Pasó un año desde que nació la criatura fruto de los abusos de Braian, y mi vida se había convertido en un infierno mecánico, pornográfico y despiadado. El trato seguía siendo el mismo: un peso miserable por cada cogida, lo que significaba que para comprar algo básico tenía que dejar que me destruyera cientos de veces. Además, me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans donde grabábamos contenido explícito, aunque el hijo de puta se quedaba con el 99 por ciento de los ingresos, dejándome apenas las monedas con las que me pagaba por cogida.
Esa noche cayó totalmente borracho, alterado, estresado del trabajo y con la pija dura de puro vicio. Entró a patadas a la casa, me tiró contra el piso de la cocina y me arrancó la ropa a tirones.
— ¡Levantate, perra de mierda, ponete en cuatro que hoy necesito desquitarme con tu concha y tu orto! Me gritó Braian con los ojos inyectados en sangre, escupiendo alcohol por la boca.
— S-sí, mi amor... lo que vos quieras, ya me pongo para vos... Le dije con la voz melosa y falsa, cambiando de golpe la furia que sentía por dentro para actuar como una puta sumisa y obsesionada.
— ¡No me digas "mi amor", pedazo de trola, sos mi basurero personal y mi puta barata! Me respondió dándome una patada suave en la costilla.
— Perdón, perdón, tratame como quieras pero usame, por favor vení a cogerme... Le rogué con lágrimas falsas en los ojos, arrastrándome por el piso para que se le parara más rápido.
— Mirate cómo suplicás por verga, te encanta ser mi perra sucia, ¿no? Se burló el chabón, agarrándome de los pelos para levantarme.
— Me encanta, Braian... necesito que me rompas toda, por favor haceme tuya... Le dije, frotándole la verga contra la panza para asegurarme de que no se le bajara.
— Prepará la cámara del celular antes, idiota, que hoy hay que grabar material para el OnlyFans que rinda plata. Me ordenó, tirando el teléfono sobre la mesa.
— Ya está grabando, mi vida, todo para que facturemos y para nuestro hijo... Le mentí, mientras por dentro lo detestaba con cada fibra de mi alma.
— ¡Callate la boca y dejá de hablar pelotudeces! Me gritó, empujándome de cabeza contra el piso para metérmela de prepo por el culo sin una gota de lubricante.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡Hijo de puta, me desgarrás! Grité de verdad por el dolor atroz, sintiendo sus 23 centímetros clavándose a seco.
— ¿Qué pasa, puta? ¿Gritás de dolor o de placer? Si fingís mal el orgasmo te descuento del peso diario, ¿eh? Me amenazó, embistiéndome con una violencia desquiciada.
— ¡Ahhh... sí, sí, me encanta, rompeme el orto, Braian! Gemí forzando la voz, arqueando la espalda y actuando como una ninfómana descontrolada para mantenerlo caliente y que no parara de sumarme pesos.
— ¡Mirá cómo me apretás con ese orto de puta, te voy a coger tres horas seguidas por hacerte la viva! Me insultó el chabón, agarrándome de las caderas y dándome una paliza sexual interminable.
Durante las siguientes dos horas y media me violó sin piedad por la vagina y por el culo alternadamente, tratándome como a un objeto de desecho. Yo usaba todos mis trucos: le besaba los pies transpirados, le decía guarangadas, le rogaba que me llenara de leche y fingía espasmos de placer mientras por dentro lloraba de asco y frustración sabiendo que mis tácticas para hacerlo correr rápido eran inútiles contra su resistencia de animal.
— ¡Por favor, vení a cogerme más, pagame más cogidas, necesito plata para el nene! Le suplicaba entre lágrimas reales y gemidos falsos.
— ¡Te voy a exprimir hasta la última gota, sos mi esclava y mi puta barata, te voy a coger 100 mil veces si se me canta! Me gritaba él, agarrándome del cuello y ahorcándome un poco para dominarme más.
— ¡Sí... matame a garchadas, haceme tuya... por favor corrédate adentro! Le rogaba con una obsesión enfermiza actuada.
Al final, después de tres horas exactas de una violación brutal, el chabón dio un par de estocadas finales salvajes y se vino con todo dentro mío, gritando insultos. Cuando terminó, me sacó la verga de golpe y ni se dignó a ayudarme a levantarme. Me dejó tirada boca abajo en el piso frío, con las piernas abiertas en el aire, totalmente desnuda, humillada y cubierta por miles de litros de semen que mechorreaban por las piernas y la cola.
— Tomá, acá tenés tus dos pesos de hoy, perra. Limpiate el piso con la lengua antes de acostarte. Me tiró las monedas sobre la espalda y se fue a la rastra, dejándome sola en la oscuridad con mi miseria.

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El maldito de Braian se había instalado en mi pieza como un patrón de estancia, tirado arriba de la cama con una lata de cerveza en la mano, transpirado, borracho y con esa cara de desprecio que me destrozaba por dentro. El negocio miserable que teníamos era una tortura sin final: un peso por cada cogida, mil veces para juntar apenas para comprar algo, sumado al OnlyFans que me había obligado a abrir donde él se quedaba con el 99% de la plata. Todo lo hacía por nuestra criatura, para que no pasara hambre, tragándome el asco y convirtiéndome en su puta personal.
— Sentate en el piso de baldiza, perra, que quiero ver cómo laburás para la cámara de una vez por todas. Me ordenó Braian, dándole un trago largo a su cerveza y tirándome un frasco de aceite corporal en las piernas.
— S-sos un h-hijo de puta... mirá en lo que me convertís por monedas... Le dije tartamudeando, con los ojos llenos de bronca contenida mientras me sentaba en el suelo frío frente al trípode.
— ¿Qué murmurás, trola? Agarrá el aceite, embadurnate bien el cuerpo y empezá a tocarte como te lo ordeno, o hoy no hay un solo peso para la leche del pibe. Me gritó él, furioso y alterado por el alcohol.
Con el estómago revuelto y el corazón latiéndome a mil por la humillación, abrí el frasco y empecé a desparramar el aceite por mis piernas, mi panza y mis tetas, dejando que todo mi cuerpo brillara bajo la luz de la pieza.
— E-está bien... ya me estoy aceitando... m-mirá cómo lo hago para vos, mi amor... Actué al instante, cambiando la cara de odio por una sonrisa fingida y falsa, metiéndome en el papel de puta obsesionada que a él le gustaba.
— Eso, ponete bien lubricada para tus clientes virtuales, perra barata. Mostrá las tetas, dale, apretate los pezones y hacé caritas de calentita. Me exigió el chabón, riéndose de verme ahí abajo.
— M-mirá cómo me toco para vos, Braian... mirá cómo me pongo dura de ganas... gemí de manera exagerada, levantando una pierna hacia el costado mientras con una mano me frotaba el clítoris y con la otra me retorcía un pezón aceitado.
— Jajaja, mirá la carita de trola que ponés. Te encanta que te degrade y te use, ¿viste? Sos una puta nacida para esto. Me insultaba él desde la cama, disfrutando del show con su cerveza en la mano.
— S-sí... me encanta... soy tu puta sumisa, hago lo que quieras para que me pagues... Gemí más fuerte frente al lente, fingiendo un orgasmo falso con espasmos en las piernas para calentar el contenido y asegurar que el hijo de puta siguiera viniendo a cogerme horas enteras.
— Fingí todo lo que quieras, golosa, total sé bien que por dentro me odiás, pero te morís por tragarte toda mi leche y que te rompa la concha. Me lanzó él con desprecio, escupiendo las palabras mientras se le empezaba a parar la verga de verlo en vivo.
— Te lo suplico, vení a cogerme... haceme tuya, rompéme el culo o la vagina, lo que quieras, pero pagame mis pesos... Le rogué con voz melosa y falsa, arrastrándome por el suelo aceitado, dispuesta a soportar de una a tres horas seguidas de violación y castigo físico con tal de cumplir con la cuota de mi miseria y cuidar a nuestro hijo.

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Llevaba un año atrapada en este infierno. El maldito de Braian, mi bully, mi violador y el padre de la criatura que lloraba en la cuna del fondo, me había convertido en su propiedad absoluta. Me pagaba un peso miserable por cada cogida, obligándome a abrirle las piernas cientos de veces al mes solo para juntar algo de plata para comer. Además, me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans donde grabábamos porno explícito todos los días, aunque el hijo de puta se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí apenas me dejaba las monedas para los fideos.
Esa tarde entró a casa alterado, borracho y con una vena hinchada en la frente, apestando a alcohol y sudor de la calle. Yo estaba limpiando el piso de la cocina completamente desnuda bajo un disfraz de mucama rasca, sin ropa interior, agachada a propósito para dejarle el culo y la vagina al descubierto y tentarlo apenas cruzara la puerta.
— Mirá a la puta mucama cómo me espera con el orto al aire, lista para que la rompa. Soltó Braian con una risa brava, agarrándome del pelo desde atrás sin previo aviso.
— S-sí, mi amor... vení a cogerme, por favor, te necesito adentro mío todo el día... Le dije fingiendo una desesperación caliente, gimiendo falsamente para prenderlo al instante, aunque por dentro lo detestaba con cada fibra de mi alma.
— ¿Así que querés verga, trola? ¿Extrañás que te vacíe la concha para ganarte tu pesito? Me escupió al oído, tirándome con fuerza contra la mesada y bajándose los pantalones de un cachetazo.
— Sí, por favor, haceme mierda, matame a cogidas... gemicé arqueando la espalda, exagerando cada movimiento para que se le parara al mango y me usara rápido, aunque sabía muy bien que sus cogidas nunca duraban menos de dos o tres horas seguidas de puro dolor.
— Qué golosa estás hoy, perra, te encanta ser mi puta personal. Me rugió furioso, metiéndome los 23 centímetros de un solo golpe seco, sin lubricación, desgarrándome la vagina de inmediato.
— ¡¡¡AAAHHHH! ¡SÍ, MÁS FUERTE, ROMPEME TODO! Le grité fingiendo un orgasmo estruendoso, clavando las uñas en la madera para hacerle creer que me encantaba, mientras las lágrimas reales de odio me quemaban las mejillas.
— ¡Mirá cómo apretás, te encanta que te viole, sos una adicta a mi verga! Se burló él, agarrándome de la cintura y acelerando el ritmo a pura violencia, golpeando mis caderas contra el mueble.
— ¡Te lo ruego, Braian, cogeme todo el día, no pares nunca! Le supliqué con voz melosa y falsa, rogándole más abusos porque cada embestida significaba un peso más para comprarle la leche al nene.
— ¡Cerrá el orto y tragate mis embestidas, puta barata! Me gritó, dándome vuelta de golpe para tirarme al piso y obligarme a ponerme en cuatro en medio de la cocina.
— ¡Sí, haceme tuya, violame el culo si querés, pero pagame cada cogida! Gemí exageradamente, contorsionando el cuerpo y mostrando la cola con descaro para mantenerlo caliente y desesperado por mí.
— Cada vez estás más enferma por mi leche, te volviste una pendeja adicta a que te recontra cojan por dos mangos. Me humilló el chabón, agarrándome de las mechas para tirarme la cabeza para atrás mientras me embestía el ano sin piedad.
— ¡Aiaaah! ¡Sí, amo, rompeme el orto, soy tu puta de OnlyFans, haceme lo que quieras! Le mentí a los gritos, tragándome el asco y el dolor insoportable para alimentar su ego de macho violento.
— ¡Mirá cómo chorreás, sos una degenerada de mierda! ¿Querés que te pague? Ganate el peso sufriendo, perra. Me insultó él, sudando como un animal y empujándome con más saña.
— ¡Por favor, reventame adentro, dejame un bombo nuevo si querés, pero no me dejes de coger! Le lloré falsamente, utilizando su propio sadismo y mis falsos gemidos para manipularlo y asegurarme las próximas monedas del día.
— ¡Callate y seguí gimiendo así de puta, que te voy a reventar a pija hasta que te desmayes! Rugió Braian, acelerando como un conejo rabioso mientras me seguía usando y degradando sin un ápice de piedad.

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El aire en el departamento estaba cargado de un calor pesado y rancio, mezclado con olor a alcohol barato, sudor y el encierro de una vida que ya no me pertenecía. Estaba completamente desnuda sobre el sillón gastado de la sala, temblando de una mezcla de bronca, hambre y desesperación. Braian acababa de dejar a nuestro hijo en la cuna de la otra habitación y había vuelto a la sala con los ojos inyectados en sangre, borracho, alterado y con una calentura descontrolada que siempre terminaba rompiéndome por dentro.
— Mirate ahí, tirada como la perra barata que sos, esperando a que tu dueño te sacuda de nuevo. Me escupió Braian con una sonrisa torcida, desabrochándose el pantalón con violencia.
— S-sí, mi amor... vení a usarse a tu puta, rompeme toda como te gusta... Le dije con la voz melosa, forzando una sonrisa patética y arrastrándome sobre las almohadas para besarle las rodillas, mientras por dentro lo odiaba con cada fibra de mi alma, deseando que se pudriera en el infierno.
— ¡Hacete la caliente, trola de mierda, que sé bien que querés que te clave los 23 centímetros hasta que no des más! Me gritó furioso, agarrándome del pelo y tirándome la cabeza hacia atrás.
— ¡Ay, sí, por favor! ¡Tengo la concha quemando de ganas por tu verga, Braian! ¡Haceme tuya todo el día, no pares nunca! Le supliqué gimiendo de manera exagerada, actuando como una puta obsesionada y fingiendo un placer que solo era dolor puro y asco.
— ¿Viste? Al final te encanta que te trate como a la basura que sos, si no me suplicás no servís para nada. Me humilló el maldito, empujándome la cara contra su entrepierna sudada para que empezara a chupársela.
— Mmmgh... mmmf... Atragantándome con su olor fuerte, empecé a chupárselo con desesperación, metiéndome los dedos en la vagina y pasándomelos por los labios para calentarlo más rápido, usando todos los trucos de puta que me había obligado a aprender para que se le parara al instante.
— Mové la boca más rápido, golosa, que por cada cogida te llevo la cuenta de tu peso miserable. ¿Te pensás que 100 pesos te van a alcanzar para mantener al pibe? Vas a tener que darme el orto y la concha mil veces más si querés comprar algo. Me recriminó, aprovechándose de mi hambre, de la necesidad de plata y de nuestro hijo para destrozarme.
— Te lo ruego, mi vida... cogeme todo el día, haceme tuya en la cama, en el piso, donde quieras... ¡Cógeme las 100 veces que necesitemos para la plata, te lo suplico! Gimoteé falsamente, rogándole de rodillas mientras le pajeaba la verga dura.
— Qué patética sos, cómo te humillás solita por monedas, pero con la economía de hoy en día soy el único que te paga una puta personal por un peso. Se burló con una carcajada sádica, tirándome de las caderas y abriéndome las piernas a la fuerza.
Sin una sola gota de piedad, me clavó la verga de un solo golpe seco y profundo directo en la vagina, haciéndome aullar de dolor mientras el cuerpo se me estiraba y se desgarraba por dentro.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡MÁS FUERTE, SÍ, ROMPEMELA! ¡ASÍ, MI AMOR, DESTROSÁME LA CONCHA! Le grité fingiendo un orgasmo escandaloso, arqueando la espalda y clavándole las uñas en la espalda para que sintiera que me volvía loca, aunque la realidad era que cada embestida me quemaba como fuego.
— ¡Mirá cómo apretás esa concha rota, sos una insaciable de mierda! Me rugió al oído, acelerando las estocadas salvajes, brutales, sin importarle que ya llevábamos más de dos horas de violación continua.
— ¡Sí, matame a cogidas! ¡Haceme tu puta de OnlyFans, grabame todo lo que quieras para que tus amigos me vean, pero no pares de cogerme! Le suplicaba con la voz quebrada, sabiendo que él se llevaba el 99% de los ingresos de los videos porno que me obligaba a grabar.
— Te voy a hacer coger 100 mil veces este mes, perra, vas a vivir con la concha y el orto reventados de tanta leche mía. Me amenazó, dándome una nalgada que me dejó la piel en carne viva mientras me daba vuelta y me empalaba por el culo sin anestesia.
— ¡¡¡AYYYY NO, EL ORTO NO... BUENO SÍ, ROMPEMELO TODO, TE AMO, TE AMO! ¡DAME MÁS! Le lloré y le mentí en la cara, sufriendo en silencio el dolor insoportable de sentir mi tejido anal cediendo ante su tamaño.
— Decime que me amás, puta, decime que sin mi verga no vivís. Me exigió con los ojos inyectados en locura, agarrándome del cuello y ahorcándome apenas para dominarme por completo.
— ¡Te amo... te odio tanto que te amo, sos mi vida, Braian... cogeme hasta reventar! Gimió mi boca, mientras mi mente gritaba que lo aborrecía y que daría mi vida entera por verlo desaparecer.
— Eso, llorá y suplicame más, que así sos perfecta para mí. Se rio el maldito, viniéndose adentro mío con una violencia desatada, llenándome todo el interior de semen caliente mientras yo fingía temblar de un falso éxtasis, atrapada para siempre en esta pesadilla donde mi cuerpo era solo una moneda de cambio.

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Estaba en cuatro sobre las sábanas sucias de la cama, temblando de frío y con los músculos adoloridos de tanto que me había usado. Braian acababa de llegar completamente borracho, alterado y oliendo a sudor rancio, furioso por el estrés de la calle. Se paró atrás mío y me apoyó la cabeza de su verga gorda y pesada directamente sobre la entrada del culo, dejándola reposar ahí para humillarme antes de empezar a castigarme por mis monedas miserables.
— A ver, perra barata, ponete en cuatro bien como me gusta y empezá a perrear si querés que te toque la plata hoy. Me ordenó Braian con la voz ronca, pegándome una nalgada seca que hizo temblar mis caderas.
— S-sí, mi amor... lo que quieras, por favor vení a usarseme toda, haceme tu puta. Le dije fingiendo una desesperación caliente, arrastrando la voz y moviendo la cola de forma obscena para excitarlo al instante.
— Miren a la trola esta, cómo mueve el orto ahora que sabe que hay un peso en juego... Te encanta que te rompa todo, ¿no? Me escupió él con desprecio, frotándome su carne sudada entre las nalgas.
— Sí, Braian, por favor... me muero por tu verga, metémela toda en el culo o en la concha, haceme mierda. Le supliqué gimoteando falsamente, mientras por dentro sentía unas arcadas de asco insoportables y lo maldecía con toda mi alma.
— Qué patética sos, puta... Me rogás como una obsesionada mientras tu propia cara te delata que sos una basura hambrienta. Pero bueno, tu hambre y el pibe son tu problema, a mí solo me servís para descargarme. Me dijo el muy hijo de puta, riéndose de mi miseria económica.
— Te lo ruego, mi vida... cógeme mil veces si querés, pagame el peso, hacé conmigo lo que se te cante pero no pares de usarme. Le imploré girando la cabeza hacia atrás con una sonrisa de falsa sumisión, pensando en que cada embestida suya era un centavo más para mantener a nuestro hijo.
— ¿Querés ver plata, trola? Vas a tener que laburarla con ese orto y esa concha que tenés. Abrite bien las nalgas y pedime que te viole sin piedad, dale. Me exigió el chabón, apretándome el cuello con una mano.
— ¡Por favor te lo ruego, violame, reventame el culo y la vagina, haceme tu puta personal! Le supliqué con voz melosa y gemidos exagerados, usando todos los trucos sucios para hacer que se le parara todavía más duro y rápido.
— Así me gusta, perra enferma, suplicando por mi verga como una degenerada. Te voy a coger sin piedad durante horas, como hacé todos los días, para que te duela bien adentro. Me amenazó él, dándome un empujón brutal de pelvis que me hizo aullar.
— ¡Aiaaah! ¡Sí, más fuerte, rompeme toda! Gemí fingiendo un placer que me daba náuseas, intentando actuar como una puta obsesionada para que no se cansara de mí y siguiera viniendo a pagarme las 100 mil cogidas que necesitaba al mes.
— No finjas tanto el orgasmo, trola de mierda, si los dos sabemos que por más que quieras que termine rápido para cobrar, te voy a tener acribillada a garchadas de dos o tres horas seguidas como siempre. Se burló él, hundiéndome sus 23 cm sin piedad en las entrañas.
— ¡No me importa cuánto dure, mi amor! ¡Cógeme todo el día, haceme tu puta del OnlyFans, grabame y ganá el 99% de la plata, pero no me dejes sin tus pesos! Le rogué llorando de bronca, tragándome mi orgullo mientras me violaba con furia ciega sobre el colchón.
Esa noche cayó totalmente borracho, alterado, estresado del trabajo y con la pija dura de puro vicio. Entró a patadas a la casa, me tiró contra el piso de la cocina y me arrancó la ropa a tirones.
— ¡Levantate, perra de mierda, ponete en cuatro que hoy necesito desquitarme con tu concha y tu orto! Me gritó Braian con los ojos inyectados en sangre, escupiendo alcohol por la boca.
— S-sí, mi amor... lo que vos quieras, ya me pongo para vos... Le dije con la voz melosa y falsa, cambiando de golpe la furia que sentía por dentro para actuar como una puta sumisa y obsesionada.
— ¡No me digas "mi amor", pedazo de trola, sos mi basurero personal y mi puta barata! Me respondió dándome una patada suave en la costilla.
— Perdón, perdón, tratame como quieras pero usame, por favor vení a cogerme... Le rogué con lágrimas falsas en los ojos, arrastrándome por el piso para que se le parara más rápido.
— Mirate cómo suplicás por verga, te encanta ser mi perra sucia, ¿no? Se burló el chabón, agarrándome de los pelos para levantarme.
— Me encanta, Braian... necesito que me rompas toda, por favor haceme tuya... Le dije, frotándole la verga contra la panza para asegurarme de que no se le bajara.
— Prepará la cámara del celular antes, idiota, que hoy hay que grabar material para el OnlyFans que rinda plata. Me ordenó, tirando el teléfono sobre la mesa.
— Ya está grabando, mi vida, todo para que facturemos y para nuestro hijo... Le mentí, mientras por dentro lo detestaba con cada fibra de mi alma.
— ¡Callate la boca y dejá de hablar pelotudeces! Me gritó, empujándome de cabeza contra el piso para metérmela de prepo por el culo sin una gota de lubricante.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡Hijo de puta, me desgarrás! Grité de verdad por el dolor atroz, sintiendo sus 23 centímetros clavándose a seco.
— ¿Qué pasa, puta? ¿Gritás de dolor o de placer? Si fingís mal el orgasmo te descuento del peso diario, ¿eh? Me amenazó, embistiéndome con una violencia desquiciada.
— ¡Ahhh... sí, sí, me encanta, rompeme el orto, Braian! Gemí forzando la voz, arqueando la espalda y actuando como una ninfómana descontrolada para mantenerlo caliente y que no parara de sumarme pesos.
— ¡Mirá cómo me apretás con ese orto de puta, te voy a coger tres horas seguidas por hacerte la viva! Me insultó el chabón, agarrándome de las caderas y dándome una paliza sexual interminable.
Durante las siguientes dos horas y media me violó sin piedad por la vagina y por el culo alternadamente, tratándome como a un objeto de desecho. Yo usaba todos mis trucos: le besaba los pies transpirados, le decía guarangadas, le rogaba que me llenara de leche y fingía espasmos de placer mientras por dentro lloraba de asco y frustración sabiendo que mis tácticas para hacerlo correr rápido eran inútiles contra su resistencia de animal.
— ¡Por favor, vení a cogerme más, pagame más cogidas, necesito plata para el nene! Le suplicaba entre lágrimas reales y gemidos falsos.
— ¡Te voy a exprimir hasta la última gota, sos mi esclava y mi puta barata, te voy a coger 100 mil veces si se me canta! Me gritaba él, agarrándome del cuello y ahorcándome un poco para dominarme más.
— ¡Sí... matame a garchadas, haceme tuya... por favor corrédate adentro! Le rogaba con una obsesión enfermiza actuada.
Al final, después de tres horas exactas de una violación brutal, el chabón dio un par de estocadas finales salvajes y se vino con todo dentro mío, gritando insultos. Cuando terminó, me sacó la verga de golpe y ni se dignó a ayudarme a levantarme. Me dejó tirada boca abajo en el piso frío, con las piernas abiertas en el aire, totalmente desnuda, humillada y cubierta por miles de litros de semen que mechorreaban por las piernas y la cola.
— Tomá, acá tenés tus dos pesos de hoy, perra. Limpiate el piso con la lengua antes de acostarte. Me tiró las monedas sobre la espalda y se fue a la rastra, dejándome sola en la oscuridad con mi miseria.

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El maldito de Braian se había instalado en mi pieza como un patrón de estancia, tirado arriba de la cama con una lata de cerveza en la mano, transpirado, borracho y con esa cara de desprecio que me destrozaba por dentro. El negocio miserable que teníamos era una tortura sin final: un peso por cada cogida, mil veces para juntar apenas para comprar algo, sumado al OnlyFans que me había obligado a abrir donde él se quedaba con el 99% de la plata. Todo lo hacía por nuestra criatura, para que no pasara hambre, tragándome el asco y convirtiéndome en su puta personal.
— Sentate en el piso de baldiza, perra, que quiero ver cómo laburás para la cámara de una vez por todas. Me ordenó Braian, dándole un trago largo a su cerveza y tirándome un frasco de aceite corporal en las piernas.
— S-sos un h-hijo de puta... mirá en lo que me convertís por monedas... Le dije tartamudeando, con los ojos llenos de bronca contenida mientras me sentaba en el suelo frío frente al trípode.
— ¿Qué murmurás, trola? Agarrá el aceite, embadurnate bien el cuerpo y empezá a tocarte como te lo ordeno, o hoy no hay un solo peso para la leche del pibe. Me gritó él, furioso y alterado por el alcohol.
Con el estómago revuelto y el corazón latiéndome a mil por la humillación, abrí el frasco y empecé a desparramar el aceite por mis piernas, mi panza y mis tetas, dejando que todo mi cuerpo brillara bajo la luz de la pieza.
— E-está bien... ya me estoy aceitando... m-mirá cómo lo hago para vos, mi amor... Actué al instante, cambiando la cara de odio por una sonrisa fingida y falsa, metiéndome en el papel de puta obsesionada que a él le gustaba.
— Eso, ponete bien lubricada para tus clientes virtuales, perra barata. Mostrá las tetas, dale, apretate los pezones y hacé caritas de calentita. Me exigió el chabón, riéndose de verme ahí abajo.
— M-mirá cómo me toco para vos, Braian... mirá cómo me pongo dura de ganas... gemí de manera exagerada, levantando una pierna hacia el costado mientras con una mano me frotaba el clítoris y con la otra me retorcía un pezón aceitado.
— Jajaja, mirá la carita de trola que ponés. Te encanta que te degrade y te use, ¿viste? Sos una puta nacida para esto. Me insultaba él desde la cama, disfrutando del show con su cerveza en la mano.
— S-sí... me encanta... soy tu puta sumisa, hago lo que quieras para que me pagues... Gemí más fuerte frente al lente, fingiendo un orgasmo falso con espasmos en las piernas para calentar el contenido y asegurar que el hijo de puta siguiera viniendo a cogerme horas enteras.
— Fingí todo lo que quieras, golosa, total sé bien que por dentro me odiás, pero te morís por tragarte toda mi leche y que te rompa la concha. Me lanzó él con desprecio, escupiendo las palabras mientras se le empezaba a parar la verga de verlo en vivo.
— Te lo suplico, vení a cogerme... haceme tuya, rompéme el culo o la vagina, lo que quieras, pero pagame mis pesos... Le rogué con voz melosa y falsa, arrastrándome por el suelo aceitado, dispuesta a soportar de una a tres horas seguidas de violación y castigo físico con tal de cumplir con la cuota de mi miseria y cuidar a nuestro hijo.

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Llevaba un año atrapada en este infierno. El maldito de Braian, mi bully, mi violador y el padre de la criatura que lloraba en la cuna del fondo, me había convertido en su propiedad absoluta. Me pagaba un peso miserable por cada cogida, obligándome a abrirle las piernas cientos de veces al mes solo para juntar algo de plata para comer. Además, me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans donde grabábamos porno explícito todos los días, aunque el hijo de puta se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí apenas me dejaba las monedas para los fideos.
Esa tarde entró a casa alterado, borracho y con una vena hinchada en la frente, apestando a alcohol y sudor de la calle. Yo estaba limpiando el piso de la cocina completamente desnuda bajo un disfraz de mucama rasca, sin ropa interior, agachada a propósito para dejarle el culo y la vagina al descubierto y tentarlo apenas cruzara la puerta.
— Mirá a la puta mucama cómo me espera con el orto al aire, lista para que la rompa. Soltó Braian con una risa brava, agarrándome del pelo desde atrás sin previo aviso.
— S-sí, mi amor... vení a cogerme, por favor, te necesito adentro mío todo el día... Le dije fingiendo una desesperación caliente, gimiendo falsamente para prenderlo al instante, aunque por dentro lo detestaba con cada fibra de mi alma.
— ¿Así que querés verga, trola? ¿Extrañás que te vacíe la concha para ganarte tu pesito? Me escupió al oído, tirándome con fuerza contra la mesada y bajándose los pantalones de un cachetazo.
— Sí, por favor, haceme mierda, matame a cogidas... gemicé arqueando la espalda, exagerando cada movimiento para que se le parara al mango y me usara rápido, aunque sabía muy bien que sus cogidas nunca duraban menos de dos o tres horas seguidas de puro dolor.
— Qué golosa estás hoy, perra, te encanta ser mi puta personal. Me rugió furioso, metiéndome los 23 centímetros de un solo golpe seco, sin lubricación, desgarrándome la vagina de inmediato.
— ¡¡¡AAAHHHH! ¡SÍ, MÁS FUERTE, ROMPEME TODO! Le grité fingiendo un orgasmo estruendoso, clavando las uñas en la madera para hacerle creer que me encantaba, mientras las lágrimas reales de odio me quemaban las mejillas.
— ¡Mirá cómo apretás, te encanta que te viole, sos una adicta a mi verga! Se burló él, agarrándome de la cintura y acelerando el ritmo a pura violencia, golpeando mis caderas contra el mueble.
— ¡Te lo ruego, Braian, cogeme todo el día, no pares nunca! Le supliqué con voz melosa y falsa, rogándole más abusos porque cada embestida significaba un peso más para comprarle la leche al nene.
— ¡Cerrá el orto y tragate mis embestidas, puta barata! Me gritó, dándome vuelta de golpe para tirarme al piso y obligarme a ponerme en cuatro en medio de la cocina.
— ¡Sí, haceme tuya, violame el culo si querés, pero pagame cada cogida! Gemí exageradamente, contorsionando el cuerpo y mostrando la cola con descaro para mantenerlo caliente y desesperado por mí.
— Cada vez estás más enferma por mi leche, te volviste una pendeja adicta a que te recontra cojan por dos mangos. Me humilló el chabón, agarrándome de las mechas para tirarme la cabeza para atrás mientras me embestía el ano sin piedad.
— ¡Aiaaah! ¡Sí, amo, rompeme el orto, soy tu puta de OnlyFans, haceme lo que quieras! Le mentí a los gritos, tragándome el asco y el dolor insoportable para alimentar su ego de macho violento.
— ¡Mirá cómo chorreás, sos una degenerada de mierda! ¿Querés que te pague? Ganate el peso sufriendo, perra. Me insultó él, sudando como un animal y empujándome con más saña.
— ¡Por favor, reventame adentro, dejame un bombo nuevo si querés, pero no me dejes de coger! Le lloré falsamente, utilizando su propio sadismo y mis falsos gemidos para manipularlo y asegurarme las próximas monedas del día.
— ¡Callate y seguí gimiendo así de puta, que te voy a reventar a pija hasta que te desmayes! Rugió Braian, acelerando como un conejo rabioso mientras me seguía usando y degradando sin un ápice de piedad.

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El aire en el departamento estaba cargado de un calor pesado y rancio, mezclado con olor a alcohol barato, sudor y el encierro de una vida que ya no me pertenecía. Estaba completamente desnuda sobre el sillón gastado de la sala, temblando de una mezcla de bronca, hambre y desesperación. Braian acababa de dejar a nuestro hijo en la cuna de la otra habitación y había vuelto a la sala con los ojos inyectados en sangre, borracho, alterado y con una calentura descontrolada que siempre terminaba rompiéndome por dentro.
— Mirate ahí, tirada como la perra barata que sos, esperando a que tu dueño te sacuda de nuevo. Me escupió Braian con una sonrisa torcida, desabrochándose el pantalón con violencia.
— S-sí, mi amor... vení a usarse a tu puta, rompeme toda como te gusta... Le dije con la voz melosa, forzando una sonrisa patética y arrastrándome sobre las almohadas para besarle las rodillas, mientras por dentro lo odiaba con cada fibra de mi alma, deseando que se pudriera en el infierno.
— ¡Hacete la caliente, trola de mierda, que sé bien que querés que te clave los 23 centímetros hasta que no des más! Me gritó furioso, agarrándome del pelo y tirándome la cabeza hacia atrás.
— ¡Ay, sí, por favor! ¡Tengo la concha quemando de ganas por tu verga, Braian! ¡Haceme tuya todo el día, no pares nunca! Le supliqué gimiendo de manera exagerada, actuando como una puta obsesionada y fingiendo un placer que solo era dolor puro y asco.
— ¿Viste? Al final te encanta que te trate como a la basura que sos, si no me suplicás no servís para nada. Me humilló el maldito, empujándome la cara contra su entrepierna sudada para que empezara a chupársela.
— Mmmgh... mmmf... Atragantándome con su olor fuerte, empecé a chupárselo con desesperación, metiéndome los dedos en la vagina y pasándomelos por los labios para calentarlo más rápido, usando todos los trucos de puta que me había obligado a aprender para que se le parara al instante.
— Mové la boca más rápido, golosa, que por cada cogida te llevo la cuenta de tu peso miserable. ¿Te pensás que 100 pesos te van a alcanzar para mantener al pibe? Vas a tener que darme el orto y la concha mil veces más si querés comprar algo. Me recriminó, aprovechándose de mi hambre, de la necesidad de plata y de nuestro hijo para destrozarme.
— Te lo ruego, mi vida... cogeme todo el día, haceme tuya en la cama, en el piso, donde quieras... ¡Cógeme las 100 veces que necesitemos para la plata, te lo suplico! Gimoteé falsamente, rogándole de rodillas mientras le pajeaba la verga dura.
— Qué patética sos, cómo te humillás solita por monedas, pero con la economía de hoy en día soy el único que te paga una puta personal por un peso. Se burló con una carcajada sádica, tirándome de las caderas y abriéndome las piernas a la fuerza.
Sin una sola gota de piedad, me clavó la verga de un solo golpe seco y profundo directo en la vagina, haciéndome aullar de dolor mientras el cuerpo se me estiraba y se desgarraba por dentro.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡MÁS FUERTE, SÍ, ROMPEMELA! ¡ASÍ, MI AMOR, DESTROSÁME LA CONCHA! Le grité fingiendo un orgasmo escandaloso, arqueando la espalda y clavándole las uñas en la espalda para que sintiera que me volvía loca, aunque la realidad era que cada embestida me quemaba como fuego.
— ¡Mirá cómo apretás esa concha rota, sos una insaciable de mierda! Me rugió al oído, acelerando las estocadas salvajes, brutales, sin importarle que ya llevábamos más de dos horas de violación continua.
— ¡Sí, matame a cogidas! ¡Haceme tu puta de OnlyFans, grabame todo lo que quieras para que tus amigos me vean, pero no pares de cogerme! Le suplicaba con la voz quebrada, sabiendo que él se llevaba el 99% de los ingresos de los videos porno que me obligaba a grabar.
— Te voy a hacer coger 100 mil veces este mes, perra, vas a vivir con la concha y el orto reventados de tanta leche mía. Me amenazó, dándome una nalgada que me dejó la piel en carne viva mientras me daba vuelta y me empalaba por el culo sin anestesia.
— ¡¡¡AYYYY NO, EL ORTO NO... BUENO SÍ, ROMPEMELO TODO, TE AMO, TE AMO! ¡DAME MÁS! Le lloré y le mentí en la cara, sufriendo en silencio el dolor insoportable de sentir mi tejido anal cediendo ante su tamaño.
— Decime que me amás, puta, decime que sin mi verga no vivís. Me exigió con los ojos inyectados en locura, agarrándome del cuello y ahorcándome apenas para dominarme por completo.
— ¡Te amo... te odio tanto que te amo, sos mi vida, Braian... cogeme hasta reventar! Gimió mi boca, mientras mi mente gritaba que lo aborrecía y que daría mi vida entera por verlo desaparecer.
— Eso, llorá y suplicame más, que así sos perfecta para mí. Se rio el maldito, viniéndose adentro mío con una violencia desatada, llenándome todo el interior de semen caliente mientras yo fingía temblar de un falso éxtasis, atrapada para siempre en esta pesadilla donde mi cuerpo era solo una moneda de cambio.

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Estaba en cuatro sobre las sábanas sucias de la cama, temblando de frío y con los músculos adoloridos de tanto que me había usado. Braian acababa de llegar completamente borracho, alterado y oliendo a sudor rancio, furioso por el estrés de la calle. Se paró atrás mío y me apoyó la cabeza de su verga gorda y pesada directamente sobre la entrada del culo, dejándola reposar ahí para humillarme antes de empezar a castigarme por mis monedas miserables.
— A ver, perra barata, ponete en cuatro bien como me gusta y empezá a perrear si querés que te toque la plata hoy. Me ordenó Braian con la voz ronca, pegándome una nalgada seca que hizo temblar mis caderas.
— S-sí, mi amor... lo que quieras, por favor vení a usarseme toda, haceme tu puta. Le dije fingiendo una desesperación caliente, arrastrando la voz y moviendo la cola de forma obscena para excitarlo al instante.
— Miren a la trola esta, cómo mueve el orto ahora que sabe que hay un peso en juego... Te encanta que te rompa todo, ¿no? Me escupió él con desprecio, frotándome su carne sudada entre las nalgas.
— Sí, Braian, por favor... me muero por tu verga, metémela toda en el culo o en la concha, haceme mierda. Le supliqué gimoteando falsamente, mientras por dentro sentía unas arcadas de asco insoportables y lo maldecía con toda mi alma.
— Qué patética sos, puta... Me rogás como una obsesionada mientras tu propia cara te delata que sos una basura hambrienta. Pero bueno, tu hambre y el pibe son tu problema, a mí solo me servís para descargarme. Me dijo el muy hijo de puta, riéndose de mi miseria económica.
— Te lo ruego, mi vida... cógeme mil veces si querés, pagame el peso, hacé conmigo lo que se te cante pero no pares de usarme. Le imploré girando la cabeza hacia atrás con una sonrisa de falsa sumisión, pensando en que cada embestida suya era un centavo más para mantener a nuestro hijo.
— ¿Querés ver plata, trola? Vas a tener que laburarla con ese orto y esa concha que tenés. Abrite bien las nalgas y pedime que te viole sin piedad, dale. Me exigió el chabón, apretándome el cuello con una mano.
— ¡Por favor te lo ruego, violame, reventame el culo y la vagina, haceme tu puta personal! Le supliqué con voz melosa y gemidos exagerados, usando todos los trucos sucios para hacer que se le parara todavía más duro y rápido.
— Así me gusta, perra enferma, suplicando por mi verga como una degenerada. Te voy a coger sin piedad durante horas, como hacé todos los días, para que te duela bien adentro. Me amenazó él, dándome un empujón brutal de pelvis que me hizo aullar.
— ¡Aiaaah! ¡Sí, más fuerte, rompeme toda! Gemí fingiendo un placer que me daba náuseas, intentando actuar como una puta obsesionada para que no se cansara de mí y siguiera viniendo a pagarme las 100 mil cogidas que necesitaba al mes.
— No finjas tanto el orgasmo, trola de mierda, si los dos sabemos que por más que quieras que termine rápido para cobrar, te voy a tener acribillada a garchadas de dos o tres horas seguidas como siempre. Se burló él, hundiéndome sus 23 cm sin piedad en las entrañas.
— ¡No me importa cuánto dure, mi amor! ¡Cógeme todo el día, haceme tu puta del OnlyFans, grabame y ganá el 99% de la plata, pero no me dejes sin tus pesos! Le rogué llorando de bronca, tragándome mi orgullo mientras me violaba con furia ciega sobre el colchón.
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