

Abro los ojos lentamente, sintiendo el peso del cansancio de la noche anterior. La habitación está en silencio, excepto por el suave murmullo de las hojas afuera. Extiendo una mano hacia el teléfono en mi mesita de noche, rozando la pantalla para iluminarla.
Ahí están, como siempre: fotos que me mandó mi novia, Noelia. Desnuda, sonriente, con esa mirada que solo me dedica a mí. Las veo una por una, cada imagen un recordatorio de lo que echo de menos. Sus tetas firmes, sus labios húmedos, su cuerpo listo para mí. Mis dedos se mueven sobre la pantalla, acariciando su imagen, sintiendo cómo mi cuerpo responde. Una erección matutina, dura y lista para la acción.


Decido no desperdiciar este momento. Con una mano, empiezo a acariciarme la pija, sintiendo el placer que mi mente puede proporcionar.
Cierro los ojos, imaginando que son las manos de Noelia las que me tocan. Veo su boca acercándose a mi pija, su lengua jugando, sus labios chupando.
Me pierdo en la fantasía de sus tetas, de su concha húmeda recibiéndo mi dura pija.

Pienso en ella, en cómo siempre está deseosa de tener sexo a esa hora. No vivimos juntos, pero sé que también tiene ganas.
Imagino cómo aprovecha esos momentos, tal vez con su compañero de trabajo, echando una cogida rápida y furtiva.
Pienso si es leal o fiel, o lo quiero creer asi, no soy tonto. Las ganas que tiene de coger, siempre a esta hora, seguramente la traicionan. O a mí.
El pensamiento me excita más, y aumento el ritmo de mi mano, sintiendo cómo el placer se acumula. Imagino su cuerpo moviéndose bajo el mío, sus gemidos en mi, su aliento caliente en mi cuello.
Eyaculo, fuerte y rápido, sintiendo cómo mi cuerpo se sacude con el orgasmo. Caigo de nuevo en la cama, exhausto, con una sonrisa en los labios.

Miro de nuevo las fotos, sabiendo que esta no será la última vez que las vea. Que cada vez que despierte, Noelia estará ahí, desnuda y lista, esperandome en mi mente y en mi teléfono. Y que, aunque no este seguro de su fidelidad, cada mañana tendré este momento de placer, imaginando su cuerpo, su placer, y su traición.
Cuando dormimos juntos, las cosas son diferentes. Noelia tiene la costumbre de despertarme con algo más que el sonido de su voz. Siento primero su aliento cálido en mi pene, y luego la suavidad de sus labios envolviéndome.
Abro los ojos para verla, su cabeza moviéndose arriba y abajo, su lengua jugueteando con la cabeza de mí pija. Mi erección matutina, que normalmente lleva a una paja solitaria, se convierte en ganas de cogerla fuerte y rápido.
Me gusta ver cómo su boca me la chupa, cómo sus ojos se cierran en placer, cómo se prepara para recibirme.
Me tomo unos momentos para disfrutar de la vista, de la sensación, y luego la empujo suavemente hacia la cama.

Me pongo sobre ella, sintiendo su cuerpo bajo el mío, suave y caliente. Sus piernas se abren, invitándome a penetrarla, y no pierdo tiempo en clavarla la pija en su concha.
Empiezo lento, disfrutando cómo le entra cada centímetro, cada gemido que escapa de sus labios. Pero sé que no duraré mucho. Las ganas de cogerla, de sentirla, son demasiado fuertes. Acelero el ritmo, sintiendo cómo su cuerpo se tensa.

Me gusta verla montarme, su cuerpo moviéndose arriba y abajo, sus tetas saltando libres, ojos cerrados en el placer. Mis manos se mueven, acariciando sus nalgas, sus tetas, sintiendo su piel suave bajo mis dedos.
Ella acelera el ritmo, su cuerpo moviéndose más rápido, más duro. Sus gemidos llenan la habitación, su respiración se hace pesada. La veo, hermosa, salvaje.
Siento cómo su concha me aprieta. La dejo hacer, disfrutando de la vista, de la sensación, de saber que me está usando para su placer. Cuando llega al clímax, su cuerpo se tensa por completo. No aguanto más, grito su nombre, gimiendo, disfrutando cómo su cuerpo me aprieta, cómo su concha se contrae alrededor de mi pija y eyaculó dentro de ella, llenándola con mi semen caliente, satisfaciéndola.

Pero cuando ella se queda en su casa, se que es otra historia. Sé que buscará otros medios para satisfacerse.
Tal vez se masturbe, imaginando que soy yo. O tal, como siempre pienso, busque a otra pija.
Alguien que pueda darle lo que necesita, cuando lo necesita. Alguien que pueda cogerla fuerte, como le gusta.
No puedo saberlo, y no siempre me importa. Pero cuando pienso en ello, cuando imagino su cuerpo bajo otro hombre, con su concha recibiendo otra pija, siento una mezcla de celos y excitación.
La idea de que me traicione, de que me engañe, me pone más caliente. Y cuando pienso en ello, cuando me masturbo imaginando su cuerpo, su infidelidad, sé que no soy diferente a cualquier otro hombre en estos tiempos.



0 comentarios - Comenzando El Dia📑280