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en el rancho cd mante

en el rancho cd mante
Fuimos al rancho de mis papás ese fin de semana. Yo le había hablado mucho del río que está atrás, y ella se hizo la idea de que era un lugar bonito, con agua cristalina y todo. El día de hacer la maleta le pregunté qué se iba a poner para mojarse.
—Pues algo para ir al rio no? me respondio segura.
No supe qué carajos metió en la maleta.
Estuvimos unos días en el rancho y por fin llegó el momento de ir al río. Ella se metió al baño a cambiarse y cuando salió… me quedé en shock.
Salió con un bikini rojo diminuto, de esos que apenas cubren lo necesario. Las tetas grandes se le salían por todos lados y la parte de abajo se le enterraba entre las nalgas. Se veía bien pinche buena.
—¿Qué te pasa? —le dije sorprendido—. ¿No trajiste otra cosa?
Ella me miró inocente y me contestó:
—Pues yo te dje que algo que se pudiera mojar… ¿qué tiene?
Le dije que se cambiara, que eso era demasiado, que ahí estaba toda mi familia… pero ella se negó.
—No tengo otra cosa, amor. Además, nadie me conoce por aquí. Total, es un rancho, no pasa nada.
Y así se quedó.
Todo el día anduvo en ese bikini rojo por el rancho y el río. Caminando, agachándose, sentándose… cada movimiento hacía que sus tetas rebotaran y sus nalgas se movieran de una forma hipnótica. Mis primos, mis tíos, hasta mi papá y mis hermanos no le quitaban la vista de encima. Se le quedaban viendo descaradamente.
Yo sentía una mezcla rara… celos que me carcomían, pero al mismo tiempo un morbo cabrón. Ver cómo todos se la comían con los ojos y cómo ella caminaba tan tranquila, casi orgullosa, me ponía la verga dura.
Desde que salimos del río hasta que cayó la noche, el bikini rojo fue la atracción principal del rancho. Estoy seguro que más de uno se dedicó la noche entera a pajearse pensando en ella.
Cuando por fin nos acostamos le susurré al oído:
—Estás bien pinche loca… pero me encantas.
novia

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