El amigo del barrio
Paola tenía 28 o 29. Todavía vivía cerca de la casa de sus viejos y andaba siempre con un flaco del barrio. Se conocían de toda la vida. Salían a tomar algo, caminaban de noche, se contaban todo. Él era un poco más grande, seguro, de esos que te miran fijo y te hacen sentir que te quieren coger.
Una noche volvían caminando. Habían tomado un poco. En una esquina oscura él la frenó, la pegó contra la pared y la besó. No fue un pico suave. Fue de esos besos largos, con lengua, con las manos en la cintura y después subiendo. Paola le correspondió. Le agarró la remera, le abrió la boca y se dejó besar con ganas. Él le metió una mano por debajo de la ropa y le tocó una teta por encima del corpiño. Ella soltó un gemido bajito pero no lo paró.
Estuvieron un rato así, besándose y tocándose en la oscuridad. Él tenía la pija dura contra la pierna de ella. Paola estaba mojada. Por un momento casi se van a algún lado a terminar lo que empezaron… pero no. Se cortó. Se separaron, medio raros, y cada uno se fue a su casa.
Al día siguiente Paola se sintió mal. Culpa. Le escribió un mail largo, diciéndole que no debía haber pasado, que se sentía re mal, que valoraba la amistad y que no quería que se arruinara. El flaco le contestó seco. A partir de ahí se fueron alejando. Dejaron de verse tanto. La amistad se fue muriendo.
Pero esa noche quedó. Paola se acordó varias veces de cómo la había besado, de la mano en la teta, de la pija dura contra su pierna. Y aunque le dio culpa, también le calentó.
Paola tenía 28 o 29. Todavía vivía cerca de la casa de sus viejos y andaba siempre con un flaco del barrio. Se conocían de toda la vida. Salían a tomar algo, caminaban de noche, se contaban todo. Él era un poco más grande, seguro, de esos que te miran fijo y te hacen sentir que te quieren coger.
Una noche volvían caminando. Habían tomado un poco. En una esquina oscura él la frenó, la pegó contra la pared y la besó. No fue un pico suave. Fue de esos besos largos, con lengua, con las manos en la cintura y después subiendo. Paola le correspondió. Le agarró la remera, le abrió la boca y se dejó besar con ganas. Él le metió una mano por debajo de la ropa y le tocó una teta por encima del corpiño. Ella soltó un gemido bajito pero no lo paró.
Estuvieron un rato así, besándose y tocándose en la oscuridad. Él tenía la pija dura contra la pierna de ella. Paola estaba mojada. Por un momento casi se van a algún lado a terminar lo que empezaron… pero no. Se cortó. Se separaron, medio raros, y cada uno se fue a su casa.
Al día siguiente Paola se sintió mal. Culpa. Le escribió un mail largo, diciéndole que no debía haber pasado, que se sentía re mal, que valoraba la amistad y que no quería que se arruinara. El flaco le contestó seco. A partir de ahí se fueron alejando. Dejaron de verse tanto. La amistad se fue muriendo.
Pero esa noche quedó. Paola se acordó varias veces de cómo la había besado, de la mano en la teta, de la pija dura contra su pierna. Y aunque le dio culpa, también le calentó.
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