Me vestí para matar: vestido negro corto, escote profundo, sin sujetador, tanga de encaje rojo que se me clavaba entre las nalgas. Tacones Labios rojos. mi marido me miraba desde la cama mientras yo me pintaba.
—¿Estás nerviosa? —preguntó.
—Estoy empapada —respondí, y me levanté el vestido para enseñarle
Se acercó, me abrió las piernas y pasó la lengua una sola vez, lento, desde la cola hasta el clítoris. Gemí.
—Guárdalo para después —le dije, cerrando los muslos—. Esta noche es mío.
Llegamos al bar a las once. Luces rojas, música baja, gente guapa y descarada. mi esposo se sentó en una mesa alta al fondo, con una copa de whisky. Yo me fui a la barra sola, como habíamos acordado.
Pedí un gin-tonic. No pasaron ni cinco minutos cuando lo vi.
Alto. Camisa negra . Se llamaba Diego, me dijo después.
Me miró como si ya supiera que iba a cogerlo . Se acercó, apoyó los codos en la barra y me habló al oído:
—¿Tu novio sabe que estás aquí sola?
—Es mi marido —contesté, girándome para que mis tetas rozaran su brazo—. Y sí, sabe que estoy buscando que me cojan
Diego sonrió con esa sonrisa peligrosa que me mojó más.
—¿Y él está mirando ahora?
Asentí hacia la mesa del fondo. Marcos nos observaba con los ojos muy abiertos.
—Bien —dijo Diego—. Entonces vamos a darle un buen espectáculo.
No sé cómo llegamos al baño de hombres. Creo que me llevó de la mano. En cuanto cerró la puerta con pestillo, me empujó contra la pared de azulejos fríos. Me subió el vestido hasta la cintura de un tirón.
Eres una puta casada, ¿verdad?
—Sí —jadeé—. Y hoy rompo las reglas.
Diego no preguntó qué reglas. Me bajó la tanga de un tirón, se arrodilló y me comió el clitoris Lengüetazos largos, succión dos dedos dentro curvados buscando mi punto G. Me corrí en menos de un minuto, mordiéndome el antebrazo para no gritar.
Cuando me recuperé, él ya se había bajado los pantalones. Su pija era gruesa,
él, frotando la cabeza gruesa contra mi entrada—. ¿Quieres que pare?
—No pares —susurré—. Métemela sin nada.
Diego sonrió como el diablo y me penetró de una sola estocada.
Grité. De verdad grité. Era mucho más gruesa de lo que esperaba. Me llenó por completo, me estiró, me abrió. Empezó a cogerme fuerte, profundo, Mis tetas saltaban dentro del vestido.
—Más fuerte —le pedí—. Quiero que me destroces.
Me levantó una pierna, me cogio más profundo. Me mordió el cuello, me pellizcó los pezones. Me corrí por segunda vez, apretando su pija con mi interior,
—Voy a acabar dentro —
—Sí… lléname
Diego soltó un gemido ronco y se vació dentro de mí. Chorros calientes, espesos. Sentí cada pulsación. Me corrí otra vez solo con eso.
Cuando salió, el semen empezó a chorrearme por los muslos. No me limpié. Me subí la tanga empapado, me bajé el vestido y lo besé en la boca con lengua.
—Gracias —le susurré—. Mi marido agradecido
Salí del baño con las piernas temblando. El semen me corría por la cara interna del muslo izquierdo. Podía sentirlo.
mi esposo estaba exactamente donde lo había dejado. Pálido. Con una erección evidente bajo los pantalones.
Me senté en su pierna , abrí las piernas y le agarre la mano. La llevé directamente a mi concha
—Siente —le ordené.
Sus dedos tocaron la tanga empapada . Notó el calor, , la cantidad.
Me llenó entero. ¿Quieres ver?
Saqué el celu abrí la cámara y le enseñé un vídeo corto que había grabado sin que Diego se diera cuenta: su pija entrando y saliendo de mí, mis gemidos, el momento exacto en que acabo dentro.
mi esposo respiraba agitado. Le brillaban los ojos.
. Vámonos a casa. Quiero que me limpies con la lengua mientras te cuento exactamente
En el taxi de vuelta no dejé que me tocara. Me senté con las piernas abiertas y dejé que el semen siguiera chorreando. Cada vez que el coche pasaba por un bache, gemía bajito.
Llegamos al apartamento. En cuanto cerré la puerta, me quité el vestido y me quedé solo con los tacos y la tanga empapado.
—Al suelo —le ordené a mi esposo
Se arrodilló.
Me bajé la tanga lentamente. El semen de Diego cayó en un hilo grueso sobre su lengua. Le puse la mano en la cabeza y lo empujé contra mi concha
Quiero que pruebes lo que otro hombre dejó dentro de tu mujer.
Marcos lamió como un desesperado. Gemía mientras lo hacía. Yo le contaba cada detalle: cómo Diego me había abierto, cómo me había golpeado el fondo, cómo me había llenado.
—Nunca me había corrido tan fuerte —le confesé, moviendo las caderas contra su cara—. Y esto solo es el principio.
Cuando me dejó limpia, lo empujé al sofá y me senté encima de él. Su pija estaba durísima.
—¿Quieres cogerme ahora? —pregunté, rozándome contra él.
—Por favor…
Me deslicé hacia abajo y lo metí de un golpe. Estaba tan mojada que entró sin resistencia. Pero yo ya no era la misma. Ahora cogia con más fuerza, con más hambre. Le arañé el pecho, le mordí el cuello
mi esposo acabo en menos de un minuto, gimiendo mi nombre
Yo me corrí por cuarta vez esa noche, apretándolo dentro de mí, sintiendo cómo mezclaba su leche con la de Diego.
Cuando terminamos, me quedé encima de él, sudada, satisfecha,
en ese preciso instante, que acababa de abrir la puerta a algo mucho más grande y mucho más sucio.
—¿Estás nerviosa? —preguntó.
—Estoy empapada —respondí, y me levanté el vestido para enseñarle
Se acercó, me abrió las piernas y pasó la lengua una sola vez, lento, desde la cola hasta el clítoris. Gemí.
—Guárdalo para después —le dije, cerrando los muslos—. Esta noche es mío.
Llegamos al bar a las once. Luces rojas, música baja, gente guapa y descarada. mi esposo se sentó en una mesa alta al fondo, con una copa de whisky. Yo me fui a la barra sola, como habíamos acordado.
Pedí un gin-tonic. No pasaron ni cinco minutos cuando lo vi.
Alto. Camisa negra . Se llamaba Diego, me dijo después.
Me miró como si ya supiera que iba a cogerlo . Se acercó, apoyó los codos en la barra y me habló al oído:
—¿Tu novio sabe que estás aquí sola?
—Es mi marido —contesté, girándome para que mis tetas rozaran su brazo—. Y sí, sabe que estoy buscando que me cojan
Diego sonrió con esa sonrisa peligrosa que me mojó más.
—¿Y él está mirando ahora?
Asentí hacia la mesa del fondo. Marcos nos observaba con los ojos muy abiertos.
—Bien —dijo Diego—. Entonces vamos a darle un buen espectáculo.
No sé cómo llegamos al baño de hombres. Creo que me llevó de la mano. En cuanto cerró la puerta con pestillo, me empujó contra la pared de azulejos fríos. Me subió el vestido hasta la cintura de un tirón.
Eres una puta casada, ¿verdad?
—Sí —jadeé—. Y hoy rompo las reglas.
Diego no preguntó qué reglas. Me bajó la tanga de un tirón, se arrodilló y me comió el clitoris Lengüetazos largos, succión dos dedos dentro curvados buscando mi punto G. Me corrí en menos de un minuto, mordiéndome el antebrazo para no gritar.
Cuando me recuperé, él ya se había bajado los pantalones. Su pija era gruesa,
él, frotando la cabeza gruesa contra mi entrada—. ¿Quieres que pare?
—No pares —susurré—. Métemela sin nada.
Diego sonrió como el diablo y me penetró de una sola estocada.
Grité. De verdad grité. Era mucho más gruesa de lo que esperaba. Me llenó por completo, me estiró, me abrió. Empezó a cogerme fuerte, profundo, Mis tetas saltaban dentro del vestido.
—Más fuerte —le pedí—. Quiero que me destroces.
Me levantó una pierna, me cogio más profundo. Me mordió el cuello, me pellizcó los pezones. Me corrí por segunda vez, apretando su pija con mi interior,
—Voy a acabar dentro —
—Sí… lléname
Diego soltó un gemido ronco y se vació dentro de mí. Chorros calientes, espesos. Sentí cada pulsación. Me corrí otra vez solo con eso.
Cuando salió, el semen empezó a chorrearme por los muslos. No me limpié. Me subí la tanga empapado, me bajé el vestido y lo besé en la boca con lengua.
—Gracias —le susurré—. Mi marido agradecido
Salí del baño con las piernas temblando. El semen me corría por la cara interna del muslo izquierdo. Podía sentirlo.
mi esposo estaba exactamente donde lo había dejado. Pálido. Con una erección evidente bajo los pantalones.
Me senté en su pierna , abrí las piernas y le agarre la mano. La llevé directamente a mi concha
—Siente —le ordené.
Sus dedos tocaron la tanga empapada . Notó el calor, , la cantidad.
Me llenó entero. ¿Quieres ver?
Saqué el celu abrí la cámara y le enseñé un vídeo corto que había grabado sin que Diego se diera cuenta: su pija entrando y saliendo de mí, mis gemidos, el momento exacto en que acabo dentro.
mi esposo respiraba agitado. Le brillaban los ojos.
. Vámonos a casa. Quiero que me limpies con la lengua mientras te cuento exactamente
En el taxi de vuelta no dejé que me tocara. Me senté con las piernas abiertas y dejé que el semen siguiera chorreando. Cada vez que el coche pasaba por un bache, gemía bajito.
Llegamos al apartamento. En cuanto cerré la puerta, me quité el vestido y me quedé solo con los tacos y la tanga empapado.
—Al suelo —le ordené a mi esposo
Se arrodilló.
Me bajé la tanga lentamente. El semen de Diego cayó en un hilo grueso sobre su lengua. Le puse la mano en la cabeza y lo empujé contra mi concha
Quiero que pruebes lo que otro hombre dejó dentro de tu mujer.
Marcos lamió como un desesperado. Gemía mientras lo hacía. Yo le contaba cada detalle: cómo Diego me había abierto, cómo me había golpeado el fondo, cómo me había llenado.
—Nunca me había corrido tan fuerte —le confesé, moviendo las caderas contra su cara—. Y esto solo es el principio.
Cuando me dejó limpia, lo empujé al sofá y me senté encima de él. Su pija estaba durísima.
—¿Quieres cogerme ahora? —pregunté, rozándome contra él.
—Por favor…
Me deslicé hacia abajo y lo metí de un golpe. Estaba tan mojada que entró sin resistencia. Pero yo ya no era la misma. Ahora cogia con más fuerza, con más hambre. Le arañé el pecho, le mordí el cuello
mi esposo acabo en menos de un minuto, gimiendo mi nombre
Yo me corrí por cuarta vez esa noche, apretándolo dentro de mí, sintiendo cómo mezclaba su leche con la de Diego.
Cuando terminamos, me quedé encima de él, sudada, satisfecha,
en ese preciso instante, que acababa de abrir la puerta a algo mucho más grande y mucho más sucio.
6 comentarios - mi marido queria una esposa golosa aca la tiene