Reconozco que a esa altura yo vivía con un cosquilleo casi constante entre las piernas, pero mis deseos nunca habían traspasado las fantasías como aquella gélida noche. Yo vivía sola en un modesto monoambiente en el mismo edificio que mi abuelo, por lo que solía ir a cenar con él. Ese día mi abuelo había recibido de huésped, además de mi hermano, a Marcos, un tipo muy piola compañero de trabajo de mi tío en Catamarca. Así que luego de comer le pedí a mi hermano que me acompañe a una cervecería en la que me encontraría con mi novio, y por cortesía también invité a Marcos. Marcos era muy piola, un amigo de mi tío que acabábamos de conocer. No era especialmente bien parecido, pero me calentaba como me miraba tan descaradamente. Había llegado a la ciudad para hacer trámites en mi facultad por lo que mi tío le pidió a mi abuelo que lo aloje, y a mí que lo oriente en ciudad universitaria. Realmente no recuerdo cuál fue el motivo por el que discutimos con mi novio apenas llegamos, pero el muy idiota se fue dejándome sola... quiero decir: con mi hermano y Marcos. Fue tal mi furia que convencí a mi hermano para que se quede y fueron pasando las horas y las rondas de cerveza. Nos divertimos los tres bailando y bebiendo hasta que mi hermano sí, ya no aguantó el sueño y avisó que se iba. Yo no tenía ninguna intención de irme, y Marcos enseguida dijo: "yo me quedo, total volvemos juntos al edificio". ¿Por qué no? Marcos había demostrado ser muy respetuoso y afín a mis intereses. Lo despedimos a mi hermano, seguimos charlando y riendo un buen rato hasta que decidimos volver. Caminamos el trayecto de regreso al edificio, no puedo negar que con algo de tensión en el aire, hasta que en el ascensor Marcos me dijo: "¿No quisiera incomodarte, pero, puedo quedarme a dormir en tu departamento?, mañana me levanto y me vuelvo con tu abuelo pero no quisiera despertarlo a esta hora". Supongo que en un segundo de auto engaño me pareció un buen punto, una idea razonable para mi mente excitada por la música y el alcohol. Así que fuimos directamente a mi casa que si bien era chica, tenía un rincón en "L" donde Marcos podía dormir en el sofá sin que siquiera nos veamos uno al otro. Me puse mi piyama, me lavé los dientes y corrí hacia mi cama. Temblando por el frío y algo de miedo escuché la voz de Marcos: "¿ya te dormiste?" "No", contesté. "¿Puedo ir a acostarme con vos?, es que hace mucho frío". No podía creer una excusa tan burda, aunque lo del frío fuera cierto, pero era tal mi terror que la hiperventilación me impedía articular palabra: no fue necesario al instante vi aparecer la sombra de Marcos que se metía en mi cama, tenía el cuerpo helado. Debimos haber estado fracciones de segundos que me parecieron una eternidad hasta que puso su mano fría sobre mi muslo y lo deslizó hasta mi vagina mientras yo seguía aterida. Me tocó con delicadeza, acariciando mis labios por sobre mi shortcito de seda mientras nuestros cuerpos seguían en paralelo como dos Estados en conflictos limítrofes. Sus dedos presentaron sus credenciales diplomáticas e ingresaron a mi territorio por debajo del piyama, mimando el contorno de mi vulva primero (la cual se deshacía en jugos), e ingresando a mi estrecha embajada luego. Si bien yo seguía inmóvil la delegación digital tuvo una recepción cálida. Sin embargo en un rapto de recuperación de soberanía le dije a mi vecino: "¿Qué hacés?"; "Calláte", me ordenó, "que ahora te voy a coger": me sacó el pantalón y me sentó en su poronga enorme y dura. Me calentó mucho sentir sus manos firmes haciendo conmigo su voluntad, esos dedos fuertes en los huesos de mi cadera, haciéndome dar rápidos sentones sobre su pija caliente. A la tercera bombeada estallé en un orgasmo mojado que me volteó por completo. Pero él no había acabado por lo que, sin importarle que yo estaba desvanecida boca abajo, se escabulló de manera de cogerme por atrás aprovechando mis fluidos orgásmicos. Me lubricó el culo con sus dedos y me lo penetró con su verga cabezona. Mientras me apretaba las tetas me rompió el orto hasta explotarlo de semen, casi con bronca. Ahora él era el moribundo y yo tuve que masturbarme mientras le limpiaba la pija con la boca. Antes de irse volvió a despertarme a pijazos llenándome de leche cada orificio que encontró. Nunca más volví a verlo.
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