeño diablillo me rondaba la cabeza todo el tiempo y miexcitación no hacía más que aumentar.
 
Reuní el valor necesario, abrí la maleta y me puse el bikini de tanga.Al mirarme en el espejo, me sentí aún más sexy y excitada. Mi culo estaba súperfirme, y mientras caminaba por la habitación, mirándome en el espejo y viendocómo el bikini se hundía y desaparecía entre mis nalgas, mi cabeza se inundó deuna avalancha de fantasías indecentes, y reí para mis adentros, una risatraviesa y deliciosa de alguien que está muy emocionada pensando en hacertravesuras.
 
Estiré aún más las tiras del bikini, haciendo que prácticamentedesapareciera tanto por detrás como por delante.
 
Pensé para mis adentros: "Me pidió que no usara hilo dentalmientras estaba sola, pero en vez de acompañarme, el muy idiota prefirióquedarse en casa. ¡Voy a usar hilo dental para que aprenda a no volver ahacerme eso!".
 

Me até un pareo transparente alrededor de la cintura, metí algunascosas en una bolsita y me dirigí hacia las piscinas.

sexo anal

Resulta que mi novio cambió de opinión en el último minuto y decidióir también al club, pero no le dijo nada a nadie. Después de que todo terminó,me contó lo que pasó. Cuando llegó al club, me vio salir del chalet desdelejos, y por la parte de arriba de mi bikini, se dio cuenta de que estabausando la tanga. Se enfadó mucho en ese momento, y en lugar de acercarse a mí,decidió seguirme a distancia para averiguar exactamente qué estaba pasando yver de qué sería capaz lejos de él. Como no sabía que me estaba mirando, caminélibremente hacia la piscina. Había mucha gente allí. Hombres, mujeres, niños,ancianos... En resumen, todo tipo de personas. Cuando llegué, el efecto fueinmediato. Me quité el pareo y me tumbé en una silla que estaba junto a lapiscina. Me puse boca abajo y dejé mi culo bastante expuesto para quecualquiera pudiera verlo, porque la tanga no ocultaba nada, pero realmentequería provocar a todos. Pronto me di cuenta de que los hombres, incluso losque iban acompañados de sus esposas e hijos, tardaban una eternidad en pasarpor detrás de mi silla. Algunas mujeres estaban furiosas y envidiosas por notener el mismo cuerpo que yo y no poder usar un bikini como ese. Me encantabaser el centro de atención. Mi novio observaba todo desde la distancia,muriéndose de deseo mientras se mordía el labio de celos. Entonces, aquel tipoque me había seguido antes apareció de repente, se sentó en una silla a mi ladoy empezó a hablar. Empezó con su discurso habitual, preguntándome de dónde era,cuánto tiempo pensaba quedarme, qué me parecía el club... Ese tipo de cosas. Memiraba de arriba abajo mientras hablábamos. Ni siquiera se molestó en disimularsu enorme erección bajo el short de baño, y eso me puso aún más caliente. Aveces sentía remordimientos y pensaba en disculparme e irme, pero al mismotiempo me sentía increíble en esa situación y terminé quedándome. Desde queempecé a salir con chicos, nunca había pasado tanto tiempo hablando a solas conun desconocido. Sobre todo con un tipo que hizo todo lo posible para que notarasu erección dura y palpitante. Y lo hizo descaradamente. Incluso hubo unmomento en que empezó a apretarse la verga con la mano, justo delante de mí,mientras seguía hablando con normalidad. Acercó su silla a la mía, separó laspiernas y empezó a acariciarse la verga a escasos centímetros de mi cara. Serió con cinismo y yo fingí que no pasaba nada.
 
Mis gafas de sol me ayudaron a mantener la compostura, ya que no podíamirarlo a los ojos. Por otro lado, no pude evitar echarle un vistazo a suerección de vez en cuando.
 
No le importaba mucho ser discreto, y algunos transeúntes empezaron adarse cuenta de que algo pasaba. Mi concha ardía y no sabía qué hacer. Lasituación era deliciosa, pero la gente a nuestro alrededor me avergonzaba unpoco. Las cosas se estaban poniendo peligrosas. Para aligerar un poco elambiente, decidí darme un chapuzón en la piscina, y por supuesto, él me siguió.
 

Mi novio permaneció oculto, lo que le dio más margen para ver hastadónde llegaría esta historia.

sexo oral

Mientras estábamos en el agua, inventó mil excusas para acercarse ypresionar su cuerpo contra el mío, y como había mucha gente en la piscina,bastaba con que alguien nadara cerca para que él me "chocaraaccidentalmente" y me diera un ligero apretón. No lo animé, pero consentí.Fingí creer los golpes, y a cada disculpa, simplemente respondía: "Estábien, con la piscina tan llena, es difícil no chocar con las cosas". Llegóun punto en que ya ni siquiera se molestaba en disculparse, y me di cuenta deque si no hacía algo, terminaría teniendo sexo conmigo allí mismo en el agua,con todos mirando. Quería salir, pero cada vez que sentía su verga dura rozandoligeramente mi culo en el agua, quería facilitarle las cosas para que simplementeentrara, pero entonces miraba a mi alrededor y me enfrentaba a la realidad. Eradelicioso cuando se sumergía y permanecía bajo el agua durante un buen rato,cerca de mí. En ese momento, siempre encontraba la manera de ajustarme elbikini y dejar que viera un poco más. Subía bien los tirantes, haciendo que elbikini se metiera aún más, tanto por delante como por detrás, y ahí estaba él,a solo centímetros de mí, mirándome tan de cerca que su cara casi tocaba mi concha.Siemrpe tenía cuidado de asegurarme de que nadie estuviera demasiado cerca paraverme, pero en cuanto se zambullía en el agua, fingía que no pasaba nada yempezaba a ajustarme el bikini.
 

Al ver que las cosas se iban a complicar si ese jueguito continuaba,decidí salir de la piscina. Cuando me apoyé en el borde, se acercó por detráscon el pretexto de ayudarme y terminó con la cara justo debajo de mi culo, ycomo la tanga no cubría nada, vio casi todo lo que quería ver. Salí muydespacio, a propósito. Cuando nos sentamos de nuevo a hablar, noté su erecciónpalpitando, casi a punto de salirse de la goma elástica de su short de baño.Poco después, llegó un amigo suyo y se unió a nosotros. Solo entonces nosacordamos de presentarnos. Se llamaba Paulo, y el amigo que acababa de llegarera Rodrigo, un hombre negro alto de 1,90 m que, sentado a mi lado, no dejabade mirarme los muslos como si nunca hubiera visto un par de piernas. ¡Nisiquiera puedo imaginar la cara de mi novio en ese momento, viéndome allí mediodesnuda, charlando con dos desconocidos, y uno de ellos negro!

cuernos

En ese momento, incluso me pareció gracioso, recordando que mi noviome había dejado sola, ya fuera por pereza o por pura manía, y ahora meencontraba allí, casi desnuda ante dos completos desconocidos que prácticamenteme desnudaban con la mirada, esperando una oportunidad para cogerme de verdad.Rodrigo, el chico negro, me preguntó enseguida dónde me alojaba y si estabasola. Le respondí que estaba en el chalet número 110, pero que estaba con mihermano y mi cuñada, que habían ido a visitar una granja de la región, y queestaba allí sola un momento, disfrutando de la piscina. Paulo empezó a hablarde lo acogedores que eran los chalets, y que, al estar apartados, eran idealespara besarnos tranquilamente sin que nadie nos viera y, por lo tanto, sin quenadie nos molestara. Dejó muy claras sus intenciones mientras le dedicaba a suamigo sonrisas astutas y discretas. Estuve de acuerdo con la comodidad de loschalets, pero dije que el único problema era mi televisor, que tenía problemaspara sintonizar algunos canales. Inventé esta historia sin pensarlo, derepente. Creo que, inconscientemente, buscaba una excusa para ir con ellos a micabaña y continuar el juego. Inmediatamente, Rodrigo se ofreció a echarle unvistazo a mi televisor, afirmando ser un buen experto en electrónica. Habló tande repente que me quedé sin palabras, diciendo que no tenía prisa y que queríadisfrutar del sol un poco más. La verdad es que no estaba segura de llevar aesos dos a mi cabaña, pero me moría de deseo. Para no ser demasiado obvia, dijeque era mejor esperar a que mi hermano volviera y que entonces él podría verque le pasaba al televisor. Ni siquiera terminé de hablar y sonó mi celular.Era mi hermano, diciéndome que había decidido pasar el resto del día con sunovia en la granja, que era un lugar precioso, y preguntándome si no meimportaba que me quedara sola. Le dije que no habría problema, ya que lo estabapasando genial en el club. Colgué y pensé: «Mierda, todo se confabula para quehaga algo con estos dos en el chalet». Mientras hablaba por teléfono, les di laespalda y me moví lentamente, dejando mi culo aún más a la vista de sus ojoshambrientos desde todos los ángulos. Por el rabillo del ojo, vi que ambosestaban excitados y que de vez en cuando intercambiaban miradas y comentariosobscenos.
 

Después de colgar el teléfono, giré hacia ellos y les dije: «Mihermano no volverá hasta esta noche, así que creo que deberíamos ver quéproblema tiene el televisor ahora. Le costará a mi hermano verlo de noche».Respiré hondo; el corazón me latía con fuerza, sentía una descarga deadrenalina al pensar en lo que estaba a punto de suceder. Temblaba de nervios,pero la lujuria era más fuerte. Recogí mis cosas, me puse el pareo y los tresnos dirigimos al chalet. Mi novio, que lo estaba viendo todo, no podía creer loque veían sus ojos, y creo que si hubiera adivinado lo que iba a pasar, mehabría detenido en ese mismo instante.

relatos

Creo que para entonces mi novio ya se había dado cuenta de lo queplaneaba hacer, pero aun así, no apareció, continuando observando todo desdelejos. Mientras caminábamos hacia el chalet, pensaba en mil cosas. Prontoestaría sola con esos dos tipos que querían acostarse conmigo en la habitación,y a pesar de la enorme lujuria que sentía, todavía estaba un poco aprensiva.Disfrutaba de la libertad de hacer lo que quisiera, sin mi hermano y mi cuñadacerca, y especialmente sin mi novio. De hecho, cada vez que pensaba en él y sucomportamiento infantil, siempre metiéndose en líos conmigo, mi deseo deengañarlo aumentaba, y reunía aún más valor para continuar con mi pequeñaaventura. Los dos tipos caminaban a mi lado, muy cerca, pero ninguno de los dosdijo explícitamente lo que quería hacer. Cualquiera que pasara por allípensaría que éramos tres amigos paseando tranquilamente, charlando sobre cosastriviales. Tan pronto como cruzamos la pequeña puerta de entrada a mi chalet,Rodrigo, suave pero muy sugerente, puso su mano en mi cintura. Mi corazón latíacon fuerza, casi se me salía del pecho.
 
Disfrutaba cada instante de aquella tarde, sintiéndome libre, ligera ydespreocupada, sin sospechar que mi novio observaba todo lo que sucedía a pocosmetros de mí. Todavía me pregunto qué le pasaba por la cabeza al vermedirigirme a un chalet apartado con dos desconocidos. Y más aún, al verme conese bikini de tanga que me había hecho prometer que no me pondría cuandoestuviera sola, con todo el culo al descubierto. Con solo mirarme más de cerca,habría visto que ambos estaban excitados, intentando acercarse a mí todo eltiempo, y yo les correspondía. Discretamente, claro, pero les correspondía.
 

Crucé el umbral y saqué la llave del bolso, intentando disimular elnerviosismo que sentía. Los dos se detuvieron detrás de mí, ansiosos por vercómo se abría la puerta y poner en práctica todo lo que habían dejado claro consus miradas y risitas.

Traición

Cuando llegué a la puerta, volví a mirar a los dos chicos y vi que semorían de ganas de entrar y acostarse conmigo. Se les notaba en la cara. Bueno,no solo en la cara. De reojo, pude ver lo duras que estaban sus vergas bajo susshorts. Parecía que el hecho de estar tan cerca de entrar los ponía aún más calientes.Rodrigo ni siquiera esperó a que se abriera la puerta y empezó a masturbarseallí mismo en el balcón, mientras intercambiaba miradas lascivas con Paulo,quien a su vez no podía apartar la vista de mi culo. Cualquiera que pasara porallí vería claramente a una mujer entrando en un chalet aislado con dos tiposcompletamente calientes y con erecciones. Lo peor es que mi novio era quienestaba presenciando la escena. Pero yo no lo sabía, y después de respirarhondo, reuní el valor necesario y giré la llave...

sexo anal

Empujé la puerta, entré, tiré mi bolsita en un rincón y, sin miraratrás, dije: "Pasen, por favor". Antes de que terminara la frase, elgrandullón negro ya estaba pegado a mí por detrás, presionando su enorme y duraverga contra mi culo. Me asusté y solté un pequeño grito: "¡Hey... esperá!¿Qué es esto?!" Di unos pasos hacia adelante y giré hacia ellos. "¿Enqué están pensando? ¡Vinimos a arreglar la tele!" Cuando dije eso, estabatemblando. Entonces vi a Paulo cerrando la puerta. Giró la llave dos veces ydijo: "¡Carol, sos deliciosa! Estabas provocando a todo el mundo con esatanga escandalosa, mostrando ese delicioso culo a cualquiera que quisieraverlo, y ahora vamos a divertirnos con vos. Vamos a tener sexo como un tríocaliente". Ya sabés, fantasear es una cosa, pero cuando todo empieza asuceder de verdad, es muy diferente. Mis piernas temblaban de miedo, aunque yasabía que iba a pasar y me moría de ganas de hacerlo. Pensé: «Mierda, ¿en quéestaba pensando? Ahora sí que me van a violar, y la culpa es solo mía».Intentando salir de ese lío, les dije que si no paraban, gritaría pidiendoayuda. Paulo, con una sonrisa pícara, respondió: “Podés gritar todo lo quequieras. Estamos muy lejos de los demás. Tu chalet es el más alejado del club.Si querés gritar, adelante. ¡Me gustará escucharte gritar mientras te cogemos!”.Me quedé callada después de eso, porque tenía razón. No había nadie alrededor,excepto mi novio, que observaba toda la escena a escondidas, mirando por laventana. Pero el hijo de puta, aun sabiendo lo que estaba pasando, no hizoabsolutamente nada.
 

Como me veía asustada, el hombre negro dijo: "Tranquila, Carol.Seremos delicados con vos. Nadie quiere hacerte daño. Solo queremos un trío, y viendocómo estabas en la piscina, está claro que vos también lo querés". Luegosacó su enorme y dura verga de su short y dijo: "Mirá lo que tengo acápara vos... ¿Por qué no lo aprovechás?".

sexo oral

La verga del negro era enorme y hermosa. Nunca antes había visto laverga de un hombre negro, porque los pocos novios que había tenido eran todosblancos. Era oscura, con una gran cabeza roja y muy redonda, lo que laconvertía en la más hermosa que jamás había visto hasta ese día. Además, erarecta y muy gruesa. ¡Tenía a mi disposición unos 25 cm de verga negra!
 
Una vez escuché decir que basta con que un hombre le muestre a unamujer una erección para que pierda la compostura y se vuelva completamenteloca. En ese momento, pude ver que ese dicho era más que cierto. Era mucho másgrande que la verga de mi novio. Con solo pensarlo me daban ganas de acostarmecon ese enorme negro. Corrí hacia él, me arrodillé entre sus piernas y conavidez tomé esa enorme verga en mi boca. La chupé como si estuviera desesperadapor ella, con la boca hecha agua, goteando por las comisuras de mis labios. Esaera una verga de verdad. Grande, recta y gruesa... muy gruesa. Llenaba mi manoy apenas podía sostenerla. Ahí comenzó mi venganza contra mi novio, por ser tandescuidado conmigo. Pasé dos años aguantando su inmadurez e indiferencia, peroahora estaba chupando deliciosamente la verga de un negro musculoso. En esemomento, incluso deseé que estuviera viendo la escena, sin saber que enrealidad lo estaba haciendo. Fue un placer pensarlo en ese momento, y aún másdespués, cuando descubrí que lo había visto todo. Un detalle: mi novio siempre fuealgo racista. Me imagino el odio que debió sentir. Pero también debió sentirmucha excitación, ya que permaneció oculto, observándolo todo a través de laventana.
 
Tras unos cuantos gemidos, Rodrigo dijo: “Ahhh... sabía que teencantaría”. Yo respondí: “Está muy rica, y es mucho más grande que la verga demi novio”. Ambos se rieron a carcajadas al oír esto y dijeron: “Bueno, ahora tunovio, además de tener una verguita, va a tener un buen par de cuernos. ¡Ahoraes un cornudo!”.  “¡Sí, será un cornudo!¡Se lo merece!”, confirmé  y volví allenar mi boca con ese tronco enorme.
 

Era dura y espesa en mi boca. Se me heló la sangre cuando miré y vi aalguien espiando por la ventana. Sin pestañear, me coloqué en una posición queme permitiera ver mejor y me quedé atónita al confirmar que era la cara de minovio. Me daba vueltas la cabeza. El grandullón negro no entendió nada y siguiómetiéndome la verga en la garganta. Después del shock inicial, pensé:"¿Por qué solo mira y no hace nada? ¿Será...? ¡Dios mío, no puedo creerlo!Está disfrutando viéndome tener sexo con otro. Aprovecharé que no se dio cuentade que lo vi y seguiré para ver cuánto aguanta". ¡Y eso fue exactamente loque hice! Fingí no haber notado nada y seguí babeando sobre la verga del negro,pero ahora era diferente. El simple hecho de saber que mi novio estaba mirandotodo aumentó mi excitación mil veces, y empecé a tragarme esa serpiente negracon mucho más deseo. Aunque no podía mirarlo directamente, pude notar quereaccionó con asombro y excitación cuando intenté tragarla toda de una vez, ycomo no pude, comencé a chupar los enormes y húmedos testículos del negro,quien gimió ruidosamente y dijo: "¡Tu novio sí que es un cornudo!"

cuernos

Después de chupar esa enorme verga durante un buen rato, me levanté yle di la espalda a Rodrigo. Me incliné sobre el sofá y ofrecí mi culo para quelo frotara. Sin perder tiempo, se abalanzó sobre mí y empezó a forzar sugigantesco miembro empapado de saliva contra mi enorme culo blanco. Ladiferencia de color entre nuestras pieles hacía la escena muy clara, inclusopara alguien que miraba desde lejos. Empujó muy fuerte, y solo mi tanga impedíala penetración. Su verga estaba tan dura que en un momento la metió debajo deuna de las tiras y empezó a estirarla, casi arrancándome el bikini. Esodefinitivamente me volvió loca, y empecé a frotar mi culo contra él como siquisiera comérmelo con mi enorme culo. Dijo: -“No entiendo cómo tu novio tedeja andar sola así. ¡Creo que prácticamente estaba pidiendo que le pusieranlos cuernos!”. Oh, qué delicioso había sonado eso. Oí al negro decir esaspalabras, miré discretamente hacia la ventana y repetí en voz alta: -“¡Así es! Noes más que un cornudo y quiero sentir con me cogen ustedes dos. ¡Tal vezaprenda la lección!” En ese momento Paulo decidió unirse a la fiesta también, ydeteniéndose frente a mí, ya con su verga en la mano, me arrancó la partesuperior del bikini y empezó a morderme los pezones. No podía creerlo cuando lovi. Tenía una verga del mismo tamaño que la del negro, la única diferencia erael color. “¡Mierda! ¡Los dos tienen una verga muy grande... me van destrozar!”.“Todavía no, nena. Pero lo estarás. Podés apostar”, respondió Paulo. Paraprovocarlo aún más, dije alto y claro: “Hmmm... imaginen esto... el cornudo conesa verga de mierda, creyéndose la gran cosa, hasta el punto de dejarme sola, yahora estoy acá, con dos verdaderos troncos de carne... ¡Ojalá pudiera verlo!”.Ni siquiera había terminado la frase cuando Paulo me metió la verga en la boca,hasta el fondo de la garganta, provocándome arcadas. Estaba dominado por lalujuria y embistió sin piedad, tirándome del pelo y forzándome la cabeza haciaél. Sus bolas me golpeaban el mentón, tal era la profundidad a la que habíaenterrado su verga en mi babeante garganta. Allí estaba yo, siendo abusada porlos dos tipos, y el cornudo lo observaba todo desde la ventana.

relatos

Cuando Paulo finalmente me dio un respiro, dije, casi gimiendo: “Oh,Dios mío... ¡Hay muchas vergas para una sola mujer! ¡Las quiero a las dos en miconcha!”. El negro intervino de inmediato: “Las tendrás, nena... Y no solo entu concha... también te vamos a abrir el culo”.
 
¡Dios mío! Cuando dijo eso, ¡sentí un terrible cosquilleo en elestómago!
 
"¡No, mi culito no! Soy virgen en ese agujero. A mi novio no legusta, así que nunca lo intentamos.” Parece que dije una palabra mágica, porqueal oír eso, ambos soltaron un largo gemido al mismo tiempo: "Mmm... bueno,eso será mejor para tu culito. Te cogeremos con una verga mucho más grande quela de tu cornudo, y creeme, Carol... ¡Te va a gustar!" ¡Dios! Me moría deganas de tener sexo anal, después de todo, ¿qué sentido tiene tener un culo tangrande y no aprovechar lo que la naturaleza me dio? A veces incluso pensé enpedirle a mi novio que me lo hiciera por detrás, pero nunca tuve el valor,porque pensé que sería rebajarme demasiado, ofrecerme a alguien que no mostrabael más mínimo interés. A veces me sentía rechazada, como si no le gustara eltamaño de mi culo, precisamente la parte de mi cuerpo que más me gusta. En fin,ahora se presentaba la oportunidad. Encontré a dos hombres de verdad que seatrevieron a imponer su voluntad a una mujer y demostrar claramente que estabanansiosos por cogérsela. Les importaban un bledo mis miedos y dijeron sinrodeos: “¡Te vamos a romper el culo, puta!” Estaba delirando ante laposibilidad de que me cogieran por el culo. Lo que me asustaba era el tamaño delos troncos que iban a hacer el trabajo. Me tumbaron en el sofá, finalmente mearrancaron el hilo dental y me pusieron de espaldas.
 
“¡Sí señor! ¡Eso sí que es un culo de verdad! Mira ese culitoprecioso, rosado y apretado. ¡Hoy va a tragarse una verga hasta que no aguantemás!”. ¡Guau...! Eso sonó a música para mis oídos. Casi tengo un orgasmo solocon esas palabras firmes y directas, sin andarse con rodeos.
 

Sentí a Rodrigo separar mis nalgas con sus manos, ¡y luego su lenguafue directa al grano! ¡Justo en mi ano...! Fue delicioso sentir ese músculohúmedo y atrevido explorando todos mis pliegues, dando vueltas y tratando deabrirse paso, luego haciendo un viaje de arriba abajo entre las grietas yregresando directamente al centro de mi ano. Mmm... Tenía escalofríos con cadamovimiento. ¡Fue lo más obsceno que jamás había hecho en mi vida!

Traición

Paulo no pudo quedarse mirando y dijo que también quería probar miculo, así que Rodrigo se apartó un poco y le dio su turno. Los dos se turnaron,lamiendo cada uno con más deleite que el otro. De vez en cuando sentía un dedotravieso entrando, como si me dieran una muestra de lo que estaba por venir. ¡Omejor dicho, de lo que estaba por venir desde atrás! Sintiendo que mi culo secontraía, les sujeté la cabeza y presioné aún más fuerte, y ellos se dejaronenterrar sus caras en ese monumento de carne suave, cálida y húmeda. Cerré losojos y ya no sabía cuál de los dos me estaba lamiendo. Simplemente disfrutédelirantemente del orgasmo que se acercaba, y luego me contuve para saborearloun poco más. Pensé para mis adentros: "¡Ja! ¡Ni en mil años mi novio me chuparíaasí...!"
 
Cuando abrí los ojos, me asomé por la ventana y, para mi sorpresa, ¡elcornudo se estaba masturbando! Eso fue demasiado para mí. Llegué al clubsintiéndome deprimida, despreciada y sola, y ahora no tenía nada más y nadamenos que a tres hombres disfrutando de mi cuerpo.
 

Para inflar aún más mi ego, uno de ellos era mi novio, a quien no solole estaba siendo infiel, sino que además lo disfrutaba tanto que se masturbabamientras observaba en secreto a dos hombres bien dotados que se ocupaban de suencantadora novia. La pequeña punzada de culpa que sentía por la infidelidaddesapareció por completo al ver esa masturbación oculta. Sentí una lujuriaindescriptible en ese momento. Era una pena que mi novio se escondiera, porqueme moría de ganas de ver su verga también. Mis dos sementales me habíancomplacido mucho, pero quería más... ¡Mucho más! Sin previo aviso, yaprovechando que una lengua estaba en mi concha mientras la otra seguíatrabajando duro en mi culo, ¡llegué al orgasmo violentamente! Tenía espasmos dela cabeza a los pies, todo mi cuerpo temblaba. Abrí las piernas de par en par,empujando con fuerza las cabezas de mis dos hombres en mi culo y mi concha almismo tiempo. Cerré los ojos, apreté los dientes y gemí en voz alta:"Cornudo... Cornudo... ¡Aaaaahhhhhh!...”

sexo anal

Ni siquiera había terminado mi orgasmo del todo cuando el negro dijo:"Basta de lamer. Ahora quiero cogerte de verdad, Carol. Nunca estuve conuna mujer tan buena como vos y no voy a dejar pasar esta oportunidad".Dijo esto mientras me levantaba, me sostenía por la cintura y me metía suenorme verga en la vagina de golpe. Nunca me habían llenado así antes. Acababade llegar y mi vagina aún palpitaba, pero a él no le importó y entró confuerza, enterrándola hasta el fondo con una embestida firme y violenta. Metemblaban las piernas, pero ni siquiera pude gritar, porque en cuanto abrí laboca, Paulo ya estaba entrando con su enorme verga, diciendo que era paradevolverme la mamada que me había hecho en el culo. Fueron tan directos yobscenos con sus palabras que, aunque acababa de tener un orgasmo, sentí que lalujuria volvía inmediatamente. Entre succiones de la verga de Paulo, yo decía: “Hmmm...Eso es, demuéstrenme que no son unos cobardes... Muéstrenme cómo se debe cogerbien a una mujer de verdad... Hmmm... Así, más fuerte... ¡Másfuerte!”. ¡Guau,el grandulón babeaba ante mis provocaciones y empezó a cogerme como un animal!Sentí sus bolas golpeando mi culo y el sudor salpicando por todas partesmientras su enorme verga entraba y salía a un ritmo frenético en mi ardiente concha.Me sujetó la cintura con fuerza y, mientras me cogía, ¡me atrajo hacia sugruesa verga! Paulo me llamó puta varias veces mientras sus bolas sudorosas,como dos bolas de billar, se apretaban contra los labios hinchados de mi boca.
 
De repente, oímos una conversación afuera: -“¡Eh, vos…  ¿qué hacés ahí?!”.
 
“N-nada... ¡Solo estaba... mirando...!”
 
“¡Eso veo, espiando en las habitaciones de los demás y masturbándote! Vasa tener que dar explicaciones a la gerencia del club, pervertido”.
 
“N-no... Por favor, ahora no... ¡Solo un momento más!”
 
“Ahora sí, amigo, y será mejor que no te resistas si no quieresrecibir una paliza.”
 
Así fue. Fueron dos guardias de seguridad del club quienessorprendieron a mi novio asomándose por la ventana y masturbándose. Pensaronque era un intruso cualquiera y lo llevaron a la oficina.
 

Paulo y Rodrigo, al oír eso, también pensaron que era algún tipo depervertido y se echaron a reír. No dije que fuera mi novio y me reí aún más fuerteque ellos. Por dentro, no podía soportarlo. Mi venganza estaba saliendo mejorde lo que la había planeado. Además de no vernos hasta el final para saber siel negro realmente iba a lamerle el culo a su novia, también iba a tener queexplicar esa situación tan embarazosa. Lo peor es que ni siquiera sospechabaque lo había visto.

sexo oral

Tan pronto como volvió el silencio, mis dos hombres no perdieron eltiempo y reanudaron lo que estaban haciendo. Y parece que la pausa les dionuevas energías, porque me agarraron con más deseo que antes. Paulo dijoinmediatamente que era su turno de saborear mi concha, que seguía tan calientey húmeda como antes. A decir verdad, estaba aún más excitada pensando en cómomi novio se saldría con la suya, además de saber que se angustiaría después dever a su novia dándoselo a un negro. Paulo se sentó en el sofá y me puso en suregazo. Me tiró tan fuerte que, a pesar de que mi concha ya estaba estirada porel negro y muy empapada, sentí mucho dolor. Solo sus testículos quedaron fuera,y apuesto a que si hubiera habido una manera, incluso ellos habrían entradotambién. Después de un rato, Rodrigo se colocó frente a mí y me indicó que sele chupara.
 

El sudor goteaba de mis muslos y se mezclaba con el sudor que corríalibremente por las piernas de Paulo, empapando todo el sofá. Estaba dolorida,pero la lujuria seguía intacta. ¡Solo podía pensar en el momento en que tendríauna de esas hermosas vergas enterrada en mi ansioso culo...!

cuernos

Ambos me pagaron bien. Paulo, que estaba debajo de mí, intentaba portodos los medios penetrar mi vagina.
 
Apenas necesité moverme. Simplemente me sometí a la voluntad de esasdos vergas monstruosas, que me maltrataron de todas las maneras posibles. Mepenetraron, me lamieron, me apretaron y me obligaron a tener sexo como ellosquerían. El hombre negro empezó a frotar su verga con fuerza contra mis tetas. Ledije que mi novio nunca las usaba así, solo las chupaba suavemente. Entoncesdijo que iba a "despellejarlas", para que la próxima vez que mi novioidiota fuera a chuparlas, las encontrara completamente destrozadas por la vergade un hombre negro, y empezó a frotar su verga rígida furiosamente contra mis tetas.Continuó insultando a mi novio, llamándolo cobarde, cornudo, y burlándose de mípor decir que tenía una verga pequeña.
 
Eso me puso muy caliente. No sé por qué, pero cada vez que insultabana mi novio, me encantaba y me volvía aún más feroz, pasando de la sumisión alataque: -“Eso es, grandulón. ¡Destruime las tetas con esa verga gigante!” Enmedio de toda esta locura, Paulo pronunció esas palabras mágicas que me volvíanloca, y que estaba ansiosa por oír: -“¡Ahora te voy a coger el culo!” Hmmm...¡Eso era todo lo que quería!
 
Pero al oír esto, el negro dijo: “¡De ninguna manera, amigo! ¡Yo soyel que va a abrirle el culito primero!” Los dos empezaron a discutir, ¡porqueambos querían el privilegio de metérmela en el culo virgen!
 
Al oír su entusiasmo por mi culo, pensé: "Hmm... ¿Qué mejormanera de alterar aún más a mi novio que darle mi culo a un negro?" Lespedí a ambos que se calmaran y les dije de una manera muy dulce: -“¡Quiero queel negro sea el primero en cogerme! Para que nadie se queje, después vostambién tendrás tu turno, Paulo. Pero para cabrear de verdad a mi novio, quieroque Rodrigo sea el primero. Y para darle un toque especial a esto, los quiero alos dos al mismo tiempo. ¡Quiero esas dos vergas ahí!”. Por supuesto, ¡ambosestaban excitados y aceptaron sin dudarlo! Hasta ese momento, había sido elsexo más loco y delicioso de mi vida, pero terminar con doble penetración fueincreíble. ¡Fue el final perfecto! El chico negro me colocó con el culo enalto, me separó las nalgas y escupió ruidosamente. ¡Guau...! Eso fue inesperadoy me puso la piel de gallina. La saliva formó un pequeño charco en mi ano,luego frotó la cabeza roja e hinchada de su verga contra él para humedecerla,hasta que estuvo toda cubierta de saliva, y sentí esa masa de carne rodeandomis pliegues. Mientras hacía eso, pensé: "Vamos, hacelo, cogeme... ¡Cogeme!"Parece que escuchó mis pensamientos, porque al momento siguiente dio un empujónviolento y metió la mitad de ese tronco negro en mi culo. No lo metió gradualmente,como yo esperaba. ¡Simplemente entró desgarrándome! Apreté los dientes y gemícon fuerza para ahogar el sonido, porque si hubiera soltado un grito quereflejara el dolor que sentía, todos en el vecindario me habrían oído, así queme contuve lo más que pude.
 
“Tranquila, solo metí la mitad. ¡Todavía queda más, relajate!”. Mientrasdecía esto, sentí cómo el resto de esa verga monstruosa entraba en mi culocentímetro a centímetro: -“Haahhhh... Hahhhhh... ¡Seguí...!”. Parecía comoalguien empujando un objeto pesado cuesta arriba, lenta pero constantemente,sin pausa, y solo se detuvo cuando llegó a la cima de la colina, es decir,cuando estuvo completamente dentro de mi culo.
 

Aunque sabía que mi novio ya no me miraba, hablé como si pudieraoírme: “¡Ahaaahhh... vos... cornudo, hijo de puta...! ¿Estás... contento...ahora, eh? Si pudieras ver esta... verga enorme... gruesa... y negra...completamente... metida... adentro... adentro del culo de tu novia... ¡Ahhaaaa...  cornudo... cornudo...!”. Estaba delirando aldecir esas palabras y sentir la enorme verga del hombre negro desgarrando mispliegues y llenando todo mi culo, ¡dejando solo sus testículos fuera! Mivenganza estaba completa, ¡pero no tenía ni idea de que las cosas estaban apunto de ponerse aún mejor...!

relatos

Paulo ya estaba debajo, así que le pidió al chico negro que esperaraun poco, se recompuso y empezó a penetrarme la vagina. Fue un momentodelicioso. Por primera vez en mi vida, sentí dos vergas adentro mío al mismotiempo, y lo mejor fue sentirlas tocándose por dentro. Estaba completamentellena; no quedaba ni un centímetro vacío, ni en mi concha ni en mi culo.
 
Sentí los movimientos de Paulo y Rodrigo al mismo tiempo, ambospenetrándome violentamente en sincronía. Los tres estábamos haciendo undelicioso sándwich, y yo era el relleno, ¡pero en realidad, yo era la queestaba siendo llenada! Llena con esas dos vergas gigantescas y deliciosas. Eranprácticamente del mismo tamaño; no se podía sentir ninguna diferencia. Lo querealmente me volvía loca era el hecho de que nunca antes me habían cogido, ¡yencima, con una verga negra! Paulo me agarró el culo con fuerza y ​​empezó asepararme las nalgas: "Metela sin piedad, amigo. Rompele el culo a esta putacaliente. Dejá su culito suelto, pero no lo desgarrés demasiado, porque tambiénquiero reventarlo yo también”. Era muy indecente. Me trataba como a una puta, asíme llamaba, y lo peor es que me excitaba cada vez que lo oía. Ah, si hubierasabido lo delicioso que era, lo habría hecho hace mucho tiempo, y ya estoypensando en las próximas veces.
 
¡Sí! Ya estaba pensando en la posibilidad de hacerlo de nuevo en elfuturo, después de todo, si lo hacés una vez, ¡lo harás dos veces! O tresveces, ¿quién sabe...? Lo importante era que estaba engañando a alguien porprimera vez, y me encantaba. Hubo un momento en que el chico negro me dio unaserie de embestidas muy fuertes y rápidas, ¡y su verga salió sucia...!
 
“¡Carajo, nena! Te estoy sacando la mierda del culo... ¡Eso es genial!”.
 
“Entonces dame más... Enterrrala toda... Dámela toda... Haceme lo quequieras. ¡Cogeme...!”
 
¡Ahhhhh... fue glorioso!
 
Los dos empezaron a embestir con más fuerza, casi con desesperación yrabia. Parecía que querían destrozarme. En realidad, sabía lo que esosignificaba. El orgasmo se acercaba. Sentía que en cualquier momento iba arecibir una lluvia de semen, así que me preparé y empecé a perrear como una puta.Mi intención era llegar al clímax con ellos.
 
Mi novio apenas conseguía que tuviera un orgasmo de vez en cuando,pero esa noche ya había llegado al clímax una vez y sentía que el segundoorgasmo llegaría en unos instantes.
 

Fue increíble. Solo recordar al cornudo aumentó mi deseo de seguiracostándome con esos dos tipos, de la forma más depravada posible. ¡Ya sentíael orgasmo acumulándose entre mis piernas cuando oímos que se abría lapuerta...!

Traición

Para nuestra sorpresa, vimos entrar a mi novio, escoltado por dosguardias de seguridad, y delante de ellos, el gerente del club. Estaban tansorprendidos como nosotros, pero mientras ellos estaban paralizados por laimpresión, nosotros estábamos tan concentrados en coger que seguimos dándoleduro incluso con ellos mirándonos. El negro me dio una embestida violenta en elculo, y cuando se retiró, gemía y eyaculaba encima de mis nalgas. Eran chorrospotentes y abundantes.
 
Al sentir ese baño de líquido caliente, di unas cuantas embestidas mása la verga de Paulo y comencé a aullar de lujuria mientras yo también llegabaal orgasmo.
 
Con mis movimientos, Paulo no pudo contenerse, y cuando me bajé de él,sentí su eyaculación caliente y fuerte sobre mi estómago y salpicando haciaabajo en mis tetas.
 

Mi novio, los guardias de seguridad y el gerente se quedaron sinpalabras, con el rostro contraído por la impresión. No sé cómo reaccionaría sime encontrara con una escena así. Dos tipos sacando esos consoladores gigantesde la vagina y el ano de una mujer, y los tres eyaculando al mismo tiempo. Sinmencionar la cantidad absurda de semen que eyacularon y los fuertes gemidos queemitieron.

sexo anal

Los cuatro se quedaron allí un buen rato, boquiabiertos, observando lainesperada escena sexual. Mis dos hombres y yo terminamos de llegar ruidosamentey nos desplomamos exhaustos en el sofá, uno al lado del otro. Yo en medio deellos dos. Con sus enormes vergas, que ya empezaban a aflojarse.
 
Mi novio le había dicho a la gerencia del club que relación teníaconmigo. Entonces me preguntaron mi nombre, y cuando confirmaron que era"Carol", decidieron investigar a fondo el asunto.
 
El trato era este: si no confirmaba que era su novia, el club llamaríaa la policía y lo arrestarían por exhibicionismo, ya que los guardias deseguridad lo habían atrapado masturbándose bajo mi ventana. Al principio, noquería decir que era mi novio, pero ante la amenaza de ir a la cárcel, pensóque lo mejor era contarlo todo y venir con los guardias de seguridad y elgerente al chalet. Pero esperaba que la orgía hubiera terminado y se llevó unasorpresa. Los guardias de seguridad empezaron a reírse disimuladamente. Elgerente también se contuvo de reírse y empezó a hablar: «Disculpe laintromisión, pero nadie contestó cuando llamamos, así que abrí con la llavemaestra. Este joven fue atrapado masturbándose y espiando por su ventana,señora Carol. Dice ser su novio. ¿Puede confirmar esta información?». Mi novioprefería pasar una noche en la cárcel antes que ser humillado delante de esagente y me hizo señas para que dijera que no éramos pareja.
 
Ja, ¿te imaginas que yo desaproveche una oportunidad así?
 
“Sí, es mi novio. Resulta que tiene la costumbre de dejarme plantada,y en el último minuto canceló su cita conmigo en el club. Como estaba sola y mesentía rechazada, decidí aprovechar los maravillosos servicios de este club. Yaestá, déjenlo ir, es mi novio”. En ese momento, los guardias de seguridadestallaron en carcajadas.
 
Puso una cara terrible y me miró, sin saber qué hacer. Mi venganzaestaba completa. ¡Me encantaba haberlo hecho, y delante de testigos...!
 

Antes de irse, la gerente me miró, esforzándose por no soltar tambiénuna carcajada, y dijo: «Está haciendo muy bien en aprovechar las maravillas denuestro club, señorita. Al fin y al cabo, está pagando mucho y se merece unbuen servicio. Si tiene algún problema, ¡venga a verme!». Luego, mientrascerraba la puerta, se giró con una sonrisa irónica y concluyó: «Bueno, sí quesabe aprovechar nuestros servicios, ¿eh?».

sexo oral

Entonces el gerente y los guardias de seguridad se fueron. Por un rato,aún podía oír sus risas desde afuera, y me quedé con mi novio y los dos chicos.Él no sabía qué decir y se quedó atónito mientras yo masturbaba suavemente amis dos amantes justo delante de él. Apreté sus vergas, extrayendo las últimasgotas de semen de esos gigantes derrotados y untándome maliciosamente las manoscon él, mientras miraba irónicamente a mi novio. Los dos chicos estaban entrance, sintiendo pequeños espasmos, como si recibieran descargas eléctricas demis manos, que manipulaban sus vergas con gran afecto, en agradecimiento portodo el placer que me habían dado.
 
Lentamente Pablo abrió los ojos y dijo:
 
“Hmmm... ¿Así que este es el cornudo?”
 
“Sí”, respondí. “Ese es mi novio”.
 
"¡Carol...!", refunfuñó mi novio.
 
“Dejá de armar un escándalo”, lo interrumpí. “Mirá qué dura está tuverga después de todo lo que pasó. Incluso ahora que estoy masturbando conestas dos enormes vergas delante tuyo y te llamo cornudo, seguís con una erección.¡Controlate, sos un cornudo, admitilo...!”
 
Él guardó silencio.
 
Mis dos amantes se levantaron perezosamente, se pusieron sus shorts debaño y, antes de irse, cada uno me dio un beso en la boca: «Estaremos en elclub hasta el fin de semana. Espero que nos volvamos a ver, nena. Sos unabelleza», dijo Paulo.
 
Mientras se marchaba, el hombre negro le dio una palmada en la espaldaa mi novio y dijo, riendo:
 

“Me encantó desvirgarle el culo, amigo. Hasta conseguí sacarle mierda.Fue la cogida más caliente que tuve en mi vida. Deberías probarlo alguna vez.No deberías ignorar un culito tan rico”.

cuernos

“¿Creés que lo que hiciste estuvo bien?”, preguntó mi novio. Enseguidame di cuenta de que quería regañarme y me ofendí. Le dije claramente que lohabía hecho porque me había dejado sola otra vez. Lo había hecho por todos loserrores que seguía cometiendo conmigo. Y añadí: “Si hubieras querido, podríashaberme detenido, ¿o acaso crees que no te vi masturbándote mientras esos tiposcogían conmigo y yo te llamaba cornudo? Si hubieras querido, podrías haberme atrapadoen el acto en ese mismo instante y tendrías todo el derecho a quejarte. Lacagaste al dejarme llegar al orgasmo sola, te di una lección y al finaldisfrutaste viéndome con esos dos tipos. No me des sermones”. Se tragó suorgullo, se detuvo a pensar un momento y luego se disculpó: “Bueno… Hablaremosde esto después, ahora agarrá tus cosas y vamos. No podemos quedarnos acá mástiempo después de lo que pasó. Los guardias de seguridad y esos dos tipos se lovan a contar a todo el mundo, y no quiero ver a la gente riéndose de mí”. Peroen lugar de estar de acuerdo con él, le dije que me quedaría en el club comoestaba previsto, y que tendría que aguantar los comentarios. O si no, podíairse y esperarme en casa, porque yo me iba a quedar y seguir divirtiéndome. Seenfureció, pero dijo que prefería quedarse a arriesgarse a que lo volvieran aengañar. Le dije que el único culpable de lo que había pasado era él, y quedebería tener más cuidado de ahora en adelante y prestarme más atención,después de todo, había muchos chicos que me deseaban y yo merecía que mecuidaran. Algo a regañadientes, accedió y se disculpó de nuevo, pidiéndome quelo perdonara. Mientras me limpiaba el semen con una pequeña toalla, le dije quelo pensaría, y que tal vez lo perdonaría. Noté lo excitado que estaba, porquetodavía tenía una erección, y para provocarlo aún más, le dije que podíamostener sexo después de que me duchara, y que me encantaría usar un tanga en lapiscina al día siguiente, para que viera cómo todos los hombres allí se moríanpor tener sexo conmigo. Y por supuesto, iba a exhibirme ante todos. Intentódisimularlo, pero yo...noté una sonrisa en su rostro.
 

FIN

relatos

0 comentarios - Traición