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Ruby, mi sobrina sissy

Ruby, mi sobrina sissy

Estaba desnudo en la cama. Mi verga estaba totalmente dura, hinchada, latiendo como loca, apuntando directo hacia Ruby. Ella también estaba desnuda, tirada al lado, con ese pelo largo cayéndole por los hombros, brillando bajo la luz tenue. Tenía el maquillaje corrido un poquito, los labios pintados de rojo, y esos senitos todavía creciendo, redondos y chiquitos, con las tetitas chiquitas moviéndose cada vez que respiraba.
 
Yo estaba bien excitado, de rato en rato me inclinaba sobre ella, le daba un beso en la boca bien caliente, lengua adentro, y bajaba a chuparle las tetitas, chupando suavecito, lamiendo las puntitas mientras ella gemía bajito y se movía un poquito.
 
No la penetraba todavía. Solo la preparaba, como quería. Ruby estaba mojada, se notaba, su culito chiquito abierto un poquito y brillando de lo empapada que estaba. Yo me quedaba ahí, con la verga palpitando, dándole besitos en la boca y en los senitos, oliendo su perfume mezclado con sudor.
 
Ella me miraba con esos ojitos grandes, el maquillaje bien puesto, y susurraba “Agustín, te necesito…” con esa voz de sissy de veinte años.
 
Y yo solo sonreía, le daba otro beso en la boca, le chupaba otra vez las tetitas, y me quedaba ahí, duro como piedra, listo para metérsela.
 
Yo estaba ahí, desnudo en la cama, la verga totalmente dura y palpitando contra el muslo, recordando de todo lo que había ocurrido hasta llegar a esa situación. Ruby era hija de Susana, mi cuñada, la hermana de mi mujer, Sofía. Susana se había enfermado de repente, una infección que la tenía en cama. Mi esposa me había pedido que la cuidáramos en nuestra casa. “Solo un mes, Agustín, paciencia, solo un mes y se va”, me dijo. Además, el hijo de Susana, Rubén, no era el más adecuado para cuidar a su madre. Ahora se hacía llamar Ruby y estaba en proceso de transición, era una sissy.  No hice drama y acepté, porque Sofía es mi todo. Aunque la verdad se nos complicó un poco la vida.
 
Cada día llegaba Ruby a visitarle a su mamá, a las cinco dela tarde como reloj, con sus vestidos cortitos, sus faldas plisadas que apenas le cubrían el culo, sus blusas chiquitas que dejaban ver el ombligo con ese piercing de estrella que se ponía y brillaba, su cabello largo hasta los hombros. Se maquillaba perfecto, los labios bien pintados, los ojos delineados, y esas tetitas que iban creciendo, chiquitas pero ya con forma de pera, moviéndose cada vez que caminaba.
 
Yo trataba de llegar tarde del trabajo para no verla. Pero a veces no podía. La primera vez que la vi así, con una falda tan corta que se le subía sola cuando se agachaba a buscar algo, se me puso dura la verga en los pantalones. Después empecé a comentar a Sofía. “No entiendo cómo puede vestirse así, es algo incomodo verlo”, le dije.  Sofía se rio y me dijo “Agustín, es ella, ya no es él”.
 
Pero en realidad yo no solo la veía. Tenía una fantasía desde hacía rato. No era que fuera tan raro, la mayoría de los hombres la tienen, creo. Por las noches, después de que Sofía se dormía, agarraba el celular y entraba en esos sitios donde mandan fotos y videos de sissys ,chiquitas, con maquillaje, vestidos, fingiendo ser niñas. Me masturbaba pensando en eso, imaginando que una sissy me besaba y luego yo la penetraba. Solo eso, nada más.
 
Y ese ahí estaba yo, con Ruby tirada a mi lado, desnuda, con ese pelo largo por los hombros, los senitos todavía creciendo y moviéndose con cada respiración, el maquillaje corrido, y yo chupándole los senitos y besándola en la boca como si nada. Todo por culpa de ese pedido de un mes que Sofía me había pedido. Y ya no podía ni fingir que no estaba cachondo.
 
Ruby me miró con esos ojitos grandes y me susurró “Agustín, mírame… estoy toda tuya esta noche”. Y yo solo sonreí, le di otro besito en la boca y le chupé una tetita, mientras mi verga seguía dura como piedra, esperando el momento de metérsela.
 
Era una tarde de sábado bien calurosa en el centro de la ciudad, el sol pegando como si quisiera derretir todo. Le dije a Sofía que salía un rato, que iba a tomar una cerveza con unos amigos del barrio “Nomás un rato, mija, no te preocupes”, le dije mientras la besaba rápido en la mejilla. Ella me miró con esa cara de “Bueno, si vas a ser responsable’”, pero no insistió.
 
En ese momento Ruby salió desde la habitación en donde estaba Susana, con el vestido corto que le quedaba perfecto, ese que apenas le cubría el culo, moviéndose con cada paso. “Agustín, ¿me das un aventón por el centro?”, me pidió con esa vocecita de sissy que me tenía loco. “Claro, ven”, le dije, tratando de disimular que ya se me estaba poniendo dura solo de verla.
 
En el carro el aire se puso espeso. Ella se sentó en el asiento del lado del pasajero, cruzó las piernas y el vestido se le subió solito, como si tuviera vida propia. Ahí estaban, esas bragas rosas bien sexys, de encaje, chiquitas, tapándole solo lo justo el culo redondito y suave. Se le notaba el hueco del culo, la tela mojada en medio, brillando un poquito por la humedad. Yo no podía dejar de mirar, la verga se me hinchaba en los pantalones, palpitando contra el pantalón de jean.
 
Ruby se dio cuenta. Sonrió con esos labios pintados, me miró de reojo cuando yo acomodaba la verga debajo del pantalón. “¿Te está gustando lo que ves, Agustín?”, me soltó, riéndose bajito. Yo solo sonreí, no pude ni hablar.

fantasia
 
De repente puso su manita chiquita en mi muslo, subiendo despacito por la pierna, me tocó la verga dura que ya estaba latiendo. “Si quieres ,podemos ir a mi departamento”, me dijo directo, mirándome a los ojos. “Allá nadie nos va a molestar”.
 
No pensé dos veces. Le atraje la cara con una mano y la besé como loco. Mis labios chocaron contra los suyos, lengua adentro, chupando su boca bien caliente, saboreando ese sabor a rojo labial y a ella. Ella gimió bajito contra mi boca, sus tetitas pequeñas presionando contra mi pecho. Mis manos bajaron por sus piernas, sintiendo la piel suave y caliente, subiendo por los muslos suaves, tocando esa tela rosita mojada que se le pegaba al culo. La apreté un poquito, le di un apretón en el culo redondito, sentí cómo se le movía el culo debajo de mis dedos. Luego subí al pecho, le acaricié los senitos, pellizcándolos suavecito, sintiendo cómo se le endurecían los pezones bajo mis pulgares. Ella se movía en el asiento, respirando agitada, gimiendo en mi boca.
 
Llegamos al departamento de Ruby en diez minutos. Apenas cerramos la puerta, nos besamos con más pasión. Yo la levanté contra la pared, le metí la lengua hasta el fondo, chupando su boca como si quisiera devorarla. Sus manos me apretaban el culo, tirándome hacia ella. Le quité el vestido despacito, lo tiré al piso. Ahí estaba ella, solo con esas bragas rosas sexy y un sostén blanco que apenas cubría sus tetitas chiquitas, los pezones duros marcándose.
 
Le sonreí y la besé de nuevo, bajando a sus pezones, chupándolos mientras le tiraba del sostén con los dientes. Ella se deshizo los botones de mi camisa, me quitó el pantalón. Su manita bajó directo a mi verga, la agarró fuerte, la masturbó un poquito, mirándome con esa carita de sissy puta. “Mírame, Agustín… soy tuya”, me susurró.
 
Bajó de rodillas en el piso, me miró con esos ojitos grandes y empezó a hacerme sexo oral. Abrió la boca, metió mi verga chiquita adentro, chupando como si le fuera la vida, lengua rodeando la cabeza, tragándose hasta el fondo. Yo le agarré el pelo largo, le movía la cabeza, gimiendo bajito. Ella gemía alrededor de mi verga, los soniditos húmedos llenando el departamento.
 
Después de un rato me levanté, la cargué hasta la cama, latiré encima de las sábanas. Yo me puse encima, frente a ella, listo para metérsela.Le bajé las bragas rosas con los dedos, vi su culito chiquito todo mojado yabierto, brillando de lo empapada que estaba. Mi verga palpitaba justo ahí,apuntando directo. Le quité el sostén y las bragas, quedaron en el piso.
 
Ruby se abrió las piernas, me miró con la boca abierta, esperándome. “Agustín… métemela”, me dijo con esa vocecita de niña buena. Y yo, bien cachondo, me quite la ropa y me preparé para penetrarla de una vez.
 
Finalmente la puse. Mi verga ya estaba bien pegada en la entrada del culito de Ruby, esa aberturita chiquita que brillaba toda mojada, hinchada y caliente. No quería hacerle daño, así que empecé despacito, empujando suave, sin fuerza, solo un poquito a la vez. El culo de ella se iba abriendo poco a poco, como si me estuviera tragando la verga con cariño. Ruby tenía los ojos bien cerrados, respirando fuerte por la nariz, y agarrada a las sábanas con los puños, los nudillos blancos. Pero no se quejaba. “No… no te detengas, Agustín… métemela toda”, me susurró con la voz temblorosa pero suplicante.
 
Yo seguí empujando, lento, sintiendo cómo su culito se abría más, caliente, apretado y mojado. Cada centímetro que entraba era una tortura y un placer al mismo tiempo. Cuando por fin la verga estuvo completamente adentro, hundida hasta las bolas, me quedé quieto un rato, sintiendo su culito apretándome como un guante de terciopelo. Ruby soltó el aire con un gemido largo, bajito.
 
Después de unos segundos empecé a moverme. Saqué la verga despacito, casi todo, y la volví a meter hasta el fondo, lento al principio, sintiendo cada contracción de su culo. Ella abría los ojos poco a poco, me miraba con esa cara de sissy que se está disfrutando todo, la boca abierta y sonriendo. “Sí… así’… más adentro”, me pedía entre gemidos. Su verguita semi erecta también se movía mientras yo la penetraba.
 
La cogí así un buen rato, despacio, sintiendo cómo su culito me apretaba y se movía con mi verga. Luego le dije “ponte en cuatro, amor”. Ruby se puso de rodillas en la cama, el culo bien en alto, las tetitas colgando un poquito, el pelo largo cayéndole por los hombros. Yo me puse detrás, agarré mis caderas y empecé a penetrarla de nuevo. Esta vez más fuerte, más profundo, la verga entrando y saliendo rápido. El culito de ella se abría y cerraba conmigo, mojado y brillante.
 
Mientras yo la cogía por atrás, la verga de Ruby estaba un poquito erecta, saliendo entre sus muslos, dura y chiquita. Ella metió la mano por debajo y empezó a masturbarse, moviendo la manita rápido mientras yo le daba con ganas en el culo. “Agustín… estoy bien cachonda…”, gemía ella, el culo temblando cada vez que le entraba.
 
Yo ya estaba a punto de corromper, el semen subiendo por la verga. Le dije jadeando “me voy a venir, Ruby”. Ella se dio vuelta, se arrodilló de nuevo frente a mí y me agarró la verga con la boca, chupando como loca, la lengua dando vueltas, tragándose hasta el fondo. Yo me corrí con fuerza, eyaculando bien caliente en su boca y en la cama, chorros largos y espesos que ella tragaba y tragaba, algunos le salieron por la comisura de los labios.
 
Ruby también se masturbó un poquito más, con los dedos en su "clítoris" mojado, y se corrió encima de las sábanas, echando un chorrito corto y blanco que se le escapó. Se quedó quieta un rato, respirando agitada, y luego nos acostamos juntos, tocándonos suave, las manos en el pecho, en las piernas, sin decir casi nada. Solo mirándonos, sonriendo, sudados y felices.
 
ganas

Después de un rato nos levantamos, nos vestimos. Ruby se puso el vestido corto otra vez, se arregló el pelo y me dijo con esa vocecita de sissy puta: “Agustín… cuando quieras, yo estoy disponible para lo que sea’”. Yo la besé una última vez, profundo, lengua en su boca, saboreando todo. Luego salí del departamento, sabiendo que acababa de descubrir un nuevo mundo de placer que no pensaba dejar escapar nunca más.

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