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Mi vida cambio 5

​Al día siguiente, bajo el chorro de agua fría de la ducha, me sobaba la entrepierna sintiendo esa deliciosa sensibilidad que me había dejado el fin de semana. 

Mi vida cambio 5

Me miraba en el espejo empañado y una sonrisa de perra consentida y descarada se me dibujaba en la cara: Dios mío, qué perra resulté ser... saboreando y disfrutando a estos tres hombres de la misma familia, teniendo el semen del papá, del hermano y de mi propio esposo marcándome la piel.
​Y la cosa se puso diez veces más sabrosa —y peligrosamente morbosa— cuando a Maicol le dieron su semana entera de descanso en la mina.
​Tener a mi esposo metido en la casa las 24 horas del día no frenó al suegro ni al cuñado. Al contrario, tener a Maicol ahí tan cerca les prendió el morbo a todos. La casa se convirtió en un nido de tensiones provocativas, donde cada roce "accidental", cada mirada con doble sentido sobre la mesa y cada juego a espaldas de Maicol nos ponía a todos la piel de gallina.

suegro

​El morbo de esa semana arrancó bien temprano. Eran las cinco de la mañana, con el frío sabroso del campo metiéndose por las rendijas. Maicol seguía dormido en nuestra cama, roncando plácidamente. Yo me levanté en silencio, enrutada hacia la cocina, en una pijama  que no dejaba casi nada a la imaginación.

cunado

​Al pasar por el pasillo oscuro del cuarto de San Alejo, una mano cálida me sujetó suavemente de la cintura y me jaló hacia adentro. Era mi cuñado. Se notaba que me había estado esperando, despeinado y apenas con el pantalón puesto.
​Cuñado: (Pintando una sonrisa de pícaro en la oscuridad, pegando su boca a mi cuello): Uy, cuñadita... llevar días viéndola caminar por la casa con esa pijamita y al lado de mi hermano me tiene mal... Venga para acá que no me aguanto.
​En lugar de resistirme, solté una risita ahogada y me pegué a su cuerpo, sintiendo cómo su verga tiesa ya buscaba mi cadera. Me rozó los labios con los suyos y, con una lentitud que me ponía a temblar las piernas, se arrodilló frente a mí. Me bajó la pijama despacio, admirando mis nalgas en la penumbra, y empezó a lamer mi entrepierna húmeda con una devoción irresistible.

cornudo
infiel

​De repente, la puerta del cuarto principal sonó y escuchamos los pasos ligeros de Maicol buscando agua en la cocina. El cuñado ni se inmutó; me dio un beso suave en el pubis y pegó su boca a la ranura de la puerta, hablando con una voz de pura complicidad:
​Cuñado: ¡Epale, Maicol! Siga tranquilo, bro, que la cuñada me estaba mostrando dónde quedaron los bultos de abono. Ya bajamos a desayunar.
Maicol: (Desde la cocina): Ah, listo, hermanito, me avisan.


​Ese roce con el peligro nos encendió a los dos. Apenas Maicol regresó al cuarto, el cuñado me volteó despacio, me levantó la Pijama por la cintura y me la encajó completa, suave y profundo, haciéndome jadear de puro placer. Me culeó con un ritmo delicioso, mirándome a los ojos con malicia mientras yo me mordía el labio inferior para no soltar un gemido que despertara a la casa entera.

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​A mitad de semana, mientras la tarde caía, la tentación la buscó Don Humberto. Maicol estaba afuera en el patio lavando la moto, entretenido con la música del radio. Yo estaba en la cocina revolviendo una sopa sobre la estufa de leña, acalorada y con un escote que dejaba ver el nacimiento de mis pechos.
​El viejo entró sin hacer ruido, oliendo a café y a campo. Se me paró justo detrás, pegando su pecho a mi espalda y pasando sus brazos alrededor de mi cintura como si fuera a probar la sopa.
Mi vida cambio 5


​Suegro: (Susurrándome pegado a la oreja, haciéndome erizar todita): Mi amor... esa sopita huele delicioso, pero usted huele mil veces mejor. Déjeme probar un poquito antes de que entre el muchacho...
​Con una soltura increíble, me metió la mano por debajo del vestido y me acarició la vulva, que ya estaba chorreando de la pura excitación. Me corrió el pantaleta a un lado y me buscó por detrás. Acomodó la punta de su verga madura, venosa y caliente y me la metió despacito, saboreando cada centímetro mientras entraba en mí.

suegro

​Yo: ¡Aayyy, Don Humberto...! (Ahogando el gemido sobre su hombro, recostando la cabeza en su pecho).
​El viejo me tomaba con dulzura pero con una firmeza que me volvía loca, embistiéndome a un ritmo constante y sabroso. Entre más duro sonaba el radio de Maicol en el patio, más rico y más profundo me la metía el suegro. Nos mirábamos de reojo, riéndonos en silencio de lo descarados que éramos, hasta que el viejo apretó mis caderas, soltó un suspiro de placer puro y me llenó la matriz con su semen tibio, dándome un beso cariñoso en la mejilla antes de ponerse a picar la panela como si nada.
​El morbo de la ventana

cunado

​Esa misma tarde, Maicol quiso acostarse un rato a descansar y me pidió que lo acompañara. Nos acomodamos en la cama con la ventana abierta para aprovechar la brisa. Maicol me pidió juguetón que le consintiera su miembro. Yo me puse de rodillas entre sus piernas, le bajé la pantaloneta y me puse a darle una mamada lenta, juguetona y cargada de saliva.
​En medio del ritmo, con la boca llena, abrí los ojos y miré hacia el pasillo que daba a la ventana.
​Ahí parado, apoyado en el Marco y medio escondido tras las matas de alverja, estaba el suegro.

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​El viejo no se había ido. Nos estaba viendo abiertamente, sonreído, con la mano metida dentro de su pantalón sobándose su pija dura mientras observaba cómo me atragantaba con el miembro de su hijo.
​En lugar de asustarme, el morbo me invadió por completo. Sabía que Maicol estaba con los ojos cerrados, disfrutando del placer, sin sospechar que su papá estaba siendo testigo VIP de mi entrega. Le sostuve la mirada al viejo y, sin sacarme la verga de mi esposo de la boca, aceleré el ritmo del chupetón, tragándomela más profundo para provocar al suegro.
​El viejo se lamió los labios, saboreando el espectáculo. Le hice un pequeño guiño de complicidad con el ojo y, con la mano libre, le hice un gesto coqueto con los dedos indicándole que ya estuvo bueno, que se fuera a descansar antes de que Maicol abriera los ojos. 

infiel
Don Humberto me sonrió con fascinación, se tocó la gorra a modo de saludo y se retiró despacito por el pasillo.
​Apenas se fue, terminé de sacar a Maicol una descarga de semen increíble, dejándolo rendido y feliz en la cama, convencido de que su esposa era la mujer más apasionada del mundo.
​El punto máximo de esta ronda de morbo llegó al final de la semana, durante un aguacero impresionante. Maicol estaba concentrado en la sala viendo un partido de fútbol. Yo me metí al baño a enjuagar unas prendas.
​El suegro aprovechó el ruido de la lluvia, se metió al baño y le puso el pestillo suavemente. No hubo forcejeos


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 nos miramos, nos sonreímos con ganas y él simplemente me levantó contra el borde del lavamanos, abriéndome de piernas mientras me la metía de un solo viaje, riéndose bajito por la travesura
​El viejo me daba un polvo delicioso, rítmico y 
húmedo cuando, de repente, sonó la puerta. Era Maicol.

Mi vida cambio 5

​Maicol: (Desde afuera, pegado a la puerta): ¿Cami? ¿Amor, está bien ahí adentro? Me pareció escuchar como unos gemidos... ¿le pasó algo?
​El corazón se me disparó a mil por hora, pero el grado de excitación fue inhumano. Don Humberto no se salió ni un milímetro; se quedó totalmente enterrado dentro de mí, sintiendo cómo mis paredes vaginales se contraían apretaditas y calientes por el puro susto. El viejo me sostuvo firme de las caderas, dándome empujoncitos milimétricos y sabrosos que me hacían derretir, mirándome fijamente a través del espejo con una sonrisa maliciosa que me invitaba al descaro.
​Tomé aire, acomodé la camiseta sobre mi pecho y, manteniendo a Don Humberto ensartado adentro mío y pegado a mi espalda, giré el torso, le quité el seguro a la puerta y la abrí apenas una rendija de tres dedos. Asomé solo mi cara sudorosa, sonrojada y agitada.


suegro

​Yo: (Con la voz temblorosa, disimulando el ahogo): ¡Ay, mi vida! Sí, sí... estoy bien, tranquilo. Es que... me estaba rasurando la zona íntima y me corté un poquito, me dolió re feo... pero ya, todo bien, mi amor.
​Maicol estaba ahí a escasos centímetros, al otro lado de la madera, hablando tan confiado mientras detrás de esa rendija su propio padre me tenía completamente llena, bombeándome despacito por detrás.
​Maicol: (Sonriendo desinteresado): ¡Uy, tan bella, con razón! Cuidado te lastima más, mi amor. Dale tranquila, voy a seguir viendo el partido en la sala.
​Yo: Dale, mi vida... ya salgo.
​Apenas escuchamos los pasos de Maicol alejándose, cerré la puerta de golpe, le pasé el pestillo y dejé salir un gemido sordo. Don Humberto me agarró por la cintura con fuerza, nos miramos al espejo y nos entregamos a un descontrol total ahí mismo, encerrados en ese baño.
​El viejo me agarró con ganas y me dio una embestida sabrosa, dura y profunda contra el lavamanos. Nos veíamos reflejados en el vidrio 

cunado

empañado: sus manos callosas de campesino apretándome los pechos descubiertos, el sudor corriendo por su frente y su verga entrando y saliendo de mi vulva empapada. El morbo que me despertaba este viejo no tenía comparación; con Maicol todo era bonito y rutinario, pero Don Humberto me sacaba el instinto más perra, haciéndome sentir una mujer deseada y abierta a todo.
​En medio de esa locura, me nació un deseo sucio que nunca había probado con él. Me volteé, me arrodillé sobre la baldosa fría del baño y me pegué a sus piernas.  El olor a hombre de campo, a sudor fuerte, a tierra y a tabaco me penetró la nariz y me encendió la cabeza. Me pegué a sus pelos púbicos gruesos y canosos, sintiendo el roce áspero en mi nariz y en mis mejillas mientras abría la boca de par en par.

cornudo

​Le agarré la base y se la metí hasta el fondo de la garganta. Se la chupé con una devoción y una salivación salvaje, sintiendo cada vena gruesa retumbar contra mi lengua.

infiel

 Escuchar los suspiros ahogados del viejo, sintiendo cómo me agarraba el cabello para marcarme el ritmo, me volvía loca. Me atraganté con su verga saboreando cada gota de su líquido preseminal, tragándomelo con un gusto descarado.

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​Yo: (Mirándolo hacia arriba con los ojos aguados por la entrega, acariciándole los muslos): Mi viejito lindo... usted no sabe lo que me hace sentir. Mi viejito hermoso, yo a usted lo voy a recompensar por ser tan tierno , y morboso como conmigo...
​El viejo, con la respiración entrecortada y los ojos brotados de puro placer, me levantó del suelo. Me puso de frente a la pared del baño, apoyando mis manos contra los azulejos húmedos. Me abrió las nalgas con sus dedos grandes y, por primera vez en mi vida, me rozó la entrada del culo con la punta de su verga embadurnada de mi propia saliva y lubricante.
​Suegro: (Susurrándome al oído con voz ronca): ¿Segura, mi muchachita... me va a dar ese regalito a su viejo?
​Yo: (Echando la cadera hacia atrás, temblando de puro morbo): Sí, mi viejito... hágale, métamelo todo por ahí que soy todita suya…

Mi vida cambio 5

​El viejo empujó despacio. Sentí cómo esa cabeza ancha me abría el anito apretado, un dolorcito caliente que rápidamente se convirtió en el placer más perverso y profundo que había experimentado jamás. Don Humberto me encajó el miembro completo en el culo. Me culeó por el chiquito con un ritmo firme, delicioso y pausado, haciéndome gemir bajito contra la pared mientras mis pensamientos volaban: Dios mío, le estoy dando el culo a mi suegro en el baño mientras mi esposo ve televisión en la sala... este viejo me volvió una puta completa.

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​El polvo en el baño fue eterno, una maratón de posiciones, besos con sabor a saliva y semen, y caricias atrevidas. Don Humberto aceleró el bombeo en mi ano hasta que no aguantó más; me agarró duro de las caderas, soltó un gruñido profundo de hombre satisfecho y me vació una descarga hirviente de semen directo en el culo.

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​Sentí el chorro caliente llenándome por dentro. Nos quedamos abrazados unos segundos, jadeando, sintiendo los latidos del corazón del otro. El viejo se limpió con calma, me dio un beso cariñoso y húmedo en los labios y un apretón suave en la nalga antes de salir disimuladamente.
​Cuando salí del baño tiempo después, limpia y arreglada, fui a la sala. Maicol se había quedado profundamente dormido en el sofá con el control remoto en la mano, roncando plácidamente, sin sospechar jamás que a pocos metros su padre me había hecho de todo en el baño, dejándome el cuerpo marcado y el alma llena de pecado
​Al otro día Maicol  completamente ignorante pero estimulado por el ambiente, me buscaba en la cama con un deseo voraz.
Me desnudaba despacio bajo las cobijas pesadas y nos entregábamos a un amor apasionado.

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​Para él, mi lubricación y mi entrega insaciable eran la prueba de lo mucho que lo amaba; jamás se imaginó que esa pasionalidad era la chispa que dejaban en mí su padre y su hermano durante el día. 

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Y mientras Maicol se venía dentro de mí abrazándome fuerte, yo sonreía en la oscuridad de la noche, disfrutando el dulce y morboso secreto de ser la reina absoluta de esa casa.

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