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La Prostituta De Mi Bully 2

Estaba de rodillas en el suelo frío de la habitación, con la cara, los labios y el mentón completamente cubiertos y chorreando por su semen espeso. El hambre me devoraba las entrañas; llevaba días sin comer casi nada porque los pocos pesos miserables que juntaba cogiendo con él se iban enteros en la leche y los pañales de nuestro hijo. Sabiendo que necesitaba desesperadamente que se quedara a darme más pasadas para juntar algo de plata, me tragué la rabia y el orgullo. Levanté la mirada, lo miré desde abajo con los ojos brillosos por las lágrimas y me mordí el labio inferior con una mueca forzada, tratando de parecer la puta sumisa que él quería.
— B-Braian... por favor... no te vayas todavía, seguí cogiéndome... Le dije con la voz rota y tartamudeando, sintiendo el gusto rancio de su leche en los labios.
— Mirá la carita de perra hambrienta que ponés, llena de mi chele hasta las orejas. Me dijo él con una risa sobradora, acomodándose el pantalón con desprecio.
— N-necesito la plata... p-por favor, te lo suplico, pónemela de nuevo... Le rogué con el alma hecha pedazos, humillándome al máximo por mi bebé.
— Si querés que me quede a darte otra pasada y darte tu peso miserable, vas a tener que pedírmelo rogando de verdad, como la prostituta barata que sos. Me ordenó el maldito, mirándome con sadismo desde arriba.
— ¡T-te lo suplico de rodillas, Braian! ¡R-ruego que me sigas usando y me rompas toda! Le grité llorando de vergüenza, apretando los puños contra el piso.
— No te escucho bien, perra. Pedímelo como si en serio te encantara ser mi basurero. Me exigió con frialdad, dándome un golpecito en la mejilla empapada de semen.
— ¡P-por favor, mi amor... c-cogeme cien veces más si querés, pero p-pagame! Le supliqué con la garganta en nudo y los labios temblando.
— Qué cagada de risa, mirá cómo te arrastrás por un peso, pedazo de trola. Me humilló el chabón, largando una carcajada burda.
— S-sí... m-me arrastro... p-pero haceme tu puta de nuevo, te lo pido por favor... Le dije forzando una sonrisa patética mientras una lágrima me limpiaba la mejilla.
— Así me gusta, que sepas bien cuál es tu lugar acá abajo. Me dijo sobándose la entrepierna.
— S-sos el padre de mi hijo y m-mi dueño... c-cogeme todas las veces que quieras hoy... Le mentí para convencerlo, tragándome el asco y el odio visceral que le tenía.
— Sabés bien que no sos más que mi puta personal y que valés exactamente un peso por cogida. Me recordó con desprecio total.
— L-lo sé... v-valgo un peso... p-pero por favor pónemela otra vez... Le rogué deshecha, mirándolo a los ojos con pura resignación.
— Ponete bien en cuatro entonces, que te voy a cobrar otra entrada por la vagina. Me ordenó con tono autoritario.
— S-sí, Braian... l-lo que vos digas... Le respondí sumisa, acomodándome de rodillas en el piso.
— Agradecé que soy bueno y te doy laburo para que le compres las cosas al pibe. Me lanzó él con aire de grandeza.
— G-gracias... g-gracias por usarme y pagarme... Le dije en un hilo de voz, sintiendo que me moría por dentro.
— Mové ese culo para acá y no me hagas perder el tiempo, trola. Me gritó impaciente.
— A-ahí voy... p-por favor no te vayas sin darme varias pasadas más... Le supliqué agarrándole la pierna desde el suelo.
— Te voy a dar las pasadas que se me canten, perra barata, a ver si juntás para un paquete de fideos. Me dijo riéndose en mi cara.
— S-sí, por favor... c-cogeme duro como a vos te gusta... Le pedí actuando el papel para asegurar la plata.
— Mirá qué bien aprendiste a pedir carne, estás hecha toda una prostituta profesional. Me humilló el chabón con sadismo.
— T-todo para vos... h-haceme lo que quieras... Le dije derrotada, esperando la embestida mientras por dentro lo maldecía con cada fibra de mi cuerpo.
— Prepárate, perra, que vas a tener que laburar mucho hoy para llevarte algo a la boca. Me sentenció él con una carcajada hiriente, bajándose el cierre de nuevo mientras yo quedaba entregada en el piso.
La Prostituta De Mi Bully 2

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Cuando él no estaba, la rabia me quemaba las entrañas. Me pasaba las horas mirando a nuestro hijo en la cuna, llorando en silencio de pura impotencia y jurando entre dientes que a este hijo de puta lo detestaba con cada fibra de mi ser. Pero en cuanto el celular sonaba o escuchaba sus pasos en la entrada, la máscara de resentimiento tenía que desaparecer. Si quería juntar las monedas miserables para que al nene no le faltara la leche o los pañales teniendo que dejarme coger mil veces a un peso por tanda, no me quedaba otra que arrastrarme y actuar como la puta más sumisa del mundo.
Esa noche me mandó un mensaje violento: *"Preparate perra que hoy te cogo sin piedad, esperame desnuda que llevo algo"*. Me tragué las ganas de gritar, fui a dormir despacio a nuestro bebé para que no escuchara nada y me fui a esperarlo a la puerta totalmente desnuda, tiritando de frío, vergüenza y pánico.
El tipo cayó hecho una furia: borracho, alterado, apestando a alcohol rancio y gritando desde que cruzó el umbral. Ni preguntó cómo estaba su propio hijo; ni siquiera le importaba si el nene respiraba. Tenía en la mano un collar de perro de cuero negro con su correa de metal.
— Ponete de rodillas y no me hables, perra. Tuve un día de mierda y ahora, gracias a mí, el tuyo va a ser diez veces peor. Me gritó Braian con la mirada fuera de sí, enganchándome el collar al cuello con un tironazo seco.
— S-sí, Braian... lo que vos d-digas, mi amor... Le dije sumisa, con la voz temblorosa, forzando la actuación de prostituta barata para que me diera la plata.
— Cerrá el orto y caminá en cuatro para la pieza, dale. Me ordenó, pegándome un chicletazo de correa sobre la espalda desnuda.
— ¡AIA! S-sí, ya voy... no te enojes conmigo, por favor... Le rogué desde el piso, arrastrándome sobre las baldosas frías mientras él me tironeaba de la cadena.
Me llevó a rastras hasta la cama de mis viejos y me obligó a subirme.
— Echate boca arriba ahora mismo y abrite de piernas. Me gritó, dejándose caer sobre el colchón.
Me acosté boca arriba, abriendo las piernas de par en par, mientras la fría cadena del collar caía de golpe sobre mis tetas desnudas, haciéndome temblar.
— Así me gusta, bien regalada. Mirá la cara de trola que ponés con el collar puesto. Me humilló el chabón, abriéndose el pantalón.
— P-por favor, Braian... usame todas las veces que quieras hoy... pero pagame bien, te lo suplico... Le rogué con ojos entornados, fingiendo sumisión mientras por dentro deseaba que se muriera.
— Vas a cobrar cada peso si te dejás romper bien la concha sin quejarte, pedazo de puta. Me gritó, agarrándome fuerte de los muslos.
— S-sí, por favor... rompeme toda, hace de mí lo que quieras... Le dije en un hilo de voz, tragándome el asco y el odio.
— Te voy a sacar todo el estrés del día cogiéndote como a una bestia. Me amenazó con tono salvaje.
— Hacelo, Braian... para eso estoy acá, para ser tu perra... Le supliqué, apretando la correa que descansaba en mi pecho.
— Sos una enferma insaciable, te encanta que te trate como a un animal. Me lanzó con una risa alcohólica.
— N-necesito tu plata, por favor... vení y cogeme todas las veces que necesites... Le dije llorando por dentro pero sonriendo por fuera para convencerlo.
— Vas a tener que rogarme más fuerte para que te la meta, dale. Me exigió, frotando su verga sudada contra mi entrada.
— ¡Te lo suplico, Braian, metémela ya y hazme tu puta! Le supliqué con los labios temblando de pura degradación.
— Te voy a descoser toda la vagina por este peso de mierda. Me dijo el maldito con sadismo.
— S-sí... descoseme toda... pero cumplime con la plata para el nene... Le dije tartamudeando, aferrándome a lo único que me daba fuerzas.
— Al pibe lo mantengo si te dejás coger como un conejito sumiso toda la noche. Me gritó, posicionando la cabeza de sus 23 cm.
— ¡Hago lo que sea, te lo juro! ¡Usame, maltratame, pero no nos dejes sin nada! Le rogué totalmente quebrada.
— Mirá qué buena prostituta que te volviste, arrastrándote por dos monedas. Me humilló, riéndose en mi cara.
— G-gracias por venir a usarme... por favor, no te vayas sin cogerme cien veces hoy... Le dije entregando el último resto de dignidad.
— Preparate, perra, que te voy a hundir todo esto de un solo viaje. Me advirtió, apretando la correa alrededor de mi cuello.
— S-sí, metémela toda... te lo pido por favor... Le dije con un gemido falso de placer mezclado con dolor real.
— Agradecé que tenés a tu bully para darte de comer mientras te abre al medio. Me sentenció él con desprecio.
— G-gracias, Braian... haceme tuya de una vez... Le supliqué, cerrando los ojos con bronca mientras me preparaba para el impacto de sus embestidas en la penumbra.
gender bender

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"Acomodate y acostá a la criatura ya mismo, pedazo de trola. Tuve un día de mierda, me tomé de todo, vengo re chiflado y re caliente. Prepará esa concha de mierda porque hoy te voy a coger sin piedad hasta romperte al medio. Si no estás lista de rodillas cuando entre, te quedás sin un peso para el pibe."
Apenas leí el mensaje en la pantalla del celular, se me apretó el estómago del terror. Fui corriendo a la cuna a dormir a nuestro hijo, besándolo en la frente mientras me tragaba el llanto y la bronca. Pensé para mis adentros en lo mucho que aborrezco a este hijo de puta, cómo lo detesto con cada fibra de mi ser por arruinarme la vida y por ser el bully que me destruyó; pero cuando él no está puedo putearlo en silencio, mientras que cuando está me toca ponerme la máscara de la prostituta más sumisa por la leche y el pan de mi bebé. Juntar peso por peso es la única forma que tengo, aunque tenga que arrastrarme por el barro.
Fui a esperarlo a la puerta. Al ratito empujó la entrada de un portazo brutal. Venía furioso, tambaleándose de lo borracho que estaba, apestando a vino rancio y con la mirada completamente fuera de sí.
— Ya acosté al pibe, Braian... bienvenido... acá me tenés lista para vos, mi amor... Le dije forzando una voz suave y regalada, arrastrándome como la puta barata que él quería.
— Cerrá el orto, no te pregunté nada por el pibe porque me importa tres carajos. Me gritó borrachazo, empujándome contra el pasillo de un pechazo.
— S-sí, perdón... lo que vos digas, por favor no te enojes... Le supliqué actuando super sumisa, bajando la cabeza de inmediato.
— Tuve un día de re mil mierda en la calle, y ahora gracias a mí, el tuyo va a ser diez veces peor. Me dijo con una sonrisa rabiosa y los ojos inyectados en sangre.
— Usame como quieras, Braian... haceme lo que necesites para sacarte el estrés... Le rogué con tono entregado, escondiendo el odio mortal que me comía por dentro.
El chabón me agarró del brazo con violencia, me arrastró hasta la habitación y me tiró de lleno sobre la cama. Sin darme ni un segundo para acomodarme, me manoteó el pantalón y me lo bajó de un tironazo seco junto con la bombacha. Me aplastó las tetas contra el colchón y me levantó el culo en la delantera, dejándome completamente expuesta.
— ¡Apretá los dientes, pedazo de perra, que hoy te voy a deshacer! Me gritó fuera de sí, acomodando sus 23 cm en mi entrada.
— ¡AIAAAAH! ¡P-por favor, Braian! ¡D-dame duro si querés, pero c-correte adentro para pagarme! Le rogué actuando como la puta más desesperada por su moneda.
Sin piedad alguna, me hundi ó la verga de un solo viaje salvaje, atravesándome de punta a punta en seco.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO TAN PROFUNDO, POR FAVOR! Aullé de dolor puro, apretando la almohada con los dientes.
— ¡Gritá todo lo que quieras, trola, que para esto te pago tu peso miserable! Me dijo él, apretándome las dos muñecas juntas por atrás de la espalda con una sola mano ruda.
Por puro instinto de supervivencia y por el estiramiento brutal, levanté las piernas en el aire, pataleando deshecha mientras las embestidas me sacudían la columna.
— ¡P-por favor, mi vida... s-seguí así, haceme tuya todas las veces que quieras hoy! Le mentí llorando de dolor y humillación, buscando agradarle para asegurar la plata.
— Mirá cómo pedís verga, perra barata. Sos la peor prostituta del barrio. Me humilló el maldito, dándome estocadas cada vez más rápidas y violentas.
— S-sí... soy tu p-puta... usame y p-pagame por favor... Le supliqué con la cara aplastada contra las sábanas, sintiendo náuseas por el olor a alcohol.
— Te voy a dejar la concha hecha trapo por rebelde y por existir. Me gritó ebrio, dándome nalgadas secas sobre la piel roja.
— ¡Agh... p-por favor, B-braian, rompeme toda pero d-dame la plata para el pibe! Le rogué tragándome el orgullo por completo.
— Del pibe no me hables, vos laburás para mí porque no servís para otra cosa. Me respondió con un desprecio atroz.
— S-sí, mi amor... lo que vos m-manded... Le dije tartamudeando, sintiendo que la carne se me partía al medio.
— ¡Mirá cómo te retorcés con las piernas arriba, pedazo de golosa! Me cargó con una risa borracha y macabra.
— N-no aguanto el dolor... p-pero no pares... d-dame todo tu semen... Le mentí en un hilo de voz, deseando en secreto que se cayera muerto.
— Te la voy a volcar toda bien profundo para que te acuerdes quién es tu dueño. Me sentenció el hijo de puta, acelerando a fondo.
— ¡P-por favor, B-braian! ¡Llename toda y p-pagame cada una de las c-cogidas de hoy! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Te voy a dar diez pesos si aguantás diez rondas seguidas sin desmayarte, perra. Me prometió burlándose de mi miseria.
— ¡S-sí, acepto! ¡U-usame diez veces si querés, pero p-pagame! Le rogué entregando el último resto de dignidad.
— Así me gusta, sumisa y rota como la trola que sos. Me dijo él mientras me clavaba los dedos en las caderas.
— G-gracias por c-cogerme... gracias por la p-plata... Le dije humillada al extremo, temblando sobre el colchón mientras el infierno de la noche recién empezaba.
bully

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Tirada en el piso antes de que llegara, la rabia me carcomía por dentro. Lo odiaba con toda mi alma, detestaba al maldito bully que me había arruinado la vida. Pero cuando escuché la puerta golpearse, tuve que tragarme todo el odio. Tenía un pibe que mantener, y para juntar un miserable billete para los pañales, necesitaba que este enfermo me cogiera cien, mil veces. Si no actuaba como la puta más sumisa del mundo, el chabón se iba y mi hijo no comía.
Braian entró a la casa hecho una furia, borracho, en pedo mal, rumiando bronca del laburo o de la calle, sudado y alterado. Me manoteó del brazo sin decir una palabra, me arrancó la ropa y me arrastró descalza y en cueros directo al baño. Me estampó de frente contra el lavatorio, pegándome el pecho a la loza fría justo enfrente del espejo.
— Ponete bien ahí, pedazo de trola, que vengo como loco y re caliente. Me gritó Braian, agarrándome fuerte de la cintura mientras se bajaba el pantalón.
— S-sí, papi... hacé lo que quieras conmigo, para eso estoy... Le dije forzando una voz de puta sumisa, actuando el papel para asegurar mi peso diario.
Sin un segundo de asco, el chabón me abrió las nalgas y me enterró sus 23 cm de un solo viaje en la vagina, haciéndome ver estrellas del dolor.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡A-así, papi, m-metémela toda! Aullé deshecha frente al espejo, gemiendo como perra en celo para simular un placer que no sentía, solo para que se apurara a terminarse.
— Mirá la carita de puta que ponés en el espejo, te encanta que te agarre borracho y te rompa la concha. Me humilló el maldito, dándome embestidas salvajes que hacían temblar el lavatorio.
— ¡A-ahhh! ¡S-sí, me encanta, Braian! ¡D-dame más duro, te lo suplico! Le grité fingiendo demencia, apretando los bordes de la canilla para no caerme del dolor.
— Callate y mové la cola, trola, que no vine a perder el tiempo. Me gritó él re caliente y estresado, pegándome una bofetada seca en la nalgada.
— ¡AIAAAAH! ¡P-por favor, papi, d-dame bien profundo que soy tu perra! Le rogué arrastrándome en mi propia actuación, mirándome al espejo con lágrimas retenidas.
— Sos una prostituta barata, mirá cómo gemís por un peso miserable. Me lanzó él con desprecio, acelerando el ritmo al límite.
— ¡A-ah, sí! ¡S-sos el rey, m-mi amor, d-dame de comer tu leche! Le dije tragándome el asco, repitiendo las barbaridades que a él le gustaban para que se viniera ya.
— No me digas 'mi amor', pedazo de basura, vos sos una puta que me sirve para descargar la bronca. Me respondió enojado, agarrándome del pelo y tirándome la cabeza hacia atrás.
— S-sí, tenés razón... p-perdón, papi... ¡s-seguí cogiéndome así de fuerte! Le supliqué ahogada por el tirón de cuero cabelludo.
— Ponete bien en celo, dale, demostrame que te gusta el palo borracho. Me exigió con la voz ronca por el alcohol.
— ¡¡AAAAAAH! ¡M-me encanta, m-me hacés concha la vagina y m-me encanta! Aullé exagerando los gemidos, sintiendo el ardor insufrible en mis entrañas.
— Mirá en el espejo cómo te abro toda la concha, sos mi basurero personal. Me humilló mi bully, mirándome fijo en el reflejo mientras no paraba de castigarme.
— ¡S-sí, papi! ¡L-llename bien de leche para que m-me gane la plata para el nene! Le dije, forzando la sumisión más bajísima.
— Ni te gastes en nombrar al pibe, que a mí me importa un carajo. Vos trabajás la concha y te gano el peso. Me gritó con furia y frialdad.
— S-sí, papi... p-perdón... ¡d-dame más fuerte, te lo suplico! Le rogué entre gemidos falsos para acelerarle el orgasmo.
— Te la voy a volcar toda adentro como siempre, perra insaciable. Me avisó, apretando sus dedos en mis caderas hasta dejarme moretones.
— ¡S-sí! ¡C-correte bien adentro mío, p-por favor te lo ruego! Le aullé, fingiendo estar desesperada por su semen.
— Tenés suerte de que venga a pagarte por usarte, pedazo de trola. Me dijo riéndose de mi estado, dándome las últimas tres estocadas brutales.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡G-GRACIAS, PAPI, GRACIAS POR COGERME! Le grité en el clímax de mi actuación, sintiendo su verga palpitar dentro de mi intimidad gastada.
El chabón soltó un gruñido rudo y descargó toda su leche hirviente adentro de mi vagina, dejándome aplastada contra el lavatorio frío mientras se venía.
— Tomá, juntá tu peso diario, perra barata. Me dijo Braian tirándome una moneda sobre la mesada del baño mientras sacaba su verga de golpe.
— G-gracias, papi... gracias por venir a usarme... Le dije agitada y sin aire, manteniendo la cara de puta sumisa pegada al espejo mientras él se acomodaba el pantalón.
— Quedate ahí lavándote la concha, que mañana vengo de nuevo a hacerte mierda. Me sentenció borrachacho, dándose la vuelta y dejándome sola.
Apenas escuché el portazo de la salida, dejé caer la cabeza sobre la bacha del baño y me quebré a llorar en silencio. Me miré al espejo con un odio puro quemándome los ojos, pasándome la mano por la vagina rota y chorreante, agarrando esa moneda miserable con bronca mientras me decía para mis adentros: *"Te odio, hijo de puta... pero por mi hijo me voy a dejar humillar todas las veces que haga falta"*.
onlyfans

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Estaba en cuatro sobre el borde de la cama, temblando de frío y de rabia contenida. Cuando él no estaba, me la pasaba llorando de odio, maldiciéndolo en silencio y deseándole lo peor por haberme arruinado la vida. Pero en cuanto Braian cruzaba la puerta, la realidad me aplastaba: él era el padre de mi hijo, mi bully y mi única fuente de ingresos. Para asegurar ese peso miserable por cogida y darle de comer al bebé, no me quedaba otra que tragarme el veneno, actuar como una prostituta barata totalmente sumisa y complacerlo en lo que sea.
Esa noche, el muy maldito cayó furioso, borracho, alterado y re caliente después de un día estresante. Traía una cámara de video en la mano y la cara desencajada por el alcohol.
— Cerrá el orto y ponete en cuatro ya mismo, perra. Estoy re caliente y encima re quemado porque no se encuentra un buen video porno en ningún lado. Me gritó Braian con la voz traposa, tambaleándose al lado de la cama.
— S-sí, Braian... lo que vos digas, mi amor... Le dije tragándome el asco, forzando una voz suave y prostituida mientras me acomodaba en la orilla del colchón.
— Vas a laburar de verdad a partir de hoy. Vamos a hacer nuestro propio porno, voy a subir todo a OnlyFans y me voy a llevar el 99% de lo que ganes, ¿escuchaste bien? Me dijo riéndose con sadismo, encendiendo la cámara y apuntando directo a mi trasero expuesto.
— P-por favor, lo que vos quieras... todo sea para que nos pagues el peso y cuidemos al nene... Le supliqué actuando super sumisa, apretando la sábana con todas mis fuerzas para no pegarle un grito.
— Mirá lo que es este culo en la pantalla, pedazo de trola, bien abierto y partido al medio para todos los pajeros que paguen. Me humilló el chabón, acomodando el lente a pocos centímetros de mi piel.
— Mmmgh... g-gracias, Braian... mirá el culo que tengo para vos y para tus videos... Le dije aguantándome las lágrimas, poniendo la voz más puta que me salía por pura desesperación.
— No te escucho, perra, rogá bien fuerte para la cámara. Decile a los que miran lo mucho que te gusta ser mi puta personal. Me ordenó enojado, manoteándome una cadera mientras con la otra mano sostenía la cámara firme.
— P-por favor, les suplico a todos que miren cómo Braian me usa... m-me encanta ser la perra de mi bully... Le dije a la lente, con el alma completamente destruida pero cumpliendo mi papel al pie de la letra.
— Así me gusta, sumisa y entregada. Además del peso por cogida que te tiró siempre, ahora vas a laburar en cámara para que me entre más plata a mí. Me dijo largando una carcajada borracha.
Por dentro, el odio me devoraba viva. Pensaba en cómo no le había bastado con cogerme salvajemente, llenarme de semen, dejarme embarazada, darme un peso miserable por cada cogida y tratarme como una prostituta barata; ahora encima usaba mi cuerpo para hacer porno y robarme el 99% de las ganancias. Pero no podía gritar ni sobrepasarme: en la habitación de al lado dormía nuestro hijo y lo único que me importaba era no despertarlo.
— S-sí, papi... usame como quieras... grabá todo lo que te sirva para ganar plata... Le dije poniéndome triste y sumisa, dejándome llevar por la corriente de su dominación.
— Mirá qué linda te ves rogando, perra. Todos se van a enterar de la trola que sos cuando publique esta mierda. Me dijo él, apretándome el culo contra el borde del colchón.
— P-por favor, haceme tu puta frente a la cámara... te lo suplico, no me dejes sin mi moneda... Le rogué bajando la cabeza, sintiendo el dolor del estiramiento en la carne.
— Gritá despacito, trola, no me vayas a despertar al pibe porque te rompo la cabeza a patadas. Me amenazó con la voz alterada, hundiéndose en mi intimidad con un golpe seco.
— ¡Agh! S-sí, Braian... m-más profundo, por favor... Le dije ahogando el gemido contra la almohada, fingiendo un placer falso que me daba náuseas.
— Sos una perra insaciable, mirá cómo te entra la verga en HD. Te encanta que te filme tu bully. Me humilló el chabón, grabando cada embestida de cerca.
— Mmmgh... s-sí, m-me encanta... haceme mierda para el video, p-por favor... Le supliqué con la voz rota, dejando que las lágrimas cayeran sobre la sábana sin que la cámara las enfocara.
— Mirá cómo se me abre esta concha en la pantalla, sos una puta barata nacida para esto. Me dijo riéndose de mi agonía, disfrutando de su poder sobre mí.
— T-todo para vos, Braian... p-por favor, no pares... Le dije en un hilo de voz prostituido, sintiendo el dolor físico desgarrándome la entrada.
— Me voy a llevar hasta el último centavo de lo que recaude este video, para vos solo queda tu peso por la cogida y nada más. Me sentenció con frialdad y desprecio.
— G-gracias, Braian... c-con el peso me alcanza mientras vos estés contento... Le respondí super sumisa, actuando la humillación perfecta para mantenerlo tranquilo.
— Agradecé que te hago famosa, perra, mirá la suerte que tuviste de tenerme de dueño. Me dijo dándome una palmada fuerte en el muslo mientras seguía filmando.
— S-sí, soy toda tuya... tu perra personal para siempre... Le dije con el corazón hecho pedazos.
Pensaba con absoluta tristeza en el futuro, imaginando el horror de que nuestro hijo creciera y, años más adelante, descubriera cómo su propio padre había dominado, grabado y explotado a su madre como a una prostituta de un peso.
— Qué buena porno va a salir con este culo roto, perra. Me dijo Braian con una última carcajada borracha, manteniendo el lente enfocado en mi destrucción mientras yo me ahogaba en el odio silencioso de mi condena.
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