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La Prostituta De Mi Bully 3

Estaba apoyada en cuatro sobre la cama, con el cuerpo destrozado y la vergüenza quemándome el alma, mientras Braian me cogía el culo de forma brutal. El chabón había caído completamente borracho, alterado, furioso y caliente, oliendo a alcohol barato y sudor rancio. Me trataba como a la peor de las basuras, insultándome y rompiéndome por dentro a embestidas salvajes, exigiéndome que le pagara con sumisión absoluta cada miserable peso que me daba para poder mantener a nuestro hijo.
En medio de las estocadas más profundas, cuando mis uñas se clavaban con rabia en el colchón y sentía que el dolor me hacía estallar la cabeza, el teléfono celular empezó a sonar fuerte sobre la mesa de luz. Miré la pantalla y el corazón se me paralizó: era mi mamá, que estaba cuidando a la criatura.
— Atendé el teléfono, perra, y ni se te ocurra aflojar el culo o te quedás sin un peso hoy. Me gruñó Braian al oído, dándome un tirón violento del pelo hacia atrás para obligarme a estirar la espalda.
Con las manos temblando de pánico y la verga de 23 centímetros enterrada hasta la base en mi ano, alcancé el celular como pude y apreté el botón verde para atender, apoyándome el aparato contra la oreja.
— H-hola, má... ¿Todo bien por ahí? Dije intentando impostar la voz, tragándome un gemido agudo mientras Braian me daba una estocada seca y durísima.
— Hola, hija, te llamaba para avisarte que el nene se durmió recién... ¿Estás ocupada? Se te escucha la respiración medio agitada, ¿todo en orden por allá? Me preguntó mi mamá a través del parlante, con su tono de voz tranquilo.
— S-sí, má, todo bien... estoy bien... balbuceo tartamudeando, sintiendo que las lágrimas se me caían de la impotencia mientras el maldito me clavaba las caderas con furia.
En ese exacto instante, Braian se rio a carcajadas con una maldad pura, me agarró con más fuerza de la cintura y me empujó la verga con una violencia desmedida, haciéndome soltar un grito ahogado que apenas pude medio tapar con la mano libre.
— ¡¡¡Mmmgh... ahh... no... ahhh! Se me escapó un alarido de dolor imposible de disimular.
— ¡Hija, ¿qué fue ese grito?! ¿Te pasa algo? ¿Estás sola? Preguntó mi mamá del otro lado, alterada y preocupada al escucharme mal.
Antes de que pudiera inventar otra mentira, el hijo de puta de Braian se acercó a mi oído, me pisó la espalda con más peso y le gritó directamente al micrófono del teléfono con total desprecio:
— ¡¡SÍ, SEÑORA, ESTÁ BIEN OCUPADA ROMPIÉNDOSE EL CULO ACÁ CONMIGO, SU HIJA ES UNA PUTA BARATA QUE TRABAJA DE ABRIRSE LAS PIERNAS POR UN PESO!!
— ¡¡¡NO, MAMÁ, NO LE CREAS, ESTOY TRABAJANDO, ES LA TELEVISIÓN... AHG... ES EL TRABAJO!! Le grité a los alaridos, llorando de terror y de vergüenza mientras sentía que el alma se me caía a pedazos.
— ¡¿Qué es esa voz de hombre que grita groserías, hija?! ¿Quién está con vos? ¿Estás segura de que estás bien? Me cuestionó mi mamá con la voz temblando de angustia desde el otro lado de la línea.
— S-sí, má... te juro que es el trabajo, estoy... estoy laburando ahora mismo... perdoname, te tengo que cortar, después te llamo... Le dije con la voz rota, cortándole de golpe la llamada antes de que pudiera seguir preguntando.
— ¡¿Cortaste, pedazo de trola de mierda?! ¡¿Pensás que te vas a zafar así de fácil mientras te estoy cogiendo y pagando tu miseria?! Me gritó Braian enfurecido, dándome una nalgada que resonó en toda la habitación.
— S-sí... perdoname, Braian... por favor seguí cogiéndome, haceme lo que quieras pero no dejes de darme la plata para el nene... Le supliqué totalmente humillada, tragándome el odio tremendo que le tenía mientras volvía a ofrecerle mi cuerpo destrozado a mi propio bully.
La Prostituta De Mi Bully 3

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Estaba sola en la penumbra de mi habitación, con el eco del llanto de nuestro hijo recién acurrucado en la cuna. Me quedé mirando el reflejo del espejo mientras me ponía el conjunto de lencería negra transparente que me exigía usar. Tenía el corazón destrozado y el alma envuelta en un asco infinito.
Me bajé el sostén por delante, dejando una de mis tetas al descubierto frente al lente del celular, sintiendo cómo las lágrimas me quemaban las mejillas. Tenía que hacerlo. Tenía que grabarme como la peor de las putas para mandárselo a Braian, para calentar a ese monstruo que era mi bully, el padre de mi hijo y el dueño absoluto de mi miseria. Me pagaba un misero peso por cada cogida, obligándome a abrir las piernas cientos de veces solo para comprar un paquete de fideos, y encima ahora me usaba para hacer contenido en OnlyFans, quedándose con el 99 por ciento de las ganancias mientras a mí me tiraba monedas ensangrentadas.
— Dios mío... ¿cómo carajo terminé convertida en esto...? Me dije a mí misma en un susurro roto, mirando la pantalla del teléfono antes de apretar grabar.
— ¿Cómo pasé de ser una estudiante con sueños a ser la puta personal de mi propio bully, obligada a tragar su semen diez veces al día y a vender mi cuerpo para que él se quede con todo...? Pensé con una rabia sorda que me apretaba el pecho.
— Lo odio... lo detesto con cada célula de mi cuerpo. Es un maldito alcohólico de mierda, un animal que me reventó la vagina y el culo a patadas, que me dejó un hijo a la fuerza y que me trata como a una basura... Repetí en mi mente, con los dientes apretados de odio mientras acomodaba el teléfono.
— Pero si no lo hago, mi hijo no come. Tengo que tragarme el orgullo, actuar como la prostituta más sumisa del mundo y dejar que me humille, que me pegue y que me rompa entera, todo por una moneda y por una migaja de plata... Me dije agachando la cabeza con vergüenza.
Apreté el botón rojo de grabación y comencé a hablarle a la cámara con una voz forzada, fingiendo una sumisión repugnante que me daba arcadas.
— "Braian, mi amor... mirá cómo tengo la teta afuera para vos, mirá cómo me estoy tocando sola en la pieza esperando que vengas..." Dije en el primer video, fingiendo un tono putrefacto y necesitado.
— "Por favor, vení a usarme ya mismo, vení a romperme la concha o el culo como vos quieras... necesito sentir tu verga adentro, necesito comerme toda tu leche..." Grabé en la segunda toma, sintiendo náuseas de mis propias palabras.
— "Vení a buscarme, haceme tu perra barata, date una vuelta por casa y pagame el peso que me debés... te voy a chupar los huevos sudados y te voy a tragar hasta la última gota..." Repetí en el tercer video, pasándome la mano por el pecho desnudo.
— "Por favor, te lo suplico, no tardes... mirá este cuerpo de trola que es tuyo y de nadie más... vení a cogerme hasta que no dé más..." Dije en la cuarta toma, obligándome a gemir falsamente para que el video fuera lo suficientemente explícito para su negocio.
— "Sabés que hago lo que me pidas con tal de que me uses... subí este video a donde quieras, vendelo, hacé plata con mi cuerpo, pero vení a reventarme a garchadas..." Grabé en la quinta versión, sabiendo perfectamente que él se iba a enriquecer vendiendo mi dignidad.
Corté las grabaciones y revisé los archivos con el alma rota. Pensé en cómo el maldito llegaría en unas horas: furioso, borracho, alterado, oliendo a sudor y con la violencia a flor de piel. Pensé en cómo me insultaría, en cómo me trataría como a una porquería humana mientras me abría las piernas por un peso.
Pero en cuanto abriera la puerta, tendría que borrar toda esta bronca de mi cara, ponerme de rodillas, suplicarle que me use y besarle los pies como la puta sumisa que me obligó a ser. Todo por nuestro hijo. Todo mientras él se quedaba con el 99 por ciento de mis fotos y me dejaba mendigando las monedas con las que me pagaba cada dolorosa cogida.
gender bender

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Un día de semana sonó mi celular con un mensaje de texto de Braian. El maldito, que me tenía esclavizada pagándome apenas un peso miserable por cogida y quedándose con el 99% de las ganancias del OnlyFans que me obligó a abrir, me mandaba una orden seca y directa:
— *Dejá al nene con tu vieja y venite ya a mi departamento. Hoy te voy a hacer gritar por horas y no quiero despertar al pibe. Andá comprándote otro conjunto de lencería negra con los centavos que te sobraron de ayer para la grabación.*
Aunque el odio me quemaba por dentro y lo detestaba con cada fibra de mi alma, sabía que no me quedaba otra opción. Tenía que soportar sus abusos, tragarme el orgullo y actuar como su puta más sumisa, todo para juntar las monedas necesarias para cuidar de nuestro hijo.
Cuando el chabón no estaba en casa, me la pasaba llorando de rabia, maliciando su muerte y maldiciendo el día en que me arruinó la vida. Pero en cuanto aparecía —más aún cuando venía borracho, alterado, estresado y caliente como solía ponerse— me transformaba por completo. Me ponía en el papel de perra obediente, rogándole y supliéndole que me usara, agachando la cabeza ante sus insultos horribles solo para asegurar el sustento del bebé.
Cumpliendo con su mandato, le dejé el nene a mi mamá con cualquier excusa barata y me fui caminando hasta su departamento. Cuando le abrí la puerta, Braian me recibió de mal humor, con el aliento a alcohol y la mirada pesada.
— Tardaste mucho en llegar, pedazo de trola. ¿Trajiste la lencería que te pedí con la plata que te sobra de mis migajas? Me escupió Braian apenas entré al pasillo.
— S-sí, B-braian... me puse el conjunto negro que me dijiste... mirá, te gusta cómo me queda... Le dije con voz temblorosa, forzando una sonrisa patética y sumisa para calmarlo.
— Más te vale, porque esa mierda es una inversión para nuestros videos de OnlyFans, de los cuales te doy el 1% para que no te mueras de hambre. Sacate la ropa ya mismo. Me ordenó el maldito con desprecio.
Me desnudé en silencio bajo su mirada fría, dejándome puesto únicamente el encaje negro. En ese instante, él se me acercó por atrás, me bajó la tanga de un tirón seco y sacó de la mesa de luz un plug anal de silicona fría.
— Doblegate contra la cama, perra, que hoy te voy a romper bien el orto para la nueva joya que vas a estrenar en la cámara. Me exigió con tono furioso.
— P-por favor, Braian... ¿un plug anal ahora? Me va a incomodar un montón para grabar... Le suplicué con la voz quebrada, sintiendo un nudo en el estómago.
— A mí me importa un carajo si te incomoda, haceme caso y agachate antes de que te pegue una piña. Me gritó el chabón, empujándome con fuerza hacia el colchón.
Sin poder defenderme, me apoyé con los codos y las rodillas sobre la cama, dejando el culo bien levantado y expuesto hacia él. Con total brusquedad, sin lubricar casi nada, me clavó el plug anal de golpe en la entrada de la cola. Solté un grito ahogado de dolor y sorpresa por la presión tan violenta que sentía adentro.
— ¡Aiaaah! ¡M-duele mucho, está re frío y apretado! Le lloré desde la cama, sintiendo una incomodidad horrible en las entrañas.
— Callate la boca y aguantátela, trola, que ahí prendo el celular para grabar la nueva joya que tenés metida en el orto para todos mis suscriptores. Me dijo él con una risa sádica, acomodando el teléfono en el trípode mientras yo me quedaba estática, sufriendo en silencio por culpa de mi bully y por el futuro de mi hijo.
de hombre a mujer

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El maldito de Braian entró a mi casa como si fuera el dueño de todo, pateando la puerta sin saludar, con los ojos inyectados en sangre por el alcohol y el estrés de la calle. Yo estaba en la cocina intentando adelantar la comida, vestida con ropa gastada, sintiendo el cuerpo hecho pedazos por la rutina de mierda que me imponía. Sin mediar una sola palabra, el chabón se me vino al humo por atrás. Me bajó el pantalón de un tirón seco y me arrancó la tanga, dejándome expuesta contra la mesada.
— Buenas tardes, puta, vine a buscar mi peso en cogidas y a ver si me preparás algo de comer antes de ponernos a laburar en el OnlyFans que te abrí. Me dijo Braian con la voz ronca, borracho y alterado.
— S-sí... lo que digas... pero no hagas mucho ruido que el nene está durmiendo en la pieza... Le contesté en un susurro tembloroso, tragándome las ganas de escupirle la cara.
— A mí el pibe me importa un carajo, si llora le das la teta y listo, ahora agachate bien y aguantá los trapos. Me ladró él, agarrándome una cadera con fuerza bruta y la otra mano clavándomela en el cuello para ahorcarme contra el mueble.
Sin darme un segundo de respiro, me encajó sus 23 centímetros de golpe por la espalda, arrancándome un quejido ahogado que tuve que morderme los labios para no gritar.
— ¡M-mmgh...! ¡Por favor, más despacio... la concha... me duele... Aullé bajito contra la madera, intentando mantener el silencio por mi hijo.
— ¿Qué te duele, trola? Si para esto servís, para abrir las piernas cuando el patrón llega hambriento de verga. Me insultó él, dándome una estocada brutal que me hizo sacudir entera.
— S-sí... tenés razón... soy tu perra... haceme mierda... Le suplicaba con los ojos llenos de lágrimas, actuando la sumisión más extrema solo para que se viniera rápido y se fuera de una buena vez.
Mientras me cogía a traición en medio de la cocina, mi mente era un hervidero de odio puro. Pensaba en cómo este hijo de puta me había arruinado la vida: me embarazó, me destrozó el culo y la vagina a patadas, me robaba el 99% de lo que ganaba en el OnlyFans porno que me obligó a abrir, y encima me trataba como a una prostituta de cuarta por un misero peso diario.
— A ver cómo apretás ese orto, puta de mierda, ponete bien perra para tu dueño. Me siseó al oído, respirándome el sudor en la nuca.
— T-te lo ruego... rompémela toda... v-venite adentro y terminá ya... Le suplicaba con la voz quebrada, arqueando la espalda para complacerlo.
Por dentro lo odiaba con cada célula de mi cuerpo, lo detestaba con un alma rota que ya no reconocía, pero mi instinto de madre y el terror a quedarnos en la calle me hacían aguantar todo. Mi cuerpo, traicionado por la sobreestimulación y el miedo, empezó a llegar al orgasmo solo para que el maldito se descargara más rápido dentro mío.
— ¡A-ahí me corro, mirá cómo me tragás la leche, pedazo de puta! Gritó Braian con furia, dándome tres embestidas finales y hundiéndome su semen hirviente hasta el fondo.
Me soltó de golpe, dejándome temblando y apoyada a las piñas contra la mesada, mientras él se acomodaba el pantalón con desprecio.
— Bueno, ahora andá a calentarme la comida de una vez, pero escuchá bien cómo viene la mano: vos no tocás un bocado hasta que yo termine de comer todo el plato, ¿entendiste? Me ordenó señalándome con el dedo.
— S-sí... como digas... Le contesté agachando la cabeza, limpiándome las lágrimas en silencio.
— Y hay más, perra: mientras yo esté comiendo en la mesa, vos vas a estar abajo mío, de rodillas, chupándome la verga y tragándote toda la leche que me quede. Me sentenció con una sonrisa sádica.
— ¿De rodillas mientras comés...? Por favor, tené un poco de compasión... Le dije con la voz rota de la humillación.
— ¡A mí no me hables de compasión, mal agradecida! Te recuerdo que me debés la vida y que sos una puta barata que vive de mis migajas. Me gritó, dándome una palmada fuerte en la pierna.
— E-está bien... lo que quieras... lo hago por nuestro hijo... Le respondí en un hilo de voz, tragándome el orgullo y arrastrándome a cumplir sus órdenes.
— Y ni pienses que zafaste, porque después de comer nos ponemos a laburar en serio: vamos a grabar los videos para el OnlyFans, bien brutales, fuertes y salvajes, para que los pajeros de internet paguen y me dejen la plata a mí. Remató el maldito, sentándose a la mesa a esperar que le sirviera la cena.
sumisa

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Un año después de haber parido a la criatura que nos dejó este infierno, mi vida se había convertido en una verdadera pesadilla de esclavitud, miseria y humillación. El maldito de Braian me había arruinado por completo: me embarazó, me destruyó la vagina y el culo a puras cogidas bestiales, me obligó a tragarme su semen como si fuera agua y, para colmo, me obligó a abrir una cuenta de OnlyFans donde yo tenía que grabarme haciendo porno explícito mientras él se quedaba con el 99% de los ingresos. Lo odiaba y lo detestaba con cada célula de mi cuerpo; cuando no estaba, me la pasaba llorando de bronca, maldiciendo el día en que cruzó mi camino. Pero cuando aparecía —casi siempre borracho, alterado, furioso, estresado o caliente como un animal— mi realidad cambiaba de golpe: tenía que actuar como una puta sumisa, rogarle y complacerlo en todo para rasguñar ese maldito peso por cogida que me daba, la única forma de juntar plata para darle de comer a nuestro hijo.
Esa tarde, el chabón cayó a mi casa totalmente borracho y de la peor manera, alterado por la bronca del día y con la verga caliente buscando destrozarme otra vez.
— ¡Apurate, perra! Sacate la ropa y ponete esa bata de porquería que te compré para grabar el contenido de mierda de hoy, dale. Me gritó Braian desde la sala, con los ojos inyectados en sangre por el alcohol y el desprecio.
— S-sí, Braian... ya voy, no te enojes... Le dije con la voz temblorosa, tragándome toda la furia interna para adoptar al instante mi postura de puta sumisa y complaciente por el bien del nene.
— ¡No me hagas esperar, trola de mierda, que vine re contra caliente y hoy te voy a coger hasta que te desmayes! Me escupió él, tirándose en el sillón con una botella de vino en la mano.
Me puse una bata fina y abrí la cámara del celular como me había ordenado. Tenía que grabarme para los simios que pagaban en internet, aunque el 99% de esa plata se lo fuera a robar él.
— "M-mirá, amor... mirá el bikini diminuto que me hiciste comprar para el Only..." Dije en el video, forzando una sonrisa patética y abriéndome la bata para mostrar las tiras invisibles de la ropa interior.
— ¡Mostrá bien ese orto de puta y las tetas para la cámara, que la gente quiere ver cómo mi perra se abre de piernas! Me gritó furioso desde el fondo, riéndose de mi degradación.
— "S-sí, mi amor... lo que vos mandes..." Le contesté mirando a la lente con sumisión absoluta, sintiendo arcadas de solo pensar en el asco que le tenía.
— Más te vale que pongas carita de golosa, porque por cada video que grabamos te garcho y te tiro tu peso, ¿te acordás? Me dijo él acercándose tambaleándose por el escabio.
— S-sí, por favor... vení a usarseme todas las veces que quieras, te lo ruego... Le supliqué arrodillada en el piso, fingiendo desesperación para mantenerlo contento y asegurar el puchero del nene.
— Qué patética que sos, me da gracia cómo te doblé el orgullo y ahora me rogás que te rompa toda. Se burló Braian, agarrándome del pelo con brusquedad.
— T-te ruego que me uses... hacé conmigo lo que quieras, pero pagame las cogidas para nuestro hijo... Le dije llorando de verdad, mezclando el dolor real con la actuación obligada.
— ¡A veces te odio tanto que te mataría, pedazo de inútil! Me gritó el borracho, pegándome una cachetada que me dejó la cara ardiendo.
— S-sé que estás enojado... perdoname, yo soy tu perra, haceme lo que quieras... Le agaché la cabeza sumisa, aguantando el golpe sin rechistar para que no se fuera sin dejarme plata.
— ¡Y vas a tener que seguir haciendo los videos más sucios, porque yo soy el que manda acá! Me vociferó él, sacándose el cinto a los tirones.
— S-sí, lo que digas... voy a hacer todo el porno que quieras para vos... Le contesté con voz mansa, besándole las zapatillas sucias para calmarle la furia.
— Acuérdate de la regla, perra: si querés comprarle leche al pibe, tenés que aguantar mis mil cogidas y ganarte tu peso miserable. Me recordó con una sonrisa macabra.
— S-sí, mi amor... ya sé... te juro que me voy a portar como tu mejor puta... Le dije tragándome el alma rota, sabiendo que en cuanto se fuera iba a llorar de odio, pero que en ese momento exacto tenía que venderle mi cuerpo otra vez al monstruo que me arruinó la vida.
humillacion

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