El nivel de degradación había cruzado cualquier límite imaginable. La pesadilla de mi embarazo se había convertido en una condena perpetua. Braian no solo me usaba en privado como su prostituta personal a cambio de un peso por cada cogida, sino que me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans donde él se quedaba con el 99% de las ganancias, obligándome a grabar porno explícito todos los días para sacarle más plata a los enfermos de internet. Yo tenía que hacer malabares mentales: cuando él no estaba, el odio me quemaba las entrañas y lloraba de impotencia; pero cuando cruzaba la puerta —generalmente borracho, alterado, furioso, caliente o estresado—, mi cerebro hacía un click miserable y me convertía en una puta obsesionada, sumisa y dispuesta a todo por alimentar a nuestro hijo y juntar esos pesos miserables.
Aquella noche de fiesta familiar, la locura llegó demasiado lejos. La casa estaba llena de parientes míos, música fuerte, olor a comida y alcohol. Braian apareció completamente borracho, sudado y con la vena de la sien palpitándole de furia. Me vio parada cerca de la cocina, se armó de una maldad insoportable y decidió marcar su territorio de la manera más violenta y pública posible.
— Ven para acá, pedazo de trola, que la familia quiere ver cómo trabaja mi puta personal. Me gritó Braian desde el medio del comedor, agarrándome del pelo con violencia ante la mirada atónita de todos.
— ¡No, Braian, por favor acá no, está mi familia! Le supliqué a los gritos, sintiendo cómo el terror y la vergüenza me helaban la sangre.
— ¡Te callás la boca, perra desobediente, haceme caso o te rompo la cabeza acá mismo! Me amenazó él, tironeándome del cuero cabelludo hasta tirarme al piso en medio de la sala.
— ¡P-por favor... te lo ruego... no me hagas esto acá delante de todos! Le rogué llorando desconsolada, apoyando una mano en el suelo frío mientras la gente empezaba a murmurar.
— ¡Desnudate y hacete la putita que tanto te gusta ser, o querés que tu hijo se muera de hambre, eh! Me gritó el maldito, sacándose la correa y dándome un latigazo seco en la espalda.
— ¡S-sí, lo que quieras, pero pará de pegarme! Le contesté tragándome todo mi orgullo, completamente quebrada y dispuesta a actuar como la puta más sumisa para que no me masacrara.
— Eso, ponete de rodillas ahora mismo frente a todos, dale, mostrales cómo me chupás la verga. Me ordenó él, abriéndose el pantalón y sacándose sus 23 centímetros duros y transpirados en pleno festejo familiar.
— ¡No lo puedo creer, qué carajo hace este enfermo con la piba! Se escuchó gritar indignado a uno de mis tíos desde el fondo, mientras otros parientes empezaban a levantarse de las sillas alterados.
— ¡Dejame en paz, hijo de puta, te lo suplico! Intenté defenderme por reflejo, moviendo las piernas para escapar de su bota.
— ¡Cerrá el orto, trola! ¿Querés ganar plata para el nene? ¡Chupá y ganate tu peso! Me rugió Braian en la cara, dándome una cachetada que me hizo trastabillar.
Con la cara bañada en lágrimas de absoluta humillación, apoyé una mano en el piso de baldosas y con la otra agarré su verga apestosa, obligándome a metérmela hasta el fondo de la garganta en medio de la sala.
— Mmmf... mmmgh... Empecé a chupársela desesperada, ahogándome con su tamaño, mientras el líquido espeso empezaba a desbordarse por las comisuras de mis labios.
— ¡Mirá la cara de golosa que pone la puta de tu sobrina, che, cómo le encanta tragar! Se burló uno de los amigos borrachos de Braian que estaba invitado, soltando una risa asquerosa y pervertida.
— ¡Qué hijo de mil puta, esto es una locura, llamen a la policía! Gritó mi mamá a los gritos desde la cocina, desesperada al ver cómo me trataba.
— ¡Si llaman a la policía o se meten, a esta perra la mato a patadas ahora mismo! Amenazó Braian a los gritos, empujándome la cabeza con más fuerza contra su entrepierna para que no parara de mamársela.
— Mmmgh... p-por favor... s-sigue cogiéndome si querés pero no me hagas esto acá... Tartamudeaba yo, con la cara completamente llena de baba, semen y lágrimas, sintiendo náuseas horribles frente a mis propios familiares.
— ¡Callate y tragá toda mi leche, puta barata, que para eso te mantengo! Me gritó él, dándome otra palmada brutal en la nuca.
— ¡Mirala a la sinvergüenza, cómo disfruta la muy zorra! Comentó otro familiar con asco y bronca, mientras se escuchaban murmullos divididos entre el enojo, la tensión y risas de algunos enfermos que miraban la escena con morbo.
— ¡Agh... ahlggh...! Me atragantaba tosiendo, sintiendo el olor fuerte a sudor y alcohol mezclado con su semen caliente que me rebasaba la boca.
— ¡Más fuerte, perra, que no te alcanza para cobrar el peso! Me exigió el maldito, agarrándome de los pelos con saña.
— P-por favor, te lo ruego... ya me la trago toda... Sigue usándome en la pieza, haceme lo que quieras pero terminá ya... Le suplicaba llorando de rodillas, arrastrándome en el suelo de la casa de mis padres.
— ¡Eso, pedazo de puta sumisa, abrime bien la boca que me voy a correr acá mismo! Rugió Braian, dando una última estocada al aire.
De repente, sentí cómo su verga palpitaba violentamente y un chorro hirviente, abundante y asqueroso de su semen me inundó la boca por completo, chorreándome por la barbilla y el cuello frente a todos los invitados.
— ¡Mirá cómo te dejé la cara, llena de mi leche, sos una maldita basura! Se rio Braian a carcajadas, acomodándose el pantalón mientras me dejaba tirada en cuatro patas, vomitando y llorando sobre el piso de la fiesta.

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El maldito de Braian entró a la pieza pateando la puerta, recontra borracho, con los ojos inyectados en sangre, la respiración agitada y esa furia caliente que siempre traía encima cuando quería desquitarse con alguien. Venía transpirado de la calle, apestando a alcohol barato y tabaco rancio, con la jeta alterada y el ceño fruncido. Me miró desde la puerta como si fuera la peor basura del mundo, con un desprecio tan espeso que se cortaba en el aire.
— ¡Arriba, perra de mierda! ¿Qué hacés tirada ahí haciéndote la santa? Ponete en cuatro patas ya mismo y arrastrate hasta acá, dale. Me ladró Braian con una voz ronca, sentándose con desgano en la silla al lado de la cama mientras se bajaba el cierre del jean y sacaba esa verga gigante, gorda y sudada que ya me había destruido la vida mil veces.
— S-sí, mi amor... ya voy, perdóname, ya voy para allá... Le dije cambiando la voz al instante, adoptando ese tono de puta sumisa, melosa y desesperada que había aprendido a usar para manejarlo, mientras sentía cómo el asco me quemaba la garganta por dentro.
Me tiré al piso frío de la habitación y, con el corazón latiéndome a mil por hora de pura bronca y humillación, comencé a gatear en cuatro patas por las baldosas, arrastrándome como un animal hambriento hacia su entrepierna. Mientras avanzaba con las rodillas raspándome contra el suelo, pensaba en el hambre que pasábamos, en nuestro hijo llorando en la cuna y en la miseria absoluta en la que me tenía metida este hijo de puta, el mismo bully que me arruinó la escuela y ahora era mi dueño.
— ¡Más rápido, trola de mierda, parecés una tortuga renga! ¡Muevete o te juro que hoy no ves un solo peso para comprarle leche al pibe! Me gritó él furioso, sacudiéndose la verga con la mano y mirándome con una superioridad asquerosa.
— Perdón, mi vida, ya llego, ya llego... mirá cómo voy por tu verga, papi, cómo me muero por tenerla adentro. Le suplicaba gateando más apurada, obligándome a sonreír y a poner cara de calentura mientras por dentro lo odiaba con cada célula de mi alma, deseando que se muera ahogado en su propio escabio.
Llegué hasta sus pies, con las rodillas marcadas y la respiración cortada, y me quedé de rodillas mirándole la poronga erecta y sudada que me ponía en la cara. Él me agarró del pelo con una fuerza brutal, tirándome la cabeza hacia atrás para que quedara bien expuesta a sus caprichos.
— ¿Así que querés que te coja hoy para juntar tus monedas pedorras, eh? ¿Te gusta venir a manguearme a cuatro patas, perra barata? Me escupió en la cara, riéndose borracho de mi estado de degradación total.
— Sí, por favor, Braian... cogeme todo lo que quieras, haceme tu puta, rompeme la concha y el culo las veces que se te cante... Le rogué con falsos gemidos de deseo, suplicándole con una obsesión fingida, sabiendo que cada estocada era un peso más para nuestra supervivencia y una tajada más para el OnlyFans que él mismo me había obligado a abrir para robarme el 99% de las ganancias.
— Sos una puta insaciable, te encanta que te trate como a la basura que sos, ¿viste? Mirá cómo se te hace agua la boca por mi verga, sos una arrastrada. Me humilló el chabón, apretándome el cuero cabelludo con más rabia mientras yo me tragaba el orgullo y le besaba los muslos sudados.
— Sí, soy tu puta, soy tu perra sumisa... por favor, métemela ya, no aguanto más sin sentirte adentro, papi... Le seguí mintiendo, usando todos los trucos de puta barata para prenderlo más rápido, aunque sabía muy bien que de nada servía: cada cogida suya iba a durar entre una y tres horas enteras de dolor puro, violaciones sin piedad y gemidos falsos que me destrozaban el alma.
— Bueno, ya que tanto la pedís y te portás como la esclava que sos, vas a arrancar con una buena chupada antes de que te abra al medio como a una yegua. Me ordenó el maldito, empujándome la cara contra su entrepierna apestosa mientras la rabia, el asco y el terror se me mezclaban en el pecho.

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El hijo de puta de Braian entró pateando la puerta de mi casa, completamente borracho, alterado, sudado y con una calentura furiosa acumulada. Venía oliendo a alcohol barato y a calle, con los ojos inyectados en sangre y esa cara de desprecio que siempre me hizo mierda desde la época de la escuela. Se tiró sentado en el sillón de la sala, abriéndose las piernas de golpe mientras me señalaba el piso con la mirada.
— ¿Qué hacés ahí parada, pedazo de trola? Sacate la ropa de una vez y sentate arriba mío, que tengo la verga dura y te quiero romper el orto para la cámara, dale. Me gritó Braian con esa voz ronca y pesada que me helaba la sangre.
— S-sí, mi amor... ya me pongo, tranquila que ya te complazco... Le dije con la voz melosa y falsa, forzando una sonrisa patética mientras me desnudaba rapidísimo para actuar como la puta sumisa que me exigía ser.
En mi mente, el odio me quemaba las entrañas como ácido puro; lo detestaba con cada fibra de mi alma, lo aborrecía por haberme arruinado la vida y convertido en esto. Pero apenas lo miraba a los ojos, el instinto de supervivencia por criar a nuestro hijo y la necesidad de juntar aunque sea un peso por cada cogida me obligaban a tragarme todo el orgullo y arrastrarme.
— Apurá el tranco, perra de mierda, que no te pago un peso por cogida para que andes tardando. Me insultó él con rabia, agarrándome fuerte de los pelos para tirarme hacia su entrepierna.
— Perdón, mi vida, es que te quiero calentar bien para que me uses todo lo que quieras... Le rogué con falsa devoción, subiéndome de golpe a horcajadas sobre su cuerpo mientras la cámara del celular nos enfocaba de frente para el OnlyFans que me había obligado a abrir (donde él se quedaba con el 99% de las ganancias).
Apenas me senté arriba de su verga de 23 centímetros, el chabón me manoteó con una fuerza brutal de las piernas, doblándomelas hacia arriba y juntándome las rodillas bien abiertas a los costados de su torso, mientras me estiraba los brazos hacia atrás para agarrarme de los cabellos y juntarme las manos detrás de la cabeza. Con esa postura sádica, me dejó la vagina totalmente expuesta y vulnerable frente al lente, mientras me clavaba su verga de golpe directo en el culo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, MI AMOR... POR FAVOR! Aullé desgarrada, sintiendo cómo el orto se me abría en dos por la brutalidad de su embestida.
— Mirá cómo te rompo el culo, puta del orto, bien abierta para la cámara y para que todos vean cómo te gozás con la verga de tu bully. Se burló Braian, riéndose a carcajadas mientras me reventaba el ano a pura fricción.
— S-sí... ¡ay, dios, más fuerte, mi amor, rompeme el culo! Fui fingiendo mis gemidos de placer, arqueando la espalda y poniendo cara de desesperada para que el video quedara ultra caliente y se corriera rápido.
— ¿Te gusta que te coja así, trola? ¿Te encanta sentir la verga de tu macho en el orto mientras te pagué un peso? Me humilló el maldito, dándome un manotazo seco en una nalga que me hizo arder la piel.
— ¡Me encanta, mi amor! ¡Haceme tuya, destruime el culo y la concha todo el día! Le suplicaba con falsa obsesión, haciéndome la puta pajera y caliente para acelerar su orgasmo, aunque cada estocada me destrozara por dentro.
— Si querés juntar guita para darle de comer al pibe, vas a tener que chuparla, coger y dejarte reventar las veces que se me cante, perra barata. Me escupió él al oído, oliendo a alcohol y sudor rancio.
— Sí, te lo ruego, cogeme mil veces más, pagame lo que quieras pero no dejes de usarme... Le lloraba yo de rodillas sobre su pelvis, tragándome las náuseas y el llanto real para actuar el papel de puta sumisa que necesitaba para sobrevivir.
Por más trucos que intentaba hacer para que se corriera rápido y terminar con el suplicio —apretándole el culo, gimiéndole falso en la oreja, moviéndole las caderas con desesperación—, con él nunca servía de nada. El muy hijo de puta me tenía ahí abajo cogiéndome sin piedad de una a tres horas seguidas, aprovechándose de mi hambre, de mi necesidad de dinero y de mi desesperación.
— Sos una máquina de tragar leche y verga, sos mi prostituta personal que me sale dos mangos. Siguió insultándome mientras me agarraba de la garganta y me apretaba con bronca.
— S-sí... lo que vos digas, mi amor... Dije ahogada, sintiendo que la falta de aire y el dolor en el culo me nublaban la vista, mientras seguía saltando arriba suyo, fingiendo un orgasmo falso para alimentar su ego enfermo, sabiendo que al final de esa pesadilla interminable solo me esperaba una moneda miserable y la marca imborrable de su desprecio.

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El maldito de Braian tiró la puerta de una patada, entrando a mi departamento completamente borracho, alterado, oliendo a sudor rancio y con la bragueta medio abierta. Se desplomó en el sillón de golpe, con los ojos inyectados en sangre por el estrés y el alcohol, y me miró como si fuera la peor escoria de la tierra.
— ¿Qué hacés ahí parada con esa cara de orto, pedazo de puta? ¿No ves que vine caliente y cansado de la calle? Me gritó Braian, agarrándome del pelo y tironeándome hasta dejarme de rodillas frente a sus patas.
— S-sí, mi amor... perdón, ya te preparo todo para que me uses como quieras... Le dije cambiando la voz al instante, adoptando ese tono meloso, falso y ultra sumiso que practicaba todos los días para mantenerlo contento por nuestro hijo.
— ¿Qué me decís "mi amor", estúpida? ¡Vos sos mi puta barata y nada más! Si querés sumar los cien pesos diarios para comprarle la leche al pibe, vas a tener que ganártelos agachando la cabeza, ¿entendiste? Me respondió él, dándome una cachetada seca que me dejó la cara ardiendo.
— S-sí, Braian, tenés toda la razón... soy tu puta, usame por favor, necesito que me cojas hoy para juntar la plata... Le rogué con lágrimas falsas en los ojos, obligándome a actuar como una prostituta desesperada mientras por dentro lo mataba con el pensamiento.
— Así me gusta, que te tragues el orgullo, perra. A ver si te ponés las pilas con el OnlyFans también, que los pajeros de internet pagaron poco esta semana y me quedé con el noventa y nueve por ciento de las ganancias. Me dijo él con una sonrisa sádica, sacando el celular para ver las estadísticas de mi perfil porno.
— S-sí, ya grabé los videos que me pediste... me rompí la concha y el culo grabando para tus seguidores... Le dije fingiendo una sumisión extrema, sabiendo que toda esa plata se la llevaba él mientras a mí me dejaba apenas las monedas contadas.
— Más te vale que garpen bien, porque a mí no me importa si tenés hambre o si el pibe llora. Ahora sacate la ropa y ponete en cuatro, que te voy a hacer mierda la vagina y el orto sin un segundo de piedad. Me ordenó el maldito, levantándose de prepo y manoteándome de la cintura.
Me desnudé a las apuradas en medio de la sala, temblando de una mezcla de bronca, asco y excitación retorcida que mi cuerpo obligado ya tenía normalizada. Me puse de cuatro sobre la alfombra, ofreciéndole el cuerpo entero mientras el alcohol y la furia lo hacían empalmarse al instante.
— ¡Aiaaaah! ¡Por favor, metémela toda de golpe, hacéme tuya, rompeme la concha! Le empecé a suplicar con voz de perra en celo, fingiendo un placer que me daba náuseas, usando todos mis trucos para que se corriera lo más rápido posible.
— Mirá cómo se te abre esa concha mugrienta, te encanta que te coja como a una yegua, ¿no, trola? Me gritó Braian, enterrándome sus 23 centímetros de un solo golpe seco y brutal que me sacó un grito real de dolor.
— S-sí... ¡ay, sí, qué rica la tenés adentro, cógeme todo el día, por favor! Gemí exageradamente, arqueando la espalda para que sintiera el apretón, intentando que se descargara rápido en los primeros minutos.
Pero con él los trucos nunca servían. El maldito era una máquina de coger, y cada sesión conmigo duraba entre una y tres horas seguidas de pura violencia sexual.
— No te hagas la que te gusta tanto, perra de mierda, si yo sé bien que por dentro me odiás, pero te abrís de piernas porque te mueres de hambre y necesitás mi peso por cogida. Se burló él en mi cara, agarrándome del cuello para ahogarme mientras me embestía el culo sin anestesia.
— ¡N-no te odio... te amo, por favor cógeme más fuerte! Le mentí llorando de la desesperación, soportando los latigazos de sus caderas contra mis glúteos mientras me destrozaba por dentro.
— Coge y callate, puta, que tenés que llegar a las cien cogidas de hoy si querés comprar algo en el almacén. ¡Mirá cómo me apretás el orto, pedazo de enferma! Me gritó aumentandose el ritmo, dándome cachetadas en las nalgas hasta dejármelas rojas e hinchadas.
Durante dos horas largas me usó de la vagina al culo sin frenar, cambiándome de posición, escupiéndome la espalda y tratándome como a un animal de desecho, mientras yo me tragaba las lágrimas de odio puro sabiendo que mi hijo dependía de cada embestida de mi propio violador y bully.
— ¡Ya me voy a correr, trola de mierda, prepará la boca! Rugió Braian con la voz ronca, dándose la vuelta y obligándome a darme vuelta boca arriba con las piernas abiertas al máximo.
Se vino de golpe dentro de mi cara y mi boca, disparando chorros espesos y calientes de semen que me inundaron los labios, la barbilla y los ojos. Me arrodillé de inmediato, tragándome la leche con desesperación mientras las lágrimas se me mezclaban con el maquillaje corrido y el sudor de la cara.
— Tragátela toda, basofia. No me vayas a escupir nada porque cada gota de esa leche vale más que toda tu vida junta. Me dijo él abrochándose el pantalón con desprecio.
— G-gracias... gracias por alimentarme... Le dije tragando con arcadas, con la voz rota y los ojos anegados en llanto.
— ¿Viste? Agradecé que soy bueno y te doy plata para que no se gaste en alimentar a una puta inútil como vos. Ahora limpiate la boca y andá a cuidar al pibe, que ya te pagué tu peso de hoy. Me sentenció Braian con una última carcajada sádica, tirándome una moneda a los pies antes de dar media vuelta y cerrarle la puerta en la cara a mi miseria.

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El sonido de la puerta abriéndose de golpe me sacó de mis pensamientos. Braian entró a la casa dando tumbos, totalmente borracho, con los ojos inyectados en sangre, la respiración agitada y un olor denso a alcohol barato y sudor rancio impregnado en su ropa deportiva. Venía pasado de rosca, alterado y con una rabia contenida que siempre terminaba descargando sobre mi cuerpo.
— ¡Mirá cómo me ponés, pedazo de trola, vine caliente perdido y te quiero ver de rodillas ya mismo! Me gritó Braian con voz ronca, pegándole una patada a la mesa de la cocina.
— S-sí, mi amor... lo que vos quieras, ya me pongo para vos... Le dije con la voz melosa, forzando una sonrisa patética y fingiendo una sumisión absoluta, aunque por dentro mi alma ardía en un odio mortal hacia él.
— ¡Dejate de pavadas y ponete en cuatro arriba de esa silla, dale! ¡Mostrame ese culo de puta que tengo que usar para pagar tus cuentas, maldita hambrienta! Me exigió el chabón, agarrándome del pelo con furia.
Apoyé las manos temblorosas sobre la mesada de la cocina y trepé a la silla, acomodándome en cuatro patas con la cola bien alta. Empecé a perrear y a mover las caderas de manera exagerada, arqueando la espalda para exhibirle cada rincón de mi cuerpo, sabiendo perfectamente que esa era la única manera de encender a mi bestia.
— Mmmh... mirá cómo te muevo el orto para vos, Braian... vení a rompérmelo todo, haceme mierda... Gemí de manera fingida, exagerando cada movimiento para engatusarlo y asegurarme de que me clavara las suficientes cogidas para juntar los pesos que necesitaba para darle de comer a nuestro hijo.
— ¡Eso, perra, mirá cómo se me pone dura de verte tan regalada! ¡Vos naciste para abrir las piernas y ser mi putita personal! Me ladró él, sacándose el pantalón a los tirones mientras se relamía viendo mi cuerpo.
— Sí... cogeme todo el día, papi... usame como a la más barata, haceme tuya... Le seguí rogando con una falsa desesperación en la voz, tragándome las náuseas y el asco profundo que me daba tener que actuar como una obsesionada sexual para manipular su calentura.
Sabía que cada embestida suya valía un miserable peso, y que para juntar lo necesario para sobrevivir en este país y mantener al nene, el maldito me tenía que cagar a cogidas cien mil veces al mes, sin contar el contenido porno de OnlyFans que me obligaba a grabar y del cual él se robaba el 99% de las ganancias.
— ¡Doblate más, trola! ¡A ver si con este culo gordo hacés que me corra rápido, aunque con lo caliente que estoy te voy a dar tres horas seguidas! Me escupió el chabón, abalanzándose sobre mí sin una pizca de piedad.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡METÉMELA TODA, DALE! Aullé cuando sus 23 centímetros se me clavaron de golpe en la vagina de un solo viaje salvaje, desgarrándome por dentro mientras me embestía sin preámbulos.
— ¿Viste cómo te encanta, sucia? ¡Si gimes así de bien es porque te fascina que tu bully te use como a una basura! Se burló él, agarrándome de la cintura con fuerza bruta para acelerar el ritmo.
— Mmmh... ¡sí, me encanta... me duele tan rico... ahh... s-seguí... Masticando mi orgullo, fingí un orgasmo estrepitoso, apretando los ojos y retorciéndome para hacerle creer que me estaba volviendo loca de placer, cuando en realidad cada estocada me quemaba el alma y me hacía desear su muerte.
— ¡No te hagas la que te corrés, puta de mierda, si vos sos mía y te voy a coger hasta que te desmayes! Me gritó al oído, cambiando de rumbo de golpe y clavándome la verga de lleno en el culo a pura fricción y sin lubricación.
— ¡¡¡AY, DIOS... POR FAVOR, EL ORTO NO... AHHH... M-METÉMELA DONDE QUIERAS PERO NO PARES! Le supliqué llorando lágrimas de verdad, usando su propio sadismo en mi contra, rogándole y suplicándole como una perra desesperada para alimentar su ego de macho violento.
— ¡Suplicame más, perra miserable! ¡Acordate de que sin mí te morís de hambre vos y el crío, así que vas a tragar verga todo el día! Me insultó el muy hijo de puta, dándome nalgadas tan violentas que el ruido resonaba en toda la cocina.
— Te lo ruego, Braian... usame, violame, haceme lo que quieras... soy tu puta barata... Gimoteaba contra la mesada, mientras sentía cómo el sudor de su cuerpo me mojaba la espalda y su aliento alcohólico me quemaba la nuca.
— ¡Eso, pedazo de trola, seguí pidiéndome más leche que te la voy a vaciar toda adentro otra vez! Me rugió él, acelerando las embestidas a un ritmo infernal, decidido a mantenerme atada a su verga durante horas enteras, destruyéndome la vida a cambio de monedas mientras yo fingía adorar mi propia ruina por el futuro de nuestro hijo.
Aquella noche de fiesta familiar, la locura llegó demasiado lejos. La casa estaba llena de parientes míos, música fuerte, olor a comida y alcohol. Braian apareció completamente borracho, sudado y con la vena de la sien palpitándole de furia. Me vio parada cerca de la cocina, se armó de una maldad insoportable y decidió marcar su territorio de la manera más violenta y pública posible.
— Ven para acá, pedazo de trola, que la familia quiere ver cómo trabaja mi puta personal. Me gritó Braian desde el medio del comedor, agarrándome del pelo con violencia ante la mirada atónita de todos.
— ¡No, Braian, por favor acá no, está mi familia! Le supliqué a los gritos, sintiendo cómo el terror y la vergüenza me helaban la sangre.
— ¡Te callás la boca, perra desobediente, haceme caso o te rompo la cabeza acá mismo! Me amenazó él, tironeándome del cuero cabelludo hasta tirarme al piso en medio de la sala.
— ¡P-por favor... te lo ruego... no me hagas esto acá delante de todos! Le rogué llorando desconsolada, apoyando una mano en el suelo frío mientras la gente empezaba a murmurar.
— ¡Desnudate y hacete la putita que tanto te gusta ser, o querés que tu hijo se muera de hambre, eh! Me gritó el maldito, sacándose la correa y dándome un latigazo seco en la espalda.
— ¡S-sí, lo que quieras, pero pará de pegarme! Le contesté tragándome todo mi orgullo, completamente quebrada y dispuesta a actuar como la puta más sumisa para que no me masacrara.
— Eso, ponete de rodillas ahora mismo frente a todos, dale, mostrales cómo me chupás la verga. Me ordenó él, abriéndose el pantalón y sacándose sus 23 centímetros duros y transpirados en pleno festejo familiar.
— ¡No lo puedo creer, qué carajo hace este enfermo con la piba! Se escuchó gritar indignado a uno de mis tíos desde el fondo, mientras otros parientes empezaban a levantarse de las sillas alterados.
— ¡Dejame en paz, hijo de puta, te lo suplico! Intenté defenderme por reflejo, moviendo las piernas para escapar de su bota.
— ¡Cerrá el orto, trola! ¿Querés ganar plata para el nene? ¡Chupá y ganate tu peso! Me rugió Braian en la cara, dándome una cachetada que me hizo trastabillar.
Con la cara bañada en lágrimas de absoluta humillación, apoyé una mano en el piso de baldosas y con la otra agarré su verga apestosa, obligándome a metérmela hasta el fondo de la garganta en medio de la sala.
— Mmmf... mmmgh... Empecé a chupársela desesperada, ahogándome con su tamaño, mientras el líquido espeso empezaba a desbordarse por las comisuras de mis labios.
— ¡Mirá la cara de golosa que pone la puta de tu sobrina, che, cómo le encanta tragar! Se burló uno de los amigos borrachos de Braian que estaba invitado, soltando una risa asquerosa y pervertida.
— ¡Qué hijo de mil puta, esto es una locura, llamen a la policía! Gritó mi mamá a los gritos desde la cocina, desesperada al ver cómo me trataba.
— ¡Si llaman a la policía o se meten, a esta perra la mato a patadas ahora mismo! Amenazó Braian a los gritos, empujándome la cabeza con más fuerza contra su entrepierna para que no parara de mamársela.
— Mmmgh... p-por favor... s-sigue cogiéndome si querés pero no me hagas esto acá... Tartamudeaba yo, con la cara completamente llena de baba, semen y lágrimas, sintiendo náuseas horribles frente a mis propios familiares.
— ¡Callate y tragá toda mi leche, puta barata, que para eso te mantengo! Me gritó él, dándome otra palmada brutal en la nuca.
— ¡Mirala a la sinvergüenza, cómo disfruta la muy zorra! Comentó otro familiar con asco y bronca, mientras se escuchaban murmullos divididos entre el enojo, la tensión y risas de algunos enfermos que miraban la escena con morbo.
— ¡Agh... ahlggh...! Me atragantaba tosiendo, sintiendo el olor fuerte a sudor y alcohol mezclado con su semen caliente que me rebasaba la boca.
— ¡Más fuerte, perra, que no te alcanza para cobrar el peso! Me exigió el maldito, agarrándome de los pelos con saña.
— P-por favor, te lo ruego... ya me la trago toda... Sigue usándome en la pieza, haceme lo que quieras pero terminá ya... Le suplicaba llorando de rodillas, arrastrándome en el suelo de la casa de mis padres.
— ¡Eso, pedazo de puta sumisa, abrime bien la boca que me voy a correr acá mismo! Rugió Braian, dando una última estocada al aire.
De repente, sentí cómo su verga palpitaba violentamente y un chorro hirviente, abundante y asqueroso de su semen me inundó la boca por completo, chorreándome por la barbilla y el cuello frente a todos los invitados.
— ¡Mirá cómo te dejé la cara, llena de mi leche, sos una maldita basura! Se rio Braian a carcajadas, acomodándose el pantalón mientras me dejaba tirada en cuatro patas, vomitando y llorando sobre el piso de la fiesta.

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El maldito de Braian entró a la pieza pateando la puerta, recontra borracho, con los ojos inyectados en sangre, la respiración agitada y esa furia caliente que siempre traía encima cuando quería desquitarse con alguien. Venía transpirado de la calle, apestando a alcohol barato y tabaco rancio, con la jeta alterada y el ceño fruncido. Me miró desde la puerta como si fuera la peor basura del mundo, con un desprecio tan espeso que se cortaba en el aire.
— ¡Arriba, perra de mierda! ¿Qué hacés tirada ahí haciéndote la santa? Ponete en cuatro patas ya mismo y arrastrate hasta acá, dale. Me ladró Braian con una voz ronca, sentándose con desgano en la silla al lado de la cama mientras se bajaba el cierre del jean y sacaba esa verga gigante, gorda y sudada que ya me había destruido la vida mil veces.
— S-sí, mi amor... ya voy, perdóname, ya voy para allá... Le dije cambiando la voz al instante, adoptando ese tono de puta sumisa, melosa y desesperada que había aprendido a usar para manejarlo, mientras sentía cómo el asco me quemaba la garganta por dentro.
Me tiré al piso frío de la habitación y, con el corazón latiéndome a mil por hora de pura bronca y humillación, comencé a gatear en cuatro patas por las baldosas, arrastrándome como un animal hambriento hacia su entrepierna. Mientras avanzaba con las rodillas raspándome contra el suelo, pensaba en el hambre que pasábamos, en nuestro hijo llorando en la cuna y en la miseria absoluta en la que me tenía metida este hijo de puta, el mismo bully que me arruinó la escuela y ahora era mi dueño.
— ¡Más rápido, trola de mierda, parecés una tortuga renga! ¡Muevete o te juro que hoy no ves un solo peso para comprarle leche al pibe! Me gritó él furioso, sacudiéndose la verga con la mano y mirándome con una superioridad asquerosa.
— Perdón, mi vida, ya llego, ya llego... mirá cómo voy por tu verga, papi, cómo me muero por tenerla adentro. Le suplicaba gateando más apurada, obligándome a sonreír y a poner cara de calentura mientras por dentro lo odiaba con cada célula de mi alma, deseando que se muera ahogado en su propio escabio.
Llegué hasta sus pies, con las rodillas marcadas y la respiración cortada, y me quedé de rodillas mirándole la poronga erecta y sudada que me ponía en la cara. Él me agarró del pelo con una fuerza brutal, tirándome la cabeza hacia atrás para que quedara bien expuesta a sus caprichos.
— ¿Así que querés que te coja hoy para juntar tus monedas pedorras, eh? ¿Te gusta venir a manguearme a cuatro patas, perra barata? Me escupió en la cara, riéndose borracho de mi estado de degradación total.
— Sí, por favor, Braian... cogeme todo lo que quieras, haceme tu puta, rompeme la concha y el culo las veces que se te cante... Le rogué con falsos gemidos de deseo, suplicándole con una obsesión fingida, sabiendo que cada estocada era un peso más para nuestra supervivencia y una tajada más para el OnlyFans que él mismo me había obligado a abrir para robarme el 99% de las ganancias.
— Sos una puta insaciable, te encanta que te trate como a la basura que sos, ¿viste? Mirá cómo se te hace agua la boca por mi verga, sos una arrastrada. Me humilló el chabón, apretándome el cuero cabelludo con más rabia mientras yo me tragaba el orgullo y le besaba los muslos sudados.
— Sí, soy tu puta, soy tu perra sumisa... por favor, métemela ya, no aguanto más sin sentirte adentro, papi... Le seguí mintiendo, usando todos los trucos de puta barata para prenderlo más rápido, aunque sabía muy bien que de nada servía: cada cogida suya iba a durar entre una y tres horas enteras de dolor puro, violaciones sin piedad y gemidos falsos que me destrozaban el alma.
— Bueno, ya que tanto la pedís y te portás como la esclava que sos, vas a arrancar con una buena chupada antes de que te abra al medio como a una yegua. Me ordenó el maldito, empujándome la cara contra su entrepierna apestosa mientras la rabia, el asco y el terror se me mezclaban en el pecho.

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El hijo de puta de Braian entró pateando la puerta de mi casa, completamente borracho, alterado, sudado y con una calentura furiosa acumulada. Venía oliendo a alcohol barato y a calle, con los ojos inyectados en sangre y esa cara de desprecio que siempre me hizo mierda desde la época de la escuela. Se tiró sentado en el sillón de la sala, abriéndose las piernas de golpe mientras me señalaba el piso con la mirada.
— ¿Qué hacés ahí parada, pedazo de trola? Sacate la ropa de una vez y sentate arriba mío, que tengo la verga dura y te quiero romper el orto para la cámara, dale. Me gritó Braian con esa voz ronca y pesada que me helaba la sangre.
— S-sí, mi amor... ya me pongo, tranquila que ya te complazco... Le dije con la voz melosa y falsa, forzando una sonrisa patética mientras me desnudaba rapidísimo para actuar como la puta sumisa que me exigía ser.
En mi mente, el odio me quemaba las entrañas como ácido puro; lo detestaba con cada fibra de mi alma, lo aborrecía por haberme arruinado la vida y convertido en esto. Pero apenas lo miraba a los ojos, el instinto de supervivencia por criar a nuestro hijo y la necesidad de juntar aunque sea un peso por cada cogida me obligaban a tragarme todo el orgullo y arrastrarme.
— Apurá el tranco, perra de mierda, que no te pago un peso por cogida para que andes tardando. Me insultó él con rabia, agarrándome fuerte de los pelos para tirarme hacia su entrepierna.
— Perdón, mi vida, es que te quiero calentar bien para que me uses todo lo que quieras... Le rogué con falsa devoción, subiéndome de golpe a horcajadas sobre su cuerpo mientras la cámara del celular nos enfocaba de frente para el OnlyFans que me había obligado a abrir (donde él se quedaba con el 99% de las ganancias).
Apenas me senté arriba de su verga de 23 centímetros, el chabón me manoteó con una fuerza brutal de las piernas, doblándomelas hacia arriba y juntándome las rodillas bien abiertas a los costados de su torso, mientras me estiraba los brazos hacia atrás para agarrarme de los cabellos y juntarme las manos detrás de la cabeza. Con esa postura sádica, me dejó la vagina totalmente expuesta y vulnerable frente al lente, mientras me clavaba su verga de golpe directo en el culo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, MI AMOR... POR FAVOR! Aullé desgarrada, sintiendo cómo el orto se me abría en dos por la brutalidad de su embestida.
— Mirá cómo te rompo el culo, puta del orto, bien abierta para la cámara y para que todos vean cómo te gozás con la verga de tu bully. Se burló Braian, riéndose a carcajadas mientras me reventaba el ano a pura fricción.
— S-sí... ¡ay, dios, más fuerte, mi amor, rompeme el culo! Fui fingiendo mis gemidos de placer, arqueando la espalda y poniendo cara de desesperada para que el video quedara ultra caliente y se corriera rápido.
— ¿Te gusta que te coja así, trola? ¿Te encanta sentir la verga de tu macho en el orto mientras te pagué un peso? Me humilló el maldito, dándome un manotazo seco en una nalga que me hizo arder la piel.
— ¡Me encanta, mi amor! ¡Haceme tuya, destruime el culo y la concha todo el día! Le suplicaba con falsa obsesión, haciéndome la puta pajera y caliente para acelerar su orgasmo, aunque cada estocada me destrozara por dentro.
— Si querés juntar guita para darle de comer al pibe, vas a tener que chuparla, coger y dejarte reventar las veces que se me cante, perra barata. Me escupió él al oído, oliendo a alcohol y sudor rancio.
— Sí, te lo ruego, cogeme mil veces más, pagame lo que quieras pero no dejes de usarme... Le lloraba yo de rodillas sobre su pelvis, tragándome las náuseas y el llanto real para actuar el papel de puta sumisa que necesitaba para sobrevivir.
Por más trucos que intentaba hacer para que se corriera rápido y terminar con el suplicio —apretándole el culo, gimiéndole falso en la oreja, moviéndole las caderas con desesperación—, con él nunca servía de nada. El muy hijo de puta me tenía ahí abajo cogiéndome sin piedad de una a tres horas seguidas, aprovechándose de mi hambre, de mi necesidad de dinero y de mi desesperación.
— Sos una máquina de tragar leche y verga, sos mi prostituta personal que me sale dos mangos. Siguió insultándome mientras me agarraba de la garganta y me apretaba con bronca.
— S-sí... lo que vos digas, mi amor... Dije ahogada, sintiendo que la falta de aire y el dolor en el culo me nublaban la vista, mientras seguía saltando arriba suyo, fingiendo un orgasmo falso para alimentar su ego enfermo, sabiendo que al final de esa pesadilla interminable solo me esperaba una moneda miserable y la marca imborrable de su desprecio.

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El maldito de Braian tiró la puerta de una patada, entrando a mi departamento completamente borracho, alterado, oliendo a sudor rancio y con la bragueta medio abierta. Se desplomó en el sillón de golpe, con los ojos inyectados en sangre por el estrés y el alcohol, y me miró como si fuera la peor escoria de la tierra.
— ¿Qué hacés ahí parada con esa cara de orto, pedazo de puta? ¿No ves que vine caliente y cansado de la calle? Me gritó Braian, agarrándome del pelo y tironeándome hasta dejarme de rodillas frente a sus patas.
— S-sí, mi amor... perdón, ya te preparo todo para que me uses como quieras... Le dije cambiando la voz al instante, adoptando ese tono meloso, falso y ultra sumiso que practicaba todos los días para mantenerlo contento por nuestro hijo.
— ¿Qué me decís "mi amor", estúpida? ¡Vos sos mi puta barata y nada más! Si querés sumar los cien pesos diarios para comprarle la leche al pibe, vas a tener que ganártelos agachando la cabeza, ¿entendiste? Me respondió él, dándome una cachetada seca que me dejó la cara ardiendo.
— S-sí, Braian, tenés toda la razón... soy tu puta, usame por favor, necesito que me cojas hoy para juntar la plata... Le rogué con lágrimas falsas en los ojos, obligándome a actuar como una prostituta desesperada mientras por dentro lo mataba con el pensamiento.
— Así me gusta, que te tragues el orgullo, perra. A ver si te ponés las pilas con el OnlyFans también, que los pajeros de internet pagaron poco esta semana y me quedé con el noventa y nueve por ciento de las ganancias. Me dijo él con una sonrisa sádica, sacando el celular para ver las estadísticas de mi perfil porno.
— S-sí, ya grabé los videos que me pediste... me rompí la concha y el culo grabando para tus seguidores... Le dije fingiendo una sumisión extrema, sabiendo que toda esa plata se la llevaba él mientras a mí me dejaba apenas las monedas contadas.
— Más te vale que garpen bien, porque a mí no me importa si tenés hambre o si el pibe llora. Ahora sacate la ropa y ponete en cuatro, que te voy a hacer mierda la vagina y el orto sin un segundo de piedad. Me ordenó el maldito, levantándose de prepo y manoteándome de la cintura.
Me desnudé a las apuradas en medio de la sala, temblando de una mezcla de bronca, asco y excitación retorcida que mi cuerpo obligado ya tenía normalizada. Me puse de cuatro sobre la alfombra, ofreciéndole el cuerpo entero mientras el alcohol y la furia lo hacían empalmarse al instante.
— ¡Aiaaaah! ¡Por favor, metémela toda de golpe, hacéme tuya, rompeme la concha! Le empecé a suplicar con voz de perra en celo, fingiendo un placer que me daba náuseas, usando todos mis trucos para que se corriera lo más rápido posible.
— Mirá cómo se te abre esa concha mugrienta, te encanta que te coja como a una yegua, ¿no, trola? Me gritó Braian, enterrándome sus 23 centímetros de un solo golpe seco y brutal que me sacó un grito real de dolor.
— S-sí... ¡ay, sí, qué rica la tenés adentro, cógeme todo el día, por favor! Gemí exageradamente, arqueando la espalda para que sintiera el apretón, intentando que se descargara rápido en los primeros minutos.
Pero con él los trucos nunca servían. El maldito era una máquina de coger, y cada sesión conmigo duraba entre una y tres horas seguidas de pura violencia sexual.
— No te hagas la que te gusta tanto, perra de mierda, si yo sé bien que por dentro me odiás, pero te abrís de piernas porque te mueres de hambre y necesitás mi peso por cogida. Se burló él en mi cara, agarrándome del cuello para ahogarme mientras me embestía el culo sin anestesia.
— ¡N-no te odio... te amo, por favor cógeme más fuerte! Le mentí llorando de la desesperación, soportando los latigazos de sus caderas contra mis glúteos mientras me destrozaba por dentro.
— Coge y callate, puta, que tenés que llegar a las cien cogidas de hoy si querés comprar algo en el almacén. ¡Mirá cómo me apretás el orto, pedazo de enferma! Me gritó aumentandose el ritmo, dándome cachetadas en las nalgas hasta dejármelas rojas e hinchadas.
Durante dos horas largas me usó de la vagina al culo sin frenar, cambiándome de posición, escupiéndome la espalda y tratándome como a un animal de desecho, mientras yo me tragaba las lágrimas de odio puro sabiendo que mi hijo dependía de cada embestida de mi propio violador y bully.
— ¡Ya me voy a correr, trola de mierda, prepará la boca! Rugió Braian con la voz ronca, dándose la vuelta y obligándome a darme vuelta boca arriba con las piernas abiertas al máximo.
Se vino de golpe dentro de mi cara y mi boca, disparando chorros espesos y calientes de semen que me inundaron los labios, la barbilla y los ojos. Me arrodillé de inmediato, tragándome la leche con desesperación mientras las lágrimas se me mezclaban con el maquillaje corrido y el sudor de la cara.
— Tragátela toda, basofia. No me vayas a escupir nada porque cada gota de esa leche vale más que toda tu vida junta. Me dijo él abrochándose el pantalón con desprecio.
— G-gracias... gracias por alimentarme... Le dije tragando con arcadas, con la voz rota y los ojos anegados en llanto.
— ¿Viste? Agradecé que soy bueno y te doy plata para que no se gaste en alimentar a una puta inútil como vos. Ahora limpiate la boca y andá a cuidar al pibe, que ya te pagué tu peso de hoy. Me sentenció Braian con una última carcajada sádica, tirándome una moneda a los pies antes de dar media vuelta y cerrarle la puerta en la cara a mi miseria.

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El sonido de la puerta abriéndose de golpe me sacó de mis pensamientos. Braian entró a la casa dando tumbos, totalmente borracho, con los ojos inyectados en sangre, la respiración agitada y un olor denso a alcohol barato y sudor rancio impregnado en su ropa deportiva. Venía pasado de rosca, alterado y con una rabia contenida que siempre terminaba descargando sobre mi cuerpo.
— ¡Mirá cómo me ponés, pedazo de trola, vine caliente perdido y te quiero ver de rodillas ya mismo! Me gritó Braian con voz ronca, pegándole una patada a la mesa de la cocina.
— S-sí, mi amor... lo que vos quieras, ya me pongo para vos... Le dije con la voz melosa, forzando una sonrisa patética y fingiendo una sumisión absoluta, aunque por dentro mi alma ardía en un odio mortal hacia él.
— ¡Dejate de pavadas y ponete en cuatro arriba de esa silla, dale! ¡Mostrame ese culo de puta que tengo que usar para pagar tus cuentas, maldita hambrienta! Me exigió el chabón, agarrándome del pelo con furia.
Apoyé las manos temblorosas sobre la mesada de la cocina y trepé a la silla, acomodándome en cuatro patas con la cola bien alta. Empecé a perrear y a mover las caderas de manera exagerada, arqueando la espalda para exhibirle cada rincón de mi cuerpo, sabiendo perfectamente que esa era la única manera de encender a mi bestia.
— Mmmh... mirá cómo te muevo el orto para vos, Braian... vení a rompérmelo todo, haceme mierda... Gemí de manera fingida, exagerando cada movimiento para engatusarlo y asegurarme de que me clavara las suficientes cogidas para juntar los pesos que necesitaba para darle de comer a nuestro hijo.
— ¡Eso, perra, mirá cómo se me pone dura de verte tan regalada! ¡Vos naciste para abrir las piernas y ser mi putita personal! Me ladró él, sacándose el pantalón a los tirones mientras se relamía viendo mi cuerpo.
— Sí... cogeme todo el día, papi... usame como a la más barata, haceme tuya... Le seguí rogando con una falsa desesperación en la voz, tragándome las náuseas y el asco profundo que me daba tener que actuar como una obsesionada sexual para manipular su calentura.
Sabía que cada embestida suya valía un miserable peso, y que para juntar lo necesario para sobrevivir en este país y mantener al nene, el maldito me tenía que cagar a cogidas cien mil veces al mes, sin contar el contenido porno de OnlyFans que me obligaba a grabar y del cual él se robaba el 99% de las ganancias.
— ¡Doblate más, trola! ¡A ver si con este culo gordo hacés que me corra rápido, aunque con lo caliente que estoy te voy a dar tres horas seguidas! Me escupió el chabón, abalanzándose sobre mí sin una pizca de piedad.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡METÉMELA TODA, DALE! Aullé cuando sus 23 centímetros se me clavaron de golpe en la vagina de un solo viaje salvaje, desgarrándome por dentro mientras me embestía sin preámbulos.
— ¿Viste cómo te encanta, sucia? ¡Si gimes así de bien es porque te fascina que tu bully te use como a una basura! Se burló él, agarrándome de la cintura con fuerza bruta para acelerar el ritmo.
— Mmmh... ¡sí, me encanta... me duele tan rico... ahh... s-seguí... Masticando mi orgullo, fingí un orgasmo estrepitoso, apretando los ojos y retorciéndome para hacerle creer que me estaba volviendo loca de placer, cuando en realidad cada estocada me quemaba el alma y me hacía desear su muerte.
— ¡No te hagas la que te corrés, puta de mierda, si vos sos mía y te voy a coger hasta que te desmayes! Me gritó al oído, cambiando de rumbo de golpe y clavándome la verga de lleno en el culo a pura fricción y sin lubricación.
— ¡¡¡AY, DIOS... POR FAVOR, EL ORTO NO... AHHH... M-METÉMELA DONDE QUIERAS PERO NO PARES! Le supliqué llorando lágrimas de verdad, usando su propio sadismo en mi contra, rogándole y suplicándole como una perra desesperada para alimentar su ego de macho violento.
— ¡Suplicame más, perra miserable! ¡Acordate de que sin mí te morís de hambre vos y el crío, así que vas a tragar verga todo el día! Me insultó el muy hijo de puta, dándome nalgadas tan violentas que el ruido resonaba en toda la cocina.
— Te lo ruego, Braian... usame, violame, haceme lo que quieras... soy tu puta barata... Gimoteaba contra la mesada, mientras sentía cómo el sudor de su cuerpo me mojaba la espalda y su aliento alcohólico me quemaba la nuca.
— ¡Eso, pedazo de trola, seguí pidiéndome más leche que te la voy a vaciar toda adentro otra vez! Me rugió él, acelerando las embestidas a un ritmo infernal, decidido a mantenerme atada a su verga durante horas enteras, destruyéndome la vida a cambio de monedas mientras yo fingía adorar mi propia ruina por el futuro de nuestro hijo.
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