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La droga del cornudo (relato cuckold)

Es justo cuando cruza la puerta que Conrado siente el pinchazo en su cuello, y se desmaya. Cae como un saco de patatas, desmadejado, con la ropa de trabajo. La barriga se le ve bajo la camiseta, se tira un pedo y emite un ronquido.
Cuando despierta está totalmente desnudo y atado en una silla, y no da crédito a lo que ve.
Ante él tiene la cara de su novia, de Inma, con el pelo negro asalvajado. Está emitiendo un gruñido… no, es un gemido extraño. Está, joder, SE LA ESTÁN FOLLANDO, Y DELANTE DE ÉL.
Está a cuatro patas, se mueve de delante atrás, y tiene restos blancos en la boca, chorreando. Babea, se le caen los mocos. Los ojos lo miran, pero no lo enfocan, como si estuviera en otro sitio, en otro punto, como si mirara a través de él, más allá.
Quiere decirle algo, preguntarle, gritarle. No puede. Tiene algo en la boca. Es… es una bola. Joder, lo han amordazado.
Entonces eleva la vista. Deja de mirar las gordas tetas de Inma, que no dejan de bambolearse y ve que por encima de ella hay un tipo. Un tipo fuerte, tatuado, que no deja de empujarla… no, de metérsela sin piedad. El tipo lo mira, le sonríe despectivamente.
—¿Disfrutas de las vistas, Conrado? He de decirte que tu novia, que esta puerca que tú no sabes ni usar, porque a seres como ella se les usa, tiene un buen y gordo coño. Luego verás más de cerca.
Conrado grita a través de la mordaza. Están violando a su novia, seguro, esto no puede estar pasando…
—Ahora verás lo que pasa cuando no sabes atender a una guarra como Inma, tonto del culo. Que acaba llegando alguien con más idea que tú, y se la folla. No ves que ni siquiera es capaz de mirarte a los ojos… Sí, le he pinchado lo mismo que a ti. Un estimulador. Hace que los niveles hormonales y de excitación se suban por las paredes y no puedas pensar más que en follar. Y, mírala… totalmente fuera de sí. Como debe ser en una guarra como ella… ¿es que no ves que lo pedía a gritos?
»Y, sí vas a empezar a empalmarte. Y es posible hasta que te corras viendo todas las guarradas que le quedan por hacer, así de cerca… Ufff… no sabes lo que le palpita el coño… Ya lleva más de seis orgasmos y sigue corriéndose… La tenías muy mal follada, Conrado. Ahora toca resarcirla y aprovecharla. Y tú lo vas a ver todo.
Entonces el tipo, que dijo llamarse Amo, y que solo conocería ese nombre, le tiró del pelo a Inma, que levantó la cara entre gemidos, y, con un sonido de succión, le sacó la polla.
—Nnno… noo… nooo… más polla, Amo, por favor… más polla… querer más polla… no pensar… solo follar. Servir. Esclava. Guarra gorda. Yo chupar y hacer todo lo que ordenes…
—Date la vuelta y enséñale a tu novio los chorros de semen que te salen del coño y del culo… hazlo…
No piensa, no duda. Lo hace. Al momento, Conrado ve cómo tiene el coño chorreando, con los largos labios internos colgando, manchados de blanco y con el clítoris palpitando. El coño parece boquear, moverse, pedir más, querer absorber cualquier cosa que lo llene. Y del gordo culo de la mujer, que también le palpita, cae un chorro blanco también.
—¿Ves Conrado? Eres un puto desgraciado. No te mereces una guarra como esta. Guarra ponte de rodillas, de lado, delante de él. Ahora.
Lo hace sin dudar, cogiéndose las gordas tetas y ofreciéndolas.
—No sé cómo has podido desperdiciar a esta criatura, de verdad que no. Mira lo que es capaz de hacer.
Amo se acerca a ella. Tiene una erección gruesa, venosa, con la polla llena de manchas blancas de otros orgasmos y semen derramado. Sin dudarlo, la esgrime y empieza a pasarle la polla empapada de babas, semen y flujos de ella, por la cara, manchándosela.
—Seguro que te ha pedido que le hagas esto. Pero eres un idiota y un impotente. Solo sabes meter y sacar y ya. Cuando una cerda como esta tiene tantas posibilidades.
Inma gime con cada golpe de polla en su cara, con cada restregón. Está tan cachonda que no puede evitarlo, y con un “Yiiiiiiiih”, se mea encima, salpicando el suelo.
—Es como una perra en celo perpetuo. Hasta se mea… Qué desgraciada más divertida. Y ahora, abre la boca, guarra gorda.
Inma abre la boca. Siente que debe abrirla más, y se tira con dos dedos de las comisuras.
—¿Ashli?
Amo le mete la polla de un tirón. Suena una fuerte arcada. La polla no se detiene. Amo avanza, Inma está totalmente debajo de él, y la polla entra en la garganta con un movimiento de presión y una fuerte arcada. Y empieza a bombear.
Conrado ve cómo esas oscuras fantasías que le había pedido varias veces Inma entre confesiones avergonzadas, se están haciendo realidad. Degradarla. Follarle la garganta. Sodomizarla bien. Orinarle. Todo lo que le había pedido en sus años de relación…
Ahora está ahí, de rodillas, sobándole los cojones a ese tipo mientras él le perfora la garganta con su polla. Gorgoteos, arcadas, salivazos, la garganta hinchada. Las manos de la mujer están tocándose el coño y metiéndose los dedos, que chapotean en ese coño hinchado y sobreexcitado.
Una, otra, y otra metida. La garganta tiene que estar en carne viva, pero ella sigue chupando, dejándose irrumar, con los labios alrededor de esa polla hinchada y anillada, la lengua sacada, lamiendo la parte baja. Amo cierra los ojos gime y de pronto palpita, tirándole fuerte del pelo para clavarse más profundo.
Y se escuchan sonidos, sonidos de tragar. Inma se está tragando la corrida de ese tipo tatuado y su mirada va hasta Conrado, brillando y, por fin, enfocada.
Ha pasado un buen rato. Conrado está empalmado, no sabe ni por qué. Será la droga. Sí, tiene que ser eso. Sin duda. La polla le palpita, ve más venas que nunca, y rezuma líquido preseminal. Nunca había soltado tanto.
Está viendo cómo Inma le acaba de lamer el ano a Amo, le ha metido la lengua dentro, mientras no dejaba de acariciarle la polla y llenarla de babas. Le lame los huevos, mientras a ella le chorrea el coño, que Conrado no deja de mirar. Está teniendo pulsaciones en su vagina mientras no cesa de chorrearle más y más.
—Suficiente, guarra. Prepara tu culo. Voy a follármelo delante de tu novio.
Conrado trata de gemir, pero ha escuchado eso y su polla se ha desbocado, palpitando, ridícula comparada con la de Amo. Pero le palpita. Ojalá poderse tocar, agarrarla, darle tirones hasta correrse…
Inma se tira al suelo. Las rodillas clavadas el culo abierto, separado por las manos, mientras su cabeza está apoyada en el suelo, y sus gordas tetas, también. Le está ofreciendo el culo, que le palpita como si necesitara tanto respirar como ser llenado. Rosado, lubricado.
—Ahora despojo de novio, pues eso es lo que eres Conrado, cornudo imbécil, voy a follarle el culo como tú no has hecho en tu puta vida, desgraciado.
Se coloca encima, tira de su gorda y venosa polla, dura y palpitante, y empieza a clavarse, empalándola. El culo se dilata, Inma gime, casi grita.
—Miii… cuuuu… looo…
—¿Tuyo? No, guarra. No tienes posesión de nada. Y este despojo de cuerpo de gorda babosa, es una simple posesión mía…
—Ssssí… tuuuuyo… despojo gordooo… yo… aaaaaah… no cabeee….
—Sí cabe —Y Amo, de una embestida, se clava hasta el pubis dentro del culo de Inma.
Esta coge aire y suelta un grito muy agudo y débil. Amo no presta atención. Empieza a bombear en su interior. Uno de sus pies se pone sobre la cabeza de la mujer, humillante y degradante, confirmando que solo es un saco de carne para su placer.
Inma gime, ríe, babea, mirando a Conrado a veces con la mirada perdida y los ojos desenfocados, pero una sonrisa salvaje en su cara. De su interior brota un gemido con cada embate, arrancado de lo profundo de sus tripas, de sus pulmones.
—Folla… culo… de gorrrdaaaa… Gorrrda… se corre por… el culoooooo aaaaaAAAAAH!!!
—Joder, sí… —Amo tiene tensas las venas del cuello y los brazos mientras se clava en profundidad, sintiendo cómo palpita ese ano dilatado—. Mira Conrado, cornudo, cómo se corre por el culo… y ahora… je, je, je… voy a llenarle las tripas de semen… Ufff…
Varios chorros se suceden. El último cuando casi ha retirado la polla. El grueso glande púrpura lanza un último chorro a ese ano dilatado que cae, como en una cueva oscura, llena de semen, palpitando.
—Culo llenoooo… —murmura Inma.
—Sí, tienes el culo lleno, puta guarra. Pero mira al tonto cornudo de tu novio: se ha corrido.
Conrado, con lágrimas en los ojos, ha sentido su propio orgasmo. Un chorrito de semen le ha salpicado la cara, el pecho y ahora le inunda los huevos, palpitando y bajándose la erección.
—No ha estado mal, cerdos. Nada mal. Volveré. La guarra de tu novia se merece alguien de polla gorda que la monte y reviente. Por cierto…
Amo se da la vuelta, mientras acaba de vestirse, limpiando su polla en el pelo de Inma, mientras esta le tira salvajes lengüetazos, lamiendo ese miembro que ha estado en el interior de su ano y la ha llenado.
—No había ninguna droga. Habéis hecho lo que habéis hecho… queriendo. Y tú, Conrado, no has estado atado en ningún momento.
La puerta de la casa se cierra. Inma, sentada con las piernas cruzadas, ríe estúpidamente mientras siente el semen salir de sus agujeros, y vuelve a mearse encima. Mira a Conrado, riéndose de él, con un dedo en la boca.
Conrado separa las manos de la silla. Estaba agarrado todo el tiempo. Era verdad. No estaba atado. Quería eso. ¿Quería eso? Parece que… sí.

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