Llegamos al pueblo al mediodía. El hotel era sencillo pero limpio, a dos cuadras de la playa. Esa misma noche Meli decidió que no íbamos a quedarnos encerradas. Nos pusimos algo liviano y salimos a un bar con música en vivo cerca del muelle. Bailamos bastante.

En un momento se nos acercó un chico moreno, alto, de sonrisa fácil y cuerpo atlético. Era divertido, hablaba con soltura y tenía una forma de mirar que te hacía sentir vista. Bailamos un par de temas juntos, reímos, intercambiamos algunas frases al oído… pero no pasó de ahí. Cuando el bar empezó a vaciarse y las luces comenzaban a encenderse note que mis pechos estaban algo fuera de mi vestido, pero nadie dijo nada, nos despedimos y volvimos al hotel.

Me acosté pensando que había sido solo un encuentro agradable.
Al día siguiente, mientras salíamos a desayunar, nos lo cruzamos a pocas cuadras del hotel. Iba en short y sin remera, gafas de sol. Se rió al vernos.
—No puede ser, otra vez ustedes dos.
Hablamos un rato en la vereda, entre risas. Meli, siempre más lanzada, sacó el celular.
—Una foto de los tres, dale.
Nos acomodamos. Él se puso en el medio. Cuando me acerqué sentí el calor de su cuerpo y, al bajar un segundo la mirada, lo vi. El short no escondía casi nada. Era grueso, largo, y se marcaba con un peso que me hizo tragar saliva.

Él debió notar mi mirada porque sonrió de lado y, como si nada, comentó:
—Si les gusta estar tranquilas, hay una playa nudista a quince minutos. Casi no hay gente entre semana.
Quedamos en que quizás iríamos más tarde.
El lugar era paradisíaco: arena blanca, agua turquesa, y cuerpos desnudos por todas partes como si fuera lo más natural del mundo. Dejamos nuestras cosas no muy lejos de la orilla.

Caminé hasta el agua todavía con la camisa puesta. El agua estaba tibia. Me metí sin pensarlo y la tela se pegó inmediatamente a mis pechos enormes, transparentándose. Me quedé ahí unos minutos, mirando el horizonte, sintiendo cómo la camisa mojada me marcaba cada curva.

Después llegó el momento. Nos miramos y, sin decir mucho, empezamos a desvestirnos. Al principio fue raro. Aunque todo el mundo estaba desnudo, era nuestra primera vez. Sentía las miradas. Especialmente las que se clavaban en mis tetas. Son grandes, pesadas, de pezones rosados y sensibles, y ahora estaban completamente al aire, balanceándose un poco con cada paso. Tragué saliva y respiré hondo. Poco a poco la vergüenza fue cediendo.
Nos metimos en el agua cuando el sol empezó a pegar fuerte. El agua nos cubría hasta la cintura. Cada vez que pasaban chicos y se quedaban mirándonos como idiotas, yo fruncía el ceño, pero no podía culparlos. Estaba completamente desnuda y mis senos eran un imán. Meli se rió y me dijo:

—Gor, cambia esa cara o los chicos se nos van.
Salimos del agua y nos sentamos en las toallas. Justo entonces pasaron otros tipos. Recordé las palabras de Meli y esta vez no aparté la mirada. Estaba ahí para disfrutar.

Me eché de espaldas, abrí las piernas un poco y dejé que el sol me tocara toda. Saqué mi libro favorito y leí un rato, sintiendo cómo el calor me entraba por la piel y cómo, de vez en cuando, alguien se detenía un segundo de más al pasar.

Esa misma tarde Meli se adelantó a comprar algo y dejó de contestar. Me preocupé y salí a buscarla todavía con la toalla al hombro. Caminaba mirando el celular cuando alguien se detuvo frente a mí. Levanté la vista y lo primero que vi fue su VERGA colgando pesada entre las piernas, completamente desnudo. Era él. Me reconoció al instante.

Le conté rápido que no encontraba a Meli. Me pasó su número sin dudar y me dijo que iba a seguir caminando por la orilla por si la veía. Como no aparecía, le hice una videollamada para mostrarle por dónde estaba.


Y justo entonces la vi. Meli venía caminando hacia mí, tranquila, con dos botellas en la mano y una sonrisa. Minutos después la vi aparecer, tranquila, como si no hubiera pasado nada.
Más tarde, mientras nadaba, lo vi otra vez. Estaba tomando sol no muy lejos, tumbado de espaldas, completamente desnudo. Su verga descansaba sobre su vientre, larga y gruesa, imposible de ignorar.

Me acerqué tímidamente para agradecerle la ayuda. No hacía falta estar cerca para ver lo que tenía entre las piernas. El tamaño me ponía nerviosa. La boca se me secó un poco.

Luego Meli llegó donde nos encontrabamos, a modo de chiste y con una sonrisa pícara , dijo:
—Una foto con el héroe, ¿no?
Nos colocamos uno al lado del otro. Él estaba aún más cerca. Sentí su miembro rozarme la cadera, caliente y pesado. La cámara sonó. Me temblaron un poco las piernas.

Al día siguiente me escribió. Quería saber si me animaba a tomar sol en una zona más tranquila de la misma playa, sin tanta gente. Acepté. Meli se quedó en el hotel. Fui sola.
Lo encontré tumbado sobre una toalla grande, ya desnudo. Me recosté a su lado. Hablamos poco. En un momento su mano rozó mi muslo y yo, sin pensarlo demasiado, bajé la mía hasta rodearle la verga. Estaba tibia y empezaba a endurecerse bajo mis dedos. Lo masturbé despacio, sintiendo cómo crecía y se ponía pesada.


Luego nos paramos,nos besamos, su lengua era lenta, profunda. Incluso seguia masturbandolo pero cada tanto pasaba alguien y yo me tensaba. No podía relajarme del todo.
Él lo notó. y nos fuimos.


—Esta noche venite a mi casa —dijo contra mi boca—. Nadie nos va a molestar.
Acepté.
Cuando llegué, anocheciendo, él abrió la puerta en short. Me miró un segundo, me agarró de la nuca y me besó con fuerza. Después me giró de un movimiento y me pegó contra la pared. Su mano abierta cayó fuerte sobre mi culo.


—Por fin te tengo para mí sin que nadie nos moleste.
El nalgazo me ardió y me mojó al mismo tiempo. Me di vuelta. Con dedos un poco torpes le bajé sus jeans. Su verga saltó gruesa, oscura, ya medio dura. El simplemente me miro, me quito la blusa y se sento en el sofa, asique la tomé con una mano y empecé a masturbarlo algo timida y nerviosa.

Él gemía bajo, mirándome. Después me arrodillé. La acerqué a mi boca y la lamí desde la cabeza hasta la base, saboreando la piel tibia. Lo metí despacio, abriendo la garganta lo más que pude. Era grueso. Babeé, chupé, pero no entraba toda,asique a la vez lo masturbaba. Él se agarró de mi pelo y empezó a empujar con cuidado.

En eso me llega una videollamada, era Meli, atendi mientras chupaba una verga negra gigante, solo dijo: Pasala bien y corto.

En un momento sacó la verga, me quedé arrodillada mirándolo, todavía con la boca abierta, fruncio el seño y se corrió. Chorros espesos y calientes me pintaron la boca, los labios, la mejilla y parte de los pechos.

No bajó casi. Seguía duro, brillante de saliva y semen. Asique se la volvi a chupar, a limpiarsela, mientras con una mano empece a tomarme.

Me levantó como si no pesara nada y me llevó a la cama. Me acosto y me acomodó mirando a la cama, abrió mis piernas y se acomodó entre ellas para lamerme la vagina apasionadamente

Saco su rostro de entre mis piernas, y ahora casi como un juego puso su gigante verga gruesa entre mis nalgas, solo estaba apollada y ya podia sentir su peso y lo peligroso que iba a ser

Luego a cabeza gruesa empujó contra mi entrada. Entré despacio, centímetro a centímetro, abriéndome cada vez mas, poco a poco

Gemí alto cuando por fin llego a tope. Empezó a moverse con embestidas largas ,profundas y fuertes. Cada vez que entraba del todo sentía que me llegaba al fondo. Me agarró de las caderas y aceleró. Mis tetas rebotaban con cada golpe. El placer se acumuló rápido, pesado, en la baja del vientre.

Nos recostamos y eso cambió el ángulo, empujó más fuerte y algo sentia romperse dentro de mí

Me puso en 4 y empezo a embestirme como un animal, el era un potro con su gran verga y yo su yeguañ no podia dejar de mirarlo mientras me penetraba salvajemente

Hasta que siguio sin parar un segundo, creo que mi cara lo decia todo, mis pechos se balanceaban sin cesar hasta que me corrí con un grito, el chorro saliéndome alrededor de su polla mientras él seguía follándome sin parar. El squirt me mojó el abdomen y las sábanas. Él no se detuvo. Me sostuvo las piernas abiertas y siguió hasta que volvió a correrse, esta vez profundo, llenándome.

Me quedé temblando debajo de él, con las piernas abiertas y el cuerpo todavía sacudido por las ondas del orgasmo.
CONTINUARA

En un momento se nos acercó un chico moreno, alto, de sonrisa fácil y cuerpo atlético. Era divertido, hablaba con soltura y tenía una forma de mirar que te hacía sentir vista. Bailamos un par de temas juntos, reímos, intercambiamos algunas frases al oído… pero no pasó de ahí. Cuando el bar empezó a vaciarse y las luces comenzaban a encenderse note que mis pechos estaban algo fuera de mi vestido, pero nadie dijo nada, nos despedimos y volvimos al hotel.

Me acosté pensando que había sido solo un encuentro agradable.
Al día siguiente, mientras salíamos a desayunar, nos lo cruzamos a pocas cuadras del hotel. Iba en short y sin remera, gafas de sol. Se rió al vernos.
—No puede ser, otra vez ustedes dos.
Hablamos un rato en la vereda, entre risas. Meli, siempre más lanzada, sacó el celular.
—Una foto de los tres, dale.
Nos acomodamos. Él se puso en el medio. Cuando me acerqué sentí el calor de su cuerpo y, al bajar un segundo la mirada, lo vi. El short no escondía casi nada. Era grueso, largo, y se marcaba con un peso que me hizo tragar saliva.

Él debió notar mi mirada porque sonrió de lado y, como si nada, comentó:
—Si les gusta estar tranquilas, hay una playa nudista a quince minutos. Casi no hay gente entre semana.
Quedamos en que quizás iríamos más tarde.
El lugar era paradisíaco: arena blanca, agua turquesa, y cuerpos desnudos por todas partes como si fuera lo más natural del mundo. Dejamos nuestras cosas no muy lejos de la orilla.

Caminé hasta el agua todavía con la camisa puesta. El agua estaba tibia. Me metí sin pensarlo y la tela se pegó inmediatamente a mis pechos enormes, transparentándose. Me quedé ahí unos minutos, mirando el horizonte, sintiendo cómo la camisa mojada me marcaba cada curva.

Después llegó el momento. Nos miramos y, sin decir mucho, empezamos a desvestirnos. Al principio fue raro. Aunque todo el mundo estaba desnudo, era nuestra primera vez. Sentía las miradas. Especialmente las que se clavaban en mis tetas. Son grandes, pesadas, de pezones rosados y sensibles, y ahora estaban completamente al aire, balanceándose un poco con cada paso. Tragué saliva y respiré hondo. Poco a poco la vergüenza fue cediendo.
Nos metimos en el agua cuando el sol empezó a pegar fuerte. El agua nos cubría hasta la cintura. Cada vez que pasaban chicos y se quedaban mirándonos como idiotas, yo fruncía el ceño, pero no podía culparlos. Estaba completamente desnuda y mis senos eran un imán. Meli se rió y me dijo:

—Gor, cambia esa cara o los chicos se nos van.
Salimos del agua y nos sentamos en las toallas. Justo entonces pasaron otros tipos. Recordé las palabras de Meli y esta vez no aparté la mirada. Estaba ahí para disfrutar.

Me eché de espaldas, abrí las piernas un poco y dejé que el sol me tocara toda. Saqué mi libro favorito y leí un rato, sintiendo cómo el calor me entraba por la piel y cómo, de vez en cuando, alguien se detenía un segundo de más al pasar.

Esa misma tarde Meli se adelantó a comprar algo y dejó de contestar. Me preocupé y salí a buscarla todavía con la toalla al hombro. Caminaba mirando el celular cuando alguien se detuvo frente a mí. Levanté la vista y lo primero que vi fue su VERGA colgando pesada entre las piernas, completamente desnudo. Era él. Me reconoció al instante.

Le conté rápido que no encontraba a Meli. Me pasó su número sin dudar y me dijo que iba a seguir caminando por la orilla por si la veía. Como no aparecía, le hice una videollamada para mostrarle por dónde estaba.


Y justo entonces la vi. Meli venía caminando hacia mí, tranquila, con dos botellas en la mano y una sonrisa. Minutos después la vi aparecer, tranquila, como si no hubiera pasado nada.
Más tarde, mientras nadaba, lo vi otra vez. Estaba tomando sol no muy lejos, tumbado de espaldas, completamente desnudo. Su verga descansaba sobre su vientre, larga y gruesa, imposible de ignorar.

Me acerqué tímidamente para agradecerle la ayuda. No hacía falta estar cerca para ver lo que tenía entre las piernas. El tamaño me ponía nerviosa. La boca se me secó un poco.

Luego Meli llegó donde nos encontrabamos, a modo de chiste y con una sonrisa pícara , dijo:
—Una foto con el héroe, ¿no?
Nos colocamos uno al lado del otro. Él estaba aún más cerca. Sentí su miembro rozarme la cadera, caliente y pesado. La cámara sonó. Me temblaron un poco las piernas.

Al día siguiente me escribió. Quería saber si me animaba a tomar sol en una zona más tranquila de la misma playa, sin tanta gente. Acepté. Meli se quedó en el hotel. Fui sola.
Lo encontré tumbado sobre una toalla grande, ya desnudo. Me recosté a su lado. Hablamos poco. En un momento su mano rozó mi muslo y yo, sin pensarlo demasiado, bajé la mía hasta rodearle la verga. Estaba tibia y empezaba a endurecerse bajo mis dedos. Lo masturbé despacio, sintiendo cómo crecía y se ponía pesada.


Luego nos paramos,nos besamos, su lengua era lenta, profunda. Incluso seguia masturbandolo pero cada tanto pasaba alguien y yo me tensaba. No podía relajarme del todo.
Él lo notó. y nos fuimos.


—Esta noche venite a mi casa —dijo contra mi boca—. Nadie nos va a molestar.
Acepté.
Cuando llegué, anocheciendo, él abrió la puerta en short. Me miró un segundo, me agarró de la nuca y me besó con fuerza. Después me giró de un movimiento y me pegó contra la pared. Su mano abierta cayó fuerte sobre mi culo.


—Por fin te tengo para mí sin que nadie nos moleste.
El nalgazo me ardió y me mojó al mismo tiempo. Me di vuelta. Con dedos un poco torpes le bajé sus jeans. Su verga saltó gruesa, oscura, ya medio dura. El simplemente me miro, me quito la blusa y se sento en el sofa, asique la tomé con una mano y empecé a masturbarlo algo timida y nerviosa.

Él gemía bajo, mirándome. Después me arrodillé. La acerqué a mi boca y la lamí desde la cabeza hasta la base, saboreando la piel tibia. Lo metí despacio, abriendo la garganta lo más que pude. Era grueso. Babeé, chupé, pero no entraba toda,asique a la vez lo masturbaba. Él se agarró de mi pelo y empezó a empujar con cuidado.

En eso me llega una videollamada, era Meli, atendi mientras chupaba una verga negra gigante, solo dijo: Pasala bien y corto.

En un momento sacó la verga, me quedé arrodillada mirándolo, todavía con la boca abierta, fruncio el seño y se corrió. Chorros espesos y calientes me pintaron la boca, los labios, la mejilla y parte de los pechos.

No bajó casi. Seguía duro, brillante de saliva y semen. Asique se la volvi a chupar, a limpiarsela, mientras con una mano empece a tomarme.

Me levantó como si no pesara nada y me llevó a la cama. Me acosto y me acomodó mirando a la cama, abrió mis piernas y se acomodó entre ellas para lamerme la vagina apasionadamente

Saco su rostro de entre mis piernas, y ahora casi como un juego puso su gigante verga gruesa entre mis nalgas, solo estaba apollada y ya podia sentir su peso y lo peligroso que iba a ser

Luego a cabeza gruesa empujó contra mi entrada. Entré despacio, centímetro a centímetro, abriéndome cada vez mas, poco a poco

Gemí alto cuando por fin llego a tope. Empezó a moverse con embestidas largas ,profundas y fuertes. Cada vez que entraba del todo sentía que me llegaba al fondo. Me agarró de las caderas y aceleró. Mis tetas rebotaban con cada golpe. El placer se acumuló rápido, pesado, en la baja del vientre.

Nos recostamos y eso cambió el ángulo, empujó más fuerte y algo sentia romperse dentro de mí

Me puso en 4 y empezo a embestirme como un animal, el era un potro con su gran verga y yo su yeguañ no podia dejar de mirarlo mientras me penetraba salvajemente

Hasta que siguio sin parar un segundo, creo que mi cara lo decia todo, mis pechos se balanceaban sin cesar hasta que me corrí con un grito, el chorro saliéndome alrededor de su polla mientras él seguía follándome sin parar. El squirt me mojó el abdomen y las sábanas. Él no se detuvo. Me sostuvo las piernas abiertas y siguió hasta que volvió a correrse, esta vez profundo, llenándome.

Me quedé temblando debajo de él, con las piernas abiertas y el cuerpo todavía sacudido por las ondas del orgasmo.
CONTINUARA
1 comentarios - Vacaciones soñadas 1ra Parte