Eran las 20:00 y mi marido andaba de viaje. Yo tenía 36 años por ese entonces y decidí que era el momento de portarme, una vez más, muy mal. Para esta historia me llamaré Ana, y mi vecino, Cóndor.
Salí a caminar de noche. Me puse un jogging y salí como una perra alzada a buscar esa poronga que me hiciera sentir única. Estaba sola y lo único que quería era una pija sabrosa.
Caminé, según recuerdo, unos 45 minutos. Cuando iba llegando a mi casa, veo a mi vecino y bajo la marcha para que me diga algo. Siempre me miraba.
—¿Qué te ha hecho salir tan tarde? —me preguntó.
—Freno ante el saludo y me acerco como quien frena a saludar un vecino. Es que estoy sola en casa y estaba aburrida —le respondí, dando pie a que me dijera algo.
—¿Sola, vecina?
—Sí —le dije—. Ya viste cómo es mi marido y la importancia que me da.
—Yo me voy a un asado ahora, pero si fuera por mí, te acompaño —me dijo.
—No hace falta que faltes al asado —le respondí.
Él se sonrió y me dijo en voz baja:
—Debo entrar caminando, así nadie se da cuenta.
—La puerta estará abierta —le aseguré.
Me bañé y me senté algo nerviosa en el televisor, esperando a ver si llegaba. A su mujer la conozco y es bastante idiota. En fin, al rato escuché un ruido, como si alguien caminara por ahí. Era él, vestido de camisa y jean.
—Vecina... —dijo, y se mandó para adentro.
—Pasá —le dije—. ¿Querés agua?
—No —me respondió.
Él es re chamuyero. Se acercó y me dijo:
—Mirá, me debo ir algo rápido. Son las 11:00 p. m., pero tengo que estar de vuelta en mi casa no más tarde de las 4:00 a. m.
Se sonrió y yo largué una carcajada larga. Se acercó, me besó enseguida y me tocó las tetas. ¡Mmmmm, qué sensación! Me siguió besando y preguntó:
—¿Estás segura de que acá no vendrá nadie?
Ni bien le dije que se quedara tranquilo, que tendría la noche sola, me sacó la remera y comenzó a lamerme las tetas. Yo gozaba como una perra en celo. Chupaba y chupaba... ¡Mi Dios! Nunca me habían mordido las tetas tan lindo.
Nos quitamos la ropa y, sin más, me la metió. Nos vinimos juntos. Estuvimos dos horas más y repetimos la acción, hasta que se quedó sin condones y se despidió.
Nunca más nos volvimos a ver a solas, pero siempre me queda el recuerdo del «conejito» de mi vecino.
Salí a caminar de noche. Me puse un jogging y salí como una perra alzada a buscar esa poronga que me hiciera sentir única. Estaba sola y lo único que quería era una pija sabrosa.
Caminé, según recuerdo, unos 45 minutos. Cuando iba llegando a mi casa, veo a mi vecino y bajo la marcha para que me diga algo. Siempre me miraba.
—¿Qué te ha hecho salir tan tarde? —me preguntó.
—Freno ante el saludo y me acerco como quien frena a saludar un vecino. Es que estoy sola en casa y estaba aburrida —le respondí, dando pie a que me dijera algo.
—¿Sola, vecina?
—Sí —le dije—. Ya viste cómo es mi marido y la importancia que me da.
—Yo me voy a un asado ahora, pero si fuera por mí, te acompaño —me dijo.
—No hace falta que faltes al asado —le respondí.
Él se sonrió y me dijo en voz baja:
—Debo entrar caminando, así nadie se da cuenta.
—La puerta estará abierta —le aseguré.
Me bañé y me senté algo nerviosa en el televisor, esperando a ver si llegaba. A su mujer la conozco y es bastante idiota. En fin, al rato escuché un ruido, como si alguien caminara por ahí. Era él, vestido de camisa y jean.
—Vecina... —dijo, y se mandó para adentro.
—Pasá —le dije—. ¿Querés agua?
—No —me respondió.
Él es re chamuyero. Se acercó y me dijo:
—Mirá, me debo ir algo rápido. Son las 11:00 p. m., pero tengo que estar de vuelta en mi casa no más tarde de las 4:00 a. m.
Se sonrió y yo largué una carcajada larga. Se acercó, me besó enseguida y me tocó las tetas. ¡Mmmmm, qué sensación! Me siguió besando y preguntó:
—¿Estás segura de que acá no vendrá nadie?
Ni bien le dije que se quedara tranquilo, que tendría la noche sola, me sacó la remera y comenzó a lamerme las tetas. Yo gozaba como una perra en celo. Chupaba y chupaba... ¡Mi Dios! Nunca me habían mordido las tetas tan lindo.
Nos quitamos la ropa y, sin más, me la metió. Nos vinimos juntos. Estuvimos dos horas más y repetimos la acción, hasta que se quedó sin condones y se despidió.
Nunca más nos volvimos a ver a solas, pero siempre me queda el recuerdo del «conejito» de mi vecino.
3 comentarios - Una noche con mi vecino