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La mañana está hecha para el placer de la infidelidad

La mañana está hecha para el placer de la infidelidad



A “Ella” bella, sensual y pícara charrúa, por ser la musa que ayudo a destrabarme. Leerá este relato y gracias por aportar tu hermosura al mismo. Por más aventuras. 


 
La mañana del viernes fue hermosa. Ella estaba en la cama sin ganas de levantarse y yo trabajando en mi estudio. Algo había quedado inconcluso de ayer y ambos tácitamente sabíamos que hoy lo concretaríamos, pues durante toda la semana habíamos jugado, llegando a un punto de calentura y lujuria que era insoportable de contener.
 
Los niños se habían ido, el frio invita a quedarse en la cama, pero no en soledad. Minutos antes que yo lo hiciera, ella dio una señal inequívoca de su calentura, no había otra interpretación más que la excitación y el deseo del sexo caliente, desenfrenado, sucio y prohibido. El juego de la lujuria, el deseo de coger, de ser poseída por un macho sin ataduras, ni compromisos. Yo la quería poseer, hacerla mi hembra, calentarla, que sea mi puta, que sintiera mi apetito por ella… así fue.
 
Verla con poca ropa, ver sus tetas y su sonrisa pícara me llevaron a la cama, en un instante no hubo distancia, debajo del acolchado me esperaba su concha sin ninguna prenda, húmeda e hinchada, con ese aroma a hembra en celo, y mis labios no tuvieron otro destino que su clítoris; así sin pensarlo, sin juego previo, todo ya estaba servido para ambos.
 

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Mi lengua recorrió su vagina de arriba abajo, mientras ella se apretaba las tetas y se lamía los pezones. “Si, así, chupámela” decía ella mientras abría sus piernas, levantaba su cadera y tomaba mi cabeza para que no se la saque de la concha. Miré hacia arriba y vi su cara mirando el techo, sus ojos entrecerrados y su boca abierta jadeando. Me encanta hacer delirar a la hembra chupándole la concha, me alejé metí los dedos con suavidad, busqué su punto G y lo rocé con suavidad. Allí llegó el primer orgasmo, acompañado de un insulto erótico: “¡¡hay hijo de puta!!” dijo con la voz entrecortada.
 
Me arrodillé frente a ella y me quité la ropa, no sentía frio, mi cuerpo ardía. Ella se sentó, estiró la mano, agarró mi verga, me miró a los ojos y con tono pícaro me dijo: “¿mmmm…puede estar más dura?”. Era un desafío y una aseveración, ella se iba a encargar de eso. Se quitó el camisón, fue con la cadera hacia adelante, me tomó del tronco de la verga y comenzó a hacerse una paja. La cabeza de mi pija sentía sus labios mojados, la llevaba hasta su clítoris y jugaba allí, un escalofrío recorría mi cuerpo y sentía como se endurecía mi poronga. Ella sabe y no duda en hacerlo, cuando quiere el trozo de carne duro.
 
Mis manos fueron a sus tetas, las apretaron con suavidad de abajo hacia arriba hasta llegar a sus duros pezones, mi boca los comenzó a lamer y morder, ella emitía un sonido mezcla de gozo y queja. Me tiré hacia atrás y le dije: “vení acá, subíte, abrí las piernas y pajeate con mi verga”, ella acató la orden, apoyó su concha sobre mi pija y comenzó a ir hacia adelante y hacia atrás, recorriéndola y bañándola con sus jugos. Yo sentí su cajeta caliente, sus labios hinchados, su clítoris duro. Cada pasada era una oleada de placer para ambos, su lubricación era extrema, mi verga era una roca, nuestros cuerpos ardían a pesar del frio temprano de la mañana.
 

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“Cómo me gustan tus tetas mi vida” dije en medio de la calentura, “chupálas amor” respondió ella y me las puso en la boca. De pezón en pezón yo jugaba como un niño: chupaba, mordía, lamía, daba placer y recibía, pero quería más. “Quiero que me pajees con tus tetas”, le dije; ella me desmontó, fue hacia atrás, agarró mi pija y comenzó a pasar la cabeza por los pezones duros, mientras me miraba con cara de puta. Aunque quisiera no puedo explicar la sensación: cada roce lo sintió todo mi cuerpo, mis pies se estiraron, cerré lo puños, abrí la boca y miré ese espectáculo que ella hacía con mi pija, como si fuera un espectador. Luego puso mi verga entre sus pechos la escupió y comenzó a pajearme y pasarle la lengua a la punta. “Para, para …que me vas a hacer acabar” dije en un momento de racionalidad, aunque el placer era inmenso. Ella se detuvo y sentenció: “ahora cogéme fuerte”.
 
Ese juego de dominación que se da en el sexo es increíble, hay un punto en que uno domina por que otra persona esta entregada al placer y después ella te ordena a vos. Es un ida y vuelta precioso, que marca el ritmo del placer y que te lleva camino a la lujuria. No es fácil de encontrarlo entre dos personas, a veces se construye y otras solamente se da, porque el destino lo quiere así.

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Se paró en la cama sobre mí con las piernas abiertas, me mostró su concha mojada y goteante, se metió los dedos y comenzó a pajearse, tuve el impulso de chuparla otra vez, pero no me dio tiempo. Lentamente empezó abajar, agarró mi pija y se la ensartó de una hasta el fondo. Tiró la cabeza para atrás, se tomó de las tetas y dijo: “cogéme fuerte, así, así papi, que rico”, mientras cabalgaba como una fiera, mi pija llegaba al fondo. “Dale, dale, dame la lechita”, dijo con voz de putita, agregando “¿te gusta... soy muy puta?” embriagado por el éxtasis respondí: “siiii…y eso me encanta. Sos una puta hermosa que necesita verga, que te re cojan todos los días”.
 
La imagen era caliente: ella sobre mí en la cama, montando como desaforada, yo levantando la cadera tratando de ir más adentro de su cuerpo. Las primeras luces de la mañana fría ingresaban por la ventana, el acolchado cayendo al piso, los crujidos de la cama, el olor a sexo en el ambiente, los cuerpos calientes, los insultos al aire, una hembra montando salvajemente ensartada por una pija dura y, un macho tomándola de las caderas para meterle la verga hasta el fondo. Fue el momento exacto de su segundo orgasmo, lo sentí quemándome la pija y escurriéndose hasta mis huevos.

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Allí como un salvaje en un rápido movimiento que la sorprendió, la tiré de espaldas sobre la cama, tomé sus piernas, las puse sobre mis hombros, sin dudarlo la penetré de una hasta el fondo y comencé a cogerla con furia. “Partíme puto de mierda, abríme en dos” me insultó y me ordenó ella; le puse la mano en el cuello, la miré en una mezcla de rabia y lujuria, y dije “tomá puta de mierda, te voy a reventar la cajeta”, mientras la ensartaba hasta el fondo sintiendo que la atravesaba hasta la espalda. “Que cara de hijo deputa que tenés, dame, dame …”, dijo mientras se apoyaba con los brazos en el respaldo de la cama y su cabeza golpeaba.

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Enloquecido y como un salvaje, la di vuelta y puse una almohada bajo su cadera. Boca abajo quedaba su culo a mi disposición y ordené:“levantá el culo y abrítelo”, ella con sus manos separó las nalgas, yo escupí el agujero del ano, ensalivé mis dedos, me los pasé por la cabeza de la pija y apoyé la punta en la entrada de su culo, jugué un poco allí en círculos, antesde empujar le dije: “¿querés que te reviente?, ¿vas a aguantar la pija en el culo trola?”, no contestó, solo lo abrió un poco más con las manos. Puse la cabeza y empujé, ella se quejó. “No te quejes, aguantá como hembra” le dije, ella giró la cabeza y me miró con cara de dolor y ojos de piedad; “no me mires así, no te voy a tener lástima, no voy a parar hasta el fondo. Dale abrí el culo” ordené. La cabeza costó en entrar, su culo apretaba demasiado, decidí salir, pero el ano quedó abierto, lo comencé a chupar, a ensalivarlo, a jugar con los dedos para dilatarlo aún más, ella gemía y se lo abría con las manos. “Dale cogéme puto” me dijo y me di cuenta que estaba lista, puse la cabeza en la entrada del ano y empujé, esta vez se deslizó con facilidad, ella se tiró para atrás lentamente y ordenó: “metémelo hasta el fondo” y así fue, de una mi pija dura como una roca se abrió paso. Lo sentí apretado, como estiraba la piel de mi verga hacia atrás, ambos sentíamos algo de dolor y mucho placer, una vez en el fondo quedé quieto y luego comencé a entrar y salir, ella hundió la cabeza en la cama y comenzó a meterse los dedos en la concha, cuando sentía que apretaba, le daba una nalgada y se aflojaba. La tomé del pelo y la traía hacia mí, para marcar el ritmo, su culo se acostumbró a mi pija, su concha recibía los dedos de su paja, hacia calor, su espalda brillaba de sudor y unas gotas de transpiración corrían por mí frente. Comencé a sentir ese cosquilleo que nace en la nuca, señal inequívoca que uno va a acabar. “Te voy a llenar las tripas de leche puta” le dije, ella respondió “si, si ya, que ya acabo”. Mi pija se hinchó y el lechazo caliente llegó a sus tripas, al mismo tiempo que ella apretaba mi pija con su culo, un chorro de meada de su concha mojaba la cama. Nuestras voces se mezclaron en un gemido profundo, señal inequívoca de nuestro placer.   
 
Aun sobre y dentro de ella me apoyé por el respaldo de la cama, ella fue saliendo lentamente, miré su culo abierto, un chorro blanco de semen espeso y caliente salía de su interior, y corría hacia su concha, ella con sus dedos se embadurnó los labios vaginales y el clítoris, tratando de sentir una última sensación de goce, a mí me encantó la sentí mía. Se puso de costado, me miró con cara de cansancio y placer y me dijo: “por ésto te deseo tanto, porque así no me coje mi marido".

COMO SIEMPRE SE AGRADECEN LOS PUNTOS Y SE LEEN LOS COMENTARIOS...

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