Estaba yofingiendo que meaba, agarrando mi pitito de pie adelante del mingitorio, peroen realidad esperando a algún pijudazo que me mostrara el choto. Me desesperanlos turros re chotones, así que cuando hago cosas así voy a los baños de lasestaciones donde hay más negros cabeza, laburantes chotudos y, sobre todo,pendejos turritos re pijudazos y con olor a poronga, de esos que tienen el choto bien inflado porque culean desde guachines.
Esta vezestaba en el baño de una estación del Belgrano Sur. No entraba nadie y yo meaburría, pero cada tanto se me paraba el pitito y me pajeaba acordándome de lospendejos porongudos que me metieron el choto en la boca.
Ya me estaba por ir cuando entró, rápido,un turro duro, como de 20 años, flaco, huesudo, alto. Me puse re putaso decontento: en el pantalón de tela de plástico se le marcaba terrible bulto y sele notaba que no llevaba calzoncillos porque la forma del aparato se le notabaperfectamente. Se paró frente al espejo de las canillas para el agua y sedescargó la nariz mientras yo me ponía re ansioso esperando que pelara chota allado mío. Apenas movió un poco la vista y me pareció que me descubrió las intenciones.Se manoteó el bultazo y se vino para el mingitorio de al lado mío.
¡Ay, el hijo de puta peló el choto desdeantes de llegar al meadero! ¡Sacó terrible manguera y la vino acercando haciamí sacudiendo y meando! El hijo de puta, después de haber meado todo el piso yhaber visto que esa máquina me llamó la atención, se puso a mear en sumingitorio.
Los baños de esta estación tienen una separación demetal entre meadero y meadero, pero el turrito se puso a mear lejos delmingitorio, permitiendo que yo le viera el impresionante choto del que sedesprendía tan grueso chorro de pis, que hacía mucho ruido y mucho vapor alchocar contra el metal del mingitorio y que encima tenía un olor a macho que mevolaba la cabeza desde mingitorio por medio.

Muerto, ese chotaso medía como 23 centímetrosy se veía pesadísimo. Los dedos flacos y huesudos del turro lo levantaban yhacían bambolear. El guacho pelaba chota al lado mio, meando como un toro consu terrible chotaso en la mano, metiendo y sacando la cabeza. Cuando la cabezaestaba cubierta, el cuero de poronga que la cubría la tapaba toda y se veía regrueso, pero cuando salía la cabezota, puntuda pero grande como una frutillavioleta muy grande, el guacho sacudía el terrible tronco pesado y re venoso yse sentía desde mí meadero el olor a poronga de esa máquina de culiar.
Yo meempecé a masturbar mi pitito pedorro viendo eso y hasta se me escapó un “aia”de desesperación. La habré sonado re putaso al machito porque, impresionado yopor ese termo que se iba inflando y que aunque blando todavía ya se le veíacomo de 27 por 8 cm de ancho, él dijo sin mirarme siquiera:
—Uh, perore pedazo de trolo sos... —y agregó de golpe: —mirame bien las pelotas.

Entonces elhijo de puta se bajó un poco más el elástico del pantalón de plástico y sacó deuna toda la bolsa de las pelotas también. Hijo de puta... ¡encima de que eseaparato ya casi inflado del todo le medía como 29 cm por 9 de ancho, laspelotas eran una mole que le colgaba, pesada y bastante peluda, como 18 cm. Unkilo de carne de pelotas tenía el hijo de puta abajo de ese terrible chotovenoso.

El hijo de puta se me vino al humo y me mandó:
—Puto de mierda, mirá, agarralo con la mano ylargá ese pitito de nena que tenés. Agarralo bien y sacale la cabeza paraafuera.
Ay,chicas, ¡lo que sentí cuando le agarré el choto y le saqué la cabeza paraafuera con mis dos manitos agarrando ese tronco! Me sentí el puto más chiquitoy culo abierto del mundo con esa bestia. Un olor a poronga, chicas... Faa. Y nosaben lo que era el tamaño del aujero del meo, ¡por eso cuando lo vi meando elchorro era tan gruesooo!
¡Eraun negro parecido a este pero todavía más chotudo!

Medesesperé y entré a chupetiar. Ni me importó que la puerta de entrada al bañode la estación siguiera abierta. Simplemente me caí de rodillas ante esabestía que yo apenas podía agarrar con mis dos manos, toda venosa con terriblespelotas colgando abajo. Nada de quesito (mirá que va a tener quesito un turritochotudo que se hace chupar el choto por cualquier puto o putita todos losdías), pero le salía un olor a choto... Faaaa, lo que era sentir ese olorcuando yo lo pajeaba y le sacaba la cabeza para afuera. Cómo le lambí el aujerodel choto, cómo le chupetié las pelotas, cómo le recorrí y le miré las venasinfladas. ¡Ay cómo le inhalé el olor a poronga!
Entonces me di vuelta como una nena desesperada y me bajé los lienzos.
Ay,le puse el culo, chicas. Le puse el culo y cuando me vio la aureola marrón queme enmarca el aujero, el turro se me vino al humo sacudiendo el chotaso ese quele medía todo inflado como ¡30 cm por 10 de ancho, chicas! ¡Ay, cómo le puse elculo!

Cómome entró a lamber el ojete el hijo de puta... Me dijo:
—Uh,tenés olor a culo, puto de mierda -y lambía y lambía mientras se sacudía elenorme aparato reproductor como un desesperado mientras yo gemía como una nena.
Degolpe paró con la lambida de ojete que me estaba haciendo mientras yo me abríala zanja con las dos manitos mías jalando los cachetes de mi culo. Paró paradecirme, con el choto gigantesco inflado en la mano:
—Quedate así pedazo de puto que voy a avisar a mis amigos en la puertaque no dejen entrar a nadie.
Entonces el turro dejó de laberme el ojete y se fue con el chotaso,inmenso y estallado de venas, hasta la puerta de entrada. Le dijo a alguien queestaba con un putaso de culo redondo y chupando y chupando y que me iba a hacerel orto, que vigilen que nadie entre. Alcancé a escuchar la voz de algunosamigos y vi que uno, turro de veinte como él, asomó la cabeza. Primero le viola poronga inmensa a su amigo y dijo:
—¡Mirácómo te infló la chota el trolo ese! —. Después, cuando me vio en cuatro yabriéndome, desesperada, los cachetes con una mano, el turrito amigo dijo:—¡Uf, mirá como se pone el puto, mirá el culaso que te abre!
Elnuevo turrito entró de una, le dijo a otros amigos que se quedaran en la puertay le dijo al amigo:
—Andá, que sos rompeculo vos. Yo te miro reventarle el ojete al troloeste y me pajeo.
—Deuna —dijo el rompeculo con ese chotaso de 30 cm por diez de ancho en las manos,con las pelotas por afuera del elástico del pantalón colgándole como 18 cm paraabajo, pesadísima.
Elamigo peló choto. Era una cosa así el hijo de puta:

Estando yo en cuatro desde lejos lo vi pelar alamigo de mi rompeculo su chotaso en la puerta y gemí como nena:
--¡Ay,qué pedazo de pijudooos!
Cuando mi macho me escuchó entró a lamberme el ojete de vuelta mientrassu amigo se re pajeaba en la puerta y le contaba a los amigos que quedaronafuera lo que estaba viendo, todo masturbando un chotaso marrón y enorme que seveía como de 24 cm por 8 de ancho, más ancho en la base que en la cabeza y contoda la bolsa de pelotas colgándole afuera de la bragueta abierta. El turro queme lambía el culo me dijo de golpe mientras entraba a meter dedo en el ojete:
--Uh,puto hijo de puta, tenés el aujero del culo con la aureola marrón esa quetienen los re putasooos!

Y entró a dedear y lamber como un desesperadohasta que se paró con la máquina de culiar en la mano y me mostró lo que me ibaa meter sacudiendolo y pegándome con el chotaso en la cara. Se puso atrás yapoyó la cabeza mientras me dijo:
--¿Sentís pedazo de puto como apoyo el aujero de mi chota en el aujerode tu culo? –y al toque agregó: --y ahí te voy zampando de a poco la cabeza.
--Hijo de puta mirá como le metés la cabeza de ese termo venoso quetenés entre las gambas, gato --decía su amigo, que se había venido desde lapuerta para mostrarme más de cerca su pedazo impresionante.
“Vala cabeza entera”, me iba avisando el hijo de puta de lo que pasaba en miojete, eso que yo sentía y me hacía sentir una nena: el dolor de los esfínteresabiertos por uno de esos chotasos que te hacen sentir vergüenza de tu hombría ycaer de rodillas a chupar. “Ahora voy a ablandar para ir entrando”, me dijo. “Ahoravoy a ablandar con agua caliente, putaso”, dijo.
Entonces, chicas, el turro meó. Meó adentro del tubo de mi culo con sugrueso chorro de meo. Rebalsó todo y yo sentía que se llenaba el canal dechotas con ese líquido caliente. Me abrí. Llorando de emoción me abrí. “Soy unanena, soy una nena”, decía yo mientras me abría el ojete y el villero entraba abombear. Metió y metió y de una gritó:
--Ahítenés 30 cm de chota adentro del culo, pedazo de trolo!
Bombeó. Bombeó poco para descargar pero bombeó. Mientras el daba lasdiez o doce bombeadas que lo hacían acabar como un caballo adentro del tubo demi culo, el amigo largó su propio meo sobre mi cara, grueso el chorro comogruesa era su chota. Después la sacudió varias veces y me dio también su leche.
Elmás porongudazo sacó de a poco su chota de mi ojete mientras su amigo seguardaba la tripa adentro de la bragueta. El macho abreculos se vino al lado mío,que seguía en cuatro y con la cabeza en el piso en un charco de meo y me dijo, mostrándomeese choto que aún estando como de 27 cm por 8 de ancho, le colgaba poderososobre sus huevazos:
--Elculo te quedó re estirado. Se te va a salir sola toda la caca. Mirá como medejaste la poronga.

Y sin decir más, se guardó el choto en elpantalón de plástico, se acomodó el bultaso, me dejó ahí en cuatro todohumillado y re culiado en el piso y con el culo todavía abierto y chorreandoleche y meo y se fue a la bacha del baño con su amigo, que hablaba desde ahícon los pibes de afuera y que escuche que les decía:
--Qué bueno están los culazos de los putosestos…
Desde la bacha el turro con 30 cm de chota por 10 de ancho me dijo:
--Mañana a la tarde de doy chota por Virrey delPino. Te espero a las siete de la tardecita en la ruta 3 y el arroyo Morales.
Antes de irse se me acercó y me dijo despacito:
--Andá con bombachas, así te hago sentir unamina.
Esta vezestaba en el baño de una estación del Belgrano Sur. No entraba nadie y yo meaburría, pero cada tanto se me paraba el pitito y me pajeaba acordándome de lospendejos porongudos que me metieron el choto en la boca.
Ya me estaba por ir cuando entró, rápido,un turro duro, como de 20 años, flaco, huesudo, alto. Me puse re putaso decontento: en el pantalón de tela de plástico se le marcaba terrible bulto y sele notaba que no llevaba calzoncillos porque la forma del aparato se le notabaperfectamente. Se paró frente al espejo de las canillas para el agua y sedescargó la nariz mientras yo me ponía re ansioso esperando que pelara chota allado mío. Apenas movió un poco la vista y me pareció que me descubrió las intenciones.Se manoteó el bultazo y se vino para el mingitorio de al lado mío.
¡Ay, el hijo de puta peló el choto desdeantes de llegar al meadero! ¡Sacó terrible manguera y la vino acercando haciamí sacudiendo y meando! El hijo de puta, después de haber meado todo el piso yhaber visto que esa máquina me llamó la atención, se puso a mear en sumingitorio.
Los baños de esta estación tienen una separación demetal entre meadero y meadero, pero el turrito se puso a mear lejos delmingitorio, permitiendo que yo le viera el impresionante choto del que sedesprendía tan grueso chorro de pis, que hacía mucho ruido y mucho vapor alchocar contra el metal del mingitorio y que encima tenía un olor a macho que mevolaba la cabeza desde mingitorio por medio.

Muerto, ese chotaso medía como 23 centímetrosy se veía pesadísimo. Los dedos flacos y huesudos del turro lo levantaban yhacían bambolear. El guacho pelaba chota al lado mio, meando como un toro consu terrible chotaso en la mano, metiendo y sacando la cabeza. Cuando la cabezaestaba cubierta, el cuero de poronga que la cubría la tapaba toda y se veía regrueso, pero cuando salía la cabezota, puntuda pero grande como una frutillavioleta muy grande, el guacho sacudía el terrible tronco pesado y re venoso yse sentía desde mí meadero el olor a poronga de esa máquina de culiar.
Yo meempecé a masturbar mi pitito pedorro viendo eso y hasta se me escapó un “aia”de desesperación. La habré sonado re putaso al machito porque, impresionado yopor ese termo que se iba inflando y que aunque blando todavía ya se le veíacomo de 27 por 8 cm de ancho, él dijo sin mirarme siquiera:
—Uh, perore pedazo de trolo sos... —y agregó de golpe: —mirame bien las pelotas.

Entonces elhijo de puta se bajó un poco más el elástico del pantalón de plástico y sacó deuna toda la bolsa de las pelotas también. Hijo de puta... ¡encima de que eseaparato ya casi inflado del todo le medía como 29 cm por 9 de ancho, laspelotas eran una mole que le colgaba, pesada y bastante peluda, como 18 cm. Unkilo de carne de pelotas tenía el hijo de puta abajo de ese terrible chotovenoso.

El hijo de puta se me vino al humo y me mandó:
—Puto de mierda, mirá, agarralo con la mano ylargá ese pitito de nena que tenés. Agarralo bien y sacale la cabeza paraafuera.
Ay,chicas, ¡lo que sentí cuando le agarré el choto y le saqué la cabeza paraafuera con mis dos manitos agarrando ese tronco! Me sentí el puto más chiquitoy culo abierto del mundo con esa bestia. Un olor a poronga, chicas... Faa. Y nosaben lo que era el tamaño del aujero del meo, ¡por eso cuando lo vi meando elchorro era tan gruesooo!
¡Eraun negro parecido a este pero todavía más chotudo!

Medesesperé y entré a chupetiar. Ni me importó que la puerta de entrada al bañode la estación siguiera abierta. Simplemente me caí de rodillas ante esabestía que yo apenas podía agarrar con mis dos manos, toda venosa con terriblespelotas colgando abajo. Nada de quesito (mirá que va a tener quesito un turritochotudo que se hace chupar el choto por cualquier puto o putita todos losdías), pero le salía un olor a choto... Faaaa, lo que era sentir ese olorcuando yo lo pajeaba y le sacaba la cabeza para afuera. Cómo le lambí el aujerodel choto, cómo le chupetié las pelotas, cómo le recorrí y le miré las venasinfladas. ¡Ay cómo le inhalé el olor a poronga!
Entonces me di vuelta como una nena desesperada y me bajé los lienzos.
Ay,le puse el culo, chicas. Le puse el culo y cuando me vio la aureola marrón queme enmarca el aujero, el turro se me vino al humo sacudiendo el chotaso ese quele medía todo inflado como ¡30 cm por 10 de ancho, chicas! ¡Ay, cómo le puse elculo!

Cómome entró a lamber el ojete el hijo de puta... Me dijo:
—Uh,tenés olor a culo, puto de mierda -y lambía y lambía mientras se sacudía elenorme aparato reproductor como un desesperado mientras yo gemía como una nena.
Degolpe paró con la lambida de ojete que me estaba haciendo mientras yo me abríala zanja con las dos manitos mías jalando los cachetes de mi culo. Paró paradecirme, con el choto gigantesco inflado en la mano:
—Quedate así pedazo de puto que voy a avisar a mis amigos en la puertaque no dejen entrar a nadie.
Entonces el turro dejó de laberme el ojete y se fue con el chotaso,inmenso y estallado de venas, hasta la puerta de entrada. Le dijo a alguien queestaba con un putaso de culo redondo y chupando y chupando y que me iba a hacerel orto, que vigilen que nadie entre. Alcancé a escuchar la voz de algunosamigos y vi que uno, turro de veinte como él, asomó la cabeza. Primero le viola poronga inmensa a su amigo y dijo:
—¡Mirácómo te infló la chota el trolo ese! —. Después, cuando me vio en cuatro yabriéndome, desesperada, los cachetes con una mano, el turrito amigo dijo:—¡Uf, mirá como se pone el puto, mirá el culaso que te abre!
Elnuevo turrito entró de una, le dijo a otros amigos que se quedaran en la puertay le dijo al amigo:
—Andá, que sos rompeculo vos. Yo te miro reventarle el ojete al troloeste y me pajeo.
—Deuna —dijo el rompeculo con ese chotaso de 30 cm por diez de ancho en las manos,con las pelotas por afuera del elástico del pantalón colgándole como 18 cm paraabajo, pesadísima.
Elamigo peló choto. Era una cosa así el hijo de puta:

Estando yo en cuatro desde lejos lo vi pelar alamigo de mi rompeculo su chotaso en la puerta y gemí como nena:
--¡Ay,qué pedazo de pijudooos!
Cuando mi macho me escuchó entró a lamberme el ojete de vuelta mientrassu amigo se re pajeaba en la puerta y le contaba a los amigos que quedaronafuera lo que estaba viendo, todo masturbando un chotaso marrón y enorme que seveía como de 24 cm por 8 de ancho, más ancho en la base que en la cabeza y contoda la bolsa de pelotas colgándole afuera de la bragueta abierta. El turro queme lambía el culo me dijo de golpe mientras entraba a meter dedo en el ojete:
--Uh,puto hijo de puta, tenés el aujero del culo con la aureola marrón esa quetienen los re putasooos!

Y entró a dedear y lamber como un desesperadohasta que se paró con la máquina de culiar en la mano y me mostró lo que me ibaa meter sacudiendolo y pegándome con el chotaso en la cara. Se puso atrás yapoyó la cabeza mientras me dijo:
--¿Sentís pedazo de puto como apoyo el aujero de mi chota en el aujerode tu culo? –y al toque agregó: --y ahí te voy zampando de a poco la cabeza.
--Hijo de puta mirá como le metés la cabeza de ese termo venoso quetenés entre las gambas, gato --decía su amigo, que se había venido desde lapuerta para mostrarme más de cerca su pedazo impresionante.
“Vala cabeza entera”, me iba avisando el hijo de puta de lo que pasaba en miojete, eso que yo sentía y me hacía sentir una nena: el dolor de los esfínteresabiertos por uno de esos chotasos que te hacen sentir vergüenza de tu hombría ycaer de rodillas a chupar. “Ahora voy a ablandar para ir entrando”, me dijo. “Ahoravoy a ablandar con agua caliente, putaso”, dijo.
Entonces, chicas, el turro meó. Meó adentro del tubo de mi culo con sugrueso chorro de meo. Rebalsó todo y yo sentía que se llenaba el canal dechotas con ese líquido caliente. Me abrí. Llorando de emoción me abrí. “Soy unanena, soy una nena”, decía yo mientras me abría el ojete y el villero entraba abombear. Metió y metió y de una gritó:
--Ahítenés 30 cm de chota adentro del culo, pedazo de trolo!
Bombeó. Bombeó poco para descargar pero bombeó. Mientras el daba lasdiez o doce bombeadas que lo hacían acabar como un caballo adentro del tubo demi culo, el amigo largó su propio meo sobre mi cara, grueso el chorro comogruesa era su chota. Después la sacudió varias veces y me dio también su leche.
Elmás porongudazo sacó de a poco su chota de mi ojete mientras su amigo seguardaba la tripa adentro de la bragueta. El macho abreculos se vino al lado mío,que seguía en cuatro y con la cabeza en el piso en un charco de meo y me dijo, mostrándomeese choto que aún estando como de 27 cm por 8 de ancho, le colgaba poderososobre sus huevazos:
--Elculo te quedó re estirado. Se te va a salir sola toda la caca. Mirá como medejaste la poronga.

Y sin decir más, se guardó el choto en elpantalón de plástico, se acomodó el bultaso, me dejó ahí en cuatro todohumillado y re culiado en el piso y con el culo todavía abierto y chorreandoleche y meo y se fue a la bacha del baño con su amigo, que hablaba desde ahícon los pibes de afuera y que escuche que les decía:
--Qué bueno están los culazos de los putosestos…
Desde la bacha el turro con 30 cm de chota por 10 de ancho me dijo:
--Mañana a la tarde de doy chota por Virrey delPino. Te espero a las siete de la tardecita en la ruta 3 y el arroyo Morales.
Antes de irse se me acercó y me dijo despacito:
--Andá con bombachas, así te hago sentir unamina.
2 comentarios - ¡Aia, la culiada que me dieron en un baño de estación!