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El paquete que llego esta mañana

Para proteger nuestra identidad solo diré mi esposo y al otro el tercero jejeje. Les cuento que hoy desenvolví el paquete que había pedido por Temu. Dentro, aquel body negro de encaje con transparencias estratégicas, el tipo de prenda que nunca me habría atrevido a comprar en una tienda física.
El paquete que llego esta mañana

Me lo probé frente al espejo y envié la foto a mi esposo. Quien respondió: "Estás espectacular." De inmediato empece a imaginar en cumplir nuestra fantasía.
putita


De como utilizaría está body para mi primera cita con un tercero que lo llamaré el tercero jajajaja.
Ahora lo llevo puesto escribiendo este relato imaginandome que llevo el boy bajo un vestido negro ajustado. Estamos en un bar, luces tenues, jazz de fondo. Mi esposo está a mi derecha, su mano en mi rodilla bajo la mesa. Frente a nosotros, el tercero —alto, barba de tres días— sostiene su whisky y me mira como si yo fuera el único postre en el menú.
Llevamos una hora aquí. Las copas van aflojado mi timidez. El tercero se inclina sobre la mesa, su mano roza la mía accidentalmente, intencionalmente para entrar en confianza. Mi esposo lo observa todo muy exitado.
"¿Vamos?" propone el tercero.
Mi esposo asiente.
En el estacionamiento, mi esposo abre la puerta trasera del coche. Entro yo primero, el tercero detrás. Mi esposo toma el volante. Arrancamos.
En cuanto el coche se mueve, eln tercero se acerca. Su mano encuentra mi muslo, sube por debajo del vestido. El encaje del body es una barrera ridícula, apenas un susurro de tela. Sus dedos rozan la abertura entre mis piernas y yo contengo el aliento.
"Puedes tocarla," dice mi esposo desde el asiento delantero, mirándonos por el espejo retrovisor. "Ella quiere que lo hagas."
El tercero no espera más. Sus dedos se deslizan por el borde del encaje, encuentran mi concha, exploran. Gimo suavemente, tratando de mantener la compostura, pero mis caderas se mueven solas buscando más presión que me meta el dedo.
"Estás empapada," me dice el tercero contra mi oído.
"Desde el bar," admito excitada.
Miro por el espejo retrovisor. Los ojos de mi esposo están fijos en nosotros, en la mano del tercero desapareciendo entre mis piernas, en mi boca entreabierta. Una de sus manos está en el volante; la otra agarrando su pinga. El tercero acelera sus movimientos. Dos dedos dentro de mi concha, frotando el clitoris. Solo atino a hecharme hacia atrás la cabeza en el respaldo, cierro los ojos, me dejo llevar, y yo estoy a punto de venirme en el asiento trasero con mi esposo mirando.
"Espera," dice mi esposo, y su voz suena tensa. "Ya llegamos."
El tercero retira su mano lentamente, se lleva los dedos a la boca, me mira a los ojos mientras los saborea. Estoy temblando.
Mi esposo estaciona, viene a abrir mi puerta. Me bajo con las piernas temblando de excitación y de nervios es la primera vez que voy a estar con dos hombres, el vestido torcido, el body empapado.

Subimos los tres al ascensor. El tercero me toma de la cintura, me acerca a él. Siento su erección contra mi cadera.
En el pasillo del cuarto piso, mi esposo saca la llave. Abre. Mi esposo se instala en la silla del rincón, como acordamos. Se desabrocha los pantalones pero no se toca todavía, solo observa.
El tercero me empuja suavemente hacia la cama. Caigo sentada en el borde. Él se arrodilla frente a mí, levanta mi vestido, ve el body de encaje negro, las transparencias, mi piel visible a través de la tela.
"Por Dios," suspira, y el que me desee me excita más.
Me quita el vestido por la cabeza. Allí estoy, en el body de Temu que compré con nerviosismo, expuesta frente a un desconocido mientras mi esposo mira desde las sombras.
El tercero besa mi estómago, sube lentamente. Sus manos encuentran los tirantes del body, los baja, expone mis pechos. Toma uno en su boca, succiona, mordisquea el pezón hasta que gimo. Su otra mano vuelve entre mis piernas, encuentra mi concha.
"Quiero probarte," dice.
Me acuesto en la cama, piernas colgando del borde. El tercero separa mis poernas, se posiciona entre ellas. Siento su lengua, caliente y húmeda, lamiendo desde abajo hasta arriba, encontrando mi clítoris, dibujando círculos lentos.
Busco a mi esposo con la mirada. Lo encuentro: una mano finalmente sobre su miembro, moviéndose lento, sus ojos oscuros de deseo fijos en mí.
El tercero es insistente. Introduce un dedo, luego dos, moviéndolos mientras su lengua continúa su trabajo. Mis caderas se elevan del colchón, buscando más contacto. Estoy cerca, muy cerca de correrme.
"Por favor," suplico, y no sé si pido que pare o que continúe y me meta la pinga.
El tercero entiende. Se levanta, se quita la ropa. Su erección imponente buena pinga para mí. Se posiciona sobre mí, la punta de su miembro rozando mi entrada.
"Mira a tu esposo," ordena, y obedezco.
Mi esposo está de pie ahora, acercándose a la cama, desnudo también, masturbándose mientras observa. Nuestros ojos se encuentran en el momento exacto en que el tercero mete su pinga en mi húmeda y chorreante concha.
La sensación es abrumadora. Se desliza hasta el fondo, llenándome por completo, diferente a mi esposo, nuevo, extraño. Grito, sin contenerme, porque quiero que minesposo lo escuche, porque quiero que sepa cuánto me gusta.
El tercero comienza a moverse. Lento primero, luego más rápido, encontrando un ritmo que me vuelve loca. Cada embestida me empuja contra el colchón, hace que mis pechos reboten.

"¿Te gusta?" pregunta el tercero, follandome fuerte.

"Me encanta," grito, mirando a mi esposo. "No pares."

Mi esposo está al lado de la cama ahora, tan cerca que puedo alcanzarlo. Lo hago, tomándolo en mi mano, masturbándolo al mismo ritmo de las embestidas del tercero. La sensación de tener a ambos, de estar entre ellos, es muy rica.

El tercero me voltea. Ahora estoy de rodillas, de espaldas a él, mirando directamente a mi esposo. El tercero me la mete en cuatro, más profundo. Mis pechos cuelgan libres, el body roto en los tirantes. Ver la cara de lujuria de mi esposo hace que mi orgasmo sea largo, intenso, arrastrándome en oleadas mientras grito el nombre de mi esposo, mientras mi cuerpo se contrae alrededor del tercero. Él embiste tres veces más antes de gemir y vaciarse dentro de mí.
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Caemos sobre el colchón. Respiro con dificultad, el cuerpo cubierto de sudor, el encaje de Temu roto en varios lugares.
Mi esposo se acuesta sobre mí, besándome con desesperacion. Aún no se corre lo agarro y le digo que quiero que se corra en mi boca chupando su pinga hasta que sale su leche y me deja empapada...
No saben cuan mojada
estoy terminando de escribir este relato....
cuernos

2 comentarios - El paquete que llego esta mañana

volviobilldeca
@Esposa94 mmmmmmmm mucho morbo, usas el chat de la página?
Esposa94
Hola si claro
elcuatroagujas
Guauuu que excitame, hermosa experiencia. Muy bien contada