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Mañanero de ley

Hace mucho que no publico nada por esta página "prohibida" que me atrae tanto...
Hace unos meses conocí a un usuario muy piola por acá. Pegamos onda de una. Al punto que yo esperaba todos los días sus mensajes. Me sentía ansiosa cuando no veía ese numerito en el ícono del chat, y aliviada cuando me escribía. 
No soy de esconder mis emociones así que se lo conté a mi novio para poder disfrutar tranquila y sin culpa ese lindo sentimiento. Él se me cagaba de risa. Cuando me veía recostada, con el celu entre manos, me preguntaba irónicamente: "¿Tenés mensajito...?". Yo no le daba bola. ¿Cómo podía intentar explicarle siquiera la conexión emocional que estaba experimentando con esta persona? No había forma. Nunca lo entendería. Él sólo ve una boca, un culo y un par de tetas; una fuck doll propia. De hecho, todos los chicos con los que me relacioné me veían así. Nadie elogió nunca mi inteligencia ni otra otra cosa que no fuera física, como chuparles la pija o dejarme detonar. Pero este hombre -veinte años mayor- era distinto. Alguien nuevo para mí, que sabía bocha de cosas. Nos conocimos justo cuando yo disfrutaba de mis primeros días de licencia, y todo en mi vida iba perfecto: hacía el amor con mi novio, se iba a trabajar, y yo me levantaba a desayunar y a chatear con mi "amigo". Sin bañarme todavía, jaja. Él me decía "piojosa", que me re embolaba pero le tenía que dar la razón: soy una sucia 😋.
A él le interesaba de verdad todo lo que me pasaba. No sólo en lo sexual, y eso me parecía tan tierno... Me empezó a urgir otro tipo de trato, pero él puso cierta distancia desde el principio. Cuando le pregunté qué éramos, me dio una respuesta delimitante, e insoportablemente metafísica. Como si me hubiese puesto una jaula de castidad invisible que me hacía doler igual cada vez que se me paraba. Pero me encantaba charlar con él; se me hacía que estábamos en una cama, abrazados, riéndonos y jodiendo como una pareja casi perfecta. Aunque también me sentía condicionada; como en ese hentai que me regaló mi primo una vez, de una pequeña hada capturada y maniatada por un humano, que la sujetaba entre sus enormes manos, con las piernas abiertas inmovilizadas con cuerditas de fibras vegetales, y la pajeaba penetrándola con una especie de palito ensalivado hasta hacerla acabar a chorros. No sabía qué onda pero así me hacía sentir: como una criatura mítica de una especie incompatible con la suya, con mis alitas clavadas a un telgopor, mientras me examinaba fascinado con mi género y me violaba con falos miniatura, ahogándome con gotones de leche que me hacía tragar con su dedo de gigante cuarentón.
Sentía crecer cada día el vínculo emocional. La necesidad de llamarlo: "Amor", y que él también lo hiciera. O por lo menos que me llamara: "Putita", como hacen todos, o cualquier otro apodo mejor que: "Pendeja". Cómo me jodía que me dijera así! Me hacía sentir chica, insignificante, incomparable con él, como una Lolita ignorante. 
La cosa es que me empecé a meter. Mal. Y sabía que no debía involucrarme sentimentalmente con nadie. Pero pasó. Él no parecía involucrado; más bien curioso. Además aunque quisiera no podía, porque ya tenía su vida hecha. Y no sé qué pasó la verdad pero no nos hablamos más. Al principio yo dormía con el plug puesto, y tenía sueños recurrentes donde mi choma virtual me detonaba. A veces no me aguantaba y pegaba el consolador más chico en la pared de mi lado de la cama, y me cogía despacito sola mientras mi novio dormía a la par. Después de acabarme unas dos o tres veces me dormía así, desnuda y desmayada. Al amanecer sentía a mi novio taparme y besarme en la frente sin sospechar que mi bombi estaba húmeda de semen, y que yo seguía empotrada a la pared, soñando que dormía entre los brazos de mi chongo con toda adentro de su casita. Así estaba. Al final, por más que me hiciera la culta y la deportista, en el fondo era como todos me veían: una boca y un culo deseosos de pija...

Una mañana fui a un edificio público a hacer un trámite de mi trabajo. Uno de esos lugares está custodiado por policías las veinticuatro horas. El personal siempre cambia aunque son muy parecidos entre sí. No se ríen, y tienen un lenguaje corporal contracturado. Por eso me sorprendió el chico que vi a través de la fachada de vidrio mientras subía las escaleras de acceso. Era como de mi edad, con un look y un estado físico inusuales. Una expresión sonriente, amable; el típico corte con raya al costado pero le quedaba tan bien... parecía uno de esos jóvenes machos de la década del cincuenta. La remera elastizada la tenía pintada. Veo chicos fitness en el gym todo el tiempo, pero este no se veía gay ni enojado. Era casi de mi contextura pero todo marcado, y aparentemente con buena fuerza. Una facha, el cana...! Literalmente se me escurría la baba. Qué escaneo le hice, ahora que lo pienso, jaja! Aunque él debe haber sentido algo similar, por la forma en que nos fichamos de lejos a través del vidrio, y por cómo se movió hasta la puerta para abrirla. Me habló en ese código neutro de las fuerzas, ese tono que no admite confianzas ni tuteos, pero su sonrisa y su mirada decían: "Sí, me re caben las trans...".
Cuando estuve en casa a la tarde se lo conté a mi novio, como hago siempre que me gusta alguien. Quizás lo hago porque me siento culpable de ser tan puta, pero blanquear un sentimiento, aunque no pase nada, me hace sentir mucho mejor que no poder hablarlo ni compartirlo. Y a mí novio no le molesta (tanto) porque cuando estoy arrechita por otro soy más putita con él 🤭.
Pasaban los días y no dejaba de pensar en este cana. Lo stalkeaba en las redes y cuando estaba sola en casa me pajeaba con los posteos donde exhibía su cuerpo. No había rastros de ninguna mujer en sus storys, sólo un perro muy parecido al que le chupaba la pija cuando era chica (sí, leyeron bien, pero esa es otra historia que nunca más contaré).
 En el trabajo empecé a ofrecerme para ir cada vez que podía a la oficina donde estaba mi "príncipe azul". Cada vez que lo veía rogaba que no se me escape la palabra: hermoso. De a poco empezamos a hablarnos. Intercambiamos números y nos mensajeábamos. Mi novio me confesó estar un poco celoso y me advirtió: "Ojo con pasarte de viva con ese cana. Vos sos mía...". Pero no teníamos casi nada en común con el cana. Era sólo una atracción física, algo animal. Él vivía en una parte cheta, muy lejos de mi casa, y quería que vaya a pasar un fin de semana a la suya. Es una linda zona turística, con lindos paisajes y actividades. Quería que paseáramos, después que le cocinara algo, y a lo que vinimos! La Blon de postre, jaja! Lo hablé con mi novio y al principio me dijo que podría ser, si me cuidaba. Pero después de pensarlo bien me dijo que no, que era mucho. Yo no daba más de la calentura. Los mensajitos eran cada vez más sarpados. Mucha foto pija con sus abdominales de fondo, y yo escribiéndole todo lo que se me quedó atragantado con mi chongo: "Mi amor!", "Te chupo la pija!", "Cogeme!", "Reventame el culo en tu casa!". "Me la tomo toda...!". Hasta que un día que esperaba verme por su trabajo y no fui (porque yo sabía los días que trabajaba), me mandó un mensaje medio enojado que decía: "Qué pasó que no viniste a verme hoy??". Le dije que no tenía nada qué llevar, y me dijo que esa noche estaba de guardia hasta el otro día, y que ya no me iba a poder ver porque se iba a tomar unos días. Y me propuso que pase a verlo a la madrugada, antes de que cumpliera su turno. Estaba igual de caliente que yo. Me dijo que no iba a soportar no verme por varios días, y quería aunque sea un pete. Que el lugar estaba lleno de cámaras pero que en el área de los baños no había ninguna. Que fuera una hora antes de que abrieran, vestida con mi ropa de trabajo normal y que llevara cualquier carpeta para simular que iba a dejar un legajo como siempre. 
Se disparó una adrenalina por mi cuerpo... Enseguida me puse ansiosa, y mojada. Dormí sola esa noche. La idea era petear al poli, lavarme los dientes e irme a trabajar. Casi no dormí. Me desperté a las 4:30, me bañé, me pedí un Uber distinto al habitual para no despertar sospechas y llegué a las seis de la mañana en punto. Él ya me esperaba en la puerta. Me hizo pasar y me dijo en voz baja: "Subí por el ascensor al tercer piso, y esperame en el baño de minas...". Hice lo que me dijo. Entré al baño, dejé la carpeta y la carterita sobre la mesada y me vi en el espejo respirando agitada. Él vino al toque. Cerró la puerta y se me tiró encima comiéndome a besos bastante exagerados y babosos para mi gusto. Pero los dos estábamos en llamas, tanto por ser la primera vez que nos tocábamos como por estar en un lugar público. Me abrió la camisa, me chupó las tetas y me mordió los pezones, haciéndome chillar. Me agarró del culo con las dos manos, y sin dejar de babearme, me llevó hasta el último cubículo. Como no había mucho espacio, y ya sabía a lo que iba, bajé la tapa del inodoro y me senté. Él sacó la pija y me la metió en la boca, agarrándome del pelo. Yo puse las manos en sus muslos y mientras me atragantaba toqué su arma reglamentaria. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Empecé a acariciarla con los dedos, apretándola, era fría, dura, y con muchos relieves. Él me sostenía del pelo y me cogía la boca. Le dije que me dejara a mí pero me pegaba cachetazos y me hacía chuparle el pulgar. Me agarró de la mandíbula y me escupió dentro de la boca. Parecía otra persona. Como no teníamos mucho tiempo, le dije que acabe rápido, que me dé la lechita, porque la verdad no era el pete de porno para mujeres que yo me había imaginado. Me paró y me dio vuelta. Le dije que no, que sólo era un pete. Me aplastó contra la pared, haciéndome sentir el frío de los azulejos en mis tetas que sobresalían de mi camisa desprendida. Me subió la falda y me bajó la tanga, que se enganchaba en mi pija parada. Se sentó en el inodoro, me inclinó un poco y me empezó a lengüetear el culo. Yo me tapaba la boca con la mano para que nadie escuchara los gemidos que se me escapaban. Después de un buen rato me lo escupió y lo ensalivó un poco más. Se paró y me puso la palma a la altura de la boca para que yo también la escupiera. Después del lubricante natural, me la metió haciéndome arder toda la cola. Se me escapó un grito que retumbó en el baño vacío y me tapó la boca. Mientras con la otra mano me sostenía las muñecas pegadas a la pared de azulejos. Sentía el frío de la superficie blanca en los brazos, las tetas, los muslos y la pija. Me hacía para atrás y él me volvía a encimar con el cuerpo, hundiéndomela hasta los huevos. Los únicos ruidos que se escuchaban, además de su respiración de bestia, eran ese "chas chas" de nuestros cuerpos, y mis gemidos ahogados por su mano: "Mmm mmm mmm mmmmm...!". Después empezó a hablarme al oído, diciéndome cosas como: "Qué puta de mierda que sos... Te hacés coger con cualquiera...", "Te voy a romper el orto!". Me sacó la mano para que respire y le susurré entre gemidos: "Sí! Rompeme...! Rompeme toda...". Hasta que me hizo acabar sobre el azulejo, y mis contracciones de placer lo excitaron tanto que me preñó apretándome contra la pared. Y me dijo: "Ya te marqué... Ahora estás adentro del corral...". Cuando me la sacó, las piernas me quedaron temblando. Le pedí que salga, así me higienizaba y me arreglaba. Pero se quedó ahí y me ordenó que le diera la tanga. Le dije que no me podía ir sin tanga, que hasta necesitaba un protector, cosa que no tenía. Ni me escuchó, y bajándomela, me dijo: "Esta se queda aquí...". Me la saqué de los tobillos y se la di. Se la guardó en el bolsillo (en un mensaje me había dicho que quería oler mi bombachita alguna vez porque yo le había contado que las pastillas hacen que huela a mujer). Por segunda vez le pedí que salga y se volvió a negar. Dijo que quería ver cómo me limpiaba, que hasta eso le parecía excitante. Con mucha vergüenza le pedí que me alcanzara mi cartera. Saqué los pañuelitos descartables y me limpié la leche que me escurría de la cola, y los tiré al inodoro. También me limpié mi propio semen y me acomodé la falda, rogando que no se me humedeciera por ningún lado. Me besó a la fuerza y recién entonces salió. "Te veo abajo...", dijo. Me prendí la camisa, tiré la cadena y salí del cubículo. Me lavé un poco la cara y los dientes, y me arreglé frente al espejo. Cuando estaba guardando el labial, entró disculpándose una señora de limpieza. Eran las 6:50. Bajé abrazando mi carpeta, y lo vi hablando como si nada con otro compañero, . Me despidió con un frío: "Hasta luego, señorita...", y yo apenas esbozé un obligado gesto de cortesía. No podía ir a trabajar en esas condiciones así que mandé un mje pidiendo un parte médico. Algo iba a inventar, o de últimas decir la verdad: me habían roto el culo. Llamé un Uber y volví a casa disimulando que podía sentarme bien. Y sí, la falda estaba mojada de los dos lados. Menos mal que era un azul medianoche...
Mañanero de ley

2 comentarios - Mañanero de ley

Sebastian_Knight
Cómo me calientan tus relatos. Sos una genia
Blon_D +1
Si fuera tan genia, habría llevado lubricante, un protector diario, y una tanga para regalarle 😆