Era un domingo de verano infernal. En el fondo de casa teníamos el asado armado con los pibes: Mario y Tomi, dos amigos de toda la vida. El sol pegaba fuerte y la birras nos ayudaban a soportarlo. Yo estaba en bermudas y ya me había sacado la remera al rato de prender el fuego. Ellos hicieron lo mismo. El sudor nos corría por el pecho.
Además de nosotros tres estaba mi mujer, Lau, 30 años recién cumplidos, un culo y unas tetas impresionantes. Esa tarde estaba con una remerita blanca ajustada y unas calzas negras que le marcaban el culo de una manera impresionante. Cada vez que se agachaba a buscar algo de la heladerita se le notaba toda la tanga y esas nalgas gordas y firmes.
—Qué calor hijo de puta, che —decía ella.
Nosotros tres estábamos en cuero, riéndonos y puteando el verano. En un momento, Lau se frenó con las manos en la cintura:
—¿Sabén qué es una mierda total? Que ustedes se saquen la remera y estén cómodos y fresquitos mientras nosotras tenemos que andar con todo pegado al cuerpo. Hace un calor de la puta madre y yo acá muriéndome. Es re injusto.
Empezó el debate. Mario, siempre pícaro, tiró:
—Dale, Lau, sacátela vos también. Acá estamos en confianza, nadie te va a juzgar. Además tenés razón, con el calor que hace sería lo más lógico. ¿O te da vergüenza que te veamos?
Lau se rió, pero se hizo la ofendida:
—¿Vergüenza yo? Mirá que no soy ninguna mojigata, eh. Pero si me saco la remera ustedes después van a decir que soy una cualquiera.
Tomi se reía y haciendose el banana agregó:
—Al contrario, te vamos a respetar más. Es una cuestión de igualdad que vos también puedas estar cómoda con este calor. Además, con ese par de lolas que tenés, es un crimen tenerlas tapadas.
Yo intervine, medio haciéndome el que la defendía pero en el fondo me estaba empezando a calentar:
—Pará, pará… no la presiones. Si ella no quiere, no quiere. Aunque… es cierto que debe sentirse re incomodo andar en remera con este calor. Por suerte yo así estoy barbaro.
Lau me miró levantando una ceja.
Mario no aflojaba y tiró más leña al fuego:
—Mirá, yo lo veo así: en la playa todas andan sin remera y nadie dice nada. Acá es como una playa privada. Estamos en tu casa, hace 40 grados a la sombra… ¿qué diferencia hay?
Lau tomó un trago largo de cerveza y dijo:
—¿Sabés que? Tenés razón.
Y sin dar más vueltas, se agarró el borde de la remerita blanca y se la sacó despacio por arriba de la cabeza. Las tetas le rebotaron libres dentro del corpiño negro de encaje, grandes, pesadas y brillantes de transpiración. Los pezones se le marcaban clarito.
Los tres nos quedamos callados un segundo, admirando.
—Listo… ahora estoy más fresca —dijo ella acomodándoselas con las manos—. Tampoco me voy a quedar en tetas adelante de todos, eh… todavía.
Seguimos charlando, pero las miradas ya estaban clavadas en sus pechos. Cada vez que se movía, las tetas le temblaban y los pezones se le marcaban contra el encaje. La birra seguía corriendo.
Al rato Lau empezó a quejarse de las calzas:
—Ay, me están matando estas calzas… se me pegan al culo, me aprietan todo. Ustedes están en bermudas fresquitos y yo acá sufriendo, sigue siendo injusto.
—Cambiate, ponete un short, quien te lo impide?—le dije.
—Todos los shorts están para lavar, boludo. No tengo nada limpio.
Siguió quejándose, hasta que soltó la pregunta que cambió todo:
—¿Les jode si me las saco? Estoy re incómoda, de verdad.
Nos miramos los tres. Yo sentía el corazón a mil. A Mario y Tomi les brillaban los ojos.
—Vos decís… quedarte en bombacha? —le dije.
—Por favor, amor… es como estar en malla. Estamos en confianza, ¿no? Hace un calor impresionante.
Los pibes no decían nada, solo miraban. Al final asentí.
—Dale, sacátelas.
Lau no se lo pensó dos veces, empezó a bajarse las calzas despacio, meneando las caderas. Cuando las calzas bajaron, apareció esa tanga negra chiquitita, que se perdía entre sus nalgas. El culo se le movía con cada movimiento. Cuando se enderezó, los pibes no podían creerlo.
—La puta madre… —soltó Mario.
—Qué culo tenés, Lau… estás increíble —agregó Tomi, ya sin filtro.
Yo sentía una mezcla de celos que me quemaban y un morbo terrible. La pija me latía adentro de las bermudas. Como la carne ya estaba lista le pedi a Lau que me ayude a ir poniendo la mesa asi podia servir.
A partir de ahí ella se volvió más descarada. Empezó a ir y venir buscando cosas, agachándose lento para que le veamos el culo, pasando cerca nuestro para que se generé algun roce. Cada vez que se inclinaba sobre la mesa, las nalgas se le abrían un poco y se le veía el hilo de la tanga metido entre los labios.
El alcohol ya nos tenía a todos entonados. En un momento, cuando ya habiamos terminado de comer y Lau levantaba las cosas de la mesa, Mario se envalentonó y le dijo:
—Lau, vos sabés que estás matando a tres tipos acá, ¿no?
Ella se rio, se dio vuelta y movió el culo provocadora:
—¿Ah sí? ¿Les gusta lo que ven?
Yo ya no aguantaba. La agarré de la cintura y la senté en mis piernas. Le empecé a comer la boca mientras le apretaba las tetas por arriba del corpiño.
—Dale, amor… mostrales todo —le susurré al oído.
Lau se paró, se sacó el corpiño y dejó que esas tetas grandes y pesadas reboten libres. Tenía los pezones duros como piedras. Se acercó a Mario primero, le puso las tetas en la cara. El tipo no se aguantó y empezó a chuparle una teta mientras le apretaba el culo con las dos manos. Después hizo lo mismo con Tomi.
Yo miraba todo con la pija a punto de explotar de lo dura que se habia puesto. Lau me miró a los ojos y me dijo:
—¿Me dás permiso para que me cojan tus amigos, amor?
Asentí con la cabeza y me levanté un poco de la silla. Miré a Mario y a Tomi y les hice un gesto grande con las manos abierta, como invitándolos a pasar:
—Pasen y sirvanse, muchachos. Hoy la señora de la casa está de oferta… todo incluido.
Lau soltó una risita caliente y se mordió el labio. Mario fue el primero en levantarse. Se acercó por atrás, le agarró las caderas anchas y la empujó contra la mesa. Lau apoyó los codos en la madera, arqueó la espalda como una gata y sacó el culo bien para afuera, las piernas ligeramente abiertas. Mario se arrodilló atrás de ella, le abrió las nalgas con las dos manos y vio la tanguita negra chiquitita enterrada entre esos cachetes.
Se la bajó despacio primero disfrutandolo al maximo y después le dio un tirón y la revoleó al pasto.
—Mirá este orto… y esta concha toda mojada —Dijo.
Se tiró de cabeza. Le pasó la lengua por el culo, lamiendo en círculos, metiéndola un poco adentro, babeando todo. Después bajó y le chupó la concha como si tuviera sed, chupándole los labios gordos, succionando el clítoris hinchado, metiendo la lengua. Lau gemía sin parar, moviendo el culo contra la cara de Mario.
—Ay boludo… qué rico la chupás… —decía ella, la voz ya rota.
Tomi y yo ya nos habíamos sacado las bermudas y estábamos pajeándonos mientras los mirabamos.
Mario se paró, se sacó la suya de un saque. Le saltó una pija gruesa, larga, con la cabeza rosada e hinchada. Se escupió en la mano, se untó la verga y se la clavó de una en la concha. Ella soltó un gritito largo.
— ¡La concha de tu madre Mario… qué pedazo de pija!
Empezó a cogérsela contra la mesa, dándole fuerte, seco, se escuchaba el sonido de los huevos golpeando contra la conchita mojada. Las tetas de Lau colgaban y rebotaban con cada embestida. Mario le daba cachetadas en las nalgas mientras la cogia.
Después de un buen rato, Mario sacó la pija, miró para atrás y le dijo a Tomi:
—Veni Tomi, proba esto que es un manjar —señalando la concha abierta de Lau y el orto que le brillaba por la transpiración.
Tomi se acercó rápido. Mario se puso a un costado y se empezó a pajear ahi mismo. Tomi se arrodilló y le comió todo: lengua adentro del orto, chupando fuerte, después bajó a la concha y le metió dos dedos mientras la lamía. Lau se retorcía, gimiendo como una loca.
—Qué rico… —decia casi susurrando.
Tomi se levantó, su pija era un poco más corta que la de Mario pero gruesa y estaba bien parada. Se la metió en la concha y empezó a cogerla con un ritmo distinto: más profundo, moviendo las caderas en círculos, sacándola casi toda y metiéndola de golpe. Lau acabó así, temblando y gritando.
Tomi la garchó un rato más, fuerte y parejo, hasta que Lau ya no podía ni hablar.
Entonces yo intervine, con la pija latiendo en la mano:
—Veni Lau, ponete en cuatro, amor. Quiero cogerte así.—
Lau se bajó de la mesa, se puso en cuatro patas en el pasto, el culo bien levantado, las rodillas abiertas, las tetas pesadas colgando casi tocando el suelo. Yo me puse atrás, le agarré las caderas y le metí la pija de una en la concha. Empecé a cogerla, dándole fuerte, era hermoso ver cómo mi verga entraba y salía toda llena de sus jugos.
Mientras yo la cogía, Mario y Tomi se acercaron y le pusieron las dos pijas duras justo enfrente de su cara. Lau, sin pensarlo, agarró las dos vergas con las manos y empezó a petear: chupaba la cabeza de una, después la de la otra, lamia los huevos, se las metia lo más que podía en la boca, babeando todo, los pajeaba subiendo y bajando las manos al mismo tiempo. Era una puta total.
En un momento, mientras ella seguía chupando las dos pijas y yo le daba duro y parejo, Mario y Tomi empezaron a hablar mirando su culo:
—Mirá lo que es eso… como me gustaria romperle el orto a esta —dijo Mario, dándole una nalgada.
—Sí amigo… qué culazo tiene la puta… me muero por metérsela ahí —agregó Tomi.
Yo, sin dejar de cogerla, dije:
—Si ella quiere, no hay drama… ¿Querés que te cojamos por el culo también, amor?—
Lau se sacó las pijas de la boca un segundo, miró para atrás con los ojos vidriosos y la cara llena de baba:
—Sí… quiero que me hagan bien el orto. Todos.
Yo saqué la pija de su concha. Me arrodillé atrás, le abrí bien las nalgas con las manos, le lamí el orto despacio, metiendo la lengua bien adentro, escupiendo, babeandolo todo. Después le metí un dedo, después dos, abriéndola despacio mientras ella seguía chupando las pijas de mis amigos. Lau gemía con la boca llena.
Cuando la sentí bien abierta y relajada, me puse de pie, me escupí la pija y se la apoyé en el orto. Empujé despacio al principio, sintiendo cómo se abría para mí…
La cogí un buen rato por el culo, dándole fuerte, sintiendo cómo se apretaba alrededor de mi pija. Cuando sentí que entraba sin problema, le di paso a los otros.
Tomi fue el siguiente. Se puso atrás, le escupió el culo ya abierto y le metió la pija despacio. Empezó a encularla con ganas, agarrándola de las caderas. Lau gritaba de placer:
—¡Sí Tomi, metela hasta el fondo… rompeme toda!
Tomi la culeó un buen rato, fuerte y profundo. Cuando sintió que iba a acabar, sacó la pija de golpe, se masturbó rápido y le acabó sobre las nalgas. Chorros calientes de leche le cayeron encima del culo, chorreando por los muslos. Lau se estremeció y gimió:
—Que bien que usas esa pija boludo…—
Yo sentí que no daba mas, me acerqué y le puse la pija en la boca. Chupaba con ganas, metiéndosela hasta el fondo de la garganta. Le agarré la cabeza y le cogí la boca hasta que se la llené de leche, fueron varios chorros espesos, ella tragó todo lo que pudo, un poco le chorreaba por la comisura de los labios. Se pasó los dedos y la lengua por la cara, mirándome con su mejor cara de puta.
Le tocó su turno a Mario. Se sentó en una de las sillas, con las piernas abiertas y la pija parada. Miró a mi mujer y le dijo:
—Vení, Lau… sentate de espaldas a mí y clavate mi pija en ese ojete hermoso que tenés.—
Ella, todavía con la boca sucia de mi leche y la de Tomi todavia chorrandole, se acercó obediente. Se dio vuelta, dandole la espalda a Mario, se agachó, agarró la pija gruesa de él con una mano, la puso contra el agujerito de su culo y fue bajando despacio, sintiendo cómo la cabeza le abría el orto ya usado y la pija entera le entraba hasta el fondo. Cuando estuvo bien clavada, empezó a moverse: subía y bajaba, rebotando las nalgas contra las piernas de Mario, cogiendose ella misma el orto con la verga de mi amigo.
Mario le agarró las caderas y la ayudó a moverse, embistiéndola desde abajo, fuerte y profundo. Las tetas de Lau rebotaban con cada subida y bajada.
—Qué pedazo de puta que sos… mirá cómo se traga toda la pija ese culito —decía Mario, dándole cachetadas en las nalgas mientras la enculaba.
Lau gemía sin parar, rebotando cada vez más rápido, su culo tragaba la verga de Mario una y otra vez. Después de un buen rato, Mario la frenó y le ordenó:
—Arrodillate que te quiero llenar esas tetas de leche.—
Lau se levantó, se dio vuelta y se arrodilló justo enfrente de él. Se agarró las tetas grandes con las dos manos, las levantó y las apretó, ofreciéndoselas como una puta entregada, con los pezones duros apuntando hacia Él.
—Dale … Bañame las tetas —dijo ella, mirándolo con cara de hambre.
Mario se masturbó rápido y en unos segundos acabó con fuerza: chorros calientes y espesos de leche le saltaron directo a las tetas de Lau, cayéndole en los pezones, salpicando hasta el cuello.Lau se pasó las manos por las tetas, untándose toda la leche. Se llevó los dedos a la boca y se chupó todo lo que pudo, mirándonos a los tres con una sonrisa de trola completamente satisfecha.
Después nos metimos todos a la pileta a refrescarnos, pero sabíamos que la cosa recién empezaba… porque la tanga negra seguía tirada en el pasto y Lau no se la volvió a poner en toda la tarde.
Además de nosotros tres estaba mi mujer, Lau, 30 años recién cumplidos, un culo y unas tetas impresionantes. Esa tarde estaba con una remerita blanca ajustada y unas calzas negras que le marcaban el culo de una manera impresionante. Cada vez que se agachaba a buscar algo de la heladerita se le notaba toda la tanga y esas nalgas gordas y firmes.
—Qué calor hijo de puta, che —decía ella.
Nosotros tres estábamos en cuero, riéndonos y puteando el verano. En un momento, Lau se frenó con las manos en la cintura:
—¿Sabén qué es una mierda total? Que ustedes se saquen la remera y estén cómodos y fresquitos mientras nosotras tenemos que andar con todo pegado al cuerpo. Hace un calor de la puta madre y yo acá muriéndome. Es re injusto.
Empezó el debate. Mario, siempre pícaro, tiró:
—Dale, Lau, sacátela vos también. Acá estamos en confianza, nadie te va a juzgar. Además tenés razón, con el calor que hace sería lo más lógico. ¿O te da vergüenza que te veamos?
Lau se rió, pero se hizo la ofendida:
—¿Vergüenza yo? Mirá que no soy ninguna mojigata, eh. Pero si me saco la remera ustedes después van a decir que soy una cualquiera.
Tomi se reía y haciendose el banana agregó:
—Al contrario, te vamos a respetar más. Es una cuestión de igualdad que vos también puedas estar cómoda con este calor. Además, con ese par de lolas que tenés, es un crimen tenerlas tapadas.
Yo intervine, medio haciéndome el que la defendía pero en el fondo me estaba empezando a calentar:
—Pará, pará… no la presiones. Si ella no quiere, no quiere. Aunque… es cierto que debe sentirse re incomodo andar en remera con este calor. Por suerte yo así estoy barbaro.
Lau me miró levantando una ceja.
Mario no aflojaba y tiró más leña al fuego:
—Mirá, yo lo veo así: en la playa todas andan sin remera y nadie dice nada. Acá es como una playa privada. Estamos en tu casa, hace 40 grados a la sombra… ¿qué diferencia hay?
Lau tomó un trago largo de cerveza y dijo:
—¿Sabés que? Tenés razón.
Y sin dar más vueltas, se agarró el borde de la remerita blanca y se la sacó despacio por arriba de la cabeza. Las tetas le rebotaron libres dentro del corpiño negro de encaje, grandes, pesadas y brillantes de transpiración. Los pezones se le marcaban clarito.
Los tres nos quedamos callados un segundo, admirando.
—Listo… ahora estoy más fresca —dijo ella acomodándoselas con las manos—. Tampoco me voy a quedar en tetas adelante de todos, eh… todavía.
Seguimos charlando, pero las miradas ya estaban clavadas en sus pechos. Cada vez que se movía, las tetas le temblaban y los pezones se le marcaban contra el encaje. La birra seguía corriendo.
Al rato Lau empezó a quejarse de las calzas:
—Ay, me están matando estas calzas… se me pegan al culo, me aprietan todo. Ustedes están en bermudas fresquitos y yo acá sufriendo, sigue siendo injusto.
—Cambiate, ponete un short, quien te lo impide?—le dije.
—Todos los shorts están para lavar, boludo. No tengo nada limpio.
Siguió quejándose, hasta que soltó la pregunta que cambió todo:
—¿Les jode si me las saco? Estoy re incómoda, de verdad.
Nos miramos los tres. Yo sentía el corazón a mil. A Mario y Tomi les brillaban los ojos.
—Vos decís… quedarte en bombacha? —le dije.
—Por favor, amor… es como estar en malla. Estamos en confianza, ¿no? Hace un calor impresionante.
Los pibes no decían nada, solo miraban. Al final asentí.
—Dale, sacátelas.
Lau no se lo pensó dos veces, empezó a bajarse las calzas despacio, meneando las caderas. Cuando las calzas bajaron, apareció esa tanga negra chiquitita, que se perdía entre sus nalgas. El culo se le movía con cada movimiento. Cuando se enderezó, los pibes no podían creerlo.
—La puta madre… —soltó Mario.
—Qué culo tenés, Lau… estás increíble —agregó Tomi, ya sin filtro.
Yo sentía una mezcla de celos que me quemaban y un morbo terrible. La pija me latía adentro de las bermudas. Como la carne ya estaba lista le pedi a Lau que me ayude a ir poniendo la mesa asi podia servir.
A partir de ahí ella se volvió más descarada. Empezó a ir y venir buscando cosas, agachándose lento para que le veamos el culo, pasando cerca nuestro para que se generé algun roce. Cada vez que se inclinaba sobre la mesa, las nalgas se le abrían un poco y se le veía el hilo de la tanga metido entre los labios.
El alcohol ya nos tenía a todos entonados. En un momento, cuando ya habiamos terminado de comer y Lau levantaba las cosas de la mesa, Mario se envalentonó y le dijo:
—Lau, vos sabés que estás matando a tres tipos acá, ¿no?
Ella se rio, se dio vuelta y movió el culo provocadora:
—¿Ah sí? ¿Les gusta lo que ven?
Yo ya no aguantaba. La agarré de la cintura y la senté en mis piernas. Le empecé a comer la boca mientras le apretaba las tetas por arriba del corpiño.
—Dale, amor… mostrales todo —le susurré al oído.
Lau se paró, se sacó el corpiño y dejó que esas tetas grandes y pesadas reboten libres. Tenía los pezones duros como piedras. Se acercó a Mario primero, le puso las tetas en la cara. El tipo no se aguantó y empezó a chuparle una teta mientras le apretaba el culo con las dos manos. Después hizo lo mismo con Tomi.
Yo miraba todo con la pija a punto de explotar de lo dura que se habia puesto. Lau me miró a los ojos y me dijo:
—¿Me dás permiso para que me cojan tus amigos, amor?
Asentí con la cabeza y me levanté un poco de la silla. Miré a Mario y a Tomi y les hice un gesto grande con las manos abierta, como invitándolos a pasar:
—Pasen y sirvanse, muchachos. Hoy la señora de la casa está de oferta… todo incluido.
Lau soltó una risita caliente y se mordió el labio. Mario fue el primero en levantarse. Se acercó por atrás, le agarró las caderas anchas y la empujó contra la mesa. Lau apoyó los codos en la madera, arqueó la espalda como una gata y sacó el culo bien para afuera, las piernas ligeramente abiertas. Mario se arrodilló atrás de ella, le abrió las nalgas con las dos manos y vio la tanguita negra chiquitita enterrada entre esos cachetes.
Se la bajó despacio primero disfrutandolo al maximo y después le dio un tirón y la revoleó al pasto.
—Mirá este orto… y esta concha toda mojada —Dijo.
Se tiró de cabeza. Le pasó la lengua por el culo, lamiendo en círculos, metiéndola un poco adentro, babeando todo. Después bajó y le chupó la concha como si tuviera sed, chupándole los labios gordos, succionando el clítoris hinchado, metiendo la lengua. Lau gemía sin parar, moviendo el culo contra la cara de Mario.
—Ay boludo… qué rico la chupás… —decía ella, la voz ya rota.
Tomi y yo ya nos habíamos sacado las bermudas y estábamos pajeándonos mientras los mirabamos.
Mario se paró, se sacó la suya de un saque. Le saltó una pija gruesa, larga, con la cabeza rosada e hinchada. Se escupió en la mano, se untó la verga y se la clavó de una en la concha. Ella soltó un gritito largo.
— ¡La concha de tu madre Mario… qué pedazo de pija!
Empezó a cogérsela contra la mesa, dándole fuerte, seco, se escuchaba el sonido de los huevos golpeando contra la conchita mojada. Las tetas de Lau colgaban y rebotaban con cada embestida. Mario le daba cachetadas en las nalgas mientras la cogia.
Después de un buen rato, Mario sacó la pija, miró para atrás y le dijo a Tomi:
—Veni Tomi, proba esto que es un manjar —señalando la concha abierta de Lau y el orto que le brillaba por la transpiración.
Tomi se acercó rápido. Mario se puso a un costado y se empezó a pajear ahi mismo. Tomi se arrodilló y le comió todo: lengua adentro del orto, chupando fuerte, después bajó a la concha y le metió dos dedos mientras la lamía. Lau se retorcía, gimiendo como una loca.
—Qué rico… —decia casi susurrando.
Tomi se levantó, su pija era un poco más corta que la de Mario pero gruesa y estaba bien parada. Se la metió en la concha y empezó a cogerla con un ritmo distinto: más profundo, moviendo las caderas en círculos, sacándola casi toda y metiéndola de golpe. Lau acabó así, temblando y gritando.
Tomi la garchó un rato más, fuerte y parejo, hasta que Lau ya no podía ni hablar.
Entonces yo intervine, con la pija latiendo en la mano:
—Veni Lau, ponete en cuatro, amor. Quiero cogerte así.—
Lau se bajó de la mesa, se puso en cuatro patas en el pasto, el culo bien levantado, las rodillas abiertas, las tetas pesadas colgando casi tocando el suelo. Yo me puse atrás, le agarré las caderas y le metí la pija de una en la concha. Empecé a cogerla, dándole fuerte, era hermoso ver cómo mi verga entraba y salía toda llena de sus jugos.
Mientras yo la cogía, Mario y Tomi se acercaron y le pusieron las dos pijas duras justo enfrente de su cara. Lau, sin pensarlo, agarró las dos vergas con las manos y empezó a petear: chupaba la cabeza de una, después la de la otra, lamia los huevos, se las metia lo más que podía en la boca, babeando todo, los pajeaba subiendo y bajando las manos al mismo tiempo. Era una puta total.
En un momento, mientras ella seguía chupando las dos pijas y yo le daba duro y parejo, Mario y Tomi empezaron a hablar mirando su culo:
—Mirá lo que es eso… como me gustaria romperle el orto a esta —dijo Mario, dándole una nalgada.
—Sí amigo… qué culazo tiene la puta… me muero por metérsela ahí —agregó Tomi.
Yo, sin dejar de cogerla, dije:
—Si ella quiere, no hay drama… ¿Querés que te cojamos por el culo también, amor?—
Lau se sacó las pijas de la boca un segundo, miró para atrás con los ojos vidriosos y la cara llena de baba:
—Sí… quiero que me hagan bien el orto. Todos.
Yo saqué la pija de su concha. Me arrodillé atrás, le abrí bien las nalgas con las manos, le lamí el orto despacio, metiendo la lengua bien adentro, escupiendo, babeandolo todo. Después le metí un dedo, después dos, abriéndola despacio mientras ella seguía chupando las pijas de mis amigos. Lau gemía con la boca llena.
Cuando la sentí bien abierta y relajada, me puse de pie, me escupí la pija y se la apoyé en el orto. Empujé despacio al principio, sintiendo cómo se abría para mí…
La cogí un buen rato por el culo, dándole fuerte, sintiendo cómo se apretaba alrededor de mi pija. Cuando sentí que entraba sin problema, le di paso a los otros.
Tomi fue el siguiente. Se puso atrás, le escupió el culo ya abierto y le metió la pija despacio. Empezó a encularla con ganas, agarrándola de las caderas. Lau gritaba de placer:
—¡Sí Tomi, metela hasta el fondo… rompeme toda!
Tomi la culeó un buen rato, fuerte y profundo. Cuando sintió que iba a acabar, sacó la pija de golpe, se masturbó rápido y le acabó sobre las nalgas. Chorros calientes de leche le cayeron encima del culo, chorreando por los muslos. Lau se estremeció y gimió:
—Que bien que usas esa pija boludo…—
Yo sentí que no daba mas, me acerqué y le puse la pija en la boca. Chupaba con ganas, metiéndosela hasta el fondo de la garganta. Le agarré la cabeza y le cogí la boca hasta que se la llené de leche, fueron varios chorros espesos, ella tragó todo lo que pudo, un poco le chorreaba por la comisura de los labios. Se pasó los dedos y la lengua por la cara, mirándome con su mejor cara de puta.
Le tocó su turno a Mario. Se sentó en una de las sillas, con las piernas abiertas y la pija parada. Miró a mi mujer y le dijo:
—Vení, Lau… sentate de espaldas a mí y clavate mi pija en ese ojete hermoso que tenés.—
Ella, todavía con la boca sucia de mi leche y la de Tomi todavia chorrandole, se acercó obediente. Se dio vuelta, dandole la espalda a Mario, se agachó, agarró la pija gruesa de él con una mano, la puso contra el agujerito de su culo y fue bajando despacio, sintiendo cómo la cabeza le abría el orto ya usado y la pija entera le entraba hasta el fondo. Cuando estuvo bien clavada, empezó a moverse: subía y bajaba, rebotando las nalgas contra las piernas de Mario, cogiendose ella misma el orto con la verga de mi amigo.
Mario le agarró las caderas y la ayudó a moverse, embistiéndola desde abajo, fuerte y profundo. Las tetas de Lau rebotaban con cada subida y bajada.
—Qué pedazo de puta que sos… mirá cómo se traga toda la pija ese culito —decía Mario, dándole cachetadas en las nalgas mientras la enculaba.
Lau gemía sin parar, rebotando cada vez más rápido, su culo tragaba la verga de Mario una y otra vez. Después de un buen rato, Mario la frenó y le ordenó:
—Arrodillate que te quiero llenar esas tetas de leche.—
Lau se levantó, se dio vuelta y se arrodilló justo enfrente de él. Se agarró las tetas grandes con las dos manos, las levantó y las apretó, ofreciéndoselas como una puta entregada, con los pezones duros apuntando hacia Él.
—Dale … Bañame las tetas —dijo ella, mirándolo con cara de hambre.
Mario se masturbó rápido y en unos segundos acabó con fuerza: chorros calientes y espesos de leche le saltaron directo a las tetas de Lau, cayéndole en los pezones, salpicando hasta el cuello.Lau se pasó las manos por las tetas, untándose toda la leche. Se llevó los dedos a la boca y se chupó todo lo que pudo, mirándonos a los tres con una sonrisa de trola completamente satisfecha.
Después nos metimos todos a la pileta a refrescarnos, pero sabíamos que la cosa recién empezaba… porque la tanga negra seguía tirada en el pasto y Lau no se la volvió a poner en toda la tarde.
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