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El novio de Feli

Cuando nuestro hijo Felipe empezó la universidad, al poco tiempo se hizo muy amigo de un chico llamado Alejandro. Al principio, cuando venía a casa, se pasaban horas encerrados en la habitación. Pero después de un par de meses, Ale empezó a quedarse a comer, a sentarse a la mesa con nosotros. Otras veces se quedaban en el living mirando una peli hasta tarde. Así fue ganando confianza con toda la familia.

Con mi mujer empezamos a notar que quizás no eran solo “buenos” amigos.

Felipe nunca fue afeminado, al contrario: siempre fue muy ordenado, le gustaba vestirse bien y era bastante fachero. Pero nunca tuvo novia, ni trajo chicas a casa, salvo su amiga Natalia, con quien nunca pasó nada. Con Ale, en cambio, cuando miraban películas se ponían prácticamente pegados. A veces lo veíamos mirando a su amigo embobado, y ni bien Ale entraba por la puerta, la cara de Felipe cambiaba: se le iluminaba, rebosaba de felicidad.

Un viernes a la tarde, mi esposa, que estaba por preparar la cena, le preguntó sin pensar:

—¿Va a venir tu novio esta noche?

—¿Cómo novio, mamá? —respondió Felipe, sorprendido.

—Perdón, amor… Ale.

—No me cargues.

—Amor, no tenés que disimular con nosotros. Con tu papá nos dimos cuenta de que pasa algo.

—Yo no soy gay.

—Feli, no hay nada de malo en eso. Somos tus viejos y te vamos a querer siempre.

—Pero no es mi novio…

Hubo un silencio incómodo.

—Somos… amigos con derechos, ponele.

—Feli, mientras vos seas feliz, nosotros te vamos a bancar siempre.

A partir de esa charla, las muestras de afecto entre ellos dejaron de esconderse. Empezaron a abrazarse y besarse delante nuestro sin problema.

Una noche, Paula bajaba las escaleras para ir a buscar agua a la cocina cuando vio a Ale sentado solo en el sofá, con la tele encendida pero en pausa. Solo veía su espalda. Estaba por seguir bajando cuando de repente apareció la cabeza de Felipe entre las piernas de Ale. Se estaban besando con ganas, hasta que Ale lo empujó suavemente hacia abajo.
Paula se quedó helada.

—Amor… —me dijo cuando volvió a la habitación, todavía con los ojos bien abiertos—. Creo que Feli se la está chupando a Ale en el living.

—Y sí… son novios. O lo que sean. Hacen sus cosas.

—No, boludo, lo vi. Ahora. En el sofá.

Yo traté de tranquilizarla, le dije que era algo normal, que nosotros a su edad hacíamos lo mismo, son jóvenes y se quieren divertir, que podemos hacer.

El fin de semana siguiente Ale se volvió a quedar a dormir. Serían como la una de la mañana cuando empecé a escuchar unos gemidos ahogados que venían del cuarto de Felipe. Yo todavía estaba despierto, leyendo con la luz baja. Paula dormía a mi lado.

No había duda: era Feli. Gemía en un tono claramente femenino, casi sumiso, como si estuviera entregándose por completo. Saber que mi hijo estaba siendo cogido por Ale me generó una mezcla rara de shock y excitación. No pude evitarlo: mi pija empezó a endurecerse debajo de la sábana hasta quedar completamente tiesa.

En eso miro hacia un costado y veo que Paula se había despertado. Tenía los ojos abiertos, la respiración un poco más agitada y la mirada fija en el techo, escuchando.

—Amor… ¿es Feli? —susurró.

—Sí, creo que sí.

—Se escucha mucho… —dijo bajito, casi sin voz.

—No deben haberse dado cuenta, o piensan que estamos dormidos.

Los gemidos de nuestro hijo se hicieron más claros y seguidos. Gemía como una perra en celo: aguditos, entrecortados, llenos de placer. Cada tanto se le escapaba un “ay, Ale…” o un quejido más ronco cuando seguramente lo estaba penetrando más profundo.

Sentí que Paula se removía inquieta en la cama. Cuando giré la cabeza para mirarla, vi que tenía las mejillas coloradas y los labios entreabiertos. Sin decir nada, estiró la mano por debajo de la sábana y me rozó la pija, que ya estaba dura como una piedra.

—Dios… estás re duro —murmuró, sorprendida y excitada al mismo tiempo.

No pude negarlo. Los gemidos de Feli seguían llenando la casa, cada vez más intensos, más desesperados. Se escuchaba el ruido de la cama contra la pared, el sonido húmedo de la carne chocando y los gruñidos graves de Ale cada tanto.

Paula apretó mi pija con la mano y empezó a masturbarme despacio, respirando cada vez más fuerte. Yo deslicé mi mano entre sus piernas y la encontré completamente mojada.

—Escuchá cómo le gusta… —susurré cerca de su oído—. Está gozando como una puta.

Paula soltó un gemidito bajito y apretó las piernas alrededor de mi mano. Su concha estaba empapada, caliente, y cada vez que metía un dedo sentía cómo se contraía.

—Ay, Dios… —murmuró ella, casi sin aliento—. Nunca lo escuché así… suena tan entregado.

Los gemidos de Feli seguían llegando claros desde el otro cuarto: agudos, desesperados, mezclados con el ruido rítmico de la cama contra la pared y los gruñidos graves de Ale.

—Lo debe estar cogiendo fuerte… —dije bajito, moviendo dos dedos más rápido dentro de ella—. Escuchá, es terrible como gime. 

Paula jadeó y apretó mi pija con más fuerza, masturbándome con movimientos largos y firmes, pasando el pulgar por la cabeza ya mojada.

—Está re dura… Me mojás toda la mano —susurró excitada—. ¿Te excita escuchar a tu hijo que lo están cogiendo?

—Sí… —admití entre dientes, sin poder negarlo—. La debe estar pasando bien.

Ella aceleró la mano, masturbándome más rápido mientras yo le frotaba el clítoris con el pulgar y metía los dedos bien hondo. Los dos respirábamos agitados, tratando de no hacer mucho ruido.

—Más fuerte… —pidió Paula al oído—. Imaginate cómo se lo debe estar metiendo Ale…

Feli soltó un gemido largo y tembloroso que casi sonó a llanto de placer. Eso nos terminó de enloquecer.

—Estoy a punto, amor… —gruñí.

—Yo también… no pares… —respondió ella, moviendo las caderas contra mi mano.

Seguimos así, cada vez más frenéticos, masturbándonos mutuamente mientras los gemidos de nuestro hijo llenaban toda la casa. Paula fue la primera en correrse: se arqueó, apretó los dientes y soltó un gemido ahogado contra mi hombro mientras su concha se contraía fuerte alrededor de mis dedos.

Eso me terminó de llevar al límite. Con un gruñido bajo le llené la mano de leche caliente, chorros gruesos que le corrían entre los dedos mientras seguía sacudiéndomela despacio, exprimiéndome hasta la última gota.

Quedamos los dos jadeando, con las manos mojadas y el corazón a mil. Los gemidos de Feli seguían de fondo, aunque ahora más débiles y entrecortados.

Paula me miró con una sonrisa pícara y los ojos brillantes.

—Esto no lo vimos venir… —susurró, todavía recuperando el aliento.

Desde ese día, tanto Paula como yo empezamos a ver a Alejandro con otros ojos.

Ale era alto y flaco, casi 1,90 m, ojos celestes claritos y pelo oscuro apenas rizado. Tenía un cuerpo marcado por el deporte, espalda ancha y un culo firme. Era muy entrador, nada afeminado, seguro de sí mismo y siempre olía bien, incluso transpirado.

Felipe era más bajito (1,75 m), más delgadito, pero también pintón y con buenos glúteos, gracias a tanto fútbol.

Intrigado por todo lo que estaba pasando, un día que Feli estaba en la facultad encendí su compu. La sesión de WhatsApp Web quedó abierta. Me puse a chusmear y encontré el chat con Natalia. Lo que leí me dejó la pija dura al instante.



Felipe: No sabés lo que pasó ayer con Ale 😍😍

Natalia: ¿Qué pasóooo? Contame todo

Felipe: Estuvimos… 🔥

Natalia: 😲😲😲 Dale, no me dejes así

Felipe: Fue después del partido. Nos quedamos solos en el vestuario después de ducharnos. Yo no podía dejar de mirarle la pija de reojo… es un termo, boluda. En serio, no sabés lo que es. Se me paró al toque y tuve que disimular dándome vuelta jaja

Natalia: Noooo, zarpado 😂🤤

Felipe: Sí… y después me senté en el banco a buscar la ropa y él se me paró enfrente, totalmente en pelotas, con la pija colgando a centímetros de mi cara. Gruesa, pesada… se movía mientras hablaba.

Natalia: 🤤🤤🤤 ¿Y vos qué hiciste?

Felipe: Jajaja no me podía concentrar en nada. Al final le dije: “Che, sacame esa pija de la cara o le voy a tener que dar un beso”. Me salió así nomás.

Natalia: ¿Y????

Felipe: Se rio y me dijo: “Pará loco, no seas tan desesperado… primero dame un beso a mí”.

Natalia: 😲😍😍

Felipe: Y empezamos a transar, me comió la boca… y sí, le terminé besando la pija… jaja, pero bueno, eso después te cuento

3 comentarios - El novio de Feli

gonzaloroblin
Hermoso relato ojalá la madre le enseñe a ser una buena chica para Ale cocinar y lavar su ropa
nick8765
va a seguir, ya veremos como