Esto pasó por allá del 2021, plena pandemia, cuando a un era una "pendejita" con mucho tiempo libre y cero ganas de dormir.
Yo acababa de terminar con mi novio virtual —sí, me da pena, pero así fue— y como hablaba con él casi todo el día, de repente me quedé con un vacío horrible. Entonces una noche, aburrida, caliente y medio triste, terminé brincando entre grupos de Telegram hasta caer en uno de esos lugares con vendedoras de contenido, tipos enseñando, morbosos buscando con quién hablar.
Ahí conocí a un tipo, la verdad, algo raro.. no conocí mucho de el mas que su nombre, edad y ocupación. El tenia 32 en ese tiempo.
Al inicio ni me creía mujer. Me cuestionaba todo, como si estuviera cazando un fake. Y yo, en lugar de irme, me quedé jugando. Le contestaba poquito y lo provocaba. Pero cuando entendió que sí había una mujer real detrás, se puso intenso. Muy intenso.
No sé en qué momento dejó de ser una conversación caliente y se volvió mi rutina nocturna.
Empezamos hablando normal, luego fantasías, luego preguntas más sucias, luego fotos. Sin cara, obvio. Eso jamás. Pero sí mi cuerpo. Su fetiche fuerte era la lencería.
Yo apenas empezaba a usar tangas. No tenía dinero para comprar conjuntos, pero de vez en cuando me compraba una, pensando en que me diria cuando me la viera puesta.
Lo morboso no era solo mandarle la foto, para mi era saber que yo estaba ahí, posando para un desconocido de Telegram como si fuera mi dueño por ratitos. Él me pedía cosas cada vez más sucias, poses absurdas, ángulos que hasta hoy me dan pena recordar. Algunas fotos eran tan cochinas, que jamás las he vuelto a repetir.
Eventualmente escalamos.. recuerdo algunas de mas videollamadas que tuvimos..
Sin micro, sin cara... con poca luz. Yo a escondidas, cuidando cada ruido, pendiente de que nadie se acercara, mientras él escribía como desesperado del otro lado. Era una sensación bien enferma: no escucharlo, no conocerlo realmente, pero sentir que me estaba mirando. Jugando con mi tanga, tocándome los labios, yendo mas profundo con mis dedos, creo que conoció mi concha de principio a fin.
Durante las noches me sentía otra, me permitía fantasear, explorar mi cuerpo, el placer, creo que formo un poco de lo que me gusta ahora..
Hasta que empezó a querer cruzar el único límite que sí era sagrado para mí: mi anonimato.

He tenido otras conversaciones, otros juegos, otras noches calientes, pero nada como eso. Nada con esa mezcla tan sucia.
Yo acababa de terminar con mi novio virtual —sí, me da pena, pero así fue— y como hablaba con él casi todo el día, de repente me quedé con un vacío horrible. Entonces una noche, aburrida, caliente y medio triste, terminé brincando entre grupos de Telegram hasta caer en uno de esos lugares con vendedoras de contenido, tipos enseñando, morbosos buscando con quién hablar.
Ahí conocí a un tipo, la verdad, algo raro.. no conocí mucho de el mas que su nombre, edad y ocupación. El tenia 32 en ese tiempo.
Al inicio ni me creía mujer. Me cuestionaba todo, como si estuviera cazando un fake. Y yo, en lugar de irme, me quedé jugando. Le contestaba poquito y lo provocaba. Pero cuando entendió que sí había una mujer real detrás, se puso intenso. Muy intenso.
No sé en qué momento dejó de ser una conversación caliente y se volvió mi rutina nocturna.
Empezamos hablando normal, luego fantasías, luego preguntas más sucias, luego fotos. Sin cara, obvio. Eso jamás. Pero sí mi cuerpo. Su fetiche fuerte era la lencería.
Yo apenas empezaba a usar tangas. No tenía dinero para comprar conjuntos, pero de vez en cuando me compraba una, pensando en que me diria cuando me la viera puesta.
Lo morboso no era solo mandarle la foto, para mi era saber que yo estaba ahí, posando para un desconocido de Telegram como si fuera mi dueño por ratitos. Él me pedía cosas cada vez más sucias, poses absurdas, ángulos que hasta hoy me dan pena recordar. Algunas fotos eran tan cochinas, que jamás las he vuelto a repetir.
Eventualmente escalamos.. recuerdo algunas de mas videollamadas que tuvimos..
Sin micro, sin cara... con poca luz. Yo a escondidas, cuidando cada ruido, pendiente de que nadie se acercara, mientras él escribía como desesperado del otro lado. Era una sensación bien enferma: no escucharlo, no conocerlo realmente, pero sentir que me estaba mirando. Jugando con mi tanga, tocándome los labios, yendo mas profundo con mis dedos, creo que conoció mi concha de principio a fin.
Durante las noches me sentía otra, me permitía fantasear, explorar mi cuerpo, el placer, creo que formo un poco de lo que me gusta ahora..
Hasta que empezó a querer cruzar el único límite que sí era sagrado para mí: mi anonimato.

He tenido otras conversaciones, otros juegos, otras noches calientes, pero nada como eso. Nada con esa mezcla tan sucia.
1 comentarios - Sexting con desconocido