Lorena es una colega del rubro. No trabajamos en la misma Compañía, ni nos especializamos en lo mismo, ya que ella se dedica a los seguros personales y yo al automotor, pero más de una vez hemos coincidido en Congresos y Cursos de Capacitación y desde un primer momento pegamos onda.
No nos vemos muy seguido, pero cada cierto tiempo nos juntamos a tomar algo para ponernos al día.
Tiene mi misma edad, 44, está divorciada aunque se volvió a casar el año pasado.
Me sorprendió recibir su llamado un sábado al mediodía. Yo estaba en casa, atareada con los chicos, limpiando y lavando ropa.
-¡Hola trola...!- la saludo al atender -Hasta que te dignaste a llamarme...-
-Hola Mary, ¿cómo estás?- me contesta con un tono seco, distante.
-¿Qué pasa Lore? ¿Estás bien?- le pregunto preocupada.
-¿Podemos vernos?- me dice -Necesito hablar con alguien-
Miro a mi alrededor, los muebles corridos, las sillas levantadas, el ruido del lavarropas que desde el lavadero avisa que la primera tanda ya está lista.
-Ehhh... Sí, claro, pero tendría que ser a la tarde, estoy con los chicos y mi marido llega después del mediodía...-
-Sí, ningún problema, yo igual todavía estoy en el trabajo, cuando salgo te mando mi ubicación y me avisás...-
-Dale, nos vemos...-
Esa fue más o menos la charla que tuvimos, lo que me dejó preocupada, ya que se la notaba muy distinta a otras veces, como más apagada, justo ella que suele ser tan expresiva, tan pasional.
Cuando llega mi marido le digo que tengo que salir por una urgencia, lo dejo con los chicos, y me despido prometiéndole que le voy avisando.
La dirección que me pasa Lorena es un bar de Retiro, cerca de su oficina, por Santa Fé y Libertad.
Llego y la encuentro en la barra, tomando sola, con los ojos llorosos.
-¿Qué te pasó nena?- le pregunto cuando se acerca y me abraza.
-El hijo de puta me pone los cuernos...- me dice.
Se refiere a su flamante marido. Me cuenta que el día anterior, viernes, quiso darle una sorpresa, ya que era su primer aniversario, y pasó a buscarlo por la oficina. Ella ya había reservado restaurante y hasta la habitación en un hotel cinco estrellas.
La cuestión es que mientras lo esperaba dentro de su auto, lo vio salir con una chica mucho más joven, de veintitantos.
Se subieron al auto de él, Lorena los siguió, y los vio entrar a un telo. ¿Qué hizo ella? Se quedó esperando en la calle hasta que salieron más de dos horas después.
-¡Se está cogiendo a una pendeja el hijo de remilputa...! ¡Y se la cogió el día de nuestro aniversario!- exclama, indignada.
-¿Se lo dijiste?- le pregunto.
-No me animé... Todavía. Por eso te pedí que vinieras. ¿Qué hago?-
-No sé Lore, quizás fue solo un polvo y no sea nada serio, en ese caso el consejo que te daría es que le pongas también los cuernos...-
-Te juro que lo pensé, hasta se me ocurrió levantarme a un tipo cualquiera ahí, mientras esperaba, para ir a ese mismo telo y cruzármelo en la salida. Estuve a punto, pero me faltó coraje. Pero que le voy a poner los cuernos, se los voy a poner-
Aunque ya hacía rato que corrían los tragos, no estábamos borrachas, sino algo achispadas.
En el interior del local hacia calor, así que para entonces ya nos habíamos sacado los abrigos, quedando ella con una musculosa blanca de tirantes y yo con una blusa de satén azul petróleo, con escote en "V" y encaje. Señalo esto porque en ese momento varios de los presentes se voltearon a mirarnos.
Nos estábamos contando nuestras fantasias sexuales, la de Lore era bien simple, hacerlo en un ascensor en movimiento, de preferencia el ascensor del edificio dónde están sus oficinas. La mía algo más pretenciosa, una playa caribeña, arena blanca, agua turquesa, un sol resplandeciente, y yo desnuda en la orilla, con una horda de hombres de color (negros) descomunales garchándome por todos los agujeros.
En eso se nos acerca un tipo alto, morocho, evidentemente extranjero. Nos pide disculpas por la interrupción, y nos pregunta si estamos disponibles. Lo miramos sin entender.
-Es que nos gustaría contratar sus servicios...- se explica ante nuestro desconcierto, señalando a su acompañante, que se mantenía expectante, un poco más atrás.
¡Nos estaban tomando por putas!
Lore ya se estaba preparando para putearlo de arriba abajo, cuando la frené y le hice un gesto para que se quedara en el molde.
-Mirá que somos de las caras, papi...- le digo en un tono sexy que sorprendió por completo a mi amiga.
-De eso no tengo dudas, lo caro siempre es lo mejor...- afirma, recorriéndome con una mirada que me enciende.
Los dos son jóvenes, como de treinta y tantos, atractivos, muy bien vestidos, con ropa y zapatillas de marca.
-Invitennos a una mesa y hablamos de la tarifa- les propongo.
No solo nos invitaron a una mesa, sino también el champán más caro del lugar.
-¿Qué estás haciendo Mary? ¿Te volviste loca?- se escandaliza Lore mientras ellos piden la mesa y la bebida.
-¿No querías ponerle los cuernos a tu marido?- le recuerdo.
-Pero éstos se creen que somos putas...-
-¿Y? ¿Qué mejor venganza que esa?-
-¿Y vos? Yo tengo motivos para ser infiel, pero vos...-
-Yo haría cualquier cosa por una amiga- le confío.
Los chicos se llaman Ian y Benicio, son colombianos, y estaban en Buenos Aires por negocios. Habían venido con sus parejas, pero ellas ya habían vuelto a Colombia. Ellos tuvieron que quedarse para cerrar un contrato que se complicó a último momento, pero se volvían al día siguiente. O sea que esa era su última noche en el país. Y como souvenir se querían llevar el recuerdo de un polvo con una argentina.
-Bueno, les digo que tenemos una sola tarifa, y es con todo incluído...- les comento luego de brindar con el champán carísimo que pidieron.
-¿Todo?- repite Ian.
-Todo lo que se imaginen...- le confirmo.
En todo momento Lorena se mantiene en silencio, sin poder creer que aquello este pasando.
-¿Cuánto?- pregunta entonces Benicio.
-Cuatrocientos dólares, cada una...- le contesto sin titubear, mirándolo fijamente.
-Hecho, cuatrocientos cada una, "all inclusive"...- repite para confirmar.
-¿Hotel alojamiento o...?-
-Nos hospedamos acá cerca, podemos ir allí...- interrumpe Ian.
-¿Dónde se hospedan?-
-En el Four Seasons...-
Creo que me quedé corta al pedirles solo cuatrocientos.
Cuando Lore escucha el nombre del hotel, me codea para atraer mi atención.
-Boluda, ahí reservé la habitación para mi aniversario, justo ayer...- me susurra.
-Es el destino amiga, no fuiste ayer pero vas a ir hoy...-
-¿Estás segura de esto Mary?- inquiere, preocupada.
-Segurísima, si vos no lo estás me voy con los dos, pero acordate que lo estoy haciendo por vos...-
-Del todo segura no estoy pero... creo que un polvo me va a venir bien para despejar la cabeza-
-Asi se habla...-
Nos ponemos los abrigos y salimos con ellos del bar. El hotel está cerca, así que vamos caminando, del brazo con cada uno, Lore con Ian, yo con Benicio.
Llegamos al Four Seasons, y subimos a una suite que tiene toda la suntuosidad de un hotel de aquellas características.
Aunque la tensión sexual ya está en su apogeo, todo transcurre sin prisas, lo que colabora para que mi amiga se vaya distendiendo.
Antes que nada, Benicio saca la billetera y empieza a contar verdes. Me acerco, lo interrumpo e hago que se la guarde.
-No somos putas...- le digo, y mostrándole mi anillo de matrimonio, agrego: -Estamos de trampa...-
-En realidad sí somos putas, pero no cobramos- añade Lore mostrando también su anillo.
-¡Mejor entonces!- exclama Benicio -Y no lo digo por el dinero-
La previa es bastante amena y divertida. Los chicos habían pedido un surtido generoso de sushi con un par de botellas de sake frío y más champagne.
Estábamos los cuatro en el sofá, junto a una ventana con vista a una mansión, riendo, comiendo con los palillos, hablando de todo y de nada.
En un momento, mientras yo le contaba no sé qué cosa, Benicio me saca la copa de las manos, la deja en la mesita, y me besa.
Fue un beso lento al principio, exploratorio, mucho más profundo después, cuando le agarramos el gusto. Le respondo abriendo la boca, dejando que me agarre de la cintura y presione mi cuerpo contra el suyo.
Los dos estamos ardiendo. Confesarles que en realidad no éramos putas, sino dos mujeres casadas de trampa, hizo que estuvieran más excitados o arrechos, como ellos mismos dijeron.
Me saco la blusa y le ofrezco mis pechos llenos para que se despache a gusto con ellos, mientras yo ya le estoy sobando la entrepierna, alucinando con la dureza que le abulta la bragueta.
Me chupa, me muerde, me devora las tetas, dejándomelas babeadas y enrojecidas.
Me empuja suavemente contra el respaldo del sofá y me desabrocha el pantalón, siempre mirándome con esos ojos oscuros que me derriten. Mete una mano, hundiendo los dedos en mi interior.
-¡Uffffff...! ¡Estás quemando nena!- exclama, sonriendo.
Cuando empieza a moverlos, me delira. Yo misma le agarro la muñeca, empujando aún más la mano contra mi sexo, apretando los muslos, deseando sentirlo más adentro, más profundo.
Levanto las caderas para ayudarlo a quitarme el pantalón y la bombacha. Se arrodilla entonces entre mis piernas y me chupa la concha.
"Dioooooosssssssssssss...".
Lo que me hace ahí abajo debería incluirse en una edición especial del Kamasutra. Qué manera de usar la lengua, los labios, los dientes... hasta las encías.
Cuando aceptamos ir al hotel de los chicos, creí que sería yo la que tomaría la iniciativa, la que llevaría las riendas de nuestro ingreso a la Prostitución VIP, pero para mí sorpresa, al voltearme, veo que Lorena ya está sentada sobre Ian, moviéndose despacio sobre su erección, él con las manos en sus tetas, mordiéndole los pezones.
Benicio no se queda atrás, se saca el pantalón, el calzoncillo, todo, pelando una verga dura, gruesa, brillante.
Nos acomodamos mejor y, cuando me la pone justo ahí, al alcance, se la agarro y me la meto entre los gajos. Un empujón y me entra de una, lenta pero firme, llenándome hasta el fondo.
Ahora sí, los colombianos nos están cogiendo a las dos. Los gemidos de una y otra se mezclan con el ruido de los cuerpos chocando, de la fricción, del crujido del sofá.
Le clavo las uñas a Benicio en la espalda, mirando de reojo a Lorena que ahora está de espaldas a Ian, apoyada en el respaldo, los pechos sacudiéndose, mientras él la penetra desde atrás con embestidas enérgicas, potentes.
Después de garcharme por un buen rato Benicio se frena, y sin sacármela todavía, cruza una mirada cómplice con Ian. Ninguno dice nada, no necesitan hablar para entenderse.
Acto seguido cambian de lugar. Ian viene conmigo y Benicio va con Lorena, las pijas paradas, durísimas, oscilantes. Se cambian los forros y a darnos de nuevo.
La pija del otro colombiano es un poco más larga, con una curva que me roza justo ahí, en dónde tanto lo necesito.
Nos miramos con Lorena, ella con la boca abierta, gimiendo cada vez que Benicio la embiste. Yo ahora subiendo y bajando sobre Ian, sintiendo cómo me llena con cada sentada.
En un momento me agarra de la cintura y me da la vuelta sin salir de mí, dejándome de espaldas sobre el sofá. Se pone de rodillas entre mis piernas y me coge con fuerza, más rápido, más arrebatado.
A nuestro lado, Benicio ya tenía a Lorena sentada encima, de frente a nosotros, moviéndola arriba y abajo mientras le chupetea las tetas.
Cuando se produce una pausa, necesaria entre tanto frenesí, me levanto del sofá, le digo a Lore que venga conmigo, y echándonos de espalda en la cama, nos abrimos de piernas, invitándolos a venir con nosotras.
Por supuesto que vienen, las pijas apuntándonos como si fuéramos el objetivo a destruir. Se nos suben encima, Benicio conmigo, Ian con Lore, aunque cambiando lugares tras algunas embestidas.
Resulta por demás estimulante ver cómo cada uno saca la pija de la concha de mi amiga y, cargada de flujo, me la meten a mí. Y viceversa, porque yo también estoy mojadísima.
Cuando cambiamos, me acuesto de lado, con Benicio echándose detrás mío, entrándome de nuevo, pero más profundo en esa posición, mientras Ian se pone de rodillas a un costado para que le chupe la pija.
Luego le toca a Lorena, recibir a uno y chupársela al otro. Así vamos cambiando, haciendo todas las combinaciones, hasta que, estando montada sobre Ian, me recuesto sobre su cuerpo y me abro las nalgas, invitándolo a Benicio a sumarse.
Primero me lubrica bien el ojete, con dedos, saliva y hasta lengua, y me la manda a guardar, acoplando sus movimientos con los de su compañero de cogida.
"All inclusive..." les había dicho.
Aunque le pone ganas, Lorena desiste de la doble penetración, ya que le duele cuando intentan metérsela por el culo, así que por un rato los tengo a los dos para mí sola. Mientras se masturba a un costado, Lorena nos mira sin poder creer que en mis agujeros pueda caber tanta carne, sobre todo en el posterior.
Benicio, que es el que me está culeando, me la saca y va con ella. Se cambia una vez más el preservativo y poniéndola en cuatro la somete a un bombeo que hasta hace lagrimear a mi amiga.
Ian, que está debajo mío, también me pone en cuatro, por lo que ahora estamos las dos juntas, una al lado de la otra, mientras ellos nos dan de lo lindo desde atrás, intercambiando para cogernos en forma alternada.
Lore me agarra de la mano y me la aprieta, mientras tiene un orgasmo que termina por derrumbarla. Le sonrío, feliz por ella, a la vez que siento como mi propio orgasmo me aprieta alrededor de Ian, que entre gruñidos se viene conmigo.
Benicio también acaba con Lore, quedando los cuatro tirados en la cama, con las piernas enredadas, exhaustos, devastados.
-¡Que suerte tienen sus maridos!- exclama Benicio en medio de un suspiro.
-¡Jajaja...!- se ríe Lorena -No te creas que con ellos cogemos así-
-Si nos cogieran como ustedes no estaríamos de trampa- coincido.
Cuando nos levantamos con Lore para ir al baño, recién ahí nos damos cuenta de lo intenso y frenético del momento que acabamos de experimentar, ya que el piso está regado de preservativos usados.
Luego de arreglarnos, le paso mi correo a uno de ellos, para cuando vuelvan a Buenos Aires, y nos despedimos con besos, abrazos y palmaditas en la cola.
En la recepción del hotel pido un taxi. Cuando Lorena me dice que va a pedir uno para ella también, la corto en seco.
-Vos querida te venís conmigo...- le digo.
Me mira sin entender.
-Sos mi coartada boluda, le dije a mi marido que salía por una urgencia y no le escribí en toda la tarde, algo tenemos que inventar-
Mientras esperamos el taxi, me pregunta seria:
-¿Y con mi marido que hago?-
-No hagas nada, se cogió a la pendeja, que le aproveche, pero la próxima vez que estés con él, acordate que te cogiste a dos colombianos muy bien dotados...-
-¡Siiiii...!- exclama Lore riéndose -¿Viste lo que eran? ¡Terribles...! ¿Será por eso que las colombianas son culonas? Porque aguantar esos aparatos...-
Cuando llegamos a casa, para justificar mi "urgencia", Lore le cuenta a mi marido una historia con ramificaciones y hasta participaciones de terceros, que ni a mí se me hubiera ocurrido. No le va a ir nada mal siendo infiel.
Creo que he creado un monstruo...
No nos vemos muy seguido, pero cada cierto tiempo nos juntamos a tomar algo para ponernos al día.
Tiene mi misma edad, 44, está divorciada aunque se volvió a casar el año pasado.
Me sorprendió recibir su llamado un sábado al mediodía. Yo estaba en casa, atareada con los chicos, limpiando y lavando ropa.
-¡Hola trola...!- la saludo al atender -Hasta que te dignaste a llamarme...-
-Hola Mary, ¿cómo estás?- me contesta con un tono seco, distante.
-¿Qué pasa Lore? ¿Estás bien?- le pregunto preocupada.
-¿Podemos vernos?- me dice -Necesito hablar con alguien-
Miro a mi alrededor, los muebles corridos, las sillas levantadas, el ruido del lavarropas que desde el lavadero avisa que la primera tanda ya está lista.
-Ehhh... Sí, claro, pero tendría que ser a la tarde, estoy con los chicos y mi marido llega después del mediodía...-
-Sí, ningún problema, yo igual todavía estoy en el trabajo, cuando salgo te mando mi ubicación y me avisás...-
-Dale, nos vemos...-
Esa fue más o menos la charla que tuvimos, lo que me dejó preocupada, ya que se la notaba muy distinta a otras veces, como más apagada, justo ella que suele ser tan expresiva, tan pasional.
Cuando llega mi marido le digo que tengo que salir por una urgencia, lo dejo con los chicos, y me despido prometiéndole que le voy avisando.
La dirección que me pasa Lorena es un bar de Retiro, cerca de su oficina, por Santa Fé y Libertad.
Llego y la encuentro en la barra, tomando sola, con los ojos llorosos.
-¿Qué te pasó nena?- le pregunto cuando se acerca y me abraza.
-El hijo de puta me pone los cuernos...- me dice.
Se refiere a su flamante marido. Me cuenta que el día anterior, viernes, quiso darle una sorpresa, ya que era su primer aniversario, y pasó a buscarlo por la oficina. Ella ya había reservado restaurante y hasta la habitación en un hotel cinco estrellas.
La cuestión es que mientras lo esperaba dentro de su auto, lo vio salir con una chica mucho más joven, de veintitantos.
Se subieron al auto de él, Lorena los siguió, y los vio entrar a un telo. ¿Qué hizo ella? Se quedó esperando en la calle hasta que salieron más de dos horas después.
-¡Se está cogiendo a una pendeja el hijo de remilputa...! ¡Y se la cogió el día de nuestro aniversario!- exclama, indignada.
-¿Se lo dijiste?- le pregunto.
-No me animé... Todavía. Por eso te pedí que vinieras. ¿Qué hago?-
-No sé Lore, quizás fue solo un polvo y no sea nada serio, en ese caso el consejo que te daría es que le pongas también los cuernos...-
-Te juro que lo pensé, hasta se me ocurrió levantarme a un tipo cualquiera ahí, mientras esperaba, para ir a ese mismo telo y cruzármelo en la salida. Estuve a punto, pero me faltó coraje. Pero que le voy a poner los cuernos, se los voy a poner-
Aunque ya hacía rato que corrían los tragos, no estábamos borrachas, sino algo achispadas.
En el interior del local hacia calor, así que para entonces ya nos habíamos sacado los abrigos, quedando ella con una musculosa blanca de tirantes y yo con una blusa de satén azul petróleo, con escote en "V" y encaje. Señalo esto porque en ese momento varios de los presentes se voltearon a mirarnos.
Nos estábamos contando nuestras fantasias sexuales, la de Lore era bien simple, hacerlo en un ascensor en movimiento, de preferencia el ascensor del edificio dónde están sus oficinas. La mía algo más pretenciosa, una playa caribeña, arena blanca, agua turquesa, un sol resplandeciente, y yo desnuda en la orilla, con una horda de hombres de color (negros) descomunales garchándome por todos los agujeros.
En eso se nos acerca un tipo alto, morocho, evidentemente extranjero. Nos pide disculpas por la interrupción, y nos pregunta si estamos disponibles. Lo miramos sin entender.
-Es que nos gustaría contratar sus servicios...- se explica ante nuestro desconcierto, señalando a su acompañante, que se mantenía expectante, un poco más atrás.
¡Nos estaban tomando por putas!
Lore ya se estaba preparando para putearlo de arriba abajo, cuando la frené y le hice un gesto para que se quedara en el molde.
-Mirá que somos de las caras, papi...- le digo en un tono sexy que sorprendió por completo a mi amiga.
-De eso no tengo dudas, lo caro siempre es lo mejor...- afirma, recorriéndome con una mirada que me enciende.
Los dos son jóvenes, como de treinta y tantos, atractivos, muy bien vestidos, con ropa y zapatillas de marca.
-Invitennos a una mesa y hablamos de la tarifa- les propongo.
No solo nos invitaron a una mesa, sino también el champán más caro del lugar.
-¿Qué estás haciendo Mary? ¿Te volviste loca?- se escandaliza Lore mientras ellos piden la mesa y la bebida.
-¿No querías ponerle los cuernos a tu marido?- le recuerdo.
-Pero éstos se creen que somos putas...-
-¿Y? ¿Qué mejor venganza que esa?-
-¿Y vos? Yo tengo motivos para ser infiel, pero vos...-
-Yo haría cualquier cosa por una amiga- le confío.
Los chicos se llaman Ian y Benicio, son colombianos, y estaban en Buenos Aires por negocios. Habían venido con sus parejas, pero ellas ya habían vuelto a Colombia. Ellos tuvieron que quedarse para cerrar un contrato que se complicó a último momento, pero se volvían al día siguiente. O sea que esa era su última noche en el país. Y como souvenir se querían llevar el recuerdo de un polvo con una argentina.
-Bueno, les digo que tenemos una sola tarifa, y es con todo incluído...- les comento luego de brindar con el champán carísimo que pidieron.
-¿Todo?- repite Ian.
-Todo lo que se imaginen...- le confirmo.
En todo momento Lorena se mantiene en silencio, sin poder creer que aquello este pasando.
-¿Cuánto?- pregunta entonces Benicio.
-Cuatrocientos dólares, cada una...- le contesto sin titubear, mirándolo fijamente.
-Hecho, cuatrocientos cada una, "all inclusive"...- repite para confirmar.
-¿Hotel alojamiento o...?-
-Nos hospedamos acá cerca, podemos ir allí...- interrumpe Ian.
-¿Dónde se hospedan?-
-En el Four Seasons...-
Creo que me quedé corta al pedirles solo cuatrocientos.
Cuando Lore escucha el nombre del hotel, me codea para atraer mi atención.
-Boluda, ahí reservé la habitación para mi aniversario, justo ayer...- me susurra.
-Es el destino amiga, no fuiste ayer pero vas a ir hoy...-
-¿Estás segura de esto Mary?- inquiere, preocupada.
-Segurísima, si vos no lo estás me voy con los dos, pero acordate que lo estoy haciendo por vos...-
-Del todo segura no estoy pero... creo que un polvo me va a venir bien para despejar la cabeza-
-Asi se habla...-
Nos ponemos los abrigos y salimos con ellos del bar. El hotel está cerca, así que vamos caminando, del brazo con cada uno, Lore con Ian, yo con Benicio.
Llegamos al Four Seasons, y subimos a una suite que tiene toda la suntuosidad de un hotel de aquellas características.
Aunque la tensión sexual ya está en su apogeo, todo transcurre sin prisas, lo que colabora para que mi amiga se vaya distendiendo.
Antes que nada, Benicio saca la billetera y empieza a contar verdes. Me acerco, lo interrumpo e hago que se la guarde.
-No somos putas...- le digo, y mostrándole mi anillo de matrimonio, agrego: -Estamos de trampa...-
-En realidad sí somos putas, pero no cobramos- añade Lore mostrando también su anillo.
-¡Mejor entonces!- exclama Benicio -Y no lo digo por el dinero-
La previa es bastante amena y divertida. Los chicos habían pedido un surtido generoso de sushi con un par de botellas de sake frío y más champagne.
Estábamos los cuatro en el sofá, junto a una ventana con vista a una mansión, riendo, comiendo con los palillos, hablando de todo y de nada.
En un momento, mientras yo le contaba no sé qué cosa, Benicio me saca la copa de las manos, la deja en la mesita, y me besa.
Fue un beso lento al principio, exploratorio, mucho más profundo después, cuando le agarramos el gusto. Le respondo abriendo la boca, dejando que me agarre de la cintura y presione mi cuerpo contra el suyo.
Los dos estamos ardiendo. Confesarles que en realidad no éramos putas, sino dos mujeres casadas de trampa, hizo que estuvieran más excitados o arrechos, como ellos mismos dijeron.
Me saco la blusa y le ofrezco mis pechos llenos para que se despache a gusto con ellos, mientras yo ya le estoy sobando la entrepierna, alucinando con la dureza que le abulta la bragueta.
Me chupa, me muerde, me devora las tetas, dejándomelas babeadas y enrojecidas.
Me empuja suavemente contra el respaldo del sofá y me desabrocha el pantalón, siempre mirándome con esos ojos oscuros que me derriten. Mete una mano, hundiendo los dedos en mi interior.
-¡Uffffff...! ¡Estás quemando nena!- exclama, sonriendo.
Cuando empieza a moverlos, me delira. Yo misma le agarro la muñeca, empujando aún más la mano contra mi sexo, apretando los muslos, deseando sentirlo más adentro, más profundo.
Levanto las caderas para ayudarlo a quitarme el pantalón y la bombacha. Se arrodilla entonces entre mis piernas y me chupa la concha.
"Dioooooosssssssssssss...".
Lo que me hace ahí abajo debería incluirse en una edición especial del Kamasutra. Qué manera de usar la lengua, los labios, los dientes... hasta las encías.
Cuando aceptamos ir al hotel de los chicos, creí que sería yo la que tomaría la iniciativa, la que llevaría las riendas de nuestro ingreso a la Prostitución VIP, pero para mí sorpresa, al voltearme, veo que Lorena ya está sentada sobre Ian, moviéndose despacio sobre su erección, él con las manos en sus tetas, mordiéndole los pezones.
Benicio no se queda atrás, se saca el pantalón, el calzoncillo, todo, pelando una verga dura, gruesa, brillante.
Nos acomodamos mejor y, cuando me la pone justo ahí, al alcance, se la agarro y me la meto entre los gajos. Un empujón y me entra de una, lenta pero firme, llenándome hasta el fondo.
Ahora sí, los colombianos nos están cogiendo a las dos. Los gemidos de una y otra se mezclan con el ruido de los cuerpos chocando, de la fricción, del crujido del sofá.
Le clavo las uñas a Benicio en la espalda, mirando de reojo a Lorena que ahora está de espaldas a Ian, apoyada en el respaldo, los pechos sacudiéndose, mientras él la penetra desde atrás con embestidas enérgicas, potentes.
Después de garcharme por un buen rato Benicio se frena, y sin sacármela todavía, cruza una mirada cómplice con Ian. Ninguno dice nada, no necesitan hablar para entenderse.
Acto seguido cambian de lugar. Ian viene conmigo y Benicio va con Lorena, las pijas paradas, durísimas, oscilantes. Se cambian los forros y a darnos de nuevo.
La pija del otro colombiano es un poco más larga, con una curva que me roza justo ahí, en dónde tanto lo necesito.
Nos miramos con Lorena, ella con la boca abierta, gimiendo cada vez que Benicio la embiste. Yo ahora subiendo y bajando sobre Ian, sintiendo cómo me llena con cada sentada.
En un momento me agarra de la cintura y me da la vuelta sin salir de mí, dejándome de espaldas sobre el sofá. Se pone de rodillas entre mis piernas y me coge con fuerza, más rápido, más arrebatado.
A nuestro lado, Benicio ya tenía a Lorena sentada encima, de frente a nosotros, moviéndola arriba y abajo mientras le chupetea las tetas.
Cuando se produce una pausa, necesaria entre tanto frenesí, me levanto del sofá, le digo a Lore que venga conmigo, y echándonos de espalda en la cama, nos abrimos de piernas, invitándolos a venir con nosotras.
Por supuesto que vienen, las pijas apuntándonos como si fuéramos el objetivo a destruir. Se nos suben encima, Benicio conmigo, Ian con Lore, aunque cambiando lugares tras algunas embestidas.
Resulta por demás estimulante ver cómo cada uno saca la pija de la concha de mi amiga y, cargada de flujo, me la meten a mí. Y viceversa, porque yo también estoy mojadísima.
Cuando cambiamos, me acuesto de lado, con Benicio echándose detrás mío, entrándome de nuevo, pero más profundo en esa posición, mientras Ian se pone de rodillas a un costado para que le chupe la pija.
Luego le toca a Lorena, recibir a uno y chupársela al otro. Así vamos cambiando, haciendo todas las combinaciones, hasta que, estando montada sobre Ian, me recuesto sobre su cuerpo y me abro las nalgas, invitándolo a Benicio a sumarse.
Primero me lubrica bien el ojete, con dedos, saliva y hasta lengua, y me la manda a guardar, acoplando sus movimientos con los de su compañero de cogida.
"All inclusive..." les había dicho.
Aunque le pone ganas, Lorena desiste de la doble penetración, ya que le duele cuando intentan metérsela por el culo, así que por un rato los tengo a los dos para mí sola. Mientras se masturba a un costado, Lorena nos mira sin poder creer que en mis agujeros pueda caber tanta carne, sobre todo en el posterior.
Benicio, que es el que me está culeando, me la saca y va con ella. Se cambia una vez más el preservativo y poniéndola en cuatro la somete a un bombeo que hasta hace lagrimear a mi amiga.
Ian, que está debajo mío, también me pone en cuatro, por lo que ahora estamos las dos juntas, una al lado de la otra, mientras ellos nos dan de lo lindo desde atrás, intercambiando para cogernos en forma alternada.
Lore me agarra de la mano y me la aprieta, mientras tiene un orgasmo que termina por derrumbarla. Le sonrío, feliz por ella, a la vez que siento como mi propio orgasmo me aprieta alrededor de Ian, que entre gruñidos se viene conmigo.
Benicio también acaba con Lore, quedando los cuatro tirados en la cama, con las piernas enredadas, exhaustos, devastados.
-¡Que suerte tienen sus maridos!- exclama Benicio en medio de un suspiro.
-¡Jajaja...!- se ríe Lorena -No te creas que con ellos cogemos así-
-Si nos cogieran como ustedes no estaríamos de trampa- coincido.
Cuando nos levantamos con Lore para ir al baño, recién ahí nos damos cuenta de lo intenso y frenético del momento que acabamos de experimentar, ya que el piso está regado de preservativos usados.
Luego de arreglarnos, le paso mi correo a uno de ellos, para cuando vuelvan a Buenos Aires, y nos despedimos con besos, abrazos y palmaditas en la cola.
En la recepción del hotel pido un taxi. Cuando Lorena me dice que va a pedir uno para ella también, la corto en seco.
-Vos querida te venís conmigo...- le digo.
Me mira sin entender.
-Sos mi coartada boluda, le dije a mi marido que salía por una urgencia y no le escribí en toda la tarde, algo tenemos que inventar-
Mientras esperamos el taxi, me pregunta seria:
-¿Y con mi marido que hago?-
-No hagas nada, se cogió a la pendeja, que le aproveche, pero la próxima vez que estés con él, acordate que te cogiste a dos colombianos muy bien dotados...-
-¡Siiiii...!- exclama Lore riéndose -¿Viste lo que eran? ¡Terribles...! ¿Será por eso que las colombianas son culonas? Porque aguantar esos aparatos...-
Cuando llegamos a casa, para justificar mi "urgencia", Lore le cuenta a mi marido una historia con ramificaciones y hasta participaciones de terceros, que ni a mí se me hubiera ocurrido. No le va a ir nada mal siendo infiel.
Creo que he creado un monstruo...
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