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Mi secreto

A mis sesenta y cinco años, sentada en la mecedora del corredor de mi casa mientras saboreo una copa de vino tinto, contemplo el cuadro familiar sobre la mesa de centro. Ahí está mi difunto esposo, Guillermo, sonriendo con esa mirada bonachona y crédula. Un hombre que jamás tuvo lujos regalados, pero que a fuerza de madrugadas y trabajo duro me dejó esta casa pagada, una pensión impecable y tres hijos varones graduados.
Todo el mundo en el pueblo recuerda a Guillermo como un santazo. Lo que nadie sospecha —y me llevaré a la tumba— es que esos tres hombres no llevan ni una sola gota de la sangre de Guillermo.

Para la gente del pueblo y para el propio Guillermo, Marcos siempre fue solo eso: "el amigo de la infancia de Claudia". Un muchacho alegre, medio vago, pero cercano. Nadie sospechaba que mucho antes de la boda, Marcos me cortejaba pero para mí era un vago con el que no había futuro pero el tenía algo que Guillermo no , era muy buen Amante salvaje . Y cuando me comprometí con Guillermo para asegurar un futuro estable, jamás tuve la intención de soltar a Marcos.
La semana. De la boda fue una maratón de sexo , por qué según yo después de la boda no se volvería a repetir , pero el día de la boda cambio ese pensamiento
Faltaban apenas veinte minutos para la misa. Mis padres le pidieron Marcos que el me llevará a la iglesia en su carro . Yo iba en el asiento tracero , vestida de blanco impoluto, con mi velo de novia, el ramo en el regazo y la cara de santa.
A tres cuadras del templo, Marcos desvió el carro por una trocha a espaldas del cementerio y apagó el motor. A lo lejos, retumbó el primer repique de campanas.
Marcos:
Mire nada más... La virgen que va para el altar. Se ve hermosa de blanco, mi amor... pero tú sabes perfectamente de quién es este cuerpo.
Claudia: —Marcos, por Dios... ¡Faltan diez minutos! Me vas a arrugar el vestido, Guillermo me está esperando en las escaleras...
Ni me escuchó se pasó para atrás yo llevada por el morbo y lo prohibido le seguí el juego lo bese mande mi mano a su verga y empeze apajiarlo Me levantó la capa de tul del vestido de novia hasta la cintura y me corrió la panti de encaje blanco. Se escupió la mano gruesa, me la pasó por la ranura y de un solo empujón seco me la enterró por el ano.
Mi secreto



¡SSSSHHLLP!
Claudia: —¡Ajjjjjjjj!... ¡Marcos, no!... ¡Me vas a romper! (ahogué el grito mordiendo la tela suave del velo de novia).
Infiel



Me agarró suave pero firme del cuello y empezó a moverse sin piedad en ese asiento , mientras las campanas llamaban al segundo timbre.
¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC!
El choque de su pelvis contra la tela de mi vestido retumbaba en la cabina.
¡CHFF! ¡CHFF! ¡CHFF!
La saliva mezclada con la fricción resonaba en mi ano estrecho. Sentía el ardor combinarse con un placer oscuro que me hacía temblar las piernas.
Marcos: —Acuérdese de este ardor cuando esté parada frente al cura, Claudia... Sienta cómo le dejo lo mío bien adentro para la ceremonia.

> "Dios mío... qué locura tan infinita. En cinco minutos voy a jurar fidelidad eterna y tengo a mi amante abriéndome el culo en un carro... Siento cómo me arde, cómo me lo llena..."
Sentí una carga de adrenalina y exitacion que me le monte encima y puse su pene en mi culo y empeze a carbalgarlo como una loca ,sentir ese pene enorme en mi culo , con la mezcla de miedo por las boda me hizo sentir un orgasmo
Esposa infiel




Se vino profundo, dejándome el ano latiendo, hirviente y repleto de su semen espeso. Me arreglé el vestido como pude, salí del carro temblando y caminé hacia el altar. Le di el "sí" a Guillermo sonriendo como una santa, aguantándome el escozor en las nalgas y sintiendo la leche de Marcos atrapada dentro de mí durante toda la misa.
Meses después nació Gabriel, el primogénito. Yo vivía con el susto de no saber de quién era, así que a partir de ahí fui más precavida. Pero como Marcos era el "amigo de la familia", estuvo presente en cada fecha importante.
El primer cumpleaños de Gabriel fue una fiesta grande en el patio de la casa. Guillermo, emocionado, se puso de pie frente a toda la familia reunida en la mesa principal. Llevaba a Gabriel en brazos, orgulloso, buscando en la cara del niño sus propios rasgos.
Guillermo: —Querida familia... Quiero hacer un brindis. Por mi esposa Claudia, la mujer más pura y fiel que Dios me pudo dar, y por este hijo que es mi mayor orgullo.
Toda la mesa aplaudió. Marcos estaba sentado justo enfrente de nosotros, sosteniendo su vaso de cerveza con una sonrisa tranquila.
Por debajo del mantel largo, sentí el pie de Marcos buscando el mío. Llevaba zapato de cuero y empezó a acariciarme la pantorrilla, subiendo lentamente por mi pierna hasta rozar el borde de mi falda. Mientras mi esposo me besaba la mejilla entre aplausos, Marcos me miraba a los ojos desde el otro lado de la mesa, guiñándome un ojo en silencio.
> (Pensamiento de Claudia)
> "Si supieras, Guillermo... Si supieras que el hombre que te está sonriendo al frente es el que me hizo gemir anoche en el depósito, y que este niño que abrazas no tiene nada tuyo..."
Esposa puta


Cornudo



Dos años después, Guillermo quiso buscar el segundo hijo. Lo intentamos durante meses sin éxito, hasta que el médico soltó la bomba: Guillermo tenía un conteo casi nulo, era prácticamente estéril.
Guillermo se soltó a llorar en el consultorio. Yo lo abracé... pero por dentro se me encendió la alarma: si Guillermo era estéril, Gabriel era 100% de Marcos. Tenía que quedar embarazada de nuevo rápido para que no hubiera sospechas.
Pacté con Marcos el segundo embarazo. El día de mi ovulación nos encerramos en un motel barato a la salida del pueblo. Me dobló sobre la peinadora, me agarró las caderas con fuerza y me enterró esa carne gruesa directamente en la vagina.
¡SSSSHHLLP!
¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC!
Mi secreto



Marcos: —Sienta, mi amor... Sienta la verga que su marido no tiene para llenarla del todo.
Claudia: —¡Tuyo, Marcos!... ¡Preñame de nuevo, dame el segundo!
¡CHFF! ¡CHFF! ¡CHFF! ¡CHFF!
Se vino profundo, inundándome el vientre con su semen hirviente. Meses después nació el segundo varón. Guillermo cayó de rodillas llorando de la dicha, creyendo que su fe había logrado un "segundo milagro".
Cinco años después, la mentira marchaba sobre ruedas. La familia estaba completa y nadie dudaba de nada. Pero una tarde en una cabaña a las afueras, Marcos me sembró la idea mientras descansábamos en la cama.
Marcos: —Oiga, mi amor... ¿Y si le hacemos el tercero a Guillermo? Para que se mate trabajando el doble por otro hijo mío.
Esa vez no fue igual. Aunque el morbo me quemaba por dentro, una puntada de remordimiento me atravesó el pecho. Guillermo ya trabajaba turno doble para darles todo a los niños. Verlo llegar agotado a la casa, con las manos agrietadas y besándome las mías con gratitud, me hacía sentir una punzada de culpa.
Pero el vicio y la complicidad con Marcos pudieron más que la conciencia.
Claudia: —Marcos... esto ya es demasiado... Guillermo se está matando a lomo limpio.
Marcos: —(Tomándome de la barbilla, mirándome fijo)— Él es feliz creyendo que es un gran padre, Claudia. Y a usted y a mí nos gusta esto... Llénese de mí una vez más.
Me puso en cuatro sobre la cama. Mientras me agarraba de la cintura con brutalidad sensual, el placer se mezcló con esa culpa agridulce que me volvía loca.
Infiel



¡SSSSHHLLP!
Me clavó la verga hasta el fondo de la matriz, sacándome un gemido que retumbó entre las paredes de madera.
¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC!
Esposa infiel


Esposa puta



El golpe continuo de su carne contra mi cuerpo húmedo sonaba sin parar. Cerraba los ojos y veía la cara cansada de Guillermo, pero el ardor en mi vientre me hacía rendirme por completo.
Marcos: —Dígame de quién es el hijo que le va a criar su esposo, Claudia... Dígamelo al oído.
Claudia: —¡Tuyo, Marcos!... ¡Hazme el tercero aunque me vaya al infierno!... ¡Lléname todita, mi amor!
¡CHFF! ¡CHFF! ¡CHFF! ¡CHFF!
Se descargó con furia adentro mío, sembrándome el tercer embarazo mientras yo lloraba y gemía al mismo tiempo, entregada a la culpa y al placer absoluto.
Cornudo



El triunfo final
Guillermo se mató a lomo limpio durante veinte años con dos empleos para darle todo a tres muchachos que no llevaban su sangre. Murió cansado, pero feliz, creyéndose el patriarca de una gran familia.
Hoy, a mis sesenta y cinco años, contemplo el retrato. Guillermo descansa en el cementerio, habiéndome dejado la casa, la pensión y a los muchachos graduados.
Y en la mesa del comedor, al lado de mi mecedora, está sentado Marcos. El "amigo de la infancia" que estuvo en cada fiesta, que rozaba mi pierna por debajo del mantel y que hoy disfruta a mi lado, sin ningún remordimiento, de la vida que otro hombre trabajó para darnos.

2 comentarios - Mi secreto

pedrolopezz821 +1
Amo esta página cada relato es mejor que el anterior