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El hombre de mamá

El hombre de mamá


Desde siempre mi madre fue dura conmigo, poco cariñosa, muy estricta en mi educación y en mi formación como persona, desde que mi padre se fue, ella asumió el rol de padre y madre a la vez, aunque fallando en cuestión sentimental, yo a su vez al ir creciendo notaba que los dos nos teníamos una relación de amor-odio, ella aunque era en todos lados excelente, en la escuela, en mis actividades deportivas, siempre me hacía menos, quizá esperaba que al hacerlo de esa manera yo me superará aún más, pero algo afectaba en mi mente, y desde que fui adolescente y me comenzaban a llamar la atención las chicas siempre tuve miedo acercarme a ellas, siempre fui atractivo, alto, moreno, mi físico es muy bueno, no podía llegar a la cama con ninguna, cumplí 18 y aún era virgen.

Cuando mi padre se fue, nos quedamos vulnerables económicamente, no fuimos pobres pero si sufrimos algunas carencias durante un tiempo, después gracias a mamá salimos adelante, ella maestra de profesión logro subir hasta llegar a ser una importante dirigente en el sildicato de maestros en el estado.

Al cumplir yo 27 años después una larga y costosa educación tome un cargo importante en el gobierno, la vida nos sonreía, pero yo aún era soltero y sorprendentemente virgen aún, por mi puesto, mi aspecto no me faltaron oportunidades de estar con la chica casi cualquiera que yo deseara.

Una vez conocí a una médico, alguien muy amable, hermosa, de aspecto dulce y muy tierna, pero cuando se la presente a mamá me dijo que ella no me convenía, se notaba que era una chica inútil y mediocre y que ella no trabajo tanto como para alguien así disfrutará lo que tanto ella había construido para mí; ella quería una chica con carácter, ambiciosa como ella, pero ese tipo de chicas son las que me intimidaban más.

Conocí a Amanda, una maestra que conocí en una visita que hice a una preparatoria, igualmente era muy linda y amable, realmente estaba enamorado de ella, no nos veíamos mucho, pero siempre nos mandábamos mensajes, pensaba en tomar unos días de descanso, quería darle una sorpresa a Amanda, compré un viaje a Venecia, cuando le dije se emociono mucho, quedamos en ir de compras para el vieje, ese fin de semana la espere en la plaza, pero no llego, en la noche entro un mensaje a mi teléfono, era de Amanda explicándome que ya no podía ir conmigo de viaje porque en realidad era casada, estaba a punto de divorciarse, pero no podía ausentarse muchos días por sus hijos.

Mi poca experiencia en relaciones sentimentales me hizo ilusionarme de más sin conocer mejor a las personas, ya no le respondí y simplemente lo ignoré, al día siguiente mi madre me vio triste, obvio ella no sabía nada del viaje, se me ocurrió invitarla como regalo sorpresa, mi mamá amaba Italia y acepto de inmediato, hizo una llamada para darse ella misma unos días, el fin de semana siguiente ya estábamos en un avión rumbo a Europa.

La primera noche, no podía evitar sentirme melancólico, salimos a comer y regresamos al hotel, estaba recostado en mi habitación viendo una película, llamaron a mi puerta y mi madre entró, se recostó a mi lado, puso su cabeza en mi pecho, cosa que me extraño mucho, se notaba muy cariñosa más de lo normal.

- ¿Tu crees que no supe lo del viaje con esa vieja?- ese comentario me hizo helar la sangre.

- Yo me entero de todo lo que haces hijo, pero sabes agradecí mucho que me invitaras, adoro viajar-

- No quise ofenderte madre, y se que te gusta mucho Italia sobre todo Venecia, por eso no quise cancelar y preferí mejor venir contigo-

En sus comentarios de reclamo note un cierto toque de ternura y coqueteo, la situación se estaba poniendo muy incómoda para mí, por un momento quise salir corriendo de la habitación.

- Te diré algo, hasta ahora me doy cuenta que no te eduque tanto y te hice el mejor hombre como para que te desperdicies con una mujerzuela, a la única mujer que mereces es a mi- cuando decía esto tomo mi rostro y me plantó un beso, no como madre, sino como una mujer que por fin había encontrado al hombre correcto.

Por un momento sentí náuseas, no es mi madre sea fea, porque es una mujer muy hermosa y con un cuerpo espectacular, pero solo con el hecho de pensar que es mi madre mi mente no lo podía procesar.

Me resistía a sus besos, pero ella no se rendía, lo hacía con más intensidad, su lengua entro a mi boca buscando la mía, algo en sus besos en su respiración y en sus pequeños gemidos me hicieron que todo en mi mente se derrumbara, el deseo corrió por mis venas, al momento ya sentia una tremenda erección.

Se detuvo solo para quitarse la ropa, una vez desnuda me ayudó a quitarme la mía, su cuerpo era precioso, se había hecho cirugía en los senos, pero no eran exagerados, solo el tamaño perfecto para estar en su lugar, caderas pronunciadas, un poco de vello en la zona púbica, tomo mi miembro ya muy duro con sus manos, se acomodo con el rostro a la altura de mi cintura, y se lo llevó a la boca, comenzó a hacerme sexo oral, estaba en las nubes, era tremendo, un momento chupaba la punta y en otro momento se metía todo hasta su garganta, así estuvo un rato, después, se colocó sobre mi, moviendo sus caderas, hasta que solo mi pene entro en ella, nos miramos fijamente, ya no éramos madre e hijo, sino amantes, se movía con una sincronicidad espectacular, al poco tiempo sentia mi orgasmo acercarse, ella se movía aún más, llegó el momento en que los dos tuvimos un orgasmo simultáneo, la dejé llena de semen.

Llamo a recepción para que cambiarán las sábanas y mientras lo hacían nosotros nos metimos a bañar nos fuimos a su habitación y nos quedamos dormidos abrazados.

El resto de los días paseamos como amantes, nos divertimos mucho, llegamos al país, no necesitamos hablarlo ni ponernos de acuerdo sabíamos cómo comportarnos, en público éramos madre e hijo y en la intimidad amantes.

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