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Mi mejor amiga me masturba

Una amiga luna compañera de universidad me hace una paja .

Me llamo Yitsuki y tengo 28 años. Aquella tarde, el ambiente en mi casa era tranquilo, impregnado del silencio concentrado que solo surge cuando tienes una entrega universitaria pendiente. Mi compañera de clase y mejor amiga estaba instalada en mi escritorio, rodeada de hojas de cuaderno y fórmulas matemáticas que parecían no tener fin.



Me puse de pie para romper la monotonía y fui a la cocina. Preparé un par de vasos de limonada bien fría, pensando que el azúcar y la frescura nos ayudarían a despejar la mente. Al regresar y dejarlos sobre la mesa, me acerqué para ayudarla con uno de los ejercicios más complicados. Nos inclinamos juntos sobre el papel, compartiendo el espacio en un silencio cómodo, donde solo se escuchaba el rasgueo del lápiz sobre el papel.



Sin embargo, mientras ella repasaba los cálculos, algo me dio vueltas en la cabeza. Recordé la bolsa de compras que había dejado en mi habitación. Me aclaré la garganta, sintiendo una ligera chispa de nerviosismo que no supe definir en ese momento.



—Oye —le dije, rompiendo la concentración del ejercicio—, ¿podrías hacerme un pequeño favor?



Ella me miró con curiosidad, deteniendo el lápiz a medio camino.



—He comprado unos bóxers nuevos y la verdad es que no estoy seguro de si me quedan bien. ¿Podrías echarles una ojeada rápida y decirme qué te parecen?



***



Ella se quedó congelada por un segundo, con el lápiz aún suspendido sobre el cuaderno. Me miró fijamente, parpadeando un par de veces como si estuviera procesando si realmente había escuchado bien lo que le acababa de pedir. El silencio se prolongó unos instantes, cargando el aire con una tensión inesperada que no tenía nada que ver con las matemáticas.Entonces, una pequeña sonrisa, mitad incrédula y mitad divertida, apareció en su rostro. Soltó una risita nasal y dejó caer el lápiz sobre la mesa con un golpe seco.—¿En serio, Yitsuki? —preguntó, arqueando una ceja—. ¿Me estás pidiendo una asesoría de moda íntima en medio de un repaso de cálculo?Se echó hacia atrás en la silla, cruzando los brazos sobre el pecho mientras me analizaba con una mirada pícara. No parecía incómoda, sino más bien intrigada por mi repentina petición. La confianza que habíamos construido durante años hizo que el momento no fuera extraño, sino más bien un desafío juguetón.—Bueno… supongo que es un descanso necesario antes de que nos explote la cabeza con estas ecuaciones —añadió, levantándose de la silla con un gesto despreocupado—. Anda, ve a probártelos. Pero que sea rápido, que si no terminamos este ejercicio hoy, vamos a reprobar.Se quedó allí parada, esperándome con una expresión divertida, aunque admito que noté que evitaba mirar directamente hacia la puerta de mi habitación, quizá sintiendo ella también que la dinámica entre nosotros acababa de cambiar sutilmente.



***



Regresé al salón caminando con paso lento, consciente de la ausencia del pantalón. Llevaba la camiseta puesta, pero debajo, el bóxer ajustado en blanco y negro no dejaba absolutamente nada a la imaginación. El tejido ceñido marcaba con total claridad la presión y el volumen de mis 17 centímetros, que se erguían firmes y prominentes, creando un relieve imposible de ignorar bajo la tela.



Al verme, ella se quedó muda. La sonrisa pícara que tenía hace un momento desapareció instantáneamente, reemplazada por una expresión de sorpresa absoluta. Sus ojos bajaron automáticamente, clavándose en la zona donde el bóxer marcaba mi anatomía, y sentí cómo su respiración se volvía un poco más pesada.



Sin decir una palabra, me coloqué justo frente a ella, dejando que la vista se deleitara con la vista frontal. Noté que ella tragó saliva, incapaz de apartar la mirada. Para completar la «evaluación», giré el cuerpo lentamente, dándole una vuelta completa para que pudiera apreciar cómo el corte del bóxer se ajustaba a mis glúteos, resaltando cada curva de mi trasero.



Cuando volví a quedar frente a ella, rompí el silencio con un tono casual, aunque mi voz sonaba un poco más grave de lo normal.



—¿Y bien? —le pregunté, mirándola fijamente—. ¿Qué tal? ¿Crees que me quedan bien o son demasiado ajustados?



Ella no respondió de inmediato. Se quedó allí, paralizada, con las mejillas empezando a teñirse de un rojo intenso. Sus ojos volvieron a subir hacia los míos, pero estaban dilatados, y era evidente que la atmósfera de «estudio» había desaparecido por completo, siendo reemplazada por una electricidad palpable que llenaba toda la habitación



Ella no respondió de inmediato. Durante varios segundos, el único sonido en la habitación fue el tic-tac del reloj y la respiración agitada de ambos. Se quedó completamente hipnotizada, con la mirada alternando frenéticamente entre mis ojos y el relieve tan marcado de mi anatomía bajo el bóxer blanco y negro. Noté que sus labios se entreabrieron ligeramente y que sus mejillas habían pasado de un rosa suave a un rojo intenso. Trató de recuperar la compostura, pero sus manos, que colgaban a sus costados, se cerraron en pequeños puños, como si estuviera luchando contra el impulso de hacer algo.—Yitsuki… —su voz salió como un susurro, mucho más ronca y quebrada de lo habitual—. Tú… tú no puedes preguntarme si «te quedan bien» cuando… cuando te ves así.Se obligó a mirar hacia arriba, pero sus pupilas estaban dilatadas, revelando que su cuerpo estaba reaccionando a lo que veía. Dio un paso involuntario hacia adelante, acortando la distancia entre nosotros. El aire se sentía denso, casi eléctrico. —Son… demasiado ajustados —logró decir, aunque esta vez no parecía una crítica, sino una observación cargada de deseo—. Demasiado. No creo que sea posible concentrarse en los ejercicios de matemáticas después de ver esto.Ella soltó una risa nerviosa, pero no se alejó. Al contrario, se quedó ahí, a escasos centímetros de mí, mirándome con una mezcla de asombro y hambre, como si estuviera procesando que su mejor amigo, la persona con la que estudiaba cada tarde, tuviera ese impacto sobre ella.



***



Al escuchar que la llamaba por su nombre, Luna pareció despertar de su estupor. Me miró profundamente, y la expresión de deseo en sus ojos se mezcló con una ternura inesperada. Mis palabras habían suavizado la tensión eléctrica, transformándola en algo más personal y sincero.



—Bueno… eres mi compañera de clases, mi mejor amiga y sobre todo una chica de mucha confianza —le dije, bajando un poco la voz, permitiendo que el tono fuera más íntimo—. Luna, lo hago porque me gusta tu compañía.



Ella soltó un suspiro largo, como si acabara de soltar una carga que llevaba tiempo conteniendo. Una sonrisa pequeña y genuina apareció en sus labios, aunque sus ojos seguían bajando inevitablemente hacia el volumen que marcaba el bóxer.



—Eres un tonto, Yitsuki —susurró ella, pero no había nada de burla en su tono; al contrario, sonaba rendida—. Sabes perfectamente lo que me estás haciendo sentir ahora mismo, ¿verdad?



Luna dio el último paso que faltaba, eliminando cualquier espacio entre nosotros. Podía sentir el calor de su cuerpo emanando hacia el mío. Lentamente, llevó una de sus manos hacia mi pecho, rozando la tela de la camiseta, mientras que la otra bajó con timidez, deteniéndose justo antes de tocar el borde elástico del bóxer negro y blanco.



—Me gusta tu compañía también… —respondió ella, levantando la mirada para encontrar la mía—. Pero creo que ahora mismo, la última persona en este mundo que quiere seguir hablando de matemáticas soy yo.



Se quedó ahí, con la mano temblando ligeramente a milímetros de mi piel, esperando una señal mía para cruzar la línea final.



***



***



La miré profundamente a los ojos, viendo en ellos todo el deseo que había estado contenido durante años. Con un gesto lento y protector, puse mi mano en su mejilla, acariciando su piel suave, y me incliné para darle un beso tierno y prolongado en la frente. Fue un gesto que selló la complicidad entre nosotros, transformando la tensión sexual en algo mucho más cercano.



Me separé apenas unos centímetros, manteniendo mi rostro cerca del suyo, sintiendo su respiración acelerada contra mi piel.



—Ya sé, Luna… —le susurré con una sonrisa pícara, bajando el tono de voz—. Para la distracción… ¿qué tal si me haces una paja?



El efecto de mis palabras fue inmediato. Luna abrió los ojos de par en par y soltó un jadeo contenido, sorprendida por la franqueza de la petición, pero no retrocedió. Al contrario, una chispa de excitación cruzó su mirada. La idea de pasar de la amistad a algo tan explícito parecía haber encendido una mecha que ya estaba seca.



—¿Así de directo, eh? —respondió ella, con la voz ahora completamente ronca.



Sin quitarme la vista de encima, Luna deslizó la mano que tenía cerca del borde de mi ropa hacia abajo. Sus dedos rozaron la tela tensa del bóxer blanco y negro, apretando ligeramente la base de mi erección, comprobando la firmeza de esos 17 centímetros. Un pequeño gemido de satisfacción escapó de sus labios al sentir la dureza a través de la... Continua: singlerelatos.blogspot.com/2026/07/mi-mejor-amiga-me-masturba.html

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