TitaSama todavía no podía creer la mierda que le había tocado pasar. Hacía apenas una semana que el edificio viejo de Parque Patricios se había venido abajo. El derrumbe fue feo: paredes rajadas, polvo por todos lados y un miedo de la puta madre. Ella y su gato Felipe salieron corriendo apenas sintieron el primer ruido raro. Ahora estaba viviendo en la casa de una amiga, con las cosas repartidas entre lo de su vieja y valijas medio armadas. Dormía en un sillón que le destrozaba la espalda y extrañaba tener su propio espacio. Cada noche se dormía pensando en cómo carajo iba a resolverlo.
Esa noche de domingo, mientras scrolleaba en el celu desde la cama improvisada, encontró el aviso: una casa hermosa en un barrio tranquilo, espaciosa, con patio, dos habitaciones, cocina completa y hasta un living grande que podía usar perfecto para sus streams. El precio era alto, demasiado alto para su situación actual, pero no perdía nada con ir a ver. Le mandó un mensaje al dueño. Contestó rápido. Se llamaba Facundo, 25 años, voz amable por mensaje. Acordaron verse al mediodía del lunes.
Al otro día Tita se arregló lo mejor que pudo: jean ajustado, remera básica, maquillaje ligero pero suficiente para sentirse ella.

Llegó puntual. Facundo abrió la puerta y se quedó un segundo mirándola. La reconoció al instante: era TitaSama, la streamer que veía de vez en cuando en clips de TikTok. Pero no dijo nada. Fingió normalidad.
- Natalia, ¿verdad? Pasá, te muestro todo - dijo con una sonrisa educada.
La casa era todavía mejor en persona. Amplia, luminosa, pisos nuevos, un baño enorme y un cuarto que tenía una ventana gigante ideal para su setup. Tita caminaba fascinada, tocando las paredes, abriendo placares.
- Está increíble… de verdad - murmuró.
Mientras recorrían, charlaron. Ella, sin poder contenerse, terminó contándole todo: el derrumbe, que estaba sin casa estable, que era streamer y que justo ahora no tenía ingresos tan estables como para pagar ese alquiler tan alto. Intentó negociar.
- Mirá, Facundo… sé que el precio es el que es, pero ¿no podrías bajármelo un poco? Al menos por unos meses. Te pago al día, no te voy a joder, pero ahora mismo estoy complicada. -
Facundo la escuchaba atento, caminando a su lado. Negociaron un rato. Él bajaba un poco, ella ofrecía otra cosa, pero no cerraban. El precio seguía siendo demasiado para su situación.
Tita suspiró resignada, mirando el piso. - Gracias igual por mostrármela y por la buena onda, pero no voy a poder. No sé cuándo voy a volver a tener mi casa y no quiero comprometerme a algo que después no pueda mantener. -
Ya estaba agarrando su cartera para irse cuando Facundo la detuvo con la voz un poco más baja, nervioso pero decidido. - Esperá… Natalia. O mejor dicho… Tita. Sé quién sos. Te vi varias veces en internet, clips, streams. Me caes bien. Te sigo desde hace un tiempo. -
Ella levantó una ceja, sorprendida. - …¿Y? -
Facundo se pasó la mano por el pelo, mirándola fijo. - Te hago una oferta. Podés quedarte el tiempo que necesites. Sin pagar alquiler. La casa es tuya mientras la quieras… con una condición. - Hizo una pausa. - Cuando yo quiera, te cojo. Sin vueltas. -
Tita se quedó helada. Abrió los ojos grandes y dio un paso atrás. - ¿Qué carajo dijiste? ¿Estás loco? Sos un desubicado de mierda ¿Pensás que soy una puta o qué? - Su voz subió de tono, indignada. - Sos un asqueroso. -
Facundo levantó las manos, tratando de calmarla. - Pensalo bien, Tita. Es la mejor oferta que vas a tener. No gastás un peso, tenés la casa para vos sola, tranquila, con espacio para tu gato, tu setup, todo. Las otras opciones que hay ahora son caras y una mierda comparadas con esto. -
Ella se cruzó de brazos, todavía furiosa, pero las palabras le resonaron. Sabía que era verdad. Las casas temporales que había visto eran caras, chicas o en zonas complicadas. Y esta… esta era perfecta.
- Sos un hijo de puta - murmuró, pero ya no se estaba yendo.
Se quedó en silencio un buen rato, mirando por la ventana. Facundo no la presionaba, solo esperaba.
- …Lo voy a pensar - dijo finalmente, con la voz más baja. - Por ahora me vuelvo a lo de mi amiga. -
- Está bien - respondió él. - Pero no le cuentes a nadie del trato. Hay gente que me ofreció buena plata por la casa y no quiero que se enteren. -
Justo en ese momento le vibró el celu a Facundo. Miró la pantalla y levantó las cejas.
- Mirá, justo me están preguntando por la casa. Tenés tiempo hasta mañana para decidir, Tita. No mucho más. -
Ella sintió un nudo en la garganta. La idea de perder esa posibilidad la puso nerviosa. Una casa gratis, grande, segura… tragó saliva.
- …Acepto - dijo casi en un susurro. - Pero por favor, hablemos del tema del “pago”. No quiero que sea cualquier cosa. -
Facundo se acercó lentamente y le tomó la cara con una mano, suave pero firme. Sus ojos la recorrieron. - Sos una mujer hermosa e irresistible. Por eso te hago esta oferta. Solo por cogerte cuando tenga ganas. -
Tita le quitó la mano de un golpe, todavía incómoda. - ¿Cada cuánto tiempo tendríamos que…? -
- Cuando yo quiera - respondió él sin dudar.
Ella negó con la cabeza, nerviosa pero tratando de mantener el control. - Una vez por semana. Como máximo. -
Facundo sonrió apenas. - No te prometo nada, pero voy a tener en cuenta tu sugerencia. Mañana al mediodía vení, te entrego las llaves y firmamos un contrato formal. Solo para que quede claro entre nosotros. -
Tita asintió, aún con el corazón latiéndole fuerte, y salió de la casa. Mientras caminaba hacia la parada, no dejaba de pensar en lo que acababa de aceptar.
Al mediodía del martes, Tita llegó a la casa con el corazón latiéndole a mil. Se había puesto una mini falda negra bien cortita que apenas le tapaba el culo, remera ajustada y zapatillas. Quería sentirse un poco más en control, aunque por dentro estaba hecha un nudo.

Facundo la esperaba en la puerta con una sonrisa tranquila. Le entregó las llaves directamente.
- Acá tenés, Tita. Bienvenida a tu nueva casa. Leé el contrato antes de firmar, es solo una formalidad entre nosotros dos. -
Ella tomó las llaves, todavía nerviosa, y se inclinó sobre la mesada de la cocina para leer el papel. La falda se le subió un poco por atrás, dejando ver la parte baja de sus nalgas redondas y firmes. Facundo se quedó parado atrás de ella, devorándola con la mirada.
Tita leyó rápido: básicamente decía que la casa era suya el tiempo que necesitara sin pagar alquiler, a cambio de “satisfacer las necesidades íntimas del propietario cuando este lo requiera”. Tragó saliva y firmó con mano temblorosa.
- Listo… firmado - dijo entregándoselo, todavía inclinada.
Facundo se acercó por detrás, pegando su cuerpo al de ella. Sin decir nada, llevó una mano grande y firme directo a su culo y levantó la mini falda lentamente, exponiendo la tanga blanca que apenas cubría su concha.
- Qué lindo hacer negocios con vos, Tita… Mirá qué culo tenés, la puta madre - murmuró cerca de su oreja, apretando una nalga con fuerza. - Siempre me gustó verte en los streams, pero en persona sos mucho más linda. -
Tita dio un respingo y le sacó la mano rápido, bajándose la falda con vergüenza.
- Ey, pará… todavía no - dijo tímidamente, tapándose y girándose hacia él con las mejillas rojas.
Facundo sonrió, sin enojarse. - Acabás de firmar el contrato, hermosa. La casa es tuya el tiempo que necesites… y vos sos mía cuando yo quiera. Ese es el trato. -
Volvió a acercarse y le levantó la falda otra vez, más decidido. La tanga blanca quedó completamente a la vista, marcando su concha depilada. Pasó la mano por encima de la tela, acariciando y apretando entre sus piernas.
- Tranquila… estás temblando. ¿Te gusta que te toque así? - preguntó mientras metía dos dedos por debajo de la tanga y rozaba sus labios húmedos. - Sos tan linda… mirá cómo te mojás un poquito ya. -
Tita se petrificó. No decía nada. Solo respiraba agitada, mirando al piso. Sentía los dedos de él explorando su concha tibia, separando los labios y tocándole el clítoris con lentitud. Una lágrima solitaria le cayó por la mejilla.
Facundo lo notó y suavizó un poco la voz, aunque seguía manoseándola. - Te entiendo, Tita. Sé que es incómodo al principio. Estás en una situación de mierda y yo te estoy pidiendo esto… Pero te voy a tratar bien, te lo prometo. -
Ella levantó la mirada, los ojos húmedos, y asintió lentamente con la cabeza. Otra lágrima cayó.
- Buena chica - dijo él, sacando la mano y limpiándole la cara con un pañuelo que sacó del bolsillo. - No te preocupes. Hoy no te voy a coger. Quiero que te instales tranquila. Te veo mañana. -
Tita se quedó parada en la cocina, sorprendida, con la falda todavía un poco subida y la tanga corrida. Lo vio irse sin entender nada. - ¿Me dejó así nomás? -, pensó, con la mente hecha un lío.
Por la noche, después de una larga caminata para despejar la cabeza y procesar todo lo que había pasado, Tita volvió a la casa. Al abrir la puerta se encontró con una sorpresa: la mesa del comedor estaba puesta, con la cena lista. Milanesas con puré, ensalada y una botella de vino. Al lado había una nota escrita a mano:
“Te dije que te voy a tratar bien. Disfrutá la casa. Facu.”
Se quedó mirando la mesa un buen rato, sin saber si reír o llorar. Se sentó, acarició a Felipe que ronroneaba a sus pies y comió en silencio. Por primera vez en semanas sintió algo parecido a un hogar.
Al otro día, Miércoles, Facundo apareció por la casa a media mañana. Tita estaba todavía en pijama corto, acomodando algunas cosas en la cocina, cuando sonó el timbre. Abrió y lo vio ahí, con una sonrisa tranquila y las manos en los bolsillos.

- Buen día, Tita. ¿Cómo dormiste la primera noche en tu nueva casa? -
Ella se sonrojó un poco, recordando la cena que le había dejado. - Bien… la verdad que muy bien. Gracias por la cena de anoche, Facu. Estuvo rica y me hizo sentir… no sé, cuidada. -
- No es molestia - respondió él entrando como si nada. - ¿Y tus cosas de la casa anterior? ¿Todavía están en lo de tu mamá? -
Tita asintió, cruzándose de brazos. - Sí, casi todo. Ropa, el setup, cosas del gato… pero no te preocupes, ya voy a ir yendo de a poco. -
Facundo negó con la cabeza. - Para nada. Subí al auto, te ayudo a traer todo ahora. -
Ella intentó resistirse un rato, pero él insistió tanto que terminó aceptando. Viajaron juntos hasta la casa de su mamá, cargaron cajas, valijas, el monitor, luces y hasta el arenero de Felipe. Durante el viaje charlaron de cosas livianas: streams, anime, cosplays. Facundo era encantador cuando quería, atento y con buen humor. Tita no podía evitar sentirse confundida por su comportamiento.
De vuelta en la casa, descargaron todo. Cuando terminaron, Tita estaba sudada y cansada. Se paró frente a él en el living. - Gracias, Facu… de verdad. No tenías que hacer todo esto. -
Él sonrió y ya se estaba dando vuelta para irse cuando ella lo detuvo, tímida, casi susurrando. - Eh… ¿y con lo del… pago? ¿Cuándo…? -
Facundo se acercó, le acarició la mejilla con el dorso de la mano y le habló suave. - Ahora acomodá tus cosas, Tita. Hacete sentir en casa. Ya va a haber tiempo para eso. -
Y se fue, dejándola otra vez con la palabra en la boca y la cabeza hecha un lío. - ¿Qué carajo quiere este tipo? -, pensó mientras empezaba a desarmar cajas.
Jueves por la tarde. Tita estaba en el cuarto grande armando su setup de streaming. Había puesto el escritorio contra la ventana, estaba conectando cables, colocando luces LED y colgando algunos posters de anime. Vestía una remera oversize sin corpiño y un short de gimnasio ajustado. Felipe dormía en una caja cerca.

De repente escuchó la puerta principal abrirse. Se asustó y se dio vuelta rápido.
- ¿Facu? ¿Cómo carajo entraste? - preguntó con la voz temblorosa.
Él levantó un llavero y lo sacudió. - Tengo copia, obvio. Es mi casa, ¿te olvidás? -
Se acercó lento, con esa mirada que ya conocía. Tita retrocedió un paso hasta chocar contra el escritorio.
- Hoy tengo ganas de cogerte - dijo él directo, sin vueltas, mientras la tomaba de la cintura.
- Facu… esperá, no estoy lista. Recién estoy acomodando todo y… -
No la dejó terminar. La jaló fuerte del pelo, inclinándole la cabeza hacia atrás y la besó con fuerza, metiendo la lengua sin pedir permiso. Tita soltó un gemido ahogado contra su boca, intentando empujarlo por el pecho pero sin mucha fuerza. Facundo le sacó la remera de un tirón, dejándola con las tetas al aire. Eran firmes, medianas, con pezones rosados que se endurecieron al instante por el aire y la adrenalina. Ella se las cubrió con sus brazos.
- Tapate si querés - se burló él, pero le bajó los brazos con facilidad y le agarró ambas tetas, apretándolas y pellizcándole los pezones. - Mirá qué lindas que son… siempre me imaginaba cómo serían. -
Tita se cubría como podía, un brazo sobre las tetas y la otra mano sosteniendo el short para que no se lo bajara. Lágrimas empezaron a asomar en sus ojos. - Facu, por favor… hoy no… -
Él no escuchó. La jaló del pelo otra vez, más fuerte, y la arrastró hacia la cama que todavía no tenía sábanas del todo puestas. La tiró boca arriba. Tita cayó con un quejido, intentando cubrirse. Facundo le bajó el short y la tanga de un solo movimiento brusco, dejándola completamente desnuda. Se arrodilló entre sus piernas y le abrió los muslos con fuerza.
- Qué concha linda tenés, Tita… depiladita, rosadita… - murmuró antes de bajar la cara y empezar a chuparla.
Su lengua recorrió toda su rajita de abajo hacia arriba, deteniéndose en el clítoris. Lo chupó con fuerza, metiendo dos dedos adentro mientras succionaba. Tita se petrificó. No emitía sonido. Solo respiraba agitada, mirando el techo con los ojos llenos de lágrimas, intentando no reaccionar. Pero su cuerpo la traicionaba: se estaba mojando contra la voluntad de su mente.
Facundo levantó la vista un segundo. - ¿Te gusta que te coma la concha, eh? Decime algo, Tita. -
Ella no respondió. Solo temblaba.
De repente él se incorporó, se bajó el pantalón y sacó su pija dura, gruesa y venosa. Sin más preámbulos, se colocó encima y la penetró de un solo empujón fuerte.
- ¡Ahh! - soltó Tita un quejido de dolor, sintiendo cómo la abría por completo. Estaba apretada y apenas húmeda.
Facundo empezó a embestirla con ritmo duro, agarrándola de las caderas. La cama crujía con cada golpe. - Uff, qué rica estás… tan apretada… ¿Te gusta que te coja así, Tita? Decime. -
Ella seguía sin hablar, mordiéndose el labio, aguantando los gemidos que querían salir. Lágrimas corrían por sus mejillas mientras él la penetraba cada vez más profundo. El sonido húmedo de su concha llenaba la habitación.
- Mirá cómo te mojás… tu cuerpo sí quiere - se burló él, acelerando. - Decime que te gusta, aunque sea bajito. -
Tita solo jadeaba, los ojos cerrados, intentando desconectarse. Facundo la cogía con fuerza, sudando, agarrándole las tetas y pellizcándole los pezones mientras entraba y salía.
- Arrodillate - ordenó de repente. Ella seguía sin moverse.
Facundo la arrastró al borde de la cama, la puso de rodillas en el piso y empezó a pajearse rápido frente a su cara. - Abrí la boca… aunque sea un poco. -
Tita no obedeció del todo. Él gruñó y le acabó abundantemente en toda la cara: chorros gruesos de semen caliente le cayeron en la frente, mejillas, labios y hasta un poco en el pelo. Tita se quedó ahí sentada en el piso, contra la cama, con la cara pintada de semen blanco, lágrimas cayendo y mezclándose con el semen, respirando entrecortado.
Facundo se subió el pantalón, todavía respirando fuerte. Se agachó, le limpió un poco la cara con un pañuelo y le habló con voz más suave.
- Tranquila, Tita… sé que es fuerte al principio. La clave es que empieces a disfrutar los momentos que tengamos juntos. No lo hagas más difícil. Te vas a acostumbrar y va a ser bueno para los dos. Te lo prometo. -
Ella no respondió. Solo lo miró con los ojos húmedos, el semen todavía goteando por su barbilla. Facundo le alcanzó su remera y el short.
- Limpiate y descansá. Tengo un regalo para vos. Vi que te gusta el cosplay… te compré un traje. Mañana te lo traigo. - Se vistió y se fue, cerrando la puerta con llave detrás de él.
Tita se quedó sentada en la cama un largo rato, con el semen secándose en su cara, procesando todo. Las palabras de Facundo resonaban en su cabeza: “disfrutar los momentos juntos… te vas a acostumbrar”.
Llegó el momento de la cuarta vez. Habían pasado semanas desde aquel primer encuentro duro. Tita había tenido tiempo para pensar, para recordar una y otra vez las palabras de Facundo. Y aunque al principio le costaba admitirlo, algo en ella estaba cambiando. La casa era perfecta, se sentía segura, su gato estaba feliz, y los regalos que Facundo le había estado trayendo (el traje de cosplay, ropa interior nueva, hasta un nuevo micrófono para su stream) la hacían sentir cuidada de una forma retorcida.
Esa tarde de jueves, Tita decidió que iba a intentarlo. Se duchó con cuidado, se perfumó, se puso una bata negra de seda corta que apenas le cubría el culo, sin nada debajo. El pelo suelto y ondulado, un poco de maquillaje en los ojos para resaltar esa mirada que tanto gustaba. Se acostó en la cama, apoyada contra los almohadones, con el corazón latiéndole fuerte. Cuando escuchó la llave en la puerta, respiró profundo.

Facundo entró y se sorprendió al verla. Cerró la puerta detrás de él y sonrió lento, recorriéndola con la mirada. - Mirá vos… Tita esperándome así. ¿Qué pasó, hermosa? -
Ella se mordió el labio inferior, nerviosa pero decidida. Se sentó un poco más erguida, dejando que la bata se abriera ligeramente y mostrara el valle entre sus tetas.
- Pensé en lo que me dijiste… que la clave es disfrutar los momentos juntos. Quiero ver si puedo… disfrutarlo esta vez, Facu. No quiero seguir sintiéndome como una mierda cada vez. -
Facundo se acercó a la cama, sacándose la remera por la cabeza y revelando su torso marcado. Se sentó al borde y le acarició la pierna desnuda. - Venía pensando que ibas a tardar más en aflojar. Me alegra que hayas decidido intentarlo, Tita. Sos una mina increíble, ¿sabés? -
Se inclinó y la besó. Al principio Tita tardó en responder, los labios tensos, pero poco a poco fue ablandándose. Abrió la boca y dejó que la lengua de él entrara, respondiendo con timidez al beso. Sus lenguas se enredaron, húmedas y calientes. Facundo gruñó contra su boca y le abrió la bata de un tirón, dejando su cuerpo completamente desnudo.
- Qué linda que estás… mirá estas tetas perfectas - murmuró, bajando la boca para chuparle un pezón. Lo succionó fuerte, mordisqueándolo mientras su mano bajaba entre las piernas de ella y acariciaba su concha ya húmeda. - Ya estás mojada, eh… te gusta más de lo que querés admitir. -
Tita soltó un gemido bajito, arqueando la espalda. - Facu… despacio al principio, ¿sí? Quiero intentarlo de verdad. -
Él sonrió contra su piel y se bajó los pantalones, liberando su pija dura, gruesa y palpitante. Tita lo miró un segundo, respiró hondo y se arrodilló en la cama frente a él. Tomó la base con la mano y acercó la cara. Primero le dio besitos suaves en la cabeza, luego sacó la lengua y lamió toda la longitud, desde los huevos hasta la punta.
- Así… chupámela rica, Tita - dijo él, agarrándola suave del pelo. - Sos tan caliente con la pija en la boca. -
Ella abrió los labios y se la metió. Empezó lento, chupando solo la cabeza, moviendo la lengua en círculos mientras lo miraba a los ojos. Después fue bajando más, metiéndosela profundo hasta que le dio arcadas. Facundo gemía, empujando las caderas con suavidad.
- Uff, qué boca tenés… seguí así, mamita. Chupá todo, no pares. -
Tita aceleró, haciendo ruidos húmedos y salivosos. La baba le corría por la barbilla mientras lo mamaba con más ganas, una mano acariciándole los huevos y la otra pajéandolo al mismo tiempo. Facundo le tiraba del pelo con más fuerza, pero sin lastimarla.
- Basta… vení acá - ordenó de repente. La tomó de los brazos, la lanzó sobre la cama boca arriba y se colocó entre sus piernas abiertas.
Le levantó las rodillas y frotó la cabeza de su pija contra la concha empapada de Tita.
- ¿Estás lista? Decime que querés que te coja. -
Tita asintió, respirando agitada. - Sí… cogeme, Facu. Quiero sentirte. -
Él empujó lento al principio, entrando centímetro a centímetro, abriéndola. Tita soltó un gemido largo y genuino esta vez, sin contenerse. - Ahh… qué grande la tenés… despacio… así… -
Facundo empezó a moverse con ritmo constante, penetrándola profundo. El sonido húmedo de su concha llenaba la habitación junto con los gemidos de ella.
- ¿Te gusta cómo te cojo, Tita? Decime - gruñó, acelerando las embestidas.
- Sí… me gusta… más fuerte - respondió ella tímidamente al principio, pero con la voz entrecortada por el placer.
Él le agarró las tetas, pellizcándole los pezones mientras la cogía más duro, chocando sus caderas contra las de ella. Tita ya no se aguantaba: gemía abiertamente, las piernas temblando alrededor de la cintura de Facundo. - Así… cogeme así… ay, Facu… se siente tan bien adentro… -
Facundo sonrió satisfecho al notar el cambio. La dio vuelta de repente, poniéndola en cuatro y la penetró desde atrás con fuerza. Le dio varias nalgadas sonoras mientras la embestía. - Mirá ese culo moviéndose… qué rica que sos. Decime que te encanta que te coja. -
- Me encanta… no pares… más duro, por favor - respondió Tita, empujando ella misma hacia atrás, buscando más profundidad.
El cuarto se llenó de gemidos, nalgadas y el sonido de piel contra piel. Facundo la agarraba fuerte de las caderas, follándola como un animal. Tita tenía la cara enterrada en la almohada, gimiendo sin control.
- Estoy por acabar… ¿dónde querés que te termine? - preguntó él, jadeando.
- En la cara… como siempre - dijo ella, casi sin pensarlo.
Facundo la sacó, la puso de rodillas en el piso y empezó a pajearse rápido frente a su cara. Tita abrió la boca y sacó la lengua, mirándolo con ojos vidriosos de placer. - Acabame toda, Facu… quiero sentirlo. -
Con un gruñido fuerte, él explotó. Chorros gruesos y calientes de semen le cayeron en la cara, en la lengua, en las mejillas. Tita se quedó ahí, respirando agitada, con la cara pintada. Lamió un poco del semen que le había caído cerca de los labios y tragó.
- ¿Te gustó? - preguntó él, todavía recuperando el aliento.
- Sí… me gustó - respondió ella bajito, limpiándose un poco con el dorso de la mano pero sin asco esta vez. - Fue diferente… mejor. -
Facundo se agachó, le dio un beso en la frente y le alcanzó una toallita. - Sabía que ibas a terminar disfrutándolo. Sos una diosa, Tita. -
Desde ese día, Tita fue aflojándose cada vez más. Los encuentros sexuales dejaron de ser algo que toleraba y se convirtieron en algo que esperaba con ansias. Facundo seguía visitándola varias veces por semana, trayendo regalos, comida y sorpresas. Al principio ella todavía estaba un poco tímida, pero cada vez respondía más: gemía sin vergüenza, pedía lo que quería, lo besaba con ganas y hasta tomaba la iniciativa en algunas posiciones.
Llegó un punto en el que Tita no podía esperar a que Facundo apareciera. Se pasaba el día pensando en su pija, en cómo la hacía acabar, en los gemidos que él soltaba cuando ella lo chupaba bien profundo. El contrato ya no se sentía como una obligación; se había transformado en un acuerdo placentero y adictivo.
Tita ya no podía más. Habían pasado solo unos días desde la última vez que Facundo la había visitado, pero su cuerpo pedía más. Mientras acomodaba algunas cosas en la casa, agarró el celu y le mandó un mensaje directo: - Facu… vení a verme. Quiero que me cojas. Ahora. -
La respuesta no tardó en llegar. Facundo estaba en el gimnasio todavía. - Jajaja, ¿tan rápido? Si fue hace poco, Tita. ¿Ya extrañás mi pija? -
Ella tecleó rápido, mordiéndose el labio. - No me importa. Quiero que me cojas ahora. Estoy mojada solo de pensarlo. Vení ya, por favor. -
Facundo tardó unos segundos en contestar. - Estoy saliendo para allá. Preparate, porque hoy te voy a dar todo lo que pedís. -
Tita sonrió con picardía y se preparó. Vestía solo una remera rosada larga que apenas le tapaba el culo y una tanga negra finita que ya se le estaba mojando. Caminaba impaciente por la casa, de la cocina al living, al dormitorio y vuelta. Felipe la miraba raro desde el sillón. El corazón le latía fuerte, la concha le palpitaba de anticipación.

Cuando escuchó la llave en la puerta, no aguantó más. Apenas Facundo entró, Tita se lanzó sobre él como una gata en celo. Lo agarró de la nuca y lo besó con desesperación, metiendo la lengua profundo, mordiéndole el labio inferior. Facundo soltó una risa ronca y la jaló fuerte del pelo, inclinándole la cabeza hacia atrás.
- Mirá con qué hambre venís, Tita… - dijo mirándola a los ojos con esa sonrisa lobuna. - ¿Tanto necesitás que te coja? -
- Sí… - jadeó ella, sonriendo mientras lo miraba fijo, los ojos brillantes de lujuria. - No doy más. Cogeme ya, Facu. -
Tita lo tomó de la mano y lo arrastró directo al dormitorio, quitándose la remera por el camino y tirándola al piso. Sus tetas firmes rebotaron libres, pezones duros y rosados. Facundo la seguía, manoseándole el culo.
Llegaron a la cama y Tita lo empujó con fuerza, lanzándolo de espaldas sobre el colchón. Se arrodilló entre sus piernas rápido, desesperada. Le bajó el pantalón y el bóxer de un tirón, liberando esa pija gruesa, venosa y ya semi-dura que tanto le gustaba.
- Qué rica la tenés… - murmuró Tita antes de agarrarla con las dos manos y metérsela a la boca con hambre.
Empezó a chupar desesperada, haciendo ruidos húmedos y salivosos. Subía y bajaba la cabeza rápido, metiéndosela hasta la garganta, arcadas incluidas, mientras lo miraba con ojos lagrimosos de placer. La baba le corría por la barbilla y goteaba sobre los huevos de Facundo.
- Uff, Tita… te ves hermosa con la pija en la boca, mamita - gruñó Facundo, agarrándola del pelo y guiando el ritmo. - Chupá más profundo… así, puta, eso. -
Ella sonrió sin sacársela de la boca, los labios estirados alrededor del grosor, y siguió mamando con más ganas. Movía la lengua en la cabeza, succionaba fuerte y le acariciaba los huevos con una mano.
- Sabía que te iba a terminar gustando esto - dijo Facundo entre gemidos, tirándole más fuerte del pelo. - Mirá cómo la chupás ahora… ya sos adicta. -
Tita se sacó la pija un segundo, jadeando, con hilos de baba conectando sus labios a la punta brillante. - Tenías razón, Facu… me encanta. Me encanta chupártela y que me cojas. Ahora quiero más. -
Se subió encima de él a horcajadas, corrió la tanga a un costado y agarró la pija dura. Frotó la cabeza contra su concha empapada un par de veces, provocándose, y luego se dejó caer de golpe, metiéndosela toda de una.
- ¡Ahhh, mierda! - gritó Tita, arqueando la espalda, sintiendo cómo la llenaba por completo. - Qué grande… me encanta cómo me abrís. -
Empezó a cabalgarlo con fuerza, moviendo las caderas en círculos y subiendo y bajando rápido. Sus tetas rebotaban salvajemente. Facundo le agarraba el culo con las dos manos, dándole nalgadas fuertes que resonaban en la habitación.
- Así, Tita… cabalgame la pija, mové ese culito rico. ¿Te gusta sentirme tan profundo? -
- Sí… sí, Facu… me llega hasta el fondo… ay, dios, me encanta - gemía ella sin parar, acelerando el ritmo. El sonido húmedo de su concha tragándose la pija era ensordecedor. - Más fuerte… dame más. -
Facundo la tomó de las caderas y empezó a embestir desde abajo, cogiéndola con fuerza. Tita se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en su pecho, y lo besó mientras seguían cogiendo. Sus lenguas se enredaban, gemidos mezclados.
Cambió de posición sin sacársela. Se puso en cuatro sobre la cama, culo en pompa. - Cogeme así ahora… fuerte. -
Facundo se arrodilló atrás y la penetró de un empujón brutal. Empezó a darle duro, agarrándola del pelo como riendas, tirando hacia atrás mientras la nalgueaba. - ¿Así querés, eh? Decime lo que sos. -
- Soy tu puta… tu puta de casa - gemía Tita, empujando hacia atrás para encontrarse con cada embestida. - Cogeme más duro, Facu… rompeme la concha. -
Él aceleró, cogiéndola como un animal. Le metía la mano abajo y le frotaba el clítoris mientras la penetraba sin piedad. Tita estaba descontrolada: gemía alto, gritaba, el cuerpo temblando.
- Estoy por acabar… - avisó él, jadeando.
- No acabes… esperá - dijo Tita. Se dio vuelta rápido, se arrodilló en el piso frente a él y abrió la boca, sacando la lengua.
Facundo se paró y empezó a pajearse rápido frente a su cara. Tita lo miraba con lujuria, acariciándose la concha mientras esperaba. - Acabame toda, Facu… pintame la cara. -


Con un gruñido gutural, Facundo explotó. Chorros gruesos, abundantes y calientes de semen le cayeron en la cara: en la frente, mejillas, nariz, labios y lengua. Tita gemía mientras lo recibía, tragando lo que le entraba en la boca.
Cuando terminó, ella se pasó los dedos por la cara, recogiendo semen y llevándoselo a la boca, tragando con placer.
- Mmm… rico - dijo con una sonrisa sucia, todavía con la cara llena. - Quiero que te quedes a cenar esta noche, Facu. -
Él soltó una risa satisfecha, respirando agitado, y le acarició el pelo. - Obvio que sí, hermosa. Después de esto me quedo todo lo que quieras. -
Tita se levantó, todavía con semen goteando por su barbilla, y le dio un beso largo y profundo.
- Cómo me gusta esta versión tuya, Tita. Hace semanas llorabas y ahora me pedís que te coja y que me quede a comer. Sos una puta maravilla. -
Tita se sonrojó pero sonrió, poniéndose un delantal corto que apenas le tapaba las tetas y el culo. Empezó a preparar milanesas con papas y una ensalada. Estaba en la mesada, cortando tomates, cuando Facundo se pegó atrás de ella. Le metió las manos por debajo del delantal y le agarró las tetas con fuerza, apretándoselas y tironeándole los pezones.
- Ay, Facu… pará un poco que estoy cocinando - protestó ella entre risas, pero empujando el culo contra la pija de él que ya se estaba endureciendo de nuevo.
- ¿Parar? Ni en pedo - murmuró él en su oreja, mordiéndosela. - Este culo moviéndose mientras cortás tomate me está poniendo loco. -
Le levantó el delantal y le corrió la tanga. Sus dedos bajaron directo a la concha todavía mojada de la corrida anterior y empezó a frotarle el clítoris en círculos lentos pero firmes. Tita soltó un gemido bajito y se apoyó más en la mesada, separando un poco las piernas.
- Uff… sos insaciable… mirá cómo te mojás de nuevo, mamita. ¿Tanto te gustó que te pintara la cara? -
- Sí… me gustó… me encanta sentir tu leche caliente en la cara - confesó Tita con voz entrecortada mientras seguía cortando, aunque cada vez más distraída. - Meteme los dedos, Facu… por favor. -
Él metió dos dedos gruesos de una y empezó a bombearlos adentro y afuera, haciendo ruidos mojados. Con la otra mano le pellizcaba un pezón. Tita gemía más alto, moviendo las caderas contra su mano.
- Así… dedeame la concha mientras cocino… ay, dios, qué rico… -
Facundo sacó los dedos, se bajó el pantalón otra vez y frotó su pija dura contra ella, provocándola. - Querés que te coja mientras cocinás. Decilo. -
- Sí… cogeme mientras preparo la cena… soy tu puta - gimió Tita, inclinándose más sobre la mesada, ofreciéndole el culo.
Facundo empujó y la penetró de un solo golpe profundo. Tita soltó un grito de placer, agarrándose fuerte a la mesada. - ¡Ahhh, sí! Llename toda… qué grande la tenés… -
Empezó a embestirla con ritmo constante, las caderas chocando contra su culo. Cada empujón hacía que las tetas de Tita rebotaran y que ella casi perdiera el cuchillo. Facundo le agarraba la cintura con una mano y con la otra le daba nalgadas sonoras.
- Mové ese culito mientras te cojo… seguí cocinando, no pares - ordenó entre jadeos.
Tita intentaba seguir cortando la verdura, pero era imposible. Gemía fuerte con cada embestida, la concha apretándole la pija. - Más duro, Facu… rompéme la concha… ay, me encanta que me cojas así… como tu puta personal… -
Él aceleró. Le tiró del pelo, arqueándole la espalda, y le metió la mano adelante para frotarle el clítoris mientras la penetraba sin piedad. - ¿Sos mi puta de la casa? Decilo más fuerte. -
- ¡Sí! Soy tu puta… una puta streamer que vive gratis a cambio de esta concha… cogeme más fuerte, por favor… me voy a correr… -
Tita empezó a temblar, las piernas flojas. Facundo no paraba, dándole nalgadas y cogiéndola profundo. Finalmente ella explotó, corriéndose con fuerza alrededor de la pija de él, apretándola con espasmos y soltando un gemido largo y agudo.
Facundo se sacó todavía duro y le dio una última nalgada. - Ahora me toca a mí cocinar un rato. Vos vas a estar ocupada abajo. -
Cambió de roles. Facundo se puso delante de la hornalla a terminar las milanesas mientras Tita se arrodillaba entre sus piernas. Se metió la pija entera en la boca sin preámbulos, chupando con hambre, haciendo ruidos obscenos.
- Uff, Tita… chupá mientras cocino… qué boca de puta tenés - gemía Facundo, intentando concentrarse en dar vuelta las milanesas.
Ella lo chupaba con devoción: subía y bajaba rápido, escupía, lo lamía desde los huevos hasta la punta, lo miraba a los ojos mientras tenía la boca llena. La baba le caía por las tetas.
- Te encanta tener la pija en la boca, ¿eh? - preguntaba él entre jadeos.
- Mmm… sí… me encanta tu pija… quiero que me llenes la boca después - respondía ella sacándosela un segundo antes de volver a tragársela hasta la garganta.
Facundo aguantó un rato, pero la boca de Tita era demasiado. La levantó, la dobló sobre la mesada otra vez y la penetró de nuevo, cogiéndola mientras terminaba de cocinar.
- Así… cocinando y cogiendo… esto es vida - gruñó.
La sesión se salió de la cocina. La levantó en brazos, todavía con la pija adentro, y la llevó al living. La tiró en el sillón grande y se puso arriba, abriéndole las piernas y cogiéndola en misionero profundo. Se besaban con lengua, mordiéndose los labios.
- Besame mientras me cogés… me encanta sentirte adentro - susurraba Tita entre gemidos.
Facundo la nalgueaba aunque estuviera abajo, le chupaba las tetas, le mordía el cuello. Cambiaron a perrito en el sillón, luego ella arriba cabalgándolo salvajemente, rebotando con las tetas en la cara de él.
- Montame, Tita… mové esas caderas - la alentaba él, dándole cachetadas suaves en las tetas.
- ¡Sí! Mirá cómo te cabalgo… tu pija me llena toda… me voy a correr otra vez… -
Tita se corrió por segunda vez, gritando su nombre, apretando la pija con su concha. Facundo la sacó, la puso de rodillas en el piso del living y empezó a pajearse frente a su cara.
- Abrí la boca, puta. Quiero pintarte de nuevo. -
Tita obedeció, lengua afuera, ojos arriba mirándolo con lujuria. - Dame tu leche… acabame en la cara otra vez… -
Facundo gruñó fuerte y explotó. Chorros potentes le llenaron la cara, la boca, las tetas. Tita tragaba lo que podía, gimiendo, recogiendo semen con los dedos y comiéndoselo.
Cuando terminó, se besaron largo y profundo, compartiendo el sabor salado. Facundo la ayudó a levantarse y terminaron de preparar la cena juntos, todavía desnudos y manoseándose.
Se sentaron a comer en la mesa del comedor. Tita todavía tenía restos de semen seco en la cara y el pelo. Mientras comían, Facundo le acariciaba la pierna por debajo de la mesa. - Esto es perfecto, Tita. La casa, vos, el sexo… todo. -
Ella sonrió, mordiendo una milanesa. - Al principio te odiaba por la propuesta… pero ahora no quiero que te vayas nunca. Quedate a dormir hoy. Mañana seguimos cogiendo todo el día. -
Facundo se rio y la besó. - Trato hecho, hermosa. Esta casa ya es nuestra. -
Y así, entre risas, besos y promesas sucias, terminaron de cenar. Esa noche cogieron una vez más en la cama, lento y cariñoso, antes de dormirse abrazados. Tita había encontrado no solo un techo, sino un acuerdo que terminó convirtiéndose en algo mucho más adictivo y placentero de lo que jamás imaginó.
Esa noche de domingo, mientras scrolleaba en el celu desde la cama improvisada, encontró el aviso: una casa hermosa en un barrio tranquilo, espaciosa, con patio, dos habitaciones, cocina completa y hasta un living grande que podía usar perfecto para sus streams. El precio era alto, demasiado alto para su situación actual, pero no perdía nada con ir a ver. Le mandó un mensaje al dueño. Contestó rápido. Se llamaba Facundo, 25 años, voz amable por mensaje. Acordaron verse al mediodía del lunes.
Al otro día Tita se arregló lo mejor que pudo: jean ajustado, remera básica, maquillaje ligero pero suficiente para sentirse ella.

Llegó puntual. Facundo abrió la puerta y se quedó un segundo mirándola. La reconoció al instante: era TitaSama, la streamer que veía de vez en cuando en clips de TikTok. Pero no dijo nada. Fingió normalidad.
- Natalia, ¿verdad? Pasá, te muestro todo - dijo con una sonrisa educada.
La casa era todavía mejor en persona. Amplia, luminosa, pisos nuevos, un baño enorme y un cuarto que tenía una ventana gigante ideal para su setup. Tita caminaba fascinada, tocando las paredes, abriendo placares.
- Está increíble… de verdad - murmuró.
Mientras recorrían, charlaron. Ella, sin poder contenerse, terminó contándole todo: el derrumbe, que estaba sin casa estable, que era streamer y que justo ahora no tenía ingresos tan estables como para pagar ese alquiler tan alto. Intentó negociar.
- Mirá, Facundo… sé que el precio es el que es, pero ¿no podrías bajármelo un poco? Al menos por unos meses. Te pago al día, no te voy a joder, pero ahora mismo estoy complicada. -
Facundo la escuchaba atento, caminando a su lado. Negociaron un rato. Él bajaba un poco, ella ofrecía otra cosa, pero no cerraban. El precio seguía siendo demasiado para su situación.
Tita suspiró resignada, mirando el piso. - Gracias igual por mostrármela y por la buena onda, pero no voy a poder. No sé cuándo voy a volver a tener mi casa y no quiero comprometerme a algo que después no pueda mantener. -
Ya estaba agarrando su cartera para irse cuando Facundo la detuvo con la voz un poco más baja, nervioso pero decidido. - Esperá… Natalia. O mejor dicho… Tita. Sé quién sos. Te vi varias veces en internet, clips, streams. Me caes bien. Te sigo desde hace un tiempo. -
Ella levantó una ceja, sorprendida. - …¿Y? -
Facundo se pasó la mano por el pelo, mirándola fijo. - Te hago una oferta. Podés quedarte el tiempo que necesites. Sin pagar alquiler. La casa es tuya mientras la quieras… con una condición. - Hizo una pausa. - Cuando yo quiera, te cojo. Sin vueltas. -
Tita se quedó helada. Abrió los ojos grandes y dio un paso atrás. - ¿Qué carajo dijiste? ¿Estás loco? Sos un desubicado de mierda ¿Pensás que soy una puta o qué? - Su voz subió de tono, indignada. - Sos un asqueroso. -
Facundo levantó las manos, tratando de calmarla. - Pensalo bien, Tita. Es la mejor oferta que vas a tener. No gastás un peso, tenés la casa para vos sola, tranquila, con espacio para tu gato, tu setup, todo. Las otras opciones que hay ahora son caras y una mierda comparadas con esto. -
Ella se cruzó de brazos, todavía furiosa, pero las palabras le resonaron. Sabía que era verdad. Las casas temporales que había visto eran caras, chicas o en zonas complicadas. Y esta… esta era perfecta.
- Sos un hijo de puta - murmuró, pero ya no se estaba yendo.
Se quedó en silencio un buen rato, mirando por la ventana. Facundo no la presionaba, solo esperaba.
- …Lo voy a pensar - dijo finalmente, con la voz más baja. - Por ahora me vuelvo a lo de mi amiga. -
- Está bien - respondió él. - Pero no le cuentes a nadie del trato. Hay gente que me ofreció buena plata por la casa y no quiero que se enteren. -
Justo en ese momento le vibró el celu a Facundo. Miró la pantalla y levantó las cejas.
- Mirá, justo me están preguntando por la casa. Tenés tiempo hasta mañana para decidir, Tita. No mucho más. -
Ella sintió un nudo en la garganta. La idea de perder esa posibilidad la puso nerviosa. Una casa gratis, grande, segura… tragó saliva.
- …Acepto - dijo casi en un susurro. - Pero por favor, hablemos del tema del “pago”. No quiero que sea cualquier cosa. -
Facundo se acercó lentamente y le tomó la cara con una mano, suave pero firme. Sus ojos la recorrieron. - Sos una mujer hermosa e irresistible. Por eso te hago esta oferta. Solo por cogerte cuando tenga ganas. -
Tita le quitó la mano de un golpe, todavía incómoda. - ¿Cada cuánto tiempo tendríamos que…? -
- Cuando yo quiera - respondió él sin dudar.
Ella negó con la cabeza, nerviosa pero tratando de mantener el control. - Una vez por semana. Como máximo. -
Facundo sonrió apenas. - No te prometo nada, pero voy a tener en cuenta tu sugerencia. Mañana al mediodía vení, te entrego las llaves y firmamos un contrato formal. Solo para que quede claro entre nosotros. -
Tita asintió, aún con el corazón latiéndole fuerte, y salió de la casa. Mientras caminaba hacia la parada, no dejaba de pensar en lo que acababa de aceptar.
Al mediodía del martes, Tita llegó a la casa con el corazón latiéndole a mil. Se había puesto una mini falda negra bien cortita que apenas le tapaba el culo, remera ajustada y zapatillas. Quería sentirse un poco más en control, aunque por dentro estaba hecha un nudo.

Facundo la esperaba en la puerta con una sonrisa tranquila. Le entregó las llaves directamente.
- Acá tenés, Tita. Bienvenida a tu nueva casa. Leé el contrato antes de firmar, es solo una formalidad entre nosotros dos. -
Ella tomó las llaves, todavía nerviosa, y se inclinó sobre la mesada de la cocina para leer el papel. La falda se le subió un poco por atrás, dejando ver la parte baja de sus nalgas redondas y firmes. Facundo se quedó parado atrás de ella, devorándola con la mirada.
Tita leyó rápido: básicamente decía que la casa era suya el tiempo que necesitara sin pagar alquiler, a cambio de “satisfacer las necesidades íntimas del propietario cuando este lo requiera”. Tragó saliva y firmó con mano temblorosa.
- Listo… firmado - dijo entregándoselo, todavía inclinada.
Facundo se acercó por detrás, pegando su cuerpo al de ella. Sin decir nada, llevó una mano grande y firme directo a su culo y levantó la mini falda lentamente, exponiendo la tanga blanca que apenas cubría su concha.
- Qué lindo hacer negocios con vos, Tita… Mirá qué culo tenés, la puta madre - murmuró cerca de su oreja, apretando una nalga con fuerza. - Siempre me gustó verte en los streams, pero en persona sos mucho más linda. -
Tita dio un respingo y le sacó la mano rápido, bajándose la falda con vergüenza.
- Ey, pará… todavía no - dijo tímidamente, tapándose y girándose hacia él con las mejillas rojas.
Facundo sonrió, sin enojarse. - Acabás de firmar el contrato, hermosa. La casa es tuya el tiempo que necesites… y vos sos mía cuando yo quiera. Ese es el trato. -
Volvió a acercarse y le levantó la falda otra vez, más decidido. La tanga blanca quedó completamente a la vista, marcando su concha depilada. Pasó la mano por encima de la tela, acariciando y apretando entre sus piernas.
- Tranquila… estás temblando. ¿Te gusta que te toque así? - preguntó mientras metía dos dedos por debajo de la tanga y rozaba sus labios húmedos. - Sos tan linda… mirá cómo te mojás un poquito ya. -
Tita se petrificó. No decía nada. Solo respiraba agitada, mirando al piso. Sentía los dedos de él explorando su concha tibia, separando los labios y tocándole el clítoris con lentitud. Una lágrima solitaria le cayó por la mejilla.
Facundo lo notó y suavizó un poco la voz, aunque seguía manoseándola. - Te entiendo, Tita. Sé que es incómodo al principio. Estás en una situación de mierda y yo te estoy pidiendo esto… Pero te voy a tratar bien, te lo prometo. -
Ella levantó la mirada, los ojos húmedos, y asintió lentamente con la cabeza. Otra lágrima cayó.
- Buena chica - dijo él, sacando la mano y limpiándole la cara con un pañuelo que sacó del bolsillo. - No te preocupes. Hoy no te voy a coger. Quiero que te instales tranquila. Te veo mañana. -
Tita se quedó parada en la cocina, sorprendida, con la falda todavía un poco subida y la tanga corrida. Lo vio irse sin entender nada. - ¿Me dejó así nomás? -, pensó, con la mente hecha un lío.
Por la noche, después de una larga caminata para despejar la cabeza y procesar todo lo que había pasado, Tita volvió a la casa. Al abrir la puerta se encontró con una sorpresa: la mesa del comedor estaba puesta, con la cena lista. Milanesas con puré, ensalada y una botella de vino. Al lado había una nota escrita a mano:
“Te dije que te voy a tratar bien. Disfrutá la casa. Facu.”
Se quedó mirando la mesa un buen rato, sin saber si reír o llorar. Se sentó, acarició a Felipe que ronroneaba a sus pies y comió en silencio. Por primera vez en semanas sintió algo parecido a un hogar.
Al otro día, Miércoles, Facundo apareció por la casa a media mañana. Tita estaba todavía en pijama corto, acomodando algunas cosas en la cocina, cuando sonó el timbre. Abrió y lo vio ahí, con una sonrisa tranquila y las manos en los bolsillos.

- Buen día, Tita. ¿Cómo dormiste la primera noche en tu nueva casa? -
Ella se sonrojó un poco, recordando la cena que le había dejado. - Bien… la verdad que muy bien. Gracias por la cena de anoche, Facu. Estuvo rica y me hizo sentir… no sé, cuidada. -
- No es molestia - respondió él entrando como si nada. - ¿Y tus cosas de la casa anterior? ¿Todavía están en lo de tu mamá? -
Tita asintió, cruzándose de brazos. - Sí, casi todo. Ropa, el setup, cosas del gato… pero no te preocupes, ya voy a ir yendo de a poco. -
Facundo negó con la cabeza. - Para nada. Subí al auto, te ayudo a traer todo ahora. -
Ella intentó resistirse un rato, pero él insistió tanto que terminó aceptando. Viajaron juntos hasta la casa de su mamá, cargaron cajas, valijas, el monitor, luces y hasta el arenero de Felipe. Durante el viaje charlaron de cosas livianas: streams, anime, cosplays. Facundo era encantador cuando quería, atento y con buen humor. Tita no podía evitar sentirse confundida por su comportamiento.
De vuelta en la casa, descargaron todo. Cuando terminaron, Tita estaba sudada y cansada. Se paró frente a él en el living. - Gracias, Facu… de verdad. No tenías que hacer todo esto. -
Él sonrió y ya se estaba dando vuelta para irse cuando ella lo detuvo, tímida, casi susurrando. - Eh… ¿y con lo del… pago? ¿Cuándo…? -
Facundo se acercó, le acarició la mejilla con el dorso de la mano y le habló suave. - Ahora acomodá tus cosas, Tita. Hacete sentir en casa. Ya va a haber tiempo para eso. -
Y se fue, dejándola otra vez con la palabra en la boca y la cabeza hecha un lío. - ¿Qué carajo quiere este tipo? -, pensó mientras empezaba a desarmar cajas.
Jueves por la tarde. Tita estaba en el cuarto grande armando su setup de streaming. Había puesto el escritorio contra la ventana, estaba conectando cables, colocando luces LED y colgando algunos posters de anime. Vestía una remera oversize sin corpiño y un short de gimnasio ajustado. Felipe dormía en una caja cerca.

De repente escuchó la puerta principal abrirse. Se asustó y se dio vuelta rápido.
- ¿Facu? ¿Cómo carajo entraste? - preguntó con la voz temblorosa.
Él levantó un llavero y lo sacudió. - Tengo copia, obvio. Es mi casa, ¿te olvidás? -
Se acercó lento, con esa mirada que ya conocía. Tita retrocedió un paso hasta chocar contra el escritorio.
- Hoy tengo ganas de cogerte - dijo él directo, sin vueltas, mientras la tomaba de la cintura.
- Facu… esperá, no estoy lista. Recién estoy acomodando todo y… -
No la dejó terminar. La jaló fuerte del pelo, inclinándole la cabeza hacia atrás y la besó con fuerza, metiendo la lengua sin pedir permiso. Tita soltó un gemido ahogado contra su boca, intentando empujarlo por el pecho pero sin mucha fuerza. Facundo le sacó la remera de un tirón, dejándola con las tetas al aire. Eran firmes, medianas, con pezones rosados que se endurecieron al instante por el aire y la adrenalina. Ella se las cubrió con sus brazos.
- Tapate si querés - se burló él, pero le bajó los brazos con facilidad y le agarró ambas tetas, apretándolas y pellizcándole los pezones. - Mirá qué lindas que son… siempre me imaginaba cómo serían. -
Tita se cubría como podía, un brazo sobre las tetas y la otra mano sosteniendo el short para que no se lo bajara. Lágrimas empezaron a asomar en sus ojos. - Facu, por favor… hoy no… -
Él no escuchó. La jaló del pelo otra vez, más fuerte, y la arrastró hacia la cama que todavía no tenía sábanas del todo puestas. La tiró boca arriba. Tita cayó con un quejido, intentando cubrirse. Facundo le bajó el short y la tanga de un solo movimiento brusco, dejándola completamente desnuda. Se arrodilló entre sus piernas y le abrió los muslos con fuerza.
- Qué concha linda tenés, Tita… depiladita, rosadita… - murmuró antes de bajar la cara y empezar a chuparla.
Su lengua recorrió toda su rajita de abajo hacia arriba, deteniéndose en el clítoris. Lo chupó con fuerza, metiendo dos dedos adentro mientras succionaba. Tita se petrificó. No emitía sonido. Solo respiraba agitada, mirando el techo con los ojos llenos de lágrimas, intentando no reaccionar. Pero su cuerpo la traicionaba: se estaba mojando contra la voluntad de su mente.
Facundo levantó la vista un segundo. - ¿Te gusta que te coma la concha, eh? Decime algo, Tita. -
Ella no respondió. Solo temblaba.
De repente él se incorporó, se bajó el pantalón y sacó su pija dura, gruesa y venosa. Sin más preámbulos, se colocó encima y la penetró de un solo empujón fuerte.
- ¡Ahh! - soltó Tita un quejido de dolor, sintiendo cómo la abría por completo. Estaba apretada y apenas húmeda.
Facundo empezó a embestirla con ritmo duro, agarrándola de las caderas. La cama crujía con cada golpe. - Uff, qué rica estás… tan apretada… ¿Te gusta que te coja así, Tita? Decime. -
Ella seguía sin hablar, mordiéndose el labio, aguantando los gemidos que querían salir. Lágrimas corrían por sus mejillas mientras él la penetraba cada vez más profundo. El sonido húmedo de su concha llenaba la habitación.
- Mirá cómo te mojás… tu cuerpo sí quiere - se burló él, acelerando. - Decime que te gusta, aunque sea bajito. -
Tita solo jadeaba, los ojos cerrados, intentando desconectarse. Facundo la cogía con fuerza, sudando, agarrándole las tetas y pellizcándole los pezones mientras entraba y salía.
- Arrodillate - ordenó de repente. Ella seguía sin moverse.
Facundo la arrastró al borde de la cama, la puso de rodillas en el piso y empezó a pajearse rápido frente a su cara. - Abrí la boca… aunque sea un poco. -
Tita no obedeció del todo. Él gruñó y le acabó abundantemente en toda la cara: chorros gruesos de semen caliente le cayeron en la frente, mejillas, labios y hasta un poco en el pelo. Tita se quedó ahí sentada en el piso, contra la cama, con la cara pintada de semen blanco, lágrimas cayendo y mezclándose con el semen, respirando entrecortado.
Facundo se subió el pantalón, todavía respirando fuerte. Se agachó, le limpió un poco la cara con un pañuelo y le habló con voz más suave.
- Tranquila, Tita… sé que es fuerte al principio. La clave es que empieces a disfrutar los momentos que tengamos juntos. No lo hagas más difícil. Te vas a acostumbrar y va a ser bueno para los dos. Te lo prometo. -
Ella no respondió. Solo lo miró con los ojos húmedos, el semen todavía goteando por su barbilla. Facundo le alcanzó su remera y el short.
- Limpiate y descansá. Tengo un regalo para vos. Vi que te gusta el cosplay… te compré un traje. Mañana te lo traigo. - Se vistió y se fue, cerrando la puerta con llave detrás de él.
Tita se quedó sentada en la cama un largo rato, con el semen secándose en su cara, procesando todo. Las palabras de Facundo resonaban en su cabeza: “disfrutar los momentos juntos… te vas a acostumbrar”.
Llegó el momento de la cuarta vez. Habían pasado semanas desde aquel primer encuentro duro. Tita había tenido tiempo para pensar, para recordar una y otra vez las palabras de Facundo. Y aunque al principio le costaba admitirlo, algo en ella estaba cambiando. La casa era perfecta, se sentía segura, su gato estaba feliz, y los regalos que Facundo le había estado trayendo (el traje de cosplay, ropa interior nueva, hasta un nuevo micrófono para su stream) la hacían sentir cuidada de una forma retorcida.
Esa tarde de jueves, Tita decidió que iba a intentarlo. Se duchó con cuidado, se perfumó, se puso una bata negra de seda corta que apenas le cubría el culo, sin nada debajo. El pelo suelto y ondulado, un poco de maquillaje en los ojos para resaltar esa mirada que tanto gustaba. Se acostó en la cama, apoyada contra los almohadones, con el corazón latiéndole fuerte. Cuando escuchó la llave en la puerta, respiró profundo.

Facundo entró y se sorprendió al verla. Cerró la puerta detrás de él y sonrió lento, recorriéndola con la mirada. - Mirá vos… Tita esperándome así. ¿Qué pasó, hermosa? -
Ella se mordió el labio inferior, nerviosa pero decidida. Se sentó un poco más erguida, dejando que la bata se abriera ligeramente y mostrara el valle entre sus tetas.
- Pensé en lo que me dijiste… que la clave es disfrutar los momentos juntos. Quiero ver si puedo… disfrutarlo esta vez, Facu. No quiero seguir sintiéndome como una mierda cada vez. -
Facundo se acercó a la cama, sacándose la remera por la cabeza y revelando su torso marcado. Se sentó al borde y le acarició la pierna desnuda. - Venía pensando que ibas a tardar más en aflojar. Me alegra que hayas decidido intentarlo, Tita. Sos una mina increíble, ¿sabés? -
Se inclinó y la besó. Al principio Tita tardó en responder, los labios tensos, pero poco a poco fue ablandándose. Abrió la boca y dejó que la lengua de él entrara, respondiendo con timidez al beso. Sus lenguas se enredaron, húmedas y calientes. Facundo gruñó contra su boca y le abrió la bata de un tirón, dejando su cuerpo completamente desnudo.
- Qué linda que estás… mirá estas tetas perfectas - murmuró, bajando la boca para chuparle un pezón. Lo succionó fuerte, mordisqueándolo mientras su mano bajaba entre las piernas de ella y acariciaba su concha ya húmeda. - Ya estás mojada, eh… te gusta más de lo que querés admitir. -
Tita soltó un gemido bajito, arqueando la espalda. - Facu… despacio al principio, ¿sí? Quiero intentarlo de verdad. -
Él sonrió contra su piel y se bajó los pantalones, liberando su pija dura, gruesa y palpitante. Tita lo miró un segundo, respiró hondo y se arrodilló en la cama frente a él. Tomó la base con la mano y acercó la cara. Primero le dio besitos suaves en la cabeza, luego sacó la lengua y lamió toda la longitud, desde los huevos hasta la punta.
- Así… chupámela rica, Tita - dijo él, agarrándola suave del pelo. - Sos tan caliente con la pija en la boca. -
Ella abrió los labios y se la metió. Empezó lento, chupando solo la cabeza, moviendo la lengua en círculos mientras lo miraba a los ojos. Después fue bajando más, metiéndosela profundo hasta que le dio arcadas. Facundo gemía, empujando las caderas con suavidad.
- Uff, qué boca tenés… seguí así, mamita. Chupá todo, no pares. -
Tita aceleró, haciendo ruidos húmedos y salivosos. La baba le corría por la barbilla mientras lo mamaba con más ganas, una mano acariciándole los huevos y la otra pajéandolo al mismo tiempo. Facundo le tiraba del pelo con más fuerza, pero sin lastimarla.
- Basta… vení acá - ordenó de repente. La tomó de los brazos, la lanzó sobre la cama boca arriba y se colocó entre sus piernas abiertas.
Le levantó las rodillas y frotó la cabeza de su pija contra la concha empapada de Tita.
- ¿Estás lista? Decime que querés que te coja. -
Tita asintió, respirando agitada. - Sí… cogeme, Facu. Quiero sentirte. -
Él empujó lento al principio, entrando centímetro a centímetro, abriéndola. Tita soltó un gemido largo y genuino esta vez, sin contenerse. - Ahh… qué grande la tenés… despacio… así… -
Facundo empezó a moverse con ritmo constante, penetrándola profundo. El sonido húmedo de su concha llenaba la habitación junto con los gemidos de ella.
- ¿Te gusta cómo te cojo, Tita? Decime - gruñó, acelerando las embestidas.
- Sí… me gusta… más fuerte - respondió ella tímidamente al principio, pero con la voz entrecortada por el placer.
Él le agarró las tetas, pellizcándole los pezones mientras la cogía más duro, chocando sus caderas contra las de ella. Tita ya no se aguantaba: gemía abiertamente, las piernas temblando alrededor de la cintura de Facundo. - Así… cogeme así… ay, Facu… se siente tan bien adentro… -
Facundo sonrió satisfecho al notar el cambio. La dio vuelta de repente, poniéndola en cuatro y la penetró desde atrás con fuerza. Le dio varias nalgadas sonoras mientras la embestía. - Mirá ese culo moviéndose… qué rica que sos. Decime que te encanta que te coja. -
- Me encanta… no pares… más duro, por favor - respondió Tita, empujando ella misma hacia atrás, buscando más profundidad.
El cuarto se llenó de gemidos, nalgadas y el sonido de piel contra piel. Facundo la agarraba fuerte de las caderas, follándola como un animal. Tita tenía la cara enterrada en la almohada, gimiendo sin control.
- Estoy por acabar… ¿dónde querés que te termine? - preguntó él, jadeando.
- En la cara… como siempre - dijo ella, casi sin pensarlo.
Facundo la sacó, la puso de rodillas en el piso y empezó a pajearse rápido frente a su cara. Tita abrió la boca y sacó la lengua, mirándolo con ojos vidriosos de placer. - Acabame toda, Facu… quiero sentirlo. -
Con un gruñido fuerte, él explotó. Chorros gruesos y calientes de semen le cayeron en la cara, en la lengua, en las mejillas. Tita se quedó ahí, respirando agitada, con la cara pintada. Lamió un poco del semen que le había caído cerca de los labios y tragó.
- ¿Te gustó? - preguntó él, todavía recuperando el aliento.
- Sí… me gustó - respondió ella bajito, limpiándose un poco con el dorso de la mano pero sin asco esta vez. - Fue diferente… mejor. -
Facundo se agachó, le dio un beso en la frente y le alcanzó una toallita. - Sabía que ibas a terminar disfrutándolo. Sos una diosa, Tita. -
Desde ese día, Tita fue aflojándose cada vez más. Los encuentros sexuales dejaron de ser algo que toleraba y se convirtieron en algo que esperaba con ansias. Facundo seguía visitándola varias veces por semana, trayendo regalos, comida y sorpresas. Al principio ella todavía estaba un poco tímida, pero cada vez respondía más: gemía sin vergüenza, pedía lo que quería, lo besaba con ganas y hasta tomaba la iniciativa en algunas posiciones.
Llegó un punto en el que Tita no podía esperar a que Facundo apareciera. Se pasaba el día pensando en su pija, en cómo la hacía acabar, en los gemidos que él soltaba cuando ella lo chupaba bien profundo. El contrato ya no se sentía como una obligación; se había transformado en un acuerdo placentero y adictivo.
Tita ya no podía más. Habían pasado solo unos días desde la última vez que Facundo la había visitado, pero su cuerpo pedía más. Mientras acomodaba algunas cosas en la casa, agarró el celu y le mandó un mensaje directo: - Facu… vení a verme. Quiero que me cojas. Ahora. -
La respuesta no tardó en llegar. Facundo estaba en el gimnasio todavía. - Jajaja, ¿tan rápido? Si fue hace poco, Tita. ¿Ya extrañás mi pija? -
Ella tecleó rápido, mordiéndose el labio. - No me importa. Quiero que me cojas ahora. Estoy mojada solo de pensarlo. Vení ya, por favor. -
Facundo tardó unos segundos en contestar. - Estoy saliendo para allá. Preparate, porque hoy te voy a dar todo lo que pedís. -
Tita sonrió con picardía y se preparó. Vestía solo una remera rosada larga que apenas le tapaba el culo y una tanga negra finita que ya se le estaba mojando. Caminaba impaciente por la casa, de la cocina al living, al dormitorio y vuelta. Felipe la miraba raro desde el sillón. El corazón le latía fuerte, la concha le palpitaba de anticipación.

Cuando escuchó la llave en la puerta, no aguantó más. Apenas Facundo entró, Tita se lanzó sobre él como una gata en celo. Lo agarró de la nuca y lo besó con desesperación, metiendo la lengua profundo, mordiéndole el labio inferior. Facundo soltó una risa ronca y la jaló fuerte del pelo, inclinándole la cabeza hacia atrás.
- Mirá con qué hambre venís, Tita… - dijo mirándola a los ojos con esa sonrisa lobuna. - ¿Tanto necesitás que te coja? -
- Sí… - jadeó ella, sonriendo mientras lo miraba fijo, los ojos brillantes de lujuria. - No doy más. Cogeme ya, Facu. -
Tita lo tomó de la mano y lo arrastró directo al dormitorio, quitándose la remera por el camino y tirándola al piso. Sus tetas firmes rebotaron libres, pezones duros y rosados. Facundo la seguía, manoseándole el culo.
Llegaron a la cama y Tita lo empujó con fuerza, lanzándolo de espaldas sobre el colchón. Se arrodilló entre sus piernas rápido, desesperada. Le bajó el pantalón y el bóxer de un tirón, liberando esa pija gruesa, venosa y ya semi-dura que tanto le gustaba.
- Qué rica la tenés… - murmuró Tita antes de agarrarla con las dos manos y metérsela a la boca con hambre.
Empezó a chupar desesperada, haciendo ruidos húmedos y salivosos. Subía y bajaba la cabeza rápido, metiéndosela hasta la garganta, arcadas incluidas, mientras lo miraba con ojos lagrimosos de placer. La baba le corría por la barbilla y goteaba sobre los huevos de Facundo.
- Uff, Tita… te ves hermosa con la pija en la boca, mamita - gruñó Facundo, agarrándola del pelo y guiando el ritmo. - Chupá más profundo… así, puta, eso. -
Ella sonrió sin sacársela de la boca, los labios estirados alrededor del grosor, y siguió mamando con más ganas. Movía la lengua en la cabeza, succionaba fuerte y le acariciaba los huevos con una mano.
- Sabía que te iba a terminar gustando esto - dijo Facundo entre gemidos, tirándole más fuerte del pelo. - Mirá cómo la chupás ahora… ya sos adicta. -
Tita se sacó la pija un segundo, jadeando, con hilos de baba conectando sus labios a la punta brillante. - Tenías razón, Facu… me encanta. Me encanta chupártela y que me cojas. Ahora quiero más. -
Se subió encima de él a horcajadas, corrió la tanga a un costado y agarró la pija dura. Frotó la cabeza contra su concha empapada un par de veces, provocándose, y luego se dejó caer de golpe, metiéndosela toda de una.
- ¡Ahhh, mierda! - gritó Tita, arqueando la espalda, sintiendo cómo la llenaba por completo. - Qué grande… me encanta cómo me abrís. -
Empezó a cabalgarlo con fuerza, moviendo las caderas en círculos y subiendo y bajando rápido. Sus tetas rebotaban salvajemente. Facundo le agarraba el culo con las dos manos, dándole nalgadas fuertes que resonaban en la habitación.
- Así, Tita… cabalgame la pija, mové ese culito rico. ¿Te gusta sentirme tan profundo? -
- Sí… sí, Facu… me llega hasta el fondo… ay, dios, me encanta - gemía ella sin parar, acelerando el ritmo. El sonido húmedo de su concha tragándose la pija era ensordecedor. - Más fuerte… dame más. -
Facundo la tomó de las caderas y empezó a embestir desde abajo, cogiéndola con fuerza. Tita se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en su pecho, y lo besó mientras seguían cogiendo. Sus lenguas se enredaban, gemidos mezclados.
Cambió de posición sin sacársela. Se puso en cuatro sobre la cama, culo en pompa. - Cogeme así ahora… fuerte. -
Facundo se arrodilló atrás y la penetró de un empujón brutal. Empezó a darle duro, agarrándola del pelo como riendas, tirando hacia atrás mientras la nalgueaba. - ¿Así querés, eh? Decime lo que sos. -
- Soy tu puta… tu puta de casa - gemía Tita, empujando hacia atrás para encontrarse con cada embestida. - Cogeme más duro, Facu… rompeme la concha. -
Él aceleró, cogiéndola como un animal. Le metía la mano abajo y le frotaba el clítoris mientras la penetraba sin piedad. Tita estaba descontrolada: gemía alto, gritaba, el cuerpo temblando.
- Estoy por acabar… - avisó él, jadeando.
- No acabes… esperá - dijo Tita. Se dio vuelta rápido, se arrodilló en el piso frente a él y abrió la boca, sacando la lengua.
Facundo se paró y empezó a pajearse rápido frente a su cara. Tita lo miraba con lujuria, acariciándose la concha mientras esperaba. - Acabame toda, Facu… pintame la cara. -


Con un gruñido gutural, Facundo explotó. Chorros gruesos, abundantes y calientes de semen le cayeron en la cara: en la frente, mejillas, nariz, labios y lengua. Tita gemía mientras lo recibía, tragando lo que le entraba en la boca.
Cuando terminó, ella se pasó los dedos por la cara, recogiendo semen y llevándoselo a la boca, tragando con placer.
- Mmm… rico - dijo con una sonrisa sucia, todavía con la cara llena. - Quiero que te quedes a cenar esta noche, Facu. -
Él soltó una risa satisfecha, respirando agitado, y le acarició el pelo. - Obvio que sí, hermosa. Después de esto me quedo todo lo que quieras. -
Tita se levantó, todavía con semen goteando por su barbilla, y le dio un beso largo y profundo.
- Cómo me gusta esta versión tuya, Tita. Hace semanas llorabas y ahora me pedís que te coja y que me quede a comer. Sos una puta maravilla. -
Tita se sonrojó pero sonrió, poniéndose un delantal corto que apenas le tapaba las tetas y el culo. Empezó a preparar milanesas con papas y una ensalada. Estaba en la mesada, cortando tomates, cuando Facundo se pegó atrás de ella. Le metió las manos por debajo del delantal y le agarró las tetas con fuerza, apretándoselas y tironeándole los pezones.
- Ay, Facu… pará un poco que estoy cocinando - protestó ella entre risas, pero empujando el culo contra la pija de él que ya se estaba endureciendo de nuevo.
- ¿Parar? Ni en pedo - murmuró él en su oreja, mordiéndosela. - Este culo moviéndose mientras cortás tomate me está poniendo loco. -
Le levantó el delantal y le corrió la tanga. Sus dedos bajaron directo a la concha todavía mojada de la corrida anterior y empezó a frotarle el clítoris en círculos lentos pero firmes. Tita soltó un gemido bajito y se apoyó más en la mesada, separando un poco las piernas.
- Uff… sos insaciable… mirá cómo te mojás de nuevo, mamita. ¿Tanto te gustó que te pintara la cara? -
- Sí… me gustó… me encanta sentir tu leche caliente en la cara - confesó Tita con voz entrecortada mientras seguía cortando, aunque cada vez más distraída. - Meteme los dedos, Facu… por favor. -
Él metió dos dedos gruesos de una y empezó a bombearlos adentro y afuera, haciendo ruidos mojados. Con la otra mano le pellizcaba un pezón. Tita gemía más alto, moviendo las caderas contra su mano.
- Así… dedeame la concha mientras cocino… ay, dios, qué rico… -
Facundo sacó los dedos, se bajó el pantalón otra vez y frotó su pija dura contra ella, provocándola. - Querés que te coja mientras cocinás. Decilo. -
- Sí… cogeme mientras preparo la cena… soy tu puta - gimió Tita, inclinándose más sobre la mesada, ofreciéndole el culo.
Facundo empujó y la penetró de un solo golpe profundo. Tita soltó un grito de placer, agarrándose fuerte a la mesada. - ¡Ahhh, sí! Llename toda… qué grande la tenés… -
Empezó a embestirla con ritmo constante, las caderas chocando contra su culo. Cada empujón hacía que las tetas de Tita rebotaran y que ella casi perdiera el cuchillo. Facundo le agarraba la cintura con una mano y con la otra le daba nalgadas sonoras.
- Mové ese culito mientras te cojo… seguí cocinando, no pares - ordenó entre jadeos.
Tita intentaba seguir cortando la verdura, pero era imposible. Gemía fuerte con cada embestida, la concha apretándole la pija. - Más duro, Facu… rompéme la concha… ay, me encanta que me cojas así… como tu puta personal… -
Él aceleró. Le tiró del pelo, arqueándole la espalda, y le metió la mano adelante para frotarle el clítoris mientras la penetraba sin piedad. - ¿Sos mi puta de la casa? Decilo más fuerte. -
- ¡Sí! Soy tu puta… una puta streamer que vive gratis a cambio de esta concha… cogeme más fuerte, por favor… me voy a correr… -
Tita empezó a temblar, las piernas flojas. Facundo no paraba, dándole nalgadas y cogiéndola profundo. Finalmente ella explotó, corriéndose con fuerza alrededor de la pija de él, apretándola con espasmos y soltando un gemido largo y agudo.
Facundo se sacó todavía duro y le dio una última nalgada. - Ahora me toca a mí cocinar un rato. Vos vas a estar ocupada abajo. -
Cambió de roles. Facundo se puso delante de la hornalla a terminar las milanesas mientras Tita se arrodillaba entre sus piernas. Se metió la pija entera en la boca sin preámbulos, chupando con hambre, haciendo ruidos obscenos.
- Uff, Tita… chupá mientras cocino… qué boca de puta tenés - gemía Facundo, intentando concentrarse en dar vuelta las milanesas.
Ella lo chupaba con devoción: subía y bajaba rápido, escupía, lo lamía desde los huevos hasta la punta, lo miraba a los ojos mientras tenía la boca llena. La baba le caía por las tetas.
- Te encanta tener la pija en la boca, ¿eh? - preguntaba él entre jadeos.
- Mmm… sí… me encanta tu pija… quiero que me llenes la boca después - respondía ella sacándosela un segundo antes de volver a tragársela hasta la garganta.
Facundo aguantó un rato, pero la boca de Tita era demasiado. La levantó, la dobló sobre la mesada otra vez y la penetró de nuevo, cogiéndola mientras terminaba de cocinar.
- Así… cocinando y cogiendo… esto es vida - gruñó.
La sesión se salió de la cocina. La levantó en brazos, todavía con la pija adentro, y la llevó al living. La tiró en el sillón grande y se puso arriba, abriéndole las piernas y cogiéndola en misionero profundo. Se besaban con lengua, mordiéndose los labios.
- Besame mientras me cogés… me encanta sentirte adentro - susurraba Tita entre gemidos.
Facundo la nalgueaba aunque estuviera abajo, le chupaba las tetas, le mordía el cuello. Cambiaron a perrito en el sillón, luego ella arriba cabalgándolo salvajemente, rebotando con las tetas en la cara de él.
- Montame, Tita… mové esas caderas - la alentaba él, dándole cachetadas suaves en las tetas.
- ¡Sí! Mirá cómo te cabalgo… tu pija me llena toda… me voy a correr otra vez… -
Tita se corrió por segunda vez, gritando su nombre, apretando la pija con su concha. Facundo la sacó, la puso de rodillas en el piso del living y empezó a pajearse frente a su cara.
- Abrí la boca, puta. Quiero pintarte de nuevo. -
Tita obedeció, lengua afuera, ojos arriba mirándolo con lujuria. - Dame tu leche… acabame en la cara otra vez… -
Facundo gruñó fuerte y explotó. Chorros potentes le llenaron la cara, la boca, las tetas. Tita tragaba lo que podía, gimiendo, recogiendo semen con los dedos y comiéndoselo.
Cuando terminó, se besaron largo y profundo, compartiendo el sabor salado. Facundo la ayudó a levantarse y terminaron de preparar la cena juntos, todavía desnudos y manoseándose.
Se sentaron a comer en la mesa del comedor. Tita todavía tenía restos de semen seco en la cara y el pelo. Mientras comían, Facundo le acariciaba la pierna por debajo de la mesa. - Esto es perfecto, Tita. La casa, vos, el sexo… todo. -
Ella sonrió, mordiendo una milanesa. - Al principio te odiaba por la propuesta… pero ahora no quiero que te vayas nunca. Quedate a dormir hoy. Mañana seguimos cogiendo todo el día. -
Facundo se rio y la besó. - Trato hecho, hermosa. Esta casa ya es nuestra. -
Y así, entre risas, besos y promesas sucias, terminaron de cenar. Esa noche cogieron una vez más en la cama, lento y cariñoso, antes de dormirse abrazados. Tita había encontrado no solo un techo, sino un acuerdo que terminó convirtiéndose en algo mucho más adictivo y placentero de lo que jamás imaginó.
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