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Tumbera...

No suelo atender números desconocidos, pero estaba a la espera de cierta información sobre una flota de taxis para asegurar, y como no sabía de dónde podía venir el dato, atendí. 
"Esta llamada proviene de un establecimiento penitenciario".
"Aceptá negrita, soy yo, el Cholo", se escucha la voz de quién sino, tras la advertencia.
-¿De nuevo estás preso?- le pregunto, más resignada que sorprendida.
-No te preocupes, no es nada serio, lo que pasa es que hubo un cambio en la Superintendencia, y el nuevo comisario quiere apretarme un poco las tuercas, nada más que eso- me explica.
No me lo dice, pero luego habría de enterarme que estaba detenido por una denuncia de la Comisión Directiva de Almirante Brown, de la cuál mis hermanos y mi papá forman parte. 
Pero no me llama para reclamarme ni para que interceda por él, sino por algo totalmente diferente.
Quiere que le haga una visita... una visita higiénica.
-Ya no aguanto negrita, no sabés cómo tengo los huevos...-
-Pero, ¿y Daiana? ¿No tendría que ir ella?- le consulto por la chica que estaba viviendo con él la última vez que lo ví.
-Está embarazada, tiene un bombo que le va a explotar en cualquier momento...-
-¿La preñaste de nuevo?- no sé de qué me sorprendo, ya que aquella vez que nos encontramos, la piba también estaba esperando familia.
-¿Y qué querés? Tiene veinte añitos, no se cansa nunca...-
-Pero no soy tu pareja ni nada, ¿no hay que acreditar cierto vínculo para eso?- 
-No te preocupes, que el abogado se encarga de todo...-
-No sé Cholo, cuando salgas si querés nos metemos todo un fin de semana en un telo, pero ir a coger a la cárcel, no me parece...-
-Por favor Mary, haceme la gamba, no sabés cómo estoy, soy la bomba atómica a punto de explotar...-
Me hace reír, y también excitar.
-¿Hace cuánto que estás adentro?- le pregunto.
-Ya voy para tres meses...-
Para un cogedor nato como el Cholo es una eternidad. Para mí también, por eso lo entendía. Unos pocos días sin que me la pongan, y ya estoy caminando por las paredes. Con tres meses, el Cholo debía estar como un león enjaulado.
-Dejamelo pensar Cholo, pero no te prometo nada...- le digo.
Al final no lo pensé demasiado. Para la siguiente llamada, le dije que sí, que iba a ir a verlo.
Él ya había iniciado el trámite para la visita íntima. Faltaba adjuntar mis datos, y el correspondiente exámen médico. El abogado se ocuparía de justificar el vínculo, mediante un certificado de convivencia.
A los pocos días me llega un correo con la aprobación de la visita higiénica, o el "encuentro" como le dicen. En ese momento recién caigo en que voy a ir a una cárcel a coger con un preso. Nunca me lo hubiera imaginado.
Me tuve que tomar el día, ya que la Unidad del Servicio Penitenciario en dónde está alojado queda en el AMBA.
Hago la fila, paso por todos los controles, y aunque voy vestida con ropa simple y discreta, ya que te prohiben colores oscuros, calzas, escotes, botas, y hasta cordones, en una de las requisas me tengo quedar en corpiño y bombacha mientras me revisan la ropa.
El horario de la visita es amplio, de varias horas, se puede compartir con la pareja en un patio común, como si fuera un día familiar, y si estás autorizado, dispones de dos horas para un encuentro íntimo. Yo iba solo para esto último, por lo que en vez de derivarme a esa zona en dónde están los presos con sus familias, tengo que esperar en un banco de cemento junto a otras dos mujeres.
-¿Y esto cómo sigue?- le pregunto a una -¿Hay más controles?-
-No, de acá ya pasamos a la polvera...- me contesta, indicándome una puertita que tenemos casi enfrente.
La polvera... Así le dicen al lugar en dónde vamos a coger con los presos.
-Nos van llamando por turnos, solo tenemos que esperar- 
Ella está visitando a su marido, que ya lleva unos años preso. Cómo tiene que retirar a sus hijos del colegio, no dispone de mucho tiempo, así que solo va a atenderlo. Se debió de dar cuenta de que era mi primera vez, porque enseguida me dice:
-No te preocupes... Al principio puede ser medio enquilombado, pero después te acostumbrás... Si estás enamorada, no te queda otra...-
Yo no estoy enamorada del Cholo, solo voy, al igual que ella, a sacarle la leche.
Cuando llega mi turno, me levanto y aunque estamos ahí para lo mismo, me da un poquito de vergüenza que sepan para lo que estoy entrando a ese lugar.
La polvera es un pasillo interno con habitaciones a ambos lados, cada puerta tiene pegada una hoja plastificada con las normas a seguir durante la visita. Un guardia me hace entrar en una y esperar allí hasta que traigan al Cholo desde el pabellón.
La habitación es sencilla: una cama, una mesita, y un baño pequeño. Cero romanticismo, pero bueno, lo mío con el Cholo nunca fue algo romántico.
Pongo música, armo la cama con las sábanas que llevé, y dejo el mate preparado sobre la mesa, aunque no sé si tengamos tiempo para cebarnos al menos uno. 
Los forros los tengo en la cartera.
Cuando lo traen al Cholo, se queda mirándome como si quisiera comerme viva. Esa mirada oscura, hambrienta, me moja al instante.
Nos quedemos solos, y entonces se acerca y me abraza, agarrándome, como siempre, del culo. Me aprieta contra su cuerpo, haciéndome sentir el bulto duro y caliente de su verga presionando contra mi vientre.
-¡Mmmm... ¿te dejan venir armado?- le digo, en un susurro excitado.
-Te dije que no aguantaba más...-
-Ya estoy acá para solucionarlo- le digo, bajando una mano para acariciarle el paquete a todo lo largo.
Nos besamos con hambre, con urgencia, la lengua de uno en la boca del otro, frotándonos, sobándonos como animales en celo.
-¡Necesito que me tires la goma ya mismo...!- me dice, bajándose el pantalón y el boxer, todo junto.
La pija salta hacia afuera, gruesa, venosa, completamente tiesa, la cabeza hinchada, brillante de líquido preseminal.
Es una pija preciosa, grande y pesada...
Se saca la remera, dejando al desnudo sus tatuajes tumberos, y se recuesta en la cama. Mientras él se la frota despacio, para no apresurar lo inevitable, me saco la blusa, el corpiño y acomodándome entre sus piernas, le hago una turca que lo pone en un estado más desesperante todavía. La cara de degenerado con que me mira el Cholo le pondría los pelos de punta a cualquier mujer, pero a mí me calienta.
-¡Chupámela... hacé con esa boquita hermosa lo que tan bien sabés hacer...!- me apura.
Empiezo por besarle los huevos, lamiéndolos despacio, mientras que con una mano le acaricio la verga de arriba abajo, conteniendo entre mis dedos esa presión infernal que solo busca explotar y llevarse todo por delante.
Subo con la lengua por toda la base, marcando con saliva la vena del centro que le recorre la pija a todo lo largo, hasta llegar a la cabeza. Lo beso en la punta, haciendo ruido de chuponcito, y me la meto en la boca.
-¡Uffffffff… sí, así…!- gruñe, excitado a más no poder.
Se la chupo con ganas, bajando lo más que puedo, sintiendo cómo me llena la boca, hasta rozarme la garganta. Muevo la cabeza en un ritmo constante, apretando los labios en torno a su grosor. De vez en cuando me la saco, no solo para respirar, sino también para lamérsela a todo lo largo, desde los huevos hasta la punta. Se la escupo, esparciendo la saliva con mi lengua, para volver a comérsela y seguir chupando.
El Cholo jadea sin control, empujando suavemente sus caderas hacia arriba.
-¡Más adentro, Negrita... quiero ver cómo te la comés toda!- reclama.
Hago lo que me pide. Relajo la garganta y me la meto casi entera, hasta llegar a tocarle el pubis con la nariz. Eso es lo que le gusta, que le haga garganta profunda.
Me mantengo ahí unos segundos, con toda la pija adentro, los ojos llorosos, y luego subo escupiendo saliva. Repito el movimiento varias veces, cada vez más rápido y más baboso. La saliva chorreándome por la barbilla, cayéndole en los huevos.
El Cholo respira más agitado, sus caderas moviéndose con más fuerza hacia mi boca. Se la chupo más fuerte, más profundo, la verga hinchándose aún más, latiendo con fuerza.
Ahora soy yo la que no se aguanta.
-¡Cholo, necesito que me cojas...!- le digo, sacándome la pija de la boca, dejándosela mojada, entumecida.
-¡Toda tuya...!- repone, sacudiéndosela ostentoso, tentador.
Me levanto, me saco el resto de la ropa, y buscando los forros en mi cartera, le pongo uno. La concha ya está que me echa fuego. Me meto los dedos para mostrarle cómo la tengo. Puro hervor.
Me le subo encima, a horcajadas. 
-¡Hacelo despacio, Negrita… quiero verte la cara mientras te la metés!- me pide.
Me levanto un poco, le agarro la pija, manteniéndola derecha, y bajando, me la voy metiendo despacito, como me pidió, disfrutando como me va llenando con su volumen.
Un fuerte y exaltado jadeo me revienta la garganta cuando lo tengo todo adentro.
El Cholo me agarra de las tetas y me pellizca los pezones, mientras lo empiezo a cabalgar lento, pausado, totalmente entregada a cada sensación. 
El sexo es hermoso, pese al lugar en el que estamos, mientras lo hacemos, es como estar en una burbuja, lejos de todo, ya casi ni se escuchan la música y los jadeos de las otras piezas, sino nuestras propias expresiones de placer.
El Cholo me agarra ahora de la cintura y me acompaña en la cabalgata, imprimiéndole más velocidad a mis movimientos. Yo también me muevo más fuerte, más rápido, haciendo que mis tetas le reboten en la cara.
Me deja que lo coja un rato, hasta que se desata la bestia que lleva adentro. Con un solo movimiento, me voltea de espalda, se sube encima mío, y me abre las piernas con sus rodillas.
Me mira a los ojos con una intensidad salvaje, frotándome la chota dura y babosa, por toda la concha.
"¡Uffffffffffff... que delicia...!
Me penetra de un solo empujón, moviéndose con un ritmo fuerte y constante, clavándome contra el colchón. Mientras me coge, me agarra de las muñecas por encima de mi cabeza, besándome con la lengua, mordiéndome el cuello.
No puedo dejar de gemir ante cada embestida, ante cada centímetro de verga entrando y saliendo, golpeando contra el fondo de mi concha. 
-¡Mirame... mirame mientras te cojo...!- me ordena, sudando sobre mí.
Abro los ojos y lo miro, la cara desencajada en un rictus lascivo y obsceno, el cuerpo cubierto de tatuajes tumberos: cadenas, cruces, el Diego, San La Muerte, los nombres de sus hijos, el de Daiana, y entre medio de sus tetillas, por debajo, en un lugar de privilegio, un tatuaje nuevo, reciente. Me lo quedo mirando sorprendida.
-¡Sí, sos vos...!- me confirma, porque lo que tiene tatuado, es mi nombre: Mariela.
Lo abrazo y atrayéndolo hacia mí, le como la boca, agradecida por haberme perpetuado en su piel.
Le envuelvo la cintura con mis piernas, y me muevo con él, yendo a su encuentro cada vez que me la saca, empujando, sintiéndolo más adentro, más profundo.
-¡Cogeme Cholo, cogeme...!- le pido desesperada.
Con cada empujón me remece las entrañas, me sacude, me revienta, me rompe toda, pero eso es lo que me gusta, por eso estoy ahí...
El Cholo me la deja clavada bien hasta los huevos, y con un rugido casi animal, acaba. Me vengo con él, temblando entera, apretándole la chota en mi interior.
El placer es inmenso...
Después del polvo, nos quedamos recostados en la cama, desnudos, las piernas de uno cruzadas con las del otro, tomando mate. No llevamos ni diez minutos riéndonos de boludeces, cuando me doy cuenta de que se le esta parando la pija.
-¿De nuevo?- le pregunto, riéndome.
-Te dije que estaba cargado...- responde, canchero.
Dejo el mate en el suelo y se la vuelvo a chupar. La tiene dura, caliente, mojadita de líquido preseminal. Pero no puedo saborearla mucho tiempo, porque enseguida me agarra del pelo y me levanta. 
No dice nada, solo me tira de espaldas y me abre las piernas. Se acomoda en medio, hundiendo la cabeza entre ellas, y me chupa la concha... Bueno, me la devora.
-¡Aaayyyyyyyy... Diooooooos...!- jadeo, arqueando la espalda.
Sin dejar de sorbetearme el clítoris, me mete los dedos, moviéndolos fluidamente, haciendo salpicar para todos lados el juguito que me sale de adentro.
Es desesperante, tengo otro orgasmo latiendo ahí, pero no sale, se resiste a explotar. Lo agarro de los pelos y le refriego la concha por toda la cara, anhelante, desesperada.
Viéndome en tal estado, el Cholo acelera, chupándome con más fuerza, hundiendo dedos y lengua lo más profundo posible, hasta que... acabo fuerte contra su boca, temblando, apretando los muslos alrededor de su cabeza, mientras suelto un gemido largo y agudo.
Ni siquiera termino de disfrutar de ese orgasmo, que el Cholo ya me está poniendo en cuatro. Se pone un forro, me agarra fuerte del culo y sin darme tiempo a nada, me la manda a guardar toda de una sola estocada.
-¡Ahhhhhhhh... Siiiiiiiiiiiiii... Toda... Dámela toda...!- le grito, exaltada.
Me empieza a coger con un ímpetu brutal, arrollador. Me agarra fuerte de las caderas y me tira contra él con cada embestida. El sonido de su pelvis chocando contra mi culo llena la habitación.
PLAP... PLAP... PLAP... PLAP... PLAP... PLAP...
Mientras me coge, con el pulgar me tantea el agujero del culo, presionando hacia dentro. Entonces me saca la pija, me escupe justo en el centro, y arremete por la colectora, enérgico, brutal, sin piedad alguna para mi orificio más pequeño... bueno, no tan pequeño en realidad.
Me clava fuerte los dedos en las nalgas y me empieza a dar, duro y parejo, acompañando cada empuje con nalgadas fuertes y ruidosas. Me va a dejar la cola toda marcada, pero no me importa, yo también quiero tenerlo a él grabado en mi piel.
Me tira del pelo, arqueándome la espalda, mientras me culea como un animal, cambiando el ritmo: a veces fuerte y rápido, otras más profundo y lento, cogiéndome bien el culo.
Siento que se está por venir otra vez, pero en vez de acelerar, me envuelve con un brazo la cintura, y dejándome toda la pija adentro, me pone de costado. El tras de mí, de cucharita. Me levanta una pierna y me empieza a bombear de nuevo. Me abraza fuerte contra su pecho, mete una mano entre mis piernas, y me empieza a sacudir el clítoris mientras hace estragos en mi interior, sus huevos golpeándome con cada movimiento.
¡Uffffffffffff...!
Llevo una mano hacia atrás, lo agarro de los pelos, y juntando su cabeza con la mía, le pido que acabemos juntos.
El Cholo acelera el ritmo, gruñendo como un animal, hasta que se queda clavado adentro y, entre fuertes sacudones, acaba. Yo me vengo con él, ambos estremecidos, jadeantes, cubiertos de sudor.
Cuando me la saca, siento como si me hubiera dejado un boquete entre las nalgas. Me volteo boca abajo, y con las manos trato de calmar el ardor de toda esa zona.
-Cholo, sos brutísimo...- le digo, pero no es un reclamo, sino una confirmación.
-Pero así te gusta, ¿no?- repone, dándome una palmada en la cola.
-¡Me encanta...!- le confirmo, sonriendo satisfecha...





Tumbera...

10 comentarios - Tumbera...

NaneroEv2 -1
Siemore que leo tus relatos me queda como un garrote
lmasse74 -1
Cuánta envidia al Cholo!!!!! Muy bueno el relato
Desert-Foxxxx -1
Tremendo marita, esas tetotas encima para terminar el relato que son toda una envidia para quienes las chupen que son muchos. Y viendo esa linda carita disfrutar
gerardoriker -1
que envidia me da, yo ambien quiero darte leche
kpo79 -1
el cholo simeone te coje mi vida??? jajjamn esoectacular relato. Saludos y mas 10💦😋💦😋
Eroscentrista -1
Van10 puntos como siempre un relato genial a puro morbo Mariela me encanta lo putona que sos
aleabu -1
Hablame de amigos leales... Una genia total.
rgjorge44
Al leer el nombre cholo fue como volver 10 años atrás. Ni ganas de leer lo mismo. Como el relato anterior culear con 6 tipos desconocidos y que se pongan forro, te respeten y llegas a casa a dormir sanita. Un embole. Activa el morbo, los tiempos cambiaro