Quierovolver a estar embarazada. Quiero que me miren como antes, pero ahora conlástima mezclada con lujuria. Quiero caminar por la calle con la panza enorme,tetas goteando, sabiendo que todos esos hombres piensan “pobre viuda… pero mirácómo se le mueve todo”. Quiero llegar a casa y masturbarme pensando en cuál deellos va a ser el que me deje preñada esta vez. Quiero que me monten, meordeñen, me llenen hasta que la leche vuelva a chorros y yo vuelva a ser esaputa lechera que todos desean en secreto. Y lo voy a conseguir. Porque ya notengo nada que perder. Solo ganas de llenarme otra vez. De sentirme viva,hinchada, deseada. De que alguien me mire y piense: “esa viuda necesita que lapreñen ya”. Pronto. Muy pronto. Mi cuerpo ya lo está pidiendo a gritos.

Elduelo se transformó en un fuego que me quema por dentro, un vacío que solo sellena con carne y semen. Ya no lloro por las noches; me retuerzo en la camamatrimonial que todavía huele a él, pero ahora uso ese olor como excusa paramasturbarme hasta sangrar los dedos. Me arranco la ropa negra de viuda como sime quemara, me pongo a cuatro patas frente al espejo de cuerpo entero y memiro: tetas pesadas que cuelgan, pezones gruesos y oscuros que se endurecen alroce del aire, coño hinchado y depilado que brilla de lo mojado que está. Meabro los labios con dos dedos y me meto tres de golpe, imaginando una vergagruesa y venosa empujando sin piedad, sin condón, sin preguntas.

“Preñame, HDP, llename el útero hasta que reviente”, le susurro al espejo mientras mefollo con furia, la otra mano apretándome una teta hasta que duele, hasta queimagino que la leche vuelve a brotar. Salgo a la calle con vestidos ceñidos quemarcan cada centímetro de mi culo redondo y mis tetas que rebotan libres, sinsostén, pezones marcados como balas bajo la tela fina. Camino despacio por elbarrio de Belgrano, pasando por las mismas casas, y las miradas ahora sondiferentes: ya no hay respeto ni disimulo. El de al lado —el que siempre memiraba mientras lavaba el auto— me interceptó el otro día en la vereda. Seacercó demasiado, olió mi perfume mezclado con el aroma natural de mi coñoexcitado, y me dijo bajito: “Viuda y fértil… se te nota en la cara quenecesitás que te llenen otra vez”

Sentícómo se me mojaba todo al instante; las bragas se me pegaron al culo, un chorrode flujo caliente me bajó por el muslo. No le contesté. Solo lo miré fijo, memordí el labio y seguí caminando, sabiendo que esa noche me iba a masturbarpensando en él clavándome contra la pared de su garaje. En casa, ya no haylímites. Me siento en el sillón con las piernas abiertas hasta que los músculostiemblan, me meto un consolador grueso que compré de dos unidos por internet.

deltamaño de un antebrazo, venoso, con ventosa— y lo clavo hasta el fondo mientrasme pellizco los pezones con saña. Me corro gritando, imaginando que no esplástico eyaculandoadentro una y otra vez. “Dame tu leche, preñame, haceme madre otra vez”, ledigo mientras el orgasmo me hace contraer el útero vacío, deseando que se llenede semen espeso y caliente. Anoche fue peor —o mejor—. Me puse de rodillas enla cama, culo en pompa, cara contra la almohada que todavía Meabrí el culo con las manos, me metí dos dedos en el ano mientras con la otramano me follaba la vagina depilada como le gustaba a mi marido con cuatro dedos. Imaginaba a dos de los compañeros de facultad de mi hija, ellos al mismotiempo: uno metiéndomela por delante, el otro por detrás, bombeando sin parar,gruñendo “te vamos a dejar preñada de gemelos, viudita puta, te vamos a llenarhasta que llores”

Mecorrí tan fuerte que me oriné un poco encima de la sábana, el chorro calientemezclándose con mi flujo, y seguí masturbándome hasta que el clítoris me ardíay no podía más. Quiero que me preñen ya. Quiero caminar por el barrio con lapanza enorme otra vez, tetas goteando leche que mancha la ropa, pezones tansensibles que un roce me haga gemir en público. Quiero que los vecinos me mireny sepan que soy una viuda en celo, que mi coño está abierto y listo pararecibir verga y semen sin protección. Quiero que uno de ellos —cualquiera— meagarre en el pasillo del chino, me meta en el depósito, me baje las bragas y mefolle contra las cajas de fideos mientras me ordeña las tetas que todavía notienen leche pero pronto la tendrán nuevamente.

.Quiero sentir cómo me llena el útero chorro tras chorro, cómo me deja goteandosemen por las piernas al salir, con una sonrisa de puta satisfecha. Y lo voy ahacer. Voy a elegir al más bestia de los compañeros de mi difunto marido que me mandan mensajes todos los dias por instagram


al que más me mire con hambre. Le voy adecir “vení a casa esta noche, no uses forro, quiero que me dejes preñada deuna”. Y cuando me monte, voy a abrirme entera, voy a gemir como perra en celo,voy a apretar el coño alrededor de su verga hasta que se corra adentro,profundo, y no lo deje salir hasta que sienta cómo me planta la semilla que meva a hinchar otra vez. Porque ya no soy viuda triste.

Soy unahembra en celo que necesita ser preñada, follada, llenada hasta reventar. Y novoy a parar hasta conseguirlo. Mi útero vacío grita por semen, mis tetas pidenvolver a gotear, y mi cuerpo entero está listo para ser usado como la putalechera que siempre fui. Pronto. Muy pronto. Ya estoy contando los días paraque mi panza vuelva a crecer y todos sepan que alguien me volvió a hacer madre.

Elduelo se transformó en un fuego que me quema por dentro, un vacío que solo sellena con carne y semen. Ya no lloro por las noches; me retuerzo en la camamatrimonial que todavía huele a él, pero ahora uso ese olor como excusa paramasturbarme hasta sangrar los dedos. Me arranco la ropa negra de viuda como sime quemara, me pongo a cuatro patas frente al espejo de cuerpo entero y memiro: tetas pesadas que cuelgan, pezones gruesos y oscuros que se endurecen alroce del aire, coño hinchado y depilado que brilla de lo mojado que está. Meabro los labios con dos dedos y me meto tres de golpe, imaginando una vergagruesa y venosa empujando sin piedad, sin condón, sin preguntas.

“Preñame, HDP, llename el útero hasta que reviente”, le susurro al espejo mientras mefollo con furia, la otra mano apretándome una teta hasta que duele, hasta queimagino que la leche vuelve a brotar. Salgo a la calle con vestidos ceñidos quemarcan cada centímetro de mi culo redondo y mis tetas que rebotan libres, sinsostén, pezones marcados como balas bajo la tela fina. Camino despacio por elbarrio de Belgrano, pasando por las mismas casas, y las miradas ahora sondiferentes: ya no hay respeto ni disimulo. El de al lado —el que siempre memiraba mientras lavaba el auto— me interceptó el otro día en la vereda. Seacercó demasiado, olió mi perfume mezclado con el aroma natural de mi coñoexcitado, y me dijo bajito: “Viuda y fértil… se te nota en la cara quenecesitás que te llenen otra vez”

Sentícómo se me mojaba todo al instante; las bragas se me pegaron al culo, un chorrode flujo caliente me bajó por el muslo. No le contesté. Solo lo miré fijo, memordí el labio y seguí caminando, sabiendo que esa noche me iba a masturbarpensando en él clavándome contra la pared de su garaje. En casa, ya no haylímites. Me siento en el sillón con las piernas abiertas hasta que los músculostiemblan, me meto un consolador grueso que compré de dos unidos por internet.

deltamaño de un antebrazo, venoso, con ventosa— y lo clavo hasta el fondo mientrasme pellizco los pezones con saña. Me corro gritando, imaginando que no esplástico eyaculandoadentro una y otra vez. “Dame tu leche, preñame, haceme madre otra vez”, ledigo mientras el orgasmo me hace contraer el útero vacío, deseando que se llenede semen espeso y caliente. Anoche fue peor —o mejor—. Me puse de rodillas enla cama, culo en pompa, cara contra la almohada que todavía Meabrí el culo con las manos, me metí dos dedos en el ano mientras con la otramano me follaba la vagina depilada como le gustaba a mi marido con cuatro dedos. Imaginaba a dos de los compañeros de facultad de mi hija, ellos al mismotiempo: uno metiéndomela por delante, el otro por detrás, bombeando sin parar,gruñendo “te vamos a dejar preñada de gemelos, viudita puta, te vamos a llenarhasta que llores”

Mecorrí tan fuerte que me oriné un poco encima de la sábana, el chorro calientemezclándose con mi flujo, y seguí masturbándome hasta que el clítoris me ardíay no podía más. Quiero que me preñen ya. Quiero caminar por el barrio con lapanza enorme otra vez, tetas goteando leche que mancha la ropa, pezones tansensibles que un roce me haga gemir en público. Quiero que los vecinos me mireny sepan que soy una viuda en celo, que mi coño está abierto y listo pararecibir verga y semen sin protección. Quiero que uno de ellos —cualquiera— meagarre en el pasillo del chino, me meta en el depósito, me baje las bragas y mefolle contra las cajas de fideos mientras me ordeña las tetas que todavía notienen leche pero pronto la tendrán nuevamente.

.Quiero sentir cómo me llena el útero chorro tras chorro, cómo me deja goteandosemen por las piernas al salir, con una sonrisa de puta satisfecha. Y lo voy ahacer. Voy a elegir al más bestia de los compañeros de mi difunto marido que me mandan mensajes todos los dias por instagram


al que más me mire con hambre. Le voy adecir “vení a casa esta noche, no uses forro, quiero que me dejes preñada deuna”. Y cuando me monte, voy a abrirme entera, voy a gemir como perra en celo,voy a apretar el coño alrededor de su verga hasta que se corra adentro,profundo, y no lo deje salir hasta que sienta cómo me planta la semilla que meva a hinchar otra vez. Porque ya no soy viuda triste.

Soy unahembra en celo que necesita ser preñada, follada, llenada hasta reventar. Y novoy a parar hasta conseguirlo. Mi útero vacío grita por semen, mis tetas pidenvolver a gotear, y mi cuerpo entero está listo para ser usado como la putalechera que siempre fui. Pronto. Muy pronto. Ya estoy contando los días paraque mi panza vuelva a crecer y todos sepan que alguien me volvió a hacer madre.
7 comentarios - embarazada, viuda y puta