Unos amigos me invitaron a jugar un partido de futbol, me encontraba algo ocupado, pero como hacía rato no jugaba y quería distraerme, fui con ellos a jugar.
Todo transcurría normal, los dos equipos parejos, íbamos empatando 2-2 y el que perdía debía pagar unas cuantas canastas de cervezas, así que prácticamente jugábamos a tope para no perder. En una de las jugadas, uno de los contrincantes le robó el balón a uno de mi equipo, y venía atacando, yo estaba en la defensa, así que salí directo a chocarlo y me lancé con la pierna, lo que comúnmente en mi país se conoce como “barrer” o “plancha” y el pie se me quedó en un hueco pequeño de la cancha, lo suficiente para generar un esguince de primer grado
Fue algo no tan grave, ya me había sucedido antes y lo que siempre hacía era aplicar hielo y hacer terapia en casa, pero al pasar los días el tobillo se hinchó más, parecía una pelota, así que fui al hospital y había tenido unas fisuras leves según entendí, algo dentro de lo normal y el tobillo hinchado era que no lo había sabido cuidar, lo había sobrecargado, por lo cual necesitaba reposo y terapias más tarde.
Ya me sentía mejor, pero quería acudir a las terapias, tenía muchas cosas que hacer en la oficina, pero estas terapias me ofrecían llegar más tarde e igual pago y quería desahogarme de tanto trabajo, así que fui.
Al llegar esperé en una sala grande con muchos casos más graves que los míos, la mayoría eran más graves, pero igual quería hacerme mis terapias, me llamaron y primero entré a un consultorio para una valoración, entré y no había nadie aun, vi el nombre y noté que era mujer quien iba a atenderme.
—Hola joven, buenos días, mi nombre es Diana y yo estaré encargada de su recuperación –era una fisioterapeuta muy bonita, su uniforme no dejaba ver mucho, pero era delgada y un rostro de princesa
—Buenos días –dije algo atontado y nervioso al ver lo bonita que era– mi nombre es Andrés y espero recuperarme pronto, con su ayuda claro
—así será Andrés, solo debe seguir mis indicaciones y ya, las terapias las haremos dos sesiones por día para agilizar ¿está bien? –yo solo asentía con la cabeza– es que tenemos muchos pacientes y no está mal que haga varias terapias al día, con el correcto apoyo le irá bien –me dijo mientras sonreía, por mi podía cobrar todas las terapias que quisiera y no iba a decir nada, solo que si quería verla más tiempo.
Pasamos a otro salón donde habían varios pacientes, y me dijo que las terapias serian algunos masajes circulatorios, electroterapia, estiramientos, fortalecimientos de musculo y más cosas y en otro orden que ni recuerdo ni me importaba, solo iba por no ir a trabajar y ahora por verla a ella.
Al pasar los días nos íbamos conociendo más, le hacía preguntas típicas para entrar en calor y ella a mí, muchas veces la notaba distraía, tal vez mucho trabajo la tenía así de cansada, uno de los temas fue que si tenía novio a lo que ella enseguida contestó que no y sonrió.
—¿Y tú? Tienes novio señor tobillos flojos –solté una carcajada.
—No, no tengo –y para no decir las estupideces que todos dicen, que tan bonita, que tan agradable y no tener pareja y bla bla bla le dije– has de ser muy pesada o gruñona para no tener novio –ella me miró mal, sé que me miró feo, además de apretarme el robillo– ahhh me lastima –le dije.
—Eso es para que no andes diciendo bobadas.
—Lo siento, solo molestaba, es que…
—Jajaja –ella se rio de mi– solo te molestaba, a decir verdad creo que si soy muy gruñona y me da igual, si me van a querer que me aguanten también.
Era alguien muy divertida, hasta el momento anda de gruñona, por un momento pensé que la había embarrado con ella y no me había dado esperanzas de nada, pero sería perder mucho terreno si se hubiera tomado en serio lo que le dije.
Al terminar la terapia, pasé por su oficina, se veía estresada y llenando papeles.
—Hasta luego tobillos flojos –me dijo sacándome de nuevo una sonrisa.
—Hasta luego gruñona –le dije cerrando la puerta rápidamente.
—Cobarde –me gritó ella, así que volví y…
—Te tomas algo más tarde –ella no supo que responder, pensó que vendría a molestarla, pasaron unos segundos eternos para mí y dijo claro, te veo luego del trabajo.
—La espero mi doc. –le dije y salí.
Esa noche la espere ahí hasta que ella salió, tan sol o quedaban dos horas para terminar y volver a mi casa sería ir y devolverme prácticamente de una vez.
—¿Me esperaste hasta salir?
—No quería llegarte tarde jajá –solo me reí a lo que ella respondió con risas igual.
Fuimos a una cafetería muy conocida en la ciudad y charlamos un buen rato, nos conocimos mejor, vi que tenía ciertos problemas con sus familiares y su vida amorosa no le había ido bien, pero intentaba animarla o molestar a lo que ella me correspondía muy bien, hubo silencios pero no incomodos, solo silencios en donde nos mirábamos y ya.
-mañana es tu ultima terapia.
-wow, no lo había notado –le dije algo triste porque tal vez no la volvería a ver– tendré que partirme esta vez un hueso para volverla a ver y más tiempo.
-jajaja no seas tonto, no debes hacer eso para vernos –me dijo algo sonrojada y yo internamente feliz.
Charlamos más tiempo y la acompañé a su casa para que no fuera sola.
—¿Deseas pasar? –me dijo mirándome fijamente a los ojos.
—Si, por supuesto –con voz entrecortada.
Al pasar vi que era bastante ordenada y en sus cuadros vi que tenía buenos gustos, me senté en el mueble y ella dijo que esperara que se iría a poner más cómoda. Estaba ahí sentado, nervioso, sin saber que iba a suceder. Pasaron unos minutos y ella me llamó.
—¡Andrés, Andrés! ¿Puedes venir? –gritaba ella.
—Claro, en seguida voy.
Al entrar en la habitación vi que estaba solo en ropa interior, mirando hacia la cama y dándome la espalda.
—Quédate ahí –solo pasé saliva e hice caso.
—Emmm…
—Cállate, no digas nada hasta que yo te diga, después de lo que te diga puedes decir o hacerme lo que quieras, pero hablaré primero.
Yo estaba algo confundido, nervioso y contento, tenía unas nalgas muy paradas, eran preciosas, se notaba que iba al gimnasio, una cintura pequeña que hacían que sus nalgas se vieran más grandes.
—¿Deseo que seas cruel conmigo, que así te diga que no, tú sigas y me trates como desees, puedes?
—Si –solo supe decir eso, no bastaba decir nada más, prácticamente vivía un sueño al oír esas palabras.
Me acerqué a ella, le di unas nalgadas.
-anda, más duro, déjalas marcadas.
La chica tierna que había conocido, en este momento no estaba presente, era una situación muy confusa, no tenía nada que ver a lo mostraba, pero no era momento de pensar y solo seguí nalgueándola.
Me quité mi cinturón.FIN DEL PRIMER CAPITULO
Todo transcurría normal, los dos equipos parejos, íbamos empatando 2-2 y el que perdía debía pagar unas cuantas canastas de cervezas, así que prácticamente jugábamos a tope para no perder. En una de las jugadas, uno de los contrincantes le robó el balón a uno de mi equipo, y venía atacando, yo estaba en la defensa, así que salí directo a chocarlo y me lancé con la pierna, lo que comúnmente en mi país se conoce como “barrer” o “plancha” y el pie se me quedó en un hueco pequeño de la cancha, lo suficiente para generar un esguince de primer grado
Fue algo no tan grave, ya me había sucedido antes y lo que siempre hacía era aplicar hielo y hacer terapia en casa, pero al pasar los días el tobillo se hinchó más, parecía una pelota, así que fui al hospital y había tenido unas fisuras leves según entendí, algo dentro de lo normal y el tobillo hinchado era que no lo había sabido cuidar, lo había sobrecargado, por lo cual necesitaba reposo y terapias más tarde.
Ya me sentía mejor, pero quería acudir a las terapias, tenía muchas cosas que hacer en la oficina, pero estas terapias me ofrecían llegar más tarde e igual pago y quería desahogarme de tanto trabajo, así que fui.
Al llegar esperé en una sala grande con muchos casos más graves que los míos, la mayoría eran más graves, pero igual quería hacerme mis terapias, me llamaron y primero entré a un consultorio para una valoración, entré y no había nadie aun, vi el nombre y noté que era mujer quien iba a atenderme.
—Hola joven, buenos días, mi nombre es Diana y yo estaré encargada de su recuperación –era una fisioterapeuta muy bonita, su uniforme no dejaba ver mucho, pero era delgada y un rostro de princesa
—Buenos días –dije algo atontado y nervioso al ver lo bonita que era– mi nombre es Andrés y espero recuperarme pronto, con su ayuda claro
—así será Andrés, solo debe seguir mis indicaciones y ya, las terapias las haremos dos sesiones por día para agilizar ¿está bien? –yo solo asentía con la cabeza– es que tenemos muchos pacientes y no está mal que haga varias terapias al día, con el correcto apoyo le irá bien –me dijo mientras sonreía, por mi podía cobrar todas las terapias que quisiera y no iba a decir nada, solo que si quería verla más tiempo.
Pasamos a otro salón donde habían varios pacientes, y me dijo que las terapias serian algunos masajes circulatorios, electroterapia, estiramientos, fortalecimientos de musculo y más cosas y en otro orden que ni recuerdo ni me importaba, solo iba por no ir a trabajar y ahora por verla a ella.
Al pasar los días nos íbamos conociendo más, le hacía preguntas típicas para entrar en calor y ella a mí, muchas veces la notaba distraía, tal vez mucho trabajo la tenía así de cansada, uno de los temas fue que si tenía novio a lo que ella enseguida contestó que no y sonrió.
—¿Y tú? Tienes novio señor tobillos flojos –solté una carcajada.
—No, no tengo –y para no decir las estupideces que todos dicen, que tan bonita, que tan agradable y no tener pareja y bla bla bla le dije– has de ser muy pesada o gruñona para no tener novio –ella me miró mal, sé que me miró feo, además de apretarme el robillo– ahhh me lastima –le dije.
—Eso es para que no andes diciendo bobadas.
—Lo siento, solo molestaba, es que…
—Jajaja –ella se rio de mi– solo te molestaba, a decir verdad creo que si soy muy gruñona y me da igual, si me van a querer que me aguanten también.
Era alguien muy divertida, hasta el momento anda de gruñona, por un momento pensé que la había embarrado con ella y no me había dado esperanzas de nada, pero sería perder mucho terreno si se hubiera tomado en serio lo que le dije.
Al terminar la terapia, pasé por su oficina, se veía estresada y llenando papeles.
—Hasta luego tobillos flojos –me dijo sacándome de nuevo una sonrisa.
—Hasta luego gruñona –le dije cerrando la puerta rápidamente.
—Cobarde –me gritó ella, así que volví y…
—Te tomas algo más tarde –ella no supo que responder, pensó que vendría a molestarla, pasaron unos segundos eternos para mí y dijo claro, te veo luego del trabajo.
—La espero mi doc. –le dije y salí.
Esa noche la espere ahí hasta que ella salió, tan sol o quedaban dos horas para terminar y volver a mi casa sería ir y devolverme prácticamente de una vez.
—¿Me esperaste hasta salir?
—No quería llegarte tarde jajá –solo me reí a lo que ella respondió con risas igual.
Fuimos a una cafetería muy conocida en la ciudad y charlamos un buen rato, nos conocimos mejor, vi que tenía ciertos problemas con sus familiares y su vida amorosa no le había ido bien, pero intentaba animarla o molestar a lo que ella me correspondía muy bien, hubo silencios pero no incomodos, solo silencios en donde nos mirábamos y ya.
-mañana es tu ultima terapia.
-wow, no lo había notado –le dije algo triste porque tal vez no la volvería a ver– tendré que partirme esta vez un hueso para volverla a ver y más tiempo.
-jajaja no seas tonto, no debes hacer eso para vernos –me dijo algo sonrojada y yo internamente feliz.
Charlamos más tiempo y la acompañé a su casa para que no fuera sola.
—¿Deseas pasar? –me dijo mirándome fijamente a los ojos.
—Si, por supuesto –con voz entrecortada.
Al pasar vi que era bastante ordenada y en sus cuadros vi que tenía buenos gustos, me senté en el mueble y ella dijo que esperara que se iría a poner más cómoda. Estaba ahí sentado, nervioso, sin saber que iba a suceder. Pasaron unos minutos y ella me llamó.
—¡Andrés, Andrés! ¿Puedes venir? –gritaba ella.
—Claro, en seguida voy.
Al entrar en la habitación vi que estaba solo en ropa interior, mirando hacia la cama y dándome la espalda.
—Quédate ahí –solo pasé saliva e hice caso.
—Emmm…
—Cállate, no digas nada hasta que yo te diga, después de lo que te diga puedes decir o hacerme lo que quieras, pero hablaré primero.
Yo estaba algo confundido, nervioso y contento, tenía unas nalgas muy paradas, eran preciosas, se notaba que iba al gimnasio, una cintura pequeña que hacían que sus nalgas se vieran más grandes.
—¿Deseo que seas cruel conmigo, que así te diga que no, tú sigas y me trates como desees, puedes?
—Si –solo supe decir eso, no bastaba decir nada más, prácticamente vivía un sueño al oír esas palabras.
Me acerqué a ella, le di unas nalgadas.
-anda, más duro, déjalas marcadas.
La chica tierna que había conocido, en este momento no estaba presente, era una situación muy confusa, no tenía nada que ver a lo mostraba, pero no era momento de pensar y solo seguí nalgueándola.
Me quité mi cinturón.FIN DEL PRIMER CAPITULO
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