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Mi única amistad es la joven hijita del vecino. ep2(ficcion)

...Me acurruqué en mi cama a pensar en todo lo que había pasado. Desde mis entrañas surgía un dolor de culpa por haber visto con otros ojos a la que se supone era una simple e inocente amiga de hace años...

 Antes de cortar contacto con cualquiera que viviese en el barrio, me juntaba con los hijos de los vecinos. Nuestros padres muchas veces forzaban interacciones con el fin de hacer amigos (o emborracharse sin preocuparse de nosotros por un rato).
Así fue como conocí a Vane.

La recuerdo más pequeña, entusiasta e imprudente. Un dolor de cabeza cuando quería jugar a las escondidas o corretear por su casa. A menudo venían sus amiguitos o primos para pasar el rato; y yo me veia obligado a cuidarlos por horas. Me seguía a todos lados, husmeando lo que hacía o interrumpiendo mis deberes como el más grande de todos esos chiquillos. 
Recibía agradecimientos y halagos por parte de los padres. Decían que era un joven ejemplar, el hermano mayor que hubiesen querido para sus hijos. Yo solo sonreía por cortesía.

Pero ahora todo cambió.
Crecí, y las expectativas que se tenían sobre mí también lo hicieron.
Las malas noticias vuelan entre la gente metiche ¿sabes? Supieron que no logré mantener mis estudios fuera de la ciudad, y lo que obtenía de ellos eran miradas de lástima y compasión... 
Malgasté el resto de mis días encerrado en mi habitación, hundido en la frustración de no lograr nada en mi vida. Me sentía inútil e incapaz de siquiera conseguir un trabajo. Y jamás tuve la iniciativa de salir de ese pozo.
Con el paso del tiempo, dejaron de dirigirme la palabra.
Veían en mí un fracaso del cual alejar a sus hijos. Alguien que no valía ni para sí mismo. Y tienen razón.
Esta noche, cuando volví a verla, fue el último golpe en mi miseria. Sé que no vi a la chiquilla que jugaba y me seguía a todas partes. Había dejado que mi imaginación superase los límites, deseando algo indebido...

A la mañana siguiente, recibí la orden de ir a comprar algo de beber para el almuerzo.
No tenía ganas de abandonar mi cuarto, pero era lo que debía hacer para no ser regañado. Apenas abrí la puerta, la luz cegadora del sol escurrió por el umbral; haciéndome gritar y tapándome los ojos con una mano. Esperé unos segundos. y caminé rumbo a la tienda de la esquina.

La soleada calle estaba vacía, todos se refugiaban en sus casas, como es lógico. Ni un alma viva se hizo presente, hasta que volvía con una gaseosa en mis brazos y me fijé en el patio de Vane cuando pasé por ahí.
La vi dentro, resguardada tras rejas negras, bajo el calor infernal del día. 
Estaba subida a su mesita baja, apoyando sus rodillas sobre una almohada tirada en el suelo. Dibujaba y coloreaba con esmero, ensimismada en su manualidad sin percatarse de mí. 

Se encontraba de espaldas a la calle, por lo que su cabeza difícilmente se le podía ver; pero lo que más resaltaba de aquella posición eran sus caderas levantadas, meneándose de lado a lado, como un perrito feliz de jugar; y la falda de su vestido tenía el largo suficiente para cubrirle hasta las pantorrillas. "Lástima que no es más corto..." pensé sin querer.

Perdí la noción del tiempo y el lugar por quedarme mirándola. De repente se levantó de la mesa y miró a su alrededor. Se había fijado en mi sombra proyectada sobre su patio.  

Giró su cuerpo solo para encontrarse conmigo. Nuestras miradas se cruzaron, y ambos sostuvimos una media sonrisa llena de vergüenza

-¿Qué haces? -Volvió a preguntarme con el mismo tono de ayer. Esto parece que le dio fuerzas para retomar la confianza y sentarse desvergonzadamente en el piso.

 -Me mandaron a comprar esto. -Levanté la botella de 3 litros.- ¿Y tú?
 -Solo dibujo algo que vi en internet. ¿Lo quieres ver? -
En sus ojos apareció un brillo.
Me acerqué tímidamente a las rejas y la vi recorrer el lugar en un instante.- Seguro, muéstrame...

 -Ah... qué bonito paisaje. Sin duda tienes talento para esto. -Traté de dar mi mejor elogio, como una especie de disculpa por lo de ayer.
 -Sipiiii... -El orgullo se apoderó de su rostro, satisfecha con su trabajo y complacida con mis palabras.
 -Pero... no te duele estar bajo el sol..? Te hará daño si sigues así. -Surgió en mi una duda genuina y protectora. Sin embargo...
 -Nopi,, ya estoy acostumbrada ¿Ves? -Procedió a bajarse un tirante de su vestido hasta dejarlo por debajo de la axila, dejando expuesto su hombro y parte de su pecho izquierdo.
Pude ver una pequeña fracción de su areola sonrosada.
Quedé paralizado no solo de miedo, sino de expectativa. Tuve el impulso de estirarme un poco más hacia arriba y ver lo que había debajo; pero antes de siquiera hacer el intento, unos pasos abruptos resonaron con más fuerza, viniendo de adentro. 
Vane se apresura a cubrirse, regresando a la mesa y volver en lo que hacía. Su gorda madre asomó por la puerta que daba al patio y de inmediato fijó su atención en mí.
 -Buenas tardes, dona Eva. -Dije, antes de que todo se descontrole.

Solo tuve un leve gruñido como respuesta y se dirigió hacia Vane.
 -Ya terminaste, hijita..? Apura para que te vayas a comer de una vez. Se te enfría la comida. -Le dio unas palmaditas en la espalda a Vane y esta no tuvo más opción que entrar, dejando todos los útiles dispersos por el suelo. No se atrevió a mirarme en lo que se iba. 

  -Ella dibuja muy lindo, debo decir. Hace poquito me mostró...
 -Qué bueno.
-Me cortó de golpe para dejarme completamente mudo.- ¿Cómo te va? ¿Estás estudiando alguna carrera universitaria o técnica?

No se esperó ni un segundo para atacar.

 -Estoy viendo si puedo entrar a estudiar Ciencias de la Educación. -Solté de imprevisto.
Era una total mentira, y había brotado al instante de mi boca. Nunca pensé en la posibilidad de ser profesor.

Esto pareció relajarla y aprobarme de lo que fuera que estuviera juzgando.- Qué bueno. Es una carrera respetable como cualquier otra. ¿Te gusta enseñar? Mira que debes tener una paciencia...
 -Jaja... Eso no es problema para mí. ¿Recuerda que me ponían a cargo de los pequeños Gremlins? Es pan comido, tranquila señito.
 -Eso veo... Mi hija te tiene buena estima, debo decir. Tener un buen apoyo como el tuyo podría hacerle bien... ¿El sábado estás libre?
-¿Para qué?
-Será el cumple de ella y lo celebraremos con todos sus vecinitos.
-Ah, claro... Me encantaría.-
Forcé una sonrisa, para luego retirarme con un gesto respetuoso. Ella asintió y regresó a su casa.

De vuelta en la soledad de mi cuarto, analicé lo sucedido. Me sentía ansioso y temeroso de asistir a la fiesta, pero por otro lado... tenía ganas de ver una vez más a Vane...

2 comentarios - Mi única amistad es la joven hijita del vecino. ep2(ficcion)

wladimir98 +1
Lentos pero seguros con la historia