Valentina es una vecina que vive a unas calles, de unos 19 años, le va muy bien en el estudio, pero no se siente muy cómoda viviendo con su madre, Fabiana.
Fabi, como la conocemos todos, es una conocida señora en el barrio por ser muy gentil con hombres de plata. Desde que su ex marido, Gustavo, cayó en cana, ella hace de todo para salir adelante.
Valentina pasa en lo de su novio, que vive a 150 kilómetros de acá, por lo que la distancia la usa de excusa para no estar en el ambiente del barrio.
Sube fotos bastante provocativas en sus redes sociales, para que los tipos le comenten cosas. La señora se hace la que no sabe usar plataformas de pago para ver películas, pero si conoce como calentar vergas.
En el grupo de amigos está Pablo, un cubano morocho de dos metros, que hace unos meses llegó al barrio. Si, como están pensando, tiene una verga impresionante, y eso llamó la atención de Fabiana.
Pablo le hacia los mandados a la vecina gentil, por lo que pudo ingresar a su casa de la esquina, algo que si no fuera por Valentina, ninguno de nosotros lo haría.
Una vez fuimos a visitarla a Valentina cuando volvía al barrio, entonces caímos de sorpresa un buen rato antes que llegara. En ese rato, aprovechando que Pablo tenía confianza, me quedé esperando en el comedor.
"Me tenés que ayudar con algo en el fondo" dijo Fabiana, con una calza cortada, no le dió pudor en ir caminando a ese sector de la casa con Pablo. Yo me quedé mirando televisión esperando la llegada de Valentina.
En un momento como el partido de fútbol estaba entretenido, realmente me olvidé de donde estaba, y no sentí más señales ni voces de ellos. Por lo que empecé a caminar despacio hacia el fondo de la casa.
Escuché unos gemidos cortitos, como si estuvieran siendo callados. Efectivamente era Pablo, cogiendo de parado a Fabiana. Las lágrimas le brotaban de los ojos a la veterana calienta pija.
Pablo, era callado, no decía nada, pero confirmamos la duda, tenía un vergon grueso, que le entraba sin chistar a Fabi.
El piso de parquet del cuarto estaba todo mojado producto de la concha abierta de Fabiana, que estaba apoyada sobre la cama. Yo podía verlos por la puerta entreabierta, y me quedé allí observando todo:
Iban cogiendo casi que vestidos, de perrito, pero las tetas se les iba escapando a Fabiana sobre ese prili apretado, dejando ver aureolas negras bien grandes como se movían para adelante y para atrás, al ritmo de la fuerza de Pablo, que cuando podía, la penetraba hasta el fondo. Fondo literal porque se sentía un ruido de tope en su concha y Fabi temblaba.
La veterana puta se da vuelta, y sentada en la cama le hace una paja rusa con esos enormes melones, que deja a Pablo todo flojo, acabandole todo. Fabiana no quería desperdiciar eso, con las tetas acumulando leche, iba pasando la mano y llevando a su boca todo lo que había largado el cubano.
Me fui de ahí haciéndome el gil, como si nada hubiera pasado. A los minutos, como si fuera todo programado, llegó Valentina contenta, porque me había visto allí.
La tarde transcurrió normal, nos pusimos al día, trataba de disimular como a su madre la habían partido al medio y se tomó toda la leche, así y todo, se sentó a compartir unos mates con ella.
Ahora entiendo a Vale, pero a la vez quisiera vivir en esa casa.
Fabi, como la conocemos todos, es una conocida señora en el barrio por ser muy gentil con hombres de plata. Desde que su ex marido, Gustavo, cayó en cana, ella hace de todo para salir adelante.
Valentina pasa en lo de su novio, que vive a 150 kilómetros de acá, por lo que la distancia la usa de excusa para no estar en el ambiente del barrio.
Sube fotos bastante provocativas en sus redes sociales, para que los tipos le comenten cosas. La señora se hace la que no sabe usar plataformas de pago para ver películas, pero si conoce como calentar vergas.
En el grupo de amigos está Pablo, un cubano morocho de dos metros, que hace unos meses llegó al barrio. Si, como están pensando, tiene una verga impresionante, y eso llamó la atención de Fabiana.
Pablo le hacia los mandados a la vecina gentil, por lo que pudo ingresar a su casa de la esquina, algo que si no fuera por Valentina, ninguno de nosotros lo haría.
Una vez fuimos a visitarla a Valentina cuando volvía al barrio, entonces caímos de sorpresa un buen rato antes que llegara. En ese rato, aprovechando que Pablo tenía confianza, me quedé esperando en el comedor.
"Me tenés que ayudar con algo en el fondo" dijo Fabiana, con una calza cortada, no le dió pudor en ir caminando a ese sector de la casa con Pablo. Yo me quedé mirando televisión esperando la llegada de Valentina.
En un momento como el partido de fútbol estaba entretenido, realmente me olvidé de donde estaba, y no sentí más señales ni voces de ellos. Por lo que empecé a caminar despacio hacia el fondo de la casa.
Escuché unos gemidos cortitos, como si estuvieran siendo callados. Efectivamente era Pablo, cogiendo de parado a Fabiana. Las lágrimas le brotaban de los ojos a la veterana calienta pija.
Pablo, era callado, no decía nada, pero confirmamos la duda, tenía un vergon grueso, que le entraba sin chistar a Fabi.
El piso de parquet del cuarto estaba todo mojado producto de la concha abierta de Fabiana, que estaba apoyada sobre la cama. Yo podía verlos por la puerta entreabierta, y me quedé allí observando todo:
Iban cogiendo casi que vestidos, de perrito, pero las tetas se les iba escapando a Fabiana sobre ese prili apretado, dejando ver aureolas negras bien grandes como se movían para adelante y para atrás, al ritmo de la fuerza de Pablo, que cuando podía, la penetraba hasta el fondo. Fondo literal porque se sentía un ruido de tope en su concha y Fabi temblaba.
La veterana puta se da vuelta, y sentada en la cama le hace una paja rusa con esos enormes melones, que deja a Pablo todo flojo, acabandole todo. Fabiana no quería desperdiciar eso, con las tetas acumulando leche, iba pasando la mano y llevando a su boca todo lo que había largado el cubano.
Me fui de ahí haciéndome el gil, como si nada hubiera pasado. A los minutos, como si fuera todo programado, llegó Valentina contenta, porque me había visto allí.
La tarde transcurrió normal, nos pusimos al día, trataba de disimular como a su madre la habían partido al medio y se tomó toda la leche, así y todo, se sentó a compartir unos mates con ella.
Ahora entiendo a Vale, pero a la vez quisiera vivir en esa casa.
1 comentarios - Que puta es la mamá de Valentina